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viernes, 9 de enero de 2026

Juan Manuel Iglesias Sánchez

El mundo entero - y no pocos españoles - se lamentan por el asesinato a sangre fría de Renee Nicole Good a manos de un agente de ICE, el cuerpo paramilitar con el que el déspota Donald Trump se ha dedicado a hostigar a los migrantes en general y la comunidad hispana/latina en particular, con el resultado final de encarcelamientos y deportaciones.

A Renee la asesinaron a los ojos de muchos pero, principalmente, ante las cámaras de personas que se encontraban presentes en el bloqueo montado por los agentes de ICE. Las imágenes ya han sido vistas por millones de personas.

El joven vasco Juan Manuel Iglesias Sánchez no contó con toda esa cobertura mediática. El españolismo lo asesinó y luego ocultó su crimen.

Pero el pueblo vasco es un pueblo con memoria y desde Facebook traemos a ustedes este texto que recuerda los hechos:


Juan Manuel Iglesias Sánchez

Imanol Nieto Casanueva

Tal día como hoy hace 49 años, muere de un infarto en Sestao el joven de 15 años Juan Manuel Iglesias Sánchez, mientras era perseguido y golpeado por la Policía.

El 9 de enero de 1977 partió desde una iglesia local una manifestación que reunió a 3.000 personas a favor de la amnistía total para los presos políticos y en solidaridad con los empleados despedidos de Tarabusi, una empresa en la que trabajaban muchos vecinos de Sestao. La noche anterior 110 personas la pasaron en el interior de la iglesia.

Tras la manifestación, y cuando se iba a leer el comunicado en euskera al final de la movilización en la Plaza del Kasko, cargaron la Guardia Civil y la Policía Armada. Según muchos testigos, el suceso fue de lo más duro que se vivió en Sestao. A esa hora Juan Manuel se encontraba en un salón de juego hasta que la policía entró en el local. Los policías comenzaron a golpear a los que estaban dentro y Juan Manuel se marchó y entró en un portal contiguo. La policía también entró en ese portal y según algunos testigos, le propinaron golpes. Desde el descansillo del primer piso salto por un ventanuco a un patio interior. Después volvió a saltar de nuevo a un patio contiguo, más abajo, con una caída de 3 metros. Allí fue donde se desplomó.

Los vecinos de la casa se percataron más tarde de que había un muchacho tirado en el suelo. Lo recogieron y lo sacaron a la calle Villar y Villate por el portal número 2, donde fue atendido por un médico que, aunque le practicó los primeros auxilios, un masaje cardíaco y el boca a boca, no pudo salvarle la vida. Aquella tarde el Gobernador Civil emitió un comunicado en el que afirmaba que la policía no había actuado por la zona aunque todo el pueblo fue testigo de que las cargas fueron constantes por todo el centro, dejando a varios vecinos hospitalizados.

Cuando sus padres, Mari Carmen y Juan Manuel, llegaron al hospital su hijo se encontraba en el depósito de cadáveres. Allí les recibió un Brigada de la Guardia Civil que tuvo que oír a Juan Manuel. "Le grité asesino, me daba igual si era él o sus amigos o compañeros, ellos habían matado a mi hijo". Desde allí fue conducido al frigorífico, donde desde un pequeño nicho sacaron la mitad del cuerpo de su hijo. Estaba amortajado, solo se le veía la cara, lo indispensable para poder identificarlo.

Juan Manuel padre tiene muy vivo el recuerdo de su hijo y se queja de que sólo pudiese verle la cara. "Actuaron como si le hubiesen pegado. Está claro que no pude ver si tenía golpes, marcas de porrazos, de pelotazos o un tiro, porque aquellos disparaban muy fácilmente. Mi hijo murió de insuficiencia cardio-vascular, que es de lo que acabamos muriéndonos todos. Y si hubiese sido así... ¿Qué hizo que un chico de 15 años recién cumplidos muriese de un ataque fulminante al corazón?"

La mayoría de los agentes políticos vascos emitieron comunicados individuales y conjuntos en memoria de Juan Manuel y contra las cargas policiales.

Al día siguiente se organizaron paros en casi todas las empresas de la Margen Izquierda (Altos Hornos, General Eléctrica, La Naval, Aurrera, Astilleros de Olabeaga, Lemoniz, Mecánica Lapeña y Petronor, entre otras) para denunciar la muerte de Juan Manuel. Los trabajadores de la empresa Babcock & Wilcox, compañía en la que trabajaba su padre, presentaron un manifiesto el 11 de enero para hacer una huelga general. Representantes de las principales empresas vizcaínas se sumaron al manifiesto. También se incorporaron agentes políticos de izquierdas vascos como el Comité Central Socialista de Euskadi, EKA, Eusko Sozialistak, las organizaciones de coordinación KAS, LCR-ETA, EMK, ORT, EPK, PT, UGT, USO y Comisiones Obreras.

Al mediodía 25.000 personas se dieron cita en el funeral en la plaza de España de Sestao (actual plaza del Kasko). El féretro se colocó en el centro del quiosco de la plaza y a sus lados dos grandes fotografías del joven.

Tanto el funeral y como las huelgas en protesta por su muerte, fueron nuevamente reprimidos por una policía que actuaba con total impunidad. Hubo 4 heridos graves trasladados a centros hospitalarios, entre ellos la niña de 6 años Cristina Aizpurua, que perdió la visión de uno de sus ojos al estallar una pelota de goma contra los cristales de su casa mientras cenaba con su abuelo, que también resultó herido.

 

 

 

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viernes, 25 de octubre de 2024

Recordando a Txomin Ziluaga

Desde Naiz se trae lleva a cabo este ejercicio de memoria en favor de una figura muy importante para Euskal Herria, Txomin Ziluaga.

Aquí la información:


Txomin Ziluaga, un dirigente al lado de su gente

Hoy hace 12 años falleció Txomin Ziluaga, histórico dirigente de la izquierda abertzale, con una larga militancia que arrancó a los 17 años en pleno franquismo. Alexander Ugalde Zubiri, profesor de la UPV-EHU, recuerda su figura.

Alexander Ugalde Zubiri

Han pasado doce años desde que falleciera en 2012 Txomin Ziluaga Arrate, que vino al mundo en 1939 en Erandio, cuando acababa la Guerra Civil en España y comenzaba la II Guerra Mundial.

Se las vio con la dictadura y con la «reforma democrática» que perpetuó gran parte de la estructura de aquella, aunque las formas cambiaran. Su vida personal y compromiso político deben ser percibidos en tales condiciones, por lo que su comportamiento fue a contracorriente.

Comenzó en la «borroka abertzale» –denominación por él usada– a los 17 años, involucrándose en las luchas en la década de los sesenta. Ello le llevó a militar y asumir responsabilidades en varias organizaciones en distintas épocas: ETA, HASI, por ser secretario general de este partido (1978-1987) participó en KAS y HB, Colectivo Santi Brouard y se implicó en Euskal Herritarrok, Batasuna y posteriores formatos de la izquierda abertzale.

Su militancia en ETA –integrante de la Oficina Política– supuso su detención en marzo de 1969, torturas en la comisaría de Bilbo, Consejo de Guerra y pena de reclusión de quince años por delitos de rebelión militar, auxilio al bandidaje y actividades subversivo-separatistas. La sentencia subrayó su «actitud rebelde» por pretender «expresarse en vascuence». Su abogado fue José Antonio Etxebarrieta, con quien tuvo una gran amistad.

Transitó por las prisiones de Basauri, Burgos, Segovia y Jaén, saliendo a la calle en 1976. Coincidió con la preparación de la fuga de Basauri (1969), Juicio de Burgos (1970) y fuga de Segovia (1976), apoyando esta desde dentro, pues le restaba poca condena.

En 1977 volvió a organizarse, tras conversar con Santi Brouard, en la convergencia entre EHAS y Eusko Sozialistak, que dio lugar al partido HASI. Participó en la constitución de Herri Batasuna. Fue diputado en el Parlamento vasco (1984-1986) y en el Congreso de los Diputados (1986-1989).

En su accionar, probablemente, la situación más difícil que vivió tuvo que ver con la crisis en la izquierda abertzale en 1987 y 1988, cuando, junto con otros militantes, fue expulsado de HASI en una infortunada resolución de contradicciones, si es que las hubo de envergadura, pues cabe refutar en gran medida la versión oficial que quedó para la posteridad. Empero, tuvo una lectura optimista de aquellos tiempos: «Yo te diría», le dijo a Pepe Rei en una entrevista, «que el balance de esos diez años ha sido muy positivo». Acerca de la crisis comentó: «Cuando los problemas son pequeños y son resueltos por malos métodos se hacen grandes (…). Cuando se pueda, ya se aclararán y reconocerán los errores mutuos que haya habido en todo esto».

Retomó a finales de los ochenta sus estudios efectuados en Sarriko, Barcelona y Madrid en los sesenta, que interrumpió con el ingreso en prisión. Se graduó y doctoró en Ciencias Políticas, siendo profesor en la UNED y UPV/EHU.

De su trayectoria caben destacar muchas cosas. Señalo algunas.

Su coherencia política e ideológica, centrada en la lucha nacional y social de Euskal Herria, lo que combinó con la solidaridad con los procesos de otros pueblos del mundo.

Dio la cara cuando las cosas venían complejas: denuncia de la represión; funerales ('Argala', 'Kirruli', Santi, Txomin Iturbe…); en las noches de bajadas electorales; cuando ante acciones duras de ETA había que salir a la palestra… ahí estuvo sin esconderse.

Fue habitual que en las movilizaciones en las que los cuerpos policiales amenazaban con intervenir, o lo hacían, enfrentara tales situaciones, lo que provocó que en varias ocasiones fuera golpeado y hospitalizado, además de encausado.

En definitiva, recuerdo a Txomin por su alto grado de compromiso político conducido con toda dignidad. Además, persona cercana en el trato. Un dirigente siempre al lado de su gente.

 

 

 

 

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viernes, 27 de septiembre de 2024

Egin | Gudari Eguna 1995

Conmemoramos el Gudari Eguna con esta visita que Naiz hace a la hemeroteca de Egin con el objetivo de dar lectura al artículo que se publicó justo dos décadas después de los terribles sucesos del 27 de septiembre.

Adelante:


Gudari Eguna en 'Egin', a veinte años de las muertes de 'Txiki' y Otaegi

Las muertes de Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi fueron las últimas ordenadas por Franco antes de su muerte, el 27 de septiembre de 1975. Con motivo del vigésimo Gudari Eguna, 'Egin' publicó un cuadernillo especial en 1995 para repasar la situación sociopolítica del país.

El 27 de septiembre de 1975 se producían las últimas ejecuciones del franquismo. Los militantes de ETA (pm) Jon Paredes Manot 'Txiki' y Ángel Otaegi Etxebarria eran fusilados en Cerdanyola del Vallès y Burgos, respectivamente. También los militantes del FRAP José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena fueron ejecutados ese mismo día en la población madrileña de Hoyo de Manzanares.

