lunes, 14 de octubre de 2019

Entrevista a William A. Douglass

Desde Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes esta entrevista a uno de los aliados más conocidos de Euskal Herria en los EUA:


Empresario dueño de casinos, antropólogo, escritor, premio ‘Lagun Onari’ del Gobierno Vasco, doctor Honoris Causa de la UPV/EHU, miembro de Euskaltzaindia y “rico”. William Douglass, el fundador del Centro de Estudios Vascos de Nevada, regresa a Euskal Herria, la tierra que llegó a conocer mejor que su país

Mikel Mujika y Ruben Plaza

Empezó a trabajar a los ocho años repartiendo periódicos. Llegó a limpiar botas, capturaba serpientes en el desierto y las vendía junto a un socio, en plena adolescencia, y renunció al negocio familiar de los casinos, en el que desembarcó de nuevo a los 40 años, momento en el que ganó su primer millón y medio de dólares. Entre tanto, se hizo académico y se dedicó en cuerpo y alma al estudio de la diáspora vasca. Llegó a Euskal Herria con 21 años para hacer labores de campo mientras cursaba sus estudios universitarios de Antropología y terminó ganando dos nuevas familias en Etxalar (Navarra) y Aulesti (Bizkaia). En su país, EEUU, sus colegas antropólogos le conocen como Mr. Basque. El hombre que se sumergió en la cultura y las raíces de lo vasco.

¿Por qué? ¿Por qué dedica su vida profesional a los vascos un norteamericano de raíces escocesas?

-Fue un poco por casualidad. Vine a la Complutense de Madrid con 19 años a estudiar literatura castellana a través de un programa New York University. Y decidí que no quería ser profesor de castellano, pero me estaba entrando interés por la Antropología, así que había un curso de geografía humana de la Península Ibérica en la Complutense; asistí como oyente y me fascinó. Empecé a leer a Julio Caro Baroja, sus Pueblos de España y luego los libros que él había escrito sobre los vascos y me interesaron.

¿Y ya? ¿Fue un flechazo?

-Cuando empecé mis estudios graduados de Antropología Social en la Universidad de Chicago, mi mentor era Julian Pitt Rivers, que era muy amigo de Caro Baroja. Julian estuvo encantado de mi interés en lo vasco, precisamente porque él tenía la intención de hacer un trabajo de campo en alguna aldea vasca durante la Segunda Guerra Mundial y le fue imposible, porque el Gobierno franquista no lo aprobó como proyecto. Siempre le quedó en el corazón ese interés por los vascos, así que en mí vio su proyecto. Vine y me pasé un par de años, tanto en Etxalar primero, como en Aulesti después. Estudiando sobre todo las causas y consecuencias del exilio de los vascos en el medio rural.

Nació usted norteamericano, se hizo vasco de adopción y ha viajado por todo el mundo. ¿Quién es ahora, a los 79? ¿Tiene identidad?

-Buena pregunta. Yo me considero americano, claro, pero un americano que está más enterado de lo vasco. Hasta hace unos pocos años al menos. Ya no lo sigo tanto como antes. Pero durante medio siglo yo estaba mucho más enterado de los asuntos de este país que del mío. He pisado casi todo esto, y sin embargo hay varios Estados en los que no he estado en mi propio país, que es muy grande. He estado muy involucrado con el Centro de Estudios Vascos que fundamos en Reno diez años antes de caer la dictadura franquista. Teníamos el único centro en el mundo de estudios vascos, así que era una especie de refugio para la cultura vasca.

Probablemente ese fuera el éxito del centro, que fue el refugio en un periodo determinado de dictadura y sometimiento de la cultura.

-Claro, pero también en el Estado de Nevada el sistema universitario tenía mucho interés un fundar un programa de Estudios Vascos y no por el franquismo.

Me sorprende. ¿Por qué ese interés de la Universidad de Nevada?

-Porque el pastor vasco había sido uno de los arquitectos de la economía y la sociedad del Oeste americano. Y ellos, en Nevada, a comienzos de los años 60 crearon un centro de estudios, Desert Research Institute, el instituto de estudios desérticos o de tierras áridas. Y decidieron fundar un programa de estudios vascos para estudiar la inmigración vasca, más que cosas del País Vasco. Y yo, claro, tenía mucho más conocimiento y experiencia con esa sociedad que los propios inmigrantes vascos que vivían en EEUU.

¿Era como el consejero delegado de EEUU en el País Vasco?

