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lunes, 13 de diciembre de 2021

Entrevista a Xabier Erize

El tema del euskera en Nafarroa no es menor, solo recordar que en un tiempo se le denominó lingua navarrorum nos hace ver la necesidad de encontrar la forma de que retome su antiguo habitat lingüístico.

Por ello, les presentamos esta interesante entrevista publicada en el portal de Viento Sur:



[Xabier Erize (1955) es sociolingüista navarro. Doctor en Filología, realizó un año de especialización post-doctoral en EEUU. Tiene asimismo los títulos de experto universitario en Dirección General de la Empresa y en Comportamiento Organizativo. Es profesor de “Hiznet”, postgrado en planificación lingüística, miembro correspondiente de la Academia Vasca y miembro del Consejo Navarro del Euskera.]

Xabier Erize está últimamente investigando en torno al tema de consensos lingüísticos amplios en la sociedad navarra, y cree que son posibles a ciertos niveles. Su último trabajo aporta una visión novedosa: ha preguntado a personas navarras de habla castellana por sus motivos en torno al euskera. Ha recogido sus razones y sentimientos, los ha analizado y concluye que pueden tener un lugar en el impulso del euskera.

Presentaste tu investigación en las jornadas realizadas en Pamplona-Iruña, el 14 de octubre de 2021, en torno al tema de “oportunidades para fortalecer las actitudes a favor del euskera en Nafarroa”. ¿Qué acogida tuvo?

Entre las personas favorables al fomento del euskera existe preocupación porque en Nafarroa las actitudes a favor del euskera se encuentran con claros límites en la sociedad y los indicadores del estado del euskera también muestran esos límites (el dato más alto del euskera en Navarra se produce en la educación, donde, incluyendo el modelo escolar “A” que funciona en castellano y tiene una asignatura de euskera, se llega al 41 % de la población; sin el modelo A, se llega al 26 %). La acogida de mi informe fue buena o muy buena. Una persona dijo, además de dar las gracias, que ofrecía un marco para entender la situación y mostrar nuevos caminos. En algunos se notaba cierta extrañeza o incomodidad.

¿Por qué incomodidad?

Porque en las entrevistas aparecían algunas críticas, aparecía la idea de despolitizar el fomento del euskera y reflexiones que apuntaban que habría que modificar algo los modos habituales de actuación.

El título de tu trabajo es: “Incorporar los motivos de la ciudadanía navarra castellanohablante a la promoción del euskera: una investigación exploratoria”. Has continuado una línea que ya habías iniciado en investigaciones anteriores, pero das un paso adelante. ¿Ha venido de modo natural este paso?

Sí. El año 2018 realicé un trabajo empírico: “Un estudio sociolingüístico para nuevos consensos sociales sobre la lengua vasca en Navarra”. A partir de ese estudio, pensé dar un paso más adelante: preguntar a las personas de habla castellana que están más lejanas del euskera, con todo respeto y de modo muy abierto, sin ningún condicionamiento, que expresaran con toda tranquilidad cómo ven los esfuerzos para impulsar el euskera, qué les gusta y qué no.

Las personas castellanohablantes no están acostumbradas a que alguien se les acerque con ese tipo de preguntas. ¿Cómo te han recibido?

La mayoría muy bien. Han respondido y además lo han hecho en serio. Las entrevistas han sido muy enriquecedoras y las considero como un regalo por su parte. También ha habido quien ha dicho: “No me siento cómodo en estos temas, no tengo gran interés y prefiero no responder”.

Entre junio y julio de 2021 entrevistaste a 39 personas anónimas. Lo hiciste por escrito. ¿Por qué?

Lo hice yo solo y fue un método sencillo y científicamente adecuado. Fui conformando una red de relaciones. Busqué gente navarra de este perfil: que no sabe euskera, que está alejada del euskera, que no lleva sus hijos-hijas a la ikastola o al modelo D (modelo de aprendizaje en euskera, que incluye asignaturas de castellano y otras lenguas [sobre todo inglés]). Se animaban y me decían: “¿Puedo pasar la entrevista a gente de mi alrededor?”. “Sí, sí. Fenómeno”. He buscado gente de edad diferente y de distintas zonas de Nafarroa, y en cuanto al género ha sido casi a mitades.

Una vez recogidas las respuestas, comienzas a analizarlas, y ves que aparecen motivos muy diversos. Como investigador tienes que sentir si estás llegando o no al punto de “saturación”, que es cuando empiezan a repetirse las razones y sentimientos, cuando no percibes ya cosas muy nuevas, y te dices: “con esto puede ya ser suficiente”, y paras de buscar más entrevistas. Y eso es lo que sentí.

Creo que los entrevistados y las ideas que expresan son bastante representativos para saber qué es lo que hay en el mundo que vive en castellano, y a ese respecto estoy muy contento.

Planteabas esta hipótesis: “Sería posible identificar entre la ciudadanía navarra de habla castellana algunos motivos significativos en torno al impulso hacia el euskera, esos motivos podrían ser compatibles con el impulso social al euskera, y teniéndolos en cuenta sería posible que aparecieran oportunidades para ampliar la eficacia del impulso al euskera”. En gran medida has concluido que sí.

