Un blog desde la diáspora y para la diáspora

martes, 17 de diciembre de 2024

Obstáculo Jelkide al Desarme

Mientras que Madrid continúa machacando al colectivo de presos políticos vascos, dificultando así al máximo su proceso de reinserción, se revela el lamentable papel jugado por los jelkides a lo largo de todo el DDR de ETA, lo que pone su manifiesto su posicionamiento con respecto al proceso de paz auspiciado por el propio pueblo vasco.

Lean lo que nos informa Naiz:


Los Artesanos revelan actas del desarme frente a las «distorsiones y falsedades» de Lakua

El Ejecutivo Urkullu cuestionó con insistencia el diseño del desarme finalmente acordado por Artesanos de la Paz y Gobierno francés, maniobró vía presiones y filtraciones y mostró más confianza en el Gobierno del PP que en los activistas vascos. Es lo que se desprende de las actas hoy reveladas.

Ramon Sola

Siete años después del desarme de ETA, una rueda de prensa convocada por Bake Bidea ha destapado este lunes las actas de las reuniones de los Artesanos de la Paz con el Gobierno de Iñigo Urkullu con el objetivo de «aclarar» cómo se produjo, desmontar las «falsedades» y reivindicar su labor. Detallan obstrucciones y desconfianzas y señalan al entonces lehendakari y a Jonan Fernández.

El paso ha sido dado por Txetx Etxeberri en una comparecencia en Baiona, en la que se ha revelado el contenido de hasta diez reuniones entre los Artesanos y la representación de Lakua en torno al 8 de abril de 2017, fecha en que se produjo el desarme de ETA complementado con la jornada de adhesión social de Baiona. Los artífices de aquel paso histórico rompen así el silencio mantenido desde que en 2019 Lakua hizo público un documento oficial que «nos dolió porque distorsiona los principios políticos y éticos de nuestro compromiso» y además «contiene falsedades hirientes». En aquellos diez contactos, Etxeberri representó a los Artesanos de la Paz junto a Mixel Berhocoirigoin.

Matizan que no lo han hecho antes por varias circunstancias: la voluntad de no replicar «en caliente», los fallecimientos de tres de los Artesanos (Mixel Bergouignan, Michel Tubiana y Mixel Berhocoirigoin) y el juicio este año a otros dos (el propio Etxeberri y Beatrice Molle-Haran, que también ha estado presente en la comparecencia de hoy).

Llegado el momento propicio para esclarecer las cosas, reprochan al relato de Lakua que incurra en «una reescritura falsa e interesada» de varios aspectos y momentos de aquel proceso. En primer lugar, sobre los hechos de Luhuso que el documento de Urkullu define como «fracaso». Frente a este relato, los Artesanos sostienen que aquel intento incipiente «desbloqueó inequívocamente la situación e hizo cambiar la actitud de los gobiernos francés y español», como muestra el mensaje del entonces ministro de Interior, Bruno Le Roux, apenas dos meses después a través de la senadora Frédérique Espagnac, «comunicando que su gobierno había decidido permitir el desarme».

Gobierno español y Gobierno francés

En paralelo, Etxeberri desmiente que Lakua tuviera relación con el Gobierno francés y pone como prueba una entrevista de ‘Sud-Ouest’ al primer ministro Bernard Cazeneuve, en la que este elogia el trabajo de José Bové o François Dufur, intermediarios de los Artesanos, y subraya que «yo confiaba en ellos, que me aseguraban que la totalidad del armamento sería restituida».

En aquellos meses, siguen los Artesanos, el equipo de Urkullu insistió en la tesis de que el Ejecutivo francés no facilitaría el desarme. Llegado el 8 de abril, sin embargo, ocurrió lo que habían predicho los activistas por la paz y no lo que sugería Lakua: no hubo detenciones, ni enfrentamientos con la Policía, ni la operación fracasó.

«Aunque pueda parecer sorprendente, tuvimos una relación mucho más sencilla y constructiva con el Gobierno francés que con el Gobierno Vasco», dicen. Y recuerdan en este punto que el ministro Matthias Fekl y el prefecto Eric Morvan acudieron a París en abril pasado para testificar en favor de Molle-Haran y Etxeberri mientras que Lakua «no envió ningún mensaje de apoyo o simpatía».

También en la relación con el Gobierno español hubo discrepancias entre estas dos partes. Los Artesanos detallan cómo Lakua contactó con el Ejecutivo Rajoy para trasladarle detalles de lo que iba a ocurrir el 8 de abril, delatando cierta obsesión en intentar mover su posición, cuando se sabía absolutamente contraria a facilitar el desarme. «A fin de cuentas, parece que el Gobierno Vasco creyó más al Gobierno español del PP que a sus interlocutores de los Artesanos de la Paz», lamentan. Se produjeron asimismo filtraciones a la prensa que se atribuyen al Ejecutivo de Gasteiz.

En el momento final previo al desarme del 8 de abril de 2017, Lakua trasladó tres demandas de calado: adelantar ocho días el acontecimiento, supuestamente para limitar el tiempo de presión mediática y política una vez que la fecha se había anunciado; eliminar la presencia de observadores, que los Artesanos veían necesaria para evitar un «esquema de vencedores-vencidos»; y desligar la entrega de las armas de la concentración de Baiona, en un intento aparente de invisibilizar la imagen del apoyo ciudadano. Los Artesanos rechazaron las tres.

«Mentiras inaceptables»

Dentro de lo que ya tildan como «mentiras inaceptables» de la versión registrada por Urkullu en 2019, los Artesanos citan la afirmación de que inicialmente el 8 de abril se planteaba como una manifestación festiva: «Nunca se sopesó algo así. Siempre contemplamos, y así lo manifestamos, una movilización social digna y respetuosa hacia las víctimas y los sufrimientos de cada bando». También niegan tajantemente que en Luhuso pretendieran inicialmente destruir o lavar las armas: «En ningún momento».

Profundizando en este extremo, la versión de Lakua quiso remarcar que su participación se atuvo siempre «a la legalidad». Los Artesanos precisan que había un punto en que ello era imposible: parte del arsenal estaba en viviendas, lo que abocaba a que sus ocupantes fueran detenidos si se facilitaba la localización a las autoridades. Los activistas eran «muy conscientes de ello, pero no nos resignamos, porque preferíamos un desarme que no se atuviese completamente a la legalidad, a que no hubiera ningún desarme». En coherencia con ello, decidieron recuperar ellos mismos ese armamento y llevarlo a lugares cuya localización sí pudiera ser transmitida a los jueces sin consecuencias.

Los Artesanos concluyen de todo esto que Lakua pretende «atribuirse un rol y una aportación que no tuvo en el éxito de este proceso». E insisten en que el desarme llegó a buen término contra la impresión del Gobierno Urkullu de que se trataba de un plan «poco realista, irresponsable y abocado al fracaso».

Etchegaray en su defensa

Uno de los episodios más curiosos y significativos de todo este proceso es la reunión celebrada en Arkauti entre los tres lehendakaris vascos el 6 de abril, a solo dos días de la jornada trascendental de Baiona.

Siempre según el relato de los Artesanos, en ella el secretario de Paz y Convivencia, Jonan Fernández, presenta un documento para que sea firmado por Uxue Barkos y Jean-René Etchegaray además de Iñigo Urkullu. Y Etchegaray muestra su estupefacción al ver que no aparecer una sola mención a los Artesanos de la Paz.

Se sientan a hablar a las 20.00 y en cuatro horas no se llega a un consenso, por lo que las negociaciones continúan el día 7. Finalmente, Lakua acepta incluir una mención muy vaga a «la implicación de la sociedad en su contribución a este fin». Para más inri, los Artesanos denuncian que en el documento de balance de 2019 se incluiría la versión inicial y no la final; es decir, la que no aceptó el presidente de la Mancomunidad Vasca.

En la reunión previa entre ambas partes del 22 de marzo, ya se constata una  «fuerte tensión» puesto que el representante de Lakua –al que no se identifica– expone que los Artesanos «están organizando una verdadera farsa. Están desconectados de la realidad y les guía una ideología activista, una obsesión por la participación (ciudadana)».

