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martes, 10 de marzo de 2020

El Otro Hemingway

Mucho se ha escrito acerca de la estrecha relación de escritor estadounidense Ernest Hemingway y su relación con Euskal Herria. Mucho hay de historia sí, pero también mucho hay de mito.

Desde el portal de El Norte de Castilla traemos a ustedes un magnífico reportaje que nos muestra el lado oscuro de esa admiración que Hemingway cultivase hacia los vascos en un momento muy particular de la historia.

Lean por favor:


Documentos de la CIA y el FBI revelan las absurdas correrías en el Caribe del escritor, que embarcaba pelotaris para intentar que lanzaran granadas con sus cestas al interior de los submarinos nazis

Óscar Beltrán de Otálora

En 1942, Ernest Hemingway y un grupo de vascos protagonizaron en Cuba lo que se antoja podría ser una de las historias más grotescas de la Segunda Guerra Mundial. El escritor se llevó a dos cestapuntistas en su barco para intentar hundir submarinos nazis lanzándoles granadas con la cesta de mimbre. Esta misión formaba parte de una fantasía del autor norteamericano: había creado un grupo de espías 'amateurs' con los que quería vencer a Hitler desde el Caribe, y a los que envolvió en una serie de aventuras disparatadas. Hoy, setenta años después, una investigación realizada por este periódico desvela por primera vez algo que jamás se ha publicado en las biografías del Nobel.

Con sus correrías, Hemingway estuvo a punto de cargarse una auténtica red de espías vascos vinculada al FBI, que controlaba a agentes nazis ocultos en Bilbao, en distintos países hispanoamericanos y en el corazón de Estados Unidos. Las alertas se encendieron en los servicios secretos norteamericanos, que desacreditaron al escritor y le vigilaron de forma constante. Días antes de suicidarse, en 1961, Hemingway se quejó del férreo control al que le sometía el FBI. Ya se sabía que el acoso era cierto, pero ahora hay un posible porqué.

Reconstruir esta historia ha sido posible gracias a los archivos del FBI y de la CIA desclasificados de forma parcial en los últimos años. Desde los ochenta, es posible consultar la documentación que la primera de estas organizaciones reunió sobre el escritor. Pero, hace dos años, los servicios secretos norteamericanos colgaron en su página web la información sobre el 'Basque G project', una red de agentes vascos tutelada por el lehendakari Agirre que colaboró en la lucha contra los nazis a ambos lados del Atlántico. Las dos tramas se cruzan por la adoración que Hemingway sentía hacia los vascos, de quienes se rodeó mientras vivía en Cuba.

Los hechos se desencadenaron en 1942, cuando el escritor era ya una celebridad mundial. Algunas de sus novelas, como 'Fiesta' (1926), que convirtió Pamplona en una meca para los norteamericanos, 'Adiós a las armas' (1929), 'Las verdes colinas de África' (1935) o 'Tener y no tener' (1937) habían cosechado un éxito global, que ratificó en 1940 con la publicación de 'Por quién doblan las campanas', a punto de ser llevada a la gran pantalla en Hollywood cuando arranca esta historia.

Sus crónicas sobre la Guerra Civil española, que cubrió como corresponsal, también habían sido celebradas en EE UU. Para entonces, Hemingway había creado un modelo de 'macho alfa' sin precedentes. Sus héroes de ficción son hombres físicamente insuperables pero atormentados. Beben, se pelean, cazan animales salvajes, torean, acometen cualquier gesta para esconder las heridas del alma. Es en ese contexto en el que el escritor se aísla en Cuba.

La oficina del FBI en La Habana elabora su primer informe sobre Hemingway en octubre de 1942. Aficionado a la pesca en alta mar, había conseguido convencer al embajador de Estados Unidos en la isla, Sprouiller Braden, para que le permitiese crear su propio 'ejército privado'. Entre otros, estaba compuesto por los pelotaris Patxi Ibarluzea, de Markina, y Félix Areitio, de Ermua. También se embarcaron en la aventura el cubano con familia en Vitoria Paco Garay y el bilbaíno Juan Duñabeitia, apodado 'Simbad el Marino'. El grupo se completaba con antiguos marines estadounidenses. En la mente del escritor, dos objetivos: crear una red de espías, a la que bautizó como 'Crook Factory', y ejecutar la operación 'Friendless' –sin amigos–, con la que pretendía salir a buscar sumergibles alemanes en las aguas del Caribe. Para ello, había convertido su yate, 'El Pilar', en un arsenal flotante.

