miércoles, 14 de noviembre de 2007

Tortura Nuestra de Todos Los Días

Este escrito aparece hoy en Gara, se lo dedico a a Gilberto Rincón Gallardo, titular de la CONAPRED y lacayo de la derecha española:

Lander Gallastegi «Aratz» | Arquitecto

Condenados a la tortura

Me suele llamar la atención la fina sensibilidad que manifiestan políticos, comentaristas, obispos... cuando, por ejemplo, se quema el cajero de un banco. Se denuncia por todos los medios, aparentando un sentimiento excepcional; o increíble. Porque increíble es que mentes de tan exquisita delicadeza, estén ciegas, sordas y mudas ante atropellos cobardes e infrahumanos como mantener encarcelados a presos gravemente enfermos.

Hay en estos momentos doce presos políticos vascos en esa situación. Si tomo el caso de Anjel Figueroa como ejemplo es por estar más al tanto de su estado por mi amistad con su familia.

Ya han aparecido descripciones de sus males en GARA y en «Berria», y me limitaré a recalcar algún aspecto. En poco más de un año ha sufrido más de veinte crisis epilépticas con pérdida total de conocimiento, a pesar de haber sido operado. Para colmo, ahora se le traslada a Córdoba en un viaje de una semana, con policías de «enfermeros». Ya ha sufrido otro ataque en el viaje. No hay peor ambiente para hacer frente a estos ataques que el de las cárceles y el de los traslados.

Políticos corruptos y militares-policías españoles culpables de asesinatos han sido liberados al demostrar síntomas de no estar muy a gusto encarcelados. Anjel lleva ya trece años preso, con su enfermedad incurable, con una condena bajo cualquier concepto totalmente desproporcionada a los delitos que le imputaron.

Poco podemos esperar de los que sintieron «placidez» mientras sus policías franquistas asesinaban a miles. Tampoco de los que organizaron los GAL y la dispersión de los presos. Poco también del PNV que colaboró con ese PSOE para organizar esa dispersión, responsable de la muerte de la abuela de Anjel. Pero sí deberíamos esperar mucho de la profesión médica, por ser garante de un tratamiento humano a todo enfermo. En su protesta está gran parte de la solución.

Y si no es suficiente, ya sólo nos queda la valentía de nuestro pueblo. Nuestro pueblo fiel y generoso que no permitirá a esos fariseos mantener esa tortura a presos enfermos indefensos.


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