En esta escalada de tensión, presiones e incluso amenazas de retirada de su implicación por parte de Lakua, en una nueva reunión entre ambas partes, el 30 de marzo, el representante del Gobierno espeta a los Artesanos: «¡Vais hacia el precipicio y el fracaso de toda la operación!». Y prosigue: «Os lo hemos dicho desde el principio. Lo que va a hacer el PP [en alusión a un acto convocado por la derecha española en Gasteiz contra el de Baiona] es una de las consecuencias de lo que vais a hacer y de vuestra estrategia comunicativa (…) El Gobierno Vasco no estará presente el 8 de abril». El Ejecutivo Urkullu considera que esa jornada «lavará la imagen de ETA».

Las desavenencias continúan incluso tras el desarme. En una décima y última reunión del 12 de mayo de 2017, un mes después, para hacer balance del proceso, Lakua no solo elude reconocer el éxito, sino que acusa a los Artesanos de tratar de imponer «un relato» en este sentido.

Pese a ello, los hechos son los que son, apuntan los artífices representados este lunes por Etxeberri: «El desarme pudo llevarse a cabo, de manera total, ordenada y segura. No se instaló ningún control policial en las carreteras de Iparralde en la mañana del 8 de abril. No hubo detenciones ni incidentes ni citaciones a la Policía o la Justicia en días posteriores. El canal de comunicación organizado entre los Artesanos de la Paz y París funcionó perfectamente y ambas partes cumplieron todos los compromisos asumidos, lo que permitió trabajar en nuevos avances».

 

 

 

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lunes, 16 de diciembre de 2024

La Presencia de Harold Good

Naiz ha dado a conocer información antes no revelada del proceso de desarme llevado a cabo por ETA con el invaluable apoyo de la sociedad vasca así como de observadores internacionales.

Uno de estos últimos, el irlandés Harold Good, se encontraba cerca del lugar en el que fueron arrestados en la localidad de Luhuso quienes más adelante serían conocidos como los Artesanos de la Paz.

Lean ustedes:


Harold Good estaba en las inmediaciones de Luhuso para dar fe de la destrucción del armamento

Harold Good, uno de los protagonistas del proceso de paz de Euskal Herria, ha revelado que estaba en las inmediaciones de Luhuso el 16 de diciembre de 2016, esperando a acudir al día siguiente a la casa de Beatriz Molle-Haran para dar fe de la destrucción de parte del arsenal de ETA.

Maddi Txintxurreta

El reverendo metodista Harold Good fue una de las personas que facilitó el desarme del IRA en Irlanda y, a partir de 2005, se implicó de lleno en la resolución del conflicto en Euskal Herria. Sus aportaciones como hombre de paz son sobradamente conocidas, pero en el libro de memorias que ha publicado recientemente junto al periodista Martin O’Brien, titulado 'In Good time. A memoir', desvela algunas cuestiones que hasta ahora eran desconocidas para la sociedad vasca. Una de ellas es que el 16 de diciembre de 2016 estaba en las inmediaciones de Luhuso, aguardando a que amaneciera para acreditar como testigo independiente la destrucción de parte del arsenal de ETA, loable tarea que la operación policial evitó.

Hecho el spoiler, merece la pena navegar en las memorias del religioso irlandés y comprender su visión sobre el proceso vasco del que fue protagonista. Por tanto, veamos cómo llegó Harold Good a la situación de encontrarse atemorizado en un caserío de Lapurdi, sin comprender aún que aquel día sería crucial para, finalmente, poder levantar los pulgares el día del desarme.

De un premio, un puente

Mucho antes de que Harold Good se implicara en la causa vasca, otro sacerdote irlandés, Alec Reid, hurgaba en el camino a la paz con viajes a Euskal Herria y conversaciones con líderes de ETA. Era reservado y cuidadoso, tanto con su labor en Euskal Herria como con el conflicto en Irlanda del Norte. Junto con Good, fue una figura clave para encaminar la historia de su país hasta diciembre de 2005, cuando ambos sacerdotes dieron fe del desarme del Ejército Republicano Irlandés.

Ese acto histórico, con el que tanto ganó Irlanda, fue precisamente lo que acabó con la privacidad de Good y Reid. Todo cambió para los religiosos irlandeses, ya no pudieron esquivar el foco mediático, pues todo tipo de medios de comunicación internacionales quisieron contactar con ellos para saber más de los búnkeres del IRA. «Pero no había tanto interés sobre ello en ningún lugar como en el País Vasco», apunta Good.

Fue en diciembre de ese mismo año cuando los reverendos recibieron «la llamada potencialmente más significativa de todas», rememora el de Derry en su libro. Venía de la oficina del lehendakari Juan José Ibarretxe y les anunció que se les entregaría el premio René Cassin. El reconocimiento fue la excusa para que Good visitara por primera vez Euskal Herria y, ya en Bilbo, comprobaría aquello por lo que tendería un puente constante con este país: sus ansias de paz.

Pocos meses después, en marzo de 2006, después de que ETA anunciara un alto el fuego permanente, varios ciudadanos y ciudadanas gritaron «eskerrik asko!» a Good y Reid cuando estos paseaban por Bilbo. «Si bien muchos ciudadanos de España y algunos de dentro del propio País Vasco no habrían compartido estos sentimientos, ese día me sentí como si estuviera caminando con un héroe nacional», confiesa Good, que halaga al compañero que respondía a los vítores alzando el pulgar. El reverendo metodista atesora este momento con tal cariño que lo mencionará en su discurso del 8 de abril de 2017 en Baiona, cuando el desarme se convirtió en un hecho.

Pero no nos adelantemos, la historia no llegó rodada a aquel día, hubo de pasar hartos obstáculos por el camino. De hecho, en una reunión que mantuvo Good con el secretario general del PP vasco, Carmelo Barrios, el irlandés confirmaría que no todo el mundo compartía la hoja de ruta que arduamente defendía su compañero Reid. Le transmitió su voluntad de facilitar una conversación entre el partido que para entonces ya había caído a la oposición en Madrid, y un representante destacado del Partido Unionista Democrático (DUP) de Irlanda. No era ningún experimento: según revela en el libro, ejerció de canal de comunicación entre el DUP y Sinn Féin y facilitó reuniones secretas en su casa entre Martin McGuinnes (Sinn Féin) y Jeffrey Donaldson (DUP), cuando la DUP mantenía la política de no hablar con la formación soberanista. Esos encuentros ayudarían a crear el histórico gobierno codirigido por el unionista Ian Paisley y McGuinnes.

«Le expliqué que [el DUP] era un partido que compartió y comprendió la renuencia del PP a comprometerse con representantes de una organización proscrita, pero que estaba dispuesto a compartir algunas experiencias positivas recientes derivadas de su compromiso con el Sinn Féin», cuenta Harold Good. Después de la reunión, le remitió una carta donde enfatizaba sus opiniones y la propuesta. No recibió respuesta por parte del representante del PP.

La cerrazón del PP continuó intacta cuando, con Mariano Rajoy, regresó a Moncloa en 2011. Good, religioso con dilatada experiencia en resolución de conflictos, no solo en Irlanda y Euskal Herria, también en Colombia con las FARC, señala que el Ejecutivo español, «profundamente conservador, no estaba interesado en un compromiso serio con ETA, incluso después de haber declarado un alto el fuego, había prolongado el conflicto».

Miedo a ser detenido

Good no estuvo involucrado en la primera acción para el sellado de armamento que ETA llevó a cabo en febrero de 2014 y que el Gobierno español calificó de ejercicio teatral. Sin embargo, después de haber aceptado ayudar en la resolución del conflicto «de cualquier manera que pudiera» y de haber visitado Euskal Herria varias veces, confiesa que no le sorprendió en absoluto cuando finalmente le llegó la invitación y se encontró una vez más en un avión a Euskal Herria. «Pero esta vez fue a Biarritz, en la región vasca del sudoeste de Francia, con la que yo estaba menos familiarizado», detalla.

