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sábado, 30 de agosto de 2025

Egaña | El Marco Moral Europeo

Desde su perfil de Facebook nuestro amigo Iñaki Egaña hace cera y pabilo de sus paisanos europeos con este texto en el que no se salva nadie.

Adelante con la lectura:


El marco moral europeo

Hace ahora doce años, Europa, o al menos una parte de ella, hizo un par de reverencias de vasallo en las que llegó a tocar el suelo con su testuz. Sin inmutarse. Su señor, como desde el fin de la Segunda Guerra mundial, era Washington. Y en ambas ocasiones, a pesar de las circunstancias supuestamente adversas para sus intereses, la Unión Europea agachó la cerviz. En aquel verano de 2013, diversas filtraciones confirmaron que EEUU espiaba a gobiernos e instituciones europeas a través de un sistema llamado Prism. Barack Obama y Angela Merkel se reunieron para aplacar enfados y ofrecer unas explicaciones inexplicables. Condena del Parlamento europeo del espionaje y pelillos a la mar.

Coincidió que en Moscú se celebraba simultáneamente una cumbre de estados exportadores de gas. En esas fechas, Edward Snowden se encontraba aparcado en el aeropuerto de la capital de la Federación rusa, a la espera de la decisión del Gobierno de Putin sobre su decisión de asilo. Él fue, probablemente, quien filtró que EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda espiaban a ciudadanos de todo el mundo, incluidos gobiernos, que robaban roban datos a escala planetaria y los utilizaban para sus propios fines. Washington había puesto precio a su cabeza, al igual que a la de Julian Assange que entonces se encontraba ya en la embajada de Ecuador en Londres.

Sucedió que a Evo Morales, presidente entonces del Estado Plurinacional de Bolivia y presente en la cumbre, se le ocurrió decir que en caso de que Snowden solicitara asilo en su país, se lo pensaría. Suficiente para que los analistas de la CIA o de la NSA, desconozco si los mismos que “descubrieron” armas de destrucción masiva en Irak, supusieran que en el viaje de vuelta a La Paz, Morales se llevaría en su avión a Snowden. Partió el aparato de Moscú y de inmediato el avión presidencial boliviano recibió la negativa de Italia, España, Francia y Portugal para que sobrevolara su espacio aéreo. Sin confirmar, algunas noticias de entonces sugirieron que Madrid intentó que el avión aterrizara en Canarias para que fuese el CNI o la Guardia Civil quienes descubrieran a Snowden acurrucado bajo el asiento de Evo. Mariano Rajoy, Pedro Morenes y Jorge Fernández Díaz eran la cúpula gubernamental, así que todo era posible. El avión de Morales aterrizó finalmente en Viena y el presidente estuvo retenido 13 horas hasta que los agentes no encontraron pista del supuesto fugado. Snowden seguía en Moscú, consiguió un permiso temporal de residencia, hasta que en 2022 se nacionalizó ruso.

Estos dos actos coincidentes de servilismo se han repetido en décadas, hasta la última entrevista de Úrsula von der Leyen con Donald Trump, estableciendo un “acuerdo económico” despreciable desde cualquier ángulo que hipotecará el futuro de los europeos de la Unión en los próximos años. Mark Rutte, ex primer ministro de Países Bajos y hoy secretario general de la OTAN, llamando “papá” a Trump escenifica en una expresión la infamia sistémica. Y, en esta deriva, pocos se salvan de la quema. Para la mayoría, incluida esa izquierda moderna y posmoderna, la Unión Europea iba a ser la panacea y la tabla de salvación para la economía mediterránea atrasada con respecto al motor alemán. Cuando el Parlamento español ratificó la firma del Tratado de Maastricht (Unión Económica, Política Exterior y Seguridad Común), únicamente tres parlamentarios del conjunto del hemiciclo votaron en contra del acuerdo de las elites. Los tres diputados que entonces tenía Herri Batasuna en Madrid. Las críticas abertzales se refirieron a una construcción económica gestionada por las elites capitalistas, marginando a los intereses de la clase trabajadora. El tiempo les dio la razón.

Hoy, sin embargo, manteniendo la reprobación a la sumisión y a la construcción económica y seguritaria de la Unión Europea, el hecho referencial se centra en una calificación que alcanza a las anteriores, Europa como cuna de las derechos humanos. Una ilusión forjada a través de la memoria de salón, a pesar de hayan existido decenas de experiencias abortadas comenzando por la Comuna de París. Una ficción que ha generado en las elites políticas y académicas una especie de superioridad moral que no se corresponde en los tiempos que vivimos con la realidad. Apoyando el genocidio en Palestina y alargando la guerra en Ucrania por intereses inexplicables. La Unión Europea y el Reino Unido están repitiendo su propia historia: exterminar durante siglos a los pueblos del planeta susceptibles de extraer sus recursos.

Este marco moral, asentado en una supuesta defensa de los derechos humanos, no tiene ni pies ni cabeza, porque la validez de los mismos ha estado y está sujeta a los valores económicos. Los 300.000 millones de dólares de los activos soberanos rusos congelados por la Unión Europea (principalmente en Bélgica y Francia), motivo de negociación en Alaska entre Putin y Trump, concitarán un nuevo crack, si como exige Washington, el embargo se levante con la condición de que parte de los mismos sea invertido en EEUU. ¿Qué pasará con París y Londres cuando se descubra que echaron mano de los activos congelados y no puedan devolverlos en su integridad? ¿Alargarán la guerra en Ucrania hasta el colapso? ¿O inventarán otro conflicto bélico en los Balcanes con una nueva fábula como la de las armas de destrucción masiva? ¿Dónde saquear? Pocos derechos humanos en la agenda.

La hipocresía con respecto a Palestina no tiene nombre. La citada Von der Layen, tal y como Berlín, París o Londres, derraman lágrimas de cocodrilo y muestran su supuesto malestar por la muerte por hambruna de centenares de niños. Mientras, un 5% del PIB para armamento y un soporte monumental a la estrategia genocida de Tel Aviv. El escenario está servido: polarizar para inflamar. No son buenos los presagios y aunque la historia no se repite ni siquiera como farsa, el futuro cercano incendia ya el presente. Y lo peor, que no sé si somos conscientes de ello.

 

 

 

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sábado, 5 de julio de 2025

Egaña | La Narrativa y el Relato

Recuerden, ser crítico requiere entender que una cosa es lo que ha ocurrido y otra cosa es como te cuentan lo que ha ocurrido.

Los españoles y sus lacayos vascos vinculados al régimen han sabido ser dignos émulos de Joseph Goebbels.

Ante esto, les dejamos con este antídoto publicado por Iñaki Egaña en su muro de Facebook:


La narrativa y el relato

Iñaki Egaña

Dos semanas después de la Conferencia de Paz realizada en Aiete (Donostia) y presentada por Kofi Annan -ex secretario general de Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz-, el jefe de la sección política de El Correo, lanzaba una de las primeras andanadas de la que se convertiría en un clásico: la batalla del relato. Tres días más tarde de la Conferencia de Aiete, ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada. Antonio Santos, el jefe de la sección política del citado diario, periódico por cierto promotor del bulo de que la ponencia Oldartzen de Batasuna era el génesis de la “socialización del sufrimiento”, comenzaba su artículo con otro clásico, una frase pronunciada “por un dirigente de la izquierda abertzale a un círculo reducido de personas”. Propaganda de trinchera habitual en numerosos medios al citar, en las últimas décadas, el conflicto. Santos señalaba entonces -2011- que se abría una fase clave en “Euskadi”, la de “fijar una narración de lo que ha sucedido en el País Vasco durante el medio siglo de existencia de la organización armada”. Y que en esa que llamaba partida de ajedrez, habría dos interpretaciones. La primera la de Batasuna y ETA en cuyas redes, -escribía el redactor- habían caído Kofi Annan y el resto de protagonistas de Aiete. Y la segunda, la del PP y PSOE, “y también el PNV” (sic) , la de que ETA “trató de derribar con las armas el Estado democrático”.

Una reflexión, en línea con ese mantra que me tocó escuchar en Madrid en varias ocasiones con motivo de los primeros encuentros entre asociaciones y formaciones políticas cuando se gestaban los debates sobre lo que sería la memoria democrática. Unos años antes de Aiete, y simultáneamente al cierre de Egunkaria y a las torturas a los detenidos en aquella operación policial, delegados de aquel grupo político que con Zapatero llegaría a la Moncloa, estimaban que remover con excavaciones y estudios la barbarie franquista era abrir un avispero incontrolable. Y que no hacerlo, como proponían, era irrelevante. “Porque España es un Estado de derecho que nadie cuestiona”. Algo similar está ocurriendo en la actualidad con el hecho sistemático de la tortura: oposición a su visualización, porque pondría en entredicho la cita recurrente: España es un estado de derecho que nadie cuestiona. Es decir, por encima de la verdad y la memoria, objetivos a priori universales para la convivencia, se encuentran los de la oportunidad política y coyuntural y, cómo no, la defensa de la Razón de Estado, argumento que justifica los medios ilícitos, la propaganda en lugar del periodismo, el enroque en la defensa de contenidos suprapartidistas e inmutables.

La puesta en marcha de aquella expresión, que en un comienzo tuvo derivadas como “la batalla de la opinión”, llegó para quedarse. Sin una hechura académica excesivamente elaborada, porque el control de la narrativa era una cuestión de primera línea desde que un actor de Hollywood como Ronald Reagan llegara a la presidencia de EEUU, allá por 1981. Desde entonces, la narración se ha convertido en el centro de las ciencias políticas y domina desde las campañas hasta el ejercicio del poder y, como hemos observado en conflictos recientes, también las situaciones de crisis internacional. No importa la verdad, sino cómo un acontecimiento pasa al presente o a las siguientes generaciones. Se trata de transformar la opinión de las personas, incluso su forma de vida, a través de un método llamado Storytelling -narrativa atrapante de sucesos-, la forma de contar eventos para enganchar emocionalmente al receptor.