En el número de la revista 'Marine Corps History' editado en el verano de 2018 –que analiza el plan de Hemingway– se explica la táctica que pretendía llevar a cabo. Consistía en atraer a un submarino, algo supuestamente factible, ya que en ocasiones salían a la superficie para asaltar pesqueros en busca de agua dulce. En cuanto el 'U-boat' abriese sus escotillas, los jugadores de jai alai lanzarían granadas con sus cestas para intentar meterlas al interior de la nave. Si así no conseguían hundirla, el grupo de Hemingway se enfrentaría a los nazis con ametralladoras y cargas explosivas. El teniente coronel de los Marines y amigo de Hemingway John Thomason, al que consultaron la operación, resumió: «No es imposible... solo es una locura».
Combustible gratis

Al parecer, la oficina naval estadounidense dio el visto bueno a la idea porque creía que, si en algún momento salía bien, la publicidad habría sido enorme. Suponían que elevaría la moral de las tropas. Pero Hemingway jamás se topó con un submarino. Según sus críticos, su verdadera intención era disponer de combustible gratis para salir a pescar con su barco. La cobertura de sus pretendidas misiones bélicas era ideal para burlar el racionamiento imperante.

El contexto le fue favorable para hacer prosperar su plan. En diciembre de 1941, los japoneses habían atacado Pearl Harbor y Estados Unidos había entrado en guerra con Alemania. Cuba se había convertido en uno de los lugares más sensibles del Caribe, al tratarse de un puerto clave para los navíos que cruzaban el Atlántico. La isla era un hervidero de espías; muchos de ellos, exiliados de la Guerra Civil española.

En La Habana se mezclaban nacionalistas vascos con miembros del partido comunista y falangistas. Hemingway buscó a sus informantes entre los republicanos españoles. Según los memorándums del FBI, reclutó a 26 personas en establecimientos hosteleros y bares. Con lo que oían y veían, elaboraba informes que remitía a la embajada de EEUU. Todo eran rumores sin confirmar, palabrería de un escritor que jugaba a ser un hombre de acción. Alertó de un golpe de Estado contra el presidente cubano Fulgencio Batista que jamás se llevó a cabo; denunciaba la presencia de fascistas en el puerto que nadie podía comprobar... El FBI, al tanto de la operación, aseguró que sus datos «carecían de valor».

La banalidad del Hemingway 'espía' se tornó peligrosa el 9 de diciembre de 1942. Ese día, según la información desclasificada recientemente, se adentró en el mayor lío de toda su vida. El escritor comunicó a la embajada que, mientras 'patrullaba' en su yate, había visto al barco español 'Marqués de Comillas' abastecer a un submarino del Tercer Reich en alta mar. Los diplomáticos estadounidenses alertaron a la Policía cubana y, en cuanto el buque atracó en La Habana, se interrogó a la tripulación y a los pasajeros. Nadie había visto nada. En principio, otra chapuza de Hemingway.

Muy pocas personas en el mundo sabían entonces que el 'Marqués de Comillas' era clave en la historia de la Segunda Guerra Mundial. El barbero de a bordo, Valeriano Peña, era un agente nazi encargado de cruzar mensajes entre las dos costas del Atlántico. En el barco se había llevado a cabo una operación secreta que sólo conocían los más altos mandos del FBI y la OSS, la oficina que dio origen a la CIA. Un pasajero se había declarado franquista convencido en una conversación con Peña, que no dudó en reclutarle para su organización.

Este hombre era José Laredogoitia, un pastor de la localidad vizcaína de Urduliz que había fracasado en su intento de labrarse un futuro en Estados Unidos. Emigró en 1912 a Idaho, pero allí no tardó en meterse en todo tipo de problemas legales. En 1941, cuando conoció al barbero nazi, estaba siendo deportado de Estados Unidos a España por pagar con cheques sin fondos. Cuando el 'Marqués de Comillas' desembarcó en Bilbao, el pastor fue conducido a las oficinas secretas de la Abwehr, el espionaje alemán, en la ciudad. Los jefes de la inteligencia germana en España le consideraron un 'mirlo blanco'.

