Un blog desde la diáspora y para la diáspora

lunes, 9 de julio de 2018

Entrevista a Pepe Mujica

Iniciamos la semana con esta entrevista concedida por Pepe Mujica a Página 12, misma que ha sido dada a conocer por parte de Público:


En su chacra de las afueras de Montevideo, el ex presidente uruguayo (2010-2015) dijo que "la sensibilidad por los más débiles no es moderna" y explicó su idea de cómo se forjan la política y la cultura.

Nicolás Trotta

A la chacra de José Mujica en las afueras de Montevideo llegan micros de turistas de distintos rincones del mundo para intentar conocerlo. Pepe y Lucía (Topolansky, actual vicepresidenta del Uruguay) viven con sencillez y sobriedad. Mujica odia la palabra "austeridad". Dice que es utilizada para reducir derechos y dejar sin trabajo a la gente. “Vive como piensas, o pensarás como vives”, repite siempre este personaje único a quien la izquierda del continente considera un faro.

En pleno Mundial visitamos a Mujica junto a Victor Santa María, secretario general del SUTERH y Alberto Grille, director de la revista Caras y Caretas de Uruguay. Nos recibió con su calidez habitual y pudimos grabar, además, casi dos horas de diálogo. Se verán en “Latinoamérica Piensa” los próximos dos sábados a las 23 por A24.

Nos sentamos en un pequeño living atestado de libros y objetos de recuerdo mientras Lucía cocinaba milanesas fritas para el almuerzo.

Cuando lo vimos, Mujica ya había estado en la celda de Curitiba con su amigo Luiz Inácio Lula da Silva, a quien define como el "pacificador" de las contradicciones del Brasil.
¿Cómo encontraste a Lula?

Lo vi bien, más delgado, siempre con su temperamento jocoso, por un lado, y también horrorizado por lo que está pasando en Brasil desde el punto de vista de la enajenación del patrimonio del Estado y la transformación de la legislación laboral. Él considera que todo este episodio, que incluye la destitución de Dilma, es parte de un proyecto para cambiar las condiciones del país. Para que si un día vuelven dirigentes progresistas al gobierno, se encuentren prácticamente maniatados por compromisos establecidos a largo plazo a nivel internacional. Quiere decir que temperamento jocoso pero pensamiento bastante trágico. Lula es el único que está en condiciones de permitir que Brasil vuelva a su natural alegría de vivir.
Al ingresar al penal, ¿qué recuerdo te trajo de tu propia experiencia como preso de la dictadura durante 14 años?

Es paradojal. Es la mueca que tiene la vida. Esa cárcel donde está es muy moderna y se hizo en el tiempo de Lula. Está en una buena celda, grande, con un televisor y una cama común y corriente. No es para nada un lujo. Pero es una cosa decente. La cárcel mía no tiene comparación y espero que nunca a Lula le toque pasar algo parecido.
Habitualmente hablas contra la utilidad del rencor. ¿Cómo hiciste para transitar la prisión y vivir sin rencor?

Les tengo bronca al odio y al fanatismo. Una cosa es la pasión y otra cosa el fanatismo. El odio es como el amor, ciego. El amor tiene la ventaja de que es creador, reproductor. El odio es destructivo. Si uno vive mirando para atrás intentando cobrar o algo por el estilo cuentas incobrables y no se embebe hacia el futuro queda como dando vueltas a una columna. La naturaleza es sabia. Estaría bárbaro que nos hubiera puesto un ojo atrás para cuidarnos la espalda. Pero nos puso dos ojos para delante: la vida es mañana, es porvenir. Tengo recuerdos de dolor y de angustia. Pero hay que vivir por mañana. Tal vez sea una cuestión de temperamento. Nunca pensé que me iba a morir preso. Nunca pensé que cuando saliera no iba a seguir militando. Tampoco pensé que iba a ser presidente ni nada por el estilo y que me iba a meter en esta camisa de once varas. Estaba convencido de que iba a seguir luchando.
–¿Y de que te arrepientes?

Ufff. Tengo un montón de cosas. De lo que más me arrepiento es de la falta de velocidad para disparar. Me comí la cana porque me agarraron. Tendría que haber corrido un poco más rápido. Una falla atlética. Volviendo al Brasil, Lula es un hombre de diálogo, un reformista que permitió que casi 40 millones de personas salieran de la pobreza. Pero a pesar de que es un hombre de consenso las élites económicas avanzaron hasta poner preso a un hombre inocente, destituyendo sin causa a una Presidenta.
¿Cómo ves hoy la Argentina?

Viejo, yo soy uruguayo. O sea, un argentino al que patearon del puerto de Buenos Aires. Ésa es la historia verdadera y no me conviene hablar mucho de cómo veo a la Argentina. Sería como meterme en un pueblo que es mi pueblo pero al mismo tiempo quedaría mal interpretado.
Somos una misma nación, separada en dos países.

Sin duda. Lo que te puedo decir con preocupación, por historia, es que cuando a la Argentina le va mal a nosotros nos termina golpeando fuerte. Lo que más me asusta es esto del endeudamiento, porque después hay que pagar en algún momento y sé lo que pasa. Esta historia se repite. También estoy aburrido con la repetición de que la Argentina está fundida. Y no, no está fundida. La Argentina está jodida pero no está fundida. Porque después reflota. Tiene la desgracia de tener demasiados recursos naturales y cae en el despilfarro, pero es mi pueblo. Me duele.
¿Qué debería haber hecho la izquierda para dar la discusión del poder real en América Latina y para que estas cosas no ocurrieran?

Creo que la historia real no es fácil de compaginar con lo que nos puede parecer. Es un conjunto de acciones y reacciones y de limitaciones. Llegar al gobierno está muy lejos de llegar al poder. Y pienso que probablemente de esos 40 millones de personas que salieron de la pobreza, la inmensa mayoría, lo va a atribuir a su esfuerzo, a Dios, a cualquier cosa, menos a entender la política, que en su misión más esencial tiene que ver cómo se reparte la riqueza pública en una sociedad. Ese fenómeno se le escapa y entonces se ha incrementado la cantidad de consumidores. Que no equivale a la cantidad de ciudadanos que se dan cuenta del drama que viven. Por eso uno de los más graves problemas, que no es de hoy, es también en el fondo el esquema que tuvo mi generación.
¿Cuál sería el problema?

Pensábamos que el mundo cambiaba modificando las relaciones de producción y de distribución. Cambiando la estructura parecía que tendríamos un hombre distinto o mejor. Y no nos dimos cuenta tal vez (es mi interpretación) de que un sistema es a su vez generador de una cultura que le es funcional a largo plazo. Así como era funcional la resignación de la Edad Media a que esto fuera un valle de lágrimas porque luego vendría el paraíso. Esta etapa de sociedad hiperconsumista, donde estamos embarcados todos, es funcional a la lucha de la ganancia y a que seamos todos consumidores.

Hemos sustituido las viejas religiones por la nueva religión, que es el mercado. Eso es más fuerte que los ejércitos y que las cuestiones de fuerza, porque es una cultura tácita, subliminal, que está jugando en el seno de todos los hogares. Entonces hay 40 millones que salieron de pobres que demandan más y son prepotentes, potenciales consumistas. Y nos parece que eso es equivalente a ser más felices.
¿Qué pueden hacer los sectores populares para impulsar esa reforma cultural de valores teniendo en cuenta que el proceso que vivió América Latina se vinculó, principalmente, a la ampliación principalmente de derechos relacionados al consumo?

Cuidado con el análisis grosero. No es que no haya que intentar multiplicar los bienes de la sociedad. Es otra historia. Lo que pasa que esta cultura nos lleva de la mano, por un lado al despilfarro de medios que terminan siendo bastante superfluos y por otro a no atender necesidades vitales que una parte central de las poblaciones tiene. Si los africanos pudieran comer como los perros europeos no estarían peleando con la muerte. Ni ahogándose en el Mediterráneo. Acá hay una profunda cuestión ética, y la política hace mucho que la abandonó las preguntas más elementales y se transformó en un apéndice de la econometría: ¿es más feliz la gente? ¿Nos preocupamos de eso, o nos preocupamos solo del desarrollo? Es muy discutible que estemos mejor porque haya aumentado el PBI. ¿Es más feliz la sociedad japonesa que los muy poquitos aborígenes que quedan en la Amazonia?

Tengo mis severas dudas. Y unos y otros marchamos hacia lo mismo. Tenemos una única riqueza, que es el milagro de estar vivos, pero la vida se nos va y no hay supermercado que nos venda años de vida. Cuando compramos algo no compramos con plata, compramos con el tiempo de nuestra vida. Ahora, si toda nuestra vida se va en pagar cuentas... El mundo nunca produjo más que hoy en día pero ha crecido la desigualdad como nunca.
¿Cuál es la alternativa?

Es muy difícil imaginar cómo se construye una correlación de fuerzas que implique desaprender muchas cosas que son parte del sentido común de nuestras sociedades y construir un paradigma que busque un equilibro entre el yo y el nosotros. Esta cultura necesita que estemos dibujados como individuos. Somos antropológicamente gregarios, necesitamos de la sociedad. El progreso humano es consecuencia de nuestro instinto antropológico de agruparnos y funcionar en sociedad. Lo que ha construido la civilización es la consecuencia de haber vivido y erigido sociedades. Todo el progreso que nos rodea es consecuencia de esa construcción. La civilización es la solidaridad intergeneracional. Pero somos individuos.
¿Y entonces?