Desde aquel año, cada 27 de septiembre se conmemora en Euskal Herria el Gudari Eguna, que recuerda las muertes de 'Txiki' y Otaegi, así como las del resto de militantes fallecidos en el transcurso del conflicto político y la guerra sucia. Y tanto 'Egin' como GARA han recordado en numerosas ocasiones esta efeméride en sus páginas.

Muestra de ello es el cuadernillo especial que 'Egin' publicó en 1995 con motivo del 20º aniversario de los fusilamientos de los dos militantes vascos. Bajo el título «Gudari Eguna. Veinte años después», hace un repaso al «desarrollo de las luchas populares y el trabajo político de la Izquierda Abertzale» desde 1975 hasta la fecha.

De ello se encargan los textos redactados por Martín Garitano e Iñaki Egaña. El primero de ellos, además, es el autor de las entrevistas al histórico dirigente abertzale Jokin Gorostidi, al miembro de la Mesa Nacional de HB Joxe Mari Olarra, al coportavoz de la Mesa Nacional de la coalición abertzale Jon Idigoras, y al coordinador general de LAB, Rafa Díez, que completan el cuadernillo.

Compuesto de cuatro apartados, relativos a los años 1975 («Franco mató hasta la víspera de su muerte»), 1975-1982 («De la restauración monárquica al Gobierno del PSOE»), 1983-1992 («La década del PSOE») y 1993-1995 («La descomposición del Estado»), el amplio reportaje ofrece una visión detallada de la actualidad sociopolítica vasca de la época.

A continuación, uno de los reportajes del suplemento especial:

Franco mató hasta la víspera de su muerte

Martín Garitano

En la madrugada del 27 de setiembre de 1975, hace hoy 20 años, cinco pelotones de voluntarios de la Guardia Civil y la Policía Armada rubricaban con la sangre de 'Txiki', Otegi, Baena, Sánchez Bravo y García Sanz el último y casi postrero servicio que Francisco Franco quiso rendirse a sí mismo y al régimen que le acompañó durante los 38 años de dictadura.

En víspera de su propia agonía, el dictador quiso mostrar a propios y extraños su particular forma de entender el «Todo por la Patria hasta sus últimas consecuencias», y recuperó su decrépito pulso para firmar las últimas penas de muerte de su vida. Luego caerían más, víctimas todos ellos de una feroz represión que combinaba la desesperación de las fuerzas policiales que adivinaban tiempos duros, la impunidad en los acuartelamientos presididos por la rojigualda y el odio a una sociedad que empezaba a moverse con una decisión que hacía temblar a los menos insensatos del régimen.

La respuesta popular al último delirio del franquismo, el protagonismo alcanzado por la lucha armada de ETA y un contexto internacional en el que la autocracia de Franco resultaba ya impresentable definieron el panorama político en que nació, aquel verano del 75, la izquierda abertzale, de la mano de ETA y las organizaciones políticas que habían surgido en su entorno.

Aquel verano, en vísperas del juicio contra Garmendia y Otaegi, surgió la primera iniciativa para coordinar la acción anti-represiva de las organizaciones que, desde presupuestos abertzales, se ubicaban en el campo de la izquierda.

Había nacido KAS, con la participación de milis y polimilis y las organizaciones EAS, EHAS, LAIA, LAB y LAK. Nació la Koordinadora Abertzale Sozialista como un elemento de coordinación de las luchas anti-represivas, pero apenas unas semanas después de su creación redefinía públicamente su propia naturaleza para consolidarse como «coordinadora permanente para la acción, que será, al mismo tiempo, una mesa de debate».

El año en que sucedía todo esto comenzó con el sexto estado de excepción en Gipuzkoa y Bizkaia, en el transcurso del cual murieron ocho personas y se registraron más de tres mil detenciones. La brutalidad de los métodos policiales y los periodos legales de detención no parecían suficientes para satisfacer las necesidades represivas de los aparatos del Estado y fueron numerosos los casos de detenidos en Nafarroa o Araba trasladados a los otros dos herrialdes para poder así aplicarles las medidas de excepción. La intensidad de la movilización represiva llegó al punto de que en mayo era tal la saturación de comisarías, cuartelillos y centros de detención que hubo una noche en la que casi cuatrocientos detenidos tuvieron que pernoctar en la plaza de toros de Vista Alegre, mientras los policías paseaban por los tendidos para elegir, al azar, a algunos y conducirlos a la enfermería donde tenían lugar –paradojas de la vida– los «hábiles» interrogatorios.

En junio, cuando el estado de excepción llevaba dos meses en vigor, la mayoría de las organizaciones de la oposición, con las escandalosas excepciones del PCE y PNV, convocaban una jornada de lucha que en Gipuzkoa adquirió forma de huelga y tuvo su parangón más dramático en la acción de Jacques Andreu, un joven de 27 años que se inmoló a lo bonzo frente al consulado español de Pau en solidaridad con los vascos y para llamar la atención sobre los juicios a Garmendia y Otaegi.

Los meses de verano fueron especialmente intensos en Madrid y Euskal Herria. Al tiempo que el Gobierno hacía público el decreto-ley sobre «prevención del terrorismo» y la fecha del primero de los juicios sumarísimos, en las calles de Euskadi se repetían las protestas y hasta Amnistía Internacional tuvo que hacer público un informe extraordinario sobre la práctica de la tortura en los centros policiales. Decenas de heridos, un muerto –Jesús García Ripalda– y centenares de detenidos precedieron a las escasas cinco horas que duró la vista oral contra los militantes abertzales acusados de dar muerte al guardia civil Posadas.

Ningún familiar de los procesados pudo acceder a la sala de vistas. Ni uno solo de los observadores internacionales pudo ser testigo de la farsa jurídica allí representada. Y ninguno de los testigos oculares del atentado reconoció a 'Tupa' Garmendia ni a Ángel Otaegi. A pesar de todo, las dos penas capitales se harían públicas al día siguiente.

La respuesta en la calle se fortaleció tras estas primeras sentencias y también se recrudeció la actuación policial. En vísperas de la huelga general de los días 28 y 29 de agosto, seis manifestantes resultaron heridos de bala, mientras el Gobierno aceleraba su enloquecida carrera hacia el desastre con el anuncio de más juicios y peticiones de muerte.

El juicio contra 'Txiki' Paredes lanzó a los vascos a una nueva huelga general que, también en esta ocasión, contó con la negativa expresa de un PNV que alertaba sobre la crisis industrial y los perniciosos efectos de las huelgas. A 'Txiki' le juzgaron en Barcelona unos militares que, en apenas unas horas, decidieron darle muerte después de una sesión que cerró el militante zarauztarra proclamando que «este juicio se celebra contra el pueblo vasco y contra todos los pueblos del Estado español. Gora Euskadi Askatuta!».

En aquellas fechas tuvieron lugar otros dos consejos de guerra en el campamento de El Goloso, a resulta de los cuales fueron sentenciados al paredón diez militantes del FRAP. El último de estos juicios resultaría dantesco, al no poder contar los procesados ni siquiera con sus abogados, expulsados por orden del coronel que presidía el Tribunal.

La reacción popular, acompañada de centenares de intervenciones de personalidades, gobiernos y organizaciones de todo el mundo, frenó sólo en parte el delirio ejecutor de Franco y su Gobierno. Varios reos fueron indultados y se concretaron cinco ejecuciones. En Madrid, voluntarios de la Guardia Civil y la Policía Armada fusilaron a Sánchez Bravo, Baena y García Sanz. A Ángel Otaegi le dieron muerte una docena de policías en el presidio de Villalón, en Burgos, y a 'Txiki' lo ejecutaron los voluntarios de la Guardia Civil cerca del cementerio de Sardanyola.

Ángel Otaegi murió solo. Nadie entre sus allegados y compañeros pudo acompañarle en sus últimas horas y, cuando se dirigía al escenario elegido para darle muerte, proclamó: «Euskadirengatik hil behar naute. Ez nago damutua, oso konsziente naiz ene egoeraz. Gora Euskadi Askatuta eta Sozialista! Euskal Iraultza ala hil!».

A 'Txiki' lo acompañaron «en capilla» su hermano Mikel y los abogados catalanes que le habían asistido. Murió cantando el 'Eusko Gudariak' y, por orden del capitán general de Barcelona, se impidió su enterramiento en Zarautz.

La reacción internacional, la retirada de embajadores y la tormenta de condenas no hicieron mella en la moral del dictador y su corte que, para mostrar la bizarría hispana, convocaban un acto de adhesión inquebrantable en la Plaza de Oriente. Allí, junto al príncipe Juan Carlos y ante miles de incondicionales, Franco hizo su último discurso, tan clarividente como el primero: «Todo obedece a una conspiración masónica izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social».

Franco murió mes y medio más tarde. Juan Carlos de Borbón le sucedió, a título de Rey, hasta la fecha.




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miércoles, 25 de septiembre de 2024

El Atentado en el Hotel Monbar

Naiz recurre a la hemeroteca de Egin para volcar la memoria a uno de los episodios más sangrientos acaecido durante los años álgidos de terrorismo de estado por parte de Madrid en contra del pueblo vasco; el ataque a los refus en el Hotel Monbar.

Aquí la información:


Hotel Monbar, las campanadas a la muerte que conmocionaron a Euskal Herria

El Hotel Monbar tiene el triste honor de ser recordado como el escenario del atentado más mortífero de los GAL, que tuvo lugar el 25 de septiembre de 1985. Los refugiados Agustín Irazustabarrena, Inaxio Asteasuinzarra, Jose Mari Etxaniz y Sabin Etxaide murieron tiroteados por dos mercenarios.

Marcel Pena

El atentado contra cuatro refugiados vascos en el bar Hotel Monbar de Baiona no fue el primero ni el último de los GAL, pero sigue siendo uno de los más recordados, merced a ser el que más víctimas provocó y, también, por la canción que Kortatu le dedicó poco después.

El 25 de septiembre de 1985, dos mercenarios abrieron fuego contra Agustín Irazustabarrena Urruzola 'Legra', Inaxio Asteasuinzarra Pagola 'Beltza', Jose Mari Etxaniz Maiztegi 'Potros' y Sabin Etxaide Ibarguren 'Eskumotza'. Los tres primeros fallecieron en el acto, mientras que Etxaide moriría dos horas más tarde en el hospital de la capital labortana. «Cuatro refugiados abatidos anoche en Bayona», titulaba al día siguiente 'Egin', junto a las fotos de los fallecidos.

