Un blog desde la diáspora y para la diáspora
Mostrando las entradas con la etiqueta Gestoras. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Gestoras. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de julio de 2025

Los Sanfermines del 85

Han dado inicio los sanfermines de Iruñea en su edición 2025, con un txupinazo en solidaridad con el pueblo palestino y la martirizada Gaza, algo que no ha gustado a lo más casposo entre la fachongada españolista.

Hoy, desde la sección 7K de Naiz, traemos a ustedes este recuento de los sanfermines de 1985:


Escapada a unos sanfermines de 1985 con mucha caspa y barracas políticas

El 7 de julio de 1985, la noticia de la fuga de Sarrionandia y Pikabea se abría paso entre la vorágine de unos sanfermines que tenían barracas políticas y mucha caspa. Este es un viaje en el tiempo de cuarenta años atrás a unas fiestas en las que la icónica canción sobre esa huida sigue siendo uno de sus himnos.

Pello Guerra

Hace cuarenta años, el 7 de julio de 1985, Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia se fugaban de la cárcel de Martutene introduciéndose en unos bafles empleados en el concierto que había ofrecido en ese lugar el cantante Imanol. La noticia se abrió paso en Iruñea en plena vorágine de unas fiestas que en unos sentidos eran parecidas a las actuales, pero que, en otros, eran muy diferentes.

La prensa del momento permite hacer este particular ejercicio de arqueología sanferminera, que saca a la superficie unas fiestas con un tono especialmente casposo y unos encierros más salvajes, en las que se disfrutaba de las barracas políticas, se corrían los encierros txikis y en las que, lamentablemente, ya se registraban agresiones sexuales.

Txupinazo de HB

El encargado de prender la mecha del cohete aquel 6 de julio fue el concejal de Herri Batasuna Iñaki Beorlegi ante una plaza en la que se cantaba, como siempre, a San Fermín, pero también se anunciaba que “Vamos a quemar el Opus Dei” o se recordaba que Osasuna se había clasificado por primera vez para disputar la Copa de la UEFA.

Casi una hora antes de lanzarse el txupinazo, otro concejal de HB, Juantxo Zandueta, colocó una ikurriña en los balcones del segundo piso de la casa consistorial.

Y, cinco minutos antes de las 12, los ediles abertzales y mozos de las peñas extendieron desde uno de los balcones laterales de ese mismo piso una pancarta vertical firmada por las Gestoras con el lema “Amnistia osoa”. La pancarta fue agarrada por personas que se encontraban en el primer piso, provocando su rotura, lo que generó protestas por parte de un sector del público y gritos de “Presoak kalera, amnistia osoa”.

Junto a Beorlegi se encontraban en el momento del txupinazo Mari Abrego, Antton Zamarbide y Jose Mari Casimiro, miembros de la Expedición Navarra al Everest, que a punto habían estado de lanzar el cohete en persona. El concejal de HB se había comprometido a cederles el puesto si colocaban la ikurriña en la cima del Everest, pero finalmente los montañeros no lo lograron, por lo que renunciaron a ese honor y se conformaron con estar presentes en el Ayuntamiento en ese momento tan especial.

Barracas políticas pese a las trabas

De esta festiva manera arrancaban unos sanfermines cuyos prolegómenos habían estado marcados por la tensión. El Ayuntamiento, dirigido entonces por Julián Balduz (PSOE), había tenido la “brillante” idea de intentar trasladar las barracas políticas de las inmediaciones del parque de Antoniutti a la plaza de los Fueros con la excusa de que se iban a realizar unas obras en la zona.

Ante la resistencia de los colectivos afectados, se permitió su instalación cerca de Antoniutti, pero se valló un perímetro para delimitar su ubicación exacta y constriñendo notablemente su espacio. El 5 de julio esas vallas fueron derribadas sin miramientos en una muestra más del rechazo a las medidas del Consistorio. Finalmente, una reunión de última hora convocada con la mediación de las peñas hizo que se alcanzara un acuerdo in extremis por el que las barracas se mantenían en su ubicación y con el número previsto.

Ese año, y según recogía “Egin”, los organismos que montaron barracas fueron AEK, Gestoras pro-Amnistía, Radio Paraíso, Euskadiko Ezkerra, Herri Batasuna, PC, Ezkerra Marxista, Auzolan, Euskal Dantzarien Biltzarra, CNT, Jarrai, LAB, Radio CRDI, Federación de Ikastolas, EMK, Comités Internacionalistas, Zaldiko Maldiko, Comités Ecologistas, la Casa de Andalucía y, ojo al dato, la Federación Navarra de Patinaje.

Ese ataque de Balduz contra las barracas políticas fracasó pero, más adelante, UPN conseguiría hacerlas desaparecer, convirtiéndolas en historia. Pero esas recordadas barracas no son el único elemento entonces sanferminero que ya no existe en las fiestas actuales.

Con Ágata Lys llegó el escándalo

Aunque también se celebraban verbenas organizadas por el Ayuntamiento, en muchos clubes privados de la ciudad organizaban sus propios espectáculos, que se sumaban a otros que solían recalar en Iruñea al calor de las fiestas, como en el caso del Teatro Lido, y que, vistos con la perspectiva que da el paso del tiempo, resultan especialmente casposos.

En el caso de las verbenas privadas, se organizaban en lugares como el club Natación, a base de orquestas, o el club Larraina, donde actuó ese año Georgie Dann con su éxito del momento, “Mami qué será lo que quiere el negro”.

Pero el que se llevó la palma en 1985 fue el Club de Tenis, donde actuaron Tip y Coll, aunque sobre todo se destacó por el escándalo que se generó con Ágata Lys, uno de los mitos del “destape” estatal.

El caso es que su actuación no estaba gustando a una parte del público congregado en el Tenis, que mostró su malestar lanzando vasos de plástico con bebidas, con uno de ellos dándole a la artista, que siguió adelante contra viento y marea.

Cuando llevaba quince minutos en el escenario junto a sus bailarines, el presidente del Club de Tenis, Pedro del Nido, decidió suspender el espectáculo, porque aquello podía terminar «en una tragedia».

Del Nido calificó la actuación de Ágata Lys de «impresentable en todos los sentidos» y aseguraba que «no sabe hacer absolutamente nada». Curiosamente, le había sorprendido que una de las reinas del “destape” basara «toda su actuación en su cuerpo».

Incluso defendió a quienes habían increpado a Lys y sus acompañantes en el escenario asegurando que «no estuvieron groseros con ellos y, cuando se referían a sus bailarines llamándoles maricones, era porque al menos lo parecían». Un comentario que haría las delicias de Alfonso Guerra hoy en día.

Eso sí, seguro que las 360.000 pesetas que cobró por esos quince broncos minutos ayudaron a Ágata Lys a endulzar el mal trago.

Si esa actuación no había cumplido con las expectativas del público iruindarra del momento, siempre tenía otras alternativas, como el Teatro Lido, donde actuaban ese año Los Hermanos Calatrava y Las Hurtado dentro de una revista titulada “Aluzinados”. Otras “estrellas” eran Juanito Navarro y el recientemente fallecido Mariano Ozores.

Venta de ajos y de ganado

Este tipo de actuaciones hace tiempo que dejaron de recalar en los sanfermines, de la misma manera que desapareció el hábito de algunos extranjeros de lanzarse al vacío desde lo alto de la fuente de la Nabarreria, costumbre foránea que ya en 1985 generaba fuertes críticas.

También preocupaba la continuidad del “Riau riau”, que ese año paradójicamente fue ligero y sin problemas, y el descenso en el número de puestos de venta de ajos en la plaza de las Recoletas, a pesar de que en 1985 se vendieron 18.000 ristras a un precio que oscilaba entre las 300 y las 850 pesetas. La que vivía todavía un buen momento era la feria de ganado, en la que se vendieron 2.000 cabezas y circularon 160 millones de pesetas.

Las barracas, en este caso las de atracciones, también experimentaban una buena afluencia de público, aunque los barraqueros se quejaban de que había “mucho lirili y poco lerele”. Los precios podrían estar detrás de ese fenómeno, ya que una carrera de camellos, ciclistas o panteras rosas podía costar entre 50 y 100 pesetas por medio minuto de diversión. Las atracciones más clásicas estaban a 75 pesetas el viaje.

El plumilla de turno se escandalizaba porque el precio del medio pollo estaba en 400 pesetas, la docena de churros ¡a 125 pesetas! y un bocadillo rondaba las 250.

Unos encierros de infarto

Esas cornadas al bolsillo se sumaban a las que repartían los toros en los encierros del momento, que, en algunos casos, eran bastante más peligrosos que los actuales. Así, la carrera del día 11 duró más de siete minutos al quedarse rezagado el morlaco “Acordeón”, de la ganadería Domecq, que dejó a su paso cinco heridos.

Pero para infartante el encierro del día 13, en el que el toro “Farrán”, de la ganadería de Fernández Barrena, dejó como un colador al médico madrileño Domingo Melón, al que propinó cinco cornadas, aunque sin tocar órganos vitales, ya que se hizo un ovillo, lo que le salvó la vida.

La anécdota de los encierros la puso el corredor californiano Jeffrey Rath. Llevaba siete años disfrutando del encierro, pero el día 13 recibió una cornada de diez centímetros con sección del glúteo mayor que le llevó al hospital. De ese lugar se escapó al día siguiente con la intención de ponerse ante las astas de los Miuras y completar el ciclo de carreras de ese año, hasta que sus colegas le descubrieron y consiguieron convencerle de que regresara al hospital.

Esa afición se cultivaba por aquel entonces entre la chavalería a través de los encierros txikis, pero no como los actuales con morlacos de cartón piedra, sino que se soltaban becerros reales. La carrera comenzaba a las 8.30 horas desde la zona de la curva de Estafeta para cubrir el tramo final hasta la misma plaza con el objetivo de ir curtiendo a las nuevas generaciones de corredores.

Entre todo este jolgorio, los sanfermines de 1985 no pudieron despedirse sin una nota negativa y que tristemente recuerda a acontecimientos recientes. Durante esas fiestas, una joven iruindarra de 21 años fue agredida sexualmente en la zona de las murallas junto a Santa María la Real.

