lunes, 21 de diciembre de 2009

Más Fiesta Bruta

Los ultra-nacionalistas españoles cuentan en México (y suponemos que en el resto de Latino América) con un muy reducido pero bastante vocal grupo de fanáticos, los amantes de la "más española de las expresiones culturales", la fiesta a la que ellos denominan brava y que se conoce más comúnmente como "los toros". Hace unos días compartíamos con ustedes la bravata de un tipo que se abalanzó en contra del euskara, el catalá y el galego alegando que quienes hablan esas lenguas "menosprecian" a los millones de lationamericanos que se comunican en castellano, pues bien, hoy vía La Jornada, les traemos un texto cargado de insultos en contra de los catalanes por haberse atrevido a considerar la ilegalización en su nación de la tortura a que son sometidos los toros, aquí lo tienen:

Catalanes ganapanes

Leonardo Páez

Leo en un encabezado tan deseoso como precipitado: "Prohíbe el Parlamento de Cataluña las corridas de toros", si bien el contenido de la nota se encarga de desmentir dicha afirmación, ya que únicamente ha sido "aprobada una iniciativa, según esto impulsada por 180 mil ciudadanos, que abre las puertas para prohibir las corridas de toros de manera definitiva, por considerarlas un maltrato y tortura animal evitable".

Aquí, en Barcelona y en China, una cosa es aprobar una iniciativa, una propuesta en una asamblea legislativa, y otra muy diferente su aprobación como ley, por lo que, siempre según la nota, "Dicha propuesta continuará el debate a principios de 2010 y, de mantener el respaldo con el que actualmente cuenta, podría convertirse en un delito la práctica del toreo en Cataluña".

Por otra parte, ganapán se le dice al individuo rudo y tosco que se gana la vida llevando y trayendo recados o transportando bultos. Una especie de mensajero sin idea o de cargador medido de juicio. Y precisamente así han actuado los seudomodernos políticos catalanes y los animalistas y ambientalistas que les hacen coro, embarullados todos con ideas tan confusas como irreflexivas y con una demagogia de campeonato escolar de oratoria.

Ojalá el problema se redujera a la lucha contra el maltrato de los animales, pero el trasfondo de esta nueva embestida antitaurina tiene que ver más con factores políticos que con la comodona reivindicación animal –reivindicar seres humanos ya es más complicado, y si no que le pregunten a los migrantes que mendigan trabajo en los países desarrollados. Aquí, ya ni pa’ donde hacerse.

Afanes electoreros, clientelismo oportunista, europeísmo acomplejado y un afán casi patológico de desvinculación de algunas expresiones que los identifiquen con tradiciones españolas arcaicas –religión sí, toros no–, estos catalanes ganapanes, como todo correveidile que se respete, nomás no entienden las contradicciones de un modernismo de cartón que les impide actuar como individuos pensantes.

Invocan la postura fascista que otorga al Estado poder absoluto para prohibir lo que a su conveniencia resulte nocivo para el pueblo, así se trate de tradiciones milenarias, atentando contra las garantías individuales y colectivas de las personas. ¿Qué son 180 mil firmas contra 7.5 millones de habitantes en Cataluña? El porcentaje es tan ridículo como tolerar la prostitución infantil con migrantes y prohibir la tauromaquia por cruel.


Aquí el único "ganapan" es el autor del texto Leonardo Páez (bien pudo haber sido Rafael Loret de Mola por el contenido) que le viene a decir a los mexicanos que los catalanes son en realidad unos españoles traidores a "sus tradiciones".

Pues bien, para responder a Páez, Loret de Mola y cuanto retrógrada más haya por ahí, este texto publicado en Gara:

Raimundo Fitero

Fútbol y toros

O viceversa. Andan las fuerzas vivas del españolismo de peineta, pandereta y caldereta soliviantados porque en el Parlamento catalán se ha empren- dido un camino para la posible abolición de las corridas de toros. Una propuesta popular avalada por ciento ochenta mil firmas, admitida a trámite y que puede llegar a convertirse en una ley que deje al atavismo de los toros como un signo del pasado. La simple posibilidad se ha convertido en un torbellino de descalificaciones y de pronunciaciones de españolidad que solamente puede servir para detectar claramente, una vez más, el mal que corroe a quienes consideran que ser español es comer paella, beber agua en botijo, ir a los toros con traje corto, sombrero cordobés y acompañado en la grupa de la jaca por una mujer vestida de faralaes. Esa estampa turística convertida en consigna o identidad. Faltaría la virgen del Pilar, Santiago, la cabra de la Legión, el tricornio y el Real Madrid para completar el pack imprescindible de un español demócrata de toda la vida, defraudador de hacienda y votante de las dos opciones que han de helarte la corrupción.

Todo lo que escape a ese marco les duele, les desestabiliza. Que en las Islas Canarias lleven las corridas de toros abolidas desde hace décadas no importa, lo que hay que imponer es la españolidad cutre en Catalunya, en Euskadi. Y como aquí ya tienen a Antonio y Paquito el Chocolatero, les duele más lo de los catalanes que simplemente se ponen a discutir sobre el maltrato a los animales, sobre lo que representa esa anacrónica supuesta tradición extraña en el siglo XXI, ahora. No permiten que democráticamente se defienda lo uno o lo otro. Lo español no se puede discutir, es algo que llega directamente de la divinidad, sin lugar a dudas. Pues me parece que se va a discutir y hasta se puede abolir esa crueldad porque son otros tiempos. Y se puede abolir en Ávila, en Jaén, si una mayoría de la sociedad y sus representantes así lo desean y lo votan.

Lo del fútbol es otra cosa. Es más complicado, pero les resulta inadmisible que un equipo que lleva la senyera en su indumentaria sea campeón del mundo. Les duele más que el Estatut. Y más que los toros.


Un último apunte, el texto de Páez en La Jornada no permite comentarios a diferencia de la mayoría de las notas y artículos ahí publicados.

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