miércoles, 20 de febrero de 2019

El Terror Franquista en Arrasate

El terror franquista en Euskal Herria debe ser dado a conocer. No se puede olvidar a las verdaderas víctimas del conflicto generado por la perpetuación de la ocupación colonial española en territorio vasco.

Les compartimos esta reseña literaria publicada en las páginas de Noticias de Gipuzkoa:


El libro ‘Hacia una memoria compartida. Arrasate 1936-1956. Guerra, resistencia y franquismo' viene a completar el volumen sobre el periodo que abarca los últimos 62 años que en diciembre presentó la asociación pro Derechos Humanos Argituz.

Anabel Dominguez

"Éramos diez hermanos; en 1936 yo tenía cuatro años y medio. Los franquistas estaban en Kurtzetxiki y de allí a nuestro caserío hay un kilómetro. Mi padre fue con los bueyes al bosque a traer helecho y cuando volvió, sin darle ninguna explicación, le llevaron a la cárcel preso por tener una pistola vieja en casa". El relato que enhebra José Uribesalgo, hijo de Dionisio que fue fusilado por el régimen del dictador Francisco Franco, da contenido a las páginas del libro Hacia una memoria compartida. Arrasate 1936-1956. Guerra, resistencia y franquismo, que ha emanado de la Mesa de Memoria y Convivencia que conforman todas las formaciones políticas con representación en el Ayuntamiento.

José Uribesalgo, vecino del barrio de Bedoña que falleció en Angelu (Lapurdi) en 2012, es uno de los 61 hombres y 43 mujeres arrasatearras cuyos testimonios nutren la publicación que firman al alimón Miren Altuna y Juan Ramón Bengoa. Estos autores han alumbrado un concienzudo trabajo de casi 400 páginas que abarca desde los prolegómenos de la Guerra Civil española (1936-1938) la dictadura de Primo de Rivera y la II República hasta el final del ciclo más sanguinario de la represión de posguerra en 1956.

"Esos últimos 16 años desde que se da por concluida la contienda están estrechamente unidos a la misma generación que resistió al fascismo; una generación en la que muchas personas murieron, otras emigraron para siempre y otras muchas sufrieron cárcel y malos tratos, y pese a estar en libertad condicional volvieron a pelear por los mismos ideales contra la dictadura", recalcan desde Intxorta 1937 Kultur Elkartea. La asociación memorialista ha hilvanado los episodios de esta cruenta época en las hojas del libro que precede al volumen Hacia una memoria compartida. Arrasate 1956-2018, que se presentó el pasado 20 de diciembre a cargo de Argituz.

Con ambas publicaciones la citada Mesa de Memoria y Convivencia ha querido contribuir a sentar las bases de "la verdad, justicia y reparación" para todas las víctimas, así como a visibilizar todas las realidades de sufrimiento en el municipio (o vinculadas al mismo).

Imborrable huella

Altuna y Garai han completado, por tanto, un exhaustivo mapa del sufrimiento que traza los hechos acaecidos durante dos intensas décadas. Para ello han echado mano de las entrevistas grabadas tiempo atrás a 106 arrasatearras que padecieron en sus propias carnes la guerra y sus consecuencias, a la vez que han consultado numerosas fuentes documentales y archivos.

Los partidos políticos y sindicatos que afloraron en Arrasate, la II República, la revolución de Octubre de 1934, el Frente Popular, los años del conflicto bélico, los batallones, la depuración de funcionarios municipales, la ley de responsabilidades políticas . son algunos de los capítulos que ocupan las páginas del libro.

Así, la guerra del 36 y la posterior represión franquista dejaron en la localidad una imborrable huella de dolor con 3.000 personas que tuvieron que huir empujadas por la contienda (el 40% de la población), 800 lucharon en el frente, más de 200 fallecieron y más de un centenar fueron condenadas a años de cárcel en juicios farsa sin ninguna garantía, sin olvidar a los 420 ciudadanos apresados, de los que seis fueron fusilados y tres murieron en prisión, los 50 vecinos asesinados y/o desaparecidos y los 613 que perdieron sus puestos de trabajo.

"Vivíamos en el caserío Olanbarri, los soldados estaban en nuestra casa y la hirieron con una bala en alusión a Juana Josefa Pildain. La llevaron a Bergara y murió desangrada. Nunca hemos sabido dónde enterraron a nuestra madre", relata Gregori Markaide Pildain en el apartado dedicado a los asesinatos de la población civil.

La generación que perdió la guerra y no tomó el camino del exilio regresó a casa para continuar, en el caso de algunos izquierdistas y nacionalistas, con la lucha contra la dictadura franquista desde la clandestinidad. "Yo he sufrido más a la salida de la cárcel que en la propia cárcel. Cuando vine a Mondragón ni se me pasó por la cabeza presentarme a reclamar mi puesto de trabajo en el Ayuntamiento, habíamos sido depurados y expulsados. He visto llorar a personas de 60 años que desde los doce habían trabajado en la Cerrajera, y solo porque habían estado en la zona roja no les cogían de nuevo", rememora en la publicación José María Arriaran.

Durante los años 1944 y 1945 Debagoiena fue una zona de paso de guerrilleros del Maquis. "Dos que habían escapado de un tiroteo en Valcarlos llegaron hasta el caserío Altuna, encima de Epele, y al ver a un hombre trabajando en el huerto se acercaron a pedir ayuda. Uno era asturiano y el otro vizcaino", cuenta Arriaran. En abril de 1945 la Guardia Civil mató a dos maquis por la zona de Urbia.

Las mujeres, protagonistas

Los autores del libro han querido, asimismo, hacer un homenaje a las mujeres como protagonistas de la Guerra Civil, que también fueron represaliadas y víctimas de la dictadura. Las organizaciones femeninas (Emakume Abertzale Batza, las Margaritas, Mujeres Socialistas ), el papel que desempeñó el colectivo en el mundo laboral, las arrasatearras asesinadas, presas, rapadas o deportadas tejen, de esta manera, el capítulo centrado en las mujeres.

"Hay que señalar la sindicación femenina en la UGT, en las mayores empresas como Elma, Unión Cerrajera y la Industrial Mondragonesa, y las centenares de detenciones en la localidad tras la revolución de octubre de 1934", exponen Garai y Altuna para, a continuación, destacar que estas mujeres "son protagonistas invisibles, no las vemos aunque la realidad nos dice que estuvieron, que fueron víctimas directas de los acontecimientos y sus consecuencias. Les espera el hambre, el frío y la angustia ante la suerte de sus familiares. Acudirán a las cárceles y recurrirán a cualquier ayuda. Vivirán la incertidumbre de los juicios y realizarán cualquier trabajo que sirva para llevar sustento a sus casas".

En definitiva, un trabajo que recuerda a las víctimas y clama contra la impunidad. Desde su puesta de largo la semana pasada no ha dejado de despertar el interés de la ciudadanía. Muestra de ello son los centenares de ejemplares que se han retirado en el BAZ, donde el volumen está disponible en castellano y en euskera.






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