martes, 18 de abril de 2006

Euskal Herria y la II República

Este artículo histórico ha sido publicado en El Diario Vasco:

La II República y el nacionalismo vasco

«El nacionalismo vasco, personalizado sobre todo en el PNV, apoyó la República legalmente constituida, apoyó la legalidad democrática y constitucional, se opuso con los medios de que disponía a los golpistas»

JOSÉ MANUEL BUJANDA ARIZMENDI

Cuando hace ya 75 abriles, el 14 de 1931, se produce la proclamación de la II República existe ya en Euskadi una amplia conciencia a favor del autogobierno vasco, consecuencia lógica de los sucesivos fracasos obtenidos por los vascos en las diferentes negociaciones habidas con el gobierno español tras el final de la primera y segunda guerra carlistas. Dicha frustración política y social va a originar en Euskal Herria a partir de 1876 una corriente cada vez más contraria a tener contactos con los partidos y fuerzas políticas españolas adoptando por reacción una línea política propia a través de un partido que asumiera los intereses del País Vasco como tal. Se inicia así un procedimiento de búsqueda de las esencias y de rasgos propios. Y sobre todo de la lengua y la cultura vascas, del euskera y de lo de aquí. Uno de los principales promotores de este pre-nacionalismo fue el navarro Arturo Campión. Este pre-nacionalismo se caracteriza, por una contraposición entre política vasco-navarra y política española, contraposición entre la concepción del País Vasco como nacionalidad con la lengua propia y un pasado de independencia política añadida a un enfoque historicista mediante la utilización de una literatura post-romántica que funde historia, leyenda y apología del mundo rural y que condena en términos integristas el liberalismo y el naciente movimiento obrero. Sabino Arana, fundador del PNV, abogado nacido en Bilbao en 1865, hijo de carlista, va a ser quien va a modelar el nacionalismo vasco en 1892 en Bizcaia por su independencia, las bases ya las tenía sentadas en el prenacionalismo citado.

En el momento en que se proclama la República española en abril de 1931, el PNV que tiene una gran implantación particularmente en Vizcaya y Gipuzkoa viene propugnando desde años el autogobierno de la nación vasca de la mano de un Estatuto de Autonomía para Euskadi. En la proclamación de la II República española el PNV está perfectamente preparado y decidido para lanzar todos sus esfuerzos en pro de la consecución de tal Estatuto. Así, la actividad política en pro del Estatuto se va a extender a tres frentes: la movilización popular, la colaboración entre los ayuntamientos y las fuerzas políticas, y el trabajo de colaboración técnica de los especialistas vascos. El trabajo se inicia con un extraordinario entusiasmo por parte de todas las fuerzas: el 17 de abril, tres días después de proclamada la República, se reúnen los ayuntamientos vizcaínos en Gernika para «reconocer la República como expresión legítima de la voluntad popular» y «solicitar un gobierno republicano vasco vinculado a la República española». La respuesta por parte del gobierno de España no se hace esperar al indicar que el Estatuto debe salir de las Cortes. Los municipios vascos no se arredran, y con fecha de 8 de mayo solicitan de la Sociedad de Estudios Vascos que elabore un anteproyecto de Estatuto. Anteproyecto que se elabora en un tiempo récord y que con fecha de 31 de mayo se entrega en la Comisión de Municipios Vascos.

Su declaración preliminar expresa ya bien a las claras el espíritu que acompaña al nacionalismo vasco, representado por el PNV, a la hora de configurar un status para Euskadi: «se declara que el País Vasco constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia, y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por si mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado Español». Al gobierno español no le gustaba que la iniciativa autonómica partiera de los ayuntamientos, y no de las Cortes, ni que bajo ningún concepto se estableciese una soberanía originaria a los entes autónomos, considerando así la soberanía del Estado como delegada, sino todo lo contrario. La soberanía debería radicar en el Estado, quien delegaría después una serie de competencias a los entes autónomos. La desdichada enmienda a las relaciones de la iglesia-estado (Prieto: «no permitiremos un Gibraltar vaticanista»), favoreció notablemente a los intereses del gobierno. Posteriormente, 420 alcaldes vascos marchan a Madrid, entregando al presidente de la República Niceto Alcalá Zamora el proyecto de Estatuto llamado el de Estella. El viaje va a ser totalmente inútil: en las sesiones del 22 al 25 de septiembre se aprueban los artículos del Titulo 1 de la Constitución, en virtud de los cuales la estructura y los principios generales del Estatuto de Estella son contradictorios con la Constitución. En Decreto de 8 de diciembre de 1931 se establece la obligatoriedad de que la redacción de los proyectos de estatutos deberá acomodarse necesariamente a la Constitución. Consecuencia, la minoría vasco-navarra retira el proyecto y así el Estatuto de Estella decae. Tras la proclamación de la República en 1931, el gobierno ordenó mediante decreto de 21 de abril de 1931 que cada gobernador civil nombrase unas Comisiones Gestoras que deberían hacerse cargo de las diputaciones provinciales hasta que se celebrasen las elecciones correspondientes. El PNV se había opuesto a la formación de tales gestoras, apostaba por los municipios. Sin embargo y tras la aprobación de la Constitución española, el Partido Nacionalista Vasco cambia de postura. Sin embargo la derecha tradicionalista aliada supuestamente al PNV lo que en realidad perseguía era acabar con la República y volver al status anterior, siendo sus reivindicaciones autonómicas un mero cebo para obtener apoyo del PNV. El conflicto que rompería la alianza PNV-derecha tradicionalista se dio con motivo de la elección de Alcalá Zamora como presidente de la República, elección que fue apoyada por el PNV, y no así por las fuerzas reaccionarias. Ello suponía por parte del PNV una aceptación tácita del régimen republicano, cuestión inadmisible para la derecha tradicionalista y a partir de este momento la reacción monárquica y tradicionalista se va a convertir en uno de los más acérrimos enemigos del Estatuto vasco, y de toda reivindicación nacional vasca.