Sí le sorprendió que le fuera prohibido llevar consigo su teléfono móvil o cualquier otro dispositivo electrónico que pudiera ser rastreado. Quien sería su anfitrión en su corta estancia en Lapurdi le entregó un móvil con un número diferente para que su identidad estuviera protegida. «Me llevó a una cómoda casa rural con un dormitorio bien escondido al que me devolvería después de la finalización del acto», cuenta el reverendo protestante. Estaba previsto que aquel acto, que pretendía ser un hecho irrevocable tras el final de la lucha armada de ETA, se realizara a la mañana siguiente.

«Se me explicó que muy temprano a la mañana siguiente, en presencia de un pequeño pero representativo grupo de ciudadanos locales honrados, junto conmigo y otro sacerdote como testigos independientes, se llevaría a cabo la destrucción física de armas de miembros de ETA que iban a ser llevadas a esa discreta ubicación rural», revela Harold Good. Habla, evidentemente, del acto de destrucción de armas el 16 de diciembre de 2016 en Luhuso, que acabó con la detención de cinco artesanos de la paz: 'Tetx' Etxeberri, Mixel Berhokoirigoin, Beatrice Molle-Haran, Michel Bergougnan y Stéphane Etchegaray.

Sin embargo, el anfitrión de Good recibió una llamada urgente aquella noche: «Lo que se desplegó entonces fue un drama tan bizarro como inútil. Un grupo combinado de Policía antiterrorista francesa y española se había desplegado en el caserío en el que se iba a proceder al desmantelamiento y había detenido a ese grupo de ciudadanos respetados y de confianza».

Detenidos los artesanos de la paz, la destrucción del armamento que Good debía supervisar nunca ocurrió. Y, a pesar de que permaneció en la casa en la que había sido alojado, el irlandés tenía miedo de que los policías fueran a por él. «Me convencí de que no era lo suficientemente importante como para ser un hombre buscado, mientras temía que todos los vehículos que pasaban pudieran ser las fuerzas de seguridad que venían a arrestarme. ¡Apenas dormí nada!», recuerda.

Ningún policía vino a buscarlo, no vio que los vehículos disminuyeran su velocidad sospechosamente, ni aporrearon la puerta de la casa donde se encontraba. Harold Good pudo subirse en Biarritz al avión que lo llevaría de regreso a su país.

Pulgares arriba

Good intuía que, después de lo ocurrido en Luhuso, el desarme definitivo no tardaría en llegar. No se equivocaba. El día escogido fue el 8 de abril de 2017, gracias al trabajo de los artesanos de la paz, que cumplieron su acuerdo con ETA y además lograron el compromiso del Gobierno francés de no entorpecer la operación.

Llegado el día, cómo no, el arzobispo viajó a Euskal Herria. Conoció al enconces arzobispo Matteo Zuppi, ahora cardenal y mediador del Papa por la paz en Ucrania y candidato a sucederlo en el cargo. Coincidió con integrantes de la Comisión Internacional de Verificación (CIV), entre ellos Ram Manikkalingam, con experiencia en el conflicto de Sri Lanka, y con su amigo Chris Maccabe.

Fueron él y Zuppi los encargados de recibir los archivos y carpetas que contenían inventarios del armamento y de entregárselo a Manikkalingam, el presidente de la CIV. «Pensé en el día en que el Padre Alec había susurrado en mi oído –recoge Good en su libro–: 'El último arma sale de la política irlandesa'. ¡Cómo se habría regocijado también en este momento!».

En el memorable discurso –improvisado, confiesa– que ofreció ese día ante 20.000 personas en Baiona también se acordó de su compañero Reid, que falleció en 2013. Contó cómo varias personas le agradecieron su labor tras el cese del fuego de 2006, y cómo Alec Reid les respondió con los pulgares arriba. «Me agrada pensar que hoy está mirándonos a todos nosotros con los dos pulgares hacia arriba», expresó. Asegura que nunca olvidará que, en ese momento, 20.000 personas respondieran con este mismo gesto. «¡40.000 pulgares arriba por Alec!», celebra; 40.000 pulgares apuntando a la paz en Euskal Herria.




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domingo, 15 de diciembre de 2024

El Palacio de "Los Baskos"

Como es bien sabido la diáspora vasca en Argentina está muy bien identificada, a diferencia de países como México donde la identidad se ha diluido.

Desde la capital de ese país traemos a ustedes este artículo que versa acerca del edificio que fue sede del centro Laurak Bat.

Aquí la información:


El Palacio de los vascos que se convirtió en escuela

De líneas afrancesadas, el Palacio se imponía con su diseño y una singular cúpula en la esquina.

Mario Minervino

Hace 116 años, en diciembre de 1908, se abrió la licitación para construir el llamado “Palacio de los Vascos”, monumental edificio a ubicarse en Brown y Villarino, el cual serviría de sede social de la agrupación Laurak Bat.

Entusiasmados por disponer de una sede propia acorde al crecimiento del centro vasco, sus dirigentes decidieron levantar un ambicioso edificio, el cual incluía amplias dependencias y dos canchas de pelota a paleta, deporte característico de ese pueblo.

La convocatoria para la construcción fue un éxito: participaron 18 empresas, entre ellos Pedro Cabré Salvat, Andrés Lista, José Rión, Antonio Gerardi, Gerardo Pagano y Félix Tanera.

La obra fue finalmente adjudicada a Pedro Cabré Salvat y en enero de 1909, los baskos (según se los nombraba en la época) realizaron la colocación de la piedra fundamental, con un concurrido acto al que concurrieron caminando en caravana desde la casa Elbar y Torres, en Brandsen y Soler.

“Hago votos por que este edificio sea el lazo de unión de todos los vascos”, se dijo en la ocasión.

La obra empezó a buen ritmo y en poco más de un año se anunció su inauguración con un par de partidos de paleta. Pero el final no fue el mejor. Las deudas contraídas durante la edificación y los avatares propios de la economía hicieron que la sociedad vasca no pudiese quedarse con el inmueble, que pasó manos de uno de los bancos acreedores.

Poco después, la sociedad vasca puso en marcha una nueva construcción en Lavalle y Lamadrid, la cual ocupa desde 1914.

El fallido palacio fue alquilado en 1921 por la Dirección de Escuelas de la Provincia y allí funcionó durante medio siglo la Escuela Normal Mixta, hasta 1971, cuando se mudó a nuevas dependencias en calle 11 de Abril al 400.

El 1973 el histórico edificio fue demolido por los nuevos propietarios. Un estacionamiento vehicular ocupa desde hace años el lugar.

 

 

 

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Goian Bego Koldo

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes información acerca del sensible fallecimiento de Koldo Anza, hermano del represaliado político vasco Jon Anza, víctima de desaparición forzada en el estado francés.

Adelante con la lectura:


Fallece Koldo Anza, hermano de Jon Anza y extrabajador de la Real

Koldo Anza, antiguo gerente de la Real Sociedad y hermano de Jon Anza, expreso vasco que fue hallado en la morgue del hospital de Toulouse once meses después de su desaparición en extrañas circunstancias, falleció este viernes. Anza entró en la Real en 1980 y fue trabajador del club durante 41 años.

La Real ha informado este sábado de que Koldo Anza, exgerente del club y hermano de Jon Anza, expreso político que fue hallado en la morgue del hospital de Toulouse once meses después de su desaparición en extrañas circunstancias, falleció este viernes.

Anza entró en la Real en 1980, empezó de jardinero en Atotxa y fue responsable de las instalaciones de Zubieta y Anoeta. Fue trabajador del club donostiarra durante 41 años y se jubiló hace dos años, en 2022. Ya en 2012, Anza fue reconocido por la entidad txuri-urdin con la entrega de la Insignia de Oro y Brillantes en un acto conmemorativo para aquellos trabajadores y trabajadoras que habían alcanzado o superado los 25 años de trabajo en la Real.