El planeta, al menos en Occidente, no funciona por principios empíricos, sino de nuevas realidades construidas una y otra vez que finalmente desembocan en un único relato, el oficial, el surgido desde el poder. En el caso hispano, de la narrativa sustentada, -escribía recientemente Jonathan Martínez-, “por un contingente de cámaras y estudios de televisión, por los más flamantes periódicos y emisoras, por legisladores de moral asimétrica, por el búnker jurídico y las cloacas más abisales del Estado”. El ensayista francés Christian Salmon describió la técnica como “una máquina de fabricar historias y formatear mentes”. Siguiendo su estela recomiendo sus dos últimos libros (sin traducción al castellano): “La tyranie des bouffons” y “L´Empire du discrédit”. Encontrarán en ellos las derivas fantasiosas de Trump, Milei o Aznar: “Nunca los bufones y los payasos habían tenido tanta influencia en la vida política".

Volviendo a la expresión cercana “batalla del relato”, considero que debería ser desterrada de los enunciados entre grupos y personas que actuamos en escenarios tanto públicos como privados relacionados con la memoria. Por una simple razón. Batalla o guerra son conceptos bélicos. Ya escribió Sun Tzu hace 25 siglos que la “guerra es el arte del engaño”. Y el relato, convertido en marketing, es una de las cuatro patas de cualquier Ejército: aviación, marina, tropa terrestre y… propaganda (mestizada con la desinformación). Las armas de destrucción masiva y la recuperación de la democracia fueron las fuentes argumentales para la destrucción de Irak, el temor a una invasión rusa (antes soviética) la explicación para elevar la inversión armamentística de la Unión Europea, la infiltración en las filas del hambre en Gaza la excusa para matar niños por el Ejército israelí.

Esta visión bélica lleva a una simple conclusión asimismo castrense. La retórica de vencedores y vencidos. La misma que utilizó el primer alcalde franquista cuando sus tropas entraron en el Bilbao republicano. Una narrativa que se impondrá sobre la otra. Y no se trata precisamente de eso. Se trata de edificar una memoria, en la medida compartida o al menos surgida de unos mismos cimientos, sustentada en la verdad y el reconocimiento. Así construiríamos una memoria prospectiva, la memoria del y para el futuro. Y sembrando para que así sea, sin lemas bélicos.

 

 

 

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lunes, 12 de mayo de 2025

Cierre de Ciclo del PKK

Causó gran sorpresa el llamado por parte de Abdullah Öcalan al PKK invitándolos a cerrar la etapa de la lucha armada apenas el pasado febrero.

Naiz trae a nosotros la respuesta por parte del Partiya Karkerên Kurdistanê:


El PKK anuncia el fin de 40 años de lucha armada: «La misión histórica se ha completado»

Un nuevo tiempo se abre en Kurdistán tras la decisión del PKK de abandonar la lucha armada y emprender su disolución, conocida este lunes y fruto del llamamiento hecho por Abdullah Öcalan en febrero. «El legado se desarrollará con más firmeza a través del método político democrático», concluye.

Dabid Lazkanoiturburu

La guerrilla kurda del PKK ha anunciado este lunes su disolución y el fin de la lucha armada que inició contra el Estado turco hace 40 años y que ha dejado unos 45.000 muertos, respondiendo así al llamamamiento que hizo a finales de febrero desde la cárcel el fundador y líder de la organización Abdullah Öcalan.

La decisión se ha tomado en el XII Congreso recientemente celebrado, la asamblea que pidió su líder encarcelado en Imrali,  en un histórico llamamiento a la disolución.

En una declaración escrita emitida el pasado viernes, la Presidencia del XII Congreso del PKK anunció que la asamblea se celebró «con éxito» entre el 5 y el 7 de mayo «en las zonas de defensa de Medya», en las montañas del Kurdistán Sur, bajo la administración autónoma kurda en Irak.

Según el partido kurdo, el congreso se llevó a cabo en dos zonas diferentes de forma paralela, «con la participación de delegados y delegadas de todas las ramas del partido». Y en ella hubo algún tipo de «comunicación técnica» del propio Öcalan.

El histórico llamamiento del líder kurdo se produjo en febrero pasado, en un contexto marcado entre otras cosas por el genocidio en Palestina y el giro producido en Siria.

«Todos los grupos deberían abandonar las armas. El PKK debería disolverse. Hago este llamamiento y asumo la responsabilidad histórica», afirmó Öcalan en un mensaje leído en una rueda de prensa por miembros del Partido Popular por la Igualdad y la Democracia (DEM), la formación progresista y prokurda, que se reunieron con él en la isla-prisión de Imrali, donde cumple cadena perpetua desde 1999.

Este proceso había empezado a salir a la luz en octubre del pasado año, cuando el diputado Devlet Bahçeli, líder del partido ultraderechista MHP y aliado del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, propuso que Öcalan acudiera en persona al Parlamento para pedir públicamente el fin de la violencia y proclamar la disolución del PKK. A la vez, el Gobierno turco enviaba un gesto permitiendo, por primera vez en años, una visita al líder kurdo -primero familiar y luego política-.

El mensaje

La decisión anunciada este lunes tiene estos términos concretos: «El 12º Congreso del PKK ha decidido disolver la estructura organizativa y poner fin a la lucha armada, en el marco del proceso práctico que será gestionado y encabezado por nuestro líder 'Apo' -apodo de Ocalan que significa 'tío' en kurdo-», ha dicho el grupo en un comunicado, según ha recogido la agencia kurda de noticias Firat, vinculada a la formación.

Así, ha recalcado que el congreso ha decidido «poner fin a los trabajos llevados a cabo en nombre del PKK», antes de destacar que la decisión deriva de la estimación de que «la lucha del PKK ha roto la política de negación y aniquilación contra nuestro pueblo, llevando el asunto kurdo a un punto en el que puede resolverse a través de la política democrática».

«En este sentido, se ha completado la misión histórica del PKK», ha sostenido, al tiempo que ha hecho hincapié en que el congreso pudo celebrarse «de forma segura, a pesar de las difíciles condiciones por la continuación de los enfrentamientos y la continuación de los ataques terrestres y aéreos», así como «el cerco a las zonas (bajo control del PKK) y el embargo por parte del Partido Democrático del Kurdistán (PDK)», en referencia al partido gubernamental en la parte irakí.

El PKK ha subrayado que en el congreso participaron 232 delegados y ha ensalzado que en el mismo «se han adoptado decisiones históricas que marcan el inicio de una nueva era para el movimiento por la libertad», antes de defender que durante estos años de operaciones «llevó a cabo una lucha legítima y justa» basada en «el derecho de autodeterminación».

En su repaso histórico, se constata que «el PKK fue delineado en unas condiciones dominadas por una estricta negativa de lo kurdo y políticas de aniquilación, genocidas y de asimilación», de modo que la lucha armada iniciada en 1978 ha buscado «establecer la existencia kurda y ver el asunto kurdo como una realidad fundamental en Turquía».

«Como resultado de la lucha llevada a cabo de forma exitosa a partir de esta base, se materializó una resurrección de la revolución en nombre de nuestro pueblo y (el PKK) se convirtió en el símbolo de esperanza y libertad, así como en la búsqueda de una vida honorable para los pueblos de la región», añade la declaración.

El grupo ha recordado que, ya en los años noventa, Öcalan anunció un alto el fuego para iniciar un proceso de paz, pero fue «saboteado» con la «eliminación» por parte del entonces presidente turco, Turgut Ozal, lo que derivó en que las autoridades turcas «recrudecieran la guerra al insistir en la política de negación y aniquilación de los kurdos».

«Miles de aldeas fueron evacuadas y quemadas. Millones de kurdos fueron desplazados de sus hogares, decenas de miles fueron torturados y encarcelados y miles fueron masacrados sin motivo. En respuesta, en movimiento de la libertad creció de forma cuantitativa y cualitativa y la guerra de guerrillas se propagó por el Kurdistán y Turquía», ha explicado.

Así, ha sostenido que, en esta etapa, «la guerra se convirtió en la opción básica para ambas partes», lo que provocó que «los esfuerzos de 'Apo' para resolver el problema kurdo a través de métodos democráticos y pacíficos no fueran fructíferos», una situación que se ahondó con el encarcelamiento de Ocalan en 1999 en una prisión en la isla de Imrali.

La postura de Öcalan

El grupo ha resaltado que, a pesar de que su líder fue encarcelado «en absoluto aislamiento», mantuvo desde prisión «su insistencia en resolver el problema kurdo a través de medios democráticos y pacíficos», impulsando «un paradigma democrático, ecológico y de liberación de las mujeres», a través del modelo impulsado por Öcalan en sus textos, conocido como confederalismo democrático.

«Tomando como referencia el periodo anterior al Tratado de Lausana y la Constitución de 1924, en la que las relaciones kurdo-turcas se convirtieron en problemáticas, el líder 'Apo' adoptó la perspectiva de la República Democrática de Turquía, en la que la patria común y los pueblos kurdo y turco son los elementos fundadores», ha argumentado.

«Las rebeliones kurdas que se han sucedido durante la historia de la República, los mil años de relaciones históricas entre kurdos y turcos y los 52 años de lucha del líder han demostrado que el problema kurdo solo puede ser resuelto a través de la base de la patria común y la igualdad en la ciudadanía», ha defendido.

Marco de «Tercera Guerra Mundial»

En este sentido, ha incidido en que «los actuales acontecimientos en Oriente Próximo, en el marco de una Tercera Guerra Mundial, hacen inevitable el reconocer las relaciones kurdo-turcas» antes de adelantar que el «honorable» pueblo kurdo, «que participó en la marcha de 52 años del líder sufriendo un gran coste y resistiendo las políticas de negación, aniquilación, genocidio y asimilación, abrazará la paz y el proceso democrático de forma consciente y organizada».

«Tenemos una fe absoluta en que nuestro pueblo entenderá mejor que nadie la decisión de disolver el PKK y poner fin a la lucha armada y que acometerán los deberes de la lucha armada para construir una sociedad democrática», ha apuntado, antes de decir que «es de vital importancia que el pueblo establezca sus propias organizaciones en todos los sectores de la vida, bajo el liderazgo de las mujeres y los jóvenes».

Así, ha puntualizado que es necesario «organizarse para ser autosuficiente con sus lenguas, identidades y culturas para convertirse en una autodefensa frente a los ataques y construir una sociedad comunal democrática». «Creemos que los partidos políticos, las organizaciones democráticas y los líderes de opinión cumplirán su responsabilidad a la hora de desarrollar la democracia kurda y garantizar la formación de una nación kurda democrática», ha aseverado.