-Casi. Rápidamente entré de lleno en todo el mundo de la inmigración vasca. Primero tanto de América del Sur como del Oeste americano, y luego de Australia. Quitando esta nueva diáspora que va a Shanghai o Berlín, he pisado todas las antiguas diásporas vascas por el planeta. Hasta Filipinas.

¿Se podría decir que la diáspora vasca ha tenido más influencia en el Oeste de EEUU de la que le correspondería por el peso y tamaño de su país de origen? ¿A qué se debe?

-Sí, pero solo últimamente, por algunas figuras políticas como Paul Laxalt en Nevada, Pete Cenarrusa en Idaho, John Garamendi en California… A través de las actividades de aquellos individuos los vascos han cobrado protagonismo. Pero antiguamente los vascos estaban muy mal vistos.

¿A qué época se refiere?

-Durante el siglo XIX y comienzos del XX los vascos eran itinerantes, tramperos, nómadas que andaban por el terreno público con rebaños, metiéndose, según los rancheros, en terrenos suyos. Pero no eran terrenos suyos. Los vascos teóricamente tenían tanto derecho como el ranchero angloestablecido, pero el ranchero consideraba al terreno público pegado a su terreno privado como suyo. Y ahí surgían fricciones.

¿Cuándo cambia esa visión y cómo?

-Pues después de la Segunda Guerra Mundial se puede decir.

¿Debido al franquismo?

-No. El franquismo tenía muy poco impacto en EEUU. Tenía algo, porque hubo una especie de debate internacional sobre el tema con la Segunda Guerra Mundial y el fascismo, etcétera. Y el bombardeo de Gernika, claro, tuvo su impacto pero no duradero se puede decir en el otro mundo.

¿Y por qué entonces?

-Después de la Segunda Guerra Mundial había una escasez de pastores vascos en el Oeste americano, porque en los años 20 habíamos limitado mucho. Pusimos muchas limitaciones sobre la inmigración de todas partes, pero sobre todo sureuropeos y centroeuropeos, y llegó un momento en que, los que dejaban entrar legalmente, no me acuerdo exactamente, pero eran como unos 130 al año. Muy pocos. Y por ello se cortó la entrada legal de pastores vascos. Pasaron 20 años sin tener una renovación de mano de obra en la industria ovejera, así que para fines de los años 40 la industria ovejera anduvo bastante mal.

Y nos necesitaban...

-Claro. Y crearon un programa de reclutamiento formal de pastores aquí que podían entrar para tres años con contrato y luego tenían que salir, pero podían volver otra vez. Ahí hubo un cambio. Y cuando ya los itinerantes dejaron de andar con sus rebaños durante muchos años, se creó alrededor de ello cierto romanticismo. Los periodistas de la época empezaron a escribir artículos muy romantizados sobre estos pastores, solos en el monte, con la naturaleza, el amanecer… En fin, fue un poco de todo. Y en los años 60, cuando la revolución cultural de los jóvenes, el pastor vasco no era capitalista, no estaba involucrado en la guerra del Vietnam y para los jóvenes tampoco estaba mal visto.

¿Y eso les ayudó?

-Cambió absolutamente su imagen y ahora el pueblo vasco está muy apreciado en EEUU. Claro, son pocos.

¿Qué significa para usted que le conozcan por ‘Mr. Basque’?

-Esa era la idea de Miel Elustondo, él lo puso como título de mi biografía: Mr. Basque.

Sí, pero en la propia biografía dice que en la Asociación Americana de Antropología le conocían como ‘Mr. Basque’. ¿Es así?

-Yo le expliqué que entre los antropólogos cada uno está identificado con su pueblo, su sujeto de estudio. Y yo, pues me tomaban todos mis colegas europeístas, antropólogos sociales, como el señor vasco, mister Basque. Como yo tomaba al señor Oriol Pi-Sunyer i Cuberta, como el señor catalán.

¿Tenía un componente de broma?

-Sí, medio broma, pero también capta un poco la realidad, porque si yo soy Mr. Basque, casi soy dueño del tema y otro no va a estudiar los vascos. Hay cierto territorialismo.

¿Cree que los vascos somos menos vascos en este mundo cada vez más tecnológico?

-Bueno, sois menos folclóricos, por decirlo así, pero eso no quiere decir que la nueva realidad vasca no es vasca. Incluso hay una Euskal Herria virtual que capta todas las diásporas y el país de origen.

El nacionalismo también le ha suscitado reflexiones a lo largo de su carrera. ¿Cómo ve al nacionalismo vasco hoy? ¿Se ha diluido? ¿Es necesario? ¿Lo será en el futuro?

