viernes, 13 de abril de 2018

Un Árbol como Metáfora de Paz

Los violentos de siempre pusieron el grito en el cielo al darse a conocer el diseño de la escultura de Koldobika Jauregi titulada Arbolaren Egia, inspirada en el desarme de ETA a principios de abril del año pasado.

Pues bien, en Gara se ha publicado este texto que le enmienda la plana ante quienes cuestionaron los elementos de la escultura, lean ustedes:

Félix Placer Ugarte | Teólogo


Y de sus lanzas, podaderas. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro, ni se ejercitarán para la guerra». Así expresaba su esperanza el profeta Isaías en tiempos de sufrimiento y dolor de su pueblo y veía brotar el retoño de la paz entre las naciones de la tierra.

El simbólico “Arbolaren egia” plantado en Baiona, en el aniversario del desarme de ETA, trasmite hoy también ese mensaje en Euskal Herria y a todos los pueblos. Se alza como signo de paz duradera, libertad política y creatividad artística después de un duro, difícil, doloroso camino de enfrentamientos y luchas, sembrado de víctimas. Marca el final de una época que no puede olvidarse porque su tronco hunde sus raíces más profundas en esta tierra donde sus gentes han tratado buscar la convivencia y el entendimiento. Su frondosa copa se levanta superando odios, venganzas, resentimientos y sometimientos. Sus hojas se alimentan de la luz que viene del diálogo, del acuerdo, de la libre decisión, de la democracia y participación, del mutuo respeto de la diversidad y pluralidad, que son también abono imprescindible para que en sus ramas florezca la esperanza y den frutos de amistad, de justicia y de paz, de reconocimiento de todas las víctimas, de relato auténtico que recoja, sin engaños ni omisiones, la verdad de la memoria histórica.

A la sombra de este metafórico árbol frondoso, bajo sus ramas, será necesario sentarse para dialogar y resolver el conflicto y las consecuencias que aún perduran, y encontrar nuevos caminos justos, equitativos, respetuosos de todos los derechos individuales y colectivos que nos corresponden como Euskal Herria, al igual que a otros pueblos como Catalunya.

Ha brotado en una tierra surcada por el dolor de muchas personas, donde han sido sesgadas vidas y se han infligido profundas heridas que perduran. Ahora es símbolo de acogida de todas las víctimas bajo su sombra reconciliadora que repara en justicia todo el daño causado por las diferentes violencias que pudieron y debieron haberse evitado. Y la sombra acogedora de sus ramas llegan hoy, de una manera especial, como lo reclamó en Paris la manifestación “Paz en el País Vasco: ahora los presos vascos” a los hijos e hijas de este pueblo, presos alejados, dispersados como castigo agravado, injustamente mantenido para ellos y para sus familiares.

No va ser, ni está siendo proceso fácil y serán necesarias mucha voluntad popular y manos artesanas de la paz que, siguiendo el ejemplo admirable de los “artisans de la paix” en su calculado camino, colaboren para que este árbol siga creciendo, en Iparralde y Hegoalde, después del largo y tormentoso invierno de enfrentamientos, oposiciones y violencias. Pero hoy y ante esta metáfora de paz, que quiere significar un nuevo ciclo, sentimos brotar en nuestra Ama Lur la primavera que siembra de flores de esperanza para lograr aquello por lo que tantas personas lucharon, sufrieron y ahora es posible y comienza a realizarse.

No hay duda de que, por parte de quienes no desean la realización plena de la democracia en todas sus dimensiones, seguirán oponiéndose muchas dificultades y obstáculos al proceso de una auténtica paz, tratando de impedir todo avance en la libertad y justicia. Intentarán continuar talando sus árboles protectores para reducirlos a madera combustible en sus hornos donde seguir fraguando armas que sometan a los pueblos que buscan su libertad y derecho a decidir. Lo hicieron en Gernika y luego, con una larga criminal represión, planificaron estrategias para arrancar las raíces culturales, identitarias, populares de Euskal Herria. No lo lograron porque el sufrimiento, la tenaz resistencia, la lucha de muchas personas, movidas y motivadas por un inquebrantable sentimiento de amor a su pueblo, profunda convicción de sus derechos y conciencia de la justicia y democracia, fueron el abono de una tierra donde ha brotado hoy el “Arbolaren egia”. Levantado en la capital labortana es hoy símbolo de un pueblo que no puede morir y se abre al horizonte de una época nueva de solidaridad y esperanza junto a otros muchos pueblos.

Ante este árbol, que brota de las mismas raíces que el roble de Gernika, experimentamos y sentimos el comienzo de un cambio radical, de una época diferente, de una renovación profunda para Euskal Herria en todos los ámbitos de su convivencia social, económica, política, cultural, ecológica; donde la sociedad civil es la protagonista y agente principal de la paz.

Por supuesto, somos conscientes de que el clima que nos envuelve está contaminado por la globalización neoliberal que agosta flores y frutos, seca los manantiales de la libertad, desertifica los campos y trata de reducirlo todo a excluyente beneficio para los intereses capitalistas. Parcelan nuestra Ama Lur y tratan de convertirla en territorio de explotación, en negocio productivo –también armamentístico– manipulado para aumentar el enriquecimiento de quienes poseen el dinero, manejan los mecanismos financieros y controlan el poder político. Planifican la tala de sus árboles para construir sus casas blindadas, incapaces de acoger –o para defenderse de– inmigrantes y personas que piden asilo.

En última instancia quiere reducir el frondoso árbol de Euskal Herria a una masa forestal de consumo multinacional donde pierda sus específicas y originales características, su identidad. Pretenden seguir controlando su desarrollo bajo su amenazador potencial armado, con sus leyes mordaza, con la represión legal de derechos de los pueblos y de la ciudadanía desde una Constitución inamovible.

El árbol de Baiona, donde la “aizkora” se convierte en “Arbolaren egia”, es símbolo y metáfora hoy, por tanto, de la conciencia de lo que somos y deseamos construir con plena libertad y justicia, contribuyendo, con otros pueblos, a hacer de este mundo, una tierra de diversidad y riqueza compartidas y solidarias donde crezcan árboles de la paz. Es la expresión de una voluntad inquebrantable de vivir en convivencia pacífica y constructiva en nuestra Ama Lur, abonada por la verdad del relato y el mutuo reconocimiento reconciliador, donde el esfuerzo común siga arando y trazando surcos para sembrar simientes de libertad que hagan brotar nuevos árboles de justicia y paz.






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