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martes, 16 de marzo de 2004

Fisk | ¿Por Qué No Aprendemos?

Les presentamos una lección de historia por parte del periodista inglés Robert Fisk, misma que le dedicamos al recientemente defenestrado criminal de guerra José María Aznar y por qué no, también al flamante triunfador de las elecciones del 11-M, el sociata José Luis Rodríguez, quien ya hace sonar tambores de guerra en contra del Plan Ibarretxe, argumentando memeces como esa de que "divide al pueblo vasco".

Aquí la tienen, desde las páginas de La Jornada:


¿Por qué no aprendemos la lección en Medio Oriente?

Robert Fisk

Traducción: Jorge Anaya

Así que Al Qaeda echó del poder al Partido Popular de José María Aznar con sus bombazos a los trenes en Madrid. ƑQué tiene eso de nuevo? Durante décadas Medio Oriente ha destruido a los gobernantes occidentales que se han atrevido a enredarse con esa región.

El apoyo de Jimmy Carter al sha -a quien le hablaba del "gran amor" que su pueblo le tenía cuando ya los ayatolas se aprestaban a derrocarlo- acabó por costarle la presidencia. La revolución y la toma de la embajada estadunidense en Teherán condujeron de manera inevitable a la declinación política de Carter. Jamás pudo negociar una salida al conflicto y, cuando intentó un rescate militar, resultó un desastre en el que los mullahs acabaron picoteando literalmente los huesos de los soldados estadunidenses cuyos aviones se estrellaron en el desierto iraní.

Ronald Reagan llevaba menos de una semana en el poder cuando concluyó el sitio a la embajada en Teherán, pero sus últimos intentos por garantizar la liberación de los rehenes de su país en Líbano causaron grave daño a su gobierno. El arreglo pactado por el coronel Oliver North -enviar armas a Irán y desviar las ganancias hacia sus amados contras nicaragüenses- destruyó la integridad de la política estadunidense en Medio Oriente.

Sólo tres años antes, el secretario de Estado de Reagan, Alexander Haig, quedó en el descrédito al dar luz verde a la catastrófica invasión de Líbano por Menajem Begin, que condujo a la masacre en los campos de Sabra y Chatila y a la matanza de 241 soldados y auxiliares de Estados Unidos en el ataque suicida a la base de los marines en Beirut.

George Bush padre creyó que ganaría la relección presidencial después de liberar a Kuwait en 1991, pero su subsecuente apoyo a la paz en Medio Oriente en la conferencia de Madrid -y la afirmación de su secretario de Estado James Baker de que los israelíes, más que los árabes, no estaban interesados en una paz verdadera- selló el destino de su gobierno. El lobby judío consideró que Bush era una desventaja para sus intereses.

Luego los supuestos pilares del mundo europeo -Blair, Berlusconi y Aznar- decidieron apoyar a Bush hijo y sumergirse en el lodazal de Irak. Ahora el partido de Aznar ha sido derrotado y tanto Bush como Blair temen perder el poder a causa de las mentiras, los engaños y la ilegalidad de la invasión.

Pero podemos remontarnos mucho más atrás. El primer ministro británico Anthony Eden destruyó su gobierno -y su vida- al secundar a franceses e israelíes en un cínico complot para invadir Suez. La debacle de 1956 -los británicos tuvieron que retirarse humillados después que el presidente estadunidense Eisenhower amenazó a la libra esterlina- creó una polarización en la política británica no diferente de la crisis actual en Irak. Eden, al igual que Blair, no contaba con el pleno respaldo de su nación en esa aventura, mintió a la Cámara de los Comunes sobre sus negociaciones secretas para preparar la guerra y sufrió la renuncia de uno de sus colaboradores de más larga trayectoria.

No termina allí. Gran Bretaña pasó angustias en Palestina cuando en 1948 abandonó el mandato que recibió tras la Primera Guerra Mundial, y debe cargar con la culpa de mucho del sufrimiento que ha ocurrido allí hasta nuestros días. El mandato francés en Siria y Líbano terminó con menos escándalo pero con igual mortificación. Su creación artificial -Líbano- se desgarró en la guerra civil de 1975-1990.

La carrera política de Winston Churchill en la Primera Guerra Mundial fue destruida por su promoción de los desembarcos en Gallípoli, un fiasco sangriento y mal planeado que fracasó en derrotar al imperio otomano musulmán. De hecho, varias de las mayores derrotas militares británicas de todos los tiempos se han sufrido en Medio Oriente: Kabul en 1842, Kut-al Amara en 1915, la caída de Tobruk y Bengazi. Sólo la entrada de Allenby en Jerusalén y la victoria de Montgomery en El Alamein, en 1942, pueden equilibrar esos desastres.

También Francia ha recibido temibles lecciones en el mundo árabe. Las atrocidades de la guerra de independencia de Argelia y la pérdida de millón y medio de vidas entre 1954 y 1962 privaron a ese país de la joya de sus colonias, indujeron a amotinarse a sus regimientos más curtidos y casi acabaron con la carrera política de Charles de Gaulle.

Hasta Napoleón quedó entrampado en Egipto después de prometer "liberar" al pueblo de El Cairo de la crueldad de los rajás. Ricardo Corazón de León casi perdió su trono por irse de cruzado a Medio Oriente. El rey Luis X de Francia murió en las Cruzadas...

Uno se pregunta por qué los occidentales no hemos aprendido la lección y no dejamos en paz a esa gente. Pero no. Todavía queremos ir a "rescatar" y "liberar" y ocupar tierras musulmanas. Y seguimos preguntándonos cómo fue que las cosas salieron tan mal.

© The Independent

 

 

 

 

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