Hay una gota importante de egoísmo en cada uno de nosotros como la tiene todo ser vivo, porque estamos programados para luchar por la vida y hay que conciliar ese egoísmo con la existencia, con la necesidad de vivir en sociedad. Ése es el papel de la política. La política está para amortiguar los conflictos que tienen los individuos cuando construyen la sociedad. Da para discutir mucho. Bien, yo no puedo cambiar el mundo. Lo que puedo ir es educando gente para que no sea tan estúpida y la lleven enganchada de acá (se toca la nariz). Tengo que luchar en varios frentes.
¿Cuáles son los frentes?

Luchar para la comprensión de que vivir es hermoso y de hay que pelear en esta vida para que no te lleve esta cultura que te transforma en un pagador de cuentas. Tener libertad es tener tiempo libre para hacer lo que a vos te gusta.
¿Imaginabas que América Latina iba a ingresar en un período de retroceso como el de hoy en día?

Siempre lo desconfié. Yo tengo una interpretación pendular de la historia humana. Se habla de izquierda recién a partir de las divisiones en la Revolución Francesa. Pero toda la historia del hombre arriba de la tierra es una constante oscilación entre visiones más conservadoras y visiones mas humanísticas, hacia un lado y hacia el otro. Me siento históricamente pariente de Epaminondas, de los Graco, de Ashoka en la India. La sensibilidad hacia el dolor de los más débiles no es moderna. Es tan vieja como que el hombre anda arriba de la tierra ha estado en una lucha permanente. Por eso esta ola reaccionaria va a fracasar, nunca va a triunfar definitivamente, porque la nuestra tampoco triunfa definitivamente.

No hay derrota porque tampoco hay triunfo definitivo. La lucha es ir sumando escalones a favor de la civilización humana. Creíamos que luchábamos por el poder. En realidad nuestra lucha es por mejorar el contenido de esa herencia que se llama civilización.
¿Te imaginas nuevamente presidente de Uruguay?

No... Es es muy osado. ¿Vos sabes cómo se reproducen los yuyos? Son maravillosos. Tiran semillas y semillas. ¿Sabes lo que es domesticar un pasto y lograr que produzca semillas en una época más o menos regular para poderlo cosechar? Eso es domesticar. Los pastos naturales tienen una larga época de semillación y van tirando semillas. ¿Por qué? Porque priorizan la lucha por la vida.

La semilla puede caer en un momento en que no hay condiciones para germinar. Entonces viene una larga temporada en la que van tirando semillas y semillas. Yo estoy en una etapa de la vida para sembrar. Y para sembrar ideas. Para tirar estas ideas medio raras que tengo. Para que otros las hagan pelota y me critiquen pero que no se queden anquilosados repitiendo esquemas de hace 70 años.
–¿Tienes esperanzas de que esas semillas germinen?

Sí, siempre ha sido así.






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domingo, 8 de julio de 2018

Cronopiando | ¡Alarma!

Y ahora que estamos hablando acerca del capitalismo y su capacidad destructiva, les compartimos este Cronopiando que Koldo ha tenido a bien compartir en su perfil de Facebook:

Koldo Campos Sagaseta

¡Alarma!

A primeras horas de la mañana, aunque todavía no se ha confirmado el día, un hombre ha sido sorprendido en el interior de un banco cuando intentaba perpetrar un crédito sin que hasta el momento haya trascendido con qué intención. Según el responsable de la brigada de Salud Pública que fue alertada sobre las intenciones del sujeto, este se hallaba visiblemente perturbado por lo que tuvo que ser reducido cuando ya había accedido al interior de la sucursal y se disponía a acometer, alegadamente, un crédito hipotecario, amenazando al director de la entidad con asestarle dos avales y un pagaré. Fuentes no confirmadas aseguran que el sujeto ya había alertado sobre sus intenciones a través de Internet.

Un portavoz municipal ha declarado que fue la colaboración ciudadana la que permitió evitar el pretendido atentado contra la salud pública ya que otro usuario de la red, alarmado por los mensajes del individuo, todos en el mismo intimidatorio tono, les había llamado poniéndolos al corriente de sus febriles propósitos. La ciudad, de la que no se ha facilitado la identidad por estar el caso bajo secreto de sumario, ha amanecido consternada por el trágico suceso. Algunos vecinos del infeliz sujeto se han manifestado sorprendidos por la noticia ya que nunca habían advertido en el mismo nada extraño y, además, lo consideraban una persona normal y en absoluto capaz de una acción semejante. 

Rumores dignos de crédito afirman que el individuo pretendía avalar el crédito hipotecario con un salario que, presuntamente, habría adquirido trabajando. Es el primer caso en lo que va de año en el que una persona es detenida intentando gestionar un préstamo´ hipotecario y se teme que la acción del perturbado pueda provocar un efecto llamada y que en los próximos días se produzcan réplicas parecidas en otras sucursales por lo que brigadas de Salud Mental, a efecto de prevenirlas, ya han dispuesto un cordón de seguridad alrededor de todas las entidades bancarias y financieras.






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250 Años de Las Vizcaínas

¿Sabía usted que la UNAM, reconocida como la universidad más importante de México y catalogada entre las mejores de América Latina, tiene un vínculo muy particular con la diáspora vasca y en concreto con el Colegio de San Ignacio de Loyola -Las Vizcaínas-?

Así es.

Resulta que el cofundador y primer Rector de la UNAM, el Dr. Joaquín Eguía Lis -de raíces guipuzcoanas-, previamente había fungido durante siete años como director de Las Vizcaínas, institución a la que como ya hemos informado, donase su sueldo íntegro durante todo el tiempo que estuvo al frente de la misma. 

Aquí un reportaje dado a conocer por Deia al cumplir esa institución vasco-mexicana un cuarto de milenio:


El real Colegio de San Ignacio de Loyola, que por generaciones ha sido y sigue siendo llamado Las Vizcaínas, representa un paradigma por muchas razones históricas entre las instituciones educativas y socioculturales del virreinato y la república mexicana, entre los siglos XVIII al XXI

Begoña Cava Mesa

Un proyecto ilustrado y de realización pionera para la época, impulsado por vascos en México para la renovación de la educación de la mujer, sin condicionantes de edad o condición social, motivando incluso, su posterior inserción en actividades socioproductivas (en los siglos XIX y XX), lo que subraya la gran importancia social y educativa de la institución a lo largo de los tiempos.

Su origen nos remite a los estímulos promovidos en 1732 por el religioso y teólogo de la Pontificia Universidad de México, Juan José Eguiara, rector a su vez de la todopoderosa Cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu (1681), que nacida en ciudad de México y plenamente consolidada en 1729, aglutinaba a los vascos y aquellos descendientes de vascos en el Virreinato mexicano con alto status socioeconómico, quienes sensibilizados por las carencias educativas existentes ven oportuno la creación de un colegio para la mujer desamparada de raíz vascongada. Una Cofradía que posibilitó signos de identidad, unión y objetivos de asistencia social impulsando un proyecto ambicioso de creación de un colegio laico para niñas y recogimiento de mujeres adultas desamparadas o viudas de origen vasco-mexicano. El interés educativo junto a la asistencia social se suma a un espacio de sociabilidad femenina de carácter laico, según clarifica la tercera Constitución de Las Vizcaínas: “No se hace colegio para la iglesia, sino iglesia para fruto espiritual del Colegio”.

Pero este proyecto educativo contó tempranamente con el decisivo apoyo de los grandes comerciantes, mineros, hacendados y apartadores de oro y plata, vascos y descendientes instalados en el Setecientos mexicano con evidente religiosidad compartida y con estrechos vínculos ilustrados con la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y su ideario. De esta forma, quedarán patentizados no sólo el imaginario colectivo sino la amistad de los socios beneméritos mexicanos con los Amigos Bascongados en el proyecto común de ilustración, progreso y mejora sociocultural. A pesar de azarosas dilaciones, finalmente el 9 de septiembre de 1767 se bendice y oficializa la apertura del edificio, un colegio laico y de patronato independiente ante la mesa de Aránzazu y miembros de su Cofradía.

Benefactores

Los actores sociales vinculados a Las Vizcaínas fueron miembros de trascendentes redes familiares vasco-mexicanas y con brillante proyección económica en el devenir del Virreinato mexicano. Así lo representan los fundadores de Las Vizcaínas: Manuel de Aldaco de mente preclara, innovador y benefactor; el ilustre durangués vicerrecaudador de la Sociedad Bascongada y benefactor del Seminario de Bergara Ambrosio de Meabe; Francisco de Echebeste, prior del consulado mexicano; Francisco Xabier Gamboa ilustrado y activo, autor de las primeras constituciones de Las Vizcaínas y de la breve Historia de la Institución; el potentado prior del real Tribunal del Consulado y rico comerciante Francisco de Fagoaga; el marqués de Castañiza noble de origen encartado; Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, Arzobispo de México y otros muchos vizcaínos, casi todos residentes en México, la capital opulenta del Virreinato de Nueva España. Ni que decir tiene que muchas esposas e hijas de los cofrades atendieron regularmente con sus aportaciones los necesarios recursos para la enseñanza, alimentación, medicinas y materiales de instrucción (libros, papel, plumas, flautas, órganos, clavicordios, hilos, encajes etc.) en beneficio del colegio.

Fondos

Entre los magníficos fondos documentales que se conservan en el archivo histórico creado por el durangués Ambrosio Meabe a mediados del siglo XVIII, el archivo hoy denominado José María Basagoiti, se conserva un acervo documental de excepcional valor para esclarecer la evolución histórica del Colegio, su intrahistoria y las notorias vicisitudes del paso del tiempo. No se debe olvidar que el edificio y el Colegio ha sobrevivido a varios terremotos (como por ejemplo el temblor de San Juan de Dios, sucedido el 8 de marzo de 1800), incluso momentos históricos críticos en la historia mexicana como la guerra de Independencia, las leyes de la Reforma de 1861, el Porfiriato, la revolución mexicana, etc.

