miércoles, 27 de marzo de 2019

Reflexionar a 500 Años

Para América en general la catástrofe que significó la llegada de los españoles al continente es marcada por la fecha del 12 de octubre de 1492.

Pero para lo que es México en sí, el asunto inicia algunos años después, cuando los  bestiales genocidas enviados por la Corona Española deciden dar el brinco y pasar de las islas en el Mar de las Antillas a tierra firme.

Así, resulta que después de haber tocado tierra en lo que es hoy en día Quintana Roo, el matarife de nombre Hernán Cortéz continuó por la costa de la península de Yucatán hasta llegar al estado de Tabasco donde se libró la primer batalla formal en los pantanos de Centla. No podemos obviar ni por un momento que el líder de la izquierda partidista mexicana es tabasqueño, su ciudad natal no muy distante del lugar de los hechos.

Fue precisamente a 500 años de ese hito que el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, diese a conocer el envío de dos cartas - una a El Vaticano y otra a la corona española - en la que solicitaba a ambas instituciones ofrecer disculpas por el exterminio de los pueblos originarios de Mesoamérica.

No es un gesto fortuito, el periodo presidencial del actual mandatario mexicano se extiende hasta el año 2024, por lo que le corresponderá en 2021 llevar a cabo la conmemoración de los 500 años de la derrota militar de la Triple Alianza - a lo que no tan inocentemente y muy erróneamente se le denomina Imperio Azteca -, entidad que dominaba el altiplano central y que extendía sus dominios territoriales hasta lugares tan lejanos como el Soconusco. 

O sea, la caída de la Gran Tenochtitlan tras el largo asedio en contra de una ciudad cuya resistencia era dirigida por el último de los Uey Tlatoani mexicas, Cuauhtémoc. Este es el momento histórico que la mayoría de los mexicanos identifican como el punto de partida de lo que hoy en día es su nación.

El problema radica en que mientras que el gobierno de México ve la fecha como un hito a conmemorar Madrid lo ve como un momento de gloria para celebrar... en pleno Siglo XXI, tal como celebra el Día de la Hispanidad cada 12 de octubre. Algo inaceptable a todas luces. 

Para que quede claro, no por nada los partidos políticos de la derecha ibérica eligieron la Plaza de Colón para llevar a cabo su manifestación por la "unidad de España".

Establecido lo anterior, les compartimos este texto dado a conocer en el portal de Sin Línea:


Malthus Gamba

Se ha creado una discusión en redes sociales, sobre un hecho que en sí mismo no tiene mayor importancia en la vida nacional. Es más bien una acción que tiene como intención, superar un “trauma histórico”, que, a pesar de los años, a muchos mexicanos aún les duele.

Se trata del episodio de la Conquista. Un hecho violento registrado hace casi 500 años en el que el entonces gran imperio español, se hace por la fuerza de los territorios más ricos en el continente americano, sojuzgando a los pueblos originarios que habitaban ese espacio y estableciendo largos virreinatos que durarían, como en el caso de México, 300 años.

La conquista es un episodio que presenta dos caras distintas, según la perspectiva con que se mire. Para un español, es la crónica de un episodio heroico, donde el poderío de España llega al punto más alto que registra su historia.

En cambio, un mexicano siente este pasaje de su historia, como un acontecimiento penoso, triste, en el que pierde mucho de su identidad original, aunque al mismo tiempo signifique el nacimiento del mestizaje, producto no solo de la unión de las razas naturales y europeas, sino también de aquellos que llegaron de África y Asia, ya sea por concurso de la esclavitud, o del comercio.

El choque cultural, como ha sucedió muchas veces en el curso de la Historia, fue violento y los más débiles, los naturales americanos, cargaron con la peor parte.

No fue tanto el resultado de la acción bélica que se registró al inicio de este encuentro lo que casi aniquiló a la población americana. Las enfermedades que acompañaron a los españoles, significaron para quienes no tenían resistencia alguna contra estas plagas, una muerte atroz y en masa.