Sí. Se han identificado motivos, y esas motivaciones no están orientadas contra el euskera, plantean algunos enfoques diferentes, pero son compatibles con el fomento del euskera. Si una persona dice, “el euskera me gusta mucho como elemento cultural de Navarra”, y otra añade “si vienes con un estilo abierto e inclusivo me siento cómodo”, se crean oportunidades para ampliar la eficacia de la promoción del euskera. Con el estilo manejado hasta ahora nos quedamos en los límites de siempre: un 30%, además estabilizado, en meseta, con el riesgo de que descienda si nos descuidamos. ¿Cómo extender el euskera entre el conjunto de la población navarra? Escuchándoles y teniendo en cuenta lo que dicen.

Tu presentación concluye con el siguiente mensaje: “¡Ojalá se logren activar resonancias positivas en relación con el euskera!” De momento, hay poco diálogo entre la parte de la ciudadanía favorable al euskera y la parte de habla castellana. Este trabajo es un paso en esa dirección.

Yo creo que sí. Si quieres que se amplíen las resonancias hay que conocer y tomar en cuenta, sin desconfianza, sus puntos de vista. Entre la gente favorable al euskera hay cierta desconfianza ante lo que pueda haber detrás de los motivos de las personas de habla castellana: marginación del euskera… La gente castellanohablante, a su vez, se pregunta: “¿Qué vendrá tras el impulso del euskera? ¿Obligación, imposición, integración en Euskadi?”.

¿Esperabas las respuestas?

Algunas de ellas las esperaba, de hecho esa era la hipótesis. Partes del trabajo anterior, de tu experiencia, y sí que hay semejanzas. Pero también aparecen diferencias respecto a lo que esperaba. Han aparecido más críticas y más detalladas, y, en cambio, casi no ha aparecido el tema de la polarización. A menudo se piensa que en el tema del euskera hay en Nafarroa una gran polarización y crispación social, y eso no ha aparecido en la investigación. Una tercera cuestión es, y es nueva como argumentación, que les resulta agradable y positivo ver que las personas hablantes del euskera amen y cuiden su lengua.

¿Qué aplicación práctica posible le ves a este trabajo?

No estoy en la sala de máquinas de la política lingüística. Soy amante del euskera, y, por suspuesto, tengo relaciones con los agentes actores del fomento del euskera. Entonces, siempre es posible tener en cuenta este trabajo.

Me ha llamado la atención el que las personas entrevistadas mencionaran “el sentimiento de superioridad moral de algunas personas que hablan euskera”.

Escuchar esa reflexión me ha resultado novedoso a mí también. Pero, puestos a pensar, a veces les hablamos, como euskaltzales, a la ciudadanía castellanohablante, desde un punto de orgullo: “Oye, estás actuando con una actitud de superioridad respecto a nosotros, y nosotros estamos minorizados, nosotros somos las víctimas”. Un euskaltzale me dijo: “Mira, no había pensado en esto, pero pudiera ser”.

Lo que has hecho es un ejercicio de empatía. Escuchar (que es lo que no hacemos) y luego ponerse en el lugar de la otra persona.

Eso es. Además, para mí el dato objetivo es el hecho en sí mismo de que se dan esas percepciones. No me corresponde entrar a valorar si esas percepciones se corresponden con la realidad o no, o en qué medida. La investigación ha consistido en identificar los motivos que existen.

Han mencionado que “mezclar euskera con una ideología y política concretas” no les resulta cómodo. Bastantes lo han mencionado. Eso es más conocido.

Mira, en eso hay dos cosas. Una de ellas, muy conocida, “el euskera está politizado por ambas partes y eso no me gusta”. Otra diferente es, y esto ha aparecido con más fuerza, al menos en comparación con anteriores investigaciones, afirmar: “Estáis haciendo una promoción ideologizada o politizada del euskera”. En todos los casos se sobreentiende que la ideologización o politización es abertzale, nacionalista. Con eso no llegarás a acercarte a esas personas. Considerando el euskera como lengua propia de Navarra a preservar, sí. Las iniciativas de impulso al euskera les gustan a muchos y muchas. Euskera en la enseñanza, en la administración, en el tiempo libre, realizar actividades culturales en euskera, Nafaroa Oinez, Euskaraldia… Muchas personas entrevistadas ven bien que la población que habla euskera ame y defienda la lengua. Si yo fuera quien tomara las decisiones de política lingüística, sabría por dónde tirar. Lo que menos les gusta es la imposición o la obligación. O que se haga todo entre personas de unos estilos marcados y que se transmitan esos estilos. El ejercicio de preguntar y tomar en cuenta lo que piensan otras personas que están lejanas es un ejercicio muy importante. Casi todos los planes y campañas sobre el euskera se piensan y organizan entre euskaltzales. Todo lo más se llega a decir: “creo que esto les gustará a las demás personas navarras”..., pero no se les pregunta.







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