Entre los valiosos documentos conservados afortunadamente, se pueden consultar por ejemplo las listas de donaciones -siempre generosas- que desde 1729, 1732, 1756, 1774, 1910 nos evidencian el sostenimiento procurado por patronos y benefactores vascos y mexicanos en beneficio del patrocinio de estudios y de vida cotidiana para numerosas colegialas, dotes para casadas o futuras monjas, construcción y sostenimiento de retablos y capillas, capellanías y misas, tal y como se menciona por ejemplo con las ceremonias en la festividad de Nuestra Señora de Begoña y la Virgen de Guadalupe. Entre las muchas noticias que podemos espigar, se recoge la donación de 4.000 pesos por parte de Teresa Castañiza de Bassoco (1772) como recuerdo de sus padres (Juan de Castañiza y María González de Agüero) para el sostenimiento del retablo de la Virgen del Loreto y varias misas con pago a las colegialas cantoras. Así nos consta la conservación de partituras musicales en el archivo mexicano, entre ellas una notable misa e himno a San Ignacio.

Igualmente se constata en los fondos documentales cómo en 1867 el Presidente Benito Juárez concede 42.000 pesos mexicanos para el sostenimiento de la Institución, y en 1877 el general Porfirio Díaz revierte para gastos de mantenimiento de la institución educativa femenina cantidades que oscilan entre los 18.000 pesos en 1877 y los 50.000 pesos anuales entre 1885 y 1886.

Cabe destacar que de igual forma la Sociedad Bascongada donó al Colegio para su vigencia la notable cifra de 945.000 pesos de oro en el año 1916. No corresponde en este momento dar cuenta de la Historia de Las Vizcaínas en lectura global, pero permítaseme distinguir una fase fundacional que se cierra en 1861, cuando se dictan las leyes de la Reforma en el México secularizado y de la República de Juárez, que deja en suspenso la Cofradía vasco-mexicana, celebrando ésta su última junta, para dar paso en el siglo XIX y XX a una institución laica de nuevo patronato que transformó el Colegio en institución técnica, profesional y educativa llamada El Colegio de la Paz.

Valor cultural

Conviene recordar con criterio museológico y con un sentido patrimonial de carácter obligado por su riqueza cultural, que Las Vizcaínas fue declarado Patrimonio histórico en 1931 y arquitectónicamente destacan en su exterior e interior sus estilos barrocos y neoclásicos. Además de la monumentalidad y belleza del edificio, resalta la capilla, con los retablos de Joaquín de Sáyagos. El gran valor arquitectónico de Las Vizcaínas subraya la monumentalidad en la construcción realizada desde 1734 por el maestro constructor Pedro Bueno Basori y el arquitecto José Miguel de Rivera. Ocupando hoy en día el muy notable edificio toda una gran manzana en el centro histórico de México D. F. Con fachada de barroco resoluto (tezontle y cantera) y manteniendo internamente sus siete espléndidos patios interiores (el central y principal, uno de los más grandes de la capital y autentico corazón del Colegio, el chocolatero, patio de los azulejos, el de los cedros, el de los arcos con detalles de cerámica de Talavera.. etc.).

Un edificio que pese a ciertas dificultades económicas y de construcción, nos consta por las fuentes, tuvo costos en términos económicos para 1752 que superaban en valor el medio millón de pesos, y precisamente en la conclusión de sus obras (1767) se rondaban los dos millones de pesos mexicanos. Su apertura oficial como Colegio se desarrolló oportunamente el 9 de septiembre en 1767 como reseñan las actas de la Mesa y la Cofradía a las seis y media de la mañana procediendo diez cofrades en sus coches a trasladar a las niñas colegialas que se habían resguardado hasta entonces en San Miguel de Belén, La Concepción, Balvanera, Jesús María y otros.

El edificio se adaptó a la vida cotidiana de las educandas como espacio de vida, estudio y trabajo junto a su ocio con entradas, patios, escaleras, viviendas, piezas de labor, enfermería, Iglesia, sacristía, viviendas de capellanes y sirvientes y todo lo necesario. Incluso se destacó en las Constituciones que las colegialas (entre los 4 años y adultas hasta los 60) se levantarían a las cinco y media de la mañana, y hasta las nueve de la mañana podrían entregarse libremente a ejercicios devotos, de nueve a doce se retirarían a sus viviendas para atender costuras, labores, bordados, leer y escribir, clases de música o semejantes honestos ejercicios... pues a las doce tocaba ir a comer... Las Constituciones igualmente rubricaban criterios estrictos en visitas con verja y escucha directa, como no podría esperarse menos de aquel tiempo finisecular para la educación de la mujer y mantenimiento de su recato (cuidarán las porteras y torneras, advirtiendo en las concurrencias abuso o relajación, fraternalmente... sin permitir se introduzcan billetes o cartas...).

En el edificio, situado en el número 21 de la calle Vizcaínas, se halla esculpido el escudo de las Provincias Vascas, un San Ignacio de Loyola con dos ángeles y la propia Virgen de Aránzazu. La puerta central de estilo barroco con pilastras, mantiene motivos orgánicos y cada pilastra va rematada por pináculos. En la parte alta se muestran tres nichos en los que se aprecian a San Ignacio, San Luís Gonzaga y San Estanislao de Kostka.

Entre los valiosos contenidos de Las Vizcaínas, merece la pena aludir a la magnífica Capilla con cinco retablos barrocos dorados, obra de patrocinio de los benefactores y de las grandes familias novohispanas del siglo XVIII que fueron dedicados a San Ignacio, la Virgen de Aránzazu, la Virgen de los Dolores, La Virgen del Loreto y a la Virgen de Guadalupe.

El museo de Las Vizcaínas alberga actualmente una magnífica colección pictórica de notables pintores como Miguel Cabrera, José de Ibarra, Juan Correa, además de un notable patrimonio de imágenes y tallas religiosas de altas calidades, así como muebles, textiles -de hecho se estima que es una de las colecciones textiles más ricas del mundo-;su archivo fotográfico conserva 400 imágenes del siglo XIX y principios del XX como mirada de oportunidad histórica;numerosos objetos de platería y porcelanas. Se conserva igualmente una colección científica de instrumental y materiales de experimentación científica correspondientes a las enseñanzas de las colegialas cursadas en los siglos XIX y XX.

Las Vizcaínas representan paradigmáticamente la fértil y tangible memoria histórica del legado para el presente y el futuro de la emblemática Institución socioeducativa impulsada por los Vascos en México.

La conmemoración de sus 250 años de existencia y de su vigencia actual en México, es signo de vitalidad y de su carisma a lo largo del tiempo histórico, y consecuentemente merece la pena trasladar nuestra mejor felicitación en su aniversario, sumándonos oportunamente desde las páginas de DEIA con óptica de rigor histórico.






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Sanferminak y 40 Años de Impunidad

Cada vez que Esteban Beltrán de Amnesia Internacional o los integrantes del grupo de choque denominado AVT hablan acerca del "porcentaje de crímenes de ETA sin resolver" nos vienen a la memoria cientos si no es que miles de casos de brutal represión española en Euskal Herria así como sus incuantificables víctimas e igual número de "casos sin resolver", pero el de Germán Rodríguez es en definitiva uno de los más paradigmáticos.

Lean lo que nos reporta Danilo Albin desde las páginas de Público: 


El 8 de julio de 1978, las Fuerzas de Seguridad del Estado, con Martín Villa como ministro de Interior, dispararon contra una multitud en la Plaza de Toros de Pamplona. Hubo un joven asesinado y 150 heridos. Los datos de lo ocurrido siguen siendo escondidos por el Estado.

Danilo Albin

Las balas mataron la fiesta. Los sueños se tiñeron de color sangre y la vida de Germán Rodríguez, un joven de 27 años, se apagó para siempre. La culpa fue de los disparos policiales. Este domingo, la alegría sanferminera hará una pausa para recordar, entre silencio y dolor, los terribles hechos de aquel 8 de julio de 1978, cuando un salvaje operativo de “los grises” acabó con la vida de Germán e hirió a una multitud temblorosa y confusa. Quienes estuvieron allí aún tienen grabadas las escenas del espanto. Son los recuerdos de la muerte.

“Recuerdo la sensación de pánico, el ruido de las sirenas, las luces de las furgonas que iban de una calle para otra, los policías bajándose y disparando a quien tuvieran delante…”. Sabino Cuadra, un militante abertzale que con el paso de los años llegaría a ser diputado de la coalición independentista Amaiur, tiene literalmente grabadas en su cabeza las imágenes de aquel día, que se mezclan con otro dato anecdótico. “Aquella tarde –rememora- era la primera vez en mi vida que iba a los toros”.

El reloj marcaba las 20.45. Cuando la corrida había terminado, unas 50 personas bajaron al ruedo y desplegaron una pancarta en la que se pedía la libertad de las personas encarceladas por motivaciones políticas. “Amnistía total. Presoak kalera (los presos a la calle). San Fermín sin presos”, se leía. Este mensaje desató la furia de unos cuarenta policías que entraron a la plaza y empezaron a cargar contra todo lo que se movía. Al frente de ellos estaba Miguel Rubio, comisario jefe de Pamplona.

Entonces sonaron los primeros disparos. Pero habría más. Muchos más. De hecho, se contabilizaron hasta 150 tiros de revólver contra la muchedumbre. En las calles de la capital navarra también hubo ráfagas de ametralladoras Z-70. Uno de esos proyectiles dio en la cabeza de Germán Rodríguez, que murió en el acto. Otra persona fue alcanzada en una axila, pero sobrevivió. Había heridos por todas partes. Sanfermines, los alegres Sanfermines, eran ya un reguero de sangre.