Este recuerdo de muchos años, registrado en los libros de historia y transmitido generación tras generación, como parte de la leyenda negra que significó para nosotros la Conquista, no ha sido superado del topo, a pesar de los 500 años transcurridos.

Como hemos dicho, para España puede ser un hecho de menor importancia. Para el mexicano, significa mucho aún. Recordemos que los vencidos, los esclavizados, los sometidos, suelen tener memoria más prolongada.

López Obrador solicitó en una carta al rey de España, que se hiciera pública una petición de perdón al pueblo mexicano, por los abusos cometidos durante el episodio de la Conquista.

¿Por qué lo hace Andrés Manuel?

Pues precisamente por la próxima conmemoración de esa Conquista.

El lado mexicano, sigue considerando trágico el hecho, mientras que los europeos españoles, le dan un significado diferente. No aceptan pedir la disculpa oficial solicitada.

La carta al gobierno español, fue acompañada por otra dirigida al Papa, donde también se le requiere hacer una revisión de agravios y pedir disculpas por estos hechos, ya que los conquistadores, fueron acompañados permanentemente por los representantes de las órdenes religiosas más representativas en esa época.

Como vemos, las dos posiciones sobre ese momento histórico son válidas, ya que corresponden a perspectivas diferentes, de acuerdo al rol que cada nación jugó durante el acontecimiento.

La solicitud del gobierno de López Obrador es entendible y justa. La respuesta del gobierno español, está de acuerdo con la realidad que ellos perciben sobre el hecho.

Ahora habrá que esperar la respuesta del Vaticano, que también recibió la carta correspondiente. Y sobre esto, hay que aclarar lo siguiente:

En el año 2015, el Papa Francisco, estando en suelo americano, en Bolivia para ser precisos, pidió perdón público “por los crímenes contra los pueblos originarios, durante la llamada conquista de América”. Así que, por parte del Vaticano, no debería existir inconveniente para refrendar esta petición de perdón.

Hay otras situaciones que sería importante tener en cuenta: En el año 2004, el Vaticano pidió disculpas públicas por dos hechos históricos igual de lamentables que la Conquista: los crímenes ejecutados en nombre de la Iglesia, por conducto de los Tribunales del Santo Oficio. De igual modo, se solicitó perdón público, por los hechos dolorosos que se dieron durante la Cuarta Cruzada, donde fue saqueada la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla.

Como vemos, para la Santa Sede no es difícil pedir perdón, cuando se trata de hechos históricos vergonzosos.

Por último, sería sano recordar también, que, en el año 2000, el gobierno alemán, por conducto de su entonces presidente Johannes Rau, pidió perdón, ante el parlamento de Israel, por los crímenes cometidos por el nacismo durante la Segunda Guerra Mundial, en contra de los grupos judíos que habitaban en los territorios que fueron conquistados. Un momento difícil para Alemania, que afrontó el momento, con el carácter que se requiere en tales casos.

Como podemos ver, este tipo de situaciones se han dado de manera frecuente en los últimos años.

No es algo fuera de los normal requerir este tipo de disculpas, entre países que desean mejorar sus relaciones internacionales.

López Obrador hizo lo correcto al solicitar al gobierno español esa disculpa pública. Muchos han dado el paso hacia adelante, en aras de cerrar un capítulo históricamente difícil entre dos naciones.

España dijo “no” en esta ocasión y está en su derecho.

Aunque poco le hubiera costado reconocer que fueron cientos de miles de vidas, las que perdió América, en este encuentro entre dos civilizaciones con capacidades técnicas y resistencia física tan desiguales.

Ya será (quizá) para los 600 años, cuando pueda retomarse el asunto con nuevas visiones.

Tal vez entonces el gobierno español, sea un poco más receptivo y empático ante la visión de los descendientes de quienes hace cientos de años, jugaron el papel de vencidos, dentro de una confrontación que ellos no provocaron.








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