El grupo ha insistido por ello en que «el legado de la historia de libertad, que ha pasado a través de la lucha y la resistencia, se desarrollará con más firmeza a través del método político democrático», con el objetivo de «materializar el futuro de un pueblo que se desarrolle a partir de la libertad y la igualdad».

«La decisión de nuestro congreso de disolver al PKK y poner fin al método de la lucha armada supone un firme pilar para una paz permanente y una solución permanente», ha defendido, antes de pedir al Parlamento de Turquía que «juegue su papel, con una responsabilidad histórica», para impulsar este proceso, que pasa por la excarcelación de Öcalan -quien pidió el 27 de febrero la disolución de la formación- para que «encabece dirija este proceso».

 

 

 

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viernes, 27 de diciembre de 2024

Sare | Acelerar, para Culminar

Les compartimos esta misiva publicada en las páginas de Noticias de Navarra por parte de Sare en la que se expone la necesidad de atender el tema pendiente de los represaliados políticos vascos que tras años de la culminación del desarme de ETA continúan siendo machacados un día sí y otro también por las instituciones españolas.

Adelante con la lectura:


Acelerar, para culminar

Mikel Mundiñano Larraza, Beñat Uribe-Etxeberria, Eñaut Landa, Xabi e Iñaki Bidaurre, Naikari Iturbe, Ion Marauri, Bego Atxa y Joseba Azkarraga | Miembros del Elkargune de Sare Herritarra

El tiempo, la distancia, y el mirar a lo que está sucediendo en el mundo, ayudan a ponderar en su justa medida la dimensión de los cambios operados en la vida política y social vasca en los últimos quince años. Que en medio de una escalofriante escalada belicista a nivel planetario que oscurece con los más negros nubarrones imaginables el horizonte de la humanidad entera; el que un conflicto de profundas raíces históricas como el vasco haya encontrado un sólido cauce de canalización política y haya sido capaz de eliminar de la ecuación muchos de los factores que durante décadas han sido fuente de trágicos y multilaterales sufrimientos, hay que ponerlo en valor.

Sobre todo, para tomar consciencia de que los cambios de los que hoy “disfruta” la sociedad vasca no son cambios que hayan caído del cielo. No. Los factores generadores de sufrimiento que han ido paulatinamente desapareciendo de la ecuación política vasca han ido despejándose gracias al encomiable esfuerzo de muchas personas y agentes que, durante todos estos años, han sido capaces de salir de sus particulares “zonas de confort político” para explorar en espacios de colaboración no sólo con las y los diferentes sino también, y, sobre todo, con los y las contrarias. Espacios capaces de concebir soluciones colectivas e imaginativas a problemas largamente enquistados. Un ejercicio éste no exento de riesgos, y muy poco agradecido muchas de las veces. Sobre todo, por parte de las respectivas “hinchadas”, más acostumbradas a buscar razones que retroalimenten su arsenal argumentario que a comprometerse en vías de acuerdo que siempre obligan a dejar pelos en la gatera.

Cierto que en el caso vasco los pasos dados en el camino hacia las soluciones han contado con el apoyo abrumadoramente mayoritario de la sociedad vasca, que ha ido muy por delante incluso en su voluntad de superación de los problemas, señalando siempre el camino a agentes políticos y sociales. A la vista del camino ya recorrido, no cabe duda de que la sociedad vasca no solamente avala, sino que desea y exige un último esfuerzo colectivo para eliminar definitivamente de la ecuación política vasca los factores que a día de hoy siguen generando sufrimiento. En particular, las políticas de excepción que están ralentizando de forma exasperante e injusta los itinerarios de reintegración social y vuelta a casa de las presas y presos de motivación política y desterrar para siempre la utilización que del dolor y sufrimiento algunos hacen de las víctimas de todas las violencias. Las víctimas, de manera individual no están pidiendo venganza. Nos están diciendo a todos, respaldo y reconocimiento de su dolor. Y es eso lo que nos comprometemos a seguir haciendo.

Creemos que es momento de señalar a quien sigue empecinado en poner palos en la rueda de las soluciones. Es momento de decir alto y claro que las presiones para bloquear lo que debiera ser una dinámica normalizada de excarcelaciones no responden a las necesidades de ninguna víctima. Es una evidencia constatada que un avance en cualquiera de los temas de la agenda de resolución repercute positivamente en los demás. Porque da seguridad y confianza a los agentes que deben dar los pasos. Los impulsos de bloqueo obedecen pura y simplemente a intereses políticos partidistas. No es de recibo que sean precisamente quienes no han puesto nada de su parte para que las cosas cambien quienes exijan más y más condiciones a quienes desde hace ya tiempo avanzan en posiciones constructivas y de empatización con los demás sufrimientos. No es de recibo que quienes encendieron la mecha de la guerra global en las Azores, quienes mintieron de forma ignominiosa tras el 11-M, o quienes desaprovecharon oportunidades como la ventana diplomática abierta en Oslo, pretendan erigirse ahora en “tutores morales” del proceso de soluciones. Como artífices de aberraciones jurídicas como la Ley 7/2003, verdadera cadena perpetua encubierta, o de la ya felizmente superada Ley 7/2014 que ha privado a las y los presos vascos el acceso a las prerrogativas de cumplimiento de condenas vigentes en toda la Unión Europea, debieran ser ellos los primeros en hacer autocrítica y ofrecerse para allanar el camino a un escenario de paz y convivencia definitivos.

La sociedad vasca no está ya para más excusas ni para más dilaciones. Urge diligencia en el desmantelamiento de las políticas de excepción todavía vigentes. Se trata ni más ni menos que de adecuar el ordenamiento jurídico a la demanda mayoritaria de la sociedad. Se trata de ejecutar la ley atendiendo a criterios profesionales, sin privilegios, pero también sin discriminaciones. Se trata de culminar cuanto antes el camino iniciado hace ya quince años. Será una victoria colectiva. Una victoria a ofrecer a las generaciones venideras y también, en un momento crítico, al mundo entero. El 11 de enero lo volveremos a reclamar en las calles de Bilbo.





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jueves, 21 de noviembre de 2024

Eva Forest y el Macrojuicio 18/98

Volvemos la mirada al delirante macrojuicio 18/98 con este ejercicio de memoria reciente por parte de Naiz, quienes nos comparten este texto de Eva Forest publicado allá en 2005.

Atentos a lo ahí descrito por tan excelsa solidaria:


Artículo de Eva Forest en GARA con motivo del inicio del macrojuicio 18/98

Junto a la crónica del primer día del juicio por el macrosumario 18/98, GARA publicó un extenso artículo de Eva Forest en torno a esta causa judicial, contextualizándolo en la historia reciente de Euskal Herria y el carácter antidemocrático del Estado español y el régimen posfranquista.

Iker Bizkarguenaga

Coincidiendo con la crónica del inicio de la vista oral del macrosumario 18/98, Eva Forest (Barcelona, 6 de abril de 1928 - Hondarribia, 19 de mayo de 2007) publicó en GARA un extenso artículo de opinión en el que, con verbo afilado y mirada precisa, exponía el contexto en el que se iba a desarrollar el juicio y resumía los antecedentes políticos y sociales que le precedían.

«Cuando uno se acerca a observar aspectos concretos de este proceso tan destructivo, descubre la gran inmoralidad desde la que se han llevado a cabo», describía, y apostillaba que «contra la izquierda abertzale, una vez criminalizada como violenta y terrorista, se justifica todo».

Forest se hacía eco de los expertos que advertían de que «durante la instrucción del sumario se han cometido todo tipo de anomalías jurídicas» y que, «siguiendo un cauce normal, no podría conducir a ninguna parte», pero recordaba que «aquí nada es normal, de no ser la anormalidad».

Los 16 meses de andanzas de Ángela Murillo y sus correligionarios le dieron la razón a la añorada escritora y editora catalana.

Este es el contenido de aquel artículo de opinión:

Sería de reír si no fuera de llorar | Eva Forest

Los iraquíes, que son unos sabios de la resistencia, cuando nos describían el comportamiento y las atrocidades que cometían las fuerzas de ocupación, los inspectores, por ejemplo, abriendo a patadas las puertas de los laboratorios, en busca de sustancias para la elaboración de armas de destrucción masiva, o cuando negaban la compra de lápices para las escuelas porque el grafito podía emplearse como «material de guerra», solían hacer el relato en un tono mezcla de ingenuo asombro que traslucía una fina ironía, para terminar siempre con una frase muy expresiva que tiene su equivalente en castellano: «Sería de reír, si no fuera de llorar». De reír, porque no deja de ser cómico-grotesco que se destruya la polvera de una funcionaria del laboratorio argumentando que «esos polvos rosados podrían ser para la fabricación de explosivos»… Y de llorar porque a continuación el que ha dicho esto puede pegarte un tiro.

Este aspecto entre surrealista, kafkiano, grotesco-esperpéntico de algunas situaciones es muy propio de las democracias formales actuales en la medida en que hay un abismo entre lo que predican y lo que realmente hacen, abismo que tienen que estar equilibrando continuamente yendo de lo visible que muestran en el escaparate a lo que ocultan en la trastienda y no se debe mostrar. Con lo cual terminan cometiendo errores garrafales, que les muestran al descubierto.

Todo esto viene a cuento del macrojuicio que ahora se va a celebrar en Madrid. Un juicio en el que están procesadas –en esta primera fase, porque hay otras– 59 personas que, sin beberlo ni comerlo, se han visto implicadas de la manera más irregular y extraña. Dicen los entendidos que durante la instrucción del sumario se han cometido todo tipo de anomalías jurídicas. Y que siguiendo un cauce normal, no podría conducir a ninguna parte. Pero aquí nada es normal, de no ser la anormalidad. Y la experiencia nos dice que lo determinante va a ser la política, y emplear este juicio como mejor convenga en cada momento. Esto tiene también un gran peligro: que todo este teatro conduzca a una aberración final y que la sentencia siente jurisprudencia y que quienes se sientan hoy en el banquillo tengan que cumplir años de cárcel. Cosa muy grave. Un episodio más de los muchos que venimos sufriendo en esta democracia. Un episodio grotesco y trágico a la vez: «sería de reír si no fuera de llorar».

Pero, insisto, no el único. Para entender un poco lo que ocurre aquí habría que remontarse a los años setenta, cuando muere Franco, hace ahora justamente 30 años, y seguir paso a paso ese proceso que se ha llamado transición y poner los momentos ahí, para desmenuzarlos en una meticulosa disección que nos haría comprender, no sólo la estructura de esta democracia que padecemos, sino la estructura de muchas democracias formales que nada tienen que ver con la nueva sociedad a la que aspiramos algunos.

