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lunes, 9 de noviembre de 2015

Gogora y el Fin del Nazismo

Bajo el apartado 'Terrorismo' en El Mundo han publicado el artículo que les compartimos a continuación.

Ese apartado lo reservan los de El Mundo para hablar acerca de ETA y todo lo que ellos conciben como el "entorno", muy en sintonía con el "todo es ETA" de Baltasar Garzón. Bajo esa etiqueta agrupan notas ya sea de la izquierda abertzale, del euskera, de del txistu, etc.

¿Por qué traemos lo anterior a colación?

Pues sencillo, con verdadero cinismo están tratando de decirnos que hay que llevar a cabo unos juicios como los de Nüremberg o como los de La Haya... pero no en contra de los aliados de los nazis, que en este caso serían los franquistas y sus herederos políticos actuales, no señor, sino en contra de, lo adivinó usted, los militantes de ETA. 

Así de perversa es la manipulación mediática española, pasando por encima de la memoria misma, esa que nos recuerda, incómoda como es, que los nazis bombardearon Otxandiano, Durango y Gernika, esa que nos recuerda que en suelo vasco se reunieron Hitler y Franco, esa que nos recuerda que Melitón Manzanas, condecorado por ser víctima de ETA, colaboró para la Gestapo.

¿Pero saben qué es lo peor de todo?

Que desde la misma Gogora así lo conciben y que el propio Jonan Fernández, cobarde y diminuto, también abriga la idea.

Por último, no olvidemos que el proceso tan ampliamente descrito por Rainer Huhle ha servido para mantener al pueblo alemán amordazado con respecto a los crímenes de lesa humanidad cometidos por Israel en Palestina.

Así que establecido lo anterior, aquí la información:


Gogora busca en experiencias internacionales un modelo para construir la memoria vasca

Beatriz Rucabado

Pocos meses después del fin oficial de la Segunda Guerra Mundial, un tribunal internacional juzgó y sancionó en la ciudad alemana de Núremberg las responsabilidades de diversos dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la Humanidad cometidos durante el III Reich. Fue el primer paso de un proceso a lo largo del cual la sociedad alemana ha afrontado su pasado más reciente. Ha sido un camino largo, que ha requerido décadas para poder abordar cuestiones como la responsabilidad del Ejército alemán - aún hoy hay quien exige diferenciar el Ejército regular de las SS-, las deportaciones en el Este durante la posguerra -que durante años fue un tema de debate monopolizado por la derecha- o las violaciones de mujeres por parte de soldados aliados.

Lo relataba ayer en Bilbao el politólogo y especialista en políticas del pasado Rainer Huhle, miembro de la directiva del Centro de Derechos Humanos de Núremberg y uno de los ponentes de la jornada Experiencias Internacionales en la Gestión de la Memoria, con la que el Instituto Vasco de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos (Gogora) miró ayer a las experiencias de otros lugares para inspirarse para su andadura como promotor del diálogo y de la reflexión crítica sobre el pasado reciente en Euskadi.

Junto a él, participó también en la jornada el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes, quien desgranó los retos a los que se está enfrentando Europa a la hora de abordar la memoria de su pasado más reciente, marcado por conflictos como la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Yugoslavia, así como por la conculcación de derechos en los regímenes comunistas del Este.

«La gestión del pasado es la parte más compleja de un proceso de reconstrucción de la convivencia», reconoció en la jornada el secretario general para la Paz y la Convivencia, Jonan Fernández, quien apuntó que es precisamente en el pasado donde se encuentra «el diagnóstico de la culpa y de la responsabilidad, el dolor y el sufrimiento padecidos y, junto a ello, las diferentes lecturas sobre las causas y génesis de lo ocurrido».

Sobre ello tienen una amplia experiencia en Alemania. Durante setenta años, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad alemana ha vivido un largo proceso de transformación y de construcción de la memoria.

Comenzó con el proceso y las sentencias de Núremberg, el primer paso de un camino de «reeducación de los alemanes que habían vivido doce años bajo el nazismo», relató ayer Huhle, quien reconoció que hoy en día hay quien cuestiona lo que denominan «el gran proyecto de reeducación» por haber estado tutelado por los países de las fuerzas aliadas. Pero, dijo, este esfuerzo de difusión de la información entre la población alemana era «muy respetable». «No podemos olvidar que el nazismo no había desaparecido», reflexionó.

Y recordó hechos como las cartas que escribía el público al fiscal del proceso para expresar que su «único deseo» era convertirse en «verdugo» - «es muy deprimente ver cómo mucha gente sumisa al nazismo se somete ahora al nuevo poder», reflexionó Huhle-, o las críticas al juicio con el argumento de que era «un tribunal terrorista contra los alemanes». Pese a todo, los principios de Núremberg se convirtieron en la base para otros tribunales, como el de La Haya, aunque Huhle recordó que «no hubo un camino directo» entre ambos, y que estos principios fueron «olvidados» y luego «recuperados».

Aún en los años 50 y 60, Huhle recordó cómo seguía estando presente en la sociedad alemana el «peligro del resurgimiento de las ideas nazis», frenado por nuevos juicios contra los crímenes cometidos en Auschwitz.

Poco a poco, se fue reconociendo la culpa y aspectos como la responsabilidad del Ejército en los crímenes contra la Humanidad. Pero aún hoy, matizó Huhle, «sigue existiendo quien exige diferenciación entre el ejército alemán y las SS». Hoy, cuando los estudiantes acuden a Núremberg, Huhle explicó que tratan de transmitirles «una Historia matizada y de desenvolvimiento en nuestra propia historia de aprendizaje». «Las lagunas y las controversias son propias de todo el mundo, no exclusivas de Alemania», reflexionó.






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