domingo, 15 de octubre de 2006

Un Vasco Contra El Hambre

Esta entrevista con un vasco extraordinario llega a nosotros cortesía de Vascos México:

JOSÉ MARÍA BENGOA

"Hoy ser ético es hacer el ridículo"

Experto en nutrición mundial

Tengo 93 años. Nací en Bilbao y vivo en Caracas. Soy doctor en Medicina y llevo toda la vida dedicado a la nutrición y la salud pública. He trabajado durante 60 años para la OMS. Estoy casado, tengo 6 hijos, 15 nietos y dos bisnietos. Soy un hombre liberal. Amo el País Vasco pero me encuentro bien en todos sitios. Creo en Dios.

Perdió usted la guerra y ganó una vida.

- Cuando cayó Bilbao me fui a Francia y quiso la casualidad que me encontrara con un pariente jesuita que se iba a Venezuela. Me fui con él.

- 25 años y médico rural.

- En Sanare se vivía como en el siglo XVII, con necesidades muy elementales. Pero en ese ambiente de falta de todo yo me encontré muy bien y escribí un libro sobre la medicina social en el medio rural, que se hizo famoso.

- Y dio un doble salto mortal.

- Me reclamaron en la capital para que organizara el departamento de nutrición del Ministerio de Sanidad y poco después la OMS, con quienes recorrí 80 países en 20 años. Mi campo era el hambre.

- ¿Qué vio?

- Los efectos de la colonización en África. Cuando el Congo Belga se independizó en los sesenta, no tenía ni un médico, ni un ingeniero, ni un solo profesional. Los europeos se ocuparon de sus piedras preciosas y sus recursos naturales y se olvidaron del hombre, que no se formó en un siglo de colonización.

- ¿Le cambió tanto viaje por el hambre?

- Sí, aunque me jubilé de la OMS a los 60 años, sigo trabajando, dando conferencias, clases, escribiendo. Hay mucho que hacer. ¿Sabe cuál es ahora la paradoja?

- ¿Cuál?

- Nos estamos dando cuenta que malnutrición y obesidad, dos problemas que hasta ahora se trataban por separado porque parecían opuestos, están unidos. La familia que come mal tiene niños desnutridos y niños obesos. Venezuela es un caso típico.

- Estamos en la segunda colonización, la de la comida basura.

- Sí, yo la llamo la nutrición del silencio. Le voy a contar lo que hacía su abuela: iba a la tienda y conversaba con la vendedora, sobre fulanito, sobre el programa de la tele... Luego la familia se reunía en torno a la mesa y se seguía conversando: "¿Cómo te ha ido en el colegio?", "¿qué tal en el trabajo?..."

- ¿Eso se acabó?

- Sí. Ahora uno va al supermercado y coge las cosas sin hablar con nadie. Llega a casa, abre la nevera, coge un sandwich y se sienta delante de la tele. Es el mundo del silencio. Y creo que si queremos mejorar la nutrición, es imprescindible la reunión familiar de las comidas, las tres comidas al día, el orden.

- El tiempo ya no es nuestro.

- Además, durante la comida y la cena antes se conversaba y cada uno contaba sus desdichas y sus conquistas. ¿A qué conduce este mundo del silencio?

- A la tristeza.

- Sí, a la tristeza y a que unos sean gordos y otros flacos porque comer se ha vuelto individual y no hay un patrón de orientación, no está la madre diciendo a los hijos: "No comas más pan y acábate la verdura".

- Y lo que también hay es mucha industria alimentaria mentirosa.

- Eso también es muy triste. Fíjese que en realidad los alimentos que consumimos no son más que diez, pero la industria alimentaria los ha transformado en 3.000 y se excede exagerando los valores nutritivos de cosas que no tienen valor. Para contrarrestar tendríamos que tener una educación nutricional de excelencia, cosa que no tenemos.

- Usted las ha visto de todos los colores, ¿qué piensa del ser humano?

- Creo que el ser humano es mucho mejor de lo que parece, pero que las circunstancias de la lucha por la vida le hacen ser malo, ambicioso y capaz de todo para conseguir dinero, pero es un recurso de autodefensa.

- Es usted muy comprensivo.

- Yo lo censuro, pero lo entiendo.

- Entonces, ¿qué le ha decepcionado?

- El exceso de búsqueda de bienestar del Primer Mundo a costa de los países pobres.

Las sociedades ricas deberían pagar más por lo que importan del Tercer Mundo, por el café, por el chocolate. Recuerdo que en Costa Rica que ingresaran más o menos niños con edemas de hambre, ya casi moribundos, dependía de la curva de venta del café.

- ¿No ganamos en sensibilidad?

- Tenemos que disminuir nuestro nivel de vida, demasiados vestidos, demasiados cines, bebidas, comidas, demasiados gastos. Vivimos en el exceso.

- Y tampoco nos hace más felices.

- Tarde o temprano llegaremos a comprender que el niño africano es igual que nuestro niño. Sólo nos salvará la unión de los pueblos. Visitando a las familias rurales de Sanare, me encontraba con esas madres descalzas en sus ranchitos de suelo de tierra y techo de palma, cocinando con leña en el suelo y rodeadas de sus tres chicos. A una de ellas, Elvira, le pregunté: "¿Usted es feliz?".

- ¿Lo era?

- "Sí, doctor, muy feliz. Estoy aquí con mis muchachitos, y tengo plátanos y papas". Me enternece recordarlo, ¿pero sabe una cosa?

- ¿Qué, doctor?

- Pensamos que tratar de hacer el bien es un sacrificio, pero es una profunda satisfacción. Y ahora se da un hecho impensable hace 60 años, las ONG. Yo quiero enviarles mi adhesión y mi amor, porque hacen una gran labor y con un entusiasmo ejemplar. El problema es esa minoría insoportable.

- Ya.

-... Esa que no piensa más que en el dinero y en cómo robarnos. Cuando era joven las diferencias salariales entre el director y el obrero eran de 1 a 3, ahora son de 1 a 5.000. Me avergüenza como ser humano que una persona cobre millones y millones por jugar al fútbol, por actuar o por gestionar. Son sueldos inmorales, pero la gente admira a esos personajes. Hoy ser ético es hacer el ridículo.

ESPERANZAS

Ha recorrido el mapa del hambre del planeta, ha luchado toda su vida contra el fantasma de la desnutrición y, con 93 años, continúa (ha venido a exponer su humanidad en el I Congreso Mundial de la Nutrición y Salud Pública). Pero su mayor valor es que todavía cree en el ser humano. No se ha rendido. Su último libro se titula "Hambre cuando hay pan para todos", así de claro habla. Le indigna que un futbolista gane lo que gana; le indigna el exceso y manda su adhesión y su amor a los que son capaces de tender una mano. La suya, en la medicina de la ética y el sentido común: "Algún día comprenderemos que no hay ninguna diferencia entre nuestro hijo y los hijos de África. Lo maravilloso es que quien lo sabe y actúa es más feliz, por eso tengo esperanza".

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