Además, la Coordinadora Feminista de Nafarroa denunció que otra joven había sufrido un intento de violación en Antoniutti. Al hilo de lo ocurrido, el citado colectivo hacía un llamamiento para que todas las mujeres que sufrieran agresiones sexuales lo denunciaran y comunicaran al centro municipal de urgencias y albergue para mujeres agredidas. Un mensaje de hace cuatro décadas que sigue presente.

Con el “Pobre de mí”, se puso fin a unas fiestas que en las siguientes cuatro décadas iban a experimentar un notable cambio y en las que la huella de la fuga de Sarrionandia y Pikabea perdura hasta la actualidad, a través de una canción que forma parte de la banda sonora de los sanfermines.




°

miércoles, 25 de septiembre de 2024

El Atentado en el Hotel Monbar

Naiz recurre a la hemeroteca de Egin para volcar la memoria a uno de los episodios más sangrientos acaecido durante los años álgidos de terrorismo de estado por parte de Madrid en contra del pueblo vasco; el ataque a los refus en el Hotel Monbar.

Aquí la información:


Hotel Monbar, las campanadas a la muerte que conmocionaron a Euskal Herria

El Hotel Monbar tiene el triste honor de ser recordado como el escenario del atentado más mortífero de los GAL, que tuvo lugar el 25 de septiembre de 1985. Los refugiados Agustín Irazustabarrena, Inaxio Asteasuinzarra, Jose Mari Etxaniz y Sabin Etxaide murieron tiroteados por dos mercenarios.

Marcel Pena

El atentado contra cuatro refugiados vascos en el bar Hotel Monbar de Baiona no fue el primero ni el último de los GAL, pero sigue siendo uno de los más recordados, merced a ser el que más víctimas provocó y, también, por la canción que Kortatu le dedicó poco después.

El 25 de septiembre de 1985, dos mercenarios abrieron fuego contra Agustín Irazustabarrena Urruzola 'Legra', Inaxio Asteasuinzarra Pagola 'Beltza', Jose Mari Etxaniz Maiztegi 'Potros' y Sabin Etxaide Ibarguren 'Eskumotza'. Los tres primeros fallecieron en el acto, mientras que Etxaide moriría dos horas más tarde en el hospital de la capital labortana. «Cuatro refugiados abatidos anoche en Bayona», titulaba al día siguiente 'Egin', junto a las fotos de los fallecidos.

Aquella primera información también recogía que, tras el tiroteo, los dos pistoleros, Pierre Frugoli y Lucien Mattei, asesinos a sueldo del hampa marsellesa contratados por el Ministerio del Interior español, habían emprendido la huida a pie por las calles de Baiona Ttipia. Una fuga que se vio frustrada gracias a la acción de un grupo de ciudadanos que los persiguió después de que arrojaran las armas al Errobi, y entre los que se encontraba quien tres décadas más tarde sería uno de los artesanos de la paz Txetx Etcheverry. Seguidamente, ambos mercenarios fueron detenidos por una patrulla policial.

Estos hechos causaron una gran conmoción a ambos lados de la muga, como demuestra que 'Egin' dedicara varias páginas diarias al atentado durante las jornadas siguientes. La edición del día 27 daba cuenta de la huelga general convocada para aquella fecha en Gipuzkoa por Herri Batasuna, Gestoras pro-Amnistía y KAS, así como de las protestas recogidas en todo el país la noche anterior. Mientras en Hego Euskal Herria «las barricadas y los enfrentamientos eran el denominador común en muchos pueblos», en Baiona un millar de personas se manifestaron bajo un gran control policial. La concentración también estuvo marcada por «la fuerte operación filtro impuesta por la gendarmería francesa en la muga».

La huelga general en Gipuzkoa y el resto de protestas coincidieron, además, con el décimo aniversario de la muerte de Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi, fusilados el 27 de septiembre de 1975 junto a tres militantes del FRAP. Un Gudari Eguna que quedó eclipsado por el atentado del Hotel Monbar, pero que 'Egin' quiso poner en contexto en sus líneas: «Diez años después de que el Gobierno español, a través de sus fuerzas represivas, les fusilara, fuerzas oscuras que cuesta no relacionar con esas mismas instituciones han segado las vidas de otros cuatro vascos en lo que constituye una de las mayores matanzas llevadas a cabo contra este pueblo en los últimos cuarenta años».

Homenaje manchado por la presencia policial

Los restos mortales de los cuatro refugiados llegaron a sus respectivos pueblos durante la mañana del sábado 28, un día después de que Gipuzkoa quedará «paralizada» por la convocatoria de huelga general. Una caravana de coches acompañó los restos de los cuatro militantes desde el Puente de Santiago, en Irun, hasta Hernani, Zestoa, Astigarraga y Urretxu, sus respectivas localidades, donde fueron recibidos por miles de personas a pesar del esfuerzo policial para que no fuera así. Ejemplo de ello fueron las cargas policiales en Astigarraga, que intentaron evitar que se bailara un aurresku en honor a Irazustabarrena. Las cenizas de ‘Legra’ fueron esparcidas en un acto celebrado en Santiagomendi.

Por su parte, Urretxu, pueblo de Etxaniz, y Zestoa, de donde era Etxaide, fueron tomados por las fuerzas policiales para evitar que vecinos de las localidades colindantes participaran en los actos de homenaje.

En Hernani, la despedida a Inaxio Asteasuinzarra 'Beltza', también quedó manchada por la actitud de la Guardia Civil, que impidió que el cuerpo del joven fuera expuesto en el Ayuntamiento local, tal como se había acordado, y prohibió una actuación de txalapartaris y aurreskularis. Por tanto, el trayecto entre el pueblo y cementerio se convirtió en el homenaje popular a 'Beltza'.

«Para cuando los manifestantes llegaron al cementerio, las inmediaciones se hallaban tomadas por la Guardia Cilvil y allí se disolvió la comitiva», informaba 'Egin'. A la vuelta, Maritxu Pagola, madre del Inaxio, se despidió emocionada de la multitud que la había acompañado con un sentido «eskerrik asko denori», que fue respondido con un «eskerrik asko zuri, zurea bezalako semea eman diguzulako».

«Campanadas a la muerte»

El atentado contra los cuatro refugiados vascos ha quedado en la memoria popular por su gran mortandad, pero también por la canción 'Hotel Monbar' de Kortatu, grupo cuyos integrantes conocían personalmente a los militantes fallecidos. De hecho, como confirmaría el propio Fermin Muguruza años después, aquel mismo día estuvo en Baiona, jugando al futbolín con los jóvenes refugiados muertos.

De esa traumática experiencia salió una canción que Muguruza comenzó a escribir esa misma noche. Quizás por ello, evocó en su letra las «campanadas a la muerte», tal como hizo Lluís Llach nueve años antes con su canción 'Campanades a morts'. El cantautor catalán compuso este réquiem la noche del 3 de marzo de 1976, justo después de enterarse de la matanza de obreros en Gasteiz.

Este no fue el único recuerdo de Kortatu a los muertos en Hotel Monbar. El grupo quiso que en la portada del disco 'A Frontline Compilation', publicado en 1988, apareciera la imagen de Maritxu Pagola puño en alto, tomada en un acto celebrado pocos días después de la muerte de su hijo.




°

domingo, 15 de enero de 2023

Entrevista a Jorge Txokarro

Continuemos con el tema del terrorismo de estado español, en específico en su modalidad de tortura, con esta entrevista a una de las más de mil víctimas navarras de esta lacra; Jorge Txokarro.

Aquí la tienen, desde las páginas de Diario de Navarra:


“Me colgaron de un cuarto piso por los tobillos en comisaría, pero lo que vino luego fue aún mucho peor”

Jorge Txokarro Zoco | Miembro de la Red de Personas Torturadas de Navarra @Torturatuak | Conocidas las conclusiones del informe sobre la tortura en Navarra, hablamos de estas gravísimas vulneraciones de derechos humanos con uno de los participantes en el estudio

Jesús Barcos | Diario de Noticias de Navarra

Jorge Txokarro (Iruña, 1978) se define como “una más” dentro de la Red de Personas Torturadas de Navarra, que valoró el pasado lunes el informe de torturas en Navarra presentado al Gobierno foral por el Instituto Vasco de Criminología (IVAC). Hablamos con él de su experiencia vital, del propio informe y del trabajo de su asociación. Txokarro , que ha participado en la investigación dando su testimonio, fue condenado por daños en 1999 junto a otros seis jóvenes por quemar en 1996 el concesionario Lipauto de Renault en Burlada. Posteriormente fue detenido en 2002 acusado de pertenecer al ‘comando Urbasa’ de ETA acusado de asesinar al concejal de UPN José Javier Múgica. Dos años después quedó en libertad bajo fianza en 2004 por el juez Ruiz de Polanco. En 2008 fue juzgado en la Audiencia Nacional y condenado a 8 años en el marco del sumario contra Gestoras Pro Amnistía, junto a otras 20 personas. Txokarro los cumplió en Soto del Real, Salamanca, Cáceres y Fontcalent (Alicante).

Creen que se ha dado un paso en el reconocimiento de y el cierre paulatino de una herida social.

–Se puede calificar como un antes y un después, y utilizar la palabra ‘hito’ pues es la primera vez que un gobierno encarga un informe así de manera profesional e independiente.

Pero en la anterior legislatura ya se encargó el primero, con los casos desde 1960 hasta 1978.

–Sí, pero el primero se enmarcaba más dentro de una ley de memoria democrática, o de una primera investigación de la época del franquismo, pero este segundo informe desde 1979 hasta 2015 abarca un contexto político distinto, la Transición y un periodo que se autodenomina democrático. Por eso, esta segunda fase ha tenido muchísimos problemas para poder llevarla a cabo. Recursos de inconstitucionalidad, vetos a iniciativas parlamentarias... Un trabajo que se podía haber realizado hace 6 años es ahora cuando ve la luz.

Estudio que por las condiciones de financiación se tenía que desarrollar con mucha celeridad. Sus autores indican que está inacabado, por más que adelanten una proyección.

–Los datos son referenciales, ni mucho menos van a ser los definitivos, pensamos que van a ser bastantes más, pero nos marcan por dónde va todo esto. El trabajo de investigación es muy complicado de hacer. Los profesionales dicen que todavía quedan dos fases más de trabajo. Nosotros como asociación tenemos todavía por lo menos dos años más de recopilación de datos.