El día de su jubilación, Anza fue homenajeado en el mismo césped de Anoeta por los jugadores y miembros del equipo, momento con el que la Real se ha querido despedir del que fue su trabajador durante casi medio siglo.

El club, además, ha emitido una nota lamentando el fallecimiento de Koldo. «Sentimos mucho su muerte y queremos enviar nuestro más sentido pésame a todos sus familiares y seres queridos». El primer equipo lucirá brazaletes negros en el partido frente a Las Palmas (este domingo, a las 18.30, en Anoeta), en el que se guardará también un minuto de silencio.

Antes del último entrenamiento de la semana, el primer equipo masculino también ha guardado un minuto de silencio en recuerdo de Koldo Anza. Para muestra del cariño que se había ganado Koldo en la Real, Imanol Alguacil ha empezado su rueda de prensa enviando un mensaje a la familia Anza y agradeciendo todo lo que hizo por la Real: «Tal y como sabéis, ha fallecido Koldo Anza. Por mi parte, dar el pésame a la familia y muchas gracias Koldo, personas como tú hacen grande a la Real. Muchas gracias por tu ayuda».

Toda una vida de lucha para hacer justicia

Koldo Anza era hermano de Jon Anza, militante que fue hallado en la morgue del hospital de Toulouse once meses después de su desaparición en extrañas circunstancias en 2009. Cuando Jon llevaba dos meses desaparecido, Koldo dio una entrevista a GARA para tratar de explicar el sentir de la familia Anza y remarcaba que este hecho lo enmarcaba «como otra etapa de guerra sucia».

Koldo, junto a toda su familia, luchó para que se esclareciese la muerte de su hermano –que el 17 de abril de 2009 cogió un tren con destino Toulouse y nada más se supo de él hasta que fue hallado en una morgue del hospital de Toulouse once meses después– y hasta pusieron una querella contra el Estado francés.

Sin embargo, en 2015, el Tribunal de lo Civil de París desestimó la demanda por daños y perjuicios de la familia de Jon Anza al considerar que hubo alguna «irregularidad» pero no «faltas graves» por parte de los servicios policiales y de la Fiscalía en la investigación de la desaparición del militante donostiarra. La decisión fue recibida con estupor por la familia.

Hace cinco años, cuando se cumplieron diez años desde la desaparición de Jon, la familia Anza, incluido Koldo, hablaron con NAIZ e incidieron en que la desaparición y la muerte de Jon fue «una cuestión política».




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sábado, 14 de diciembre de 2024

324 Años de Castigo Añadido

A Madrid poco le importa involucrarse en el componente que le corresponde con respecto al proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción iniciado por ETA hace más de una década.

Lo anterior queda de manifiesto con esto que se denuncia desde el portal de La Haine pues continúa obstaculizando la reinserción del colectivo de presos políticos vascos.

Lean lo que se nos informa:


En los dos últimos meses al menos 10 presos políticos vascos han recibido altas condenas de prisión

La Audiencia Nacional Española ha abierto varias causas de hace décadas para sumar un total de casi 324 años de cárcel a las condenas de estos presos políticos.

Durante los meses de Octubre y Noviembre los casos represivos contra los presos políticos vascos no han cesado. La Audiencia Nacional Española se ha dedicado a abrir varios casos de hace décadas, ya que ETA organización donde estos presos políticos militaban abandono la lucha armada hace 13 años. Sin embargo la represión contra sus antiguos militantes no cesa a día de hoy, cuando cientos de ellos siguen encarcelados y varios suman nuevas condenas como se puede observar a continuación.

A finales de Noviembre los ex presos políticos vascos Imanol Miner Villanueva, Asier García Justo, Jon Zubiaurre y Patxi Xabier Macazaga fueron condenados a 74 años y cuatro meses de prisión por la Audiencia Nacional Española. El juez les atribuyó una acción armada contra dos periodistas Aurora Intxausti, de El País, y Juan Palomo, de Antena 3 que tuvo lugar el 10 de noviembre del año 2000. Anteriormente todos ellos ya habían cumplido 30 años de cárcel debido a su militancia.

El 12 de Noviembre comenzó el juicio por el cual condenaron a los presos políticos vascos Asier Arzalluz y Aitor Agirrebarrena a 30 años de cárcel. A los dos les atribuyeron la ejecución de José Luis de Lacalle, columnista en el diario El Mundo, que tuvo lugar el 7 de enero del año 2000. Asier Arzalluz y Aitor Agirrebarrena se encuentran secuestrados en las prisiones de Basauri y Martutene y ambos cumples condena desde que fueron detenidos en el año 2002. Posteriormente el estado francés los entrego al estado español en 2009. Durante el juicio el magistrado los criminalizo argumentando que ninguno de los dos integrantes del 'comando Totto' han mostrado en los últimos 22 años "ningún signo de arrepentimiento o de disculpa". Ademas la sentencia obliga a abonar a los familiares del ejecutado una indemanización de forma conjunta y solidaria de 300.506 euros.

El 8 de Noviembre la Audiencia Nacional Española impuso una condena de 110 años a la presa política vasca Miren Itsaso Zaldua bajo la acusación de haber llevado a cabo algunas acciones contra varias empresas en 2002. Concretamente se le acuso de atacar al Corte Inglés de Zaragoza y las sedes de las empresas Uvesa y Ultracongelados Virto, en Nafarroa. Itsaso Zaldua cumplió condena en el estado francés de 2005 a 2017 por pertenencia a ETA y en julio de 2020 volvió a prisión esta vez en el estado español y de forma provisional.

El 28 de octubre la Audiencia Nacional Española condeno a la ex presa política vasca Ainhoa Garcia Montero a 26 años y 9 meses de prisión. A Ainhoa le acusaron de llevar a cabo la ejecución del presidente de Adegi la cual tuvo lugar el 8 de agosto del año 2000. Por esta misma acción armada ya habían sido condenados dos militantes vascos años atrás, los cuales recibieron penas de 25 y 27 años de cárcel. Ainhoa Garcia ya había cumplido 22 años de cárcel en el estado francés anteriormente.

A mediados de Octubre la Audiencia Nacional Española impuso una condena de 26 años y 9 meses de cárcel a los presos políticos vascos Iurgi Garitagoitia Salegi y Joanes Larretxea Mendiola. A los dos les atribuyen una acción armada que tuvo lugar el 30 de octubre de 2008, hace casi 16 años. Aquel día un coche explosiono en la Universidad de Nafarroa. Además de las penas de cárcel, el tribunal impone a los procesados que indemnicen de manera conjunta a la Subdirección General de Ayudas a Víctimas del Terrorismo con una cifra en 135.103 euros. Los dos antiguos miembros de ETA fueron detenidos y encarcelados en 2009 al cruzar la muga y ya recibieron altas penas de prisión por otras acciones que llevaron acabo durante su militancia. Por lo cual ya llevaban 15 años secuestrados por el estado antes de recibir estas condenas.




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Las Infancias Vascas del '37

En días recientes se estrenó en la plataforma Netflix la película italiana 'Il Treno dei Bambini' en la cual se relata la iniciativa ocurrida en la Italia de la posguerra cuando el Partido Comunista organizó los llamados "trenes de la felicidad", o sea, viajes para los niños del sur de la península que eran llevados a pasar temporadas con familias en el norte, todo con la finalidad de aliviar las duras condiciones económicas que sufrieron miles de familias italianas tras la derrota de las potencias del Eje.

En dicho filme, sorpresivamente, los comunistas italianos son retratados de forma objetiva.

Dicha producción cinematográfica debiera servir de inspiración para que se lleve a la pantalla la saga de las infancias vascas que durante el levantamiento militar fascista fueron evacuadas como medida preventiva ante el brutal salvajismo con el que se conducían las tropas bajo el mando de Emilio Mola y Francisco Franco.

Ahora bien, dicha película no debe ni puede ser dirigida por un cosmopaleto como Koldo Serra, quien, contando con los recursos necesarios, perpetró en contra de la memoria del pueblo vasco su tratamiento del bombardeo de Gernika.