Los documentos de la CIA revelan que Laredogoitia fue entrenado como espía por los expertos nazis en la capital vizcaína. Aprendió a utilizar la radio, a descifrar códigos, a utilizar tinta invisible... Su adiestramiento tenía como objetivo la creación de una red de espías en EEUU, pero también mantener contacto con la trama alemana en países como Colombia, Venezuela y Brasil. Lo que hizo Laredogoitia en 1942, en cuanto cruzó el Atlántico como agente secreto, fue contactar con el Gobierno vasco en el exilio y traicionar a los nazis.

El lehendakari Agirre, afincado en esos momentos en Nueva York, era la cabeza del Servicio Vasco de Información, una amplia red de exiliados vascos que se había puesto a disposición de las agencias de inteligencia norteamericanas para luchar contra el fascismo. Su joya de la corona era Laredogoitia, que no tardó en convertirse en un agente doble y en sabotear a los alemanes. Su papel resultó determinante durante toda la contienda para desbaratar la estrategia de la Kriegsmarine, que buscaba hundir los convoyes que viajaban de Estados Unidos a Europa.

Al lado del Servicio Vasco de Información, la organización de Hemingway no era más que un grupo de párvulos. Y, en su inconsciencia, el escritor volvió a jugar con fuego. En enero de 1943, trasladó a la embajada estadounidense que había recibido un importante soplo: al bar Basque de La Habana había llegado una caja con documentos secretos del fascismo internacional, «una información vital sobre el espionaje» en la isla.

El escritor, ya probablemente fuera de control ante sus continuos fracasos, ordenó a los miembros de su red que robasen la caja y la llevasen a la residencia diplomática. Así lo hicieron, pero, cuando al día siguiente abrieron el paquete, todo lo que encontraron fue «una edición barata de la vida de Santa Teresa de Jesús». Hemingway, que presenció la escena, montó en cólera y acusó al servicio secreto norteamericano de haber dado un cambiazo. Los agentes reaccionaron con ira y Hemingway se acobardó. «Dijo que todo era un chiste», se puede leer en los documentos del FBI.

El historiador David Mota, uno de los mayores especialistas sobre el Gobierno vasco en el exilio y estudioso del Servicio Vasco de Información, asegura que el 'Marqués de Comillas' era «un barco convertido en un nido de espías». Reconoce que aún no se ha analizado en profundidad la relación entre los deslices de Hemingway y la verdadera red secreta que estuvo a punto de poner al descubierto. Si hubiera seguido adelante, quizás habría desmantelado sin saberlo el mayor esfuerzo de guerra del FBI y la OSS en Latinoamérica. Aunque algunas fuentes especulan con la posibilidad de que el libro de Santa Teresa que apareció en la caja del bar Basque quizás si fuera fruto de un cambiazo.

«Hay muchas cosas que no se saben de lo que sucedió aquellos años en Cuba con el espionaje vasco», sostiene Mota. Algunos detalles de la información que el FBI acumuló sobre Hemingway siguen siendo materia reservada. Un ejemplo: el servicio secreto norteamericano se refiere en algunos papeles a los datos que le facilitó un «confidente vasco», pero su nombre aparece tachado.
Batalla administrativa

David Mota mantuvo una batalla administrativa con el Departamento de Justicia norteamericano para conseguir la desclasificación de esa documentación. Perdió. En abril del año pasado, su petición fue rechazada. «Es muy difícil de explicar que a estas alturas no se quiera hacer pública toda la información sobre aquellos acontecimientos históricos», reprocha. Una de sus hipótesis es que, entre los colaboradores de la red vasca cuyas actividades se mantienen ocultas, se encuentra Jesús Galíndez. Este representante del Gobierno vasco en el exilio y agente secreto del FBI fue raptado en 1956 en Nueva York por sicarios del dictador dominicano Leónidas Trujillo. Su cuerpo jamás apareció. Se sospecha que fue torturado y arrojado al mar para que le devorasen los tiburones. Muchas de sus actividades son hoy en día una incógnita.

