martes, 31 de marzo de 2020

Hoguera de Pasiones en la CAV

Vaya, parece que el SARS CoV-2 ha terminado por causar un distanciamiento entre los jeltzales y los sociatas y su pacto de gobernabilidad para la CAV.

Miren lo que nos reporta Naiz:


Mientras las empresas se iban adaptando a las nuevas normas sobre la asistencia al trabajo, la patronal Confebask tuvo una durísima reacción, en términos incluso insultantes hacia el Gobierno de Sánchez, a quien el PNV le recordó que «está en minoría». El PSE, socio de los jeltzales, no dudó en contestar en tono crítico a la consejera Arantxa Tapia

Iñaki Iriondo

La jornada de ayer estuvo marcada por la adaptación de las empresas al nuevo decreto de actividades esenciales, para ver si seguían trabajando o debían parar, y por la durísima diatriba de la patronal Confebask, que no dudó en afirmar que el Gobierno de Pedro Sánchez «es un verdadero despropósito y todo un ejemplo de incompetencia y de incapacidad para hacer frente a esta situación».

Además se produjo otro hecho insólito. El PSE criticó a la consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras, Arantxa Tapia, por poner también en cuestión la paralización de las actividades no esenciales. El secretario general del PSE de Gipuzkoa, Eneko Andueza, declaró a Euskadi Irratia que «las decisiones no se han tomado con cálculos económicos, sino fundamentadas en las opiniones de los expertos». A lo que añadió que «no sé quién ha estado despistado, porque, visto lo ocurrido en otros sitios, lo más lógico era que llegara este momento. No sé dónde estaba Arantxa Tapia, o si pensaba que esto no iba a llegar a Euskadi».

Horas después, a través de las redes sociales, Eneko Andueza lanzaba otro mensaje: «Es imposible tener un tejido industrial fuerte si no hay salud para poder trabajar. Invitamos a Confebask a dejar los insultos a un lado y colaborar activamente con las instituciones para vencer al Covid-19».

Confebask: «Una amenaza»

La reacción de Confebask rompió ayer la habitual cautela que los empresarios suelen emplear cuando se refieren a un gobierno. Su presidente, Eduardo Zubiaurre, aseguró que el Ejecutivo de Pedro Sánchez «es un despropósito», una «amenaza» y «un ejemplo de incompetencia». Solo le faltó decir, como el candidato a lehendakari del PP, Carlos Iturgaiz, que «el ala dura, el ala comunista [del Gobierno], está pretendiendo un intervencionismo y una socialización de la economía».

Entrevistado en Radio Euskadi, Eduardo Zubiaurre se explayó a gusto. «Estamos –afirmó– en un estado de alarma, pero, además, el mundo económico y empresarial está sumido en un estado de caos, de enorme preocupación y de incertidumbre. Es algo que no nos merecemos en una situación tan grave como la que estamos viviendo. Desgraciadamente, contamos con un Gobierno central al frente que es un verdadero despropósito y todo un ejemplo de incompetencia y de incapacidad para hacer frente a esta situación».

Añadió que el Gobierno de Sánchez es «una enorme amenaza» porque, según la patronal, afronta los problemas «sin ninguna responsabilidad, sin ninguna competencia y con muy poca capacidad».

La reacción de Confebask contrasta con la de la Confederación de Empresarios de Navarra, que sin ocultar su gran preocupación por el «escenario de enormes dificultades» abierto y pedir «implementar acciones extraordinarias para mitigar el desmantelamiento», en ningún momento se lanzó por el tobogán de insultos por los que se deslizó Zubiaurre.

El PNV avisa a Sánchez

El PNV celebró ayer la reunión semanal de su dirección, al término de la cual fuentes del EBB trasmitieron a las agencias de noticias que «un Gobierno en minoría debe saber, por mucho estado de alarma que esté en vigor, que sigue en minoría, y debe tener muy presente por qué está dónde está y gracias a quién está dónde está».