Aquella primera información también recogía que, tras el tiroteo, los dos pistoleros, Pierre Frugoli y Lucien Mattei, asesinos a sueldo del hampa marsellesa contratados por el Ministerio del Interior español, habían emprendido la huida a pie por las calles de Baiona Ttipia. Una fuga que se vio frustrada gracias a la acción de un grupo de ciudadanos que los persiguió después de que arrojaran las armas al Errobi, y entre los que se encontraba quien tres décadas más tarde sería uno de los artesanos de la paz Txetx Etcheverry. Seguidamente, ambos mercenarios fueron detenidos por una patrulla policial.

Estos hechos causaron una gran conmoción a ambos lados de la muga, como demuestra que 'Egin' dedicara varias páginas diarias al atentado durante las jornadas siguientes. La edición del día 27 daba cuenta de la huelga general convocada para aquella fecha en Gipuzkoa por Herri Batasuna, Gestoras pro-Amnistía y KAS, así como de las protestas recogidas en todo el país la noche anterior. Mientras en Hego Euskal Herria «las barricadas y los enfrentamientos eran el denominador común en muchos pueblos», en Baiona un millar de personas se manifestaron bajo un gran control policial. La concentración también estuvo marcada por «la fuerte operación filtro impuesta por la gendarmería francesa en la muga».

La huelga general en Gipuzkoa y el resto de protestas coincidieron, además, con el décimo aniversario de la muerte de Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi, fusilados el 27 de septiembre de 1975 junto a tres militantes del FRAP. Un Gudari Eguna que quedó eclipsado por el atentado del Hotel Monbar, pero que 'Egin' quiso poner en contexto en sus líneas: «Diez años después de que el Gobierno español, a través de sus fuerzas represivas, les fusilara, fuerzas oscuras que cuesta no relacionar con esas mismas instituciones han segado las vidas de otros cuatro vascos en lo que constituye una de las mayores matanzas llevadas a cabo contra este pueblo en los últimos cuarenta años».

Homenaje manchado por la presencia policial

Los restos mortales de los cuatro refugiados llegaron a sus respectivos pueblos durante la mañana del sábado 28, un día después de que Gipuzkoa quedará «paralizada» por la convocatoria de huelga general. Una caravana de coches acompañó los restos de los cuatro militantes desde el Puente de Santiago, en Irun, hasta Hernani, Zestoa, Astigarraga y Urretxu, sus respectivas localidades, donde fueron recibidos por miles de personas a pesar del esfuerzo policial para que no fuera así. Ejemplo de ello fueron las cargas policiales en Astigarraga, que intentaron evitar que se bailara un aurresku en honor a Irazustabarrena. Las cenizas de ‘Legra’ fueron esparcidas en un acto celebrado en Santiagomendi.

Por su parte, Urretxu, pueblo de Etxaniz, y Zestoa, de donde era Etxaide, fueron tomados por las fuerzas policiales para evitar que vecinos de las localidades colindantes participaran en los actos de homenaje.

En Hernani, la despedida a Inaxio Asteasuinzarra 'Beltza', también quedó manchada por la actitud de la Guardia Civil, que impidió que el cuerpo del joven fuera expuesto en el Ayuntamiento local, tal como se había acordado, y prohibió una actuación de txalapartaris y aurreskularis. Por tanto, el trayecto entre el pueblo y cementerio se convirtió en el homenaje popular a 'Beltza'.

«Para cuando los manifestantes llegaron al cementerio, las inmediaciones se hallaban tomadas por la Guardia Cilvil y allí se disolvió la comitiva», informaba 'Egin'. A la vuelta, Maritxu Pagola, madre del Inaxio, se despidió emocionada de la multitud que la había acompañado con un sentido «eskerrik asko denori», que fue respondido con un «eskerrik asko zuri, zurea bezalako semea eman diguzulako».

«Campanadas a la muerte»

El atentado contra los cuatro refugiados vascos ha quedado en la memoria popular por su gran mortandad, pero también por la canción 'Hotel Monbar' de Kortatu, grupo cuyos integrantes conocían personalmente a los militantes fallecidos. De hecho, como confirmaría el propio Fermin Muguruza años después, aquel mismo día estuvo en Baiona, jugando al futbolín con los jóvenes refugiados muertos.

De esa traumática experiencia salió una canción que Muguruza comenzó a escribir esa misma noche. Quizás por ello, evocó en su letra las «campanadas a la muerte», tal como hizo Lluís Llach nueve años antes con su canción 'Campanades a morts'. El cantautor catalán compuso este réquiem la noche del 3 de marzo de 1976, justo después de enterarse de la matanza de obreros en Gasteiz.

Este no fue el único recuerdo de Kortatu a los muertos en Hotel Monbar. El grupo quiso que en la portada del disco 'A Frontline Compilation', publicado en 1988, apareciera la imagen de Maritxu Pagola puño en alto, tomada en un acto celebrado pocos días después de la muerte de su hijo.




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sábado, 15 de junio de 2024

Alonso | Realidades Frenta a Frente

Desde Gara traemos a ustedes este ensayo que nos remonta a la Euskal Herria de 1995.

Siempre es bueno mantener viva la historia y la memoria.

Adelante con la lectura:


Realidades frente a frente

La realidad no es única, pero puede suceder que así lo parezca si se oculta lo que no interesa. «Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido», advirtió Malcolm X. Si además los medios siguen las directrices del poder, la sociedad puede llegar a pensar que no hay más realidad que aquella con la que la alimentan.

Fernando Alonso

En 1995 las dos realidades de Euskal Herria estuvieron literalmente frente a frente. Las miradas no estaban a la misma altura porque la realidad oficial dispone de todos los recursos que el poder facilita, y la no oficial tiene que buscar medios.

Así fue que, frente a la realidad que representaban las convocatorias del lazo azul, se situaron las concentraciones de “Euskal Herria Askatu” que sacaban a la luz la realidad silenciada y reprimida. Imágenes crudas, pero que ponían frente a frente las dos realidades de la sociedad vasca. Al estar ambas cara a cara, era imposible sacar una eludiendo la otra.

Las realidades del conflicto político se fueron enroscando sobre sí mismas a lo largo de todo el año 1995, que comenzó con el ataque por parte de ETA a la comisaría de Indautxu, en Bilbo, en el que falleció un policía. Pocos días antes, las declaraciones de Amedo y Domínguez, que habían sido agentes de esa misma comisaría, reabrieron el caso de la guerra sucia de los GAL.

La lista de implicados seguiría creciendo y llevaría a la cárcel a lo largo del año al que fuera secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera, además de a cargos institucionales y políticos del PSOE como Julián San Cristóbal o Ricardo García Damborenea, a policías como Miguel Planchuelo, Francisco Álvarez... También salió a colación Intxaurrondo con Rodríguez Galindo a la cabeza, Dorado, Bayo...

Quienes sin pudor alguno se ensuciaron las manos en el terrorismo de Estado, cuando se presentaban ante el juez, cantaban nombres y detalles como en el cártel de los sapos.

A Vera le pusieron una fianza que pagó el PSOE, partido al que implicaba directamente en la guerra sucia su antiguo dirigente vizcaino García Damborenea, quien precisó ante el juez los nombres, entre otros, de Julen Elgorriaga, Ramón Jáuregui o el propio Felipe González. Jáuregui salió inmediatamente a la palestra para negar cualquier participación en los GAL y González insistió en que todo era una estrategia para echarle del poder.

Parecía que, con la reapertura del caso de los GAL, en el PSOE habían entrado en un sálvese quien pueda: cada uno iba a cuidar su cuello.

Lasa y Zabala, atentados contra Ordóñez y Aznar...

En medio de semejante escándalo de terrorismo de Estado, Felipe González ascendió a general a Enrique Rodríguez Galindo, coronel de Intxaurrondo cuya ubicua sombra asomaba no solo en casos de torturas, ejecuciones extrajudiciales y guerra sucia, también de corrupción.

Precisamente, doce años después de su desaparición en Baiona, el 21 de marzo los restos de Joxean Lasa y Joxi Zabala fueron identificados en Alicante. Lo que sucedió en el aeropuerto de Hondarribia a la llegada de los ataúdes, y después en el cementerio de Tolosa en su entierro, fue fiel reflejo de la realidad que se vivía en Euskal Herria: no se respetó ni el dolor de las familias.

La Guardia Civil permaneció en las pistas del aeropuerto, la Policía española cargó con violencia en el interior de las instalaciones y en el cementerio la Ertzaintza arremetió contra los familiares con porras, a culatazos e incluso disparando pelotas de goma.

En enero ETA mató de un disparo en la cabeza al dirigente del PP de Gipuzkoa Gregorio Ordóñez. En su comunicado, la organización lo señaló como «principal representación de la imposición española».

No habían pasado noventa días cuando, en Madrid, una potente bomba explosionó al paso del coche del presidente del PP, José María Aznar, que resultó ileso gracias al alto nivel de blindaje del vehículo. Por los efectos de la explosión, en el atentado falleció una mujer que vivía en una casa próxima.

En pleno verano mallorquín, el rey español, hoy emérito, estuvo en dos ocasiones en la mira telescópica del fusil de francotirador con el que ETA buscaba abatirle. En espera del momento óptimo, el comando fue detectado y la tentativa resultó frustrada por un operativo hispano-francés.

Las dos caras de la realidad se visualizaron con nitidez los días 20 y 21 de mayo en Donostia, unos días después de que ETA secuestrara al empresario José María Aldaia. Gesto por la Paz convocó una manifestación un sábado con todos los recursos de la estrategia del lazo azul; al día siguiente, sobre el mismo recorrido y con cuatro mil personas más, lo hizo HB por la libertad de Euskal Herria.

Ambas realidades frente a frente y en el mismo lugar y hora se comenzaron a ver en todos los lugares en los que la dinámica del lazo azul convocaba algún tipo de concentración o acto. En ocasiones se vivían momentos de gran tensión que acababan con cargas de la Ertzaintza contra la convocatoria de “Euskal Herria Askatu”. En una de ellas, una pelota de goma impactó en el cuerpo de Rosa Zarra, que murió una semana más tarde.

Pero por el lado de la apuesta por un futuro diferente la gran imagen fue la de la multitudinaria manifestación del Primero de Mayo en Bilbo convocada por ELA y LAB, que mantenían una estrategia conjunta desde el año anterior, que evolucionó de lo sindical a lo político. El lema era suficientemente explícito: «Euskal Herria eraikitzen». Precisamente por eso y por negar el marco vasco, los sindicatos españoles marcharon por su cuenta.

En junio hubo elecciones municipales en la Euskal Herria continental y un par de semanas antes lo habían sido en la parte peninsular. En Ipar Euskal Herria hubo un importante avance abertzale, aunque arrasó la derecha francesa. En el convulso escenario político del sur, HB logró mantener su espacio electoral y PNV y PSOE decidieron extender sus acuerdos, junto a EA, a municipios y diputaciones.

