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sábado, 30 de junio de 2018

Revisitando Atxurra

Dentro del tema de los descubrimientos arqueológicos y antropológicos en Euskal Herria, agradecemos a Deia por la publicación de este reportaje:


La cueva de Atxurra es a la vez una galería de arte y un taller de artistas que ofrece una muy valiosa información sobre cómo trabajaban sus moradores hace 14.000 años

Diego Garate

Las cuevas constituyen un elemento del paisaje muy unido a nuestra cultura desde tiempos ancestrales. El eminente antropólogo y arqueólogo José Miguel de Barandiaran lo pudo comprobar durante sus investigaciones en el siglo XX, cuando recogió abundantes leyendas cuyos protagonistas tenían como morada las propias cavidades.

Uno de los aspectos más llamativos y espectaculares de este mundo subterráneo lo suponen las cuevas que fueron decoradas durante la última glaciación, entre hace 30 y 10 mil años. Nos retrotraemos al origen del arte figurativo, uno de los hitos más importantes de la Humanidad, como así lo reconoce la UNESCO en su declaración de Patrimonio Mundial, que incluye tres cuevas vascas: Santimamiñe, Ekain y Altxerri.

Durante los últimos años, un grupo de arqueólogos que he encabezado ha retomado las investigaciones en las cuevas de Euskal Herria, con resultados sorprendentes. La aplicación de nuevas técnicas, la labor coordinada con los espeleólogos y el trabajo de campo sistemático de grupos como Antxieta Arkeologi Taldea han permitido triplicar los descubrimientos en nuestro territorio.

La cueva de Atxurra (Berriatua) es un ejemplo claro de la necesidad de retomar las investigaciones, incluso en aquellos lugares que creíamos estudiados. Desde finales del siglo XIX se visita habitualmente y de ella se extraen restos de oso de las cavernas accediendo por el nivel inferior llamado Armiña. El yacimiento arqueológico de la cueva de Atxurra fue descubierto por J. M. de Barandiaran en 1929 y excavado entre 1934 y 1935. Los resultados fueron publicados de manera muy somera tras un largo intervalo de tiempo debido al forzado exilio del investigador. Es decir, aunque la cueva se trata de una vieja conocida de la arqueología vasca, guardaba en su interior un tesoro oculto.

Septiembre de 2015

El descubrimiento del santuario prehistórico de Atxurra tuvo lugar el 25 de septiembre de 2015, por Iñaki Intxaurbe y por mí, en el marco del proyecto de excavación arqueológica que yo dirigía desde 2014. En él se incluía la prospección exhaustiva de las paredes de la cueva con escasa esperanza de localizar muestras de arte. La cueva había sido visitada durante más de un siglo, estudiada por otros arqueólogos, explorada por espeleólogos, etc... Fruto de todo ese trasiego humano incontrolado, su estado era deplorable, repleta de grafitis, de desechos, suciedad... La sorpresa fue por tanto mayúscula, al identificar un conjunto único de arte rupestre, en los sectores más profundos de la cavidad.

Con el fin de proteger ese patrimonio tan expuesto y frágil se comunicó el hallazgo de manera inmediata a la Diputación Foral de Bizkaia, que la protegió tanto física como jurídicamente. Tomadas esas medidas, la noticia fue difundida y se puso en marcha un proyecto científico interdisciplinar y plurianual de investigación del excepcional patrimonio arqueológico, financiado por la propia Diputación.

Nuestro equipo científico está compuesto por una veintena de especialistas en diferentes áreas de conocimiento del medio subterráneo (arqueología, geología, topografía, fotografía, biología, espeleología, etc.) con el objetivo de localizar, documentar y analizar todas las evidencias arqueológicas del interior de la cavidad. En la actualidad se han desarrollado las dos primeras campañas de estudio del arte parietal paleolítico de la cueva. Las labores de campo se prolongarán durante otros dos años para poder completar el proceso de estudio.

El santuario de Atxurra es especialmente relevante por la alta cantidad de motivos representados en los sectores profundos de la caverna y por la presencia de otras evidencias de actividad humana paleolítica, asociadas a los espacios decorados internos.

Ahora sabemos que la entrada de la cueva de Atxurra fue habitada por grupos humanos de manera casi continua desde hace unos 29.000 años hasta hace unos 12.400 años. Allí desarrollaron actividades cotidianas de subsistencia, siendo numerosos los restos relacionados con el procesado y consumo de animales, fundamentalmente cabras y ciervos.