El PNV asegura que su confianza en Pedro Sánchez está «resentida» después de haberse sentido «ignorado y desatendido» en momentos en que «el Gobierno español ha debido tomar decisiones trascendentes» en la crisis sanitaria, pero puntualiza que actuará «con seriedad y responsabilidad», sin «desestabilizar nada».

Réplica sindical

Frente a las quejas de la patronal, fueron los sindicatos los que han puesto el contrapunto a estas críticas. ELA consideró una «buena noticia» la decisión del Gobierno de Sánchez y acusó al de Urkullu de defender con su actitud «el interés patronal por encima de la salud de la ciudadanía». Asegura estar también preocupado por la recuperación económica, pero insiste en que ahora «es prioritario evitar el ‘coma sanitario’ (hoy ya una realidad), por delante de un hipotético ‘coma económico’».

Por su parte, la secretaria general de LAB, Garbiñe Aranburu, advirtió de que el sindicato «vigilará» la interpretación que haga la patronal del decreto que paraliza las actividades no esenciales, con el fin de que «no se abran resquicios a las excepciones».

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, señaló que «todos» comparten la preocupación por la industria vasca, pero aseguró que ve «muy crispados» a Confebask cuando «decenas de miles de comerciantes y hosteleros» ya se han visto obligados a dejar de trabajar. Recordó que «aquí se ha mandado a casa a decenas de miles de comerciantes y hosteleros. Y parece que no forman parte de nuestro tejido económico».

Pese a todos los debates y tras la jornada de «moratoria» de ayer, a partir de hoy solo los empleados «esenciales» podrán salir de casa para trabajar.






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Cronopiando | Manda la Caballería

Koldo Campos nos comparte un Cronopiando más dedicado a la pandemia del SARS CoV-2 y su particular manejo por parte del régimen borbónico franquista:


Koldo Campos Sagaseta | Cronopiando

El canal 4 nos presenta el caso de una residencia psiquiátrica de Madrid gestionada por monjas que se niegan a dejar entrar a miembros de Protección Civil. Avisada la Policía de que algo extraño pasa, entran y se encuentran los cadáveres de dos monjas. Llevaban varios días muertas. Hay también una docena de residentes infectados y algunas monjas que tienen el virus. Por suerte (la locutora eleva el tono) “llegan miembros del Ejército por tierra y aire y logran controlar la situación”. Pasan imágenes de militares armados y de un helicóptero militar aterrizando (se ignora donde). 

Todos los días y en todos los canales vemos reportajes con militares levantando hospitales de campaña, desinfectando estaciones, trasladando cadáveres, patrullando las desiertas calles, dando partes de guerra por televisión haya o no haya novedad en el frente. Hasta el rey aparece al mando. 

Y me pregunto para qué carajo necesitamos bomberos que desinfecten, expertos que informen, municipales, transportistas, funerarias, médicos, enfermeras, biólogos… incluso monjas. ¿Para qué? 

Es más, que CONFEBASK reemplace a los trabajadores en sus industrias, factorías y altos hornos por militares que lleguen por tierra, mar y aire. 

Lo cantaba Evaristo con La Polla en su Séptimo de Michigan: “Va mal el negocio, manda la caballería”. 

(Preso politikoak aske)





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lunes, 30 de marzo de 2020

Agur eta Ohore Antonio

Hoy es un día doloroso para todos nosotros pues hemos tenido que despedir a uno de los más grandes aliados de Euskal Herria y de la clase trabajadora: Antonio Alvarez-Solís.

Les dejamos con esta remembranza publicada por Naiz:

Antonio Álvarez-Solís, una de las plumas habituales y más reconocidas de GARA, ha fallecido. Tenía 90 años y su cita con los lectores y con el periodismo comprometido se ha mantenido hasta el final.

Antonio Álvarez-Solís nació en Madrid en julio de 1929 y acaba de fallecer a los 90 años. Su infancia la pasó en Asturies. Estudió Derecho en Barcelona y Santiago de Compostela e inició su vida profesional en ‘La Vanguardia’, donde llegó a redactor-jefe a los veintisiete años, residiendo luego más de cuarenta años en Catalunya.