Entre los candidatos abertzales elegidos había numerosos prisioneros políticos, que fueron llevados a los consistorios para la toma de posesión. Los salones de plenos se desbordaron de solidaridad y en algunos lugares se produjeron incidentes. Esta realidad se hizo tan insoportable para el Estado que cambiaron la ley para que los privados de libertad en situación de prisión preventiva no pudieran tener derecho al sufragio pasivo.

Al lehendakari navarro Juan Cruz Alli le crecieron los problemas internos, hasta que acabó dimitiendo y abandonando UPN para fundar Convergencia de Demócratas de Navarra (CDN). El nuevo partido se presentó a las elecciones del Parlamento de Iruñea apenas unas semanas después y arrancó con gran impulso, superando el 18% de los votos. Pero la Presidencia pasó a Javier Otano, del PSN, gracias a los votos de su partido, la propia CDN y EA.

Pantano de Itoiz

Aunque lo que emana de la Audiencia Nacional no acostumbre a ser motivo de celebración, la excepción llegó en octubre con una sentencia que declaraba ilegal la construcción del pantano de Itoitz, dando la razón a la lucha de los grupos ecologistas y ayuntamientos de la zona que llevaban diez años oponiéndose al proyecto. Se inició entonces un largo camino de recursos y más recursos ante instancias de todo nivel, pero las obras no se paralizaron.

La oposición al pantano se fue convirtiendo en un potente movimiento social que se prolongó durante años aunque, lamentablemente, la maquinaria del poder pasó por encima de la voluntad popular.

En el convulso contexto de 1995, ETA presentó, en abril, la “Alternativa Democrática”, una propuesta de distensión y negociación que actualizaba la Alternativa KAS. La “Alternativa Democrática” establecía dos niveles de diálogo: uno entre la organización armada y el Estado español, y el otro correspondiente al conjunto de la sociedad vasca, que debería poder elegir entre todas las opciones sin límite alguno.

El Gobierno español no solo despreció la propuesta, sino que se inició una auténtica persecución policial y judicial de su difusión pública, que continuó al año siguiente y acabó con toda la Mesa Nacional de HB en prisión. En diciembre de 1997 fueron condenados a siete años de cárcel, y dos años más tarde quedaron en libertad, cuando el Tribunal Constitucional declaró nula la sentencia condenatoria.

En 1995 el conjunto de la izquierda abertzale afrontaba un debate interno de adaptación a la fase política que se vivía y, así, en febrero, las bases de Herri Batasuna aprobaron la ponencia “Oldartzen”. Inmediatamente, toda la maquinaria política y mediática se lanzó a la ofensiva con una estrategia común sobre un guion basado en que aquella ponencia suponía la «socialización del sufrimiento».

El año acababa con el Metro de Bilbo en marcha y una exitosa XXX Feria de Durango que batió récords.

En homenaje a Mikel Laboa, la novena edición de Korrika salió en marzo de Donibane Garazi destino Gasteiz con el lema «Jalgi hadi euskaraz!».

Como decía la canción de Kepa Junkera y Edorta Jiménez: «Hona aukera: jalgi hadi euskaraz! Laga erdara, bizi ganoraz!».




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jueves, 22 de diciembre de 2022

Egaña | Félix Likiniano, Miliciano de la Utopía

Les invitamos a leer esta semblanza publicada por Naiz, misma que Iñaki Egaña dedica a uno de los personajes más trascendentes en la lucha del pueblo vasco por su liberación, el anarquista Félix Likiniano.

Adelante con la lectura:


Félix Likiniano, miliciano de la utopía

Iñaki Egaña

Este jueves 22 de diciembre se cumplen 40 años de la muerte de Felix Likiniano. En compañía de su eterna pareja Casilda Hernáez, compartió los ideales anarquistas y vivió la Sublevación de Octubre, la guerra civil, la resistencia contra el nazismo y el nacimiento de ETA, cuyo anagrama diseñó en 1977. Fue también el precursor de la expresión ‘Aurrera bolie’, luego adjudicada a Txomin Iturbe.

Félix Likiniano nació en Eskoriatza, aunque su familia se trasladó pronto a Arrasate. Hijo de Pedro José y Máxima, con tres hermanas y dos hermanos que también fueron pioneros en la difusión del anarquismo en Gipuzkoa. José Antonio, afiliado a la CNT que murió en Peñas de Aia combatiendo a los carlistas navarros, en agosto de 1936, con apenas 19 años, y Eduardo, que podía haber sido protagonista de una novela de John le Carré ya que estuvo infiltrado en Falange hasta que se destapó su juego, después de que los anarquistas les robaran una partida de fusiles llegados desde Iruñea.

Félix, que había nacido en enero de 1909, se afilió a la CNT cuando realizaba el servicio militar en los cuarteles de Loiola, en 1930. Cuarteles que, por cierto, años más tarde, en julio de 1936, asaltaría en compañía de otros compañeros para llevarse las armas. En 1934 fue detenido y condenado a 15 años de prisión con motivo de la Revolución de Octubre, por su apoyo a los mineros asturianos. Salió de prisión con la amnistía del Frente Popular, en febrero de 1936, y se ubicó en Donostia, junto a su compañera Casilda. Con un objetivo definido: preparar grupos de acción, al igual que lo hacían los comunistas, para enfrentar al fascismo que amenazaba.

Los grupos vascos de choque anarquistas, con un máximo de 20 integrantes, tomaron nombres extravagantes: Los Desesperados, La Buena Voluntad, Los Tarzanes Libertarios… En la capital guipuzcoana, los Likiniano crearon el suyo propio: Dinamita. Siguiendo la tradición. Años atrás, un grupo llamado Los Justicieros, con Buenaventura Durruti y Gregorio Suberviola, habían intentado un magnicidio en Donostia, con Alfonso XIII de víctima. Con un túnel, al estilo del que ETA realizó ya en 1973 para terminar con la vida del entonces presidente español, el almirante Luis Carrero Blanco.

Guerra y franquismo

Con la sublevación militar, Eduardo, Félix y Casilda tomaron parte de la defensa donostiarra. Desde la sede de la CNT en la calle Larramendi pararon la entrada militar en la ciudad, junto a dos centenares de jóvenes, y más tarde fijaron su cuartel general en la iglesia franciscana del barrio de Egia. La guerra llevó a Eduardo a Bilbao y fue detenido en Santoña. Cumpliría pena en Puerto de Santa María. Félix y Casilda, en cambio, cruzaron la muga y de Hendaia viajaron hasta Barcelona, donde se reincorporaron a la contienda en el frente de Aragón. Sobrevivieron, como contaban, de casualidad. La muerte les rondó durante dos años.

Ambos huyeron en 1939 de Girona a Perpignan y fueron internados en el campo de concentración de la playa de Saint Cebrià. Con las negociaciones de Telesforo Monzón, los vascos de Argelers de la Marenda y Saint Cebrià, en la Cataluña francesa, fueron trasladados al campo de Gurs, en el Bearne, a pocos kilómetros de Zuberoa. Félix y Casilda continuaron hasta Baiona, donde la sede del Gobierno vasco había sido abandonada. Con el archivo hicieron una hoguera que ardió durante una noche para evitar que los nazis que avanzaban pudieran informar a Franco del contenido de la documentación.

Luego a Burdeos, sin techo, y finalmente a Lorient, en Bretaña, donde Félix trabajó en la construcción de una base submarina para el Reich. La personalidad de los Likiniano volvió a surgir y recordando la infiltración de su hermano Eduardo, Félix se familiarizó con los ocupantes, de quienes obtuvo abundante información que enviaba a Inglaterra y, más tarde, directamente a la Resistencia. De Lorient la pareja se trasladó a París, donde contactó con la clandestina CNT y en 1943 se mudaron a Biarritz, a la vivienda en la que pasaron ambos el resto de sus días. Casilda falleció diez años más tarde que Félix, ya en agosto de 1992.

Durante el franquismo, la fractura en el anarquismo fue notoria. Félix Likiniano, Manuel Chiapuso y Cándido Armesto fueron los artífices de la creación de una CNT vasca. Hasta entonces, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia estaban integradas en la CNT del Norte y Nafarroa en la de Aragón. Pidieron incluso la entrada en el Gobierno vasco en el exilio. Fracasaron en la creación del Partido Libertario. Félix comenzó a trabajar en el camping de Biarritz.

El origen de ETA

En el camping recibió a los primeros refugiados de ETA con los que en un principio no tuvo demasiada relación. Sin embargo, la siguiente oleada fue definitiva para mostrar su sintonía con los nuevos refugiados. Sus palabras fueron todo un síntoma: «Llevábamos dos décadas esperando que la lucha y caída de Franco llegara desde el exterior y finalmente la misma se ha producido desde el interior. Además, llegan de mi pueblo, Arrasate, y hablan en euskara». Fue en su camping donde se reagruparon los autores del atentado contra el almirante Carrero Blanco, en una imagen icónica, con Argala en el centro del grupo.

Cuando murió el dictador, que coincidió con su jubilación, Likiniano se hizo previsible en sus relaciones. Caminata matutina por el paseo marítimo de Biarritz, visita a la librería Nafarroa para observar las novedades y seguir llenando su casa de libros y luego unos txikitos. Y pincho de tortilla con Casilda.

Comenzó a cruzar la muga hacia el sur, después de 40 años, y llegaba los sábados a Amara Viejo, en Donostia, donde quedaba con una cuadrilla de los de la guerra, de ANV: Pepe García, Sansinenea, Calvillo e Isidro Susperregi, al que luego mató la Policía en una manifestación pro amnistía. Al poteo asistía también Marcos Azkarate (padre de Miren, la que fue consejera del Gobierno vasco), comandante de un batallón del PNV durante la contienda y detenido más tarde por ser correo de ETA. También, en verano, Manuel Chiapuso, que bajaba de la Sorbona donde impartía clases, hasta Biarritz y Donostia.

Félix Likiniano y Casilda Hernáez pertenecieron a una generación que sobrevivió a la guerra y al nazismo y contestaron con las nuevas generaciones que devolvieron a la sociedad vasca el sentimiento y la dignidad de la lucha por sus derechos colectivos y sociales. Likiniano, que jamás concedió una entrevista, compartió inquietudes con otros que pertenecían al bando de los «perdedores» de la guerra, sin reconocer por ello una derrota definitiva: Telesforo Monzón, Miguel Amilibia, Marc Legasse, Lezo Urreztieta, Eli Gallastegi, Piarres Larzabal, Kepa Ordoki…

Su entierro en el cementerio de Biarritz condensó a decenas de refugiados clandestinos, algunos de los cuales serían años después detenidos y condenados a largas penas de prisión. Familia, Comité de Refugiados, KAS, Herri Batasuna, la Sociedad Donosti Berri (donde se reunía con sus amigos los sábados), CNT y… Joseba Merino (superviviente dos años después en la emboscada de Pasaia) le pusieron esquelas en ‘Egin’.

