Asier Robles ha llevado a cabo un muy interesante ejercicio de rescate histórico en la figura de Juan Crisóstomo Arriaga, el músico vasco en honor de quien el Teatro Arriaga toma su nombre.
Pues bien, según nos informa Robles, dicho teatro no es el único homenaje al talento musical de Arriaga.
Aquí les dejamos con la información al respecto:
El eco de Arriaga en las calles de Bilbo, 200 años después de su prematura muerte
Hace 200 años moría en París Juan Crisóstomo de Arriaga, un prodigio bilbaino al que una temprana muerte privó de una fulgurante carrera. Un teatro, una plaza, un conservatorio y diferentes esculturas mantienen hoy viva la memoria del joven genio.
Asier RoblesSu apellido da nombre al principal teatro de la villa pero, pese a ello, no es una persona demasiado conocida en Bilbo. Este sábado se cumplen 200 años del fallecimiento en París de Juan Crisóstomo de Arriaga y Balzola, un genio musical a quien una prematura muerte privó de desarrollar una carrera que muchos auguraban extraordinaria.
Para conmemorar su figura, este 17 de enero el Teatro Arriaga acoge el concierto de La Ritirata ‘Arriaga y el eco de su tiempo’. Y siguiendo ese mismo eco, con ayuda del libro ‘Paseos sonoros. Las huellas de la música clásica en Bilbao’ de Mercedes Albaina, en este reportaje recorremos las calles de la capital vizcaina en busca del rastro del joven músico.
Los orígenes de su apellido se remontan al caserío Arriaga en Errigoiti, de donde provenía su padre Juan Simón de Arriaga (1766-1836). Este se casó con la gernikarra María Rosa Catalina de Balzola (1767-1818) y se trasladaron juntos a Bilbo. Juan Crisóstomo fue el octavo de los nueve hijos que tuvieron y nació en pleno corazón de la villa.
En el número 12 de la calle Somera (o Goienkale) encontramos hasta tres placas que conmemoran su nacimiento el 27 de enero de 1806. La más antigua es una inscripción en piedra situada justo sobre el dintel del portal; las otras dos, de factura más reciente, fueron colocadas por el Ayuntamiento a un lado de la puerta. A pocos metros de allí, en la iglesia de los Santos Juanes, fue bautizado ese mismo día. Unos años más tarde, la familia se trasladó a otra casa en la calle Ronda.
Su amor por la música le vino desde muy pequeño, muy probablemente favorecido por el entorno familiar. Su padre, aunque comerciante, había sido organista en la Iglesia de Berriatua y uno de sus hermanos, Ramón Prudencio, era guitarrista y violinista. Diversos investigadores señalan, además, que el pequeño Arriaga fue alumno de Fausto Sanz, violinista de la Catedral de Santiago.
En los salones bilbainos
‘Juanito’, como era conocido, comenzó pronto a frecuentar tertulias y reuniones filarmónicas en salones privados, donde se daban cita algunos de los músicos más eruditos de la época. De hecho, en noviembre de 1817, con tan solo once años, plasma en un dibujo dedicado a la pianista Luisa de Torres y Urquijo una sesión musical en uno de esos salones. Albaina, en su libro, comenta que el salón dibujado podría ser la casa de Juana de Mazarredo y Moyua, en la que en aquella época se realizaban tertulias musicales y sociales, y que estaba situada en la actual calle Viuda de Epalza.
De ese mismo año es la primera obra conocida de Arriaga, ‘Nada y mucho’. Se trata de una composición pensada para ser interpretada en los salones donde el joven músico comenzó a darse a conocer.
En 1818 compuso su ‘Obertura op.1’, al año siguiente la ‘Marcha Militar para banda, op. 2’, junto a dos ‘Himnos Patrióticos, op. 3 y op. 4’, y una delicada ‘Romanza para pianoforte’. Pero la ambición de Arriaga iba más allá: entre 1819 y 1821 se lanzó a componer una ópera completa, ‘Los esclavos felices’, basada en un libreto de Luciano Francisco Comella. De esta última solo ha llegado a nuestros días la obertura y algunos números.
Viaje a París
Su talento musical era innegable, y Bilbo se le quedaba pequeño. Así, en septiembre de 1821, su padre decidió enviarlo a París para que continuase su formación. Ingresó en el École Royale de Musique et de Déclamation, más tarde llamada Conservatorio, donde tuvo como maestros a músicos de la talla de Pierre Baillot, François-Joseph Fétis y Luigi Cherubini, quienes quedaron impresionados por la precocidad y madurez de su talento. Durante sus últimos meses en Bilbo y los primeros en París compuso otra de sus mejores obras, esta vez de temática religiosa: ‘Stabat mater’.