Más tarde fue director fundador de ‘Interviú’​ y uno de los fundadores de ‘Por favor', cuya tercera página firmó hasta la desaparición de la revista. Fundó y dirigió Economía Mediterránea y dos revistas de gastronomía y turismo. Como consejero editorial del Grupo Zeta, colaboró en la salida de ‘El Periódico’. Ha sido colaborador en tertulias de varias televisiones y emisoras de radio de ámbito estatal y autonómico, así como de GARA hasta el último momento.

Sus llamadas a la redacción para hablar con los compañeros de Iritzia para comprobar que se habían recibido sus textos eran una muestra del interés con el que mantenía su colaboración con esta casa.

En esta entrevista con Julio Flor para ZAZPIKA con motivo de su 88º aniversario, Antonio Álvarez-Solís, destacaba que era feliz cuando escribía para EGIN y posteriormente para GARA. En esa misma entrevista, mostraba su valoración positiva de las movilizaciones feministas y de las de los jubilados. «Llevo más de doscientos artículos escribiendo a favor de las movilizaciones», enumeraba.

Su última colaboración fue publicada en GARA la semana pasada, el 24 de marzo, cuando estábamos ya inmersos en la excepcionalidad de la pandemia del coronavirus y, una vez más, realizaba una lectura crítica de la sociedad en la que estamos inmersos.


Aquí les dejamos pues con su última colaboración con Gara:


Antonio Alvarez-Solís | Periodista

Esto que sigue es lo único que no debiera haber sido dicho por el rey de España: «Este virus no nos vencerá. Nos va a hacer más fuertes como sociedad. Una sociedad más comprometida, más solidaria, más unida; en pie ante cualquier adversidad». Oro falso en un marco de hojalata, porque nuestra sociedad es un desecho de inmoralidades.

Las intensas o profundas conmociones sociales que martirizan a nuestro tiempo –hoy la pandemia que ha desnudado todos nuestros infortunios– conducen a la sociedad a una radical y amarga constatación de sí misma como ser consumido por mil inocultables y dramáticos desconciertos. Los poderes encargados de generar existencia noble en esa sociedad han dejado al descubierto su incapacidad para proceder de forma democrática. ¿Dónde está la libertad, dónde la igualdad, dónde la fraternidad? El despotismo, que ha tornado el orden en pura ordenanza, se muestra desnudo y agrio en el marco de la trágica circunstancia presente. Ese poder hasta ahora quintaesenciado de vanidades es incapaz de afrontar los hechos serenamente y ha desconcertado, tras empobrecerlo, el entramado institucional, la respetuosa comunicación. Ese poder que funcionaba, aunque de modo escaso, como una conferida capacidad de creación social –aclaremos: como molde de vida nueva donde sucede «lo que es o debe ser» en cada momento– se ha esfumado como «deus ex machina». El resultado es una dictadura en que reaparecen los monstruos. Y en ello estamos. Quien no haya entendido bien lo acontecido está destinado a nuevos males. La fe en la libertad y la democracia –y sigo ahora, de alguna manera, a Xavier Zubiri– pervive solo en la persona que cree esforzadamente en otra realidad posible, con la que a veces tropieza sin buscarla. En la situación presente «el» hombre deja de ser creadoramente colectivo para ser solo «este» hombre; no es «la» persona multiesencial sino «esta» persona. La fe que edifica la razón deja de constituir una esencia común para tornarse «certeza» lábil del individuo circunstancial. «Ciertamente –dice Zubiri– la fe es «la misma» como mecánica teórica, pero ya no es «lo mismo» como sustancia genérica.

Perdóneme el lector este deliquio verbal, pero como decía Sócrates «la filosofía consiste en la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre ha de hacer y como norma de su conducta». Ante esta exigencia el gobernante ha de proceder con una retórica ceñida y elegante y prudencia en el mandato.

