viernes, 10 de julio de 2009

Acerca de la Europa Una Bajo Dios

Este texto ha sido publicado en Gara:

Juan Antonio Delgado Santana | Sociólogo

Las nuevas correrías del fascismo

Siempre me fascinó el arte como expresión primordial, como modo de liberación de los instintos primigenios, como éxtasis cultural (el éxtasis original conlleva la contemplación de la naturaleza); pero me decidí por estudiar formalmente el comportamiento de las colectividades humanas. Cosas de la vida. Concedí más importancia a la razón que a la pasión, aunque ambas pasean, corren, vuelan y yacen juntas.

Así pues, alguien (ni demasiado listo ni demasiado ingenuo) habita en una isla atlántica, en un archipiélago colonizado por el reino hispánico, y ha de buscarse los garbanzos, ya que no nace rico. El tipo simpatiza con los movimientos de liberación o, mejor dicho, es consciente de la dictadura del capital, del embrutecimiento impuesto por los medios masivos de (in)comunicación, de la tragedia cotidiana a que están sometidos los pueblos del mundo, de la terrible depredación que se cierne sobre el reino mineral, vegetal y animal del planeta. Mientras, el panorama del desempleo aparece inmisericorde como garra de león o ponzoña de serpiente.

Quienes tratamos de combatir por la justicia y la paz somos los mismos que aborrecemos el imperialismo, la guerra, el colonialismo, la explotación, los diversos y vampirizados disfraces del capital. De la misma manera que en el ámbito humano aspiramos a la independencia personal sin renunciar al amor y a la amistad, en el ámbito político aspiramos a la soberanía nacional sin renunciar al internacionalismo proletario y a la solidaridad de los pueblos. Los que aventan las cruzadas sangrientas nos acusan de alentar las disputas: ellos actúan así, a despecho de los espejos cognitivos. Son los mismos inquisidores que encienden las hogueras del odio y la represión. Voraces como belzebús del averno e impertérritos como ejecutivos del imperio, cada día exigen nuevas víctimas en el altar del holocausto cotidiano.

El fascismo europeo se forjó apelando a un pasado glorioso de conquistas, avasallamiento de las clases populares y hegemonía militar, copiando la simbología del imperio fenecido. El nuevo fascismo retorna ahora a la Europa neoliberal con maquillado y espectral rostro de tragedia griega.

El fascismo de entreguerras ha sido caracterizado por su irracionalismo ideológico y su recurso a la extrema violencia en sus medios y fines, con el objetivo de obtener el monopolio total sobre los cuerpos, almas y mentes de la Humanidad, a través de la represión, la alienación y el adoctrinamiento. La desigualdad social quedaba patente mediante la existencia de una mayoría obediente y una minoría selecta que conformaría la élite económica (la cual en el aspecto cultural y artístico rayaba en la ramplonería y la estrechez de miras, cuando no en la grosería, por lo general). El estado fascista abarcaba toda la vida social, por lo cual las libertades y los derechos individuales quedaban supeditados a los designios y conveniencias de clase del estado. La persona del dictador supremo concentraba la máxima autoridad, de la cual emanaba un aura (ficticia y poco creíble, pero supuestamente enraizada en lo carismático) que le dotaba de superioridad fantasmagórica ante las masas irredentas y aculturizadas. El partido único contaba con la total adhesión del estado o se identificaba en plenitud de urdimbres, y apelaba a plebiscitos multitudinarios en sustitución de elecciones libres, pues de existir prensa plural y divulgación crítica siempre ganaría una oposición arraigada en la ciudadanía, bien conocedora de sus intereses y anhelos.

El fascismo neoliberal aparece en el horizonte de la Unión Europea. La reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo (avalando la Ley de Partidos y el apartheid político en Euskal Herria) supone otra vuelta de tuerca. Ya no cuenta (como en los tiempos de la Comunidad Económica Europea) con un adversario estatal como la Unión Soviética, con todos sus errores y sus aciertos post-estalinistas, que le obligue a emprender una política económica más redistributiva y a la condescendencia con la oposición de izquierdas. Ahora formula con más desenfreno, aunque sin prescindir del venenoso esmero jurídico, su recurso a la represión, la alienación y el adoctrinamiento.