Esa proyección cifra sobre un millar las víctimas entre 1960 hasta 2015. ¿Son datos dentro de lo esperado?

–Sí, nosotros barajábamos unos datos muy parecidos. Llevamos un año y dos meses haciendo una labor de documentación espectacular, con una red en toda Nafarroa que ha permitido trabajar prácticamente casa por casa. Pero todavía hay mucho por hacer y mucho formulario por recoger. Los investigadores han hecho un trabajo prácticamente récord, increíble, pero piden que durante los dos siguientes años, por lo menos, se pueda seguir desarrollando este trabajo.

El informe dice que “nos encontramos ante una violencia negada, no investigada y en consecuencia no sancionada”. Y que ello ha generado “desconfianza” en las víctimas.

–Esa desconfianza ha existido. Los profesionales hablan de que las personas torturadas hemos estado desamparadas desde el punto de vista social e institucional. Durante la existencia de la tortura se ha estado mirando para otro lado de una manera descarada, siendo conscientes de lo que ocurría . Este informe viene a decir que las personas torturadas nunca hemos tenido ningún depósito de confianza, ni en las instituciones ni en la sociedad ni en los medios de comunicación. Solamente en los activistas que en aquellas épocas denunciaban que la tortura se estaba dando en los cuarteles de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de la Policía autonómica vasca. Hemos llegado a un contexto político completamente distinto, en donde parece que podemos empezar a ser aceptados también como víctimas o como supervivientes de la tortura. Las instituciones empiezan a abrirse para visibilizar una realidad que ya sabían que existía. Lo sabían, pero políticamente era inaceptable salir a la palestra.

Alguien podría decir que el número de detenidos fue muchísimo mayor que el de víctimas conocidas.

–Sí, y también podemos afirmar que muchísimas detenciones ni siquiera se comunicaban a los estamentos judiciales y las personas eran soltadas en la calle después de recibir auténticas palizas o se las llevaban al monte o había retenciones forzosas por las calles o incluso secuestros en automóviles para dar paseos por la ciudad, etcétera, etcétera. Eso no se contempla, pero eso también ha existido.

Ha contado al IVAC que fue torturado en dos ocasiones.

–Efectivamente. Cuando era menor de edad, con 17 años, por parte de la Policía Nacional en la calle general Chinchilla, en la comisaría central de la Policía Nacional en Madrid (Canillas) y en Moratalaz. Y posteriormente, cuando tenía 23 años, por parte de la Guardia Civil en avenida de Galicia y en Tres Cantos, en Madrid.

¿Y a eso se le da muchas vueltas? ¿O se mete en un tapón y hay días que sale y días que parece enterrado?

–Eso lo tienes presente para toda tu vida. Tienes temporadas que rebrota o permanece más estanco. Pero una persona que ha sido torturada tiene que saber llevar esa violación de tu cuerpo, psicológica sobre todo, de la mejor manera posible durante el resto de su vida, porque por mucho que pasen 10, 20, 30, 60 años es algo imposible de olvidar y carecer de secuelas, que se te han quedado para toda la vida. Al final, tu cuerpo ha sido violado físicamente y tu cabeza desde un punto de vista psicológico completamente quebrada. Cada persona lo vive de una manera distinta y de hecho muchísima gente que ha pasado por esta práctica inhumana no ha sido capaz luego de levantar la cabeza y arrastra este tema durante el resto de su vida, incluso en ámbitos familiares. Muchas veces, las personas torturadas acaban diciendo: yo hubiera preferido que durante aquellos días me hubieran pegado un tiro directamente y no haber pasado por eso, porque ahora tengo que vivir con ello.

¿Recuerda un shock diferente de la primera detención y la segunda?

–La segunda detención se produjo en mi cuarto de la casa de mi madre. Fue un estado de shock total. Yo creo que se me paralizó todo el cuerpo y la cabeza. Me pegaron un palizón impresionante en el mismo cuarto de casa, y me tuvieron que llevar al hospital. Me costó salir de este estado de shock incluso estando en los calabozos. Sabía perfectamente lo que me venía, pero nunca eres capaz de saber si vas a poder aguantar. Se te pasa por la cabeza de todo.

¿Le pegaron delante de su madre?

–Mi madre estaba encañonada en la bañera del cuarto de baño, de rodillas, con varias metralletas, sin poder levantar la cabeza, y a mí mientras en el dormitorio me estaban dando un palizón en el suelo entre seis o siete personas, encima de una puerta que habían roto que tenía cristales, y luego me metieron en la cama para enrollarme la cabeza con la manta y la sobrecama.

Siendo consciente de que su madre estaba en otra habitación.

–Yo en esos momentos no era consciente de nada, estaba en un estado de shock total e intentando literalmente recibir las hostias de la mejor manera posible y sobre todo intentar coger aire. Ahí me quedé sin conocimiento, tuvo que venir la ambulancia a casa deprisa y con oxígeno me llevaron en una silla de rueda en calzoncillos con una manta encima al hospital. Y luego del hospital al cuartelillo de la Avenida de Galicia y de ahí a Tres Cantos.

¿Con torturas similares?

–Sí, sí, sí, por supuesto, eso fue un calvario. En el hospital me desperté tras perder el conocimiento. Estaba en una camilla echado con la Guardia Civil custodiándome y todo el rato diciéndome: en cuanto salgas de aquí ya vas a ver. Amenazas miles: a tu madre le ha dado un infarto, está muriéndose en la UCI, no ha podido soportar que te hayamos llevado, tú si sales de aquí vivo te vamos a matar, te vamos a hacer como a Lasa y a Zabala, no se va enterar nadie, como digas aquí algo a los médicos ya vas a ver, ni se te ocurra decir que te hemos tocado en casa. Claro, la secretaria judicial no había entrado en el momento del registro con la Guardia Civil. Llegó al rato.

¿Y en la primera vez, con 17 años?

–Fue muy duro, pero sobre todo aquí, en general Chinchilla en Pamplona. En Canillas y en Moratalaz también, pero el primer día y medio aquí yo me decía: estos están chalados. Era mi primera detención, no sabía lo que podía suponer una incomunicación. Me llegaron a colgar de un cuarto piso agarrado por los tobillos a un patio interior. Pero lo que me vino luego fue todavía mucho peor.

¿Hay cosas peores que te cuelguen de un cuarto piso?

–Sí, sí, sí, sin lugar a dudas, muchísimas cosas peores. Se me hizo muy duro, por ejemplo, en esa primera detención, que en Madrid durante el día estabas en la comisaría de interrogatorios en Canillas y a la noche te llevaban a otra que con el tiempo supe que era Moratalaz, porque no sabía a dónde iba. La comisaría de noche tenía un calabozo con unos azulejos nuevos blancos, pero con cuatro fluorescentes en diagonal que directamente te miraban a los ojos, porque me obligaban a ponerme de pie contra la pared, no te dejaban en ningún momento sentarte ni descansar. Tenía a una persona a cada muy poco tiempo pasando por la ventanilla para que incluso con los brazos en alto pasaras toda la noche así. Y te obligaban a levantar el cuello para mirar a los fluorescentes. Si no hacías eso te abrían la puerta, y lo primero empezaban a pegarte de hostias, que hiciera flexiones y me agotara físicamente.

En los desplazamientos, fuera de la furgoneta, iba con los ojos tapados.

–Sí, sí, siempre.

Esa estampa de detenidos con la cabeza tapada se veía en los medios.

–Sí, pero hubo gente para quien eso duró durante prácticamente los cinco días de la incomunicación. En mi caso mirar a los cuatro fluorescentes que tenía echándote luz creaba un desequilibrio en todos los sentidos. No solo en el sueño, en no poder descansar, es que nunca te podías sentar. Exceptuando el último día antes de pasar por la Audiencia Nacional en el que nos ofrecieron unos garbanzos en un táper de plástico y me dejaron sentarme.

¿Y en Canillas por las mañanas?

–Me hicieron una simulación de ejecución antes de llegar a esa comisaría, me metieron en una vía forestal, en un camino empedrado blanco, me hicieron ponerme de rodillas, con las esposas atrás, me pusieron la capucha y me pusieron dos pistolas en la cabeza, y apretaron gatillo con el clac, clac, y bueno, al coche otra vez, y ahí en el coche también bajando a Madrid interrogatorios con libros de fotos de mucha gente, numerosos golpes, asfixia... fue todo un calvario.

¿Llegar a la Audiencia Nacional era constatar la impunidad de esto?

–Totalmente.

¿O un cierto momento de alivio de que por lo menos salía de ese pozo?

–No, porque incluso en los calabozos de la Audiencia Nacional me daba la sensación de que las personas que me estaban custodiando en ese pasillo habían venido conmigo en ese furgón, porque en alguna ocasión la ventanilla del calabozo se abría y te decían algo, tirando de amenazas a escasos minutos de pasar por el juez. Yo pensaba, hostia, ¿esto cuándo acaba? Tampoco te acababas de destensar, yo no descartaba nada, ni que me abrieran la puerta y me pegaran cuatro tortazos más. La sensación de impunidad en la Audiencia Nacional era increíble. Me pasó en las dos ocasiones y con dos jueces distintos. Y la segunda vez incluso el juez instructor, Ismael Moreno, en aquella época, cuando me subieron a declarar, me llevaron con un forro polar subido sobre mi cabeza, sin que se me pudiera ver la cara, y cuando estaba con un abogado de oficio, alguien, no se quién, preguntó: ¿Se le quita el abrigo al detenido de la cabeza? Y el juez dijo: No, no, puede declarar así.

Establecía la comparación con un cuerpo violado. ¿En qué medida en el caso de compañeras de la asociación el elemento sexual estuvo presente en estas vulneraciones?

–Sí, es evidente, la tortura para la mujer ha tenido una connotación con grado agravante. Ha sido un denominador común jugar con la mujer en los cuartelillos desde el punto de vista sexual. La tortura desde ese punto de vista la han planteado de manera sistemática también, muy organizada, y sabían perfectamente que ese tipo de tortura para la mujer es todavía más desgarrador y es una casuística que se puede ver en todas las mujeres torturadas en sus testimonios. El agravante de la tortura sexual siempre está encima. Es un añadido.