Ante la actual situación Zubiri ensaya un juego de significaciones muy sugestivo en torno a la «voluntad de verdad», que no consiste meramente en moverse dentro del ámbito de lo verdadero como certeza, sino en proponer algo «que sea de veras», pues el hombre puede tener voluntad de mentir –la política–, pero esa voluntad se transforma entonces en una especie de veracidad (aunque tuerta) como opuesta a «engañosidad», que es trampa infame que empuja al ser humano a ofenderse con ira. O sea, que yo puedo seguir mi camino si percibo que hay «sana» voluntad de mentirme –ya me defenderé yo–, pero me expulsan de la convivencia si desconsideradamente me engañan. Y esto es lo que hacen en esta hora nuestros ínclitos dirigentes, muy al contrario del proceder del coronavirus, que miente con su pequeñez y mata, pero no engaña.

Como no puedo salir de casa por miedo a tanto guardia y tanta multa me he dedicado a pensar, repito, en esta situación tan explosiva más por el «clamor de eficacia» con que se pavonea la autoridad que por los virus en sí mismos. Uno está de siempre asabentado sobre la muerte, pero no acaba de acostumbrarse a los «patrióticos engaños» o engañosidad del gobernante, que también mata. A mí me complacería, de morir en estos momentos, que me llevaran al campo santo con respeto, no encogido por el rigor engañoso de la autocracia. Quiero morir democráticamente y dejarlo en herencia.

A este respecto recuerdo al inmenso director cinematográfico aragonés Luis Buñuel, que cuando se vio afectado por la sordera total que le aislaba del mundo daba golpes con la contera del bastón contra el suelo enmaderado de su casa mejicana para comprobar si su invalidez acústica aún tenía algún remedio. Una vez y otra la prueba para engañarse acababa siempre con una frase ingenuamente elegante: «¡Que jodidico estás, Buñuel!». Y así se fue al otro mundo, mintiéndose, pero sin engañarse con los discursos de Franco, el gran coronavirus de la historia contemporánea de España.

Pues eso es lo que pretendo para mí ya sordo, medio ciego e incapaz de sostenimiento: irme a la gloria bendita sin que me aturulle el Sr. Sánchez con eso de «¡No hay ideologías políticas ni territorios frente al virus. Debemos ser el gran país que somos, con el Gobierno de España liderando el conjunto de las administraciones». ¿Es ese el ideal? ¿Una dictadura sorda, inculta y áspera, si es que hay dictaduras carentes de estas tres infaustas notas? ¡No! Yo poseo ideología ordenada por mi intelección de la realidad; en mi subconsciente opera la etnicidad que me transmitió un territorio que dicta mi estética vivencial, entre otras singularidades. Si me alcanza el virus me iré tierra adentro cantando el himno a la Virgen de Montserrat –«Rosa de abril,/ morena de la serra»– o rezando el Padrenuestro en euskera –gure Aita, zeruetan zerana–, pues soy nacionalista, me orienta mi bandera, detesto la globalización estabuladora y no bajo la cabeza ante la pretenciosa grey que usted, Sr. Sánchez, con su monarca al frente, ha reunido en la finca de la Moncloa para culminar a la postre en el desastre presente, que usted trata de revertir no con mentira política sino con «engañosidad» moral. Afirmado ya mi pie puedo dar fe de mi voluntad de colaboración como ciudadano ante la pandemia que sufrimos, pero esa colaboración se resume en un puro plan sanitario que no asfixie en mí la personalidad política y moral, como sucede con el suyo. Un plan que carece de muchas cosas –nada tan oscuro como el babilónico poder farmacéutico– y, le sobran otras tantas, como el engaño sobre la soberanía. Entre lo que me sobra está su lenguaje, Sr. presidente. Miéntanos, pero no nos engañe.






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Hostigamiento a Enfermeras en Iparralde

Cuando la sociedad de ve a sí misma frente a situaciones calamitosas como la generada por el SARS CoV-2 lo usual es que se retorne a las formas de cooperación y solidaridad que se tenían en tiempor ya pasados.

