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domingo, 14 de marzo de 2004

Irritados

El pueblo español entiende muy bien quien es el responsable de la masacre perpetrada en Madrid el 11-M, su nombre es José María Aznar López, el criminal de guerra que llevó al estado español a una invasión militar ajena que resultó en la muerte de miles de civiles iraquíes, sin olvidar que antes ya había apoyado la aventura belicista de Bush hijo en Afganistán.

Desde La Jornada traemos a ustedes este reportaje al respecto:


Crece irritación de españoles contra el gobierno de Aznar

Luto y reclamos

Jenaro Villamil | Enviado

Camino es una joven que hoy, desde las dos de la madrugada, vigila de manera voluntaria el altar cívico que se colocó a la entrada de la estación de Atocha, sitio donde se registró el mayor número de heridos y muertos tras los atentados del pasado jueves. "Aquí se ha sobrepasado el nivel de indignación. La gente se pregunta una y otra vez ¿por qué?, ¿por qué?" A su lado, una libreta con cientos de comentarios sobre la inconformidad, que crece, por la ambigüedad del gobierno.

Junto a las veladoras, a las ofrendas de flores, dentro y fuera de la estación de Atocha, una serie de papeletas colocadas desde el día de ayer preguntan: "¿Y si es Al Qaeda? Acebes (ministro del Interior), el pueblo te pide que respondas antes del 14-M". Camino subraya que esa es "una de las manifestaciones genuinas" de descontento contra las versiones oficiales.

A unos cuantos metros de la entrada a la estación del Metro de Atocha, justo donde cientos de personas se dirigen a tomar el tren de cercanías, hay otros dos altares con cartulinas que interrogan: "¿Por qué?" "¿Quién ha sido? ¿No nos ocultáis algo?" En una hay más de 200 veladoras y decenas de ofrendas florales; en otra, camisas y otras pertenencias de algunas víctimas.

"Si no es ETA, mañana qué. Vota por la paz. ¡Que no nos manipulen!", plantea otra cartulina. Esa una de las que más llama la atención de decenas de ciudadanos que acuden a expresar su dolor, a dejar una veladora, a observar, a sentirse parte de una comunidad dolida. Muchos de ellos son inmigrantes latinoamericanos, como José, de origen peruano, o como una señora búlgara, quien toma fotografías, o como un señor elegante, vestido de color caqui, quien reza pegado a su maleta. Junto a él, otra enorme manta dice: "España se viste de luto. ¿Hasta cuándo seremos víctimas del terrorismo?"

En estos sitios es incesante la llegada de grupos de 10 a 15 personas, que se quedan unos minutos observando los altares y colocando ofrendas. Es esta otra movilización silenciosa, reflexiva, doliente, un día después de que las calles de Madrid se inundaron de indignación y luto. 




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