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domingo, 11 de noviembre de 2018

Entrevista a Otegi

Traemos a ustedes por vía de Público esta charla entre Arnaldo Otegi y Danilo Albin tras el fallo de Estrasburgo en el Caso Bateragune:


El líder independentista confirma que recurrirá la inhabilitación que aún le impide postularse como candidato. Teme una “condena ejemplarizante” contra los políticos catalanes por parte de “una judicatura que se ha autoimpuesto la defensa de la unidad de España”.

Danilo Albin

Detrás de estas paredes anidan miles de secretos. Perdido en un monte de Gipuzkoa, el caserío Txillarre ha sido testigo privilegiado de innumerables conversaciones sobre el final de ETA: Arnaldo Otegi se citaba allí con el dirigente del PSE Jesús Eguiguren cuando la paz empezaba, tímidamente, a andar. Allí se vio también con el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero el pasado 8 de septiembre, y allí ha tenido lugar la entrevista realizada por Público al líder independentista, sobre quien aún hoy pesa una inhabilitación judicial para hacer política.

El dirigente abertzale acaba de cerrar una semana perfecta. El motivo: la resolución del TEDH que establece que ni él ni los otros cuatro condenados por la Audiencia Nacional en 2011 tuvieron un juicio justo. Entonces les acusaron de querer reconstruir las estructuras de Batasuna “siguiendo las instrucciones de ETA”, lo que a Otegi le supuso una condena de 10 años —luego rebajada a seis años y medio—por terrorismo. En Estrasburgo sostienen que una de las juezas de este caso, Ángela Murillo, carecía de la imparcialidad necesaria para juzgarle.

Otegi se prepara ahora para un futuro cargado de expectativas. Así lo aseguró durante la conversación que mantuvo con Público en torno a una mesa del caserío Txillarre.

Usted hoy tiene sesenta años. A lo largo de su vida le detuvieron en seis ocasiones y pasó, en total, 14 años en prisión. ¿Por qué?

Esto es lo que resume un poco no solo una experiencia personal, sino también una experiencia política. Mi madre, que murió cuando yo estaba en la cárcel, tuvo que ir a visitar a su hermano a la cárcel del Dueso en los años 40. Eso pone sobre la mesa cuál es la evolución de un estado autoritario, en el que no ha sido posible construir una convivencia en términos democráticos. ¿Cómo se explica que en este país en el último siglo y medio haya habido tantos levantamientos armados? Es evidente que hay un conflicto político de naturaleza democrática, muy simple de resumir: queremos votar, queremos decidir nuestro futuro libre y democráticamente.

Ha dicho que el caso Bateragune, en el marco del cual fue detenido y encarcelado en octubre de 2009, supuso un intento de bloquear los avances hacia la paz que buscaba la Izquierda Abertzale. ¿Qué tareas concretas estaba desarrollando en ese momento?

Cuando nos detienen, el Estado sabía que estábamos tratando de convencer a todos los sectores de la izquierda abertzale de que era necesario un cambio en profundidad en nuestra estrategia y que había que finalizar —no sólo por cuestiones políticas, sino también éticas—el periodo de la lucha armada y abordar una estrategia de carácter democrático. Empezamos a hacer esa reflexión en un círculo reducido, y estábamos haciendo la tarea de ir ampliando esos círculos. El Estado era muy consciente de lo que estábamos haciendo y por eso nos detuvo. Por más que quieran imponer otro relato, este es el verdadero: no les interesaba que desapareciera la lucha armada.

¿Cómo fue el juicio por Bateragune?

Hay una cosa que nunca he dicho en público. Si uno relee la sentencia de la Audiencia Nacional, verá una cosa sorprendente: dice que no ha quedado acreditado que los acusados perteneciéramos a Bateragune, pero acto seguido señala que pertenecíamos a otra cosa que hacía las mismas funciones. Con esa acusación nos caen diez años de prisión. Fue un juicio amañado, con una dirección clara por parte de los poderes del estado en el sentido de que tenían que encarcelarnos.

¿Creían que finalmente iban a ser condenados?

A la vista de cómo se desarrolló el juicio, en términos jurídicos era imposible la condena. Además, contábamos con una ventaja: la acusación era que estábamos tratando de reconstruir Batasuna para seguir fomentando una estrategia violenta, y los hechos decían absolutamente lo contrario. Lo ocurrido después de la condena demostró que nosotros decíamos la verdad y ellos mentían, tal como queda acreditado también ahora con la sentencia de Estrasburgo.

¿Qué significa para usted esa sentencia?

