jueves, 24 de septiembre de 2015

A 30 Años del Monbar

Ahora que Felipe González ha dejado al descubierto toda la miseria ética y política del PSOE al afirmar que "la dictadura de Pinochet respetaba más los derechos humanos que la república de Nicolás Maduro" y, tomando en cuenta que con las detenciones de Baigorri el régimen borbónico-franquista ha optado por cerrar la puerta definitivamente a un proceso de paz y reconciliación, sería bueno que todo mundo se enterara de las andanzas de esos que hoy exigen suelos éticos y se rasgan sus democráticas vestiduras cada vez que les es conveniente.

Lean este reportaje publicado en Gara:

Hotel Monbar, 30 años de la mayor masacre de los GAL

No fue el primero ni sería el último de los atentados de los GAL, pero mantiene el dudoso honor de constituir la acción parapolicial de ese grupo que más víctimas mortales ocasionó, un total de cuatro. Mañana se cumple el 30 aniversario del atentado del hotel Monbar, en la calle Pannecau de Baiona, en el que dos pistoleros a sueldo acabaron con la vida de los refugiados Agustín Irazustabarrena, Sabin Etxaide, José María Etxaniz e Iñaki Asteasuinzarra. Una masacre que conmocionó a buena parte del pueblo vasco por el número de fallecidos y por la forma en la que se produjo.

Joxerra Bustillo
Aquel miércoles, 25 de septiembre de 1985, había comenzado con buenas noticias para Agustín Irazustabarrena Urruzola, «Legrá», natural de Astigarraga. Las autoridades francesas le habían comunicado esa misma mañana la prórroga de su estatuto de refugiado para otros diez años más. Agustín había hecho planes para cenar con unos amigos en una casa cercana al hotel Monbar, por lo que quedaron en su cafetería para tomar un aperitivo previo.

Junto a Agustín se encontraban en el bar José María Etxaniz Maiztegi, Sabin Etxaide Ibarguren e Iñaki Asteasuinzarra Pagola. Eran aproximadamente las 21.45 horas cuando irrumpieron en el establecimiento dos pistoleros. Uno de ellos se dirigió a un extremo del bar y el otro se quedó en la entrada para impedir que nadie saliese del lugar. Los dos individuos comenzaron a disparar fuego cruzado con sus pistolas, acabando casi al instante con las vidas de Irazustabarrena, Asteasuinzarra y Etxaniz, mientras Etxaide resultó herido grave. Trasladado de urgencia al hospital Saint Paul, fallecería a las 23,15. Una quinta persona, el ciudadano Jean Iriart, resultaría herida en una mano, con pronóstico reservado.

La rapidez con la que sucedieron los hechos no permitió a los refugiados ninguna reacción ante el asalto armado. Irazustabarrena recibió dos disparos en la cabeza y otros dos en tórax y abdomen; Etxaniz sufrió dos tiros en la cabeza y otros dos en un costado; Asteasuinzarra, un solo tiro en el corazón; y Etxaide, un disparo en la cabeza.

Persecución

El atentado mortal múltiple del hotel Monbar tuvo un final distinto al de muchos otros atentados de los GAL en los que las llamadas operaciones Éclat apenas si dieron algún resultado en forma de detención de implicados en las acciones parapoliciales. En este caso, los autores del mismo fueron detenidos esa misma noche. Tras cometer la acción, los dos individuos se dieron a la fuga a pie, pero fueron perseguidos por varias personas que se encontraban en ese momento en los bares de la calle Pannecau. En el curso de su huida, los mercenarios arrojaron sus pistolas al cauce del río Errobi, pero las armas pudieron ser recuperadas al día siguiente por los buceadores de la Policía.

Tras unos minutos de carrera, a la altura del puente de Saint Esprit, los mercenarios se encontraron con una patrulla policial que, ante las indicaciones de los perseguidores, arrestaron a ambos. Resultaron ser dos miembros del hampa marsellesa: Lucien Mattei, de 41 años, condenado con anterioridad a 20 años de cárcel por tráfico de armas, y Pierre Frugoli, de 22 años, indultado por el presidente de la República con motivo de la fiesta nacional francesa del 14 de julio. En diciembre de 1987 el Tribunal de Pau les juzgaría y condenaría a cadena perpetua por el atentado del hotel Monbar.

Frugoli habría reconocido ante la Policía francesa su contratación por parte del comisario José Amedo para realizar el atentado del Monbar, así como el cobro de dos millones de pesetas por cada refugiado muerto. El día anterior, los dos mercenarios marselleses se habrían hospedado junto a Amedo y Michel Domínguez en el hotel Orly de Donostia. De hecho, la Audiencia Nacional abrió una causa paralela a la llevada a cabo en el Estado francés, en la que estuvieron imputados altos responsables de los servicios secretos españoles como Juan Alberto Perote y Alfonso Manglano, además del propio comisario Amedo. Sin embargo, como ocurrió en tantas ocasiones similares, el caso fue archivado en el año 2001.

La muerte en el hotel Monbar de los cuatro refugiados fue respondida por numerosas protestas, que se concretaron en una huelga general en Gipuzkoa y en jornadas de lucha en el resto de territorios, acompañadas de diversas movilizaciones.

Homenajes vigilados

Los cuerpos de los cuatro refugiados fueron trasladados en los días posteriores a sus respectivas localidades natales, donde les fueron rendidos homenajes populares el sábado 28 de septiembre. Alrededor de 3.000 personas asistieron al tributado en Urretxu a Jose Maria Etxaniz Maiztegi, «Potros», de 31 años y que llevaba exiliado desde 1975. Bajo una agobiante presencia policial, que dio pie a incidentes, vecinos y personas llegadas de otras localidades acompañaron el féretro durante el medio kilómetro que separaba el domicilio de Etxaniz del cementerio.

Con similar presencia policial se desarrollaron en Zestoa los actos en memoria de Sabin Etxaide Ibarguren, «Eskumotza», de 31 años y exiliado desde el año 1982. Los fuertes controles policiales impidieron a muchas personas asistir a los actos, que se desarrollaron en silencio, tan solo roto por espontáneos gritos de ‘‘Gora Sabin!’’ y el canto del ‘‘Eusko Gudariak’’ al finalizar la exhumación del cadáver en el cementerio.

Iñaki Asteasuinzarra Pagola, «Beltza», fue asimismo homenajeado en su localidad natal de Hernani, en medio de un desmesurado despliegue de fuerzas policiales, que en definitiva no pudieron impedir que muchos vecinos dieran el último adiós al joven refugiado de 35 años. Miles de personas acompañaron al féretro hasta el cementerio, al que solo pudieron acceder familiares y allegados debido a la prohibición taxativa de la Guardia Civil.

Las cenizas de Agustín Irazustabarrena Urruzola, «Legrá», de 33 años, casado y con un hijo, fueron aventadas ese mismo sábado a la tarde en las campas de Santiagomendi, como era su deseo personal. Ante la gran presencia de la Policía Nacional española en Astigarraga, se realizó una convocatoria boca a boca para celebrar los actos en el monte. Allí, tras los consabidos homenajes, una gran ikurriña acogió las cenizas del refugiado, que fueron aventadas ante la presencia de un millar de personas.




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