Justo en el día en el que en Euskal Herria se conmemora el Día Contra la Tortura, ha fallecido uno de los pilares de la represión más brutal desde el ámbito judicial en contra del pueblo vasco, Ángela Murillo.
Fiel a la escuela del 'todo es ETA' de Baltasar Garzón, Murillo protagonizó algunas de las acciones más grotescas y aberrantes que puedan ocurrir en un juzgado.
Aquí lo que nos informa Naiz:
Fallece la jueza Ángela Murillo, protagonista de varios juicios contra la izquierda abertzale
La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido a los 74 años de edad. Protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años y, entre ellos, varios de casos de persecución de la izquierda abertzale.La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad.
Ángela Murillo, jubilada desde septiembre de 2024, pasó 31 años a este tribunal, protagonizando algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años, como el caso Nécora, los de las tarjetas black o la salida a bolsa de Bankia o la célula de Al-Qaeda en el Estado español.
Al jubilarse hace algo más de dos años, confesaba que el de Bankia era el que mejor recuerdo le había dejado pero en Euskal Herria dejó en la memoria varios casos de persecución a la izquierda abertzale.
Uno de los más conocidos fue cuando le respondió «por mí como si bebe vino» a la abogada Jone Goirizelaia cuando le preguntó si su defendido, Arnaldo Otegi, podía beber agua, ya que se encontraba en huelga de hambre.
Esta actitud de Murillo supuso que el Tribunal de Estrasburgo anulase la condena por el «caso Bateragune», al estimar que la jueza no garantizó la imparcialidad necesaria ya que el Supremo, al revisar un juicio anterior contra él por «enaltecimiento del terrorismo», consideró que la magistrada prejuzgó a Otegi al preguntarle si «condenaba rotundamente la violencia».
Se encargó también del macro juicio 18/98 contra militantes de la izquierda abertzale, donde mostró su desprecio a los encausados vascos, como recogió Iker Bizkarguenaga, quien siguió de primera mano el macrojuicio del 18/98.
Murillo también fue la encargada de presidir la vista del sumario 13/13, dirigido contra la asistencia de abogados a presos vascos. Este juicio estuvo marcado por la denuncia de irregularidades en el procedimiento. Pese a ello optó por continuar con la vista.
«Mítines, aquí no», les soltó a dos anarquistas chilenos acusados de atentar contra la basílica del Pilar de Zaragoza.
En el juicio por el atentado mortal de ETA contra el edil de UPN de Leitza José Javier Múgica, la juez Murillo llamó directamente «cabrones» a los enjuiciados Xabier García Gaztelu, Oskar Zelarain, Andoni Otegi y Juan Carlos Besance.
Agencias españolas han descrito este hostigamiento en los obituarios como «fruto de su espontaneidad», su «gracejo extremeño» y su «carácter campechano» que «creaba un ambiente relajado en sala».
Cuando se jubiló, aseguró que no le da pena irse y que sentía la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho siempre lo que «le dio la gana», y se jactó de no haber recibido nunca presiones de ningún tipo,
Pionera en la carrera judicial, fue la primera en presidir, en 2008, una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cuarta, que abandonó en septiembre de 2024 al jubilarse tras emitir sus últimas resoluciones.
Una de ellas dirigida a enmendar la primera sentencia del caso Tándem, referido a los negocios de espionaje de Villarejo.
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