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jueves, 8 de enero de 2026

Matrimonios Medievales Estratégicos

En ocasiones anteriores, en este mismo blog, hemos expresado nuestro agradecimiento al escritor Mark Kurlansky por haber puesto a Euskal Herria en el mapa con la publicación de su libro "La historia vasca del mundo" (The Basque History of the Wolrd). 

Sin embargo, como también ya hemos hecho antes, volvemos a presentar evidencia histórica con respecto a su aseveración de que los vascos nunca en su devenir han contado con una entidad político-territorial propia.

En expresar lo anterior, el buen Kurlansky se saltó por completo la historia del Reino de Navarra, antes Ducado de Pamplona, constructo político al que diesen vida los vascones, gentilicio con el que se denominaba al pueblo hoy conocido como vascos.

Dicho lo anterior, recomendamos la lectura de este reportaje publicado por Naiz:


Alianzas matrimoniales, la estrategia política de Nafarroa para tener un lugar propio en Europa

Las alianzas matrimoniales que concertaron los últimos reyes de la dinastía Jimena fueron la estrategia política del reino de Nafarroa para encontrar un lugar propio en Europa, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

Pello Guerra

Con el objetivo de encontrar un lugar propio en Europa para Nafarroa, los últimos reyes de la dinastía Jimena aplicaron una política de alianzas matrimoniales que les permitió establecer lazos con los reinos de Sicilia e Inglaterra, y el condado de Champaña, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

¿Qué empujó a un siciliano a dedicar su tesis a las redes familiares normandas y sicilianas en la monarquía navarra entre los siglos XII y XIII? Según explica a NAIZ, todo comenzó hace nueve años, cuando encontró «por casualidad un artículo de la investigadora siciliana Laura Sciascia sobre la regencia siciliana de Blanca, futura reina de Navarra, entre 1402 y 1415», y que incluía «un breve pero sugerente preámbulo dedicado a una ‘historia en femenino’ de la monarquía siciliana».

En ese texto, Sciascia exploraba «el comienzo de las relaciones históricas entre Navarra y Sicilia a través de la figura de Margarita, hija de García Ramírez ‘el Restaurador’, reina consorte de Sicilia por su matrimonio con Guillermo I de Hauteville y posteriormente regente del reino en nombre de su hijo, Guillermo II, en la segunda mitad del siglo XII».

Siendo Puzzo siciliano y al estar casado con una navarra, «me sentí inmediatamente atraído por el tema y decidí entonces escribir a la profesora Eloísa Ramírez Vaquero, catedrática de la Universidad Pública de Navarra».

Y así se embarcó en una investigación doctoral centrada en las alianzas matrimoniales establecidas por Nafarroa en el periodo que va de 1134 a 1234, es decir, el correspondiente a los reinados de los tres últimos soberanos de la dinastía Jimena: García Ramírez, Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte.

Fue un siglo en el que se establecieron unas alianzas a través de bodas que el historiador considera que tenían «un hilo común: la necesidad del reino de Navarra de encontrar su propio lugar, una razón de ser dentro del contexto ibérico y europeo».

Esa política fue iniciada por García Ramírez, soberano de la Nafarroa que había conseguido separarse de Aragón a raíz de la muerte de Alfonso el Batallador en 1134 y que por ese motivo fue conocido como ‘el Restaurador’.

El nuevo rey «comprendió la dificultad de mantener un equilibrio político con las potencias ibéricas, Castilla y Aragón», y que «el débil reino que gobernaba se presentaba como una presa fácil para las ambiciones territoriales y de prestigio de sus vecinos, entonces en plena expansión».

Ante esa situación, «la única solución viable parecía ser doble. Por un lado, reforzar los vínculos familiares y de vasallaje con las casas reinantes ibéricas, en particular con Alfonso VII de Castilla. Y por otro, proyectar al reino hacia un horizonte más amplio, más allá de los equilibrios locales, que legitimara la autonomía de Pamplona y su papel dentro de un marco europeo y mediterráneo».

Un matrimonio diseñado por Rotrou de Perche

En ese empeño, Puzzo señala que «la proximidad geográfica y familiar de García Ramírez con el mundo ultrapirenaico, ya que su primera esposa era la noble normanda Margarita de L’Aigle, sobrina del tenente de Tudela Rotrou II, conde de Perche, orientó naturalmente esa apertura hacia el reino franco, de donde también procedían los nuevos señores de Sicilia, los normandos Hauteville». Y de ese entramado, nació «la vocación ‘europea’ del reino de Navarra».

Siguiendo ese modo de proceder, García Ramírez casó a su hija Margarita con Guillermo, hijo del rey siciliano Roger II de Hauteville. Un matrimonio que el historiador considera que «no fue fruto de una simple coincidencia dinástica, sino la culminación de una estrategia cuidadosamente diseñada y cuyos orígenes se remontan a la figura de Rotrou de Perche».

¿Quién era el cerebro de esa operación? El historiador explica que este noble normando, tío político del rey, «actuó como su principal aliado y artífice del proyecto que permitió restaurar la monarquía pamplonesa en 1134, tras la muerte sin herederos de Alfonso I de Aragón».

Rotrou había combatido en la Primera Cruzada y mantenía una red de contactos con los linajes normandos establecidos en el sur de Italia, los Hauteville. Y comprendió que «la supervivencia de la monarquía restaurada dependía de su capacidad para tejer alianzas que garantizaran protección y reconocimiento, tanto en la península como en el ámbito europeo».

De ahí que, siguiendo sus consejos, la política matrimonial de García Ramírez tuviera una doble lógica. Por un lado, consolidar lazos con Castilla, a través de los matrimonios de sus hijos Sancho y Blanca con descendientes de Alfonso VII. Y por otro, «el matrimonio de Margarita Garcés con Guillermo de Sicilia respondía a una segunda estrategia, profundamente anclada en los equilibrios dinásticos del momento».