“Preparad todas las bocachas y tirad con todas las energías y lo más fuerte que podáis. No os importe matar”, había sido la orden dada por un mando desde la comisaría. “Ese es el señor que mató a Germán”, subraya Cuadra, quien destaca que “al margen del asesino material, están los asesinos políticos: el que dio las órdenes de disparar a matar y Martín Villa, que encubrió todo aquello”. En efecto, el brutal operativo policial no mereció ni la más mínima investigación. Sus responsables, a pesar de que hubo una persona muerta a causa de los disparos, siguieron en los cuerpos policiales como si nada hubiera ocurrido.
Lo que esconde el Estado

Coincidiendo con el 40 aniversario de aquella masacre, varias y varios pamploneses han formado la comisión Sanfermines 78 Gogoan, nacida con el espíritu de buscar lo que hasta ahora no se ha encontrado: justicia. A pocas horas del homenaje que se realizará este domingo frente al ayuntamiento de la capital navarra, Sabino Cuadra, uno de los componentes más conocidos de esta plataforma, valora los “pasos positivos” que se dieron a lo largo de los últimos meses en las instituciones navarras para tratar de hacer justicia. Entre otras cosas, destaca la autorización del ayuntamiento de Pamplona para instalar una escultura que rememora estos hechos y que ha sido sufragada mediante aportaciones populares. También pone en valor el apoyo del consistorio a la Comisión de la Verdad, creada a finales del año pasado para tratar de romper la impunidad que históricamente ha rodeado este caso.

Sin embargo, el muro levantado en 1978 sigue resultando difícil de quebrar. “Hay aspectos esenciales que siguen cerrados por la negativa del gobierno español a esclarecer todo aquello”, afirma Cuadra. Por ejemplo, la Comisión de Interior del Congreso –con los votos de PP, PSOE y Ciudadanos- se negó en mayo pasado a desclasificar los documentos relacionados con la masacre. Esa solicitud había sido respaldada previamente por el Parlamento de Navarra, pero no sirvió de nada: en Madrid volvió a chocar con la misma pared.

El caso ha llegado ahora al Parlamento Europeo, donde la Comisión de Peticiones deberá valorar la denuncia presentada por Sanfermines 1978 Gogoan respecto a la imposibilidad de acceder a los documentos relacionados con estos hechos. En ese contexto, Cuadra advierte que la desclasificación de los archivos “es muy importante”, ya que “en su día hubo un boicot manifiesto del ministerio de Interior –dirigido por Martín Villa-, que se negó facilitar a los jueces los materiales que les fueron solicitados”. “Frente a ese boicot de Interior, hubo una condescendencia por parte de la judicatura, que miró para otro lado”, subraya. Cuarenta años después, la justicia sigue igual de lejos.






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sábado, 7 de julio de 2018

El Mendaz Relato de Herenegun

De la magistral pluma de Iñaki Gil de San Vicente traemos a ustedes este texto dado a conocer en la página de inSurGente en el cual el autor analiza algunos de los tópicos más comunes en pantallas televisivas, portadas de periódicos y revistas así como ondas radiales tras el cierre de ciclo de ETA y como es que tanto Lakua como La Zarzuela buscan tergiversas la historia reciente de Euskal Herria tras el falaz relato contenido en la iniciativa bautizada como Herenegun:


Iñaki Gil de San Vicente

«Entre la premisa (estructura económica) y la consecuencia (constitución política) hay relaciones nada simples ni directas, y la historia de un pueblo no se documenta sólo con los hechos económicos. Los nudos causales son complejos y enredados, ya que para desatarlos hace falta el estudio profundo y amplio de todas las actividades espirituales y prácticas, y ese estudio no es posible sino después de que los acontecimientos se hayan sedimentado en una continuidad, es decir, mucho tiempo después de que ocurran los hechos […] La historia no es un cálculo matemático […] La cantidad (estructura económica) se convierte en ella en cualidad porque se hace instrumento de acción en manos de los hombres»

«Las clases dominantes no temen la historia –por el contrario, procuran producir y difundir el tipo de historia que les conviene, y que no suele ser la que se ocupa de la lucha por la libertad y la justicia- sino que, en todo caso, temen a los historiadores que no pueden utilizar»

    1.- Presentación
    2.- La historia del poder contra la del pueblo
    3.- Posmodernismo, centralidad y violencia justificada
    4.- Herenegun, EiTB y Thatcher: La vulgaridad alienadora

1.- Presentación

El tándem PNV-PSOE, apoyado por otras fuerzas sociopolíticas, ha dado un paso más en la adecuación de sus respectivos nacionalismos a las exigencias del capital transnacional en este período. Se trata, como veremos, de intensificar la manipulación ideológica en el frente educativo, y proclamar «el fin de la historia» al estilo de Fukuyama en 1992, es decir, declarar definitivamente superadas las terribles consecuencias de la explotación salvaje impuesta desde 1936 y luego maquillada por ese imposible metafísico que es la «monarquía democrática».

La «batalla por el relato», la palabrería sobre la «paz», el «perdón»… son nubes que ocultan la dureza de las exigencias imperialistas para realizar «procesos de negociación». Una de las exigencias es negar la historia crítica e imponer sólo la oficial como se comprueba en el rechazo sistemático a una Ley de la Memoria que haga justicia popular.

Los respectivos nacionalismos burgueses del tándem PNV-PSOE son incompatibles con la investigación crítica de la historia, que contradice frontalmente los intereses del capital. La lógica de la acumulación ampliada es una necesidad irracionalmente objetiva, que lleva en su interior la pulsión subjetiva de negar la historia desde el momento en el que ésta demuestra que la acumulación irracional es frenada y amenazada por la consciencia humana.

Desde finales del siglo XX la historia crítica es aún más inaceptable por la burguesía porque necesita imponer una única creencia: que la lucha de clases y de liberación nacional ha terminado para siempre, que a lo sumo que pueden hacer los «pueblos militantes» es aceptar resignadamente los acuerdos de paz y desarme dirigidos por el imperialismo. J. Petras tras estudiar los casos de Irán, Libia, Colombia, Corea del Norte, Palestina, Siria e Irak, ha sintetizado así: «En todos los casos, el principio sigue siendo el mismo. No hay un ejemplo histórico de un poder imperial que renuncie a sus intereses en cumplimiento de un acuerdo escrito. Solo cumple con los acuerdos cuando no tiene otras opciones».

La historia escrita por el imperialismo falseará o justificará en su momento porqué se engañó a los pueblos que creyeron en sus promesas de paz, y dependiendo de la época y del modo de producción, muy probablemente la historia escrita por la clase dominante del pueblo oprimido justificará su colaboracionismo y echará las culpas a las clases trabajadoras que han resistido. Aunque esta lucha del poder contra la historia se intensifique en situaciones como las vistas, en momentos de «negociación», en realidad es una confrontación permanente en las que la clase propietaria del Estado tiene todas las ventajas, como veremos en un breve capitulo posterior.

Advertido esto y al margen de otras consideraciones, es conveniente leer la crítica que V. Navarro hace al montaje de la obra de teatro In Memoriam: La Quinta del Biberón que se está escenificando en Catalunya: «El humanismo pacifista es también una posición política muy rentable de sostener en la España de hoy, en la que se vende el mensaje de que todos eran culpables».

No todos fueron culpables: la responsabilidad única recae sobre los invasores franquistas. A la vez, debemos estudiar las presiones del nacionalismo republicano español contra el nacionalismo catalán durante aquellos críticos años: S. Spender describió la guerra bélica y cultural antifascista en su viaje por Europa en 1937 detallando el impacto que le causó el rechazo españolista republicano a la identidad cultural catalana, la masacre de militantes del POUM por los stalinistas, y las amenazas veladas de Rafael Alberti a intelectuales catalanes por su «poca cooperación» en defensa de la República.

La equivalencia entre invasor fascista español e invadido comunista catalán, puede ser ahora defendida de forma abstracta por una cultura reformista que acepta el orden establecido y silencia a la vez la lucha de clases dentro de la nación atacada porque un amplio sector de su burguesía apoyaba al invasor. Pero en el presente contexto de crisis estatal, eso es inaceptable en su forma concreta: la única culpabilidad es la de las naciones trabajadoras resistentes.

Ahora mismo, el Estado y su sucursal en Vascongadas, el gobiernillo autonómico, han extendido e intensificado la permanente estrategia para acabar con la historia popular e imponer la suya, con diferencias de matiz desde luego porque una es autonomista y la otra españolista, pero unidas en la defensa de la civilización del capital. La estrategia sistemática se desarrolla, por ahora, en tres frentes que si bien ya se abrieron antes, ahora están más coordinados:

Uno, el específico para el tercio vascongado de Euskal Herria pero que también infectará a la juventud de Nafarroa: el plan Herenegun, un plan «pedagógico» que busca «educar en la paz», e introducir el «terrorismo de ETA en la asignatura de Historia». Dos, el general impuesto para todo el Estado, que se basa en la misma «pedagogía» autoritaria de Herenegun: «Crearemos una asignatura de valores cívicos y no será optativa». Y tres, también a escala estatal, prometer que se va a impulsar la apertura de todas las fosas con decenas de miles de cuerpos porque así las «heridas de España se cerrarán para siempre».

Las tres tácticas tienen varias cosas en común: una, negar u olvidar las contradicciones antagónicas del capitalismo que son las que generan violencias enfrentadas; dos, negar el papel del Estado y sus excrecencias fascistas activadas o suavizadas según las coyunturas; tres, negar las responsabilidades de las burguesías y de los reformismos, cargándola sobre la izquierda revolucionaria; tres, impedir que se establezca una Ley de Memoria que castigue las atrocidades capitalistas; y cuatro, imponer la tesis de que se ha cerrado una fase histórica y ha empezado otra: la de la paz, la democracia, la concordia… en la que no tiene sentido protesta alguna. En su versión estatal y vascongada las tres tácticas tienen bastante similitud con el famoso «patriotismo constructivo» de los fugaces años de euforia interclasista anteriores a la crisis de 2007, que precipitó la erupción autoritaria y neonazi que recubre con cenizas aquella demagogia pero también los derechos sociales.