Desafortunadamente, no todos los sectores de la sociedad están dispuestos a seguir ese patrón y quienes se han visto más profundamente manipulados por las estrategias de diseminación de miedo y alerta frente a las amenazas -reales o creadas- optan por la violencia.

Lean lo que nos comparte Naiz:


Desde cartas anónimas al rechazo por parte de sus vecinos, enfermeras y otros trabajadores sanitarios están denunciando en el Estado francés que se están convirtiendo en blanco de sospechas y hasta de acoso por parte de vecinos y pacientes que temen que les contagien el Covid-19.

A los testimonios recogidos por la agencia France-Presse, desde NAIZ añadimos la denuncia realizada por la enfermera Audrey Capdevielle a través de la emisora FranceBleu y a la que se sumó casi inmediatamente el alcalde de Baiona y presidente de la Mancomunidad Vasca, Jean-René Etchegaray, a través de su cuenta de Twitter, con este encabezamiento: «Cuando una enfermera de urgencias del Hospital de Baiona descubre este mensaje en la puerta de su domicilio revivimos las páginas más sombrías de nuestra historia».

Junto a estas líneas, el alcalde baionarra ha colgado una foto del texto que dejaron pegado en la puerta de la casa de la enfermera firmado por «Les voisins !!!» [los vecinos]. En el se indica que se han percatado hace un tiempo que «una enfermera vive en nuestra querida y bella urbanización...».

Y prosiguen señalando que, «en esta época del coronavirus que amenaza las vidas de todos, se pide a esta persona que guarde su coche lejos de los otros y, si es posible, que no toque las zonas comunes sin guantes y sin haberse desinfectado las manos...».

Y lo que sigue suena a amenaza directa: «Idealmente, le pedimos encarecidamente a esta persona que se mude lo más rápido y lo más lejos posible para no poner en peligro nuestras vidas. Si esta mujer es realmente una enfermera competente, comprenderá nuestra preocupación y se marchará sin preguntar nada y sin quejarse».

Etchegaray, por su parte, subraya en su tuit que «el personal hospitalario se merece nuestro profundo respeto».



«Estoy furiosa»

Lamentablemente, el de Baiona no es un hecho aislado, tal como se deduce de los testimonios recabados por AFP, que no osbtante remarca que, como sucede en Euskal Herria, a lo largo y ancho del Hexágono son decenas de miles las personas que cada noche, a las 20H00, salen a las ventanas para aplaudir quienes están en la primera línea de la batalla contra el nuevo coronavirus.

Pero hasta el primer ministro francés, Edouard Philippe, se sumó el domingo a la denuncia de las «palabras escandalosas» que se vierten contra los trabajadores sanitarios, a menudo a través de las redes sociales.

A Lucille, una enfermera de Vulaines-sur-Seine (sureste de París), el mensaje le llegó por carta anónima en el buzón de su casa la semana pasada, instándole a hacer las compras fuera de la ciudad y a dejar de sacar a pasear a su perro.

«Estoy furiosa», comenta Lucille, quien, al igual que la mayoría de las enfermeras consultadas, ha pedido que no se dé su apellido. «Estamos poniendo nuestras vidas en peligro para ayudar a los demás y ahora nos tratan como a leprosos», lamenta.

«Quienquiera que haya escrito esto seguro que no toma las precauciones que tomo yo», agrega, señalando que sus manos están «destrozadas» de tanto lavárselas.

«Trato de que no me afecte, pero es más fácil decirlo que hacerlo». Envió la carta al alcalde y éste alertó a la Fiscalía, que ha abierto una investigación.

«Pese a que este tipo de incidentes siguen siendo raros, estoy impactado», dice Patrick Chamboredon, presidente del Consejo Nacional de Enfermería, que agrupa a 700.000 profesionales del sector.

Thomas Demonchaux, un enfermero que trabaja en el norte, ha percibido «la desconfianza de algunos de los vecinos» que se piensan mucho si deberían mantener las distancias cuando se cruzan con él. «Incluso preguntan si he estado en contacto con pacientes de Covid-19, si me han hecho pruebas, o si estoy cansado», relata.