Likiniano pintó cientos de cuadros, algunos expuestos por primera vez en Donostia en 2014. En noviembre de 2022, anunciando el aniversario de su muerte, otra exposición sobre su obra se ha desarrollado en Baiona. Se anuncia un recorrido de su obra por Euskal Herria para 2023.

En septiembre de este año, se presentó el documental del director Juan Felipe ‘Casilda, el eco de otros pasos’, en los que su relación con Félix traspasa la película. En 1994, la recientemente fallecida Pilar Iparragirre publicó el libro ‘Félix Likiniano, miliciano de la utopía’, trabajo en el que el propio Félix desgranó lo más profundo de su pensamiento y, sobre todo, de la praxis revolucionaria.

 

 

 

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viernes, 31 de diciembre de 2021

Egaña | Año Tres de la Pandemia

Las manecillas del reloj avanzan inexorables, extinguiendo las últimas horas de un 2021 que será difícil de olvidar. Desde su perfil de Facebook traemos a ustedes las palabras con las que Iñaki Egaña ha decidido cerrar el año.

Adelante con la lectura:


Año tres de la pandemia

Iñaki Egaña

Damos una vuelta completa a nuestra estrella, en un acto refrendado por el calendario juliano, y ya nos disponemos a presentar las tendencias para el año numérico que se abre, 2022. Con el permiso de otras culturas, que se rigen por el trazo lunar. Dicen que los vascos, que llamamos “urtea” al ciclo orbital, lo ligamos antiguamente con el agua, recurrente en estos tiempos de cambio climático y acopio de las reservas naturales para comerciar con ellas.

Nos dejó en estos últimos días de 2021 el Nobel de la Paz Desmond Tutú, una leyenda de nuestra generación, vanguardia en la lucha contra el apartheid en la época en la que Nelson Mandela aún era considerado un peligroso terrorista. Pocos recuerdan que Tutú fue uno de los abanderados de aquella Declaración de Bruselas de 2010, en la que los firmantes pedían un acuerdo entre el Gobierno español y ETA para “que los nuevos esfuerzos democráticos avancen, las diferencias sean resueltas y se alcance una paz duradera”. Esfuerzos en los que se dejaron la piel los artesanos Michel Tubiana y Mixel Berhokoirigoin, uno argelino y el otro bajonavarro, también fallecidos en este 2021.

La tierra se mueve alrededor de su estrella a una velocidad de cerca de 500 metros por segundo, mientras que la actividad política parece avanzar con una celeridad cercana a la de la luz. Aquellos que antaño predecían con aproximada exactitud los acontecimientos que se avecinaban, hoy son simples adivinos. Por ejemplo, el futbol, se decía, “es un juego en el que 22 hombres persiguen una pelota y al final siempre gana Alemania". Concluyendo 2022 se disputará el mundial de Qatar, un campeonato indecente precedido de la muerte de miles de trabajadores en las obras de sus estadios. ¿Ganará Alemania? Nadie se atreve a predecirlo.

El futuro incierto, ya condicionado por un liberalismo hiper ventilado, ha llegado para quedarse. Puede parecer una paradoja y aunque lo sea, la definición no importa. La pandemia de la Covid nos ha demostrado que las situaciones pueden empeorar, hacerse endémicas y, al contrario de lo anunciado, presentar lo peor del ser humano. Desde las alturas, obviamente y como es habitual en los ciclos históricos, con las elites defendiendo sus fortalezas con uñas y dientes, pero también desde los infiernos, con la alianza de sectores desideologizados que aúpan a los totalitarismos al rango de dirección política.

Algo de esto estamos viendo como consecuencia de la pandemia. Mover de su situación de confort, no sólo a instituciones o elites sino también a ciudadanos de a pie, conlleva un cambio de paradigma. Y no me refiero únicamente a escenarios de confort económico, sino también político, social o cultural. La pandemia ha destapado numerosas carencias, es cierto que también antónimos de ellas. Entre esas escaseces sociales, la fragilidad de nuestra sociedad. Su falta de fortaleza comunitaria.

Y esa fragilidad es la que ha servido para abrir las puertas de par en par a lo que en otros escenarios del planeta ya se había producido. El ascenso, por entendernos con el término, del trumpismo. Ya sé que la traslación no es exacta, que las singularidades son muchas, pero hay una especie de desapego a la ideología, a los valores tradicionales progresistas y a todo aquello que huela a política, poniendo en duda hasta lo que nos llega desde la ciencia. Por parte de sectores emergentes que, en la medida que las restricciones sean más o menos severas, irán en aumento. Por la reivindicación del yo como ente supremo social, en detrimento de lo colectivo.

Este trumpismo vasco también se hará extensible en las tendencias que nos va mostrando el futuro, entre ellas la migratoria. Las migraciones producto del hambre, del cambio climático o de los conflictos bélicos, tocan cada año un nuevo techo. Y no hay final. Seguirán creciendo mientras los modelos económicos del planeta sean los que son. Entre nosotros, las clasificaciones hasta ahora están definidas. Pero como durante la pandemia, el postureo inicial (aplausos incluidos) dará pasó a posiciones políticas y sociales contrarias precisamente a las iniciales.

No hay que poseer una bola de cristal para determinar que las diferencias sociales van a sufrir crecidas, como la de los ríos Deba y Arga en esta segunda semana de diciembre. Cien millones de personas más se encuentran en situación de pobreza extrema en el planeta en comparación con los datos pre pandemia. Llegan a los 800 millones. El alza de los precios de la energía y el encarecimiento de las tierras raras aumentará las desigualdades, también en casa.

Entre las nuevas circunstancias que comparecen, y aunque avanzan que la Covid desaparecerá como pandemia, el ruido continuará conformándose como fuente política. Una forma de hacer lejana a aquellas fortalezas que definieron a la izquierda abertzale, el trabajo de hormiga (en 1995 hubo un proceso de reflexión en el seno de KAS con una ponencia que se llamó precisamente Txinaurri, relativa a la construcción nacional). Hacer política estratégica en estos tiempos parece estar lejos de los valores de los agentes sociales, dirigidos mayoritariamente por sus equipos de comunicación.

En 2022, París, en lo que nos toca, dará continuidad o no a Emmanuel Macron, que se testará probablemente en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con sectores ultras. 2022 será también un año trascendental para la credibilidad del Gobierno de Madrid en temas tan cercanos como la derogación de la Ley Mordaza, la reforma laboral y la aplicación de los derechos humanos a los presos vascos.

No fue 2021 el año de la resolución en el tema de los presos vascos. El que arriba, concita las dudas en la concreción de los pasos previstos y, sobre todo, en una gran cuestión, el enquistamiento de su situación como un tema particular de la izquierda abertzale y no como demanda del conjunto de la sociedad vasca. El reto es enorme, en unos tiempos líquidos en los que casi todo se amortiza en la brevedad del presente.

 

 

 

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sábado, 18 de diciembre de 2021

Egaña | El Cisma

Nuestro amigo Iñaki Egaña toma el cambio de domicilio del impresentable fundamentalista José Ignacio Munilla para hacer un análisis de la situación actual de la iglesia católica, empezando claro esta por su propia cabeza, Jorge Bergoglio, a quien la caverna española cuestionase muy severamente en fechas recientes, pero centrándose también en lo que ha ocurrido en Euskal Herria desde hace décadas.

Adelante con la lectura:

El cisma

Iñaki Egaña

Hace años, cuando un sector de la sociedad vasca abrazó el lema “Que se vayan”, en relación a las fuerzas policiales españolas, la izquierda revolucionaria estatal se reveló contra la campaña. Lo que no quieras para ti, tampoco para los demás, vino a decir. Y, para paliar la inscripción, elevó el listón: “Disolución de los cuerpos represivos”. Ni siquiera la Alternativa KAS, que debió de ser el no va más del totalitarismo según definen hoy algunos historiadores a sueldo del CNI, se atrevió, en su versión expandida, a tal exigencia.

Algo parecido acaba de suceder con la destitución de un obispo de los que no se alinearon con las nuevas tendencias anunciadas por el jefe de la Iglesia católica, el argentino Jorge Mario Bergoglio, Francisco I. El obispo, José Ignacio Munilla, que pertenece a la diócesis de Gipuzkoa, ha dejado un reguero de víctimas colaterales en su puesto. Sus posiciones ultras, haciendo honor a su pasado neofranquista en Alianza Popular (predecesor del actual PP), en temas tanto políticos como sociales, retrayendo la iglesia católica a los tiempos inquisitoriales, ha roto moldes y fronteras.

Hoy, los feligreses de su nuevo destino, la población alicantina de Orihuela, se han rebelado contra el nombramiento de Munilla para dirigir la sede episcopal. No quieren un obispo que no “es digno para Orihuela por sus teorías homófobas y antifeministas”. Estaríamos en la misma crónica, cambiando el calzado por supuesto, del “que se vayan”. Los feligreses guipuzcoanos pedían metafóricamente la cabeza del obispo, es decir su marcha, mientras que los receptores la rechazan. Sigue vigente el lema de la “disolución”. Y me consta, también, que algunos devotos vascos han celebrado la partida de su obispo.

Desde que Bergoglio se hizo cargo del bastón de mando en el Vaticano en 2013, comenzó un runrún estruendoso. Los mensajes que lanzaba el jesuita, aquellos de índole social, no concordaban con buena parte de la jerarquía católica. Munilla era uno de los abanderados de la cuaresma inmovilista. Tenía el apoyo de los sectores más conservadores de la Iglesia católica española. Por eso, la renovación pareció inminente. Pero han pasado más de siete años. O el Vaticano es un mastodonte extraordinario que necesita demasiada energía para mover su cuerpo, y por extensión para hacer efectivos sus cambios. O el sector más ultra entre los católicos no es precisamente minoría. O ambas a la vez.

Munilla se va por la puerta de atrás, como si se tratara del perdedor de un pulso recién concluido. Pero es apenas un combate de una guerra interna que se extiende desde hace décadas. Y tampoco con la marcha del obispo se cierra el capítulo de la iglesia conservadora y ultra, que continúa entre nosotros. Aún hay un sector eclesiástico de arraigadas convicciones conservadoras y antivascas. Munilla únicamente era el ariete de una corriente que relega a la mujer a la cocina y al cuidado de los hijos, que tilda a la homosexualidad de enfermedad, que frivoliza con la pederastia generalizada en el siglo XX y que exige su puesto en la vanguardia de la vida política diaria como lo ha tenido durante siglos.

La aportación evangelizadora de Munilla ha sido nefasta desde un punto de vista estrictamente católico. En época moderna no se había producido un levantamiento popular católico contra la jerarquía. De un sector además habitualmente sumiso. Entre la juventud, los sacerdotes, sea cual sea su condición ideológica, son percibidos como una cuadrilla de tradicionalistas rancios, pertenecientes a una congregación medieval. Únicamente aquellos pijos de postín, ligados a sectas como el Opus arraigadas gracias a la penetración franquista tienen cierta visibilidad. El colchón de feligreses está cada vez más relacionado con cuestiones biológicas. Las franjas de edad añejas, con perdón, son las más apegadas a los ritos católicos. Las más recientes los desconocen.