En Euskal Herria, como en todas partes, semejante estrategia exige acabar con la memoria popular, con la riqueza teórica desarrollada por la lucha de liberación y con su ética de la resistencia: toda la historia en cuanto tal ha se der desnaturalizada y vaciada de contenido crítico. En otros textos hemos dado cuenta de todo ello, en especial del montaje de la Capitalidad Cultural europea en Donostia durante 2016. Durante el transcurso de 2017 hemos tenido varios ejemplos más de tergiversación de la historia como es la insoportable película Gernika de Koldo Serra.

La llamada «batalla por el relato» y las discusiones sobre las «memorias», temas a los que volveremos, son parte de la auténtica guerra cultural que a su vez está inserta en la contrainsurgencia. La memoria popular, contradictoria en su misma riqueza, es un objetivo especialmente atacado por el imperialismo. Acosta Matos ha sintetizado en cinco pasos el método de la guerra cultural imperialista: uno, elaborar mitos fundacionales que legitimen el poder establecido; dos, destruir los mitos fundacionales del pueblo atacado; tres, crear una historia oficial del poder contraria a la historia popular; cuatro, crear metáforas que hagan ambigua e incompresible la memoria y la historia popular, pero que respeten las del poder; y cinco, destruir la identidad del pueblo explotado y quebrar su autoorganización.

La imprescindible investigación de Acosta Matos no duda en emplear la expresión «mitos fundacionales» porque aunque su estudio comienza significativamente con la falange española de la década de 1930, por eso mismo recurre a los «mitos fundacionales»: no sólo nos remiten al fascismo falangista sino también el uso de este concepto nos explica cómo el fascismo (re)construye mitos justificadores del imperialismo español desde el exterminio de Al-Ándalus y los emplea en el presente.

Como hemos argumentado en otros textos, el mecanicismo antidialéctico castró la capacidad de casi todos los marxistas para descubrir qué era el fascismo y sobre todo la importancia de los «mitos fundacionales» como campo de batalla. Daniel Guerin analizó las «carencias del socialismo» no sólo en la batalla por los mitos, sino profundizando en la importancia de la mística revolucionaria como una de las más efectivas armas contra la mística fascista.

La «batalla por el relato», por las «memorias», etc., es surcada por el papel de los mitos y de las místicas en el sentido materialista, condicionando desde dentro cualquier interpretación de la historia como una linealidad mecánica, matemática al decir de Gramsci que avisa que la «economía» no lo explica todo, que los «nudos causales» son enredados y complejos, y que esas contradicciones explican que de lo cuantitativo, la «economía», surja lo cualitativo, la acción humana que dirige la economía.

2.- La historia del poder contra la del pueblo

Para desatar los enredados nudos causales es bueno conocer unos ejemplos de cómo fueron atados en los poderes existentes en sus respectivos momentos. La primera historia manipulada fue la escrita por los hombres de las castas ricas para justificar las explotaciones de la mujer, de las naciones y de las clases. Los datos más fiables sobre las primeras culturas euroasiáticas muestran que giraban alrededor de la mujer y del ciclo lunar. Luego se impuso la historia patriarcal.

En el Egipto Antiguo las primeras representaciones de extranjeros eran de esclavos apresados en guerras imperialistas, y el mismo Heródoto narra varias veces el profundo desprecio egipcio hacia la cultura griega, desdén que hoy llamaríamos racismo. Más tarde, la casta dominante prohibiría y borraría jeroglíficos contrarios a sus intereses, que narraban luchas y hasta revoluciones, disputas internas y manipulaciones descaradas de hechos decisivos, como la versión de Ramsés II sobre su «victoria» en la batalla de Qadesh en -1274 de la que pudo salir vivo por suerte a pesar de sus grandes errores: fue un empate milagroso oculto tras el «relato» oficial de la victoria.

Desde su inicio en el siglo -III la dinastía Qin «intentó destruir los soportes intelectuales de la disidencia, ordenando que se quemaran todos los libros. Los eruditos que habían ocultado libros fueron decapitados o condenados a trabajar hasta la muerte en la Gran Muralla». Ya para esa época, la lucha de clases dentro y fuera de Palestina determinaba la suerte de las múltiples censuras, reescrituras y añadidos de la Biblia, probablemente el libro que más dolor y sangre ha costado escribir y está causando sobre todo con su «invención de la guerra santa» al servicio del poder y de la «pulsión de muerte». Fue esa lucha de clases, que a la vez era lucha nacional preburguesa, la que creó el mayor «relato» de la historia: las antagónicas «identidades» de un tal Jesús, «polifacética» figura mítica que sirve de consuelo a torturadas y de justificación a torturadores.

Por esta época, en la India y «por fortuna para el budismo» que no lograba arraigar en el pueblo, el emperador Asoka lo convirtió en la religión oficial al poco de llegar al poder en el -273. Asoka, oportunista y extremadamente violento, vio en el budismo la ideología adecuada para legitimar su poder, sobre todo si iba unida a un poderoso sistema de control social: «Una red de informadores denunciaba a los disidentes ante las autoridades».

Apoyándose en este poder de control, Asoka condenó las fiestas paganas, aconsejó el respeto a explotadores brahmanes y ermitaños pacifistas, exigió el amor a los padres, la caridad con los esclavos y sirvientes, la liberalidad, la tolerancia y la modestia en las formas. Pese a esto, el budismo chocaba con las inhumanas leyes de castas del brahmanismo, lo que hizo que desde el siglo –II la dinastía de Sunga iniciara la persecución del budismo en la India una vez derrocada la dinastía dejada por Asoka.

Tampoco el islam se libra de las determinantes contradicciones socioeconómicas. En su primera fase, la de La Meca, Mahoma potencia la libertad de la persona porque su necesidad de expandir su credo coincide con la necesidad de libertad de las fuerzas más dinámicas y socialmente vivas, sometidas al riesgo de la represión. En su segunda fase, la de Medina impone «absoluta predeterminación», o en todo caso, una mezcla de libertad con determinismo y fatalismo porque las guerras desatadas desde entonces exigen una alta mística idealista en sus tropas para vencer a enemigos superiores. Las agudas diferencias entre las dos fases provocarán desde entonces muchos debates teológicos con regueros de sangre. La fase de la libertad corresponde al período en el que todavía no se había constituido una clase dominante. La fase del fatalismo, de la libertad sometida a Alá, reglamenta la vida entera: sexual, cultural, política, económica… según lo necesita esa clase en el poder.

Siete siglos más tarde y en el otro extremo del mundo uno de los primeros actos del poder azteca recién constituido en 1430 fue destruir todas las referencias pasadas sobre episodios que podían resultar vergonzosos, o sobre el origen humilde de la nación azteca, etc., para «reinventar la tradición para justificar la división de la sociedad en señores y vasallos». División clasista reforzada por el sistema educativo ya que la juventud rica no iba a las escuelas comunes ‘telpochcalli’ dedicadas al pueblo, sino a las selectas de los templos en donde recibían una educación muy superior que llegaba a incluir la escritura y una lengua culta «diferente a la usada por el pueblo».

En 1556 algunos caciques quichés de lo que hoy es Guatemala arriesgan torturas, vidas y bienes escribiendo en su lengua nacional pero con caracteres latinos el Popol Wuj quizá para usarlo en reuniones clandestinas y evitar el aniquilamiento de su identidad, cultura y memoria, texto que permaneció desconocido para los invasores hasta 1702. También se escribieron otros textos como el Memorial de Sololá. Posteriormente, ya a finales del siglo XVIII, indios yucatecos pasaron a escritura, con caracteres latinos, las tradiciones de sus propios pueblos, denominándolas Chilam Balam.

4.- Posmodernismo, centralidad y violencia justificada

Sin duda, estas y otras muchísimas más decisiones marcaron total o parcialmente las memorias y culturas de los pueblos afectados por ellas, sus propias lenguas e identidades, y también su capacidad para construir «relatos» posteriores. Sin embargo, el término de «relato» tiene en la actualidad directas relaciones con el reformismo posmoderno que niega la posibilidad del conocimiento contrastable y crítico de las contradicciones. Se nos dice que ya no sirven los «grandes relatos», los «discursos», que la «gran narrativa» es incapaz de interpretar una realidad que se ha pulverizado en micropartículas cada una de las cuales tiene su propio «relato», su propia «verdad».

Según se dice, estamos en la «sociedad informe», sin forma, peor aún, que ha perdido su «centralidad» a la vez que «se ha disuelto el yo» y se imponen la «ambivalencia». Un «yo disuelto», informe, modelado desde su exterior por poderosos aparatos de manipulación que favorecen la «pluralidad de puntos de vista» y la polifonía, y lo que es peor: «las identidades prestadas».

De lo que se trataría entonces es de «consensuar» unos mínimos comunes aceptados por todos los «relatos», por la «pluralidad de puntos de vista». Se trataría, según esta visión, de aceptar la igualdad de las diferentes «perspectivas», de las «miradas» particulares, reduciéndose sus ambivalencias y diferencias polifónicas a simples límites de fechas y áreas geográficas, porque «todo depende del color del cristal con que se mira» según asegura este reaccionario refrán.