Volviendo al tema de las infancias vascas, esas a la que la escritora vasco-estadounidense Dorothy Legarreta bautizase como 'La Generación Gernika', nos complace traer a ustedes esto que nos informa Radiocable:


La dureza del exilio de los niños vascos en 1937 contada en dos comics

Utilizar dibujos y viñetas para contar el horror y recuperar la memoria de lo que vivieron las víctimas de la Guerra Civil se ha convertido casi en una tendencia y ahora se han publicado dos nuevas obras que relatan en particular el exilios de niños vascos en 1937. Bajo el título «Memorias del exilio», Begoña Garrido y Oskar Gorroño han recuperado las historias de menores obligados a abandonar España en 1937 y por su parte, «Habanako Umeak» de Aitor Urkiola «Brontze» cuenta la historia de 900 niños de Sestao que fueron evacuados en barco ese mismo año a la URSS, Inglaterra o Bélgica.

“Todas las familias del País Vasco tienen algún caso de niños exiliados en la guerra”, explica Begoña Garrido en un artículo de El País donde detalla el origen y el trabajo detrás de «Memorias del exilio. Los niños vascos del 37″. Se trata de un comic que ha publicado con el ilustrador Oskar Gorroño donde se recopilan y trasladan a imagen los testimonios en primer persona de varios niños de entonces.

Algunos historiadores cifran en 32.000 los menores de edad que fueron obligados a exiliarse solo en el País Vasco entre abril y junio de 1937. Sin embargo se trata de historias sobre las que hasta ahora apenas se había puesto el foco. Varios proyectos están ahora sin embargo intentando arrojar luz sobre estas y otras pequeñas historias vividas durante la Guerra Civil para que no se olviden. Y el comic o novela gráfica están jugando un papel destacado en esta tendencia de recuperación de la memoria histórica.

Así el dibujante Aitor Urkiola «Brontze» también ha publicado «Habanako Umeak» donde cuenta en viñetas la dura historia de más de 900 niños de Sestao que fueron evacuados en 1937 en el Vapor Habana a destinos como la Unión Soviética, Inglaterra o Bélgica. El comic ha sido impulsada por la Gogoan Sestao, una asociación para la recuperación de la memoria histórica, que documenta desde hace una década lo que se vivió durante la Guerra Civil en esta localidad vizcaína. Tele7 ha entrevistado a su autor.


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Egaña | Mikel Salegi, en el Cobijo de la Memoria

Un importante ejercicio de memoria de la pluma de Iñaki Egaña quien nos comparte este texto acerca del asesinato de Mikel Salegi Urbieta en su perfil de Facebook:


Mikel Salegi, en el cobijo de la memoria

Iñaki Egaña

Aquel nefasto 18 de diciembre de 1974, Mikel leía en la prensa matutina una noticia extraordinaria. Como a todos nosotros, el drama humano nos encogía el corazón desde días atrás. Una familia de abuelos suizos, había sobrevolado la selva amazónica en Perú, desapareciendo sin dejar rastro. Nueve hijos y sobrinos de los Zender, de corta edad, se habían esfumado entre la niebla que cubría las copas de los árboles del caucho, las bromelias y las ceibas. No había pista alguna de los niños, tampoco del piloto, un joven de apenas 24 años. Y Mikel leyó apresurado la noticia porque la radio la había salpicado la víspera de que de los nueve niños que viajaban en la avioneta, seis habían sobrevivido, junto al piloto, alcanzado por su pie, la población de Izcocazín.
Como en todas las historias de supervivencia, la crónica se detenía en una heroína, Gladys Zender, que a sus 16 años había repartido los caramelos que llevaban para el viaje entre sus hermanos y primos, y luego, al agotarse, recopiló raíces, cortezas y frutos silvestres para alimentarse, poniéndose en marcha por la orilla de un pequeño riachuelo. A algún lugar les llevaría, hasta que finalmente alcanzaron, una semana después, Izcocazín. El mundo suspiró endulzado cuando conoció el final feliz. Con el tiempo, Gladys desapareció de la historia. El año pasado, una historia similar se volvió a repetir, esta vez en la Amazonia colombiana, cuando cuatro niños de la familia indígena Mucutuy, sobrevivieron 40 días tras un accidente de aviación.
Noticias de este tipo nos desviaban la atención de un escenario complicado, acogotado en aquella época por la guerra en Vietnam y sus titulares diarios. Necesitábamos, entonces y ahora, paréntesis de esa traza, para aliviar esa tremenda carga que ofertaba el lado más oscuro de la naturaleza humana, guerras, dictaduras, brechas sociales… Para reafirmar, por el contrario, esa condición eterna de que en cualquier parte del planeta, éramos capaces de descubrir, emocionados, la otra cara de la humanidad, la solidaridad y el halo por la supervivencia que nos hizo progresar como especie.

No soy capaz de adivinar certeramente el influjo que produjo la lectura de la aventura selvática de Gladys en el ánimo de Mikel. Pero, al menos y a pesar de la lejanía, me atrevo a conjeturar que, como a cualquiera de nosotros, un soplo de aire fresco, de alivio, le recorrió el semblante. Es lo mismo que yo hubiera sentido en su lugar. Y a fin de cuentas, no somos tan diferentes los unos de los otros. Un mismo entorno, una cultura similar y unas pasiones cercanas matizadas por nuestra condición humana. Una comunidad.

Al margen, había otro hecho que marcaba aquel 18 de diciembre. Mikel y sus compañeros de trabajo en el Instituto Social de la Marina habían preparado para ese noche una cena de confraternización. Por lo que, también supongo en esta ocasión, el ánimo de Mikel era excelente. Con 21 años la vida se muestra excelsa, a pesar de las circunstancias y de esas historias de guerra, cárcel y exilio que había vivido décadas atrás la familia Salegi. Como el tiempo que circula en una única dirección, siempre hacia adelante, los latidos de la juventud tienen la cadencia del futuro.

Esa noche, sin embargo, los colores de la vida de Mikel se desvanecieron sin apenas percibirlo. Nunca sabremos cómo advertimos ese cruce de la frontera entre la luz y la oscuridad, cuando el último aliento languidece. Mikel lo supo por un instante, sin tiempo a contárnoslo. Fueron 18 impactos de bala los que acabaron con su recorrido vital, los que segaron su juventud, apenas cinco años más que los de Gladys, la heroína al otro lado del Atlántico. Un control de guardias civiles, los mismos que Federico García Lorca había versado “con sus almas de charol vienen por la carretera”, apostados en Errekalde, a la entrada de Donostia, amartillaron sus armas. Y dispararon. “Tercos fusiles agudos, por toda la noche suenan”, escribió el poeta.

La vida volvió a su lugar, al blanco y negro asignado por la dictadura y la inquinidad no tuvo límites. Ni siquiera una nota de prensa, una versión maquillada. Mikel sólo existió en un par de esquelas, con una única expresión permitida: “falleció en trágico accidente”. Para los medios, bajo la batuta de Pío Cabanillas, director del ramo, Mikel no constaba. Ni en vida, ni en muerte. Fue borrado de la fotografía de la ciudad. Que, por cierto, asistió a las dos caras de una moneda trucada. Mientras los fieles a la misa en la catedral del Buen Pastor alababan a la dictadura y al fascismo, en el primer aniversario de la muerte de Carrero Blanco, en Santa María, la Policía apaleaba tanto en el interior como en el exterior de la iglesia a compañeros y amigos de Mikel que asistieron a su último adiós. De nuevo pavor y horror, miedo y terror. “Y otras muchachas corrían perseguidas por sus trenzas, en un aire donde estallan rosas de pólvora negra”, nos dejó Lorca.

