miércoles, 20 de diciembre de 2017

Denunciando la Cadena de Prensa del Movimiento

A pocas horas de que los catalanes salgana a votar una vez más, esta vez dentro del marco del conocido como 21-D y en previsión de lo que pueda suceder en el manejo que se de en los medios - teniendo la experiencia que tuvimos con Dastis en Inglaterra -, les compartimos este texto dado a conocer por Gara:


Joxemari Olarra Agiriano | Militante de la izquierda abertzale

El desarrollo del proceso político en Catalunya nos está sirviendo no sólo para aprender y analizar experiencias de cara a optimizar y hacer más eficaz nuestro propio camino hacia la independencia sino también para observar el comportamiento de factores que se conjugan en todo contencioso pero que en Euskal Herria los habíamos experimentado únicamente en un contexto de enfrentamiento armado.

Así, con la mirada puesta en el día a día del procés catalán podemos ir sacando valiosísimas conclusiones sobre movimientos tácticos y estratégicos de los tentáculos del Estado y sus cloacas dirigidas a abortarlo.

Observamos, por ejemplo, las maniobras en el teatro internacional, donde España va procesionando por organismos y cancillerías mendigando notas de apoyo, que sería interesante saber a qué precio está pagando. Es también importante seguir con atención la instrumentalización de la economía y sus agentes para generar un clima de zozobra que provoque un repliegue reaccionario de la sociedad frente a un futuro que se le pronostica de caos y empobrecimiento.

Nadie reconocerá el Estat Catalá –dicen–, lo que llevará al aislamiento internacional, quedándose fuera de Europa y manteniendo lazos tan sólo con algunas peculiares dictaduras y otros estados fallidos...

Las empresas catalanas huyen por miles –aseguran–; la gente pasa con su dinero a sucursales aragonesas o valencianas; baja el turismo, aumenta el paro, ya no se venden coches; ni los jubilados del Imserso quieren hacer sus viajes a territorio catalán...

Es el hundimiento absoluto –proclaman–, toda una próspera sociedad que se viene abajo por la locura irresponsable del independentismo. Se habla incluso de que, en breve, empezarán a manifestarse malformaciones congénitas en los fetos engendrados en Catalunya.

Pero si el análisis de los recursos del Estado es imprescindible para sacar valiosas enseñanzas que nos serán de gran utilidad a los vascos en nuestro proceso de emancipación nacional, resulta de particular interés observar el papel que los medios de comunicación están jugando en todo esto, porque representan un arma estratégica para España.

En nuestro país conocemos desde hace decenios el juego de los medios, su imprescindible labor no precisamente en el terreno de la información sino en el de la represión, el ocultamiento de la tortura, la propaganda miserable y otras labores varias que han venido llevando a cabo sin el más mínimo pudor, que ascendieron como la espuma en la profesión y engordaron sus ingresos convirtiéndose en colaboradores necesarios del crimen contra Euskal Herria.

Nuestras referencias se situaban en el marco de un conflicto violento, por lo que pudiera haberse pensado que todo ese compromiso militante, jugosamente remunerado, se debía, precisamente, a aquel contexto de estrategia político-militar que todo lo impregnaba.

Ahora estamos viendo en el desarrollo del proceso catalán que el papel de los medios de difusión españoles que habíamos estado denunciando durante lustros no era producto del contencioso violento. Es decir, ha quedado demostrado, de manera irrefutable, que el origen de la patología de los medios no era la violencia sino los objetivos políticos que residían en ella. Esto es, ni más ni menos, lo que la izquierda abertzale repitió una y otra vez durante el anterior ciclo.

Los medios de difusión españoles se revelan, pues, como un arma más del estado contra las naciones ocupadas que luchamos por emanciparnos de España.