Negete Bensaid, una enfermera París que atiende a domicilio en París, explica que el miedo al contagio ha hecho que muchos pacientes se nieguen a que los visite, y algunos familiares incluso le han pedido que deje de hacer su trabajo.

«La gente se asusta cuando me ve venir. No se ponen a un metro de distancia, sino... ¡a cuatro metros!», exclama.

Robos de mascarillas

Más allá de este recelo, enfermeras que hacen curas a domicilio también han sido blanco de desalmados que quieren robarles las mascarillas y el gel antibacteriano.

En la ciudad costera de La Rochelle (oeste), a Claire le robaron la semana pasada una treintena de mascarillas quirúrgicas que acababa de recibir. «Estaba furibunda, pero también con miedo, resultaba surrealista», recuerda.

«(Ahora) me guardo la tarjeta que me identifica como enfermera y no dejo nada en el coche. Se ha convertido en una rutina, igual que cuando me pongo una mascarilla y me lavo las manos para proteger a mis pacientes».

Sophie, enfermera en Marsella (sur), también dice que «no se puede creer» que forzaran su auto y los ladrones se llevaran su identificador, así como mascarillas y otros materiales protectores. «Van a terminar asaltándonos», advierte.

Mientras, algunos pacientes les piden que les hagan la compra para que sus hijos eviten exponerse al virus.

«Sencillamente, siento que hay una falta de respeto. Ya he dejado de salir por la noche para escuchar los aplausos», dice con amargura.






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SARS CoV-2: Causalidad y Cualidad

Para entender mejor todo el tema del SARS CoV-2, la cepa causante del COVID-19, popularmente conocido como coronavirus, traemos a ustedes este extraordinario reportaje publicado en las páginas de El Diario:


El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.

Ángel Luis Lara

1.

En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las células que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses después, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que seguían enfermando y muriendo. Tal y como confirmó la investigación, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautizó como Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma región en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como "SARS".

En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica "Virus Evolution" que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista Nature en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.

2.

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO por sus siglas en inglés, señalaron el incremento de la demanda de proteína animal y la intensificación de su producción industrial como principales causas de la aparición y propagación de nuevas enfermedades zoonóticas desconocidas, es decir, de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos. Dos años antes, la organización por el bienestar de los animales Compassion in World Farming había publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboración, la entidad británica utilizó datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a través del ciclo mundial de producción de alimentos. El estudio concluyó que la llamada "revolución ganadera", es decir, la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibióticos, así como arruinando a los pequeños granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a través de los alimentos de origen animal.

En 2005, expertos de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho país elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producción ganadera desde el tradicional modelo de pequeñas granjas familiares hasta la imposición de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe señaló como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producción agrícola su incidencia en la amplificación y mutación de patógenos, así como el riesgo creciente de diseminación de enfermedades. Además, el estudio apuntaba que la desaparición de los modos tradicionales de ganadería en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a razón de un 4% anual, sobre todo en Asia, África y Sudamérica.

A pesar de los datos y las llamadas de atención, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de "landless systems" (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.

Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), una organización internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecológica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace más que desnudar su papel en la economía global, particularmente en la producción industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganadería intensiva. Sólo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces más grande que la mayor granja de vacuno de la Unión Europea.

3.

Las epidemias son producto de la urbanización. Cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simultáneamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgió cuando el proceso de urbanización de la población se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evolución de la producción ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta años la ganadería industrial ha "urbanizado" una población animal que previamente se distribuía entre pequeñas y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha población en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones víricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situación es todavía más inquietante si consideramos que la población global de ganado es casi tres veces más grande que la de seres humanos. En las últimas décadas, algunos de los brotes víricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganadería.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro Bird Flu: A virus of our own hachting (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía. Del mismo modo, antes de la domesticación del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampión, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al año 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la población humana provocando trágicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan sólo en un año acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no sólo figuran entre las variables que causaron una rápida propagación de la enfermedad en 1918, sino que están siendo replicadas hoy en día en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los últimos veinte años con el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de carácter vírico. Desde que la ganadería industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina están recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo insólito: en los últimos treinta años se han identificado más de treinta nuevos patógenos humanos, la mayoría de ellos virus zoonóticos inéditos como el actual COVID-19.

