sábado, 24 de marzo de 2018

El Infierno de Asun Casasola

Para contrastar el sórdido manejo que se está haciendo en el caso de La Manada y la violación grupal que llevaron a cabo cinco de sus integrantes basta con remitirnos al terrible desenlace del caso de Nagore Laffage.

Les invitamos a leer este artículo que el Diario Vasco dio a conocer tras conocerse que  José Diego Yllanes ya goza de la libertad que el sistema patriarcal de impartición de justicia español reserva para los individuos que mejor se desempeñan en el papel de depredador sexual, cúspide de la conceptualización de la sexualidad machista que es parte integral de la cultura hegemónica contemporánea:


La madre de Nagore Laffage, indignada al conocer la libertad de Yllanes

Javier Peñalba

Se siente engañada; dice estar escandalizada. Asun Casasola, la madre de Nagore Laffage, víctima de la violencia machista, no podía ocultar ayer su indignación tras conocer que el homicida de su hija, José Diego Yllanes, se encuentra desde el pasado día 7 en libertad condicional. El recluso, que en julio cumplirá diez años privado de libertad, ya disfrutaba desde el pasado año del tercer grado que le permitía acudir a trabajar a una clínica de Madrid, si bien estaba obligado a regresar a dormir al Centro de Inserción Social que le correspondía en la capital madrileña.

«No tenía ni idea que estaba en libertad. Es vergonzoso que me haya tenido que enterar a través de los medios de comunicación. No hay derecho a que las víctimas tengamos conocimiento de que la persona que mató a Nagore ya no tiene que ir a la cárcel. Si fuera por las instituciones, los familiares no nos enteraríamos de nada de lo que ocurre con estos delincuentes», afirma con vehemencia Asun Casasola.

José Diego Yllanes Vizcay ha accedido este mes a la última fase de su condena. El pamplonés fue declarado culpable de un delito de homicidio por un jurado y fue posteriormente sentenciado a doce años y seis meses. El acusado acabó con la vida de Nagore Laffage, de 20 años, el 7 de julio de 2008, en el comienzo de las fiestas de San Fermín. Entre las 7.00 y las 8.00 horas de la mañana José Diego Yllanes, de regreso a su domicilio, fue reconocido por un grupo de tres jóvenes, amigas de Nagore, que cursaban estudios de Enfermería en la Clínica Universitaria de Navarra, en la que el acusado trabajaba como médico interno residente, en el departamento de Psiquiatría. Yllanes y las chicas caminaron juntos hasta el portal en el que residían, donde conversaron durante unos minutos. Al poco llegó Nagore Laffage y se fue con el homicida. Ambos acudieron al domicilio de este donde, según concluyó el jurado, Nagore interpretó el comportamiento agresivo por parte del acusado al desvestirla como un intento de agresión sexual, por lo que le amenazó con destruir su carrera y denunciarle. El acusado propinó entonces una paliza a Nagore, a quien terminó por asfixiar. Posteriormente, pretendió descuartizar el cuerpo, si bien finalmente lo llevó hasta un paraje boscoso, alejado de Pamplona, donde lo abandonó.

Tras su estancia en prisión, primero en la penitenciaria de Zuera, en Zaragoza, y últimamente en un CIS de Madrid, la titular del Juzgado de Violencia Penitenciaria número 2 de la capital madrileña firmó la orden que le permitía acceder a la libertad provisional. La decisión no fue recurrida, de manera que el pasado día 16 adquirió firmeza. «Ahora nos dicen que nadie interpuso un recurso. Cómo lo íbamos a hacer si nadie nos lo había comunicado», protesta la madre.

Revisión mensual

A partir de ahora, el homicida únicamente debe presentarse mensualmente en el CIS, para seguir controlado por Instituciones Penitenciarias, que le mantiene bajo una vigilancia exhaustiva, ya que sigue cumpliendo la pena de homicidio. Si no respeta las condiciones fijadas por la juez, la situación de Yllanes se endurecería y se revocaría su libertad condicional.

La magistrada sostiene que el recluso cumple con los requisitos legales para beneficiarse de la condicional. Argumenta que ha cumplido tres cuartas partes de la condena, está en tercer grado y dispone de un informe favorable de reinserción en la sociedad, emitido por psicólogos.

Asun Casasola cree que Yllanes debería cumplir la totalidad de la pena que le fue impuesta. Sostiene que, sin entrar en debates sobre la conveniencia o no sobre la prisión permanente revisable, «es un despropósito que sin alcanzar los diez años privado en libertad esté ya en la calle. Ya sé que la ley le ampara, pero no puedo sino mostrar mi indignación. Me parece injusto. Que poco valor tiene la vida de una persona, en este caso la de mi hija, no lo entiendo», afirma Casasola, quien asimismo asegura no tener confianza alguna en los informes emitidos por los centros penitenciarios que certifican la rehabilitación de los reclusos. «Esos informes no me dicen nada. Una persona como la que mató a mi hija, con una formación específica, sabe perfectamente cómo ha de desenvolverse en este tipo de situaciones y no tendría mayores problemas para obtener un pronunciamiento favorable», explica la madre.

Casasola cree que es momento de cambiar las leyes, «de lo contrario, las personas con más de recursos económicos siempre tendrán más facilidades» y pide que los delitos graves no sean juzgados por jurados, sino por magistrados profesionales.

Asun afirma que la puesta en libertad del homicida le genera temor. «Quién me dice que ahora, después de que he estado diez años hablando de él, no vaya contra mí. Una persona que en un momento determinado fue capaz de hacer lo que hizo, por qué no lo va a volver a hacer. Por ello, lo mínimo que podían hacer en el juzgado es tenernos al corriente de la situación y comunicarnos si va a salir», explica.

Pese a su nueva situación procesal, José Diego Yllanes no podrá ejercer la psiquiatría hasta 2020 en la sanidad pública. El pasado año fue contratado por una clínica de salud mental, donde si bien no atendía a pacientes, según afirmaron desde la empresa, colaboraba en tareas de investigación. «Desde mi punto de vista debería estar inhabilitado a perpetuidad para ejercer de psiquiatra. Podrá ser traumatólogo, camionero, hasta abogado, pero no psiquiatra... ¿Cómo va tratar a un paciente una persona que ha matado a una niña?».






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