¿Ha habido mujeres torturadoras?

–Sí, sí, en menor medida. En mi caso una mujer entraba de manera esporádica en acción. En los interrogatorios prácticamente no formaba parte, pero sí cuando me venía a sacar del calabozo para llevarme a esos interrogatorios y siempre su función era amenazar: que me iba a violar a mí, que iba a tener hijos guardias civiles y que iba a vivir con esa lacra el resto de mi vida. Entraba y directamente me tocaba el culo, empezaba a poner las manos encima de las partes y decía que mi compañera sentimental estaba al lado detenida y que si a mi me violaba ella, a mi compañera otro guardia civil... Ese tipo de amenazas, comentarios y vejaciones me sucedieron en tres ocasiones distintas que por lo menos me acuerde en la segunda detención, con la Guardia Civil.

 

 

 

°

sábado, 12 de noviembre de 2022

Egaña | Se Hace Irracional Dudarlo

Desde Naiz traemos a ustedes la reflexión a la que nos invita Iñaki Egaña en la estela de las declaraciones llevadas a cabo por el terrorista de estado español José Barrionuevo en relación al secuestro de Segundo Marey.

Adelante con la lectura:


Se hace irracional dudarlo

Iñaki Egaña | Historiador

Tenía 42 años y había salido a celebrar con sus amigas la fiesta de la sardina. La calle estaba repleta mientras los jóvenes pedían amnistía después de cuatro décadas de una dictadura feroz. Y como era habitual, las fuerzas represivas asaltaron Santurtzi con la excusa de reventar la reivindicación. El orden, decían sus mandos, era el bien supremo. Las balas mataron a Normi Mentxaka y causaron heridas a Sebastián Peña y José Unamuno.

Ese mismo día, en la vecina localidad guipuzcoana de Azpeitia, la Guardia Civil detenía un coche con cinco personas. Les hicieron salir, credenciales y registro del automóvil, donde aparecieron algunos pasquines de las Gestoras pro-Amnistía, documentación ilegal dijo el Gobierno Civil. Al calabozo los cinco, entre ellos Andoni Elizondo, entrenador de la Real Sociedad de fútbol. Tuvieron suerte al detectar el control porque desde que año y medio antes la Guardia Civil matara a Mikel Salegi en un supuesto control a la entrada de Donostia, ya eran una decena los fallecidos en esas circunstancias.

Tuvieron suerte también porque quedaron en libertad, probablemente por la relevancia mediática del entrenador realista. No tanta, por ejemplo y en esas semanas, Luis Núñez Astrain, que sufrió 40 días de calabozo para ser torturado a conciencia. O Begoña Carro que antes de ingresar en Basauri padeció 20 días de comisaría y malos tratos. O Carmen Arriaga de Mundaka, cuyo relato del mes que pasó en el calabozo antes de ser llevada ante el juez, sirve para erizar el vello. Vergüenza de la condición humana.

En Santurtzi, a Normi Mentxaka le entró la bala por la nariz y se alojó en el cráneo. Murió en el acto. Y el forense que la extrajo escribió, con bolígrafo de cemento, que «al parecer», la muerte de Normi se debió a un arma de fuego. La nota oficial señaló a dos guardias civiles de paisano como autores de los disparos porque se sintieron «acosados por los manifestantes». Se refugiaron en el local de la Policía Municipal del Ayuntamiento y a las cuatro de la madrugada llegó un Land Rover de la Benemérita que trasladó a los agresores a lugar seguro. Hasta hoy. Mientras, sus compañeros de la Policía Armada apalearon a quienes protestaban por la muerte de Mentxaka y por la protección a los verdugos.

Los sorprendente de esta concatenación de hechos delictivos tiene que ver con la construcción del relato. El Archivo Histórico de Bizkaia corroborará dentro de cuatro años, cuando pasen 50 de lo sucedido y la documentación sea accesible, el cambio en el relato. Aunque las hemerotecas sirven para evidenciarlo. Fueron agentes de la Guardia Civil de paisano los que mataron a Normi Mentxaka, según las declaraciones oficiales de los días siguientes, hasta que, en un determinado momento, alguna instancia suprema decidió que no fueron guardias civiles sino «desconocidos» Guerrilleros de Cristo Rey, una de las marcas utilizadas por el Estado, como BVE o GAL, para estampar sus tropelías. Más de 2.000, se dice pronto, en los últimos 50 años, aunque parezca que únicamente recordemos a las de los GAL.

El cambio de relato que, aún se mantiene, tuvo un seguimiento paralelo, avalado por otros actores que no apretaron el gatillo, pero lo hicieron posible. El expediente de Normi desapareció, pero el Juzgado de Instrucción número 5 de Bilbo, fue capaz de interpretar en clave legal lo sucedido: «un enfrentamiento entre manifestantes». El juez archivó las diligencias por no encontrar indicios de quienes fueron los autores del crimen, a pesar de que se habían refugiado durante media docena de horas en el Ayuntamiento, ni tampoco «encubridores». Evidente, él era uno de ellos.

Por fin, en 2002, la Audiencia Nacional reconoció a Norma Mentxaka como «víctima del terrorismo». Pero, recuerden que la presidencia hispana correspondía al «simpático» Rodríguez Zapatero y la cartera de Interior estaba en manos de Alfredo Pérez Rubalcaba, el abogado del Estado recurrió la resolución del Supremo. A instancias de Interior, de Pérez Rubalcaba. Aquello no era «terrorismo». La impunidad incluso para el relato. En 2006 el Supremo lo corrigió.

Los casos simultáneos de Mentxaka, Núñez Astrain o Andoni Elizondo me vienen al recuerdo con el eco reciente de las declaraciones del exministro José Barrionuevo sobre los GAL y la participación del Estado en las redes de la guerra sucia. Los ejemplos surgen a borbotones para ofrecernos esas cifras espeluznantes: 40.000 detenidos por razones políticas (Jon Mirena Landa cuando era director de Derechos Humanos del Gobierno de Gasteiz), 10.500 torturados (Paco Etxeberria en el reciente documental “Karpeta urdinak”), 1.500 atentados parapoliciales contra propiedades, 853 contra personas con 83 muertos (Euskal Memoria). Con otros actores, encubridores que han hecho posible esa que llamamos «guerra sucia»: jueces, periodistas, grupos políticos, forjadores de opinión, forenses, dirigentes, sindicatos, empresas…

Lo de Barrionuevo no es sino la pataleta de un palo que se siente excluido del relato triunfal. Lo de los GAL, Guerrilleros de Cristo Rey, AAA, BVE… no son sino nombres irrelevantes de una estrategia, un modelo y una estructura que emana desde despachos oficiales. Con una jerarquía militar y política. El resto, eso de cuatro ultraderechistas despechados, es un cuento chino destinado a cubrir un relato insalvable.

Cuando el Estado llevaba ya unos cuantos años de actividad paralela, «de día uniformados de noche incontrolados», un personaje tan poco sospechoso de veleidades radicales, un hombre gris, de orden, como era Jesús Mari Leizaola, residente en París y presidente aún del Gobierno Vasco en el exilio, divulgó un documento precisamente sobre esos «comandos nocturnos, evidentemente protegidos –y se hace irracional dudarlo– compuestos por elementos de las propias fuerzas del orden». No nacimos ayer. Así que, Barrionuevo no es uno, son miles desperdigados por los andamios del Estado.

 

 

 

°

viernes, 7 de octubre de 2022

Egaña | El Negocio de la Guerra

Desde su página de Facebook traemos a ustedes este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña:


El negocio de la guerra

Iñaki Egaña

En el año 2009, Rodolfo Ares, entonces consejero de Interior del Gobierno de Gasteiz, señalaba que su Ejecutivo destinaba cada año 225 millones de euros en la lucha contra ETA. Ares añadió que con ese dinero bastaría para hacer cada 12 meses cuatro hospitales y que, ante las informaciones que circulaban de que ETA estaría preparando su final, como así sucedió, el consejero dudó de ellas y únicamente confirmó que lo que intentaba la izquierda abertzale era legalizarse para seguir defendiendo el terrorismo desde las instituciones. Que no se creía para nada que ETA iba a desaparecer.

ETA se disolvió y esos 225 millones de euros anuales se desvanecieron en la elongación del topo donostiarra unos metros para alcanzar a una cadena de tiendas pertenecientes al noveno hombre más rico del plantea y en un absurdo tren que eliminará unos minutos la distancia entre capitales vascas, con el añadido de que no puede transportar mercancías. Fue un trasvase de dinero, no una “recuperación” de una inversión. Los hospitales no se construyeron y la sanidad sigue privatizándose a pesar de pandemias y el clamor popular.

En la misma medida, cuando ETA, ya hace unos años concluyó su proceso de desarme y disolución, diversos estamentos policiales, políticos y judiciales hicieron un balance económico. Muy irregular e interesado, pero con una cifra del coste de 60 años de lucha contra la organización vasca: 25.000 millones de euros. Entre ellos entraba el gasto de policías, prisiones, escoltas, daños materiales, indemnizaciones a las víctimas e incluso el falso del parón de la central nuclear de Lemoiz (falso porque Iberduero lo imputó a través de un canon a sus clientes).

En estas cuentas, no demasiado científicas por lo que se ve, faltan partidas indirectas u otras como los fondos reservados (28 millones de euros anuales) que, por ser más modestas, no han sido incluidas. 25.000 millones sería el 2% del PIB español, el que pide la OTAN en su incremento militar.

Por el contrario, el informe señalaba que ETA había recaudado en esos años 161 millones de euros (traducidos al presente) a través de secuestros, impuesto revolucionario y atracos. Sumaba también dinero de txoznas festivas, rifas de Gestoras, etc. Lo que inflaba el presupuesto. Aún aceptando esta nueva falsedad se podría decir que por cada millón de euros que utilizaba ETA, el Estado le hacía frente con 156 millones. No es de extrañar, que, en esta crónica económica, algunos sectores se mostrasen radicalmente interesados en que la violencia de ETA no concluyera.