A su vez, también se da un cambio de postura en las Comisiones Gestoras que hasta entonces habían mantenido una postura reticente con respecto a las reivindicaciones estatutarias. Así pues, en enero de1932 se convoca una reunión entre las Comisiones Gestoras y una representación de los municipios a fin de elaborar un nuevo proyecto de estatuto acorde con la Constitución del Estado. Se nombra una comisión encargada de redactar el proyecto, la cual termina sus trabajos con la fecha 11 de marzo de 1932. Así llegamos al 19 de junio de 1932, fecha en que se reúnen en Pamplona todos los municipios vascos a fin de aprobar dicho proyecto. Proyecto que es aprobado mayoritariamente en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, pero no en Navarra. 109 ayuntamientos votan sí, 123 no y 35 se abstienen. Posteriormente se ha demostrado que Navarra realmente dijo SÍ al Estatuto ya que varios comisionados de diversos ayuntamientos navarros votaron en contra del proyecto, aun cuando su corporación municipal respectiva había dado el voto favorable al mismo. El PNV trata entonces por todos los medios de continuar adelante con el proyecto, eso sí, acomodándolo a la nueva situación. Este proyecto de Estatuto es aprobado mayoritariamente por una proporción de 411.756 votos favorables, 14.196 negativos y 357 en blanco. Nada impedía por lo tanto en teoría la rápida promulgación y puesta en vigor del Estatuto Vasco. Pero no ocurrió así, ya que en las elecciones legislativas celebradas en el España en noviembre de 1933, las fuerzas de la derecha resultaron mayoritarias produciéndose un cambio total de la situación al iniciarse el llamado Bienio Negro. Durante dicho período la situación entre los nacionalistas vascos y el gobierno en el poder se hace cada vez más tirante, llevándose por parte ciertos sectores de la derecha una auténtica política no sólo antiautonomista, sino incluso antivasca. Lo cierto es que el proyecto permanece en el olvido, olvido del que no saldrá hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Con dicho triunfo y el mes de abril vuelve a presentarse el proyecto de Estatuto en las Cortes. En julio de 1936, la comisión concluye su dictamen. El 7 de octubre de 1936 se acuerda en plena contienda civil la ley aprobatoria del Estatuto de Autonomía para Euskadi. Pronto por lo tanto se cumplirán 70 años. Con la victoria de las tropas franquistas, con el triunfo de los golpistas, se produjo la destrucción de raíz de todo vestigio relativo a las reivindicaciones vascas. Así, El Decreto de 1937 declaraba a las provincias de Gipuzkoa y Bizcaia traidoras.

El nacionalismo vasco personalizado sobre todo en el PNV apoyó la República legalmente constituída, apoyó la legalidad democrática y constitucional, se opuso con los medios de que disponía a los golpistas, sus gudaris voluntarios murieron en el frentes y ante los paredones, sufrió durante 40 largos años el zarpazo del fascismo, resistió en la clandestinidad a la dictadura, guardó el testigo de la libertad y del autogobierno y escribió así con letras de oro en el libro de la historia su carácter profundamente democrático, radicalmente a favor del autogobierno de Euskadi y de la construcción de la nación vasca y frontalmente antifascista, «dena eman behar zaio maite den askatasunari». Desde estas líneas un emocionado recuerdo a todos aquellos gudaris que sufrieron y resistieron, y que pagaron con sus vidas su coherencia democrática y su lealtad para con la libertad.
Siempre hay datos interesantes que aprender.

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