martes, 7 de agosto de 2018

Diego Rivera en Lekeitio

Esto que llega a nosotros por medio de El Correo definitivamente necesita ser archivado bajo la etiqueta Kurlansky-Arzalluz. De hecho, nos ha pillado por sorpresa pues no teníamos ni idea de lo que se relata.

Lean ustedes:


El historiador del arte Mikel Onandia ha descubierto que el artista mexicano pintó ocho cuadros en la localidad vizcaína, a la que viajó junto a su maestro en 1907

Iñaki Esteban

Célebre muralista mexicano, marido de la también artista Frida Kahlo y líder de la revolución de su país, Diego Rivera llegó a España en febrero de 1907 a bordo del barco 'Alfonso XIII'. Tenía 20 años, pesaba 130 kilos y era un perfecto desconocido. Venía con una beca del Gobierno de Veracruz y le esperaba en Madrid el pintor academicista Eduardo Chicharro. Con él viajó en la primavera de ese año a la Exposición Universal de Arte de Barcelona, en la que le habían rechazado dos paisajes de Toledo si bien habían aceptado algunas obras de su tutor.

Desde la capital catalana emprendieron un viaje por la costa vasca que recaló en Lekeitio. El mexicano pintó una serie de cuadros en la localidad de los que sólo se conocían un par de ellos. Hasta ahora. El historiador Mikel Onandia, profesor de la Facultad de Bellas Artes en la UPV-EHU, acaba de publicar un artículo en el que rastrea la estancia de Rivera en Lekeitio e identifica ocho cuadros que el artista pintó en rincones lekeitiarras aún hoy muy fáciles de identificar. Salvo uno de ellos, los demás pertenecen a colecciones privadas y se desconocía su paradero, por lo que el trabajo de Onandia supone un sorprendente descubrimiento que une al revolucionario artista con el País Vasco.

Llegó por recomendación, como era habitual, a la academia de Chicharro, un pintor «ahora un poco relegado pero que entonces tenía muy buena fama entre la burguesía por su estilo académico con alguna influencia modernista», explica Onandia.

La relación entre maestro y alumno debió de ser buena porque viajaron juntos con frecuencia. No hay cartas u otro tipo de documentación que explique por qué eligieron Lekeitio y cuánto tiempo estuvieron en esta localidad. El pintor Julián de Tellaeche se había formado en el taller de Chicharro y, a pesar de que durante ese verano se encontraba en París, su familia pasaba la temporada en el pueblo y el artista volvía a él con frecuencia, apunta Onandia en su artículo, publicado en 'Kurik', la revista del Ayuntamiento. Otra posibilidad estriba en la relación entre Chicharro y Ricardo de Madrazo, uno de las más sobresalientes academicistas españoles junto a su amigo Mariano de Fortuny. Estaba ligado a Lekeitio por su casamiento con Ángela de la Calle y su familia ocupaba durante el estío la casa Echezábal, que aún habitan sus herederos.

La influencia de Zuloaga

El puerto y sus barcos, las casas y la basílica de la Asunción: las partes más características de la población costera aparecen retratadas por los pinceles de Rivera, que tenía que enviar al gobernador de Veracruz un cuadro cada seis meses como pago por su beca.

El cuadro 'La casona', con un tratamiento modernista de los volúmenes fue incluido en la exposición antológica sobre la obra del mexicano en el Cleveland Art Museum en 1999, que con el título 'Diego Rivera. Art and Revolution' viajó también a Los Ángeles y México DF. Otra obra, 'La parte de Pedro', muy próxima al costumbrismo vasco -«los cielos parecen de Tellaeche», apunta Onandia- estuvo en una muestra del año pasado sobre la relación entre Picasso y Rivera.

«Aunque no sabemos cuánto estuvo, necesitó tiempo para hacer todo esto», sugiere el historiador. El único cuadro que se conserva en un institución pública, en la casa museo del pintor en Guanajuato, es el que representa el templo, titulada 'Iglesia de Lekeitio o Piedra vieja y flores nuevas'. La fachada gótica contrasta con dos árboles de azaleas que aparecen en un plano más cercano. «La lectura simbólica de la obra es evidente: La savia nueva florece sobre las tradiciones antiguas», explica Onandia.

Rivera estaba en pleno proceso de aprendizaje y pintaba del natural, como le exigía Chicharro. «Enseguida se vio influenciado por Zuloaga, un referente para muchos intelectuales del momento que gozaba de un importante éxito internacional. Además, fue el artífice de la revaloración El Greco, un artista que impresionó mucho a Rivera», destaca el autor del estudio.

Algunos de los cuadros lekeitiarras se expusieron en 1908 en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, una edición dominada por Santiago Rusiñol y Julio Romero de Torres en la que Chicharro ganó una medalla de oro. Más tarde incluiría obras del verano vasco en una muestra en México de 1910. Después pasarían a colecciones particulares de su país y de Estados Unidos, donde aún continúan, salvo el cuadro de la iglesia.

Rivera volvió al País Vasco en 1914, a Hondarribia, donde conoció a Robert y Sonia Delaunay, que veraneaban con su compatriota Ángel Zárraga. Poco después se convertiría en el gran artista nacional mexicano, en el mito de la revolución de su país.

Los buenos augurios de Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla solía pasarse asiduamente por el taller de Eduardo Chicharro y, al parecer, reprendía a los alumnos que trataban de hacer cosas distintas del impresionismo francés o de cualquier otra corriente que estuviera fuera de la ortodoxia española. Un día acudió expresamente a ver las obras que Diego Rivera había pintado en Lekeitio. Le enseñaron 'Iglesia de Lekeitio o Piedra vieja y flores nuevas', 'En Vasconia' y 'Cuando los remos descansan'. Según las memorias de Rivera, el valenciano le cogió las manos y le dijo que con ellas se haría rico. «Hay que tener en cuenta que Rivera dictó sus recuerdos y que estos llevados al papel pueden acusar alguna exageración. Pero sí, eso es lo que pone en sus escritos», comenta Mikel Onandia.






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