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domingo, 15 de mayo de 2022

Más Acerca de Mairin Mitchell

Hace unos días compartíamos con ustedes una nota corta acerca de una exposición museográfica en la que se daba a conocer el trabajo de la irlandesa Mairin Mitchell.

Pues bien, desde Naiz traemos a ustedes una semblanza biográfica mucho más completa.

Adelante con la lectura:


Mairin Mitchell, embajadora y firme defensora del pueblo vasco

Xole Aramendi

El Museo Euskal Herria rescata del olvido la figura de Mairin Mitchell, escritora, anarquista y analista geopolítica irlandesa. En especial, hace hincapié en su faceta como estudiosa de los hechos protagonizados por los marinos vascos y como divulgadora de la cultura vasca entre los anglosajones.

Xabier Armendariz ha dedicado un año, «en cuerpo y alma», a componer el retrato de Mairin Mitchell, a través de una ardua investigación. Desconocida entre nosotros, desconocida en el mundo anglosajón. «En Inglaterra e Irlanda es ahora cuando se está suscitando interés por la figura y la obra de Mitchell», detalla. El historiador y marino bilbaino se ha encargado de comisariar la exposición que alberga el Museo Euskal Herria de Gernika hasta 5 de febrero de 2023.

El germen del evento de Gernika es una muestra anterior que acogió el museo bajo el título ‘Vizcainos de la vuelta al mundo’. En la exposición, comisariada también por Armendariz, tenía una presencia destacada la novela ‘The Odissey of Acurio’, en la que Mitchell narraba las vicisitudes de Juan de Acurio, contramaestre bermeano de Juan Sebastián Elcano.

Fue así como el historiador tuvo conocimiento de la autora irlandesa. «Las únicas referencias que había en internet eran su nacionalidad inglesa y que había escrito una novela sobre los vascos. Me resultó chocante. Empecé a investigar y me di cuenta de que tenía una proyección importantísima y había escrito muchos libros sobre los vascos, especialmente sobre historia marítima. Y que su trascendencia era mucho mayor. El personaje es absolutamente fascinante. Con esta exposición se da la vuelta a la idea que se tenía de ella», afirma. Armendariz ha llevado a cabo su investigación en numerosos archivos de Euskal Herria, el Estado español, Irlanda e Inglaterra. En estos últimos países, Armendariz ha contado con la estrecha colaboración de Amaia López de Munain.

Mitchell dejó como legado centenares de artículos escritos en prensa y diversos libros publicados. Era a finales de la década de los 50 cuando con la publicación de la obra sobre Acurio una desconocida autora iniciaba la reivindicación de los vascos como viajeros y navegantes. Ese mismo año, en 1958, publicaría ‘Elcano: the First Circumnavigator’ (1958), y más tarde vendrían ‘The Bridge of San Miguel’ (1960), ‘Friar Andres de Urdaneta. O.S.A’ (1964) y ‘Berengaria, Enigmatic Queen of England’ (1986).

Mitchell trabajó durante años como corresponsal de ‘Irish Press’, hasta la década de los 50. Desde 1932 escribió muchos artículos sobre los vascos y sobre los viajes realizados a Euskal Herria en revistas especializadas en Historia. «Cada vez que se publicaba algo sobre los idiomas más antiguos de Europa, por ejemplo, ella enviaba una nota o escribía un artículo afirmando que el idioma más antiguo era el de los vascos. Hacía defensa del idioma y también hacía de expansora de la cultura vasca en el mundo anglosajón», subraya Armendariz.

Durante años Mitchell fue considerada en algunos círculos académicos como una mera escritora de novela histórica. Tal y como se afirma en la presentación de la muestra, esto responde «al cliché a veces interesado de una sociedad conservadora», tras el que se ocultó «el trabajo paciente, constante y entusiasta que mantuvo ininterrumpidamente hasta el final de su vida». A través de la muestra de Gernika, Armendariz reivindica a Mitchell como la cronista de los vascos.