Pero la realidad es tozuda porque las contradicciones sociales siempre reaparecen abiertamente tras un tiempo de latencia en las entrañas del monstruo. Amin Maalouf nos da un ejemplo de la incoherencia última de la «perspectiva de la mirada», o del «relato» en términos actuales, cuando en su insuperada obra sobre las cruzadas «vistas» por los árabes habla de las muchas apariencias que parecen enturbiar la posibilidad de un conocimiento histórico crítico, pero resuelve la falsa apariencia informe yendo al «centro», mostrando su brutal objetividad, la del sufrimiento del pueblo que no puede «disolverse» porque es la centralidad misma de la vida: «Dominados, oprimidos, despreciados, extraños en su propia tierra, los árabes no podían proseguir su florecimiento cultural que había comenzado en el siglo VII».

Conocer cuál era la «mirada» del pueblo árabe de las cruzadas, su «relato», nos exige sumergirnos en la ferocidad de la explotación: sólo desde aquí podremos descubrir no cualquier «interpretación» sino la verdad de las masas oprimidas, que es la auténtica. No se puede «disolver» la dominación, del mismo modo que no se puede afirmar que la opresión real desaparece en la polifonía de las ambivalencias. Tampoco puede decirse que el desprecio del opresor y la opresión nacional -«extraños en su propia tierra»- sean informes. No puede negarse la centralidad del imperialismo de las cruzadas.

En 1870 Engels volvía a reivindicar el derecho a la «…lucha sagrada de la autodefensa, en la que todos los medios se justifican» practicado por el pueblo prusiano en 1806-1808 contra la ocupación francesa, autodefensa luego ejercida por la Comuna de París en 1871 contra la burguesía gala apoyada por los alemanes. Entre 1942-1944 el pueblo vietnamita multiplicó por veinte su violencia justa contra el ocupante japonés, y la acrecentaría contra los franceses. Mientras tanto, «En toda Europa, los movimientos de la Resistencia, dirigidos en su mayoría por los comunistas e integrados por campesinos o miembros de la clase obrera, lidiaron una auténtica guerra contra los fascistas».

Se nos puede objetar que tanto las cruzadas de los siglos XI y XIII, como las guerras napoleónicas, la Comuna, la guerra de 1936-39 en el Estado español y la II GM se produjeron antes del gran paso de la modernidad, que se caracterizaba por «su afán de nominalización, clasificación y jerarquización», a la posmodernidad, a «la época actual» en la que «la representación del mundo es mucho más borrosa, inestable y reversible». Si todo es reversible e inestable, borroso, si no existe ya desde finales del siglo XX ninguna «centralidad», entonces ya no sirven de nada las hipotéticas «lecciones» extraídas de una historia sujeta a la «jerarquización» de la modernidad. Desde finales del siglo XX entramos en otra fase social totalmente nueva para la cual no sirven las lecciones del pasado.

Sin embargo, estos pocos ejemplos nos remiten a una constante histórica innegable –la resistencia contra la opresión en cualquiera de sus formas- porque tienen que ver con las contradicciones que mueven la historia. La pregunta es ¿podemos y debemos aprender de la historia? Las citas iniciales de Gramsci y J. Fontana nos aclaran la complejidad de esa interrogante pero sostienen que sí. Centrándose en Catalunya, Lorenzo Espinosa dice lo mismo con otras palabras: «Es un debate nun ca resuel to. Prob a ble mente la His to ria nun ca se repite. Pero parece que dice siem pre las mis mas cosas. O que nos advierte y ame naza, con ellas. Los ele men tos que apare cen en la His to ria, vuel ven una y otra vez. Aunque se mez clan de otra man era. Tal vez para dar un resul ta do difer ente? Ojalá así sea, en el caso catalán».

Los ejemplos que hemos empleado conciernen al imperialismo europeo, especialmente al francés, sobre todo desde comienzos del siglo XIX porque fue en este Estado en donde surgió en la década de 1970 la moda posmoderna que es la base de la «batalla por el relato». En contra de lo que decía y dice la casta intelectual afirmamos que la «centralidad» existe y que es la lucha de clases.

D. Armitage no lo dice tan directamente como nosotros, sí lo hace de forma indirecta cuando sigue los inacabables debates bimilenarios sobre qué es la «guerra civil» y en cierta forma lo que es «genocidio», que obviamente son inseparables de la de lucha de clases. Reconoce que guerra civil es una «categoría vivencial», es decir, que afecta a la vida, a la felicidad y al dolor humano durante, al menos, dos milenios: «una experiencia que se refracta en el lenguaje y en la memoria», es decir, añadimos nosotros, se refleja en y a la vez influencia la praxis del presente y del futuro.

La centralidad que la lucha de clases, o si se quiere decir más suavemente la guerra civil y el genocidio, tienen en la historia ha sido analizada rigurosa y extensamente por Carlos Tupac en su expresión sintética: las conexiones entre civilización y terrorismo en lo que concierne a la dialéctica entre teoría y verdad. En el caso francés, al negar la lucha de clases, la casta intelectual se escapaba así de su historia permanente, la del imperialismo francés: durante las brutalidades contra el pueblo argelino, el grueso de esa casta permaneció en silencio ante, por ejemplo, las torturas. Luego, atemorizada por la oleada pre revolucionaria del ’68, se hizo posmoderna. Una casta a la que se le podría acusar de lo mismo que a Foucault: «la impresión de ser una ignorancia deliberada y tozuda de la historia y de las teorías de la multifacética tradición marxista».

Conviene recordar esta evolución porque fue en el mismo Estado francés donde la moda posmoderna sufrió una severa derrota con el tremendo resurgir de la lucha de clases desde 1986, con su punto álgido en 1995 sosteniéndose después. Como en el ’68, el reformismo político sindical optó por apoyar a la burguesía. En 2010 una huelga general «record» volvió a demostrar el fracaso posmoderno en su país de origen. El renacer de las resistencias sociales múltiples en los EEUU llevó a alguien a escribir sobre «el retorno de la “gran narrativa”». Aunque el posmodernismo pasa y el marxismo se mantiene, debemos insistir en que hay realidades aplastantes que no admiten divagaciones sobre los «múltiples discursos» y «relatos» ya que sus mismas objetividades nos remiten a la «gran narrativa» crítica: un ejemplo, la industria farmacéutica y el derecho a la salud.

También aquí, mucha intelectualidad y prácticamente la casta política entera han escupido para arriba frente a los hechos crudos de la tortura –«Ertzaintza y tortura»– que pueden ser relatados según los intereses de los torturadores, pero siguen estando ahí como demuestra Amnistiaren Aldeko eta Errepresioaren Aurkako Mugimendua. Los tormentos salvajes fueron una constante en la dictadura militar argentina, lo que plantea de nuevo el debate entre los «relatos» y la verdad: negar la tortura es negar la verdad con excusas reaccionarias, posmodernas. El negacionismo como método para ocultar el terror de Estado.

Las insurrecciones, las guerrillas, la lucha de clases, la defensa de la salud pública, la lucha de liberación nacional, la tortura, el Estado burgués y su terror, etc., exigen verdades concretas en su especificidad, relativas en su contexto, absolutas en sus límites y objetivas frente al subjetivismo de los «relatos». Esta exigencia es tanto más imperiosa cuanto que la ideología del «diálogo entre discursos» languidece en el cepo mental de la concepción burguesa de los Derechos Humanos -«El derecho no consiste más que en el reconocimiento oficial del hecho»-, y del pacifismo que, como alguien dijo con total corrección «es sumamente inmoral». Si en el inicio fue la acción y no el verbo, mientras exista la injusticia la rebelión será la verdad y su ética; y los «relatos» serán trampas del opresor. Es por esto que reflexionando sobre la sublevación como «necesidad cívica», el autor nos recordase con aprobación aquellas palabras de Mao: «Es correcto sublevarse».

Desde esta praxis, por tanto, no tenía sentido participar en el evento oficial Bakea gigandik eraikitzen de octubre de 2016, una especie de «degustación de relatos» bajo la dirección del chef del PNV, a no ser que se fuera con una visión radicalmente contraria, que se basase en la licitud ética y política de la rebelión como derecho supremo, tal como afirma el Preámbulo de la Declaración Universal de 1948, de la denuncia de la inmoralidad del pacifismo y la sublevación como necesidad cívica. Naturalmente, esta concepción se basa en el método del materialismo histórico según el cual la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, desde que estas existen.

Consiguientemente, incluso ciñéndonos a una «historia corta» de las violencias en Euskal Herria ningún «relato veraz» tiene sentido si deja de lado, si olvida, las contradicciones subyacentes a las múltiples violencias que surgieron en la parte peninsular de nuestra nación desde la victoria político-militar del capitalismo vasco-español en el último tercio del siglo XIX. Dada la incapacidad de todo «relato» que se sitúe fuera de las contradicciones que estructuran nuestra sociedad para llegar a las raíces de las violencias, ciertos colectivos y personas intentan un corto vericueto intermedio comparando un «relato veraz» pero limitado estrictamente a la peligrosamente ambigua «violencia política» desde 1936, con otro «relato oficial» que empezaría bastante más tarde, en 1960.

Pueden redactarse tanto «relatos oficiales» cuanto lo necesite el poder establecido, pero un «relato veraz» es imposible porque primero habría que definir qué es la «verdad». En el texto de Euskal Memoria citado se acepta como encuadre ontológico de la «verdad» en este caso a la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU de 1948, pero silenciando su Preámbulo en el que se reconoce el «sacrosanto derecho a la rebelión contra la injusticia y la opresión», o sea, popularmente dicho: «la paz se gana a hostias».

El Preámbulo no citado anula de hecho toda la tesis posterior porque exige precisar antes de cualquier debate si el pueblo trabajador vasco tenía derecho a la rebelión en 1936, en 1959, en 1975… Si tiene derecho a la rebelión ¿para qué perder el tiempo en elucubraciones sobre «relatos veraces» frente a «relatos oficiales». Si tiene derecho a la rebelión pues que se defienda esa rebelión y se exijan responsabilidades a quienes masacraron en sangre ese derecho.