Pero eso escapa a los límites de un artículo y voy a tratar de resumir.

He dicho en más de una ocasión y ahora me reafirmo en ello que Euskal Herria era un gran laboratorio de la democracia europea en donde continuamente se estaban ensayando múltiples, diversos y novísimos métodos de represión no sólo para destruir el gran movimiento popular del propio país sino para exportarlos a otras latitudes. No en vano los primeros asesores que fueron al Iraq ocupado por los soldados de los EEUU eran expertos Guardias Civiles forjados en la escuela de Intxaurrondo.

Es bien sabido, porque durante décadas lo hemos sufrido en nuestra propia carne, que esta compleja represión que se despliega, en apariencia para perseguir al terrorismo, tiene como objetivo eliminar cualquier atisbo de movimiento social, de carácter popular y progresista que pudiera significar una real alternativa a los planes de doma y sometimiento que el neoliberalismo necesita para conseguir sus objetivos. Cuando el presidente de los EEUU, después del 11 de septiembre, lanza su gran campaña contra el «terrorismo» y bajo este pretexto se lanza a perseguir a todos los musulmanes sospechosos de serlo, ya aquí, en Euskal Herria, hacía años que bajo el mismo pretexto estábamos sufriendo la persecución continua y sistemática de la izquierda abertzale: ese gran movimiento popular que abrió tantas esperanzas.

Muerto Franco tenía que cambiar el escaparate en concordancia con la transición. Lo que se ve y se muestra en él está puesto allí para la galería, para ser visto. Y realmente es espectacular. Nadie osará decir que no hubo cambios. La estructura es democrática y se ajusta a las exigencias formales y llama la atención la rapidez con la que esa transformación ocurre. Más de un observador foráneo se queda boquiabierto de la «madurez» de esos políticos. Pero dentro, en la trastienda, sin depuración alguna, no sólo siguen los mismos y sus herederos sino que, adaptados a la imagen que conviene, juegan el doble papel de salir al balcón para el paripé de presentarse como «nosotros los demócratas», para luego descender a las mazmorras y aplicar los electrodos en los testículos del detenido al que están interrogando.

Este doble juego al que lleva la hipocresía, propio de muchas democracias formales, degrada el ambiente y a quienes conviven o malviven en él. Se degrada el lenguaje, se degrada la moral, se degradan los sentimientos, los pensamientos; la humanidad, en suma. Pero volvamos a Euskal Herria.

El hecho de que a la muerte de Franco un sector importante de la población vasca no hubiera aceptado la reforma y siguiera luchando en pro de una ruptura, necesaria e imprescindible para poder iniciar el deseado proceso democrático, sembró la inquietud en quienes deseaban que la transición fuera un paso dulce y sin problemas. Una inquietud que muy pronto, en la medida en que la izquierda abertzale iba creciendo en número y energías, fue despertando miedos mayores en aquellos que no deseaban y hasta temían que se produjeran cambios realmente profundos y revolucionarios.

La izquierda abertzale empezó a configurarse como un gran peligro para el sistema cuando en 1979 alcanza, por la vía pacífica –es importante destacarlo porque en su discurso falseador aparecerá siempre como violenta–, un número elevado de parlamentarios y se sitúa como la segunda fuerza del país. Y es a partir de esta gran sorpresa cuando desde los distintos gobiernos empieza la gran represión, en múltiples y diversas formas, científicamente planificada, para destruir al disidente. La tortura es el gran eje de esta represión, unas veces en forma directa en cuartelillos y comisarías durante la detención, otras de una manera más crónica en cárceles especiales que culminan, en 1987, en la política de dispersión.

La tortura es el gran eje de esta represión. Con ella no se trata tanto de indagar como de producir miedo en la población civil: amedrentar, retraer, disuadir… La tortura encaminada a frenar, a paralizar, a destruir cualquier intento de disidencia. La tortura hasta la muerte si la víctima no claudica. Pero no es sólo la tortura. También la manipulación informativa. Se miente descaradamente, se tergiversan los datos, se silencian otros, «los bulos y las mentiras conviene que sean creíbles», dice uno de los apartados del Plan Zen que trajo el PSOE en 1982.

Cuando uno se acerca a observar aspectos concretos de este proceso tan destructivo, descubre la gran inmoralidad desde la que se han llevado a cabo. Contra la izquierda abertzale, una vez criminalizada como violenta y terrorista, se justifica todo: se cierran periódicos, emisoras de radio, tabernas solidarias, centros culturales… Aparece el siniestro GAL, que asesina a 29 militantes. Y un sinfín de agresiones que van desde la vergonzosa ley especial que ilegaliza un partido hasta los desatinos del Juez Garzón que, como un poseso, interviene obcecado con el propósito de acabar con ETA –a la que imagina artífice de un prodigioso tinglado con múltiples departamentos: el de Finanzas, el de Solidaridad, el de la Lengua…, con múltiples dependencias a su vez que se ramifican por el mundo– y que, a juzgar por la numerosa gente que procesa, domina todo el país y tiene conexiones ilimitadas más allá de sus fronteras.

Cientos de personas son detenidas por formar parte del «entorno» de ETA. Decenas y decenas de otras por ser el «entorno» del entorno de ETA. Otras muchas por ser el entorno del entorno del entorno. Y así hasta llegar a una viejita que vende miel por las casas y que es sospechosa de contribuir con ello al aumento de caudales del departamento de logística encargado de comprar armas. Se diría que estamos en manos de un paranoico furibundo, formando parte de su delirio sistematizado y que está empeñado en demostrar. Pero no hay que caer en esa tentación. Sería caer en la trampa. No es un loco. Es un juez del sistema, con su personalidad muy adecuada al sistema. Y así hay que verlo.

No es nada fácil contar con detalle lo ocurrido en estos años y tampoco es fácil resumirlo en un artículo. Pero habrá que hacerlo algún día: Escribir la historia de cómo se lleva a cabo la destrucción de un proyecto –o de cómo se está intentando, porque la resistencia sigue–, y de en qué medida colaboraron todos los políticos a ello y de cómo hasta nosotros mismos estamos implicados por el hecho de consentirlo.

Pero llegado a este punto prefiero pensar en quienes heroicamente se resisten a la doma en medio de esta democracia podrida, en quienes todavía conservan sus ideales, sus sueños, sus ganas de luchar por ellos y no han perdido la sensibilidad, ni la capacidad crítica, ni la fe en que es posible un mundo mejor en este planeta. Pienso, naturalmente, en nuestros presos, y en quienes les apoyan, y me siento fuerte, muy fuerte y muy orgullosa de formar parte de esta izquierda abertzale que contra vientos y mareas camina con la cabeza muy alta mirando al futuro con esperanza.




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domingo, 25 de agosto de 2024

Egaña | Espías

Desde su página en Facebook traemos a ustedes este texto de Iñaki Egaña con el que nuestro amigo, inspirado por el caso del periodista vasco Pablo González, arroja luz sobre un tema bastante polémico, adelante con la lectura:


Espías

Iñaki Egaña

Un tema frecuentado tradicionalmente en tono folletinesco, con el rigor más o menos escorado, que cada novelista imprime a sus trabajos. Difícil de abordar en un mundo caótico, dividido en los bloques de ese axioma ya avanzado por George Bush, el Bien contra el Eje del Mal. ¿Dónde se sitúan los personajes? ¿Conmigo o contra mí? ¿Carta blanca a las veleidades, por no decir fechorías, de cada uno de los clanes? La realidad es mucho más compleja, los límites inescrutables y la propia esencia del trabajo una incógnita como para sentar unas bases entendibles. Si algo presentan en común los servicios de espionaje es su acientifismo, su movimiento perpetuo por un interés determinado. La CIA “encontró” en Irak las armas de destrucción masiva que no existían. La sede del CNI en Gasteiz, según el informe 101L0400250 de la Ertzaintza, intentó ligar a ETA con Al Qaeda tras los atentados yihadistas del 11M en Madrid. La propia Policía Autonómica se nutre de sistemas de Israel para espiar por su cuenta. ¿Cómo abordar cada caso descartando la coyuntura? Muy complicado.

El reciente intercambio de periodistas o espías, según la fuente, entre EEUU y la Federación de Rusia, nos ha dejado un reguero de reflexiones e interpretaciones a cada cual más esclarecedora. En la cercanía, por eso de su ascendencia y residencia, nos ha alcanzado el caso de Pablo González. No tengo ni idea si Pablo trabajaba para alguien en concreto. Sí, en cambio, había seguido su trayectoria periodística, como otros tantos, en la prensa europea. Me ha llamado la atención, por el contrario, que cuando hemos asistido a ese intercambio en directo, los medios generalistas citaban la recepción de Vladimir Putin en Moscú, a los “espías rusos”, entre ellos González hasta entonces sin acusaciones fiscales, mientras que cuando Joe Biden hacía lo propio cuando llegaban a Myreland, la noticia refería a “periodistas”, a pesar de que, previamente, habían sido condenados por espionaje. Una más en ese sesgo permanente de las agencias que acaparan la información planetaria.

El caso ya había sido previa y abundantemente rellenado con algunas informaciones que abrumaban. Ese diario madrileño que nació en la Transición, auto titulado como “el periódico global”, nos sorprendió, ya hace unas semanas, con una detallada información sobre los contactos de González con la inteligencia rusa. Información que únicamente podía proceder de servicios de contraespionaje, como el CNI, la CIA o la NSA. Apabullante. ¿Era la periodista que firmaba la noticia una colaboradora más de los servicios citados? ¿O se trataba únicamente de una firma añadida? Estas cuestiones de informaciones supuestamente confidenciales han sido filtradas habitualmente por medios españoles y franceses durante las últimas décadas, con la excusa del conflicto vasco. ¿Son los receptores-periodistas espías al servicio de potencias extranjeras? Alfredo Grimaldos escribía hace ya unos años, que medio centenar de periodistas españoles trabajaban para la CIA. No sé si el dato es correcto, pero, en esa proporción, los que lo hacían o hacen para otros como el Mossad, el MI6 o el CNI deberían ser escandalosos.