Ha pasado medio siglo. Lluvia y sequedad, nieve y canícula. Han circulado en estos 50 años tantos acontecimientos que se me escapan a esa memoria que, con la edad, se va fragilizando. Murió el dictador, fue nombrado monarca aquel que agasajaba a Martín Villa. Y la Transición consiguiente fue un fraude. Decenas de miles de protagonistas franquistas se acostaron una noche exaltando al fascismo, y a la mañana siguiente se despertaron demócratas. No fue una paradoja, sino un truco de magia política. Continuaron los controles, y como a ti Mikel, acribillaron a balazos a Gonzalo Pequeño en Sestao, a Efrén Torres en Barakaldo, a Emilio Fernández en Elorrio, a Marian Barandiaran en Gasteiz, a Mikel Arregi en Etxarri, a Marcelo Gartziandia en Lasarte… me tiembla el pulso, se me cae la lista de las manos. ¿Sabes Mikel que todos sus verdugos quedaron impunes? Los lejanos Zender quedaron en un recorte de periódico. Mikel, más cercano y en cambio, en nuestro refugio de la memoria, donde se revela nuestra fortaleza colectiva y emocional.

 

 

 

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martes, 10 de diciembre de 2024

¿Existen Quienes Torturan?

En el aniversario 51 de la Declaración de Derechos Humanos de la Organización de la Naciones Unidas y mientras se cumplen ya 14 meses del incesante y brutal bombardeo a la población civil palestina de Gaza por parte del ente sionista, les compartimos este texto publicado por Resumen Latinoamericano:


Las víctimas de la tortura ya existen ¿Y sus perpetradores?

Iratxe Urizar y Agus Hernan | GEBehatokia-Obervatorio Vasco de Derechos Humanos

Se cumple este año el 51 aniversario de la declaración, el 10 de diciembre, por parte de Naciones Unidas, del Día Internacional de los Derechos Humanos, Una fecha que ha adquirido centralidad en Euskal Herria. Desde el Euskal Herriko Giza Eskubideen Behatokia, entidad que reinicio su actividad el pasado mes de febrero y se presentó en sociedad el 29 de junio en el Palacio de Miramar, queremos aportar con esta ocasión elementos de reflexión. Este primer año centradas en el tema de la tortura y la grave vulneración de derechos humanos que ha supuesto en la historia reciente de nuestro país.

No cabe duda, y así debe ser afirmado, que en el campo de los derechos de las víctimas de tortura y en el contexto del conflicto vasco, han sido muy reseñables los avances que se han venido dando. Desde el anuncio de la organización ETA en 2011 de abandonar la actividad violenta, se ha dado también una paulatina desaparición de la práctica de la detención incomunicada y, con ella, de la propia tortura en el ámbito de los operativos policiales en aplicación de la ley antiterrorista. Podemos constatar, por tanto, que la tortura fue una práctica íntimamente vinculada a las medidas y políticas antiterroristas.

Las víctimas de la tortura han venido sufriendo una falta de reconocimiento oficial (y de hecho, el mismo acto de denunciar haber sufrido torturas durante la detención, era utilizado como indicio de culpabilidad y sospecha de pertenencia a banda armada) y un tratamiento en completa asimetría respecto a otras víctimas. Asimetría que, si bien es constatable aún a día de hoy, comienzan a vislumbrarse normativas en la dirección correcta.

Los primeros pasos en el sentido del reconocimiento a estas víctimas fueron dados de la mano del Instituto Vasco de Criminología, con un informe que constataba, avalado por la práctica del Protocolo de Estambul, que 4.311 personas en la Comunidad Autónoma Vasca y otras 1.068 en la Comunidad Foral de Navarra habían sido sometidas a tortura en el periodo de tiempo comprendido entre 1960 y 2014. Fue desde luego demostrativo de la dimensión de esta práctica (debemos tomar en cuenta que la población total del País Vasco solo es algo superior a los 3.200.000 de personas. Además, muchos no quisieron participar de este informe, desconfiados por el maltrato institucional que llevaban años sufriendo, por no querer revivir un episodio tan traumático, por falta de información o porque habían fallecido en el momento de la realización del mismo), terribles números que llamaron la atención del CAT (Committee Against Torture) en su último examen a España llevado a cabo en la sede de la ONU en Ginebra el pasado julio de 2023. Al tener conocimiento de este informe, el Comité solicitó al Gobierno español que estos casos fueran investigados, sin que a día de hoy hayan sido dados pasos en este sentido. En efecto, la jurisprudencia del Tribunal de Derechos humanos establece ya una sistemática inactividad investigatoria en los casos de tortura bajo incomunicación antiterrorista y, derivado de ella, falta de esclarecimiento de hechos y sus responsabilidades. Son ya 11 casos en que el Alto Tribunal Europeo ha condenado a España por no investigar denuncias de torturas, lo cual puede considerarse, ya que establece un patrón sistemático.

Falta de investigación en los casos de tortura también recogida en recomendaciones y decisiones de diversos órganos de Naciones Unidas (Exámenes Periódicos Universales, informes de Relatores Especiales tras visitas, así como quejas individuales avaladas por el Comité contra la Tortura, Comité de Derechos Humanos, etc.)… Falta de investigación que muy a menudo ha venido acompañada de, además de la impunidad hacia los perpetradores, de legitimación y glorificación de gravísimas vulneraciones de derechos humanos atribuibles al Estado. Algunos responsables políticos e institucionales han venido realizando declaraciones que no solo enaltecen y legitiman el hecho de haber torturado, sino que humillan o insultan a sus víctimas, revictimizándolas.

Si bien llama la atención la absoluta inacción del Estado español en este tema siendo como es, además el principal perpetrador, las instituciones vascas y navarras han aprobado en los últimos años la Ley vasca 12/2016 y la Ley Navarra 16/2019 Están empezando a evaluar testimonios de las personas torturadas y víctimas de otros tipos de violencia ejercida por el estado (desapariciones, muertes, secuestros, heridos) y ya se están dando los primeros reconocimientos, 461 en total a día de hoy.

Los últimos 93 reconocimientos acaban de darse por parte de la Comisión en el Parlamento de Gasteiz este pasado octubre. La tipología de las víctimas reconocidas es variada: torturados, muertos por la Guardia Civil o la Policía Nacional española, otros asesinados o gravemente heridos por los GAL, el Batallón Vasco Español u otros grupos parapoliciales.

Uno de los reconocidos ha sido José María Larretxea Goñi, que sufrió un intento de secuestro y lesiones graves en 1983. Este caso de secuestro fue ordenado por el exministro español José Barrionuevo, algo que él mismo reconoció en una entrevista concedida al diario El País. A pesar de que indudablemente van dándose avances y las víctimas van logrando reconocimiento, no podemos, sin embargo, reivindicar el derecho que tienen a saber la verdad. El derecho a la verdad que ampara no solo a la víctima sino a la sociedad en su conjunto. Son víctimas, pero ¿dónde están los victimarios?; ¿dónde los autores materiales?; ¿dónde los responsables últimos? Las víctimas no tienen forma de perseguir a sus perpetradores, que permanecen impunes, cuando no premiados o promocionados.

Pero es que, además, la detención bajo régimen de incomunicación que ha sido demostrada como premisa necesaria para que la tortura sea posible, si bien no se aplica, puede ser aplicada cuando así se decida, ya que el artículo 509 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal español, que la hace posible, no ha sido derogado, condición sine qua non para poder atender al principio de no repetición de las víctimas de tortura.

Los avances están ahí, pero también siguen estando los relatos que justifican y legitiman los crímenes contra las víctimas de la violencia del Estado, como recientemente hemos visto en el caso de Mikel Zabalza. Acabar con las versiones oficiales escudadas en informes y expedientes que a día de hoy continúan secretos y que deben ver la luz.

Debe trabajarse para que esta dinámica de reconocimientos no quede estanca y sea actualizada y adaptada, mejorar el sistema de indemnizaciones y, tal y como la misma Comisión de Valoración solicitaba en la presentación de los últimos 93 reconocidos, abrir un nuevo plazo de solicitudes de reconocimientos, incluyendo también los casos de violencia ocurridos a partir del año 1999.