La desigualdad social puede ser pomposamente ostensible (fiestas de la gran burguesía), quedar oculta de las miradas de la plebe (reuniones del grupo de Bilderberg) o ser anulada simbólicamente ante la mirada de «los consumidores» (blue jeans que propugnan la igualdad visual de ricos y pobres en las aceras de la ciudad). No obstante, los gustos artísticos de la élite, pese al dominio de varios idiomas o la licenciatura en Cambridge o Harvard, siguen decadentes y al ritmo de las modas, aunque con caudal de sobra para presumir de Modigliani o de Gauguin en las paredes de sus mansiones. El estado sigue abarcando toda la vida social, pero de una manera más sutil e intrincada, por lo cual necesita de los anuncios publicitarios, el marketing comercial, los mensajes subliminales, la prensa rosa y los héroes televisivos. Las personas del jefe del estado (no criticable bajo amenaza permanente de cárcel o multa) o del presidente de turno devienen en figuras acomodaticias y burocráticas ribeteadas de banal sacralización. El partido único ahora se desdobla en dos, como el gigante de dos cabezas, el PPSOE, que cuenta con su corte de vasallos y partidos correveidiles, los cuales, en su desenfreno orgiástico, apelan cíclicamente a «la fiesta de la democracia» donde se reserva el derecho de admisión y es ilegal (o demonizada) la participación de la verdadera izquierda, la combativa y de firmes compromisos con la realidad social. Por ello se afanan en ilegalizar Iniciativa Internacionalista, mientras (en aras de una simulada legitimidad) le es necesario no zancadillear a la izquierda de corral o a aquella otra que presume de roja, pero que no reconoce el fraude o pucherazo electoral ni tiene intenciones de unidad fructífera y únicamente cosecha un puñado de votos.

El escenario a destruir es, de nuevo, la sociedad entera. No se limita al terreno político: también el ámbito social, incluso el más alejado de toda reivindicación y disidencia ideológica, ofrece blanco a sus cañones. El sistema no sólo renuncia a perseguir y encarcelar a los auténticos criminales, sino que hace la vida imposible a quienes se empeñan en desentrañar la verdad. Ejemplo paradigmático es el caso de las niñas de Alcàsser. En el mes de junio pasado Fernando García, sufrido padre de una de las tres adolescentes asesinadas en 1992, ha sido condenado a prisión y a pagar miles de euros de multa. Su delito fue señalar evidencias, según consta: acusó a los agentes que instruyeron la investigación de hacer desaparecer pruebas, manipular el escenario del crimen con fotos trucadas y mentir sobre las pruebas de ADN. También hay pena y multa para el criminólogo acompañante y para la emisora de televisión que emitió el mensaje.

El fascismo neoliberal, al igual que su predecesor, suelta los perros de la guerra y realiza una operación política cosmética para confundir a la ciudadanía, priorizar la exasperación y negar todo derecho a la resolución pacífica de los problemas de fondo. La traca de crueldades llega al límite en todos los frentes y la división del trabajo señala las prioridades: el sistema judicial encarcela y multa, la policía detiene y tortura, los mecanismos de desinformación mienten y tergiversan, los tertulianos de opereta gesticulan y berrean, los fondos reservados compran voluntades políticas y resoluciones jurídicas, los ejecutores de la guerra sucia emplean todas las sanguijuelas y ardides en su atroz hechicería de corruptelas y crímenes, el gobierno dinamita todas las salidas negociadas y pacíficas para sepultar la esperanza.

Sólo podemos luchar aliando razón y pasión, unidad y entereza. Necesitamos una inundación de voces y almas, de árboles y flores, de montañas y valles, de hoces y martillos, de hierros y yunques, de fulgores y melodías. Necesitamos convertir en realidad nuestros sueños de fraternidad y emancipación. Si esto no ocurre, la larga noche del oscurantismo acabará con todo.


.... ... .

No hay comentarios.:

Publicar un comentario