Dicen que el espionaje es una de las profesiones más antiguas de la humanidad. Las mismas leyendas contenidas en la Biblia sobre Moisés, apuntaban que el conductor de los hebreos mandó a las tierras de Canaán a doce espías para que efectuaran un reconocimiento exhaustivo e informasen luego al pueblo elegido. El egipcio Ramsés II, doce siglos antes de nuestra era, apuntaba también que en las escaramuzas contra los hititas, liberaba prisioneros engañados con falsas noticias. Los Césares romanos, tampoco daban una orden a sus legiones sin consultar antes con sus informantes. Sun Tzu lo redondeó. Entre la crónica histórica, la frivolidad y la novela, personajes como Mata Hari o Magda Andurain, por citar una de casa, han creado fábulas bien creíbles, como las que dictaron Graham Green o John Le Carré.

Pero esas historias no son precisamente novelescas. Los espías, mezclados y confundidos durante años con confidentes, chivatos, traidores y una retahíla de conceptos ligados a las miserias políticas, tuvieron su máxima expresión a partir del siglo XX, alcanzando nuestros días. El espionaje a Herri Batasuna en su sede de Gasteiz fue uno de los muchos. En 2009, la sede de Abertzaleen Batasuna en Baiona fue asaltada y sus soportes informáticos robados. La coalición lo denunció como "espionaje político". En 1987, Carlos Garaikoetxea y su nuevo partido fue espiado por los que resistieron con el nombre original. En el Bilbao republicano, la Ertzaña descubrió una red de espionaje de apoyo a los golpistas y el Gobierno autónomo ordenó su ejecución. Jesús Galíndez, delegado vasco en Nueva York, espiaba para el FBI y cuando la guerra, Delia Lauroba y sus compañeras lo hacían para los aliados. El director de la red, el gasteiztarra Luis Álava ejecutado por Franco. Félix Likiniano, autor de aquel símbolo que unía el hacha con la serpiente, espió para esos mismos aliados durante la Ocupación. Y el PNV de Agirre tejió, gracias a sus redes del exilio, una de las mallas más sólidas de la Guerra Fría en aquella cruzada anticomunista que recorrió el mundo capitalista. Antenas no sólo en Latinoamérica, sino también en Europa: Chekia, Bulgaria, Hungría, Yugoslavia… La sede clandestina de sus servicios en París, la de la calle Quentin Brouchard, semejaba una réplica en minúscula de Quantico.

El quid de la cuestión es quién dirime cuál es el Bien y cuál el Mal. Quién pertenece a una facción y quién a otra. La llamada geoestrategia mundial aboca a las partes a no ser neutrales. Las divagaciones aventureras de Graham Greene, perseguido o perseguidor, no tienen cabida. Y en esas circunstancias el dilema se agranda. Que se lo pregunten a Edward Snowden, que de antiguo agente de la CIA y de la NSA, se convirtió en periodista. Y entonces su papel transmutó para ser tachado de “criminal”.

 

 

 

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sábado, 21 de octubre de 2023

Egaña | Me Duele Gaza

Les presentamos el texto que Iñaki Egaña dedica a la actual situación de los gazatíes, una vez más siendo aniquilados a sangre fría por el ente sionista.

Adelante con la lectura:


Me duele Gaza

Iñaki Egaña

Me duele la vida. La vida de otros sin nombre, que yacen bajo los escombros de un campo de concentración amurallado, apiñados como si se trataran de animales que sintieron el pánico antes de ser consumados en el matadero. Me duele sobremanera cuando se trata de niños, pero también de adolescentes, de adultos que temieron por la de los suyos, incapaces de darles ese refugio adosado al ADN humano desde que la paternidad y la maternidad se hizo consciente.

Y es un dolor que, lo percibo, tiene algo o mucho de impostura, porque lo hago desde el teclado, lejos del olor a tierra quemada, del vaho que exhalan las balas antes de alcanzar su blanco. Un objetivo que, a pesar de ser humano, se convierte en acontecimiento, que un día la historia mencionará con tanta frialdad como la de un témpano polar a la deriva. El detalle será significado como una irregularidad, como una hazaña para los desalmados, sin alcanzar a descifrar que, a su paso, arrolló biografías inconclusas de centenares de miles sin-nombre.

Me repugna, en la misma medida, el alineamiento con los verdugos de toda esa elite que continúa reivindicando -con expresiones tan ajadas como democracia, sostenibilidad o gallardía republicana-, una (re)colonización en nombre del progreso. Cuando la realidad esconde el eterno desprecio del otro, la superioridad europea, supuestamente moral, que se apropió del planeta para extraer y colmar sus metrópolis. En nombre de una religión, de un monarca, un jefe político, una raza superior, con el fin también de clasificar a la humanidad, entre civilizados y salvajes, entre ilustrados y bárbaros entre blancos y el resto. A pesar de que la biología nos enseñó que las razas no existen, apenas diversidad en los ecotipos, el racismo está a la vanguardia de la actividad política.

Me repugna Macron, apoyando a Tel Aviv, continuador de la grandeur francesa, genocida, entre otros escenarios, en Argelia (más de cinco millones de muertos en un cuarto de siglo), laboratorio de la tortura moderna. La de Rishi Sunak y los Windsor, herederos del imperio británico, la mayor dominación genocida de la historia que todavía honra a sus verdugos, como Wellington o su reina Victoria. La de los Habsburgo españoles, ensalzados en las escuelas, por una supuesta evangelización que aniquiló a decenas de millones de humanos de los pueblos originarios (aparentemente ciudadanos sin catalogar) en América. La del belga Alexander de Croo, fiduciario de aquel sátrapa llamado Leopoldo que provocó más muertos en África que los nazis en la Shoá. La de Erdogan que sigue negando el genocidio armenio mientras bombardea al pueblo kurdo.

Me conmueven relatos como el de Anne Frank, pero me llenan de desasosiego, en mayor medida, aquellos que nunca se pudieron escribir, que no supieron de los signos del abecedario y que fueron inutilizados porque eran los “niños perdidos” del país de “nunca jamás”. Me molestan aquellos que, desde un sofá mullido, recuerdan el holocausto para justificar un “derecho a la defensa” que no es sino una agresión racista y neocolonial. Que emulan a la tragedia de Auschwitz, horror de horrores, sin reivindicar por molestos a otros gaseados: prostitutas, prisioneros, homosexuales y miembros del pueblo gitano. Hasta en la muerte también hay categorías.

Me disgustan aquellos que desde sus delegaciones mediáticas como forjadores de opinión adoptan una postura supuestamente equidistante, pero que, finalmente dividen los conflictos como si nos encontráramos en la antigua Persia, los seguidores de Ormuz (el espíritu bueno) y Arihman (el malo). Criminalizando, en este caso, a los seguidores de Hamas, electos en Gaza por cierto con mayoría absoluta (luego se deshicieron de sus opositores), tal y como la tuvo Aznar cuando, junto a Blair y Bush, invadió Irak, más de un millón de muertos según el ORB. Con la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Tel Aviv promocionó a Hamas para deshacerse de Al Fatah de Jassir Arafat. Pero como el ISIS, impulsado también por Tel Aviv, Londres y Washington para reventar Siria, los diseños estratégicos se volvieron autónomos.

Desde mi pedestal occidental, Hamas no tiene mi simpatía. Sobre todo, desde que apoyó el ataque contra los kurdos en el cantón de Afrin, en Rojava, en el norte de Siria, ese proyecto que intenta construir la utopía, lejos de estándares religiosos, machistas y de beneficio económico, sin aliados. Pero, ¿cómo tipificar en el bando de Arihman (el espíritu malo) a miles de adolescentes y jóvenes de Gaza que no han tenido otro escenario que el de la muerte a su alrededor, que no conocen los perfumes, sino el olor a pólvora y a cadáver, que han crecido enterrando a sus familiares? No me atrevo a ser juez, siquiera de opinión.

Me duele la vida en Gaza, en Cisjordania, como me duelen los cinco millones de muertos en las minas a cielo abierto Kakuzi Biega, en el Congo, violaciones en masa, esclavitud infantil, niños soldado. También, los 108 millones de desplazados en el planeta, según ACNUR, por esa vulneración constante de unos derechos humanos, validados por Naciones Unidas, que no son sino papel mojado. Me duele esa guerra que ya va para los diez años, que comenzó Kiev en Donbas y ahondó Moscú. Esa reciente invasión de Azerbaiyán y la consiguiente capitulación de Nagorno-Karabaj. Me duele Haití ingobernado, la persecución de la mujer en Afganistán, los tres millones de niños que mueren anualmente por desnutrición.

Pero hoy, más que nunca, me duele Gaza. Me desazona esa biografía coloreada cuando la víctima pertenece al ficticio bando de Ormuz, con el sufrimiento añadido de sus familias en portada, sensación transversal en cualquier comunidad, y, en cambio, se convierte apenas en una cifra cuando el muerto es catalogado como baja y más tarde engrosará una estadística. Me duele Gaza porque me duele este mundo injusto. Y porque como escribió Joseba Sarrionandia, “el mundo debe formar parte de nosotros, si queremos formar parte del mundo”.

 

 

 

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domingo, 5 de febrero de 2023

Entrevista a Emilio Majuelo

Ahora que tanto se colocan apéndices a la palabra memoria -que si histórica, que si democrática - es conveniente dejar algunos conceptos en claro. Para ello, desde Noticias de Navarra traemos a ustedes esta esclarecedora entrevista.

Adelante con la lectura:


“Seguimos peleando 80 años después por ver documentación de la represión en la Guerra Civil”

Emilio Majuelo Gil | Doctor en Historia. Profesor de la UPNA, se jubila tras 28 años en esta universidad | Este profesor de la UPNA se jubila al cumplir 70 años, aunque continuará investigando. El conocido historiador navarro hace balance desde su experiencia

Jesús Barcos

Emilio Majuelo (Tudela, 1953) cumplió este viernes 70 años. Le toca jubilarse y lo asume, pero no es de los que estuviese deseando este momento. El 14 de diciembre puso el punto y final a sus clases en la UPNA, convertido en un homenaje de colegas y alumnado. Sin embargo, hasta el 1 de septiembre seguirá en activo en su despacho, un txoko que atesora el acumulado de muchos años de docencia. Así que Majuelo está a las puertas de “otra fase” pero tiene claro que no se retirará de la Historia, a la que ha consagrado su vida. “No puede haber una azada para dos huertos”, dice, como metáfora de su intensa dedicación. El historiador navarro habla de su trayectoria, de la evolución política y social, de su satisfacción por haber contribuido a preservar parte del patrimonio archivístico, o de su amor por la lectura. Aunque no se considera un comelibros, sino un hombre que ha “vivido y sigue viendo mucho”.

