miércoles, 21 de diciembre de 2005

¿Y Ellas?

Este escrito nos llega gracias al servicio Fitxak de Diáspora Vasca:

¿DÓNDE ESTABAN ELLAS?

Joxerra Zabala

El lehendakari Agirre durante su estancia en Estados Unidos publicó una serie de artículos en inglés en la revista “Basques”, órgano de prensa de la Delegación Vasca en New York. Aquellos artículos habían sido escritos originariamente en castellano, luego, alguien, los tradujo y adaptó al inglés y a la mentalidad estadounidense. Todavía no sé quién fue la traductora; tan sólo conozco un dato: era la Sra. de Navascues. Sí sabemos quién los transcribía a máquina, Irene Rentería de Agirre. Es sólo un ejemplo.

Bajo la pregunta retórica de «Dónde estaban las mujeres» desde Hamaika Bide, ­Asociación para el Estudio de los Exilios Vascos­ hemos celebrado unas jornadas en Donostia a través de las que deseamos llamar la atención en torno a una cuestión que nos parece importante. Si repasamos los distintos trabajos y estudios realizados sobre el exilio vasco-navarro de 1936 son muy pocas las mujeres recogidas en los mismos, nunca más del 14%, y casi siempre con un tratamiento secundario. Si prescindimos de Dolores Ibarruri ­y habría qué ver cómo se le ha considerado­, es difícil encontrar otra mujer entre las grandes personalidades del exilio. A veces da la sensación de que ellas no se exiliaron y, si lo hicieron, sólo fue para dedicarse a «sus labores».

Y digo que es una pregunta retórica porque sabemos muy bien dónde estaban ellas. Estaban en las Euskal Etxeas, en las Delegaciones del Gobierno en el exilio, en los partidos políticos, en la prensa, en la universidad, en la clandestinidad, en la resistencia, trabajando en tareas que muchas veces se consideraban de segunda clase como la traducción, la literatura infantil, la enseñanza. Luego, en la foto oficial, rara vez aparecen y, si lo hacen, es como «señora de». O desaparecen, sin más.

Sin embargo el listado de mujeres activas en el exilio es impresionante: María de Maeztu, Aurora Arnáiz, María Luisa Elío, Julia Álvarez Resano, Polixene Trabudua, Sorne Unzueta, Emiliana de Zubeldia, Balendiñe Albisu, Ernestina de Champourcin, Teresa Azkue, Rosa Bustinza Mañariko, Aurora Gómez Urrutia, Karmele Errazti, Magdalena Araceli Mouján Otaño, María José de Chopitea, Pilar de Zubiaurre, Concha Azaola, Pepita Embil, Julia Laskibar, Angelita Bilbao de García, Haydée de Agirre, María de Salís, Cecilia García de Guilarte, Pilar Claver, Julia Fernández, Mari Angeles Lardizabal, Veremunda Olasagarre, las hermanas Josefa y Elisa Uriz, Caridad OlalquiagaŠ Por supuesto, no es un listado cerrado, y mucho menos si incluimos en el mismo a las mujeres que nacieron o se formaron en el exilio, o aquellas otras que firmaban bajo los más diversos sinónimos.

Y si el listado de mujeres del exilio es tan amplio, tan variado, con personalidades de todas las ideologías, colores y partidos, ¿por qué se ha minimizado su labor? ¿Acaso no tenían valor sus aportaciones? Un solo dato puede responder a estas cuestiones: Aurora Arnáiz Amigo, una de nuestras ultimas grandes exiliadas, que a sus noventa y dos años sigue en activo, es autora de decenas de libros, profesora emérita en la Universidad Autónoma de México, primera mujer catedrático en la Facultad de Derecho de la misma universidadŠ y una perfecta desconocida en Euskal Herria, aunque no parece que el currículo sea como para despreciarlo. Por tanto, el origen del problema no está en la valía o no de estas personas, de sus aportaciones, sino en la tantas veces mencionada invisibilidad de las mujeres, de esa extraña facultad que les otorga nuestra sociedad, independientemente de sus logros.

Pasadas ya las jornadas, celebradas en la Biblioteca Municipal de Donostia a mediados de este mes, es el momento de recoger las ponencias de esos días, junto con otras que ahora mismo se están elaborando en Argentina, en México, en Brasil, en Estados Unidos. Todas ellas serán publicadas en un volumen que quiere ser una obra de referencia, una perspectiva distinta a la hora de valorar esos difíciles años de nuestra historia. Sin duda un punto de partida humilde para un reconocimiento que es de justicia histórica. Las mismas dificultades que hemos debido de superar para poder ponerlas en marcha dicen mucho de esas otras barreras invisibles que todavía hoy deben de salvar las mujeres en tantos y tantos ámbitos sociales. Pero de no hacerlo así estaremos perdiendo una parte importante de nuestra memoria histórica, esa que se nos está escapando con cada exiliada y exiliado que fallece, con cada obra que cae en el olvido. Es una carrera contra reloj si queremos lograr esa foto auténtica en la que estén ellas y ellos, esa que tantos años se viene postergando. Y se lo debemos.

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