Nacida en 1895 en Inglaterra, Mitchell muere en 1986. Armendariz remarca tres aspectos fundamentales en su biografía. «Hay tres personas que definen claramente su carácter», dice. Por una parte, su padre, Thomas Houghton Mitchell, médico muy querido en el lugar en el que ejercía. «Librepensador y masón en la Inglaterra de la época. Se fue de Irlanda a Inglaterra para estudiar Medicina. Menciona largas conversaciones sobre temas humanistas mantenidas con él».

De hecho, aun habiendo nacido en Inglaterra, Mitchell se consideraba irlandesa como su padre. Junto a él, destaca la influencia que ejerció un tío marino –se desconoce su nombre–. ‘El mundo sería un lugar más pobre sin esas gentes como mi tío marinero que podía contar historias sobre la mayor parte del mundo, rugir viejas canciones de marineros y hacerlo con aires divertidos. No es de extrañar que, por tanto, si la mente de un niño es ubicada temprano en los lugares lejanos llevados a casa por un trotamundos, cuando crecí decidiera ser escritora, con la esperanza de ver algo del mundo’, escribió en el libro ‘Back to England’ (1941).

Y, por último, su abuela vasca, Marianne Garat, nacida en Lapurdi. Es innegable. Mitchell tenía un vínculo especial con Euskal Herria, con sus paisajes, con su gente. «Había un amor por Euskal Herria. Tenía un interés permanente por muchísimos aspectos de la cultura vasca: gastronomía, música… –señala–. Y escribía permanentemente sobre los vascos incluso en libros que a priori no tenían nada que ver con la cultura vasca. Además, recogió canciones en sus libros, ‘esaera zaharrak’ en Bermeo… Me recuerda mucho a las grandes mujeres de finales del XIX y principios del XX como Gertrude Bell y Freya Stark, que han tenido un papel importante y que han tenido que competir contra el elenco de ‘machos’ que estaban puestos allí y aun así brillaron, incluso les superaron», señala el historiador bilbaino.

La discreción, un lema

Mitchell fue extremadamente discreta. Reflejo de ello es que se conoce una única fotografía –fechada en 1925– en la que se ve su rostro borroso. Huía de los reconocimientos. En opinión de Armendariz «siempre estuvo a la sombra. Nunca se significó en nada cuando tenía todos los méritos para hacerlo. Ni siquiera por vender sus libros se exponía en los medios. No le interesaba la fama».

También huía de las cámaras. «Era muy reacia a que le hicieran fotografías. Existen fotografías en el Gobierno Británico y el Ministerio del Interior español, pero no hemos podido acceder a ellas por las nuevas leyes de protección de datos. Solamente lo puedes hacer a los 75 años de su muerte».

Reconoce que ha sido un handicap que no hubiera imágenes suyas, pero cree que a la postre esto le aporta misterio. «Imagínate hacer una exposición de una persona cuando solo hay una foto de ella, pero su vida es tan potente e intensa... Tenemos tanta información sobre ella que el tema de la fotografía pasa a un segundo plano, casi se convierte en una anécdota y nos da idea del personaje, de su discreción. Yo creo que hasta le da más misterio al personaje», afirma Armendariz.
La muestra abierta en el Museo Euskal Herria consta de nueve secciones, ordenados en orden cronológico. No ha sido tarea fácil resumir la trayectoria vital e intelectual de una mujer como Mitchell. «Tiene una biografía muy densa y hemos intentado reflejar todos los aspectos de su vida», indica.

La primera referencia de la autora sobre Euskal Herria se remonta a los años 30. «Estuvo en Donostia en una conferencia escuchando a Barandiaran. ¿Qué hacía en Donostia, además, en una conferencia impartida en euskara? Ella lo conseguía entender, más o menos», asegura. Armendariz cree que durante toda su vida tuvo el corazón partido entre Irlanda y Euskal Herria. Estos dos países, junto al mar, fueron sus tres grandes pasiones.