La tesis de Euskal Memoria en esta cuestión se mueve, pues, dentro de la ideología burguesa de la «batalla por el relato», pero desde una postura algo más democraticista. Lo mismo le sucede al intento de extender el «relato» y la memoria histórica –concepto más productivo en lo heurístico que el del «relato»- al Estado español, introduciendo reflexiones pertinentes sobre Alemania e Italia, por ejemplo, pero sin superar el marco de lo permitido. De lo que se trata no es comparar «relatos» sino de profundizar en la batalla por la historia, en la confrontación diaria entre la historia como arma de liberación y los «relatos» fabricados por el poder y que forman el cemento ideológico de su historia.

4.- Herenegun, EiTB y Thatcher: La vulgaridad alienadora

Introducir la cuestión de la memoria histórica nos obliga a pasar a la cuarta y última parte. Las naciones opresoras tienen una aplastante superioridad de recursos para elaborar sus «espacios de memoria» según los impone su clase dominante como banderas, himnos, escudos, fiestas, monumentos y lugares referenciales. Mucho de la «batalla por el relato» depende de cómo el poder haya impuesto sus «espacios de memoria» porque logrará así que los «relatos» estén constreñidos a sus límites imposibilitados de presentar otras realidades. Y puestos a hablar de «espacios de la memoria», una de las cosas que debemos responder es a la pregunta de si Euskal Herria tiene una capital que materialice su identidad y su memoria de nación trabajadora, o sea, la lucha de clases entre vascas y vascos envuelta en las presiones del imperialismo franco-español.

Un «espacio de memoria», o mejor decir una «fábrica de memoria» es la escuela infantil y juvenil, sobre todo cuando lo fundamental del currículo lo impone el Estado opresor y el resto la burguesía colaboracionista. ETA fue muy consciente de la importancia de una educación euskaldun y progresista integrada en una pedagogía socialista. La escuela actual no es progresista en modo alguno, y va retrocediendo en valores en la medida que avanza la industria transnacional de la educación y la universidad-empresa que propagan una cultura alienante enfrentada a la del pueblo trabajador. Será esta escuela la que intenta adoctrinar a la juventud sobre el «terrorismo de ETA».

Llegamos así al objetivo central de la estrategia burguesa: adoctrinar a la juventud. Xabier Palacios realizó un trabajo inestimable recordándonos las aportaciones de Piaget a la educación en un sentimiento nacional liberador, dado que para Piaget la nación es un «instrumento de coordinación de valores» que se forma durante las cruciales experiencias que se viven entre los 7 y 11 años, aproximadamente, período crítico para la «psicogénesis del concepto de nación».

En estos años se superan tres fases que suponen otros tantos hitos en la creación de la personalidad autocentrada con identidad colectiva, nacional, cada vez más enriquecida por una ética de la reciprocidad que supera el egocentrismo, y «que se desliga definitivamente del carácter legaliforme y transcendentalista que le imprimiera Kant para configurarse en un sistema de agrupamiento racional ordenador de los valores contenidos en la vida afectiva».

Ahora bien, no todo es tan sencillo y fácil porque Piaget admite que las presiones sociales desvíen esos sentimientos mediante intervenciones ideológicas. Más en concreto: «Para Piaget la nación es instrumento de coordinación de valores que puede ser anulado por efecto de sociocentrismos y desviaciones ideológicas». Recordemos que la psicogénesis del sentimiento nacional se realiza fundamentalmente entre los 7 y 11 años. Pues bien, la táctica de Herenegun se va a aplicar sobre jóvenes de entre 14 y 17 años, como Piaget temía: después de la formación de la identidad se les va a someter a una presión ideológica destinada a cortar de cuajo todo potencial inherente a la reciprocidad, es decir, al igualitarismo que es el substrato axiológico del independentismo socialista y de la lucha de la izquierda abertzale en sesenta años.

Sabemos que Herenegun va a recurrir a programas grabados por EiTB, auténtica fábrica de alienación, lo que nos lleva a recurrir a la experiencia amarga de la clase obrera británica. Hay que recordar la brillante denuncia que se ha hecho al demoledor plan de ridiculización y desprestigio de la clase trabajadora británica desde la segunda mitad de la década de 1980, en pleno auge del neoliberalismo thatcheriano. La clase trabajadora fue puesta «en la picota» mediante programas de telebasura cómica en horas de alta audiencia para derrotarla también mental y psicológicamente, destrozando su autoestima y orgullo de clase: había que imponer definitivamente la historia burguesía neoliberal y destrozar no sólo la historia obrera y popular sino a la vez su autoestima, su orgullo de clases.

Esto mismo ha sucedido más tarde en Euskal Herria cuando en 2003 se emitió el primer programa de Vaya Semanita claramente orientado a denigrar la cultura popular vasca en primer lugar y sobre todo sus componentes independentistas, abertzales, en menor medida a la ideología nacionalista pequeño burguesa representada por el PNV, un poquito al nacionalismo español más imperialista, el del PP, y apenas nada al PSOE. Solamente cuando ya resultaba escandaloso su sectarismo intentó suavizar su imagen hasta su cierre en 2013.

Pero en 2014 apareció en las pantallas la película Ocho apellidos vascos que ampliaba y mejoraba la orientación de Vaya Semanita, tal vez para convertir en objeto de burla y ridículo a la nación andaluza que en esas fechas seguía sin arrodillarse ante el señorito. Pasado el impacto de Ocho apellidos vascos, el 2015 volvió Vaya Semanita a la televisión… Se han ido alternando programas idénticos, una especie de ofensiva enajenante sostenida por relevos, que variaba en las formas múltiples de presentar la vulgaridad.

F. Buen Abad hace una «crítica de la vulgaridad pura» de la industria de la comunicación, de las series televisivas y de los reality shows: «La vulgaridad impone mansedumbres, impone dictaduras del ridículo que amenazan permanentemente la integridad emocional y expresiva de los grupos. Impone un abatimiento exponencial de la creatividad y convierte permanentemente a todo individuo en espectador consumista de modelos estéticos uniformantes». Sobre esta denuncia, avanza a la crítica de los shows: «Son grotescos también los talk shows, los realitys shows, y la dictadura del rating que soporta guerras civiles publicitarias en refriegas mediáticas donde se hace con chismes faranduleros bocadillos cotidianos para el apetito del morbo común».

La estrategia que analizamos busca destrozar la autoorganización de la clase obrera y del pueblo trabajador, siendo Herenegun una táctica más, sometida a dicha estrategia. Con ciertas adaptaciones podemos recurrir al listado de factores que refuerzan la capacidad de resilencia, de respuesta de un pueblo ante una catástrofe, un problema estructural, una agresión prolongada y sistemática represión de sus derechos, elaborado por J. Uriarte: la honestidad gubernamental, la identidad cultural, la autoestima colectiva y el humor social: es muy importante saber que existen diferencias de respuesta según las clases sociales, el sexo-género, las edades, la educación, etcétera, por lo que de nuevo nos encontramos con la centralidad de la lucha de clases que siempre tenemos que tener en cuenta. Por el contrario, los factores que debilitan la capacidad de resilencia son: la pobreza social, la pobreza cultural, la pobreza moral, la pobreza política, la dependencia económica, el aislamiento social, la estigmatización de las víctimas.

No hay duda de que la estrategia que se esconde debajo de la «batalla por el relato», de las conversaciones sobre las «memorias», de la «pedagogía de la paz», etcétera, reforzada por la industria de la cultura alienante y el show del chisme, van directamente en contra de la construcción de la memoria colectiva y de la identidad «como lucha y práctica contra todo lo que aliena, humilla y degrada a la humanidad», y por tanto contra la capacidad de resilencia de los pueblos explotados, de levantarse siempre tras las derrotas para volver a intentar tomar el cielo por asalto. Los agradables lunch para degustar «relatos» y saborear «memorias» abstractas apenas sirven de algo si no se critica radicalmente la lógica del capital.






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Willy Defiende a Cuba

Por medio de Cubainformación nos llega esta recopilación de los duelos que el actor Willy Toledo ha protagonizado en los distintos sets televisivos españoles al servicio del injerencismo en contra de Cuba:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

“Me gustaría que este señor (…) alguna vez condenase el asesinato de homosexuales en Cuba por el hecho de ser homosexuales” (Eduardo Inda, tertuliano y director de OK diario). “En Cuba hay todavía homosexuales en las prisiones” (Javier Sardá, showman y tertuliano). ¿Homosexuales encarcelados, asesinados en Cuba? ¿Les parece si escuchamos a las “víctimas”? “La sociedad cubana tiene todavía mucho que cambiar, pero con respecto a nosotros los homosexuales y los travestis, ha habido bastantes avances y eso se lo agradecemos, sobre todo, a la Revolución, porque nos ha dado nuestro espacio”. “Es lo mejor, porque nos ha dado esta libertad y nos va a seguir dado libertad, esperamos”. “Yo solo puedo opinar que estoy muy contento de que en mi país se hagan galas (contra la homofobia) como esta y de que se apoye a la juventud gay”. Son opiniones recogidas por Cubainformación TV, el pasado mayo, en las calles de la Isla.

En Cuba se han dado pasos importantes en el respeto a la libre orientación sexual y de género, y campañas contra la homofobia y la transfobia recorren las calles, los medios y las escuelas del país. Pero, como en tantos temas, la realidad de la Isla va por un lado, y lo que oímos en los medios de comunicación -españoles, por ejemplo- va por otro.