Son semanas y meses en los que le estarán recordando el bagaje que acumula.

 –A una profesión, como a cualquier cosa que ames o estimes, te tienes que dedicar intensamente. Alguien con una función pública ante el alumnado que no se dedique con intensidad a leer, revisar pensar, escribir y hablar, se queda un poco atrás. A veces rechazar invitaciones tiene su costo. A mí me conocen mis alumnos, y la gente que le interesa lo que escribo. Punto. La sociología de la fama yo no la he cultivado. No tengo necesidad.  

Pero hubiese podido.

–Sí.

Y habría llegado a mucha más gente que a a su alumnado.

–Probablemente. Cuando creamos el Instituto de Historiadores de Navarra, la asociación Gerónimo de Ustariz, hicimos un gran primer congreso en el año 85, y vinieron las grandes figuras de la historiografía española. Pero conforme acudes a este tipo de eventos te das cuenta de que muchas de las cosas que se están contando ya son conocidas. Lo importante es escuchar cosas nuevas, pero muchas veces se va a los congresos a hacer relaciones y a darse a conocer, y no tanto a discutir sobre investigaciones. Yo prefiero hacer otras cosas. Sobre todo leer.

De joven tuvo claro que lo suyo era la Historia.

–Sí, y la investigación. Siempre me han gustado los libros. En casa no había muchos porque mis padres no tenían estudios, pero había un familiar sacerdote que una temporada vivió con nosotros. Tenía muchísimos, porque era un hombre muy interesante. Cuando vino vi con terror cómo los tiraban a una furgoneta porque no cabían. De los que dejaron recuerdo con total nitidez el primero que leí: Zalacaín, el aventurero, de Baroja.

Estudió la carrera en Zaragoza.

–De 1970 a 1975. Los cinco últimos años del fascismo franquista.

¿En un clima de contestación?

–Sí, algunos ya habíamos estado en la clandestinidad. Y eso que a la universidad se iba con 17 años, no como ahora a los 18. Recuerdo haber asistido a actos importantes. Podría hacer una geografía de la parte vieja de Tudela de las casas con afiliados, militantes y líderes del movimiento obrero. Fíjese, la primera huelga con impacto en Tudela se produjo en el colegio de los jesuitas, que era elitista y selectivo a más no poder. Yo estudié con becas, si no no hubiese podido. Pero esta cuestión clasista era tremenda. Entrábamos por una puerta distinta de la de los internos, y a la sala de juegos no podíamos pasar. He sido un gran privilegiado, porque vi desmoronarse ese sistema jerárquico y autoritario que existía y tomar una actitud mayoritaria totalmente diferente.

Terminó la carrera el año de la muerte de Franco, entre expectativas de cambio y una desmemoria imperante subsiguiente. Eso le marcaría.

–Totalmente, para bien y para mal. Tuvimos una militancia en organizaciones estudiantiles y políticas intensísima, y vivíamos para eso, pero seguíamos formándonos. Estuve trabajando repartiendo ternera, turrones, un año en la construcción, otro de camarero, y empecé a hacer oposiciones. Decidí aprender euskera en 1980, y me puse a investigar por mi cuenta. Comencé la tesis de licenciatura. En IPES daba cursos de Historia, que estaba muy al alza, con muchísimo público, cantidad de obreros y militantes sindicales venían a aprender. También entré en contacto con Eusko Ikaskuntza. Nuestra generación tiene detrás un gran vacío, porque con la dictadura no hubo una continuidad intelectual. Pero un día me presenté a José María Jimeno Jurío. Una persona que se llevaba bien con todo el mundo. Y entre todos los temas históricos que salieron me interesé por los problemas agrarios.

En los ochenta participó en el libro Navarra 1936. De la esperanza al terror. Primera gran investigación, adelantada a su tiempo.

–Ese libro es la Biblia. Cuando empezamos en 2012 el fondo documental de la UPNA, decidimos adoptarlo como una fuente más. En realidad es una fuente secundaria, pero la tomamos como primaria, por razones metodológicas obvias, que nos han dado la razón.

En los ochenta aún había mucho testimonio oral de personas aún vivas.

–Eso es. Había muchísima información directa oral totalmente fidedigna sobre los asesinatos. Nadie se inventa un asesinato en su familia. La historia oral en este libro fue clave y todo partió de Jimeno Jurío.

Y usted se sumó.

–Aquello fue una cosa espectacular desde muchos puntos de vista, porque se demostró que se podía hacer muy buena historia sin estar dentro de la universidad. ¿En la historiografía vasca cuándo hemos tenido universidades? Pues ha sido ayer; la nuestra es del 87, la UPV del 80. A la universidad del Opus y a la de Deusto la historia contemporánea les importaba una higa. El libro fue de factura y autoría colectiva, y es muy curioso, porque lo inició un grupo de obreros. Yo lo único que aporté fue la metodología, una cierta sistematización. A Jimeno Jurío, ya lo sabrá, le amenazaron de muerte y tuvo que dejar todo.

Fue profesor de 1985 a 1995 en la Universidad de Zaragoza, y pasó a la UPNA, que daba aún sus primeros pasos.

–Aquí no había una carrera de Historia. Eran solo asignaturas, y las seguimos dando, para Sociología, en Relaciones Laborales y en Trabajo Social. Los últimos 4 años son los claves, y lo digo con pena, porque con los grandes profesores que hemos tenido, Ángel García Sanz, Juantxo Madariaga, Francisco Miranda, Isabel Ostolaza, luchamos mucho por que hubiera un grado de Historia, y antaño también. Y justamente cuando ellos se jubilaron es cuando se puso el grado. La satisfacción de estos cuatro últimos años, dando clase a alumnos matriculados en Historia, es impagable. Ahora acaba la primera promoción. De un año a otro, hay una madurez creciente, importante, mensurable, y esa es la mayor alegría que uno puede tener.

Si hablamos de historia, memoria, desmemoria, ¿cuál es su balance de lo sucedido en estas últimas décadas en Navarra?

–Hay un cambio tremendo. Empezó en una declaración del Parlamento en 2003, y en 2009 se acordó la existencia de un fondo documental, donde recogemos cantidad de información. Gran parte de las cosas para avalar un proyecto a futuro, estaban hechas. Estoy hablando de nuevo de Jimeno Jurío y de ese libro de Altaffaya. Es de una dimensión tan terrible lo que ocurrió en Navarra, que todo el arco parlamentario estuvo a favor de que esto fuera adelante, quitando, en fin, el partido de siempre, que siempre dirá que no, o se queda a medias, o no lo va a apoyar con fuerza. En lo que corresponde a la verdad histórica, este tema ya dejó de estar en discusión entre los historiadores. Aquí en el 36 hubo un machaque tremendo.

Parece que con la praxis democrática, el desarrollo del bienestar, el fin de ETA, hemos ido hacia una menor conflictividad, pero las sucesivas crisis económicas acentúan la precariedad y la desigualdad social.

–Hay una conflictividad manifiesta, latente. Algunos grandes empresarios dicen: la lucha de clases no ha desaparecido, lo que pasa es que nosotros llevamos la iniciativa. Obviamente hay una tremenda violencia sobre los pobres, la gente que no tiene recursos: de desahucios, trabajos en precario, minorías marginalizadas o que no tienen las oportunidades ni de lejos de los demás. Entre la juventud, por ejemplo, y eso que en Navarra y Euskal Herria no somos los peor parados. En cualquier caso, no hay una correlación directa entre las condiciones materiales negativas y que una persona o un grupo determinado proteste.

Pero sí hay caldos de cultivo.

–Efectivamente. Cuando la invasión de Irak, en 2003, aquí en la UPNA se montó un enorme movimiento, tremendo. Las protestas surgen así, de un grupo. Aquí ha habido muchas luchas con el tema cultural, luego se dirá lo que se quiera, pero el euskera ha estado durante mucho tiempo bastante pateado. En esta universidad hemos pasado de todo. Ahora no es el caso, desde hace mucho tiempo. La situación en la que estamos yo no la hubiera imaginado hace 20 años. Hay que mejorar, pero ahora mismo el grado en Historia y Patrimonio tendrá un porcentaje de casi el 40% de asignaturas con oferta en euskera. Esto antes era inimaginable. La universidad, por lo general, es conservadora. Lo bueno de una pública es que haya gente de todo, y permitirlo. Aquí costó muchísimo. Hubo un grupo, sobre todo de gente que vino de fuera, instalado en el domuit vascones. Pero se jubiló, ha desaparecido, ha cambiado... y ahora no hay una agresividad; las cosas son más cívicas. Es de agradecer.

Hace días Sanfermines 78 gogoan protestó contra la lentitud de la justicia. Usted trabajó para el Ayuntamiento de Pamplona de cara a esclarecer lo sucedido.

–Fue un encargo al Fondo Documental de la Memoria Histórica. Más que una investigación se recopiló todo lo que había y se hizo un dictamen. No había tiempo material para investigar. Y aunque hubiéramos querido hacerlo, en aquellos momentos los archivos del Ministerio de Justicia no contemplaban la posibilidad de ver documentación que no tuviera 50 años de antigüedad, un escándalo. En otros archivos también se ha funcionando así, pero esto ha ido cambiando. En Berlín estuve por curiosidad en archivos viendo documentación de ETA. Salvo algunas cuestiones reservadas, el resto prácticamente se podía consultar, y tenían menos de 25 años. En esto, que los partidos vascos y otros están reclamando, hay un hándicap tremendo. De ahí lo importante que es la historia oral, todavía, en la historia vasca, porque si estamos peleando por ver documentación de la represión durante la Guerra Civil, qué pasa, ¿que vamos a tener que esperar otros 80 años para ver qué tiene la Guardia Civil sobre los militantes vascos de ETA o no ETA? ¿Esto qué es? Los archivos de la Guardia Civil sobre estos temas por definición no existen.

Hasta el expolítico Óscar Alzaga denuncia en sus memorias una destrucción masiva de archivos.