Viajó al Estado español justo antes de la Guerra del 36. «Escribe la novela ‘Storm over Spain’ y en ella también habla del País Vasco y vaticina de alguna manera lo que iba a ocurrir. El alzamiento de Franco la pilla en el centro de la península», recuerda.

La exposición incluye una pequeña escenificación de sus viajes por Europa en los albores de la Segunda Guerra Mundial. Una mochila y una máscara de guerra simbolizan sus vivencias de aquella época. «Y esta es la parte del mundo que he visto, tanto en los días que llevaba una mochila o los días que llevaba una máscara antigás, colgados del hombro como equipaje de viajera», relató en ‘Back to England’.

Relación con personalidades de renombre

Un aspecto reseñable de su biografía es la relación, estrecha en numerosas ocasiones, que mantuvo con personalidades destacadas de la política –el lehendakari Jesús Mª Leizaola y Manuel de Irujo, entre otros– y la cultura –Koldo Mitxelena, José de Arteche y Julio Beobide– de Euskal Herria.

Testigo de ello es la correspondencia que mantuvo con ellos durante largos años. «Cuando tenía alguna cuestión relacionada con el euskara se ponía en contacto con Koldo Mitxelena –cuenta–. Y Leizaola tenía una carpeta especifica dedicada a ella. Se escribía con ella porque estaba interesado en aspectos marítimos de la historia de su familia; no eran cartas de cortesía, existía una relación muy fluida».

Mención aparte merece la relación que se creó entre la escritora irlandesa y Manuel de Irujo. Armendariz encontró cartas cruzadas de cuando este estaba en el exilio, primero en París y luego en Londres. «Me sorprendió muchísimo. Estaba también en contacto con el Gobierno Vasco en el exilio. Establecía los contactos a través de los vascos que estaban en Londres».

Nombres de relevancia de la política y la cultura vasca tenían en alta estima a Mitchell. Los elogios hacia ella son constantes. Ejemplo de ello es la carta de Irujo enviada a Vicente de Amezaga –como representante de los intelectuales vascos en Caracas– en los años 60. «Cuando leí la carta en la que Irujo pedía desde el exilio un reconocimiento para ella y nadie lo había hecho sentí que nosotros cogíamos el testigo. Esta carta es increíble, y para mí supuso el detonante para llevar a cabo la exposición sobre Mairin; ya que Irujo no pudo realizar el homenaje, yo lo tenía que intentar», confiesa Armendariz, emocionado.

José de Arteche, por su parte, la definió en uno de sus libros como «siempre amable, siempre discreta, pero que probablemente más sepa sobre la historia vasca».

Junto a personajes con nombre propio en la historia de Euskal Herria, la exposición saca a la luz la relación de la periodista con George Orwell. «Orwell escribió una reseña señalando que para entender la Guerra del 36 había que leer el libro [‘Storm over Spain’] de Mitchell», cuenta.

Alerta ante las injusticias

La exposición refleja un estado permanente de alerta sobre cualquier injusticia contra los vascos. «Por ejemplo, un periódico británico publica la ‘famosa’ versión del bando nacional sobre el bombardeo de Gernika y ella escribe al director diciendo que por favor se lean las cosas, que Gernika ha sido bombardeada de manera infame por las tropas franquistas y los nazis; es como si viviera permanentemente pendiente de Euskal Herria», señala.

‘Puedo sugerir a la atención de los lectores que aún no conozcan el libro, que también les puede atraer ‘El Árbol de Gernika’, de Hoddler y Stoughton Editores, en el que el sr. G. Steer llega a una conclusión muy diferente. Su libro sugiere que, lejos de que los vascos prendieran fuego a su ciudad más antigua y tradicionalmente venerada en Euzkadi, estos fueron víctimas indefensas de una de las exhibiciones más despiadadas de la guerra moderna que es posible concebir’, son las palabras de Mitchell.