-La contestación sería no sé. Que no me toca. Son los no nacidos aquí los que van a decir si tiene sentido o no.

A veces se ven mejor las cosas desde fuera.

-Yo soy, en el fondo, un nacionalista vasco, no siendo vasco, en el sentido de que yo creo que todo pueblo tiene derecho a decidir su porvenir. También creo que los kurdos tienen el mismo derecho y, en fin, es un desastre lo que está sucediendo hoy en día. También me tocó intervenir un poco en las negociaciones en Ginebra con ETA y estoy encantado de que por lo menos la violencia haya terminado, es un paso positivo para todos.

Usted es antropólogo, empresario, escritor..., muchas cosas. ¿Se considera más antropólogo que empresario, más casinero que escritor, un antropólogo metido a empresario, un empresario entre libros...? Y como empresario, ¿qué opina de Donald Trump?

-Bueno, no me va Trump, pero ese es otro tema. Creo que es un payaso y un hombre muy peligroso para el planeta, desde muchos puntos de vista. A ver, yo como empresario, mi familia siempre ha sido una familia casinera. Yo era el único hijo de mi padre, que era uno de los grandes pioneros del juego en Nevada, y no seguí su camino. Los tres hermanos se metieron con el padre y yo, como la oveja negra, me hice académico, pero a los 40 años me metieron en el negocio. Actualmente soy presidente de una empresa casinera y tenemos seis casinitos en la autopista que cruza Nevada; tengo parte de un rancho, que es otro negocio; estoy muy involucrado en la construcción de casas para mineros de oro en el pueblo de Tonopah (Nevada), así que tengo muchos negocios, muchas propiedades.

Y sin embargo dice que las propiedades se adueñan de uno.

-Se adueñan de uno. Eso es cierto. Pero, de hecho, me levanto todos los días y escribo tres o cuatro horas, porque estoy enfermo. Así que más que otra cosa, soy escritor. Hoy en día, me considero escritor, más que antropólogo y empresario.

¿Cómo cree que nos verán los antropólogos del futuro, cómo encasillarán esta etapa tan tecnológica y virtual del ser humano?

-Supongo que la disciplina, la Antropología, va a perdurar, pero con qué metodología y con qué enfoques, pues no lo sé. De aquí a 50 años no sé qué va a importar a la Antropología. Quizás el desastre del clima, que no sabemos dónde va aquello.

Es miembro de una organización ecologista que impulsó usted mismo. ¿Qué es el ecologismo para usted, que es cazador, pescador, empresario…? ¿Por qué es tan difícil encontrar el equilibrio entre ecologismo y desarrollo?

-El próximo libro mío va a ser un libro que trata sobre territorialidad y los derechos de los indígenas del mundo y el ecologismo, que tienen intereses en común y discrepan a la vez. Y voy a hacer un libro tratando el tema de las grandes ironías, los desafíos y a dónde va todo aquello porque es un tema muy complicado.

Ha visitado muchos países, casi todo el mundo. ¿Es optimista con lo que ha visto? ¿A dónde vamos?

-Yo soy muy optimista porque allá donde he ido me he encontrado gente buena, y nadie me ha insultado por ser americano o por ser rico o casinero, o por ser antropólogo. Todo el mundo siempre me ha recibido con cortesía y con curiosidad. Me hacen preguntas, intercambiamos nuestras historias, así que yo creo que el ser humano en sí es curioso y generoso.

¿Qué característica destacaría de los vascos de cuando usted era más vasco?

-Bueno, yo creo que los vascos han hecho mucho, pero como todos los demás, tienen sus defectos. Me cuesta mucho generalizar. Hay gente buena y mala en todas las culturas, pero el País Vasco, siendo tan pequeño, ha logrado muchas cosas. El ecologismo, la transformación de Bilbao, que es terrible. Y cuando se ven los grandes problemas urbanos en el mundo, ahí tienes el ejemplo de Bilbao. Bilbao nos puede enseñar como especie muchas cosas. Y luego, el ecologismo, aquí, en el País Vasco, es una de las lecciones que he aprendido en la vida. Cuando yo vine aquí en 1961 a hacer trabajo de campo, esto era un desastre ecológicamente hablando. Era completamente sucio, en ruinas, muy pobre. Los ríos horrorosos, el aire también. Las ciudades sucias. Y hoy el País Vasco se ha transformado completamente.

¿Cuándo se ha sentido más vasco?

-Cuando yo me siento más vasco es durante la noche. No sé euskera, pero a menudo sueño en castellano y de esto.






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