Desde las páginas de Público traemos a ustedes este texto en el que Jonathan Martínez hace cera y pabilo de todos los que se han ufanado por el secuestro de el mandatario venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, así como el bombardeo a diferentes puntos de Venezuela incluyendo barrios residenciales de Caracas.
El texto se lo dedicamos a uno de los individuos mencionados en este, el infumable jeltzale Iñaki Anasagasti:
La Doctrina Fran Rivera
Jonathan MartínezEl otro día, tras el ataque estadounidense contra Caracas, una buena parte de la prensa patria se entregó a los más insólitos malabarismos verbales. No me gustaría verme en su papel. Tras haber agotado los epítetos contra Vladimir Putin, los plumillas de obediencia atlantista se tentaban la ropa para relativizar el despotismo de Donald Trump e invertir la carga de la prueba. Por lo visto, Venezuela llevaba la falda muy corta. El ABC, un periódico que en su día glorificaba a Hitler y a Franco, celebró modestamente el bombardeo llamando "dictador" a Nicolás Maduro. Todo muy festivo y entrañable.
Supongo que el diario de Julián Quirós está afligido porque el Consejo Nacional Electoral de Venezuela no desglosó las actas que dieron la victoria a Maduro en los comicios de 2024. Loable preocupación. El problema es que el ABC ya llamaba "dictador" a Hugo Chávez cuando había ganado nueve citas electorales bajo la supervisión de organismos independientes. "Extraño dictador", decía Eduardo Galeano. Lo más llamativo, sin embargo, es que las quejas proceden de un periódico monárquico como el ABC y de un país como España, que lleva noventa años sin elegir en las urnas a su jefe de Estado.
Aquellos que llaman a Israel "la única democracia de Oriente Medio", sostienen que Venezuela es una dictadura y piden una "transición democrática". Es la misma retórica de Donald Trump, que se propone gobernar el país hasta que llegue "una transición pacífica". La típica transición urdida en los despachos del Pentágono. Leamos, por ejemplo, el telegrama remitido por el Departamento de Estado a la embajada en España en 1975: "Es esencial que el Rey, mediante sus actos, se consolide lo antes posible como el líder indiscutido de España. Es útil que el Rey disponga de la prensa más favorable posible. El Rey sabe bien que cuenta con nuestro apoyo".
Hablando de injerencias, Iñaki Anasagasti ha celebrado la operación trumpista con uno de los argumentos más débiles que se han escuchado estos días. Dice el ex senador que todos habríamos aplaudido una intervención estadounidense en España contra Francisco Franco. Como ejercicio de ciencia ficción, tal vez merezca los laureles de un Premio Planeta. Lo que ocurre es que EEUU, para sorpresa de nadie, hizo exactamente lo contrario: traicionó al Gobierno vasco en el exilio, sacó del ostracismo al Caudillo y legitimó la dictadura ante los organismos internacionales a cambio de unas bases militares.
Pero volvamos a Venezuela. Y es que el régimen de Trump no solo ha convertido a Maduro en una especie de rockstar antiimperialista sino que además ha dejado en ridículo a María Corina Machado y a sus seguidores, que se apresuraron a jalear la agresión y ahora ven cómo se aleja el sueño de acceder al poder por la vía de las armas. Tras la caída del guindo, Machado ha propuesto compartir el Nobel con Trump. Campeona mundial de arrastre. No es la primera vez que la oposición venezolana apuesta por el secuestro presidencial bajo el padrinazgo de la Casa Blanca. En 2002, los partidos opositores recurrieron a militares desleales para apresar a Chávez y poner como presidente al jefe de la patronal.
Nos dicen que Venezuela no tiene un gobierno democrático pero no quieren que preguntemos si Venezuela tiene una oposición democrática. ¿Es democrática María Corina Machado, que respaldó a Netanyahu durante el genocidio en Gaza y celebró el bombardeo de su propio país prometiendo privatizar sus recursos naturales? ¿Es democrático Juan Guaidó, que se autoproclamó presidente retorciendo la Constitución y desafiando al Tribunal Supremo de Justicia? ¿Son democráticos Leopoldo López y Henrique Capriles, que participaron en el golpe de 2002 deteniendo ilegalmente al ministro Ramón Rodríguez Chacín? ¿Son democráticos los guarimberos que incendiaban las calles de Venezuela recurriendo a eso que en España llaman terrorismo callejero y se castiga con hasta trece años de cárcel?
Aceptemos por un instante que el ABC está en lo cierto y Maduro es un cruel dictador. ¿Quiere eso decir que una empresa de renombre español como Repsol hace negocios millonarios con una dictadura? ¿Que la niña bonita de la marca España hace caja con la sangre de los opositores? ¿Que Josu Jon Imaz bebe los vientos por una dinastía de sátrapas? ¿Que los políticos del PP y el PSOE que franquearon las puertas giratorias de la petrolera nunca tuvieron el mínimo escrúpulo moral? Los periódicos más feroces contra Maduro no le piden cuentas a Repsol, entre otras cosas porque la compañía se anuncia en sus páginas. De pronto, el dinero generado en una dictadura ya no resulta inconveniente.
En cualquier caso, ha llegado con fuerza el tiempo de los eufemismos. Pedro Sánchez, sin ir más lejos, llamaba "escalada" a algo que si ocurriera en Madrid sería llamado atentado terrorista. Otros hablan de "extracción", "detención" o "captura" para mencionar algo que en cualquier otra circunstancia se llamaría "secuestro". No hay más que ver las varas dobles y los circunloquios de las élites europeas, dirigentes pusilánimes que siempre actuaron como una sucursal de Washington y que llevan camino de padecer en Groenlandia las dulces mieles del intervencionismo yanqui. Roma no paga traidores.
Quien diga que Estados Unidos va a llevar la libertad o la democracia a algún país del mundo, o no ha leído un libro de historia en su vida o lo ha leído y nos trata como si fuéramos imbéciles. Recordad los miles de muertos en Haití a manos de los Duvalier. Recordad el genocidio maya con doscientos mil cadáveres en Guatemala. Recordad el genocidio de los militantes de la Unión Patriótica en Colombia. Recordad los miles de torturados y desaparecidos en Chile con Pinochet. Recordad el terrorismo de Estado con Videla en Argentina. Recordad las víctimas de la contra en Nicaragua. Recordad los muertos en el Caracazo en nombre del Consenso de Washington.
He visto un vídeo en el que el ex torero Fran Rivera celebra el secuestro de Maduro y pide a Estados Unidos que haga lo propio en España. Dicen los analistas que Trump pretende apropiarse del continente americano invocando la Doctrina James Monroe. Desde estas líneas sospechamos que en realidad Trump está invocando la Doctrina Fran Rivera: se trata de aprovechar que el mundo se ha llenado de mileis, bukeles, machados y abascales de andar por casa, mentecatos y vendepatrias dispuestos a lamer la bota que más fuerte los pise. Día tras día, algoritmos made in USA nos bombardean con sus sandeces y nos imponen sus exabruptos. Eso sí que es una dictadura y de las gordas.
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