A comienzos de noviembre, el ministro y portavoz del Gobierno Español, Mendez de Vigo, afirmaba durante una conferencia de prensa que «los medios nos están ayudando», en la campaña contra Catalunya. Es de agradecer semejante ejercicio de sinceridad, pues resulta evidente que sin la destacadísima labor del periodismo español y otros lacayos de la palabra la ofensiva general del Estado contra Catalunya no podría ser de la misma manera.

Y es que, a estas alturas de la historia, podría decirse que el arma principal de los estados totalitarios ya no es la Policía ó el Ejército sino los medios de difusión, que son quienes dan forma a la realidad para que responda a un interés establecido, a un pensamiento único; son la fuerza de tarea.

Los «Diez mil hijos de Piolín» que el Gobierno de Rajoy desplegó en suelo catalán no provocaron más que un efecto de reacción contraproducente. Por el contrario, la sintonización de los medios, centrando temas, fijando enfoques y descargando su artillería sobre centros de interés establecidos lograron muchísimo más; aunque no tanto en la propia sociedad catalana sino fuera, despertando, incluso, un casposo y violento movimiento nacionalista español.

Pero esto no es nuevo en España. El franquismo montó la llamada Cadena de Prensa del Movimiento y estableció la obligación de conectar con «el parte» en los espacios informativos, Si antes había que defenderse de la propaganda de los rojos, ahora resulta que dicen que es Rusia y Venezuela quienes están apoyando a Catalunya.

En España hay diversidad de medios y cada uno con su estilo propio. Cierto.

Pero es clamoroso que todas ellos atacan los mismos frentes al mismo y en ofensiva coordinada. Y esto no es ni casualidad ni insoslayable relevancia informativa.

En ello están desde lo más sórdido y cutre de la profesión hasta la más «progre» como “La Sexta”, cuya pretendida pluralidad no es más que el disfraz de la coartada para difundir igual pensamiento único pero en colorines y alta definición. Hay demasiado prestidigitador del «pero», el «aunque», el «no obstante».

Sobre la información que recibimos nos hacemos el concepto de la realidad a la que no alcanzamos. Por eso es fundamental la información; por eso en Euskal Herria no podemos bajar la guardia en ese frente porque, como vemos en Catalunya, hoy en día es donde está uno de los principales campos de batalla del Estado Español, si no el principal.

Los catalanes lo están haciendo defendiendo su radiotelevisión pública, sus propios medios de comunicación. En Euskal Herria los vascos debemos multiplicar los esfuerzos por nutrirnos informativamente de las plataformas, del tipo que sean, que observan y analizan la realidad con mirada vasca.

Nuestro pueblo no sólo tiene un idioma, unas tradiciones, una idiosincrasia particular. Tiene también una mirada propia que lo abarca todo, desde el arte, la literatura, la forma de relacionarnos...

Nuestra mirada requiere una voz equivalente, unas fuentes informativas que contemplen el mundo con ojos de vasco, con la óptica de un pueblo que lucha por su reconocimiento internacional y su emancipación nacional.

Resulta inconcebible que pueda haber un independentista que pretenda informarse con medios de difusión españoles o radicadas en tierra vasca pero que miran con la misma lente del colonizador ó desde los complejos de los colonizados. Basta ya de subvencionar a quienes no nos reconocen como nación y además nos menosprecian e insultan. Basta ya de dar de comer a quienes conspiran y maniobran contra nuestro porvenir en libertad.

En nuestro camino a la independencia las grandes batallas se van a dar, como ya estamos viendo, en el campo de la comunicación y el relato. Tenemos que estar bien preparados y pertrechados para afrontarlo con éxito.

Disponemos de plataformas nacionales formidables, como GARA, NAIZ o “Berria”, por citar algunos; y debemos trabajar para que EITB sea una auténtica red de radiodifusión al servicio de la nación vasca y sus ciudadanos en este camino hacia la soberanía.

La gestión de la información puede frenar o acelerar la ruta de un pueblo a su emancipación. Reaccionemos con energía frente a la colonización informativa y su nociva toxicidad. En ello va una parte importante de nuestro porvenir como vascos libres en un nación libre.






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