En 1824, Arriaga fue nombrado profesor repetiteur de contrapunto y fuga de Fétis, siendo altamente valorado por alumnos y maestros. Entre sus obras de esta etapa parisina destacan: el arreglo para cuarteto de cuerda de las Variaciones sobre el tema de ‘La Húngara’, la Obertura Pastourelle (versión revisada de Los esclavos felices), los ‘Tres Estudios para Pianoforte’, los ‘Tres Cuartetos de Cuerda’ dedicados a su padre y la ‘Sinfonía para Gran Orquesta’ (1824-25).
La carrera de Arriaga ascendía meteóricamente, pero el 17 de enero de 1826, apenas diez días antes de cumplir 20 años de edad, la vida del joven compositor se apagó a causa de una dolencia pulmonar. Fue enterrado en una fosa común del Cimetière du Nord en Montmartre y 150 años más tarde se colocó una placa conmemorativa en el número 314 de la rue Saint-Honoré de la capital francesa, casa donde vivió.
Tras su muerte, un baúl con su violín y algunos manuscritos fue enviado a la casa de su padre en Bilbo y abandonado en un desván, olvidado durante décadas, hasta que en 1869 su sobrino-nieto Emiliano de Arriaga lo rescató y comenzó a recuperar su memoria.
Arriaga en la memoria colectiva
Fue a partir de ahí, medio siglo después de su fallecimiento, cuando Juan Crisóstomo comenzó a ser reconocido y a entrar con fuerza en la nomenclatura de su villa natal. En 1887 se creó la ‘Comisión Permanente de las obras del maestro Arriaga’ y en 1889 se colocó la placa con la inscripción ‘Plaza del Maestro Arriaga’ en el lugar donde se estaba reconstruyendo el Teatro de la Villa, bajo la dirección del arquitecto Joaquín de Rucoba. El edificio fue inaugurado en 31 de mayo de 1890 bajo el nombre oficial de ‘Nuevo Teatro de Bilbao’, aunque pronto se consolidó popularmente como Teatro Arriaga, en referencia a la plaza que lo acogía. Pocos años después, los gestores del teatro comenzaron a utilizar oficialmente el apellido del insigne compositor.
Hoy, en lo alto de la escalera principal, se exhibe un busto de Juan Crisóstomo Arriaga, obra de Tomás Fiat realizada en 1885.
En 1906, con motivo del primer centenario de su nacimiento, Bilbo organizó una gran celebración en honor al compositor. Como parte de los actos conmemorativos, se impulsó un proyecto para erigir un monumento en su memoria, aunque su inauguración no llegaría hasta 1933.
El monumento es una obra del escultor Franciasco Durrio (1868-1940), que optó por representar a Euterpe, la musa griega de la música, desnuda, suspendida casi en equilibrio sobre la punta de los pies y con el rostro alzado hacia el cielo, mientras de la lira que sostiene brota un hilo de agua que evoca las lágrimas por la temprana muerte de Arriaga.
En un primer momento, el monumento se erigió en el Parque de Doña Casilda, en la zona de la Pérgola, pero más tarde se decidió trasladarlo detrás del Museo de Bellas Artes.
Con la llegada del franquismo y la imposición de su moral conservadora, el monumento comenzó a ser cuestionado. En 1948, desde el diario ‘La Gaceta del Norte’ se promovió una campaña contra el monumento, al considerar que la desnudez de la musa «avivaba bajas pasiones». El Ayuntamiento terminó cediendo y la escultura de Euterpe fue retirada de su emplazamiento y trasladada a los almacenes del cercano museo. Para sustituirla, se encargó a Enrique Barros (1905-1990) la realización de una figura en similar actitud, sujetando también una lira, pero esta vez vestida.
Pero en 1975 la obra de Durrio fue restituida. Hasta hace unos años ha estado visible en el patio de una de las entradas del Museo de Bellas Artes, pero con la reciente remodelación del museo, ahora se encuentra semidesmontada en su interior como parte de una exposición. La pieza volverá a su estado original, pero no exenta de polémica, ya que se preve que se recoloque dentro de la pinacoteca, lo que algunos consideran una privatización del monumento. Este domingo se realizará una concentración a las 12.00 frente al museo.
Respecto a la obra que realizó Barros, actualmente puede verse en una fuente del Paseo Uribitarte, cerca del Puente Zubizuri. Y es conocida por algunos bajo el nombre de Fuente de Melpómene, musa de la tragedia en la mitología griega.
El Conservatorio de Música de Bilbo, fundado en 1920, adoptó oficialmente el nombre de Juan Crisóstomo de Arriaga en 1956, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento del compositor. Con este gesto, la ciudad reforzaba el vínculo entre su principal institución de enseñanza musical y la figura del joven genio bilbaino, cuya memoria sigue ligada a la vida cultural de la villa. En 2007 inauguró en el barrio de Ibarrekolanda su nueva sede, en la fachada de la cual se puede leer ‘Conservatorio de Música Juan Crisóstomo de Arriaga’ y dentro hay un busto del ilustre compositor.
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