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jueves, 14 de marzo de 2019

El Puntillazo al Enemigo

Tal vez los de Gogoan, tan interesados como están en eso de hacer justicia, puedan explicar lo que plantea Miguel Sánchez Ostiz con respecto a Altsasu por medio de este texto publicado en Deia en el que cuestiona la presencia de Eduardo Inda y Pablo Casado en el Bar Koxka:


Miguel Sánchez Ostiz | Escritor

Me falta una elemental serenidad para comentar “lo de Alsasua”, es decir, la reciente sentencia contra los muchachos de la localidad, por parte de la Audiencia Nacional, y el bochornoso episodio de Casado-Inda-Beltrán en el bar Koxka, la víspera de hacerse pública la sentencia, cuando ya se había filtrado el fallo.

Nunca me ha quedado tan claro lo que es una sentencia ideológica, por parte de quien la dicta, como en este caso. Basta asomarse a los argumentos en los que se basa el fallo para comprobarlo y sentir vértigo. Habla la sentencia de la “notabilísima gravedad” de los hechos. Lo que a no pocos nos parece de “notabilísma gravedad”, es la forma en que se llevó la instrucción, el juicio en primera instancia, la construcción del relato encaminado a la condena, el linchamiento mediático, el aprovechamiento político, las patrañas, la inadmisión de evidentes pruebas de descargo... Lo que causa alarma es ver cómo, después de mucho pelear, se han admitido pruebas contundentes de descargo -como el vídeo del guardia de la camisa impoluta-, que no se han tenido en cuenta; cómo se tienen en cuenta testimonios cuyo valor se pone en duda por quien los emplea; cómo se buscó una condena ejemplar y plenamente ideológica con abrumador apoyo mediático y social desde el primer momento, convirtiendo una pelea de bar en una trinchera política que divide y enfrenta a la ciudadanía; cómo se emplean agravantes delirantes, como es el de la discriminación ideológica; cómo se dan hechos probados sin pruebas, por meras elucubraciones propias de una sobremesa...

Resultado: 13 años de cárcel descartando el terrorismo. Barrionuevo y Vera, que sí fueron condenados por terrorismo, apenas estuvieron 4 meses en la cárcel. Los muchachos de Alsasua llevan casi dos años y medio en prisión. Los ejemplos para afirmar esa desproporción sobran y no habría espacio para reseñarlos. Alsasua convertida en una trinchera y en un símbolo de enfrentamiento ideológico por parte de un tribunal de excepción, de unos políticos que sacan réditos de la sentencia y de los medios de comunicación que la celebran y azuzan a sus seguidores. Y como no participes del linchamiento o aplaudas la sentencia, eres un seguidor de ETA.

Me parece por completo malicioso el buscar como escenario de un montaje publicitario, electoralista y sectario, el bar Koxka de Alsasua porque eso es de buscarruidos y buscapleitos. De eso se trataba sin duda, de que hubiera algún incidente al que sacarle partido, con colaboración policial encima y un nutrido grupo de hombres de mano. No hubo incidente alguno por mucha mentira que los interesados hagan rodar de manera indecente.

Un bar no es un espacio público, como puede serlo una plaza, sino un negocio particular dirigido al público, que no es lo mismo. No puedes hacer en él lo que te dé la gana. Y menos utilizarlo, como en este caso, para tus negocios particulares, porque del pingüe negocio de la política y la desinformación maliciosa se trataba.

Lo que ha venido después es la indecencia y la mentira que no cesa, la intoxicación del público, sobre todo de los adeptos, ya muy intoxicados y encendidos, que aceptan lo que les conviene. Malos tiempos estos para la duda.

¿Se pidió al dueño del bar que se identificara para poder acceder a su negocio como se ha dicho? ¿Quién, con qué autoridad? Me gustaría saberlo con certeza y que no se trate de un noticia falsa de respuesta a la del bando de los provocadores que poco bien hace a quien ha sido abusado. ¿Qué autoridad va a aclarar ese incidente? Como viene sucediendo desde octubre de 2016, la realidad de lo sucedido queda dañada por su relato mediático. ¿A quién creer? Pues está claro que cada cual a los suyos, aunque sería deseable una visión no sesgada de lo sucedido. ¿Es eso posible? Me temo que no, Hay demasiado dolor y daño de por medio y el disentir tiene precio. Se hace difícil convivir de manera apaciguada y cortés con quien celebra alborozado el fallo de la Audiencia Nacional como si de un puntillazo al enemigo se tratase.






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