En la exposición se puede ver también la carta que envió a una gran cantidad de periódicos irlandeses e ingleses pidiendo que sus compatriotas se involucraran en adoptar a los niños vascos que estaban llegando a Inglaterra en la Guerra del 36. «Se involucraba hasta ese punto», en palabras del comisario de la muestra.

«Participó en un congreso en Inglaterra donde decían que fue Magallanes quien dio por primera vez la vuelta al mundo. Ella escribió a todos los periódicos diciendo que no, que había sido Elkano y que habían sido los vascos. Se quedó todo el mundo flipado, y puso a los vascos en el mapa», incide.

Mitchell tenía una personalidad compleja. «Se consideraba anarquista pero también muy humanista, lo que matizaba su carácter. Estuvo al lado de los campesinos de Irlanda. Es como entendía ella el anarquismo. Creía que era la mejor vía para terminar con las desigualdades, pero dentro de un orden, porque era profundamente pacifista. También era católica, una de las contradicciones del personaje».

En su libro ‘Back to England’ dejó escrito: «Decidí que la única revolución a la que podría unirme sería a una que le diera a las mujeres el control de los asuntos mundiales y que han sido desordenados durante demasiado tiempo por los hombres. Porque esta sería la única revolución que podría poner fin a las guerra para siempre».

Fue miembro de la Royal Geographical Society. «En aquella época, siendo mujer, era algo excepcional. Es cuando vi que no era simplemente una novelista. Tenía más calado desde el punto de vista de la historia marítima, de su quehacer como historiadora y como periodista», señala.

Independencia

Mitchell vivió 91 años. «Fue absolutamente independiente toda su vida. Fue una mujer excepcional y se movió por Europa en el periodo de entreguerras. Pero hay cosas asombrosas, como cuando la Royal Society me envía su discurso de ingreso y veo que la ponencia trata sobre el pueblo de Etiopía. ¡Había ido también a Etiopía!», exclama el comisario de la muestra.

La escritora e historiadora irlandesa es dueña de una biografía apasionante y sorprendente por muchos motivos. Fue testigo de excepción de los grandes acontecimientos del siglo XX. «Nacida y criada en la época eduardiana en Inglaterra, fue una mujer muy culta. La situación social era muy poco propicia a ello pero ella dejó su casa a los 14 años. Se fue a Londres a un internado y posteriormente a estudiar Historia. A partir de ahí, a comienzos de los años 20 se encontraba en una buhardilla con marineros rusos, con anarquistas de Londres… También estuvo a bordo de un buque canadiense como taquígrafa…», relata.

Durante sus primeros años en Londres los círculos políticos que frecuenta están compuestos por exiliados irlandeses. Uno de los personajes más relevantes es Desmond Ryan, escritor, historiador y activista del Sinn Féin. La sufragista irlandesa Hanna Sheeby Skeffington fue uno de los modelos a seguir de Mitchell, con la que mantuvo una gran amistad.

Ryan escribió un estudio sobre Éamon de Varela, primer presidente de la República de Irlanda –descendiente de vascos y director de ‘Irish Press’–, incluyendo las cartas políticas de Mitchell.

La autora hablaba seis idiomas: inglés, alemán, francés, español, ruso y griego. «Durante la Guerra Mundial trabajó como traductora en los puertos ingleses. Al dominar una gran cantidad de idiomas probablemente ejercía de traductora con los aliados haciendo de enlace o lo que fuera. Además, una amiga suya era traductora de Winston Churchill», explica el comisario.