Hace unos días, en el quinto aniversario del referéndum por la independencia de Catalunya se han desvelado varios de los secretos mejor guardados de aquella iniciativa popular. En particular, los relativos a las compras de las urnas que finalmente se emplearon aquel primero de octubre de 2017. Como ya es conocido, las urnas utilizadas se fabricaron en China y llegaron en tres contenedores hasta Marsella, desde donde fueron trasladadas clandestinamente por voluntarios hasta ocho almacenes, ya en la Cataluña peninsular. Habían costado 100.000 euros.

Simultáneamente, y por si las fuerzas policiales descubrían la operación, dos empresas del Bajo Llobregat fabricaron por separado las piezas para otras 10.000 urnas. Después de ensamblarlas las escondieron en un almacén y nunca llegaron a ponerse en circulación. De nuevo trasladadas, hoy en día continúan en lugar aparentemente desconocido para la Policía. Costaron 66.000 euros.

Pues bien, entre las urnas chinas y las catalanas, más algunos gastos anexos, pongamos que toda la operación independentista costó 200.000 euros. El Estado español, según reconoció, gastó 87 millones de euros para no encontrarlas. Es decir, por cada euro invertido en las urnas para el referéndum, el Estado gastó 435 euros en su infructuosa búsqueda. Alguien o algunos se llevaron una sustanciosa parte de la misma.

Los conflictos, los enfrentamientos, las guerras suscitan negocios redondos. Las víctimas han pasado a ser daños colaterales de inversiones estratosféricas, mientras que las propuestas políticas, los escenarios de concordia, las apuestas por el dialogo o los llamados a la paz son sólo referencias secundarias en esos movimientos económicos. La reconstrucción de Irak después de la invasión liderada por Washington costará 88.000 millones de dólares. EEUU invirtió directamente dos billones de dólares en las guerras de Afganistán e Irak, cantidad financiada con deuda que para 2050 se convertirá en 6,5 billones. Los ganadores: empresas armamentísticas, de seguridad, energéticas, constructores, bancos… Y una oportunidad a la moda friki de las bombas ucranianas. Una frase, 700 dólares en un M982 Excalibur: “desde la OTAN con amor”. Páginas web ya se dedican a ello. Negocios de “jóvenes emprendedores” que han recaudado 200.000 dólares. Calderilla con relación a la primera división.

En la guerra de Ucrania, EEUU ha invertido ya más de 60.000 millones de dólares. El negocio que parece ruinoso tiene unos flecos estruendosos que probablemente lo harán rentable. Kiev y los países de la OTAN tendrán que rembolsar, con intereses, parte de la inversión. Las reconstrucciones se realizarán siguiendo las pautas de Washington. Y un dato que sobresale sobre el resto: la energía que Rusia exportaba a Europa ha sido sustituida por la ofertada, manu militari, por EEUU.

Los gastos militares han desbordado los presupuestos ya aprobados con anterioridad. Orden y mando de Washington. España los ha aumentado en un 124%, Francia invierte 1.700 millones más de lo presupuestado y Alemania se convierte, por primera vez desde la época nazi, en el estado de la Unión Europea con mayor presupuesto militar. Naciones Unidas señalaba que en la guerra en Ucrania habían fallecido 6.000 civiles. No recuerda por cierto los 14.000 de Donbás desde 2014 y esos 1,5 millones de desplazados. Nuevamente víctimas colaterales de negocios en marcha que no aparecerán siquiera en el balance anual.

 

 

 

°

miércoles, 29 de junio de 2022

Diálogos Improbables en Gasteiz

Ha tomado lugar en Gasteiz una nueva edición -la primera fue en Iruñea- de los "Diálogos Improbables" gestionados y organizados por el Foro Social Permanente.

Aquí la reseña por parte de Naiz:


Ollora, Ortubay y Diaz de Heredia: Vivencias diferentes hacia una memoria «crítica e inclusiva»

El exdiputado general de Araba por el PNV Juan Mari Ollora, la exprofesora de Derecho penal en la EHU Miren Ortubay y la militante de la izquierda abertzale Maite Diaz de Heredia han participado en un nuevo encuentro del Foro Social de la dinámica ‘Ustekabean topo’.

Asier Robles

Tras el coloquio de la semana pasada en Iruñea, el Foro Social ha llevado a cabo este miércoles un nuevo encuentro en Gasteiz enmarcado dentro de la dinámica ‘Diálogos improbables-Ustekabean topo’ con el fin de generar espacios de dialogo, de escucha, de empatía para «aportar en la construcción de la memoria crítica e inclusiva».

Desde el Foro Social han recordado que este tipo de iniciativas se han llevado a cabo en otros países donde se han dado conflictos, como en Colombia, el norte de Irlanda o Sudáfrica, y ha destacado que el objetivo es aprender de otras experiencias y traerlas al contexto de Euskal Herria.

El exdiputado general de Araba por el PNV Juan Mari Ollora, la exprofesora de Derecho Penal en la EHU Miren Ortubay y la exmilitante del movimiento antirrepresivo y encarcelada por ello Maite Diaz de Heredia han sido los que han participado en charla de este miércoles que, celebrada en el Palacio Europa, ha partido de vivencias personales.

Así, Miren Ortubay ha señalado que su trabajo en el mundo del Derecho Penal le ha hecho conocer de cerca mucho sufrimiento y que por ello «de alguna forma» siempre se ha sentido implicada.

Ha lamentado que durante muchos años se ha encontrado con «disyuntivas demagógicas» que tenían el objetivo de que la gente se «posicionase claramente» con una postura u otra bajo el mantra del «estás conmigo o estás contra mí».

La ejecución de Txiki y Otaegi, la matanza de Atocha, las muertes de Gladys del Estal, Jose María Ryan o Mikel Zabalza han sido algunos de sus recuerdos más destacados. Pese a la «incertidumbre y dudas de militar políticamente» en aquel momento, ha señalado que ese contexto le llevó a acercarse a los movimientos de «no-violencia» Más tarde participó en manifestaciones en favor de los derechos de los presos o de Gesto por la Paz.

«Una vida en torno a la cárcel»

Maite Díaz de Heredia ha recordado que su implicación política comenzó cuando con solo 13 años la policía irrumpió en su casa y detuvo a su hermano: «Esto fue un salto cualitativo por el impacto de la detención y la percepción de que les habían torturado. Las incomunicaciones y la dispersión marcaron mucho a mi familia».

Ya en el instituto comenzó a militar en las organizaciones estudiantiles y juveniles de la izquierda abertzale, y más adelante en Gestoras pro-Amnistía: «Fueron años muy convulsos y duros, todos los días había algún atentado o detenciones o torturas. Llegando casi a 2000 desde el Gobierno español comenzaron a ir contra lo que ellos denominaron el ‘entorno de ETA’, y a partir de ahí ya sabía que iba a acabar en la cárcel».

Así fue. En 2001 fue detenida y tuvo un hijo en la cárcel, del que fue separado años más tarde. También su pareja ha estado hasta 2017 en prisión. «He vivido muchos años en torno a la cárcel. Empecé como familiar de preso, luego como militante y acabe como presa. Siempre me he sentido parte de la izquierda abertzale y de las decisiones que tomaba. Y no rehuyo de esa responsabilidad», ha dicho.

En cuanto a Juan Mari Ollora, ha subrayado que sus recuerdos están «muy ligados» a las responsabilidades que tuvo en el ámbito de la política. Los acuerdos de Oslo en 1993 entre la OLP y Israel le hicieron pensar en el conflicto vasco: «Pensé que independientemente de cómo siguió aquella y la situación actual, si ellos lo habían conseguido nosotros lo teníamos que intentar».

La importancia de hablar y escuchar

Por otro lado, ha destacado que iniciativas como estos diálogos organizados por el Foro Social son las que pueden «romper el inmovilismo que al mundo político le rodea en torno a construir un relato integrado, una convivencia civilizada y una lectura compartida de lo que nos ha pasado».

Ortubay también ha subrayado que es bueno hablar, «porque eso ayuda a analizar y reflexionar sobre nuestros propios comportamientos y nuestras propias responsabilidades».

«Durante demasiado tiempo hemos alimentado los sentimientos y la irracionalidad. Hay que hablar y hay que escuchar», ha recalcado.




°

lunes, 7 de febrero de 2022

Autoinculpación Bajo Tortura

Ha iniciado el nuevo juicio en contra de la víctima de tortura y represaliada política vasca Iratxe Sorzabal. Así es como funciona la democracia en el estado español, así es como el régimen borbónico franquista entiende los procesos de paz y reconciliación.

Naiz nos trae algunos detalles de la primera jornada:


Sorzabal: «Me autoinculpé, con el infierno que me hicieron pasar no podía hacer otra cosa»

Iratxe Sorzabal ha negado en la Audiencia Nacional los hechos que se le imputan, una acusación que, tal y como ha recordado, se basa en la autoinculpación realizada durante la incomunicación. «Me autoinculpé e inculpé a otros. La Guardia Civil me torturó y me obligó a hacer esas declaraciones».

Aitor Agirrezabal

Iratxe Sorzabal, durante el juicio que ha comenzado hoy en la Audiencia Nacional, ha relatado las torturas sufridas a manos de la Guardia Civil tras ser detenida e incomunicada en marzo 2001. «Me autoinculpé e inculpé a otros. La Guardia Civil me torturó y me obligó a hacer esas declaraciones. Todas esas acusaciones son falsas», ha subrayado a preguntas de la Fiscalía. «Durante esas sesiones de tortura me obligan a aprender cosas de memoria, repetimos declaraciones».

La Audiencia Nacional juzga desde este lunes a Iratxe Sorzabal por una acción armada en Xixón en 1996 que no causó víctimas, la única causa por la que recientemente ha sido entregada temporalmente por el Estado francés, donde cumple condena. Fiscalía y AVT piden 46 años de cárcel para la presa irundarra.

Tras ser detenida y pasar por el cuartel de Intxaurrondo, Sorzabal fue trasladada a Madrid en un vehículo de la Guardia Civil. «Allí empezó todo el infierno», ha señalado. «En el coche me pusieron un antifaz, me aplicaron las descargas, me golpean, me insultan, me soban, me vejan, me asfixian con una bolsa», ha recordado.