Entre quienes llegan a nuestra tierra huyendo de la miseria, los católicos tampoco han logrado hinchar el censo. Muchos de ellos siguen profesando confesiones de deidad única, como los musulmanes, y otros pertenecen a otras sectas, en especial a tendencias llamadas evangélicas. Es notorio que el cambio en el seno del catolicismo pasa por acercarse a aquellas escisiones que tuvo siglos atrás. En particular a las que promueven la igualdad de género. De lo contrario, su futuro es muy sombrío. Quizás deberíamos apostar por ello, por ese futuro que diluya la que ha sido la institución más sólida, para bien y para mal, de nuestra historia comunitaria.

Es cierto que ha existido una iglesia también escorada hacia posiciones progresistas. Conocimos a las Comunidades Cristianas Populares, la Coordinadora de Sacerdotes de Euskal Herria y a una revista referencial, Herria 2000 Eliza, desaparecida en 2018. Supimos recientemente el compromiso de un arzobispo, Mateo Zuppi, en el desarme de ETA, enfrentándose por cierto a Munilla y al entonces gobierno de Eme Rajoy. También que Miguel María Unzueta, vicario de la diócesis de Bizkaia, convocó reuniones entre las comunidades católicas vascas para explicares el proceso que concluyó con el fin de ETA. Hace unos días, tras las presentaciones de mi último libro, “Objetos perdidos. Desapariciones forzadas en el contexto vasco”, recibí la noticia de un nuevo desaparecido vasco sin catalogar. Ignacio Andrés Lanz Andueza, sacerdote que militó clandestinamente en la guerrilla guatemalteca, en la ORPA (Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas). De Lakuntza. Sigue desaparecido desde setiembre de 1982.

¿Pero? Tengo un gran “pero”. ¿Las posiciones progresistas de la Iglesia católica lo son también las de la sociedad vasca? ¿O el abismo es ya insalvable? Un único dato. En Gipuzkoa, la mayoría del robo a la propiedad popular que han sido las inmatriculaciones se produjo con un antecesor a Munilla, José María Setien. Y Setien fue considerado un obispo progresista, hasta el punto que la derechona hispana lo puso en su punto de mira.

 

 

 

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martes, 14 de septiembre de 2021

Egaña | ¿Quién Mató a Joserra Asua?

Una víctima vasca más del terrorismo de estado español.

Así nos lo relata Iñaki Egaña en su cuenta de Facebook:


¿Quién mató a Joserra Asua?

Iñaki Egaña

El 12 de setiembre de 1982, ahora hace 39 años, dos jóvenes huían a la carrera de la Guardia Civil, en Durango. Uno de ellos pudo eludir la detención y se escondió durante unas semanas. El otro desapareció. Su familia y amigos le buscaron, sin resultado. Hasta que cuatro días más tarde su cadáver apareció en un regato de Durango. El expediente de las diligencias abiertas por un juez ha desaparecido del juzgado, lo que ha avivado las sospechas de una muerte violenta. Se llamaba Joserra Asua Zelaieta, tenía 23 años y era natural de Berriz.

La década de 1980 fue vertiginosa. Varias organizaciones armadas se disputaban la hegemonía de la lucha frontal contra el Estado. Detenciones, torturas, activismo, guerra sucia, un golpe de Estado... En este contexto y en Durango, un grupo de cinco jóvenes, entre los que se encontraba Joserra Asua, ejecutó diversas acciones de sabotaje, lo que hoy interpretaríamos como "kale borroka". Cortes de carretera, explosivos caseros, etc. en favor de los presos políticos vascos.

Berriz y Durango están hermanados por la cercanía. La impronta de la muerte de Alberto García Mármol y Jesús Mari Arrazola, dos vecinos de Durango apenas de 21 años y 19 años, militantes de ETA, emboscados por la Guardia Civil en Gernika en mayo de 1978, marcó a toda una generación. Fueron decenas los jóvenes que se incorporaron a organizaciones políticas clandestinas, incluso a ETA.

En noviembre de 1980 fueron detenidos numerosos jóvenes de Iurreta y Durango, entre ellos el ya escritor Joseba Sarrionandia. Otros marcharon al exilio. Fueron las referencias del grupo de Asua. La senda de aquellos cinco activistas siguió su curso biológico. Asua murió ahogado. Su compañero de fuga ha sobrevivido, mientras que de los otros tres uno se encuentra hospitalizado, gravemente enfermo, y los otros dos fallecieron, uno de ellos en circunstancias trágicas, ahorcado.

El recorrido natural de estos grupos era "hacer méritos" para luego entrar en ETA. La relación para tal aventura la hacían a través de refugiados al otro lado de la muga que conocían por su cercanía. Fue el caso de este grupo, que se desplazó en varias ocasiones a Ipar Euskal Herria y mantuvo contactos con vecinos que conocían antes de la caída de 1980. No entraron, a pesar de su interés, en la organización armada. Su actividad, sin embargo, era similar a la de un comando. Tenían incluso un zulo para guardar material.

El sábado 11 de septiembre de 1982, dos integrantes de este grupo, uno de ellos Asua, se dirigieron a Ipar Euskal Herria para contactar con un refugiado con el que habían puesto una cita. Viajaron en coche propio, en Donostia pasaron la mañana y al rato de tomar el camino de la muga, cerca de Irun, se les cruzaron en la carretera varios coches de paisano que les tuvieron retenidos durante dos horas. Se asustaron tanto que no cruzaron la muga y entraron en una pensión de la que no salieron. Al día siguiente volvieron a Durango.

Al mediodía del domingo día 12, Asua llamó a su ex compañera, con la que hacía un par de meses había roto, para poner una cita y que le ayudara a escapar al otro lado de la muga. Joserra estimaba que ya estaba “quemado” y después de lo sucedido en Irun la víspera, su detención era cuestión de tiempo. Pusieron la cita para el 13, en Getaria. Ella preparó el pase y esperó dos días a que Asua asomara. Infructuosamente. Jamás apareció.

Al atardecer de ese mismo día, Asua y el otro compañero quedaron en Durango. Asua apuntó a su compañero que estaba inquieto por coches y gente de paisano que había detectado en los alrededores de su casa, en Berriz. Según su opinión eran los mismos que les habían retenido el día anterior. Como coinciden sus cercanos y ex compañera, Asua era un joven tranquilo, nada paranoico incluso en situaciones comprometidas. Su intranquilidad parecía justificada.

Para hablar de qué hacer ambos colegas se fueron hacia Iurreta, y cuando estaban en las cercanías del puente, en la actualidad frente al supermercado de la marca Eroski, volvieron a ver a los que supusieron les habían retenido la víspera. Un lugar donde estaba la antigua fundición San Miguel, ya desaparecida. Pasaron rápidamente por la fundición con el objetivo de ir hacia el monte y desaparecer varios días.

En ese momento surgieron cuatro o cinco lands rovers de la Guardia Civil. Iban a por ellos. Así que salieron corriendo, siempre por terrenos de la fundición. Uno corrió por el río, y Joserra en otro sentido. El compañero logró escapar- Joserra Asua, sin embargo, desapareció. No llegó a casa y su familia denunció la falta. La espera se hizo larga, y removieron su cuadrilla, su entorno, repasaron los bares y lugares habituales, sin resultado. A los cuatro días de la persecución, Asua apareció en una orilla de la presa Arandia, en un lugar de escaso calado, hoy perteneciente a Iurreta. Asua no sabía nadar. Pero el lugar apenas tenía profundidad. El agua llegaba hasta la rodilla.

Tanto la ex compañera de Asua como el que había conseguido escapar, que eran los dos que conocían los hechos, la primera de manera parcial, no hicieron movimiento alguno en esos cuatro días. La ex compañera por no revelar el estado del huido, ella sabía dónde, y él por razones obvias. Momentos de zozobra y de desasosiego.

El día 16 de septiembre apareció el cuerpo y la Guardia Civil se hizo cargo inmediatamente del mismo. No llevaba documentación encima pero no hubo dudas de quién se trataba. El médico de Berriz fue a ver el cadáver, pero la Guardia Civil no le permitió destapar la sábana que lo cubría. En cambio, la jueza de paz, Mari Tere Alberdi, fue avisada antes de levantar el cadáver. Apuntó en sus notas que Asua estaba en estado de descomposición y que no tenía signos de violencia. La familia y los allegados supusieron que al cadáver no se le había hecho la autopsia, pero esta existió. La realizó el forense Ricardo Mar Moñux, un médico natural de Castro ubicado en Durango. Concluyó que Joserra Asua murió por ahogamiento, que no tenía otros signos llamativos.

El día 18 se celebró el funeral y el cuerpo de Asua fue enterrado en el panteón familiar de Berriz. En el lugar donde apareció muerto, la izquierda abertzale erigió un monolito, con el anagrama de KAS. Un monolito que todavía se mantiene en pie. Durante varios años, en el aniversario de su muerte, se le hizo un homenaje popular.

El impacto familiar sobre la desaparición-muerte de Asua fue de gran magnitud. Durante los años siguientes, la coordinadora KAS, Herri Batasuna y Gestoras pro Amnistía recordaron con una esquela en el diario Egin el aniversario de la desaparición y muerte. En 2016, un grupo de antiguos amigos de Asua organizó una pequeña campaña para sacar la verdad a la luz, con la convicción de que la muerte del berriztarra había sido inducida y que detrás de ella había un grupo policial.

De esa forma, contrataron a un abogado y a un procurador. Las diligencias judiciales abiertas cuando apareció el cadáver, en las que debería encontrarse entre otros documentos la autopsia, habían desparecido del juzgado de Durango, cabecera judicial. Nadie pudo dar una explicación convincente, tampoco dudosa. No había caso, porque el soporte documental se había esfumado. El juez que lo llevó, Adrián Zelaia Ibarra, ya había fallecido, aunque afortunadamente médico, juez de paz, familia y compañero de Asua en la huida en la que sucedió su muerte se prestaron a relatar lo que conocían. También la pareja de Joserra Asua, que aún llevaba encima la congoja de su ausencia. Las dudas sobre el origen de su muerte eran fundadas.

El testimonio del compañero de fuga permitió conocer los hechos relatados. El superviviente ya había sido detenido previamente y sufrió graves consecuencias de su paso por el cuartel bilbaíno de La Salve. Dos detenciones en las que quedó libre, ambas en setiembre, la una de 1979, la otra de 1980. Su testimonio fue recogido por Euskal Memoria y el IVAC en el trabajo sobre la tortura que realizó por encargo del Gobierno vasco. La desaparición y muerte de su compañero le marcaron su futuro y le agrietaron el carácter.