Las labores de prospección y de documentación del arte parietal, sustentadas en la aplicación de nuevas tecnologías (tratamiento de imagen, fotogrametría, levantamiento 3D, etc.) han permitido localizar hasta el momento 113 representaciones animales en el interior de la cavidad. El acceso hasta dicho punto resulta moderadamente complicado. Desde la boca de Atxurra, dejando el vestíbulo que contiene el yacimiento arqueológico y atravesando una pequeña ventana, se accede a la zona interior de la cueva donde una rampa vertical la une con Armiña (el nivel inferior). Superando lateralmente la rampa, continúa una galería de techos bajos e irregulares que pierden altura hasta dar lugar a una gatera de varios metros por la que se transita arrastrándose. Posteriormente se abre una galería amplia sin apenas desarrollos laterales pero con un suelo irregular repleto de bloques y desniveles, hasta llegar a un último punto de unión con la parte final de la galería inferior (Armiña), donde las dimensiones aumentan sobre todo en altura. Estamos a unos 300 metros de la entrada. Desde este punto y durante unos 100 metros se suceden los paneles decorados. La galería es ahora más estrecha (aunque sigue manteniendo los techos altos) y a una elevación variable de 4-5 metros se suceden pequeñas repisas laterales. Es en estas cornisas donde se concentran los paneles decorados, que no son visibles desde la zona de tránsito habitual, sin una escalada en ocasiones complicada y puntualmente peligrosa.

Mayoritariamente se trata de representaciones animales dominadas preferentemente por caballos y bisontes, detectándose también varias cabras, ciervas, uros y una figura misteriosa y difícil de caracterizar (combina características de oso y reno). La técnica casi exclusiva es el grabado en distintas variantes (raspado, incisión fina, incisión profunda, etc.), a veces combinado con pintura negra, muy mal conservada. En algunos puntos se observan manchas de frotado en color rojo.

Las convenciones estilísticas de las distintas especies animales son recurrentes, como la utilización de la perspectiva para representar los cuernos y las extremidades inferiores, indicaciones de pelaje y detalles anatómicos internos, raspados internos a modo de despiece, etc. Destaca la representación de animales abatidos con proyectiles, sobresaliendo entre ellos un bisonte con una veintena de proyectiles en su interior (un hecho insólito hasta ahora en todo el arte parietal europeo).

Todas las figuras muestran una notable coherencia interna que se puede atribuir, sin reservas, a momentos finales del Paleolítico Superior y en concreto al periodo cultural Magdaleniense medio/superior, datado hace unos 14.500-12.500 años.

Las herramientas

Pero, además, la cueva de Atxurra también es excepcional por las evidencias arqueológicas asociadas a los paneles decorados que nos aportan una información única sobre el proceso artístico de las sociedades paleolíticas. Por un lado, el utillaje de sílex recuperado nos permite conocer las herramientas utilizadas por los/as artistas para crear sus obras de arte: de dónde extrajeron la materia prima, cómo confeccionaron los útiles y cómo los aplicaron contra las paredes para grabarlas. Por otro lado, el medio millar de restos carbonosos, localizados en la cavidad y analizados en laboratorio, nos ofrece una idea de la iluminación utilizada por los artistas tanto para penetrar en el interior de la cavidad, como para realizar las propias obras de arte y, cómo no, para contemplarlas. En este sentido, en el sector denominado plataforma de los caballos se han localizado 4 puntos de iluminación compuestos por hogares de combustión de enebro y roble, mientras que en la sala de los bisontes se ha localizado una lámpara móvil compuesta por un canto de arenisca vaciado en una de sus caras para el depósito de combustible. Asimismo, numerosos restos de carbón dispersos han sido registrados en las estancias decoradas que nos indican el uso de antorchas de madera también como recurso lumínico móvil. Es decir, se identifican al menos tres sistemas de iluminación relacionados con la creación/contemplación del arte, en lo que sería un proceso complejo y muy planificado de decoración de la cavidad.

En base a lo observado, podemos afirmar que en Atxurra nos encontramos ante el hecho excepcional de contar al mismo tiempo con una galería de arte y con un taller de artista(s), por cuanto disponemos de las obras finales, así como de los utensilios que las personas necesitaron para penetrar en el interior de la cavidad para su decoración. Esta peculiaridad supone una fuente de información única para conocer mejor a aquellos primeros artistas y a las sociedades que habitaron nuestro territorio hace miles de años.






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