Las sesiones de tortura continuaron en dependencias de la Guardia Civil, donde estuvo cinco días incomunicada y tuvo que afrontar interrogatorios sin un abogado de confianza. Según ha narrado, durante aquellas sesiones se dedicaban a aprender de memoria la declaración. «Ensayábamos todo y me decían que me iban enseñar unas hojas y unas fotos y que tenía que reconocer a este o esta. Y, después del ensayo, tenía que hacerlo».

El primer día no pudo narrar ante el médico forense lo que estaba sufriendo. «Era en un cuartucho al lado de donde me torturaban. Pensaba que era un Guardia Civil que se hacía pasar por forense para ver que decía. No me fiaba. No le dejé ni tocarme. Estaba aterrorizada».

El segundo día de aquella incomunicación Sorzabal tuvo que ser trasladada al hospital, donde fue reconocida por el médico forense. «El segundo día estaba tan destrozada que pensaba que más de lo que me estaban haciendo no podían hacerme. Le enseñe las marcas, en carne viva, y al verme vio que debía ir al hospital».

La Guardia Civil quería estar presente en la consulta durante el reconocimiento en el hospital. «No podía contarle al médico lo que me sucedía con ellos delante», ha recordado. Al final los agentes del Instituto Armado abandonaron la sala, a pesar de que un miembro de la seguridad de hospital estuvo en todo momento presente. «El médico me dirigió a distintos especialistas por todas las marcas de los electrodos, me hicieron una biopsia y tenía una vértebra desplazada».

«Si no hago lo que dicen, más electrodos, más bolsa»

De vuelta en sede policial, Sorzabal ha relatado que le pusieron tres opciones sobre la mesa. «Si no subo a declarar, si no hago lo que dicen, me dan el mismo trato. Más electrodos, más bolsa. Si subo y no digo lo que ellos dicen, será peor. Si hago lo que dicen, ya no me tocan». Es ahí cuando decide autoinculparse e inculpar a otras personas. «Elijo la tercera. Después del infierno que me estaban haciendo pasar no podía elegir otra», ha apuntado visiblemente conmocionada.

«Me autoinculpo de delitos muy graves e inculpó a personas que conozco y a las que no conozco. Les dije que si quería firmaba que había matado a Carrero Blanco. Me dijeron que eso no podían hacerlo creíble, pero que estuviese tranquila, que me iban a meter otros muchos», ha añadido.

Tras los cinco días de incomunicación, ante el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno declaró que no eran ciertas las declaraciones realizadas en sede policial. «Le conté lo que me hicieron y las torturas».

Sorzabal denunció las torturas sufridas a manos de la Guardia Civil, un caso que quedó archivado «como otros muchos», pero que, según ha relatado la irundarra, «está a punto de reabrirse al encontrarse nuevos detalles».

Unas torturas que han quedado también reflejadas en la investigación que ha llevado a la realización del documental ‘Bi arnas’, del que se hizo eco NAIZ el pasado viernes. En unas imágenes encontradas durante el proceso de elaboración, en una grabación de 2001, poco después de ser detenida, Sorzabal relata lo vivido y destaca que no tenía «miedo» a morir durante las sesiones de tortura. «Yo no tenía miedo a morir, tenía ganas de morir».

La denuncia de torturas, a pesar de un corto camino judicial en el Estado español, tuvo mucho eco porque al contrario de otras denuncias, en su caso hubo fotografías de las marcas de los electrodos. De hecho, diferentes organismos internacionales se interesaron por la denuncia e investigaron los hechos y un experto en el protocolo de Estambul analizó su denuncia durante la última causa por la que fue juzgada en el Estado francés y ratificó la versión de Sorzabal.

Niega su implicación en los hechos juzgados

Durante el juicio Sorzabal ha reconocido su pertenencia a ETA, después de haber quedado en libertad, pero ha rechazado su vinculación con el comando Ibarla, al que relacionan con los hechos juzgados, del mismo modo que ha negado las acusaciones que se le imputan en este juicio.

Del mismo modo, ha relatado el trabajo que realizaba en Gestoras Pro Amnistía cuando fue detenida por la Guardia Civil en 2001 donde se dedicaba a la denuncia de la tortura, trabajando con organismos internacionales y cuando todavía no era miembro de ETA. «No tenía ni idea de por qué me detienen. Unos días antes detuvieron a Aitor Olaizola, del pueblo (Irun) pero que yo no conocía. Y, como supe después, le obligaron a decir que yo le había captado para ETA. En cinco días la Guardia Civil no me preguntó nada sobre Aitor Olaizola».

Iñarritu: «La tortura es sistemática y sistémica»

Jon Iñarritu, diputado de EH Bildu, ha comparecido ante los medios a las puertas de la Audiencia Nacional y ha recordado que el juicio se basa en «declaraciones obtenidas bajo tortura», subrayando que no es un caso aislado. «En Euskal Herria ha habido muchos casos. En el informe de Lakua queda claro que son más de 5.000».

En el caso de Sorzabal, ha destacado que su denuncia fue avalada por el Protocolo de Estambul. «Es intolerable. La tortura es sistemática y sistémica. Todavía hoy vemos como las instituciones del Estado y la propia justicia miran hacia otro lado. Se deben tomar medidas de una vez y este tipo de juicios no se deben seguir realizando», ha manifestado.

 

 

 

°

martes, 13 de julio de 2021

El 13/13 y Ángela Murillo

A quien sorprenda la decisión por parte de Ángela Murillo de dar marcha adelante con el macrojuicio 13/13 no ha puesto mucha atención en las actuaciones anteriores de esta señora.

Aquí lo que nos reporta Gara:


Murillo rechaza las cuestiones planteadas por los abogados y mantiene el juicio del 13/13

La presidenta del tribunal, Ángela Murillo, ha rechazado todas las alegaciones presentadas por los abogados en las cuestiones previas basadas en las irregularidades del procedimiento en el sumario 13/13, por lo que la vista continúa adelante en la Audiencia Nacional española.

Martxelo Diaz

La juez Ángela Murillo ha rechazado la solicitud de la representación de los enjuiciados en el sumario 13/13 de que sus defendidos no pueden ser objeto de procesamiento debido a las distintas irregularidades que se se han registrado en el procedimiento, por lo que la vista sigue adelante.

En principio, la próxima sesión será este martes, pero depende de la reacción de una de las integrantes del tribunal a la segunda dosis de la vacuna contra el coronavirus que le han inoculado. Según ha explicado Murillo, dependiendo de su reacción la mañana del martes, se celebrará la segunda sesión o se aplazará al miércoles. En esa segunda sesión se tomará declaración a los acusados comenzando por Arantza Zulueta.

Jone Goirizelaia, abogada de Naia Zurriarain, ha alegado en las cuestiones previas que se están planteando al inicio de la vista que su representada no puede volver a ser juzgada por unos hechos por las que ya fue condenada en junio de 2018. La ruptura del concepto de ‘non bis idem’, el no volver a juzgar a una persona de nuevo por unos hechos en más de una ocasión es uno de los elementos que se han destacado entre las irregularidades de este procedimiento.

La abogada ha subrayado que el escrito de acusación y la condena previa se refieren a los mismos hechos, calificado como un delito de «integración en organización terrorista». Durante su estancia en prisión fue clasificada como FIES, tal y como se hace con los condenados por esta causa.

Alfonso Zenón, abogado de Arantza Zulueta y Jon Enparantza, ha planteado hasta seis cuestiones para pedir la nulidad del procedimiento. De este modo, ha pedido la recusación del tribunal porque participó en el juicio contra Gestoras/Askatasuna, que analizó el llamado «frente de makos» y el papel de los abogados, una cuestión que centra la actual causa, sustituyendo al «frente de makos» por la organización Halboka.

Asimismo, ha puesto sobre la mesa la intervención del CNI en el procedimiento, que los registros se realizaron sin presencia de los acusados ni de su representación legal. Junto a ello, ha puesto en cuestión la validez de la identificación de David Pla en las diligencias por parte de la Guardia Civil, ya que en el momento de la supuesta identificación se encontraba en prisión. Todos estos elementos inciden en la indefensión de sus representados en este procedimiento.

Aiert Larrarte ha recurrido a la falta de tutela judicial efectiva por la intervención del CNI sin cobertura legal y sin control jurisdicional en el caso de Iker Sarriegi y al de la cosa ya juzgada en el de Julen Zelarain.

Sin acuerdo

La Fiscalía no ha querido llegar a un acuerdo con la representación de los encausados, lo que hubiera supuesto una conformidad de las penas y que el juicio no se celebrase, tal y como ha ocurrido en otras causas.

Fuentes de la Fiscalía señalan que el acuerdo no ha sido posible porque las acusaciones particulares en nombre de colectivos de víctimas no han querido, aunque desde la parte de la defensa se señala que el Ministerio Público no ha tenido receptividad hacia este posibilidad hasta el punto de que ha sido imposible mantener siquiera una reunión para negociar la cuestión.

 

 

 

°

lunes, 12 de julio de 2021

13/13 y el «Todo es ETA»

Para entender un poco más de que va el macrojuicio 13/13 desde Naiz traemos a ustedes este esclarecedor artículo:


Siete atropellos para prorrogar 23 años de «todo es ETA»

Casi un cuarto de siglo después de que Baltasar Garzón echara a rodar esta bola contra una empresa de bacalao, ocho personas más se sientan el lunes en el banquillo con la misma acusación de «todo es ETA». En el proceso se mezclan atropellos antiguos y otros nuevos, específicos.

Ramon Sola

El uso de la tortura para extraer pruebas o inculpaciones o la tergiversación de acciones políticas públicas son características comunes de los procesos del «todo es ETA». Este 13/13 suma otras vulneraciones y llega a juicio cuando la organización ni existe.  

CNI

«Toda la investigación de la Guardia Civil 'cuelga' de la interceptación de comunicaciones hecha por el Centro Nacional de Inteligencia». Lo reconoció nada menos que el que fue jefe de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y supone una ilegalidad palmaria ya  que el servicio de espionaje no está facultado para actuar como policía judicial, al contrario que Guardia Civil, Policía española o Ertzaintza. Por este motivo ya se reclamó la nulidad en la instrucción y el asunto seguirá sobre la mesa el lunes.

