Compartimos es texto que Iñaki Egaña dedica a las circunstancias que rodearon al secuestro, tortura y ejecución extrajudicial de Mikel Zabalza, víctima del terrorismo de estado del régimen español:
Mikel Zabalza
Iñaki EgañaHan pasado 40 años de la desaparición de Mikel y hoy la verdad está repartida en dos apartados y la mentira aún subiste en otros tres. Sociedad e instituciones, entre ellas Gobierno de la CAV y Foral navarro, han concluido que Mikel fue una víctima de una institución del Estado, la Guardia Civil. Que murió a consecuencia de las torturas. Por el contrario, aparato judicial, policial y estatal mantienen una versión rocambolesca, los últimos amparados en la franquista Ley de Secretos Oficiales. Los jueces archivaron las causas siempre por “falta de pruebas”. La presión. Como la sufrida por un forense, Luis Moles, que 10 días antes de la detención de Zabalza, salvó la vida al esquivar una bomba que estalló en su vehículo. Y otro forense, Paco Etxeberria, que dos meses antes sufrió la quema de su vehículo. Ambos habían declarado en la instrucción de sendos juicios contra agentes de la Guardia Civil acusados de tortura, Moles en el caso de los hermanos Olarra. Etxeberria en el de Joaquín Olano. Por eso, las torturas a Mikel Zabalza no fueron reconocidas, porque eran parte esencial de la naturaleza policial del Estado.
La muerte de Mikel Zabalza es fácilmente rastreable. Rodríguez Galindo, como sucedió meses y años más tarde, tenía verdadera obsesión en atrapar a los mugalaris de ETA. Ya habían detenido a un grupo de mugalaris el año anterior. En esta ocasión, el fracaso fue extraordinario. Esa obsesión se traslucía con un cuarto en el cuartel, dedicado en exclusiva a controlar los pasos de muga, con un mapa gigante de la muga de Gipuzkoa y Nafarroa, en el que aparecían con detalle las casas, caseríos y viviendas cercanas a la frontera. A pesar de lo escrito, su detención no tuvo que ver con atentados recientes de ETA.
Se formó un gabinete de crisis para preparar la coartada. Previsiblemente estarían el abogado Jorge Argote, que ya fue imputado en el caso Lasa-Zabala, Julen Elorriaga (gobernador de Gipuzkoa, condenado a 67 años por los GAL), Luis Roldán (delegado del Gobierno en Nafarroa, condena de 12 años por malversación), Rodríguez Galindo (71 años de condena), Gonzalo Pérez García, miembro de los GAR, (entrenaban en Endarlatsa habitualmente y según la versión oficial, él fue el encargado de trasladar a Zabalza, junto a Fernando María Castañeda), algún médico (Juan Nagore y Eduardo Gómez Pastrana eran los titulares del cuartel) y José Barrionuevo (ministro del Interior, 10 años de condena) y Ramón Jauregui (delegado del Gobierno en la CAV) informados. Resuelta la estratagema, el cadáver de Mikel Zabalza permaneció 20 días envuelto en una manta y refrigerado. Quedaban flecos, como los de las grabaciones del director de operaciones especiales del Cesid, Juan Alberto Perote con el guardia civil Pedro Gómez Nieto, en las que el agente reconocía que Zabalza había muerto como consecuencia de las torturas; la investigación que solicitó Joaquín Ruiz Giménez, entonces Defensor del Pueblo español; las declaraciones de Jesús Insausti, presidente del PNV que dijo que a Zabalza lo mató la Guardia Civil. Barrionuevo, Sáenz de Santa María, Roldán y Elorriaga (“Zabalza es colaborador de ETA”) salieron a defender sus tesis. El director de Avui fue procesado por apología del terrorismo por insertar una esquela de Zabalza en su diario. Y Roldán mandó a la fiscalía a quienes calificaron la muerte de asesinato.
Las debilidades de la versión oficial eran numerosas, entre ellas las declaraciones del resto de detenidos. El agua de los pulmones de Zabalza tenía una cantidad altísima de trietanolamina (por unos vertidos de Laminaciones de Lesaca, 13 kilómetros río arriba de Endarlatsa). También una proporción extraordinaria de diatomeas (algas fluviales microscópicas) en la ropa pero cero en el estómago y la sangre, cuando lo normal es que hubieran dejado restos si hubiera ingerido agua del río. Lo que sugiere que en el traslado de los restos al Instituto Nacional Forense de Madrid, alguien tuvo la idea de echar unas gotas ajenas para hacerlo más creíble. El traslado, sin cadena de custodia, lo hizo la Policía Nacional. El día de la supuesta fuga, un cazador natural de Bera que habitualmente recorría la zona, no vio movimiento alguno. Fue incorporado en el sumario, como presión. Silencio posterior. El 15 de diciembre, cuando apareció el cadáver en Endarlatsa, un sacerdote que todas las mañana circulaba por el lugar se encontró con un control y un movimiento inusual de la Guardia Civil. Supuestamente estaban preparando el escenario. Más tarde, el cadáver apareció a las 13.25 horas. La víspera del día elegido, Cruz Roja había abandonado las tareas de búsqueda. El agujero por donde habría huido Mikel era extremadamente pequeño para que pasara una persona. Hace pocos años, cuando el Parlamento foral navarro pidió una investigación, unas mazas anónimas lo agrandaron para hacerlo verosímil.
Los hechos no probados judicialmente tuvieron como protagonistas, al parecer, a los mismos agentes que fueron condenados con la desaparición y muerte de Lasa y Zabala. Enrique Dorado Villalobos habría sido quien sumergió la cabeza del detenido en el agua y Felipe Bayo Leal, Luis Sandoval Campos y Francisco Javier Millán Pérez lo torturaron por el método de “la bañera”. Hubo premios por mantener la versión. Pérez García llegó a comandante y fue destinado al Estado Mayor de la Guardia Civil. Unas semanas después de la muerte de Mikel, el agente Fernando María Castañeda recibió la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil, al igual que Enrique Dorado, Luis Sandoval y Felipe Bayo, impuestas por Julen Elgorriaga. Luis Roldán fue nombrado director de la Guardia Civil. A Barrionuevo le impusieron la Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III. Argote fue confirmado como abogado del Ministerio del Interior y defendió años después a Amedo y Domínguez… Galindo recibió más de una decena de condecoraciones. Y mientras, quienes defendían la falsedad de la versión oficial fueron apaleados en las protestas. Detenciones y golpes por Policía, Ertzaintza y Guardia Civil que se aferraron a la versión diseñada desde Interior. Ellos también merecen una reparación.
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