martes, 11 de octubre de 2016

Urge Desmontar el Patriarcado

A últimas fechas hemos recibido muchas visitas a nuestra publicación de denuncia en contra de la Quinta de El Prenda, el grupo de cavernícolas siendo procesados actualmente por la violación tumultuaria de una joven en la víspera de los Sanferminak. Semanas después le hemos dado seguimiento con un texto trascendental de parte de Alberto Pradilla con respecto al morbo con el que se ha manejado el asunto de los mensajes que los violadores enviaron a sus amigos utilizando las redes sociales. Hace poco nos hemos enterado que no era la primera vez que agredían sexualmente en grupo a una mujer, también durante fiestas populares.

Hoy les traemos este texto también de Alberto Pradilla, tiene que ver una vez más con una agresión machista a una mujer, tiene que ver otra vez con el uso de las redes sociales para distribuir la "hazaña", actitud que incluso ya provocó la muerte de una joven italiana.

Aquí les tenemos la nota vía el blog Cocodrilos en el Ebro de Naiz:

«Uno, retroceder y callarnos. Dos, hablar con otros hombres». Estas son las tareas que Alexander Ceciliasson nos plantea a los hombres feministas en un artículo publicado en la revista «Pikara». Sus palabras constituyen un sentido común no tan habitual teniendo en cuenta todas las ocasiones en las que los señores levantamos la voz para, con gesto condescendiente, explicar a las mujeres lo mal que lo pasamos nosotros denunciando el patriarcado y lo terriblemente feministas que somos.

Tras el repugnante episodio del vídeo sexual de dos jugadores del Eibar, he retomado esta lectura después de comprobar cómo la grabación pasaba de móvil a móvil entre gracietas, bromitas y risotadas que solo contribuyen a victimizar más a la agredida y restar importancia al delito perpetrado por ambos futbolistas. Obviamente, el primer análisis es básico: grabar sin su consentimiento a una mujer, sea cual sea el contexto, constituye una agresión. No hay excusas. Pero existe otra lectura: difundir las grabaciones también implica colaborar en este proceso. Ahí está una parte de nuestra responsabilidad. Debemos hablar con otros semejantes y explicarles, sin atisbo de duda, que banalizar lo ocurrido es poner nuestro granito de arena en perpetuar la violencia.

No voy a ahondar más en lo asqueroso de la actitud de los dos jugadores. La definía perfectamente Manuel Jabois en este artículo en «El País». Sí que me llama la atención el extremado cinismo de su comunicado, donde piden disculpas a la afectada (y al Eibar, y hasta a los niños, en los que nadie piensa) y reivindican que se trataba de un acto «consentido» entre tres personas adultas. Mentira. Mentira y gorda. En el momento en el que alguien decide grabar lo ocurrido con el rechazo expreso de quien participa en el juego, todo se invalida y pasa a ser una agresión. Más aún cuando ella explícitamente se niega a ser filmada. ¿Qué te hace pensar que la persona que no quería aparecer en un vídeo sí que consiente que este pase de móvil a móvil para disfrute de tus amigotes?

El proceso de distribución es lo que más nos toca de cerca, porque tiene mucho de cotidiano e irreflexivo. El vídeo ha pasado por cientos de móviles en la última semana. Si callamos, si miramos para otro lado, si lo recibimos con chanzas o indiferencia y no llamamos la atención a quien rebota la grabación estamos normalizando algo que debe ser inmediatamente censurado. Y aquí casi todos tenemos pecado. Lo comprobé hace un par de días en un grupo de Whatsap en el que solo un colega levantó la voz para llamar la atención sobre lo infame de banalizar el vídeo. Tuvo un efecto moderado. Incluso alguno llegó a recriminarle, con el típico «no te pongas así que no es para tanto». Si fuese mujer supongo que la respuesta sería «no te pongas histérica».

Mi colega no es un héroe, ni la cuestión fundamental del infecto vídeo es debatir sobre cómo los hombres nos manejamos ante una agresión patriarcal cuya violencia afecta a una mujer. Sin embargo, también los pequeños gestos, los que no están enmarcados en situaciones extremas, tienen su importancia. Debemos hacernos cargo de la parte que nos toca. Si la primera persona que recibió la grabación fuese feminista nos encontraríamos ante otro desarrollo de los acontecimientos. Si esta actuación consciente de rechazo estuviese generalizada podríamos erradicar esta parte del problema, aún con todo un patriarcado por desmontar.






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