En 2018, el Ayuntamiento de Berriz aprobó una moción en la que se instaba a la investigación sobre la muerte en circunstancias cuando menos sospechosas del joven de la localidad, Joserra Asua Zelaieta. Pero aquello quedó en agua de borrajas. El Municipio aprobó la moción, pero no hubo continuidad.

Aunque la noticia que circuló fue la de que Asua se había ahogado en la presa, su entorno supuso que había muerto a manos de sus perseguidores. Ninguna de las dos hipótesis tiene pruebas concluyentes. Egin del 19 de setiembre de 1982 escribió: “Tras el funeral van tomando cuerpo ciertos rumores sobre la posibilidad de que esta muerte no fuera casual. Después de varios días del suceso se especula con la posibilidad de que José Ramón Asua cayera al agua en donde murió ahogado, teniendo en cuenta que no sabía nadar, o bien por intento de huir de los presuntos perseguidores o bien que hubiera sido arrojado al agua. Sea cual fuera la veracidad de los hechos, este periódico pudo saber que se está formando una comisión investigadora que intentará como primera medida, la autopsia del cadáver de José Ramón Asua”.

Como en otros casos, la hipótesis de la venganza no debe de ser rechazada. Venganza en una situación de máxima tensión, en una población como Durango con numerosas acciones de violencia callejera y atentados de ETA. Precisamente, tres días antes de la desaparición, el cuartel de la Guardia Civil de Durango fue atacado con un bazooka, en una acción que pareció de guerra. Tres jóvenes habían robado un coche previamente, y desde su techo colocaron un lanzagranadas con el que atentaron contra el cuartel desde una distancia de 200 metros. El artefacto provocó un boquete de grandes dimensiones, rompió todos los cristales y arrancó algunas puertas, aunque no hubo víctimas. ETA reivindicó la acción con bastante retraso para lo que era habitual en la época.

 

 

 

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viernes, 22 de enero de 2021

Egaña | La Década Inestable

Una década se dice fácil pero mucha agua ha corrido bajo los puentes de Euskal Herria durante ese lapso.

Desde el muro en Facebook de nuestro amigo Iñaki Egaña traemos a usted su recuento de una serie de hechos enmarcados en el proceso de desarme, desmovilización y reinserción de ETA.

Lean ustedes:


La década inestable

Iñaki Egaña

Hace ahora diez años, ETA informaba de un alto el fuego “permanente, general y verificable”. El comunicado, que conoció la luz un 10 de enero, fue simultáneo a tres cuestiones que anunciaban aquello que tendría su máxima expresión posteriormente, el desarme y la disolución de la organización política, luego también armada, creada a finales de la década de 1950 por un grupo de estudiantes de ingeniería.

Esas tres tramas comenzaron con una reunión entre un delegado de ETA y una representación del Henri Dunant Centre, el que era y sería eje del modelo propuesto en ese proceso finalmente tan singular, Continuaron con un comunicado de la organización aún armada poniendo fin al cobro del llamado impuesto revolucionario y concluyeron con la presentación del International Contac Group: Silvia Casale, Pierre Hazan, Raymond Kendall, Nuala O’Loan y Alberto Spektorowski. Los nombres de Kendall y Spektorowski sorprendieron, el segundo ex asesor de Defensa del Gobierno israelí. Kendall, militar y ex director general de Interpol.

Esos trepidantes meses remataron una primera fase con el anuncio de ETA, el 20 de octubre de 2011, del cese definitivo de su actividad armada y la ubicación de dos de sus delegados en Noruega, a la espera de consensuar con Madrid los aspectos técnicos del proceso. Luego llegaría un tercero, Josu Urrutikoetxea, como el mismo ha contado en dos recientes entrevistas a medios vascos.

Los anuncios históricos no fueron óbice para que, desde sectores propios del entonces Gobierno de Zapatero, como del Estado profundo, como de supuestos afectados por los daños colaterales del cese de la actividad de ETA (escoltas, guardias con pluses, seguritarios, víctimas) se cuestionara la veracidad del proceso, se tachara de terroristas a quienes estaban al lado derecho de la barricada e incluso se criminalizara a los observadores y mediadores internacionales. En 2014, la Audiencia Nacional citó a Ram Manikkalingam, Chris Maccabe y Ronnie Kasrils, de la International Verification Comission. No se atrevieron a encarcelarlos por “colaboración con banda armada”, pero lo intentaron.

La noticia de un proceso de paz inédito en Euskal Herria incomodó a buena parte de la clase política hispana que puso palos en las ruedas. El CNI se inventó un atentado fallido contra Patxi López, el entonces lehendakari, y el también supuesto comando que debería atentar fue detenido por la Guardia Civil que puso su grano de arena para frenar lo que llegaba. Los detenidos denunciaron torturas e incluso una violación en custodia, en la sede de la Benemérita en Guzmán el Bueno, de Madrid.

En Noruega, acostumbrados a ofrecer su suelo como intermediarios, no daban crédito a lo que sucedía. Johan Vibe, que luego viajaría a Colombia tras el fracaso del proceso de paz vasco para intermediar entre Bogotá y las FARC, fue ninguneado por Mariano Rajoy y su correveidile Jorge Moragas. Era el mismo Moragas que luego utilizó a Urkullu para engañarle a Puigdemont el día de la proclamación de la República catalana. Más que diplomáticos, forofos de la causa nacionalista española.

Los análisis de la inteligencia española incidían en una cuestión apenas explicitada. La actividad de ETA favorecía a sus intereses de cohesionar un estado fallido como el español. Después de varias décadas de actividad, condensadas sobre todo en los años de plomo, el desgaste y la inestabilidad provocada por ETA estaban amortizados. Más aún con todos los cambios legislativos de Madrid que introducían el estado de excepción en la “normalidad”, con el beneplácito de la clase política incluidas la derecha vasca y catalana, y las alianzas internacionales.

Así que paradójicamente, la inestabilidad y debilidad del Estado español que buscó ETA desde su cambio estratégico en 1978 con la aparición de la Alternativa KAS y luego la Alternativa Democrática, para negociar con Madrid una solución al histórico choque territorial y nacional, llegó con el inicio de su proceso de reflexión que culminó con su disolución en 2018. Y, por el contrario, la estabilidad que había logrado el Estado español desde el fracaso de las Conversaciones de Argel de 1989, con la excepción del terremoto político del Acuerdo de Lizarra-Garazi de 1998, saltó por los aires.

Sería pretencioso señalar que el fallido proceso de paz que dio comienzo en aquel enero de 2010, con antecedentes notorios entre ellos las declaraciones de Bruselas y Gernika, y concluyó con la disolución de ETA, ha sido la causa de la mayor crisis política del Estado español en el último medio siglo. Aun así, habría que reconocer que su reflexión, y la del conjunto de la izquierda abertzale, ayudó a deshacer numerosos nudos e imputárselos, precisamente, a su enemigo secular.

Porque en esta década que nos precede hemos visto numerosas evoluciones e incluso metamorfosis en un proyecto como el del Régimen del 78 que huele a cadáver. La monarquía borbónica, la institución que lo ampara, se arrastra como un protagonista de una de las historias macabras de Lovecraft. Un rey corrupto y adúltero, en un estado cuasi confesional, en fuga como su abuelo Alfonso XIII. Un partido gobernante con su ala derecha siguiendo los pasos del fascismo clásico, calificado de “organización criminal” por un atrevido juez. Una vuelta a los orígenes del proyecto español, sustentado en la fuerza.

Una declaración unilateral de independencia, la de Catalunya de 2017, avalada por unas urnas declaradas ilegales desde Madrid, que fue respondida con detenciones, cárcel, porrazos y culatazos, al más puro estilo gansteril. Con la huida del presidente de la Generalitat recordando otros tiempos como los que llevaron al patíbulo a Companys. Un intento de atentado de un francotirador contra el presidente hispano Pedro Sánchez, por cierto, rechazado por su dirección y encumbrado por sus bases. Una izquierda abertzale con incidencia en Madrid, Baiona, Iruñea y Gasteiz. Lo nunca visto. Son las paradojas de la confrontación política.

 

 

 

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miércoles, 23 de octubre de 2019

Cuadra | España lo Tiene Crudo

Hemos de confesar que ya extrañábamos los combativos textos de Sabino Cuadra, así que encontrarnos este en el portal de Rebelión nos ha caído como agüita de mayo:


Sabino Cuadra Lasarte | Rebelión

Se habla del problema catalán, pero el problema no es Catalunya, sino España, ese ente afirmado como verdad de fe revelada de carácter indisoluble, indivisible e incuestionable. El problema, además, no es de hoy, sino que viene de atrás. Si bien se dice que la explosión independentista que vivimos desde 2012 tuvo su origen en la sentencia del Tribunal Constitucional, de 2010, que anuló contenidos esenciales de su Estatuto de Autonomía, lo cierto es que la realidad política catalana llevaba bastantes años incubando esa situación.

Cataluña fue una de las comunidades en las que la Constitución de 1978 tuvo mayor apoyo. En el referéndum de ese año, la participación electoral (67,91%) superó a la media estatal, sin que el llamado a la abstención (ERC, MCC) y al NO (LCR..) tuviera apenas eco. Dentro de ella, el porcentaje de voto SI fue el cuarto más alto del Estado (91,09%), detrás tan solo de Canarias, Andalucía y Murcia. Por el contrario, el NO, fue el segundo más bajo (4,65%).

Catalunya, vanguardia en la lucha antifranquista, dio así un claro respaldo a la vía del consenso con el franquismo abierta en la Transición, aparcando la exigencia de ruptura democrática y apostando por el pacto constitucional. El voto SI fue defendido por PSC, PSUC y otros grupos de izquierda (ORT, PTE), la derecha nacionalista (lo que luego sería CiU), la derecha española (UCD) y el entonces presidente provisional de la Generalitat, Josep Tarradellas. El plato del SI fue rebañado a conciencia.

Euskal Herria fue entonces contrapunto a lo que allí sucedió. La abstención fue mayoritaria (51,78%), defendida principalmente por el PNV. Por otro lado, las fuerzas que impulsaron el NO (KAS, EE, LKI..), lograron un 22,16%, triplicando casi el promedio estatal. En resumen, el voto SI apenas superó la tercera parte del censo electoral y el rechazo expresado por la abstención y el voto NO fue quien ganó el envite en el referéndum.

Pero volvamos a Catalunya. Con el tiempo se vio que la Constitución (1978), el Estatuto de Autonomía (1979) y los repetidos gobiernos de CiU, no daban cabida a las aspiraciones del pueblo catalán: hacienda, infraestructuras, educación,... Así, cuando en las autonómicas de 2003, PSC, ICV y ERC lograron mayoría y desbancaron a Pujol-CiU del gobierno, conformando uno nuevo presidido por Pascual Maragall (PSC), el principal punto de su programa sería la reforma del Estatuto, cuyo nuevo texto sería aprobado en 2006, con 120 diputados a favor (PSC, ERC, ICV y CiU) y tan solo 15 en contra (PP).