Armendariz nos confiesa su sospecha de que antes, durante y después de la II Guerra Mundial trabajara para la Inteligencia Británica. «Una mujer con su perfil en 1941 se recorre toda Europa y antes, en 1938-1939 había estado en Austria y Alemania y lo contó en el libro ‘Back to England’. Si no es inverosímil que en tiempos de guerra viajara con esa libertad por toda Europa y escribiera libros sobre geopolítica. En 1948 escribió un libro sobre la historia marítima de Rusia. Con todos los idiomas que hablaba me resulta muy difícil pensar que el Servicio de Inteligencia Británico no contara con ella. Como es el caso de otros muchos escritores. Esto explicaría el motivo de su discreción. Hay una parte importante del espionaje en la II Guerra Mundial que el Gobierno británico lo mantiene clasificado. Yo no lo veré desclasificado pero mañana igual otro investigador lo puede sacar. Lo más probable es que sea así», señala.

Mitchell viajó en numerosas ocasiones a tierras vascas. Su deseo era asentarse aquí. «Estuvo en Bermeo en 1951 para documentarse sobre Acurio y realizó largas estancias en casa de conocidos como el pintor Beobide. En alguna de las cartas escritas a José de Arteche a finales de los 60 le dice que quiere comprarse una casa aquí pero no le llegaba el dinero. Se compra casa en Portugal –la llama Villa Urdaneta–, al final se cansa de Portugal y alquila pisos sistemáticamente en Bera, Tolosa y Zumaia. Se mantiene aquí hasta 1977. Con 82 años vuelve a Inglaterra».
Cree que, en parte, pudo mantener su vida y viajes gracias a la herencia familiar, especialmente de su madre. Gertrude Emily Pease provenía de una familia acomodada de empresarios. «Obviamente, el tipo de libros que escribió no eran para hacerse millonaria. Pero esto es solo una especulación», advierte.

Los vascos siempre en mente

Armendariz menciona una pintura marina del puerto regalada a su médico en Inglaterra con la dedicatoria ‘del que muchos vascos partieron con Elkano para dar la vuelta al mundo’.

Entre las curiosidades que incluye la exposición, el visitante puede ver una nota manuscrita del libro de visitas de Arrantzaleen Museoa de Bermeo (entonces Torre de Ercilla). La encontró Aingeru Astui, el exdirector de Arrantzale Museoa de Bermeo. Fue escrita en 1951 y en ella agradece la amabilidad de los vascos (vizcainos), ‘gran gente’. «Termina la frase con un ‘Arriba Euzkadi’», señala el comisario. [risas]
Mitchell dedicó el último periodo de su vida a escribir un libro sobre Berenguela de Inglaterra, la reina navarra esposa de Ricardo Corazón de León que nunca llegó a Inglaterra porque se mantuvo en Francia. «No consiguió publicarlo hasta su lecho de muerte. Se lo comunicó su editora cuando se estaba muriendo y fue la última alegría que le dieron», recuerda.

Ha encontrado una nota en la que la escritora confiesa que está teniendo problemas para su publicación en Inglaterra –exigían un cierto número de ejemplares– y Leizaola comenta así en una nota personal: ‘Ese libro deberíamos publicarlo nosotros’.

Armendariz también ha localizado su testamento. «Los pocos objetos que tenía se los dejó a los médicos y a sus amigas vascas». Entre estas últimas se encontraba la tolosarra Cecilia García de Guilarte. «Estuvo en el exilio en México y las presentó Arteche. Compartían la misma ideología –medio socialista medio anarquista– y fueron educadas en el catolicismo. Y sobre todo ese profundo carácter humanista –les interesaba Andrés de Urdaneta como navegante– y aficiones. En Tolosa, en los últimos estertores del franquismo, yo creo que su amistad sería una especie de oasis».

Armendariz ha logrado contactar solamente con dos personas que conocieron a Mitchell y que han cedido el juego de tocador que les regaló antes de irse a Inglaterra, al final de su vida. De esta manera, la exposición define la figura de la autora irlandesa incluyendo aspectos más personales e íntimos. Entre los objetos se pueden ver diversas postales. «Era muy detallista con familiares y amigos», finaliza.

 

 

 

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