En primer lugar, ha quedado claro que nosotros no tuvimos un juicio justo ni imparcial. También queda demostrado que las elecciones autonómicas de 2016, a las que se me impidió acudir como candidato, no se hicieron en condiciones democráticas. Al final, hay instancias superiores en Europa que a veces revisan las sentencias de la jurisprudencia española y las ponen en su sitio. Estrasburgo dice lo que nosotros decíamos: esto fue un montaje policial y judicial.

¿Va a recurrir su inhabilitación ante el Supremo?

Esa es una de las posibilidades que tenemos abiertas. Hay otra: ya tengo interpuesto un recurso de amparo ante el Constitucional que está por dirimirse. No hay que olvidar que de todos los acusados de Bateragune al único que le mantienen la inhabilitación es a mí. Espero que la sentencia de Estrasburgo tenga algún tipo de incidencia en esa resolución pendiente. Luego, siempre queda abierta la vía de la revisión de condena en el Supremo. No obstante, antes se tiene que hacer firme la sentencia del TEDH, y el gobierno español la puede recurrir.

En un caso o en otro, usted dará algún paso en los tribunales…

Sí, sin duda.

¿Cuál puede ser su futuro político?

Evidentemente, si la inhabilitación decae, yo podría ser candidato. En cualquier caso, no es algo que cambie mi compromiso político: yo siempre estaré donde la gente quiera.

¿Ve similitudes entre su caso y Catalunya?

Sí, claro. El Estado español se construyó a través de una transición que para nosotros no fue precisamente modélica. Ahí está el origen de todos los problemas. Aquí no hubo ruptura democrática con el conflicto, por lo que algunos jueces que ahora están dictando sentencias también lo hacían con el Tribunal de Orden Público franquista. Respecto al problema vasco, el Estado construyó una especie de armazón muy represivo. Una vez desaparecida ETA, han reacondicionado ese armazón antiterrorista para hacer frente no ya a la violencia armada, sino a los procesos democráticos y pacíficos. En el caso de los procesados catalanes, se inventan la violencia y todo un relato para que la cosa acabe con una condena ejemplarizante.

¿Cree que los políticos catalanes van a ser condenados por rebelión?

Me da la impresión de que la judicatura española, que es una casta, se ha autoimpuesto una misión: la defensa de la unidad de España. Tengo la impresión de que los sectores más reaccionarios de la casta judicial creen que la política no está siendo capaz de poner orden, y que le toca hacerlo a ellos. No sé hasta qué punto la sentencia de Estrasburgo por mi caso pueda atemperar los ardores guerreros de determinados sectores.

Quizás Estrasburgo también será la vía de los catalanes…

Posiblemente, pero el problema de Estrasburgo es que las sentencias llegan tarde.

¿Aprecia alguna diferencia entre el gobierno de Sánchez y el de Rajoy?

Nosotros sostuvimos la moción de censura, porque echar a la derecha española de las instituciones es algo que hacemos gratis y con gusto. Ahora bien, eso no significa que tengamos algún tipo de confianza en el gobierno socialista. Por ejemplo, en el tema de los presos vascos no han hecho nada más allá de los gestos. Antes que ETA se disolviera, todo el mundo –incluido el PP- decía: si se acaba ETA se acaba la dispersión. Pues que se acabe. A nivel político, veo al gobierno de Sánchez muy timorato. El problema de España es que cuando la izquierda -entre comillas- gobierna, sigue practicando las políticas de la derecha. Eso es una tragedia no sólo para vascos y catalanes, sino también para el pueblo español.

“Zapatero fue valiente”

Usted se vio aquí con Zapatero en septiembre pasado…

Yo no lo he confirmado.

¿Lo confirma ahora?

No confirmo ni desmiento. Lo que sí digo es que desde mi punto de vista hablar está bien. No entiendo cómo puede haber algunos que vean un escándalo en esto, pero después ven con absoluta normalidad cómo el monarca español se regodea con los sauditas. No entienden que en el Estado español hay problemas políticos de naturaleza democrática que ya son históricos.

Por lo tanto, no me va a responder si habló con Zapatero sobre el final de ETA…

No, no le voy a responder (risas). Pero siempre he dicho que Zapatero fue una persona valiente que arriesgó en su momento. Una buena parte de la situación que vivimos ahora se debe a gente como Jesús Eguiguren o Zapatero. También he dicho en más de una ocasión que desde mi punto de vista, desde la distancia absoluta en términos ideológicos, el señor Aznar, cuando autorizó que se abrieran vías de diálogo con el Movimiento Vasco de Liberación Nacional (lo dijo él, no lo digo yo), fue valiente, independientemente de lo que haya hecho después.

¿A lo largo de su trayectoria ha mantenido contactos con representantes de los distintos gobiernos españoles?

