lunes, 23 de noviembre de 2015

Oskorri se Despide

Se cierra un ciclo para la música euskaldun, el grupo Oskorri ha decidido dar fin a este proyecto artístico cultural reinvindicativo.

Al respecto les compartimos esta crónica publicada en Deia:

Agur eta eskerrik asko, Oskorri

El grupo euskaldun se despidió ayer de 45 años de música y compromiso ante unas 2.400 personas en el Arriaga

Andrés Portero
Con emoción y agradecimiento, arriba y debajo del escenario del Teatro Arriaga, se vivió ayer la despedida de Oskorri tras 45 años de entrega a la cultura euskaldun. El grupo, que ofreció un recital matinal y otro vespertino para unas 2.400 personas, puso fin a su gira Hauxe da despedidia! rescatando sus clásicos, que fueron coreados y aplaudidos desde el patio de butacas. Hoy, ya es un hecho: no volveremos a ver a Oskorri sobre un escenario cantando y compartiendo esas canciones aferradas a nuestro corazón, garganta, tripas y pies a lo largo de 45 años. Esas que hemos bailado en kantaldis, coreado en txokos codo con codo con los colegas, compartido con nuestra pareja o berreado mientras nuestros txikis abrían los ojos -y los oídos también- sorprendidos ante el grupo, rodeado de títeres y entonando canciones infantiles. Oskorri es ya pasado. Pero, como escribe Sarrionandia -“denbora pasatua ez da denbora galdua”-, siempre quedará en nuestra memoria afectiva.

El Arriaga, ayer de planta y aspecto solemne pero corazón entregado y popular, despidió al grupo con un fervor respetuoso, volcado emocionalmente, con un sentimiento dual, entre la alegría y la pena infinita. Y sin una entrada en las taquillas para la doble sesión de este agur exitoso del que han disfrutado casi 13.000 seguidores en Getxo, Baiona (el único recital que no se llenó), Gasteiz, Barcelona, Iruñea, Maule y Bilbao.

“La emoción la pone el público, no hay novedades”, habían adelantado desde la promotora del grupo, Bapo Bapo, antes de su jornada gloriosa en Bilbao. Gloriosa por partida doble, ya que Oskorri se presentó en una sesión matinal, que arrojó algo de luz al mediodía lluvioso, y otra a media tarde, a las 19.00 horas. Sin grandes alardes, ni novedades, a excepción de la grabación de la velada para convertirla en eterna. Se trataba de decir agur a la familia y a los amigos, a quienes les habían acompañado durante más de 45 años.

Y a ello se pusieron a las 19.00 horas, escarbando en su vasta discografía (unas 500 canciones), para rescatar finalmente 25, de todas sus épocas y proyectos, de las propias a las populares y centenarias rescatadas del olvido. Todas ellas propiedad también del público, cuyo resorte emocional saltó ya con la “martxa ederra” y funk de Atzo goizean y no paró durante dos horas, con el grupo impulsado por Natxo de Felipe (voz), Anton Laxa (guitarra) y Bixente Martínez (guitarras y mandolina).

Con el apoyo de los más jóvenes Jose Urrejola (flauta y saxo), Xabier Zeberio (violín y nyckelharpa), Iñigo Egia (percusión), Gorka Eskauriatza (bajo) e Iker Goenaga (triki), y de la proyección de algunos versos, para favorecer el karaoke masivo, el grupo trazó un viaje por lo mejor y más popular de su discografía, del “abesti libre” de Guretzat a Euskaldun berriaren balada, la eterna y sensible Gaztelugatxe o un Aita gurea que heló la sangre.

Oskorri se gustó y nos gustó acelerando o atemperando el ritmo, según la ocasión, rescatando el latido social de Aresti, su compromiso con el euskera, brindando con Topa dadigun, recordando antiguas coplas vizcainas y haciendo vibrar al público en sus butacas con Violetaren martxa, San Petrike dantza, Sautrela o Tirauki, esta última acompañada de sus característicos silbidos.

Natxo recordó con emoción a sus colaboradores (técnicos como Jean Phocas, bertsolaris como Sarasua, Egaña o Amuriza y escritores como Harkaitz Cano, Unaia Elorriaga, Itxaro Borda o Arrieta) y cada interpretación de cada canción, oída hasta la saciedad, sonó a presente (esa es la cualidad principal de la obra de arte popular), a la vez que a reencuentro. Porque las 2.400 personas del Arriaga (todas ellas) también eran, en parte, Oskorri. Y ellas, al menos alguna parte de sí mismas, también decían agur mientras se emocionaban, cantaban y, al final, hasta bailaban Aita semeak, Euskal Herrian euskeraz, Gora ta gora beti o Mode.

A ritmo de una repetida Furra furra llegó el final, la última reunión en el escenario, el último saludo, la última sonrisa, el último amago de lágrima esquiva… Eran las 21.10 horas. El público gritaba “Oskorri, Oskorri” y Natxo tiraba besos con la mano en el corazón. El grupo moría pero nacía el mito. Queda el consuelo de que la despedida se podrá ver, oír y disfrutar por siempre cuando se edite en CD y en DVD. Un broche final de altura para más de 45 años de amor, cariño y compromiso con el euskera, la cultura vasca y Euskal Herria. 







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