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lunes, 30 de julio de 2012

Cronopiando | Sonrisas Olímpicas

Koldo Campos muestra su olímpico desdén para con la monarquía españistaní y sus lacayos con este texto en el que, socarronamente, le vuelve a comparar con... Grecia y Uganda.

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Sonrisas olímpicas

Koldo Campos Sagaseta | Cronopiando

Ignoro si alguna vez, en un pasado que se me  antoja remoto, fueron las Olimpiadas ese lúdico encuentro de pueblos y naciones  que sirva de pretexto para hermanar culturas y promover el deporte, o a qué  vertedero del consumo fue a parar el llamado espíritu olímpico que hoy se invoca  cuanto más se niega, pero las Olimpiadas que se acaban de inaugurar en Londres,  así no quede un récord ileso, son una patética demostración de hasta qué punto cualquier excusa olímpica pasada fue mejor.

El Mercado, único atleta que aparentemente no representa a ningún país porque es la mejor manera de  representarlos a todos, terminará acaparando el oro, la plata, el bronce, todo el medallero. Y, junto al Mercado, unos medios de comunicación oreando sándalo espumoso sobre la crisis económica y social que constriñe al mundo.

El  incienso que prodigaron el presidente del Estado español y su monarca también se  hizo presente en la despedida a los atletas españoles, catalanes, vascos,  gallegos, cubanos, dominicanos, ecuatorianos, brasileños, mexicanos, suizos, franceses, ucranianos, rumanos, chinos, congoleños y marroquíes, que representan al Estado español.

“Una vez más, vais a ser modelo de conducta y ejemplo para  los más jóvenes. Es una gran responsabilidad de la que estoy seguro sabréis estar a la altura” –declaró quien habría sido segura medalla de oro en caza  mayor de haberse contemplado como disciplina olímpica la matanza de  elefantes.

Mariano Rajoy, fiel a su estilo, nos volvió a deleitar con su  habitual elocuencia: “Estoy absolutamente seguro de que España estará, una vez  más, en el lugar que le corresponde…” –y por si no se entendiera tan sesuda reflexión, apostilló: “… siempre a la altura de las circunstancias.”

Todavía  el presidente tuvo luces, las que acostumbra, para concluir: “Y voy a aplicar para superar esta situación por la que pasa el país la misma receta que aplican  nuestros deportistas: trabajo, esfuerzo, dedicación y perseverancia.”

“El  lugar que le corresponde…” En un primer momento hubo quien apostó por superar las 13 medallas de oro conseguidas en Barcelona. Tras el soplo de enardecido patriotismo la calentura fue remitiendo grados y comenzó a vislumbrarse la  posibilidad de superar las cinco medallas de oro de Pekín. Han transcurrido cuatro días de competición y “circunstancias”, que diría Rajoy, y las aspiraciones que aún se mantienen ilesas se conforman con alcanzar cinco  medallas, que el metal es lo de menos.

Mañana, en la Bolsa de los egos  patrios, se revalorizarán los diplomas olímpicos.

De momento, y no lo digo  por joder, el Estado español comparte espacio en el medallero olímpico con  Grecia y Uganda.






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