–Sabemos que desaparecieron fondos muy importantes del Gobierno civil de Navarra, en una orden general del demócrata Martín Villa. Y más o menos 10 años después, fondos que todavía quedaban de la época franquista también se quemaron. De esa segunda parte no tiene la culpa Martín Villa. En el año 84 pedí permiso para entrar en el Gobierno civil. Vi lo que se ha conservado hasta hoy, relativo a las asociaciones. Pero estaban ordenando y reordenando, subían y bajaban documentación... Entre lo visto, recuerdo un documento sobre la Transición. Según el gobernador civil y sus informantes, el nombre clave que podía aglutinar a toda la oposición era el gran Miguel Javier Urmeneta. Todo esto se quemó. Lo anterior de la Guerra ya se había quemado, pero muchas de estas otras cosas se quemaron años después. Los amantes de la historia de Navarra han quemado. Falta la tira de cosas. En el monte Ezkaba, por ejemplo, entre basuras, se echaron papeles de la Diputación.

Han aparecido recientemente unos documentos sobre Montejurra 76. ¿Qué le han parecido?

–Se demuestra lo que sabíamos por intuición y por cantidad de testigos presenciales y de retazos. Confirman que el Estado estaba metido allí. Y se demuestra que estaba bien metido, como con el tema de la tortura. Pero si me dicen hace dos años que se ha llegado a lo que se ha llegado, no me lo hubiera creído. Creo que se han dado pasos, importantes.

Hace unos días DIARIO DE NOTICIAS organizó unas jornadas sobre el Amejoramiento y el euskera. Se denunció la voluntad de zonificar la lengua.

–Los navarros tienen derechos distintos según donde vivan. Yo, que soy de Tudela, no puedo optar a determinados puestos de trabajo, porque a mí se me ha prohibido en la enseñanza pública tener un conocimiento mínimo del B2. Cuando se hizo la zonificación me imagino que un sector del PSN copió algo del proyecto de estatuto vasco de las cuatro provincias en la época de la república. Pero claro, la situación de acceso a la educación y de posibilidades en los años treinta con respecto a hoy no tiene ni color. Y esto nos ha dividido muchísimo, y nos divide. El sector vasquista del PSOE en Navarra era casi más importante en la república que ahora.

¿Es que hay un sector vasquista?

–Efectivamente, eso le iba a decir, es que ahora se ha capitidisminuido tremendamente. Y eso se vio durante la Transición. Hay que leer el libro de mi amigo y doctorando Mikel Bueno sobre el PSOE: Nos llamarán chaqueteros.

Feijóo ha dicho que desde hace muchos siglos los católicos no matan en nombre de su religión.

–El presidente del PP debiera preguntar a los familiares de las víctimas asesinadas en Navarra en 1936, por sus ejecutores y en nombre de quién asesinaron. Aquellos nacionalcatólicos mataron a muchos creyentes republicanos y nacionalistas, mejores cristianos que sus fanáticos asesinos.

La última: ¿Tiene un objetivo inmediato para esta nueva etapa o se va dar un tiempo para usted?

–Es que mi vida es esto. Yo he entregado mi vida a la investigación.

Eso es un pago caro.

–Y muy gratificante. 




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sábado, 4 de febrero de 2023

Egaña | La Guerra del Fin del Mundo (I)

Les invitamos a leer este esclarecedor texto de la autoría de Iñaki Egaña:

 

La guerra del fin del Mundo (I)

Iñaki Egaña

A finales del XIX en Brasil, una población acogotada por la miseria y una sequía pertinaz se enfrentó, liderada por un mesías, Antonio Conseilhero, a los terratenientes defendidos por un ejército de 15.000 soldados. Los militares los arrasaron. Esta historia fue recogida épicamente por Euclides da Cunha en “Los Sertones”. Para el paisanaje pobre de Canudos fue el fin de la eternidad. Mario Vargas Llosa recogió el episodio bajo el título que da pie a este artículo en un libro intrigante, con una gran tacha: la del plagio.

Otro nobel, José Saramago, le acusó de haber realizado en su “Guerra del fin del mundo”, una “copia pésima y cruel” de “Los Sertones”. Han pasado años de los hechos, menos de sus ediciones en libros, original y plagio, pero ambas cuestiones siguen presentes en la repetición constante de la historia, con nombres y escenarios diferentes, pero con fondos similares.

Los europeos estamos en una guerra, copia pésima y cruel, que diría Saramago, de otros conflictos anteriores o simultáneos, documentados hasta el aburrimiento o callados por la lejanía o el color de los contendientes. Guerras balcánicas, chechenas, del Golfo, Afganistán o las desconocidas africanas. Las consecuencias de las de Somalia, Chad, Sudán del sur, Libia y Congo siguen siendo devastadoras mientras se suman Tigray-Etiopía, Malí, Níger, Burkina Faso y Mozambique al margen de un Oriente Medio donde la muerte insiste y persiste en Siria, Yemen y en el genocidio contra el pueblo palestino. Los conflictos actuales nos hablan de multicrisis alimentaria, energética, sanitaria y migratoria. Sin embargo, engrasamos las máquinas de matar mientras en el escaparate afirmamos defender los derechos humanos. Copias perpetuas.

La segunda cuestión, la de guerra de fin del mundo, no tiene nada de frívola. Olvidamos lo mortífero que resulta un conflicto y sus consecuencias. Cuando en 2014, Kiev, castigó militarmente a lo que supuestamente era parte de su territorio, Ucrania Oriental, la atención general fue tan escasa como superficial. El Donbás quedaba lejos. La invasión y ofensiva rusa sobre Ucrania, hace ahora un año, devolvieron y revolvieron la atención porque ya éramos “parte del conflicto”, porque la Unión Europea aplicó y ha seguido con miles de sanciones contra Moscú y porque la OTAN está organizando y dirigiendo sobre el terreno la guerra convencional que persiguió.

Nuestra percepción está condicionada por medios que abiertamente se manifiestan seguidores de Zelensky. Con una propaganda de guerra que alienta la continuidad hasta la derrota del “enemigo”, de Rusia, como si se tratara de una serie televisiva. Von Clausewitz dejo dicho que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” y tras el empecinamiento en la prolongar la de Ucrania se esconden motivos espurios. Un conflicto bélico enfrenta estrategias y tecnologías. Por eso nunca va a existir un final feliz porque una vez comenzada la invasión, Rusia no puede perder la guerra, al menos de forma convencional.

¿Por qué no puede perder la guerra? Porque si el Kremlin se encontrara alguna vez a punto de perder la guerra convencional, es muy probable que utilizase el estilo Hiroshima o Nagasaki para romper el tablero. Ucrania sería barrida por una tormenta nuclear en el mismo borde de una Unión Europea que sigue a pies juntillas los intereses de Washington. Si finalmente lo acaba necesitando nadie renuncia a utilizar algo que posee y le ha costado lo suyo, Rusia tampoco. Me dirán que el control y los tiras y aflojas sobre la central nuclear de Zaporiyia demostraron un equilibrio e intento mutuo de no ir a más. Pero, no estaba en juego la victoria o la derrota total y, por otro lado, ¿quién sería capaz de afirmar rotundamente que esos misiles que se escapan sorteando escudos al botón matemático, como ya ha sucedido, no caigan accidentalmente en Moscú o Varsovia desatando una histeria incontrolada?

Las consecuencias de la guerra ya están siendo idénticas a las que Mike Davis llamó “Los holocaustos de la era victoriana tardía” para definir los fenómenos naturales que acabaron con más de 30 millones de personas en China, Egipto e India mientras las potencias europeas, siguieron con sus planes de explotación y expolio utilizando mano de obra semiesclava y robando recursos. Dicen que así se incubó el subdesarrollo y el desequilibrio entre Euro-EEUU y el resto del mundo. Pueblos colonizados en guerra, atrapados por la ambición de la metrópoli. Ayer Londres, hoy Washington provocando estados fallidos por doquier. Una elite que especula con las consecuencias.

Y mientras, desde este lado de la barricada, la respuesta a estos latrocinios, a la propia guerra, es todo lo tibia que no habría que desear. Es cierto que en 1986 los vascos, junto a catalanes y canarios, dijimos “No” a la OTAN en un referéndum en el que España apostó por el “Si”. Fue parte de nuestra singularidad. En marzo harán 37 años de aquella decisión colectiva. Demasiado tiempo para las generaciones posteriores. El recuerdo no sirve para mover posiciones, en todo caso para ayudar a hacerlo. Hace falta una renovación activa.

El papel, sin diplomacia de altos vuelos que lo acompañe, es un recurso limitado. No tenemos un estado como para alcanzar esos peldaños, somos un pueblo pequeño, dividido territorialmente y atrapado en esa Unión Europea y su válido militar. ¿Cómo enfrentar a esa maquinaria ultra pro Zelensky sin que parezca que apoyamos a un Putin que se cree relevo de la Rusia zarista? No podemos caer en esa tentación, pero nuestro silencio está desdibujando la singularidad y la idiosincrasia de la que hemos hecho gala durante décadas. Ya es hora de recuperarla, si hace falta plagiando al antimperialismo de siempre y a nosotros mismos:” Yankee go home”, “OTAN Ez, Euskal Herria Bai”. Hoy, España alimenta la guerra con la OTAN que rechazamos. Euskal Herria debe levantar la voz nuevamente, confrontar por la paz y contra los perros de la guerra. 




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sábado, 10 de septiembre de 2022

Egaña | Posterrorismo y Terrorismo Desarmado

Les compartimos este texto que nuestro amigo Iñaki Egaña ha compartido en su cuenta de Facebook.

Muy interesante el análisis que lleva a cabo acerca de la lawfare, o sea, de las acciones legaloides emprendidas en contra de la ciudadanía vasca que tienen, como única finalidad, seguir contaminando el día a día para una sociedad que llevó a cabo una serie de pasos decididos hacia un proceso de paz constantemente obstaculizado por Madrid y por París. Adelante con la lectura:


Posterrorismo y terrorismo desarmado

Iñaki Egaña

La derecha española se balancea entre dos tendencias, desde el fin de ETA, contaminado también a otros sectores, algunos de ellos autonómicos no identificados precisamente con sus discursos extremistas. La primera relacionada con la transmisión, ya lo avanzó Rubalcaba con aquella frase para la posteridad, en la que animaba a aunar fuerzas para ganar la “batalla del relato”, y asimismo con una supuesta gestión diferida de las consecuencias de un conflicto histórico. En el escaparate niegan el conflicto, pero en la trastienda ejercen como si existiera. Algo similar a la negación institucional del concepto de “preso político” cuando en la práctica aplicaron medidas, hoy aún vigentes, que lo acreditaban.

