viernes, 31 de julio de 2015

Represión Hispano-Mexicana Vascófoba

Vascos malditos

Josetxo Zaldua
Llegó el golpismo franquista a España desencadenando una guerra civil cuyas heridas siguen frescas en la península, porque ni socialistas ni derechistas tuvieron el valor cívico para arrojar luz y taquígrafos sobre semejante barbarie. Nació la diáspora republicana, los dizque perdedores, que se desparramó por países de Europa y América. En ese doloroso torbellino humano llegaron a México un grupo de locos y famosos futbolistas vascos. Era la selección de Euskadi.

Crearon escuela porque se entregaron a su nuevo país. Fueron fichados por los equipos mexicanos y dejaron su impronta: carácter, compromiso y lealtad con la tierra que los había acogido.

Esa diáspora llegó a este país por la generosidad y la visión de Estado del general Lázaro Cárdenas, presidente de México. Todo el exilio español, vasco y catalán le debe a Cárdenas la vida. Él les abrió la puerta de este generoso y fantástico territorio para que rehicieran sus destrozadas existencias. Y el llamado “exilio español” desparramó su fuerza y su inteligencia en agradecimiento eterno hacia su casa de acogida.

En las antípodas de aquellos tiempos inolvidables, hoy nuestro país prefiere ser gendarme del gobierno que se lo pida. Aclaro: no es el país, sino quienes lo gobiernan.

Floren Aoiz y Asier Altuna, vascos malditos, llegaron el pasado lunes al aeropuerto Benito Juárez y sin mayores explicaciones y con la elegancia característica de los agentes del Instituto Nacional de Migración, se les prohibió la entrada y los regresaron a Madrid, su punto de salida. Venían invitados oficialmente para participar en el anual Foro de Sao Paulo. A lo mejor quienes los invitaron deberían estar tras las rejas.

Son integrantes de un partido político legal llamado Sortu. Es la segunda fuerza en el teatro de la política vasca. Claro, el delito de Sortu es ser independentista. Aoiz y Altuna tienen pasaportes de la Unión Europea. Hasta últimas horas de la noche Migración no había dado explicación alguna. Son personas que se mueven libremente porque nada deben ni temen. Tan se mueven a sus anchas que ya están en sus casas después del bochornoso episodio vivido en México.

Salieron del aeropuerto de Barajas, ergo, habría que preguntarse por qué entonces la policía española no los apañó teniéndolos a la mano. Tal vez los abusados agentes de la migra mexicana pensaron que sus pares ibéricos son ignorantes, de modo que actuaron con la contundencia que los caracteriza.

En el País Vasco, por suerte, se vive un intenso y complejo proceso de paz. Llegó el tiempo de la lucha política, de la negociación, del entendimiento. Hay urgencia en el tejido social vasco por restañar heridas, profundas ciertamente, y eso pasa por crear las condiciones idóneas. Hay que facilitar, no entorpecer. Hay que construir, no destruir.

Y en esas México mete la cuchara en una sopa que no es suya. Queriendo o no, nuestras autoridades se pusieron del lado del derechista y gobernante Partido Popular para poner una piedrota en el proceso de normalización de la vida en el País Vasco.

Como dijo el clásico: “pero qué necesidad”.



Josetxo, él mismo integrante de la comunidad vasco-mexicana, sabe muy bien de lo que está hablando.




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