«Cosa juzgada»

De los ocho acusados, la mitad han sido juzgados y condenados por hechos análogos y, más aún, han cumplido íntegramente sus condenas. Tres lo fueron en el proceso contra el colectivo Herrira y otro más en el caso de Gestoras-Askatasuna. El principio jurídico «non vis in idem» les debería asistir.

Torturas

El testimonio de Naia Zuriarrain difundido estos días certifica la aplicación de esta lacra para obtener inculpaciones. Con dos agravantes añadidas.

Una, el juez de guardia en la redada de 2010 estableció unas cautelas que luego dejó sin efecto el instructor y hoy ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (siete de cuyas operaciones han acabado en condenas europeas).

Y dos, consta un documento de directrices para el operativo de 2010 (llamado ‘Distribución H-Alboka’) en que la Guardia Civil estipula dar un «trato exquisito» a los abogados y por contra «tratar de obtener una manifestación que ratifique las imputaciones» a través de los restantes detenidos, como es el caso de Zuriarrain. Mientras los primeros refirieron trato correcto, quienes no eran letrados desvelaron todo tipo de presiones, incluso de índole sexual en el caso de las mujeres, junto a sesiones de tortura con métodos como «la bolsa».

El detalle de Pla

El que fue representante de ETA para el proceso de resolución David Pla llegó a estar imputado en este procedimiento. De hecho, la operación policial se desencadenó tras una supuesta cita suya en 2008 en el Estado francés, pero resultó que esto era falso: ese día estaba en una cárcel visitando a una persona presa. Así que David Pla no estará finalmente en el banquillo, pero el proceso ha seguido a partir de esa patraña operativa.

Registros

La redada en las sedes de abogados de Hernani y Bilbo arrampló con todo, circunstancia que fue denunciada ante los colegios profesionales. «Se llevaron todo lo que quisieron del despacho de abogados, les daba igual qué sumario fuera», recordó en una mesa redonda este jueves Arantza Zulueta.

Dilaciones

La operación policial (con diez arrestos) tuvo lugar el 14 de abril de 2010, por lo que han pasado más de once años desde que se activó el sumario. Ello no solo muestra dilaciones judiciales, sino que convierte el momento político y social en totalmente extemporáneo. En aquel tiempo ETA todavía atentaba y hoy ya hace tres años de su disolución. Solo para los acusados hay una línea temporal continua, puesto que llevan más de 4.000 días con esta acusación sobre sus espaldas. Y purgaron prisión provisional de casi un año al inicio.

Delitos menos graves

2015 marcó un punto de inflexión en estos procesos del «todo es ETA» por la reforma del Código Penal que introdujo rebajas de grado en las condenas para los llamados «delitos menos graves» (para entendernos, en los que no se hubieran utilizado armas o explosivos, como es el caso).

El logro de acuerdos que evitan o reducen ingresos en prisión tiene terreno abonado con ello, pero en este caso la Fiscalía no ha dado ningún paso: «Nos hemos encontrado con que su voluntad es nula, no ya para llegar a acuerdos, sino simplemente para reunirse», confirmaba en estas páginas Julen Zelarain.

 

 

 

°

lunes, 3 de febrero de 2020

Un Infierno Llamado Herrera

Recientemente se llevó a cabo un ejercicio de memoria histórico alrededor de un archirreconocido sitio de terror fascista. 

A los regímenes autoritarios les gusta mostrar su lado más sanguinario en sitios como ese.

Pues bien, a su justa escala, aquí traemos otro ejemplo desde las páginas de Gara:


Herrera de la Mancha es un nombre grabado con dolor y muerte en la historia vasca reciente. Un libro del doctor en Historia Eduardo Parra Iñesta (nacido en Puertollano, en la misma Ciudad Real) aborda la trayectoria del penal desde su construcción en 1979 hasta que en 1990 «dejó de ser la prisión de castigo por excelencia en el mapa penitenciario español». Un «infierno» al que no sobrevivieron cuatro vascos en tan pocos años.

Ramón Sola

De la realidad de Herrera de la Mancha en los 80 ya habían dado cuenta en sus libros algunos vascos que la padecieron en carne propia, como Anjel Rekalde, Mitxel Sarasketa o Jokin Urain. Esta tesis doctoral de Eduardo Parra, editada por Pamiela bajo el título ‘‘Herrera de la Mancha, prisión de castigo’’, la inserta en su época sin minimizar su historia trágica.

La cárcel-guardia de la reforma estatal posfranquista

«Herrera funcionó como la cárcel de guardia del sistema. Si te portabas mal en la calle, ibas a la cárcel. Si te portabas mal en la prisión, ibas a Herrera de la Mancha –resume el autor–. Así, la prisión manchega recibió en cada momento al colectivo de reclusos que preocupaba más a la Administración». Fue inaugurada trasladando allí a los presos sociales de la combativa Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL), les siguieron los de los GRAPO y más tarde fue la cárcel que concentró a los de prisioneros de ETA antes de optarse por su dispersión sistemática.

Herrera fue justificada desde el Gobierno de UCD como necesidad derivada de la Ley General Penitenciaria, que presuntamente buscaba «actualizar los métodos y los recintos» después del franquismo. Se entendió que para ello hacía falta un penal en el que encerrar a algunos colectivos problemáticos, «limpiando» el resto. Como sentenció el que fue director de Instituciones Penitenciarias desde 1978, Carlos García Valdés, «la reforma no es Herrera, pero pasa por Herrera».

La Long Kesh de Bobby Sands, entre los penales inspiradores

El propio García Valdés concretó que para diseñar el entramado de Herrera se tuvieron en cuenta los modelos de la cárcel de Albany, en la isla de Wright (Inglaterra), Nordtälpe (Suecia), Stanmmheim (Alemania) y Long Kesh (norte de Irlanda). En el Bloque H. de esta última ayunaría hasta morir el preso del IRA Bobby Sands en 1981. Indica Parra que «en la época se estaba produciendo un cambio en la cultura del control punitivo hegemónico, como señalan los estudios de David Garland. Se produjo un declive del ideal de rehabilitación y el castigo apareció de nuevo como un propósito respetable para la opinión pública».

Geográficamente Herrera estaba en medio de la nada (el núcleo más importante, Manzanares, distaba diez kilómetros), pero aparecía bien comunicada con Madrid, lo que facilitaba traslados de presos a la Audiencia Nacional o irrupciones policiales «en corto espacio de tiempo», destaca el autor. El presupuesto fue «enorme» para la época, 600 millones de pesetas, y en la construcción participaron 600 trabajadores, incluidos 60 presos en tercer grado. El muro que la circundaba tenía tres metros de profundidad y estaba relleno de hormigón para impedir cualquier fuga.

Malos tratos desde el principio

Los malos tratos a prisioneros fueron una constante desde el inicio, hasta el punto de que hubo funcionarios que denunciaron la actitud de sus compañeros. Uno de ellos, José Antonio Álvarez Tutor, lo describió así: «Los presos venían bastante asustados. Había esperándoles muchos funcionarios, que los trataron de forma dura y despótica. En el patio ya se les pegaba continuamente. Yo no ví que los funcionarios formaran un túnel, sino que allí cada uno pegaba a su aire, usando las porras (...) Se les pateaba literalmente. En los cacheos se les obligaba a abrir exageradamente las piernas y a apoyarse sobre los índices, y siempre había algún gracioso que tiraba de una de las piernas, por lo que los internos caían al suelo (...) Yo observé cómo presos, al cabo de tres meses en Herrera de la Mancha, estaban deshechos. Les ví entrar allí con 25-28 años y al poco tiempo aparentaban 45».

Ya en 1981 se procesó a doce carceleros. Tres fueron absueltos y nueve condenados, si bien solo por «rigor innecesario» y no por «malos tratos o tortura». En total, 23 años y diez meses de suspensión, pero ni un día de cárcel.

Los GRAPO y el primer muerto: «Kepa» Crespo Galende

El choque de los GRAPO con el sistema carcelario era frontal y había derivado en la muerte a tiros del director general de Instituciones Penitenciarias, Jesús Haddad, en marzo de 1978 en Madrid. Aunque fue la fuga de cinco presos de Zamora en diciembre de 1979 la que desencadenó el traslado inmediato a Herrera de los prisioneros de esta organización y del PCE (r). Allí permanecerían hasta la llegada de los de ETA en 1983. A Enrique Galavís, también responsable de II.PP. en aquella época, le atribuye el libro la frase: «A los ‘grapos’ habrá que meterles en cajones de cemento».

Entre 20 y 40 de ellos estuvieron encerrados en el penal manchego en esos años. Uno no salió con vida: la huelga de hambre en denuncia del aislamiento o las palizas en Herrera, paralela a la que realizaban Sands y sus compañeros en Irlanda, fue llevada hasta la muerte por Juan José Crespo Galende, que expiró en el hospital el 8 de junio tras 86 días sin ingerir alimento sólido alguno. «Kepa» había nacido en Abanto 26 años antes. «Quién podrá resistir esa mirada», escribió Alfonso Sastre en su obituario, ilustrado con la foto de Crespo moribundo. El régimen se suavizó un tanto, pero los GRAPO siguieron en Herrera hasta que se decidió vaciar el penal para dar cabida a los de ETA.

Los presos de ETA, de Soria a Herrera, pasando por Puerto

Si los presos de los GRAPO estaban en lucha en Herrera, los de ETA lo hacían en Soria, con iniciativas tan impactantes como el corte de venas colectivo de 1979. «A partir de junio de 1980, el Gobierno comenzó a barajar la posibilidad de trasladarlos más lejos. Aquel fue precisamente el año en que tuvieron lugar mayor número de atentados por parte de la organización –recuerda Parra–. Un año más tarde, en julio de 1981, 120 internos fueron llevados a El Puerto de Santa María, a unos 1.000 kilómetros de sus hogares, mientras que el resto se quedaron en Soria y Carabanchel, a excepción de las mujeres, custodiadas en Yeserías. El número total de reclusos relacionados con ETA había aumentado desde los 170 en enero de 1980 hasta los 350 de mayo del año siguiente».

‘‘Punto y Hora’’ publicó el régimen de vida aplicado en Herrera a finales de 1983. El control opresivo queda de relieve en normas como «no podrán tener en la celda más de cinco libros», «dispondrán de un día a la semana de agua caliente» o «usarán de forma obligatoria audífono para escuchar el transistor». Los vis a vis estaban prohibidos, las conversaciones se grababan y las cartas estaban restringidas a dos hojas por semana.