Para ello cuentan con la apertura de espacios jurídicos novedosos y penalmente imaginativos, intentando imputar a numerosos militantes por hechos que cuando fueron juzgados no se tuvieron en cuenta (responsabilidad de supuestas direcciones de ETA en hechos ya calificados, lesa humanidad, supuesto desplazamiento masivo de ciudadanos españoles, delitos de odio hacia la policía…). Tienen respaldo en parte de los medios, y en ese potente y activo Melitoniun de Gasteiz. En todas las ocasiones, el contexto es inexistente. Citarlo ronda el delito.

Este nuevo espacio penal para juzgar a ETA sin su existencia no deja de ser un ejercicio de hipocresía supino. Las direcciones del Gobierno hispano alentaron conflictos con centenares de miles de muertos. Alrededor de 929.000 muertos, la mayoría civiles, tras la invasión de Irak. Por esa razón y según su código penal, Aznar debiera haber sido condenado entre 14 (homicidio doloso) y 23 millones de años de cárcel (homicidio en el marco de una organización criminal). Ahora, como estrella mediática, cobra casi 100.000 euros por conferencia. Más de 150.000 exiliados vascos en 1939. ¿Quién restituyó sus vidas y sus haciendas? ¿Por qué tanta impunidad con la tortura?

Para la época actual, los del primer sector han comenzado a usar el pomposo nombre de “posterrorismo”, como si el terrorismo de Estado no hubiera jamás existido, como si la actividad yihadista fuera ajena, como si la sociedad actual, vasca y española, convulsa en tiempos difíciles, viviera en un remanso de paz. José María Ruiz Soroa, articulista habitual en Vocento, apuntaba recientemente que en este periodo posterrorista, los nuevos impulsos penales funcionan “como una ilusión compensatoria de la amarga sensación de derrota”. Una percepción radicalmente distinta a la que describía en el mismo medio, aunque en octubre de 2011, José María Calleja: “La foto de ETA es la de la derrota”.

El segundo sector es más radical aún. Me atrevo a citarlo con una expresión que acuñó el abogado Miguel Castells cuando comenzó, hace ahora 25 años, aquello del “Todo es ETA”, con el encarcelamiento de la dirección de Herri Batasuna y en los años siguientes la ilegalización e imputación de más de 600 militantes de la izquierda abertzale o medios de comunicación como Egin y Egunkaria. Castells decía que para el Estado eran “terroristas desarmados”.

Pues bien, este sector considera, al menos públicamente, que la victoria de ETA ha sido notoria, y que esos centenares, miles de sus militantes están repartidos por las instituciones y que incluso ejercen en el Gobierno de la Nación (española). Con burdos pero constantes titulares han difundido la idea de que el proceso de disolución de ETA fue falso y que, aunque existen varios zulos desperdigados y desconocidos esperando “The call of the wild”, aquella llamada a lo salvaje de Jack London, “la voz de la sangre” en otra versión, el grueso de los subversivos se sienta en despachos cercanos a Lakua, Palacio de Navarra o la Moncloa.

No tiene nada de extraño cuando ya desde el minuto cero los escoltas negaron que ETA se desarmase, cuando diversos medios difundieron la continuidad de un inexistente impuesto revolucionario, cuando la Audiencia Nacional llamó a los integrantes de la Comisión Internacional de Verificación, cuando Mariano Rajoy, en contra de lo que hizo su mentor Aznar, fue a Oslo a recoger, junto a otros mandatarios de la Unión Europea, un descafeinado Nobel de la Paz, huyendo de los mediadores noruegos que le apremiaban para balizar contactos.

Este magma fue alentado por sectores mayoritarios en la judicatura, en los medios, servicios secretos y en las policías. Es en este último numeroso grupo donde los sindicatos policiales, en especial los más escorados hacia la españolidad de la pandereta que describió Antonio Machado, son más agresivos. Comunistas y separatistas, como en 1936, son la deriva de la naturaleza de España. El PSOE recoge las nueces del árbol que agitó ETA (Jusapol Euskadi, 31 de agosto de 2022).

Los ideólogos del posterrorismo o del terrorismo desarmado no dejarían de ser anécdotas a no ser por la enorme influencia que, a través de la mayoría de los medios, en quiebra y por tanto dirigidos en los consejos de administración por aquella banca especuladora que en 2008 salvamos obligatoriamente con nuestros impuestos, tienen en el devenir político. El juicio en París, contra Enrike López y Nathalie Chasseriaux, certifica que son los estados profundos los que necesitaban y necesitan a ETA para justificar la excepcionalidad y la construcción de sus comunidades excluyentes. Como en otras ocasiones peritos policiales y fiscales hacen causa común en cuestiones imaginarias, alejadas de la objetividad que les acarrea su cargo.

También, la concentración de una veintena de personas en Altsasu en apoyo a la Guardia Civil, con la participación del filósofo españolista Fernando Savater, sigue esta senda del negacionismo del otro y la apología de los medios represivos, alternando los conceptos de víctima y victimario. Alentando con actos de este tipo, mediáticos, policiales y judiciales, los caminos profundos de la justicia seguirán si ser desbrozados. Seguirán siendo parodias para un público entregado a la causa unionista.

 

 

 

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viernes, 27 de mayo de 2022

Acoger a las Otras Infancias

La infame campaña mediática en favor de Ucrania, esa que ha incluido un premio del supuestamente apolítico certamen Eurovisión -nos dicen que con los votos del público, ese mismo público que hace 4 años premió a la concursante israelí al mismo tiempo que la entidad sionista bombardeaba inmisericordemente a la población de Gaza- o más recientemente la aparición estelar del pésimo comediante y aún peor presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en el Festival de Cannes sepultó bajo toneladas de fake news a los niños refugiados de los conflictos generados por Europa en África y Oriente Medio.

Pues bien, Noticias de Araba trae a nosotros este artículo con el que, afortunadamente, se habla acerca de esas otras infancias.

Adelante con la lectura:


Una llamada a la acogida urgente de los refugiados 'olvidados'

Ongi Etorri Errefuxiatuak y Mugak Zabalduz buscan traer a Euskal Herria niños acogidos en los campos de Grecia con patologías graves

Carlos Mtz.

En plena oleada migratoria derivada de la guerra en Ucrania, Ongi Etorri Errefuxiatuak y Mugak Zabalduz no se olvidan de las críticas condiciones en las que se encuentran centenares de niños que viven en los campos de refugiados de Grecia, tras huir de otros países en conflicto como Siria, Irak o Afganistán.

Especialmente, cuando se trata de menores afectados por graves problemas de salud, que se unen a las precarias condiciones de estos espacios o a la falta de asistencia sanitaria y alimentación digna.

Ahora que las instituciones de la Unión Europea y sus gobiernos están mostrando una "sensibilidad" inédita con las personas desplazadas, ambos colectivos creen que es el momento de acabar con el "indigno" trato que sufren estos refugiados de segunda, a los que se cierra fronteras, se deriva a terceros países como Turquía, Marruecos o Libia o, en el peor de los casos, mueren en mares como el Mediterráneo.

"Con garantías"

Para ello, acaban de impulsar una iniciativa para poder traer este próximo junio a Euskal Herria, "con garantías", a todos los menores con graves problemas de salud "que sea posible" y ahora se encuentran refugiados en los campos de Grecia.

Por un lado, Ongi Etorri Errefuxiatuak y Mugak Zabalduz solicitan en su propuesta autorizaciones de residencia temporal "por circunstancias excepcionales" para estos menores, "por razones humanitarias".

Reclaman además corredores humanitarios para permitirlo, poniendo como ejemplo la experiencia de la comunidad madrileña de Sant'Egidio, que a su juicio "puede ser un referente útil".

Por otro lado, ambos colectivos van a impulsar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para dar luz verde a la regularización extraordinaria de personas extranjeras que se encuentran en esta situación.

"No estamos hablando gratuitamente", manifestó ayer Agus Gorbea, portavoz de Ongi Etorri Errefuxiatuak, durante la presentación de esta iniciativa en el centro cívico El Campillo de Gasteiz.

Entre 25 y 40

Según las cifras que maneja el colectivo, no menos de entre "25 o 40" menores en grave situación de salud serían susceptibles de ser acogidos en la CAV o Navarra.

Niños que, según el propio Gorbea, se encuentran en una condiciones "sanitarias, higiénicas y de todo tipo" de "gran vulnerabilidad", y muchos de ellos con enfermedades "crónicas, complejas y potencialmente mortales".

Ambas entidades van a socializar su propuesta con sindicatos y movimientos sociales para dotarla "de un cuerpo más amplio" y han remitido sendos escritos tanto a los diferentes grupos políticos de los parlamentos de Gasteiz e Iruña como al Ministerio de Interior con el objetivo de recabar su "compromiso" con esta reivindicación.

Por el momento, los colectivos únicamente han podido reunirse con parlamentarios de EH Bildu y Elkarrekin Podemos.

"En papel mojado"

Según recordaron tanto Gorbea como la también integrante de Ongi Etorri Errefuxiatuak, Arantza Gutiérrez, la decisión adoptada el 4 de marzo por la UE de activar el régimen de protección temporal para personas desplazadas y otras iniciativas institucionales, como la firma por parte del Estado español –en 2018– del Pacto Mundial para una migración segura, ordenada y regular, han quedado "en papel mojado salvo para las personas que llegan desde Ucrania".

El colectivo aseguró que la primera es "una decisión ajustada a derecho" y que apoya la acogida "digna" de las personas que vienen solicitando asilo desde el Este de Europa, pero reivindica el mismo trato para personas que "huyen de situaciones similares".

El Post-it

Informes de Medicus Mundi. Ongi Etorri Errefuxiatuak puso ayer sobre la mesa dos datos demoledores, extraídos de sendos informes de la ONG Medicus Mundi sobre la situación de los campos de refugiados de Grecia. Solo en el campo de Moria –año 2020– había más de 140 niños con enfermedades graves y sin tratamiento, mientras que seis de cada diez personas refugiadas que llegaban a una de las clínicas de Medicus Mundi en el país heleno presentaban ideas suicidas.

 

 

 

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