Con el episodio del 'Marqués de Comillas', Ernest Hemingway pudo comprometer la auténtica trama de espías mientras se entretenía en su yate con los pelotaris vascos. Y no tardó demasiado en dar otro paso en falso. En el verano de 1943, comentó a sus allegados que estaba dispuesto a contar en un libro sus relaciones con el servicio secreto. El FBI, enterado de sus propósitos literarios, intensificó su vigilancia, temeroso de que si Hemingway escribía esa obra en plena contienda bélica podría poner a disposición de los nazis datos que les permitirían deducir que tenían un agente doble infiltrado en sus filas.

La guerra terminó dos años después, pero no los controles sobre Hemingway. El departamento dirigido por J. Edgar Hoover siguió elaborando informes sobre sus andanzas. Los archivos desclasificados muestran cómo los espías vigilaban sus movimientos: desde sus relaciones con Hollywood a sus peleas con otros escritores. En enero de 1961, casi veinte años después del incidente de La Habana, el FBI todavía redactó un dosier sobre el tratamiento médico al que estaba siendo sometido el escritor. «Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado», había escrito el autor de 'El viejo y el mar' (1952). Pero, para entonces, Hemingway era un hombre derrotado, y su épica sobre el 'macho alfa' se había venido abajo.

El alcohol y los accidentes habían dejado su cuerpo en ruinas. Además, estaba atrapado en una profunda depresión que intentaron curarle con electroshocks en la clínica Mayo. En junio de 1961 comenzó a decir a sus amigos que era víctima de una persecución implacable del FBI. El editor y novelista A.E. Hotchner fue a visitarle a su casa de Ketchum, Idaho, y lo que vio allí le asustó. Según relató más tarde en un libro, el premio Nobel se comportaba como un paranoico que no quería hablar en voz alta porque estaba seguro de que habían puesto micrófonos en su casa y en el coche. En cada bar al que entraba creía reconocer a un agente que le espiaba. Al pasar por alguna sucursal bancaria de noche decía a sus colegas que el FBI estaba allí dentro revisando sus cuentas. Nadie le creyó. Sus amigos y su familia estaban convencidos de que había perdido completamente el juicio. El 2 de julio, Ernest Hemingway cogió su escopeta favorita y se voló la cabeza.

Casi veinte años después, la desclasificación de algunos documentos del FBI desveló que las sospechas de Hemingway podían ser exageradas, pero no infundadas. Su muerte tuvo lugar en Idaho, la región norteamericana que había acogido a la colonia vasca desde el siglo XIX. En el Estado fronterizo de Montana se había ocultado Laredogoitia. El agente doble de Urduliz, el hombre que quizás Hemingway estuvo a punto de descubrir, se retiró a vivir a un rancho comprado con el dinero que le pagaron los norteamericanos y los nazis durante la guerra. El destino les deparó caminos bien distintos desde que se cruzaron en La Habana en 1942.

El FBI, sobre Hemingway: «Es un egocéntrico que reacciona de forma violenta a las críticas»

Una evidencia de la colisión entre el espionaje aficionado de Hemingway y la trama profesional del FBI, el OSS y los agentes vascos es una carta firmada por J. Edgar Hoover en diciembre de 1942, cuando ya se ha producido el incidente en el que Hemingway dice haber visto al barco 'Marqués de Comillas' abastecer a un submarino nazi. Hoover, que con el tiempo llegaría a ser el hombre más temido de Estados Unidos, pide a sus hombres en la embajada de La Habana que se aseguren de que el escritor no recibe ningún dato sobre las operaciones en marcha y que le desacrediten. «Cualquier información sobre la falta de fiabilidad de Hemingway como informante debe hacerse llegar de forma discreta al embajador», escribe el director del FBI. Un informe posterior de uno de sus hombres en La Habana entra ya en cuestiones personales. «El escritor es un egoísta egocéntrico que reacciona de forma violenta a cualquier crítica a su trabajo o sus ideas», escribe.






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