Este matrimonio de la princesa Margarita reportaba grandes ventajas a la Corona navarra, ya que «Sicilia, convertida en reino por concesión papal en 1130, gozaba de la protección de la Santa Sede y de una posición privilegiada en el Mediterráneo». Y para García Ramírez, estrechar lazos con Palermo,  «significaba acercarse a Roma, que había negado la legitimidad de su acceso al trono navarro. Así, el matrimonio de su hija no solo fortalecía la dinastía Jimena, sino que también devolvía a Navarra un papel activo en el tablero político europeo».

La operación diplomática de la boda de Berenguela

Cuando Sancho VI el Sabio se hizo con el trono de Nafarroa en 1150 como sucesor de García Ramírez, mantuvo esa política de alianzas matrimoniales internacionales casando a su hija Berenguela con Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra.

Puzzo destaca que este enlace fue el punto culminante de «un largo proceso de acercamiento entre la monarquía navarra y la casa Plantagenet, que compartían intereses estratégicos en la frontera pirenaica y en el suroeste francés», ya que en esa época, los dominios continentales de Londres llegaban hasta la muga navarra.

Así que la unión de Ricardo, duque de Aquitania antes que soberano inglés, con la princesa navarra «ofrecía una oportunidad única para asegurar la estabilidad en las tierras de Ultrapuertos y garantizar el reconocimiento navarro en la gran política europea».

En virtud de la misma, «Navarra ofrecía apoyo militar y control sobre los pasos pirenaicos —clave para la defensa de Aquitania—, mientras que Ricardo aportaba prestigio y protección internacional. No es casual que la dote de Berenguela incluyera precisamente los castillos de San Juan de Pie de Puerto y Rocabruna, símbolo tangible de la autoridad navarra en Ultrapuertos».

Por todo ello, el historiador considera que la alianza alcanzada a través de ese matrimonio fue «una operación diplomática cuidadosamente calculada que situó de nuevo al pequeño reino pirenaico en el centro de la política europea y marcó la entrada definitiva de Navarra en el juego de las grandes potencias europeas del siglo XII».

Un enlace para acercarse a Francia

Como en los casos de su abuelo y su padre, Sancho VII el Fuerte, cuando se hizo con las riendas del reino en 1194, continuó con los enlaces políticos. En su caso, se trató de su hermana Blanca, que terminó casándose con el conde Teobaldo III de Champaña, un matrimonio que Puzzo apunta que «debe entenderse dentro del nuevo equilibrio político europeo tras la muerte de Ricardo Corazón de León», ocurrida en 1199.

Ese fallecimiento conllevó «la inestabilidad de Aquitania y el progresivo debilitamiento del poder angevino en el continente», lo que obligó a Nafarroa «a reorientar su diplomacia hacia Francia, que bajo Felipe II Augusto se había consolidado como la potencia hegemónica».

Esa alianza matrimonial con Champaña ofrecía múltiples ventajas, según explica el historiador. En primer lugar, «acercaba la monarquía navarra a la órbita francesa sin romper del todo los lazos con la casa de Aquitania, ya que Teobaldo era nieto de Leonor de Aquitania y, por tanto, mantenía viva la conexión con la red político-familiar que Sancho VI había cultivado».

Y en segundo lugar, «la unión reforzaba el prestigio internacional de Navarra al vincularla con uno de los condados más prósperos, cohesionados y culturalmente influyentes del reino de Francia». Por lo tanto, fue «un movimiento diplomático prudente y visionario».

Tras conocer los motivos políticos de los enlaces, queda por analizar qué papel llegaron a jugar esas princesas navarras en sus respectivos dominios. Y al respecto, Puzzo explica que «no fue pasivo. Al contrario, trataron de influir directamente en la escena política, dentro de los límites que se les impusieron, contribuyendo a la construcción de una ‘memoria familiar de la realeza’ en la que la reivindicación de sus orígenes ocupaba un lugar destacado. Su influencia en la política y sociedad de los territorios a los que fueron destinadas parece mucho mayor de lo que dejan entrever las fuentes directas».

La llegada de ‘reyes de lejanas tierras’

Aunque a través de estos matrimonios Nafarroa logró situarse en el tablero europeo, esta política tuvo un efecto especialmente directo y que fue la llegada a la monarquía navarra de ‘reyes de lejanas tierras’. Así se acuñó el advenimiento de la dinastía de Champaña a Iruñea tras fallecer Sancho VII el Fuerte en 1234 sin un heredero directo. Así que «lo que inicialmente fue una política de fortalecimiento internacional, terminó facilitando la entrada de una nueva dinastía extranjera en el trono navarro».

El historiador considera que la llegada de los Champaña y posteriormente de los Evreux «reforzó la influencia francesa en la corte y en la administración del reino», lo que «limitó la autonomía de Navarra, que pasó a verse cada vez más implicada en los intereses y conflictos de la política francesa, alejándose en parte de sus propias dinámicas internas y de su entorno ibérico».

Sin embargo, tuvo como efectos positivos no solo fortalecer la posición de Nafarroa en el continente, sino que favoreció «los intercambios culturales y económicos, contribuyendo a una cierta apertura del reino hacia Europa occidental».

Por lo tanto, los cien años que van entre 1134 y 1234 supusieron «el inicio de un proceso político y cultural hacia Europa» al situar al reino de Nafarroa en «una red de relaciones internacionales más amplias que comenzó a reflejarse también en la vida cultural» y que le integró, además, «en las corrientes comerciales del mundo mediterráneo».

 

 

 

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