Sí.

¿Con el de Aznar?

Sí, también. Ahora que hay un nuevo líder en la derecha española —lo de líder lo digo siendo tremendamente generoso—le recordaría que nosotros mantuvimos encuentros con el gobierno de Aznar. Tenemos las actas, si le interesan. Hablamos, entre otras cosas, del derecho de autodeterminación del pueblo vasco, a pesar de que lo van a desmentir. Por encima de la hipocresía existente en la política en general, y en la española en particular, la izquierda independentista siempre ha mantenido canales abiertos con los gobiernos españoles, y también con muchos gobiernos europeos y líderes políticos de muchos lugares.

¿Llegó a entrevistarse con el gobierno de Felipe González?

Con el de Felipe González, no. Con el de Zapatero de sí.

¿Y con el gobierno de Pedro Sánchez?

Del gobierno de Pedro Sánchez no conozco absolutamente a nadie, salvo al ministro del Interior, pero no precisamente por razones políticas, sino porque me ha encarcelado varias veces. Ese señor ha visto pasar cientos de torturados delante suyo y no ha hecho absolutamente nada. No consideramos que sea un referente en términos democráticos.

¿EH Bildu podría apoyar los Presupuestos Generales del Estado?

Ahora mismo no somos necesarios en ese debate. Tenemos apenas dos votos en el Congreso, que en alguna aritmética podrían llegar a ser decisivos. Hemos mantenido un encuentro con los compañeros de Unidos Podemos en el Congreso, donde nos han presentado sus opiniones sobre los Presupuestos. En cualquier caso, todavía queda un largo trámite, y de momento no tenemos fijada una posición.

“El PNV huye de nuestra propuesta”

¿Y respecto a los Presupuestos del País Vasco? ¿Podría haber un acuerdo con el PNV?

Nosotros hemos hecho una propuesta de 420 millones de euros en un presupuesto de 11.200 millones. Queremos decirle al lehendakari que en este último año ha habido tres oleadas sociales que han puesto encima de la mesa que hay graves problemas en el país. También le preguntamos a Urkullu si quiere rectificar sus políticas sociales y económicas. Nosotros estamos dispuestos a darle dos abstenciones, pero lo que vemos en el PNV es un intento de huir de nuestra propuesta.

¿Es posible avanzar junto al PNV en materia de derecho a decidir?

Bueno, nosotros hemos alcanzado un acuerdo con el PNV en la comisión de autogobierno. Además, hace dos años hubo unas elecciones autonómicas en las que EH Bildu, PNV y Elkarrekin Podemos le dijimos a la gente que si nos votaba, entre otras cosas, íbamos a defender el derecho a decidir. Hoy el 80% del país está por el derecho a decidir, y no se entendería un pacto con el Estado que no recoja ese derecho. Por tanto, no tendría que ser muy difícil llegar a un acuerdo en esos términos. Ya lo hemos alcanzado con el PNV, y ahora esperamos que Elkarrekin Podemos también se sume. Lo queremos decidir todo, no solamente nuestra relación con España.

¿La desaparición de ETA puede favorecer un acuerdo entre los nacionalistas en el País Vasco?

Eso era lo que decía el PNV antes que desapareciera ETA. ¿Qué ha ocurrido cuando ha desaparecido ETA? Pues que el PNV no ha hecho acuerdos con los abertzales, sino con el PSE y el PP. Eso posiblemente se deba a intereses de clase, pero también a que el PNV crea que lo más importante ahora es quién disputa la hegemonía a quién. En estos momentos, el PNV no está a la altura de las circunstancias.

Este sábado, el Gobierno Vasco celebra el Día de la Memoria. Hay víctimas de ETA que se niegan a participar en esos actos. ¿A día de hoy existen dificultades para establecer un relato sobre lo que ocurrió en este país?

Existen dificultades porque hay sectores interesados en contar un relato que es mentira. Ya no se trata de construir un relato, sino de imponerlo. Creemos que hace falta una comisión de la verdad en la que cada uno ponga sobre la mesa cómo ha vivido este conflicto. La solución sería hacer un camino en el que, al final, todos entendamos que el sufrimiento de una parte y otra debemos sentirlo como propio. Si quieres construir eso, necesitas que el camino sea respetuoso. Por ejemplo, ¿quién le puede negar a alguien que haga su duelo? Nadie, pero aquí hay homenajes y recordatorios que no se pueden hacer porque son delito. ¿Por qué se prohíbe a determinada gente expresar su propio dolor? Por ejemplo, los familiares de los militantes de una organización como ETA. Si no entendemos que esto se hace de manera constructiva, y que si es así estaremos todos juntos, será tremendamente difícil.






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