Joseba Asensio, un fonendoscopio para una tuberculosis

Mediada ya la década de los 80 se iban a empezar a concatenar las muertes de presos vascos en Herrera, tras la de Crespo Galende en 1981. Joseba Asensio Kirruli sería hallado muerto en su celda el 8 de junio de 1986, con apenas 27 años y cuando ya estaba a punto de concluir su condena.

Los forenses pusieron en evidencia que lo mató la desasistencia más que la tuberculosis. Esto decía su informe: «En la cárcel solo cuentan con fonendoscopios y para estos casos es absolutamente imprescindible la realización de pruebas radiológicas y otras complementarias que puedan derivarse (...) Al no habérsele detectado la enfermedad por falta de medios adecuados no se adoptaron las medidas oportunas para atajar la infección pulmonar que padecía desde 1981».

La jefa del servicio sanitario de la prisión fue juzgada con petición fiscal de seis años, que la acusación particular subía a ocho. Admitió que le había recetado un medicamento entendiendo que tenía catarro. Se probó también que no había un solo médico en prisión cuando Kirruli fue hallado muerto. Nuria Castro salió absuelta, pero el fallo precisamente probaba la desasistencia. En un alarde de absurdo, la exculpaba porque con un fonendoscopio era imposible detectar la tuberculosis, «que se ve, pero no se oye».

Mikel Lopetegi, una muerte más que anunciada

Si el fallecimiento de Asensio se debió a una enfermedad no detectada, la de Mikel Lopetegi fue una auténtica muerte anunciada. Sus problemas síquicos habían sido denunciados ya en 1984 por la asamblea de electos de Sakana y detallados por sus familiares en ‘‘Punto y Hora de Euskal Herria’’ poco más tarde. Aguantó hasta una madrugada de marzo de 1988, en que se ahorcó en su celda. Para el autor de este libro, «Mikel Lopetegi se convirtió en el símbolo de los efectos de la máxima seguridad en los internos vascos. Cuando se debatía sobre este régimen, las referencias al tolosarra eran constantes, como sucedió en la Semana de las Cárceles de Máxima Seguridad de abril de 1984». Cuatro años antes, nada menos.

Su fallecimiento ocurrió, además, en plenas conversaciones de Argel y en medio de la ofensiva estatal por la «reinserción» para romper el Colectivo, por lo que agudizó debates y fue pasto de intoxicaciones.

Juan Carlos Alberdi, el tercero en apenas 24 meses

No habían pasado dos años de la muerte de Asensio ni cuatro meses de la de Lopetegi cuando también en Herrera murió Juan Carlos Alberdi Krakas. Tampoco se le había diagnosticado ninguna enfermedad, pero con apenas 30 años le sobrevino un edema pulmonar fatal. Los peritos del Instituto Nacional de Toxicología afirmaron que la asfixia consiguiente resultó determinante y que no se pudo hacer nada por su vida. El concepto «cárceles de exterminio» se extendió por Euskal Herria ante la terrible evidencia de lo que ocurría en el penal manchego.

Marchas a Herrera, explosión de solidaridad y denuncia

Rebobinemos algunos años para retroceder a 1984. Esa Navidad fue la primera en que se organizó la Marcha a Herrera, con el fin de arropar la lucha emprendida por los presos vascos en denuncia del régimen de vida en la cárcel. La iniciativa fue creciendo año a año, incluso aunque después de 1989 –con el inicio oficial de la dispersión– el número de prisioneros vascos allí fuera mermando de forma importante.

Así, a finales de década congregaba a unas 10.000 personas, que hacían llegar su solidaridad al otro lado de los muros de todas las formas sonoras posibles (fue mítico el concierto de Negu Gorriak en 1990) frente a un cordón imponente de guardias civiles a caballo. La última convocatoria de Gestoras pro-Amnistía se produjo en 1992 y reunió todavía a 8.000 vascos desplazados en autobuses. Para entonces Herrera ya había perdido cierta referencialidad frente a otros penales como Salto del Negro, en las Canarias. Y diversas policías, de la Guardia Civil a la Ertzaintza, utilizaban los desplazamientos para «fichar» a todos los participantes.

Y cuatro décadas después, aún mucho silencio

Pasadas cuatro décadas de la construcción de Herrera de la Mancha, la cárcel es hoy una más dentro del sistema español. Apenas encierra en la actualidad a siete vascos de los más de 200 alejados y dispersados por el mapa ibérico. Pero queda mucho por saber de aquella época. De hecho, el autor denuncia en el prólogo que «no nos ha sido posible acceder al archivo de Herrera de la Mancha con el fin de consultar información relativa a esos años generada desde la dirección de la cárcel. Se realizó una petición al propio centro, que nos remitió a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que no nos proporcionó respuesta a nuestra petición escrita, mientras que las llamadas telefónicas fueron despachadas con evasivas. Tampoco hemos podido hablar con funcionarios que trabajaban en la prisión en aquellos años, ya que nos pedían una aprobación de Madrid que nunca llegó».






°

viernes, 16 de agosto de 2019

Las Tripas de los Etarras

Hablando de respeto a las víctimas, que les parece esto que nos reporta Hala Bedi.

No olviden que se trata de ejecuciones extrajudiciales y que Amnistía Internacional las cataloga lo mismo como violación a derechos humanos que como crimen de lesa humanidad.

Lean:


Hace 28 años la Guardia Civil asesinó en Donosti al vecino de Urbina y militante de ETA Iñaki Ormaetxea Antepara junto a otros dos compañeros. Dos Guardias Civiles relatan como los asesinaron y, sin ningún tapujo, alardean de los asesinatos: "Yo tuve el placer de escupir a las tripas de los etarras”, afirman. "A esos ya nunca los va a llevar Pedro Sánchez a su casa; ya no tendrán ni gusanos, fueron vilmente acribillados”.

Se cumplen 28 años desde que la Guardia Civil asesinó en Morlans al vecino de Urbina y militante de ETA Iñaki Ormaetxea Antepara junto a otros dos compañeros. Dos Guardias Civiles relatan como los asesinaron y, sin ningún tapujo, alardean de los asesinatos: “Yo tuve el placer de escupir a las tripas de los etarras”, afirman. “A esos ya nunca los va a llevar Pedro Sánchez a su casa; ya no tendrán ni gusanos, fueron vilmente acribillados”.

Era el 17 de agosto del año 1991. Ese día, fue fue el último de la vida de Iñaki Ormaetxea Antepara, Patxi Itziar y Jokin Leunda. Los tres militantes de ETA fueron asesinados en Morlans (Donostia) a consecuencia de los disparos de la Guardia Civil. Los tres militantes presentaban impactos de bala disparados a escasa distancia. Los tribunales comenzaron a investigar, pero archivaron la causa con rapidez. El primero de los tres, Ormaetxea, era vecino de la localidad alavesa de Urbina. Tenía tan solo 24 años de edad.

A primera hora de la tarde, la Guardia Civil rodeaba la casa Tolaretxe, situada en la parte alta del barrio de Morlans y comenzaba un asalto que se prolongó durante unas cuatro horas.  La operación de la Guardia Civil se caracterizó por el empleo de abundante armamento, incluidas granadas y botes de humo que lanzaron al interior de aquella vivienda con el objetivo, supuestamente, de hacer salir a quienes se encontraban en la casa.

El entonces director de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuyas actividades corruptas todavía no eran conocidas públicamente, viajó hasta Donostia para comparecer ante los medios de comunicación en el Gobierno Civil, y destacar la importancia de la operación que acababa de llevar a cabo el instituto armado español.

Las familias de los fallecidos, HB y Gestoras pro-Amnistía se encargaron de desmontar la versión oficial difundida por el Gobierno Civil de Gipuzkoa. Iñaki Ormaetxea apareció en el baño con dos impactos en zonas no vitales y otra herida en la cara que le fracturó la base del craneo y le ocasionó la muerte. Este último disparo fue realizado a unos 25 centímetros.

El Juzgado de Instrucción número 1, dirigido por Fernando Andreu, abrió diligencias previas sobre la actuación de la Guardia Civil y siete agentes estuvieron procesados. Sin embargo, el Gobierno Civil de Gipuzkoa parecía preocupado por otra cosa: su reacción fue enviar a la Fiscalía las declaraciones de los portavoces de HB en los que denunciaban la actuación de la Guardia Civil.

Finalmente, Andreu ordenó el archivo de las diligencias en noviembre de 1993, al considerar que “no se han encontrado indicios racionales de criminalidad contra persona alguna como personalmente responsable de las tres muertes”.

“‘Cuidado con los boinas verdes, tiran a matar’. Y era así”

27 años después, el periódico digital El Español ha entrevistado a dos de los Guardias Civiles que asesinaron a Ormaetxea y sus dos compañeros. “Si tenía que caer alguien, caíamos nosotros; el objetivo era la Guardia Civil, pero el miedo nos lo tenían a nosotros”, explica Paco, legionario antes que Guardia Civil. “Nunca pudieron con nosotros, nunca”, insiste. “Le supimos hacer frente”, apunta José Luis, el otro Guardia Civil. “En sus cartas decía: ‘Cuidado con los boinas verdes, tiran a matar’. Y era así”, menciona José Luis.

Los dos narran que era habitual abrir fuego contra militantes de ETA, como el día que murieron estos tres miembros del comando Donosti en Morlans. Tanto Paco como José Luis añaden un testimonio sin ningún tapujo. “Yo tuve el placer de escupir a las tripas de los etarras”, afirman. “A esos ya nunca los va a llevar Pedro Sánchez a su casa; ya no tendrán ni gusanos, fueron vilmente acribillados”.

“Se disparaba sin mirar”, asegura José Luis. “¡En las paredes había más de 600 impactos de bala!”, detalla. “Había compañeros que llevaban las tripas de los etarras en los tacones de las botas, se las hundieron en el pecho”. “Mira, se me pone la carne de gallina”, añade.

Además, la operación, seguida de cerca por el por entonces director general de la Guardia Civil, Luis Roldan, terminó con los agentes abrazándose, según relatan en la entrevista.






°