El conocido showman y tertuliano Javier Sardá atacaba a Cuba, en esta misma línea, mencionando al escritor cubano Reinaldo Arenas. “Reinaldo Arenas, escritor cubano que estuvo en la cárcel, que le machacaron, que le destruyeron por homosexual…”.  Es curioso que el caso Arenas, que ocurrió hace más de 40 años, sea el argumento hoy para atacar al sistema político cubano. El actor Willy Toledo replicaba a Sardá citando los asesinatos de estado cometidos, en aquella época, por la “democracia” española: “Si hablamos de Reinaldo Arenas hablemos de Lasa y Zabala” –torturados, asesinados y enterrados en cal viva por la Guardia Civil en 1983- “que no estuvieron presos, sino que fueron asesinados por el sistema español”.

La escena corresponde al programa “Al rojo vivo” del canal español La Sexta, que invitó a Willy Toledo a su plató el pasado 27 de junio. Un hecho excepcional, ya que el actor, desde que en 2010 realizó unas declaraciones sobre Cuba inaceptables para los círculos de poder mediático, y por su actividad sindical en el sector audiovisual, sufre un boicot laboral y un permanente linchamiento en los medios españoles.

El programa tuvo minutos de inusual libertad de expresión, cuando Toledo habló de presos políticos, torturas y falta de democracia en España; o cuando realizó una defensa de procesos, demonizados en los medios, como los de Cuba y Venezuela. “Todas las mentiras que vertéis sobre Venezuela, sobre Cuba, contra todos aquellos países y sistemas políticos que no os interesan...” Aunque para ello tuviera que lidiar no solo contra la mayoría de tertulianos, sino contra el propio presentador, convertido en juez y parte. “Creo que nuestra perspectiva sobre Venezuela no es exactamente la misma que otros medios de comunicación de este país” (Antonio García Ferreras, director y presentador del programa). “Prácticamente. Al final, con una pátina `sociata´, `progre´, estáis diciendo lo mismo y diciendo las mismas barbaridades, como por ejemplo que (Nicolás) Maduro es un dictador, que (Hugo) Chávez era un dictador” (Willy Toledo). “No me parece la democracia de mayor calidad la de Maduro” (A. G. Ferreras). “Pero es que es mentira que en Venezuela se persiga a los medios de comunicación, es mentira” (W. Toledo). “¿Y quién se lo ha inventado, Willy?” (Javier Sardá, tertuliano). “Vds. Y los medios de comunicación capitalistas, que están dispuestos a mentir hasta el último extremo con tal de derribar sistemas políticos contrarios a sus intereses” (W. Toledo).

Willy Toledo aprovechó el espacio para adentrarse en un tema tabú: el de la propiedad de los medios de comunicación, que condiciona la información y la selección de opiniones de acuerdo a sus intereses e ideología. “Que Vds. crean que tenemos dónde elegir es una falacia como la copa de un pino”. “Los mismos dueños de esta cadena que pasa por ser la cadena `progre´ de este país son los dueños del diario `La Razón´, que es el diario nacional católico fascista español. Esto es una cuestión de nichos (de mercado)”, explicó el actor. “Esto se llama libertad de prensa”, le respondió Ferreras. “¿Qué libertad de prensa?” (W. Toledo). “Hay un editor que invierte en lo que quiere y monta el medio de comunicación que considere” (A. G. Ferreras). “Como decía el gran Carlos Marx, la libertad de prensa es la libertad del dueño de la imprenta, y en este país hay dos grupos de comunicación que controlan el 85 % de los medios” (W. Toledo).

Toledo fue más allá, y puso el dedo en la llaga, al tocar uno de los temas blindados por la censura: el de la explotación laboral en las empresas periodísticas. “Tú te has preguntado y preocupado alguna vez de los sueldos de esta gente que está aquí detrás cámaras, gente de producción, becarios, cuánto cobra esta gente? (…) ¿700 euros te parece bien, te parece un buen sueldo?”, se dirigió a Antonio García Ferreras.  “¿Pero por qué hablas en nombre de ellos?, respondió este. “Porque no tienen altavoz. Tienen voz, pero no altavoz” (W. Toledo). “Tienen voz y altavoz...” (A. G. Ferreras). “¿Tú has traído alguna vez a un cámara a que explique las condiciones laborales de este programa? ¿Por qué hablo en su nombre? Porque tengo el privilegio, entre otros muchos, de tener un micro y me lo ponéis. Y como mis compañeras trabajadoras, obreras, no tienen ese micro, yo hablo y denuncio su situación”, explicó el actor entre constantes interrupciones.

Días después, otro programa del canal, La Sexta Noche, volvió a hablar sobre Willy Toledo. Y bajo un gran titular de tono burlesco (“¡Liberad a Willy!”), varios tertulianos se dedicaron a insultar al actor, esta vez sin su presencia. “Es un fascista Willy Toledo, además es un actor mediocre. (...) Lo que define a Willy Toledo es que es un botarate”, decía Francisco Marhuenda, director del diario La Razón. “A Willy Toledo hay que llevarlo a un frenopático. (...) Un psiquiatra para Willy Toledo, hay que hacer una cuestación para pagarle un psiquiatra a Willy Toledo”, añadía Eduardo Inda, director de OK diario.

Este tertuliano, Eduardo Inda, recriminaba el apoyo del actor a Cuba, con los siguientes argumentos: “Me gustaría que este señor (Willy Toledo), que vive a cuerpo de rey en El Laguito, que es el mejor sitio de Cuba (…) alguna vez condenase el asesinato de homosexuales en Cuba por el hecho de ser homosexuales, y alguna vez condenase las ejecuciones sumarias que se siguen produciendo en Cuba”. En menos de 20 segundos, Inda decía tres mentiras de manual. Una, Willy Toledo no vive ya en Cuba, y en su estancia de un año residió de alquiler en un pequeño apartamento de La Habana, jamás en “El Laguito”, residencia de protocolo internacional; dos, en Cuba no hay ninguna “ejecución sumaria” y la pena de muerte está en moratoria desde hace 15 años; y tres, en Cuba ni se “asesinan homosexuales” ni se conocen crímenes de odio por orientación sexual, en contraste con países como México, Honduras o Colombia.

Willy Toledo denunció también la persecución política y mediática que sufre: “Pero voy a sufrir consecuencias. La libertad de expresión, insisto, es el derecho a hablar y el derecho a no ser perseguido por hablar, y a mí me persiguen”. La periodista y tertuliana Nativel Preciado, lejos de solidarizarse con el actor, justificaba su persecución: “Consecuencias porque se pone Vd. en evidencia, porque no está bien informado, porque confunde un totalitarismo con una democracia, porque defiende al régimen de Cuba y al de Venezuela”. Y es que no son solo los dueños y los consejos de redacción de los medios. También su élite de periodistas seleccionados respalda la censura, la represión y la persecución de quienes osan, en los resquicios mínimos que deja el sistema mediático, apoyar a la Revolución cubana y bolivariana.

“Como decía Malcolm X, si no estamos alertas ante los medios de comunicación, nos harán odiar al oprimido y amar al opresor”, recordaba Willy Toledo desde un plató de televisión.

Edición: Esther Jávega.

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Recordando a Nagore Laffage

Han iniciado los Sanferminak en Iruñea y el tema de la violencia patriarcal ha estado presente, sobre todo después de la puesta en libertad de los cinco integrantes de La Manada.

En Naiz nos recuerdan el caso de Nagore Laffage, víctima de Diego Yllanes quien, consecuencia de la procuración de justicia de claro sesgo patriarcal, hoy goza de la más completa libertad sin haber mostrado nunca arrepentimiento por lo que hizo.

Aquí la información:


Irun ha recordado este sábado a la vecina del municipio Nagore Laffage diez años después de que la joven fuera violada y matada por Diego Yllanes tras haberse negado a mantener relaciones sexuales durante sanfermines.

El Ayuntamiento y las asociaciones de mujeres de Irun han colocado esta mañana en la balconada del Consistorio una pancarta de homenaje a Nagore Laffage, violada y matada por Diego Yllanes hace diez años en sanfermines.

Pasadas las 10.00, Asun Casasola, madre de la joven, y representantes de las asociaciones de mujeres, con un pañuelo morado al cuello, han colgado una pancarta que permanecerá durante toda la jornada. En ella se puede leer ‘Por tu ausencia, Nagore, zure oroimenez’.

Según ha informado el Consistorio, se trata de un acto simbólico «con el que la ciudad y las asociaciones de mujeres quieren mantener en este día viva y presente a Nagore y a su familia». Además, el Ayuntamiento se iluminará de morado durante la noche de este sábado.

En declaraciones a los medios, la madre de Nagore ha valorado que en los últimos años la sociedad haya empezado a salir a la calle y protestar ante casos como el sufrido por su hija y ha confiado en que ello suponga «un cambio para que se modifiquen las leyes».

Helena Taberna cede los derechos del documental sobre Nagore Laffage para su libre visionado

La directora altsasuarra Helena Taberna ha ofrecido los derechos de proyección de su película documental ‘Nagore’ en el décimo aniversario de la muerte de Nagore Laffage a manos de Diego Yllanes con el objetivo de propiciar un debate social sobre la violencia machista.

Esta propuesta tiene como objetivo la realización de proyecciones públicas libres en asociaciones, grupos de mujeres, u otras agrupaciones que deseen propiciar el debate social sobre este caso o el de La Manada, según informa en un comunicado la asociación Hemen, a la que pertenece la cineasta.

Nagore Laffage fue violada y matada por Diego Yllanes en la noche del 6 al 7 de julio de 2008, durante los Sanfermines, y la película de Taberna que analiza el caso se ha convertido en film emblemático sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres jóvenes, sobre todo en entornos festivos.

Desde la Asociación Hemen aplauden y apoyan esta iniciativa y con ese fin han organizado la proyección y posterior debate del documental ‘Nagore’ este sábado en Kutxa Kultur, en Tabakalera, Donostia.

El acceso a la película será gratuito desde el 6 al 17 de julio en esta dirección. La contraseña es Nag43985746









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