Entre todos deberemos trabajar para que la última de las «R» de los principios básicos de los derechos de las víctimas de la violencia de estado (reconocimiento, reparación y la garantía de no repetición) sea también implementada cuanto antes. El GEBehatokia nace con esa visión de servir de «fiscalía social» para acompañar a las víctimas del Estado desde la premisa del derecho de todas las víctimas a la verdad, la reparación y también a la justicia.




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domingo, 8 de diciembre de 2024

Egaña | Protocolo Zabalza

Una mirada al terrorismo de estado practicado por Madrid así como de la resistencia del pueblo vasco ante todo ello en este texto cortesía de Iñaki Egaña:


Protocolo Zabalza

Iñaki Egaña

El 30 de julio de 2003, agentes de la DNAT francesa detenían en Cahors a tres militantes vascos. Uno natural de Baiona, que fue condenado a dos años de prisión. Los otros dos de Hego Euskal Herria. Kandido Sagarzazu, de Itsasondo que, tras 12 años en cárceles españolas y francesas, falleció este enero pasado. El otro Mikel Illarramendi, de Oñati que, después del presidio, se estableció y trabajó en Panamá, donde una noche fue asaltado y muerto por una cuadrilla de maleantes, en 2013. En el piso de Cahors, la DNAT encontró 448 kilogramos de clorato sódico, un compuesto químico que se usa como desinfectante y herbicida. También en combinación con el azufre y la sal se forma el explosivo conocido como cloratita, usado desde la década de 1960 por grupos guerrilleros, armados y de liberación de todo el planeta. Incluido ETA.
Esta semana pasada, el grupo policial del que salieron las planchas que ganaron las elecciones sindicales tanto en la Guardia Civil como en la Policía Nacional, ha modificado el relato, para señalar que en aquella operación de 2003 estuvo detenido e implicado Mikel Zabalza, el chofer de autobuses municipales de Donostia que murió en 1985 ahogado en una bañera del cuartel de la Guardia Civil en Intxaurrondo cuando estaba siendo torturado. Zabalza llevaba muerto 18 años, pero las policías lo resucitaron para cuadrar un relato negacionista que va más allá de las ejecuciones extrajudiciales, torturas, malos tratos o controles con el lema “disparar a matar”. El objetivo no es lograr únicamente esa impunidad judicial que la tienen asegurada, sino mantener su estatus de presión, por encima de cualquier institución democrática. ¿Qué informes policiales, peritajes, etc. han realizado en estas últimas décadas esa pléyade de agentes que hoy tergiversan la realidad hasta tal punto de resucitar a un muerto que mataron compañeros suyos?
Me dirán que la aseveración última, que se corresponde con la muerte de Mikel en el cuartel de Intxaurrondo, no tiene soporte jurídico y por consiguiente, tal y como afirmaron ministros del Interior, tanto del PP como del PSOE, y grupos policiales, aquella rocambolesca versión de su huida de Endarlatsa a través del Bidasoa sigue en pie. La versión, sin embargo, ha sido desestimada a pesar de que 12 jueces han sobrevolado sobre el caso. Lo ha sido por dos instituciones del Estado, el Gobierno de la CAV y el Gobierno foral navarro, que reconocieron a Mikel Zabalza como víctima del Estado. Recordar, para los olvidadizos, que según la Ley 7/1981, el lehendakari ostenta la representación ordinaria del Estado en el territorio de la CAV. Es decir, dos máximas instituciones del Estado, reconocen la muerte de Mikel Zabalza. Una tercera, la judicial, la desconoce, al menos de momento, con el aval de la Ley de Secretos Oficiales.
En 2005 y 2021, las conversaciones grabadas entre Juan Alberto Perote, jefe de operaciones especiales de los servicios secretos españoles y el agente Pedro Gómez Nieto en las que reconocían la muerte en Intxaurrondo de Zabalza, no fueron suficientes para desatascar judicialmente el caso. Tampoco lo habían sido las declaraciones de los que fueron detenidos y torturados junto a Mikel. Tampoco el pinchazo en uno de sus pulmones que sugería la inyección de alguna sustancia. Agua con alta dosis de trietanolamina y diatomeas, procedentes de una fábrica 13 kilómetros arriba de donde apareció el cadáver. En Endarlatsa, las trietanolamina y diatomeas eran casi inexistentes. Tampoco las revelaciones de un cazador que vio los movimientos previos a la aparición del cadáver. Tampoco las declaraciones del presidente del PNV que supo un día antes del lugar donde aparecería Mikel Zabalza. Tampoco…
Sin embargo, todas estas cuestiones han servido tanto al Gobierno vasco como al foral navarro para aceptar lo que una tercera institución del Estado se niega a hacerlo. Esta negativa última insufla de impunidad a la muerte de Zabalza (“un crimen que jamás ha existido” decía un usuario de la red X). Salvaron los muebles los que presuntamente acabaron con la vida de Zabalza (los mismos que secuestraron y ejecutaron a Josean Lasa y Joxi Zabala. Enrique Dorado Villalobos habría sido quien sumergió la cabeza del detenido en el agua), los tres agentes que teatralizaron la huida de Endarlatsa (Gonzalo Pérez García, Arturo Espejo y Fernando Castañeda), los médicos del cuartel (Juan Nagore y Eduardo Gómez Pastrana), el responsable del cuartel (Enrique Rodríguez Galindo), el gobernador de Gipuzkoa (Julen Elgorriaga, condenado a 67 años por el secuestro y muerte de Lasa y Zabala), el delegado del Gobierno en la CAV (Ramón Jauregui), el ministro del Interior (José Barrionuevo)…
Pero impunidad significa “falta o ausencia de castigo frente a un hecho delictivo”, lo que, según las organizaciones de derechos humanos, provoca la ausencia de reparación. Sin embargo, esa reparación en el caso de Mikel Zabalza, ha existido cuando los que gestionaron su muerte pertenecían a las instituciones democráticamente elegidas. Su familia fue resarcida económicamente, el reconocimiento social hace tiempo que se dio, el político va camino (con el acto organizado por el Ayuntamiento de Donostia fue el último)… Hay una verdad avalada -tortura y muerte- institucionalmente. Y hay una mentira gigantesca, con resurrección incluida, fiada por los autores y cómplices del asesinato.
Esa mentira se repite una y otra vez cuando se trata de la tortura. Gobierno vasco y navarro han confirmado el hecho sistemático de los malos tratos. Miles de torturados según informes oficiales e institucionales negados por la mayoría de los sindicatos policiales, incluidos los de la Ertzaintza. Cuando Mikel Zabalza fue detenido se estaba celebrando un juicio contra dos agentes acusados de torturas. El juez que las investigó sufrió un atentado parapolicial. Y a Mikel le aplicaron el protocolo habitual para señalar que, por encima de jueces y políticos, la verdad tiene un papel secundario.

 

 

 

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sábado, 7 de diciembre de 2024

Entrevista a Salvador Cardús

A pocos días de haberse celebrado el Día Internacional del Euskera les compartimos esta entrevista publicada por Naiz ya que contiene elementos que consideramos pueden ser de su interés:


«El mecanismo más importante de adhesión a una nación es la lengua»

Salvador Cardús (Terrassa, 12 de junio de 1954) estuvo a mediados de noviembre en Bilbo durante las jornadas organizadas por Telesforo Monzon eLab para abordar la cuestión nacional en un contexto de cambios demográficos.

Iker Bizkarguenaga

Salvador Cardús atendió a GARA en un receso de las jornadas organizadas por TMeLab sobre «adhesión nacional en un contexto de cambio demográfico», donde expuso su punto de vista sobre un asunto que puede ser controvertido pero cuyo abordaje es inexcusable y el modo en que se haga condicionará el futuro de naciones sin Estado, como Euskal Herria y Catalunya, y de las gentes que las conforman.

Su intervención ha abordado el cambio demográfico y la identidad nacional en las naciones sin Estado. ¿Cómo afecta el uno a la otra?

