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lunes, 8 de noviembre de 2021

Del Alto Urola a La Palma

El mundo entero está conmocionado por las imágenes que llegan hasta las pantallas desde las Islas Canarias. Ver como la lava del volcán lentamente va devorando hectáreas de tierra con casas, sembradíos, caminos, etc.

En ese contexto y recordando la inclinación solidaria del pueblo vasco, traemos a ustedes este reportaje desde el portal de El Español:


Los habitantes de tres pueblos vascos se vuelcan en ayudar a La Palma

Inés se enamoró un día de Garachico: ese amor es uno de los motores de una iniciativa de los habitantes de Zumárraga, Urretxu y Legazpia

José Antonio Felipe

Algo más de 2.500 kilómetros separan La Palma de la comarca del Alto Urola, en el País Vasco. Dos realidades muy distintas que se han visto unidas por la erupción del volcán de Cumbre Vieja. Este es un ejemplo de solidaridad de varios pueblos vascos con los palmeros y palmeras pero, sobre todo, es una historia de amistad: la de Inés con Miguel el Peluquero con Garachico, uno de los pueblos más bonitos del mundo, como escenario.

Inés Benítez es concejala en el Ayuntamiento de Zumárraga pero, en varias ocasiones, insiste: “Por favor, esto fue hecho a título particular por un grupo de personas, nada que ver con la política, no quiero que se piense que es por ello. La clave fueron los voluntarios”. Se refiere a una iniciativa que surge de un grupo de Facebook de vecinos de los pueblos de Zumárraga y Urretxu que comprobaron la tragedia que trajo consigo la erupción del volcán: “Precisamente para que no vieran que quería buscar ningún tipo de rédito político me puse en contacto con algunas personas y nos pusimos de acuerdo muy pronto”.

Había que tenerlo todo previsto. En primer lugar, se pusieron manos a la obra para encontrar un local y pensaron la mejor manera de encontrar un transporte. En medio, comenzaron a realizar un llamamiento para hacer una recogida de productos de primera necesidad tanto en colegios como con la ciudadanía en general: “Yo conocía a Loren Dorta de ir a Garachico y él me puso en contacto con Sergio, el alcalde de El Paso. Nos dijo todo aquello que necesitaban y comenzamos a hacer la recogida”.

En La Palma, Fedepalma, la federación de comerciantes palmeros, se ofrecieron para poder recibir la mercancía para su posterior distribución. Desde el primer momento, como el resto, no lo dudaron un instante.

Zumárraga, Urretxu y Legazpia, pueblos de la Mancomunidad del Alto Urola, se volcaron: “La asociación de comerciantes recogió en cada tienda el listado de lo que habíamos pedido, sobre todo ropa de bebé, ropa interior, toallas, sábanas o alimentos para los animales además de mucho material escolar. Un día concreto se encargaron de traernos todo y, mientras, los vecinos, también colaboraban de manera particular”.

La clave fue la solidaridad de todos. Desde personas que compraban ropa de bebé siendo pensionistas, a comerciantes que sufrieron en sus carnes la crisis por la covid: “El dueño del chino nos trajo una caja llena de material escolar, con lo mal que lo pasó con la pandemia. Nos quedamos abrumados”.

La brigada municipal del Ayuntamiento de Zumárraga se encargó de poner mano de obra para transportar la mercancía además de material para embalar todo y el alcalde de Urretxu logró que la panificadora del pueblo embolsara cada caja y cada palé: “Los centros de día y los geriátricos han donado muchas cajas de pañales. Pero muchas. Ellos mismos lo decidieron, porque querían que las residencias de La Palma tuvieran ese material”.

Tocaba afrontar otro reto: poder enviar todo (300 cajas) a la Isla: “Después de varios intentos, como la voz se fue corriendo, una empresa de Irún, Rhenus, nos dijo que nos dejaba espacio en el transporte. Yo no soy creyente, pero siempre digo que cuando las cosas se hacen de corazón alguien te abre un camino, porque el asunto del transporte eran complicado”. Al final, Bergé Marítima se encargó del desplazamiento por mar, que se realizará desde Alicante.

La kutxa

Una vez cubierta la parte material tocaba la emocional, la de tratar de paliar tanto sufrimiento recibiendo apoyo desde tan lejos: “La kutxa, caja en castellano, se ponía, antes, en los caseríos. Cada familia le tallaba su escudo y ahí se iban guardando los recuerdos, los trajes de las abuelas para las nietas… Como cuando en las películas estadounidenses se guardan esas cosas en el desván, pero más como lo nuestro. Yo tenía una caja de esas típicas de las cestas de Navidad, la cogí, la pinté y pusimos fotos de nuestros pueblos. Para nosotros tiene un significado muy especial”.

En una de ellas, porque al final son dos, se introdujeron cartas de ánimo o artículos de artesanía siempre con una nota para las personas a las que le llegue: “Queremos, de alguna forma, que llegue ese calor, nos parecía frío que el material recogido llegara sin más. Los niños se han volcado muchísimo. Todo eso irá a los alumnos de los colegios damnificados”.

En esta labor la ayuda de los colegios volvió a resultar emocionante. La Salle, el Gainzuri de Urretxu, el Haztegi de Legazpia la Urola Garaiko Lanbide Eskola y el colegio Olazabal volvieron a ayudar desde donando todo tipo de artículos a cargar cajas. Todos quisieron ayudar, en la medida de sus posibilidades, para paliar el sufrimiento de aquello que veían por televisión y que los medios les contaban.

“La idea de poder darles algunas cosas de artesanía de estos pueblos surgió de manera inesperada”, recuerda Inés, intentando que los palmeras y las palmeras pudieran esbozar una sonrisa mientras el volcán rugía: “También ahí quisieron colaborar todos, desde las personas mayores a los más jóvenes”.

Una amistad y Garachico

Pero: ¿de dónde le viene a Inés ese vínculo con Canarias? Gracias a Garachico. “Conocí a Miguel el Peluquero en un viaje y, desde un primer momento, conectamos, trabamos amistad. Desde que fui allí la primera vez me sentí como una más, me hicieron sentir una de ellos. Llevo más de diez años yendo y, cuando no lo hago, lo noto”, dice Inés con una mezcla de emoción y añoranza.

La covid se llevó a Miguel el Peluquero, una conmoción para todos los que lo conocían, por eso ahora esto resulta “un pequeño homenaje” para él: “Es que a mí Garachico me lo ha dado todo a nivel personal gracias a su gente, a gente como Miguel. No sabes cuánto lo echamos de menos en mi casa…”.

Esa amistad, ese recuerdo y la solidaridad de tres pequeños pueblos vascos, admirables en su respuesta, harán algo más felices a los palmeros que tanto lo necesitan.





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