Lo demás, por reciente, es más sabido. A su paso por el Congreso, el PSOE de Rodríguez Zapatero “cepilló” el Estatuto aprobado, recortándolo a conciencia. Tanto es así que ERC se desmarcó del nuevo texto rechazándolo. Denunciaba de este modo el pisoteo centralista respecto a la soberanía y dignidad del Parlament que, tras largos debates, había logrado aprobar aquel nuevo Estatuto con un 88,88% de sus votos, incluidos los del PSC.

El referéndum posterior convocado para aprobar el Estatuto mutilado evidenció ya un gran malestar. La participación en el mismo fue tan solo del 48,85%, siendo también muy importante el voto NO impulsado por ERC y las incipientes CUP (20,57%), así como el voto blanco (5,29%). Al igual que sucedió en Euskal Herria con el Referéndum constitucional, el voto SI apenas superó el tercio del censo (35,77%). El Estatuto nacía así tocado y bien tocado. La desafección catalana en relación al Estado español había tomado cuerpo.

Por si no bastara con el “cepillado” madrileño, el Tribunal Constitucional, atendiendo a un recurso de PP, sentenció la ilegalidad de otra importante parte del Estatuto (enseñanza, justicia, hacienda, relaciones internacionales,..), dejando claro que “no hay más nación que la nación española” y que donde manda patrón constitucional español obedece marinero autonómico catalán. Y así fue que la desafección pasiva expresada en el Referéndum estatutario tomó cuerpo en la calle. En la Diada de 2012 más de un millón de personas se manifestó en exigencia de libertad, soberanía e independencia.

Pero volvamos de nuevo al referéndum constitucional del 1978. Algunas fuerzas de la izquierda española impulsaron el voto en favor de la Constitución con el eslogan de “¡SI, y seguir avanzando!”. Sin embargo, de entonces acá, de avances nada. Hace tiempo que el PSOE se comió con patatas sus proclamas federalistas y la derecha (PP-C’s-Vox) ha rescatado un discurso rancio-español cada vez más cercano a la España Una, Grande y Libre joseantoniana. El retroceso, además, no se ha dado solo en el tema nacional, sino también en el ámbito laboral (precariedad, pensiones,…), las libertades democráticas (Ley Mordaza, Código Penal,..) y la Justicia (todo es ETA, sedición..), mientras que en los ámbitos castrenses y episcopales se ensalza sin pudor alguno a Franco.

Con el conflicto vasco, el poder y sus gobiernos dijeron que la violencia armada era el impedimento para poder hablar de todo, pero aquella cesó, ETA se disolvió y ningún paso hubo en materia de diálogo, negociación o supresión del régimen de venganza para los presos/as vascas y sus familias. Ahora, dando un paso más: cuestionar tan solo el magro de la sacrosanta unidad patria por medio de unas urnas y ejerciendo pacíficamente la democracia es considerado delito sedicioso de lesa majestad. Y aquí todo vale: estado de excepción, supresión de la autonomía, condena de cargos electos y líderes sociales y represión generalizada en la calle. Trileros mediáticos de todo pelo y tertulianos de cualquier condición quieren tapar el carácter cívico de lo anterior con la cansina imagen de contenedores en llamas, pero no hay con qué.

Una de las principales joyas del consenso constitucional, Catalunya, se ha vuelto desafecta. En Euskal Herria, a pesar de los intentos de Urkullu, el rechazo vasco sigue abierto. La crisis del régimen es cada vez más evidente y la la represión no va a solucionar su problema. Aunque la violencia policial se adueñe de la calle y la judicial asalte las instituciones, las conciencias ganadas para la causa de la libertad y la soberanía durante estas décadas han venido para quedarse y se extienden cada vez más. España, lo tiene crudo.






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sábado, 9 de febrero de 2019

Egaña | La Deuda con Egin

Todo aquel cuento del super juez español Baltasar Garzón y el genocida chileno Augusto Pinochet no fue mas que una fanfarronada, una descarada campaña internacional de relaciones públicas para por un lado aumentar el ego de Don Baltasar y por el otro venderle la idea a la izquierda bobalicona que en la España post Franco los jueces tenían la libertad para juzgar dictadores.

En la estela de destrucción que dejó el paso de Garzón, el juez clown, por Euskal Herria quedó Egin y hoy esa España post Franco sigue utilizando ese caso para mantener en jaque al periodismo vasco.

Les invitamos pues a leer este texto con respecto a la situación que vive hoy Gara y las raíces del asunto:


Iñaki Egaña

Baltasar Garzón cerró Egin, ilegalmente y endosó su deuda contraída con la Seguridad Social al diario Gara. Si eso lo hizo el (ex) magistrado aparentemente más progre de la judicatura ¿cómo será el resto? La imputación de las deudas a la Seguridad Social tuvo un endeble argumento, el de la continuidad ideológica. ¿Alguien con dos dedos de frente me puede demostrar que un proyecto comunicativo de 1977 tiene los mismos mimbres que otro de 1999? ¿Dónde están las pruebas?

Porque habría que recordar que en el inicio el proyecto Egin tuvo impulsándolo a gentes del PNV (hasta que se desligó y montó apresuradamente su competencia a la que llamó Deia), también de Euskadiko Ezkerra, también de EMK, de KAS, de ESEI… Que entre sus valedores en los primeros años de existencia se encontraban pelajes como el del filósofo ultra Fernando Savater, el actor vasco-panameño Imanol Arias o el actual director de ETB Eduardo Barinaga. ¿Habrá que cargarles a ellos también la deuda de Egin, comprobada su solvencia económica?

¿El escenario político de 1977 era el de 1999? ¿O resultaba que en 1999 el neofranquismo ya había realizado su conversión generacional? ¿O los aliados en 1998 para cerrar un periódico y condicionar otro eran más sólidos que en 1977, cuando con las bombas (Papus, Egin, Punto y Hora, El País…) acortaban el camino? Me decanto por esta última.

El verdadero discurso del cierre de Egin y las imputaciones paralelas, se encuentran numeradas en la pieza Egin del proceso 18/98. Las razones esgrimidas por el fiscal para criminalizar al proyecto comunicativo servirían, hoy en día y por similitud, para cerrar la mayoría de medios de comunicación españoles, con argumentos más sólidos por cierto que los que utilizó el fiscal en 1998.
La vinculación de Egin con ETA, según el fiscal, se demostraba por la línea editorial del diario, asentada en bases como las siguientes. Ajústense los cinturones porque no invento una sola letra: crítica sistemática a la corrupción, denuncia de casos de tortura, a favor del ejercicio del derecho de autodeterminación, a favor del acercamiento de los presos vascos, actitud favorable a los valores vascos, en particular a su lengua, actitud a favor de la construcción vasca, postura contraria a la Constitución española, Estatuto de Autonomía y Amejoramiento Foral… Cuestiones democráticas todas ellas, pero para el filtro judicial español incriminatorias.

Estas razones hacen saltar por los aires cualquier otra especulación sobre el cierre de Egin y el tratamiento de la imputación de su deuda a Gara. Ambos proyectos se salían y se salen de la línea de compadreo entre medios y Estado. No hay razones técnicas, jurídicas, sino exclusivamente políticas. Las mismas que llevaron a que el franquismo se cargara a la mayoría de medios en 1937.
El Estado, los tres grupos políticos que se sucedieron en el Gobierno español en los casi 22 años de andadura del proyecto, tienen una gran y grave deuda con Egin, De mayor magnitud que esa económica imputada a Gara. Una deuda cuya devolución y reconocimiento vendría a mejorar la escasa calidad democrática que respiramos.
El primer secuestro de Egin se produjo por reproducir un fragmento del llamado “Libro rojo del cole”. Ya en la década de 1980, con estatuto, constitución y elecciones “libres” de por medio. Nada que ver con ETA ni siquiera con su entorno, el de “kaseta”. Poco después llegó el segundo secuestro, esta vez por meter una duda sobre la muerte de dos militantes vascos ametrallados en la autopista BB. Llegaron otros.

Las instalaciones de Egin sufrieron 14 atentados reivindicados por grupos paramilitares. Que recuerde, no hubo detenciones, ni imputaciones por la paternidad ideológica de los mismos, a pesar de que las pruebas eran notorias. Ya en mayo de 1983, el ministerio del Interior realizó un informe para cerrar Egin (José Barrionuevo titular). Pospuso el cierre ante otro tipo de ofensivas políticas: deportaciones, entregas más torturas y GAL.

El primer atentado contra Egin tuvo lugar, con explosivo, contra su delegación en Iruñea, en 1979. El último también contra la misma delegación, en 1996, ahondando en la idea de Nafarroa como razón prioritaria de Estado y laboratorio represivo. Trabajadores de Egin sufrieron también ataques contra su persona: Pepe Rei, Gorka López, Idoia Núñez, Ramón Uranga… Sobrevivieron.

Otros, en cambio, como Xabier Galdeano, Ángel Etxaniz o Josu Muguruza murieron bajo las balas de mercenarios que compartían los mismos objetivos ideológicos que los grupos políticos constitucionalistas españoles (¿continuidad ideológica?). Deberían estar entre esos atentados sin esclarecer que tanto airean alguna asociación de víctimas. Pero no lo están.

La deuda con Egin adquirió una dimensión gigantesca con el cierre en marcha desde 1983 y coronado en julio de 1998. Más de dos centenares de trabajadores a la calle y en 2001 la imputación y cárcel para la mayoría de sus cuadros: José Luis Elkoro, Patxo Murga, Isidro Murga, Pablo Gorostiaga, Jesús Mari Zalakain, Carlos Trenor, Xabier Salutregi, Teresa Toda, Manuel Intxauspe, Xabier Alegría, Maite Mendiburu, Iñaki Zapiain, Xabi Otero, Josean Etxeberria, José Ramón Aranguren, Manu Aranburu y Ramón Uranga.

El resto lo conocen por la cercanía. Cárcel a pesar del cierre ilegal. Josean Etxeberria, imputado en la causa Egin/Orain, fue el último en salir de prisión, el pasado año.

¿Quién se va a hacer cargo de esta tremenda deuda? ¿Quién va a responder por los atentados contra Egin, algunos con resultado de muerte? ¿Quién va a asumir el coste humano del cierre? Y si hubo un boicot institucional, que lo hubo según el Tribunal Supremo, que originó el impago a la Seguridad Social y unos salarios míseros a los trabajadores ¿por qué imputar la deuda a Gara y no a los responsables políticos de entonces que se jactaban en público de tener testículos rojigualdos o tricolores para pasarse por el arco del triunfo su propia legalidad?






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