Hay cambios de carácter general que afectan a la cuestión de pertenencia nacional. No es solo el tema de la inmigración, lo podríamos situar también sobre la cuestión de los jóvenes y la identificación nacional, en cómo las redes sociales nos desterritorializan y permiten un tipo de relaciones que se mantienen al margen del espacio y del territorio, de la tradición y de la lengua... Hay desafíos que son de carácter general, de carácter económico, pero en el caso de la inmigración se trata de un desafío especialmente grande.

Por una parte, por la dimensión; en el País Vasco aún no estáis en las proporciones que estamos en Catalunya, donde cuatro de cada diez personas han nacido fuera y probablemente más del 50% de la población vive al margen de la catalanidad o la nación catalana. Algunos ni se han enterado de que existe algo parecido. En los últimos años hemos crecido en un millón y medio de personas en Catalunya, y eso solo son datos fijos, porque para llegar a ese millón y medio ha habido mucho más movimiento. Eso tiene unas dimensiones que provocan desafíos enormes, tanto desde el punto de vista de calidad de vida, de bienestar, porque estas personas suelen estar en condiciones de desigualdad grave, y también de carácter cultural, lingüístico, de concepciones de la vida o de la religión, que suponen un reto.

Tanto Catalunya como Euskal Herria han recibido flujos migratorios muy importantes anteriormente; ¿qué hace diferente el contexto actual?

Hay una cuestión fundamental que es la dimensión jurídica. Cuando llegaban españoles al País Vasco o a Catalunya no tenían el problema de la extranjeridad, que es importante desde el punto de vista formal. Eso no quiere decir que fueran unos movimientos pacíficos; en Catalunya hubo casos de persecuciones policiales y expulsiones de migrantes, que ponían en Montjuïc en una especie de campos de concentración y los llevaban en barco otra vez a Andalucía. Eso existió. En los años de posguerra había control político, ideológico, de gente que había huido de su territorio no solo por razones económicas, también políticas, y que los cogían y los llevaban otra vez de vuelta.

La situación no es que fuera tranquila, pero es verdad que desde el punto de vista jurídico facilitaba las cosas. Ahora nos encontramos en una situación en la que una parte importante de esa inmigración es inmigración sin papeles, o con dificultad para conseguirlos, y el Estado trata muy mal estos procesos, que son larguísimos, y eso crea una burbuja de personas que tienen que buscarse la vida como sea, en el espacio de la economía sumergida, no de la delincuencia, que es algo mucho más minoritario, pero sí de la economía sumergida, y eso provoca problemas.

Esta es una cuestión, la otra es la mayor diversidad. Yo siempre lo había relativizado un poco, porque en Catalunya cuando llegaba población andaluza en los años 50, 60, la diferencia cultural era enorme. Era un choque cultural importante, en todo. No sé si menor a la que hay ahora. Es muy difícil comparar, porque también ahora la mentalidad es mucho más abierta que la que había en la población de recepción en los años 50 o 60. Pero es cierto que hay diferencias de carácter ideológico, religioso, que son mucho más evidentes, y que nos plantean hasta qué punto estas diferencias están creando guetos que mantienen a una parte importante de esa población al margen de cualquier relación con la sociedad de acogida.

El cambio demográfico va acompañado de cambios sociológicos y económicos: precariedad, problemas de conciliación, falta de estabilidad, otras formas de ocio... ¿Forman un todo en conjunto?

Sí. De momento confluyen en la dimensión más negativa. Siempre habíamos pensado que las redes sociales nos abrían ventanas al mundo, como había hecho tradicionalmente la televisión, pero ahora, las redes sociales no digo que no puedan servir para abrir ventanas, pero tal y como se utilizan mayoritariamente, las cierran. Por ejemplo, jóvenes que llegan de otros lugares pueden tener sus propios influencers sin tener ninguna relación con la sociedad de acogida. Por otro lado, las crisis generales que hemos sufrido; la económica de finales de la primera década de este siglo, la del covid, las guerras que han venido después han sido circunstancias que han dificultado o han parado muy buena parte de aquello que llamábamos el ascensor social. La inmigración era un camino de ascenso social, ahora no está tan claro. No sabemos si hay un ascensor social o quedan recluidos en unas zonas muy estancadas.

Cuando hablamos de identidad nacional, ¿hablamos también de la lengua? Si bien la situación de ambas lenguas es muy distinta, hay una preocupación compartida por el descenso en el uso tanto del euskara como del catalán.

Entre todos los mecanismos de adhesión a la nación, de vínculo con la nación, sin lugar a dudas la lengua es la más importante. Si alguien viene a Catalunya o al País Vasco y aprende catalán o aprende euskara la incorporación es casi automática. Y no tiene por qué renunciar a su propia lengua. La lengua es un elemento, en nuestros países particularmente, fundamental para la adscripción. Lo que ocurre es que estamos en una situación de debilidad política, cultural, y no solo no estamos transmitiendo el aprendizaje de la lengua, el conocimiento, tampoco somos capaces de que el uso crezca con el conocimiento.

En las encuestas puede haber en Catalunya un 90% que dice que entiende catalán, que yo no me lo creo, porque en una encuesta la gente intenta quedar bien, y estamos en un 30% de uso habitual de catalán, o de gente que dice que lo usa, porque creo que también es menor. Pero desde mi punto de vista, lo más preocupante es el de los catalanoparlantes que se pasan al español. Y entre la juventud esa es una cosa generalizada. En los patios de los institutos, entre los jóvenes, incluso en un grupo de catalanoparlantes, el paso al español es muy frecuente, y lo es porque los influencers, la música, todo lo que son los instrumentos que el Estado favorece en su difusión, son en español. Entonces, el español pasa a ser la lengua, no solo dominante, sino la lengua franca, la lengua de uso habitual. Y eso supone un cambio cultural importante, que se ha producido quizá en los últimos diez años, y que es grave.

Hablamos de naciones sin Estado. La falta de herramientas políticas y jurídicas, para hacer frente a esos cambios es clave en el debate, ¿no?

Claro. En el espacio nacional español, lo que habría podido ser posible, que sería una expresión de la plurinacionalidad, un reconocimiento de la diversidad, no existe. No es una relación equilibrada, es un tipo de relación que ejemplifica la condición colonial en la que vivimos y que muestra lo que es la potencia de un Estado que muestra quién manda aquí. Por si a alguien se le había olvidado con todo el tema de la Transición, en los últimos años hemos visto lo que es cuando el Estado se siente amenazado. La nación española, que es asimiladora, le molesta enormemente la diferencia, es muy difícil de combatir. En esas circunstancias, no se trata de que los inmigrantes se integren más o menos, es que entran en una estructura de dominación, y cómo les vas a pedir que ellos den la cara si ya nos cuesta a nosotros darla.

El Estado es capaz de obligar por ley, por ejemplo a aprender su idioma, una nación sin Estado no puede hacerlo.

Ni puede por ley ni lo consigue de una manera sutil. En la charla he contado la anécdota reciente de un chico mallorquín que llama a un hotel donde había reservado una habitación para preguntar si tenían parking, y habla en catalán. Y el recepcionista, cuando le habla, le responde «English?». El chico le dice que catalán, y el recepcionista le espeta: «En la recepción estamos dos argentinos, y en Argentina no nos enseñaron catalán», y le cuelga. Eso no te lo imaginas en Francia. Si quien estuviera en la recepción fuera un argentino en Francia, no se atrevería a colgar a alguien porque le está hablando en francés. No es posible, porque el Estado legitima el uso de la lengua.

No es una cuestión de coacción explícita, es una cuestión de coacción implícita, eso que llamamos nacionalismo banal, nacionalismo implícito, de asumir, de saber quién manda aquí, qué lengua es la que manda. El problema es que el Estado es muy duro, y el Estado español tiene una concepción de lo que es la nación española en la que no cabe la plurinacionalidad. Creo que ahora tenemos más conciencia de ello, pero más conciencia no quiere decir mayor capacidad de resistencia, a veces más conciencia significa más temor. Estamos en un mal momento, en un momento reactivo, creo que recuperaremos el temple, pero no va a ser fácil ni inmediato.




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