4.

El biólogo Robert G. Wallace publicó en 2016 un libro importante para trazar la conexión entre las pautas de la producción agropecuaria capitalista y la etiología de las epidemias que se han desatado en las últimas décadas: Big Farms Make Big Flu (Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos días, Wallace concedió una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acción contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dramáticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado.

Tal y como explica el biólogo estadounidense, el incremento de los incidentes víricos en nuestro siglo, así como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producción industrial intensiva de proteína animal. Estas corporaciones están tan preocupas por el beneficio económico que asumen como un riesgo rentable la generación y propagación de nuevos virus, externalizando los costes epidemiológicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como está poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema económico mundial.

Pese a que el origen exacto del COVID-19 no está del todo claro, señalándose como posible causa del brote vírico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hipótesis no nos aleja de los efectos directos de la producción agropecuaria intensiva. La razón es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asoló las granjas chinas de cerdos el pasado año. Según Christine McCracken, una analista en proteína animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producción china de carne de cerdo podría haber caído un 50% al final del año pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que existían en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina están resultando dramáticas, particularmente en el mercado asiático. Es precisamente esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría motivado un aumento de la demanda de proteína animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han señalado como el epicentro del brote de COVID-19.

5.

Frédéric Neyrat publicó en 2008 el libro Biopolitique des catastrophes (Biopolítica de las catástrofes), un término con el que define un modo de gestión del riesgo que no pone nunca en cuestión sus causas económicas y antropológicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las élites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relación con la actual pandemia. En la propuesta analítica del filósofo francés, las catástrofes implican una interrupción desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente carácter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aquí y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como señala el propio Neyrat, una catástrofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.

La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condición de catástrofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiología y economía política. Su punto de partida se ancla directamente en los trágicos efectos de la industrialización capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producción agropecuaria. Amén de las cualidades biológicas intrínsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagación incluyen el efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales que han erosionado dramáticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas públicos de salud se han visto particularmente golpeados.

Desde hace días circulan por las redes sociales y los teléfonos móviles testimonios del personal sanitario que está lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condición general catastrófica caracterizada por una dramática falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la catástrofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema público de salud que, a través de una política continuada de descapitalización, ha llevado prácticamente al colapso de la sanidad en España. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per cápita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo críticamente en los últimos años, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatización. Tanto la atención primaria como los servicios de urgencia de la región se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores políticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.

6.

En medio de la pandemia habrá seguramente quien se afane en la búsqueda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, más que empeñarnos en desenmascarar a un sujeto, resulta más oportuno identificar una forma de subjetivación, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dramáticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. Básicamente porque ese modo de vida es el nuestro.

Un periodista se aventuraba hace unos días a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: "el coronavirus es una venganza de la naturaleza". En el fondo no le falta razón. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: "la economía es el método, el objetivo es cambiar el alma". La mandataria no engañaba a nadie. Hace tiempo que la razón neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acción de un ser microscópico, sin embargo, no sólo está consiguiendo llegarnos también al alma, además ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no queríamos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la línea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez más incompatible con la vida misma. En este sentido, por paradójico que resulte, enfrentamos un patógeno dolorosamente virtuoso. Su movilidad etérea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las catástrofes cotidianas allí donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden bélico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea más acertado pensar que es una formación social catastrófica la que está en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.

En el curso de la pandemia, las autoridades políticas y científicas nos señalan a las personas como el agente más decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos días como el más vital ejercicio de ciudadanía. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo más lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que habíamos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es sólo el capitalismo en sí, es también el capitalismo en mí. Ojalá el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinación para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente común. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanarán en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez más en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauración intacta de la estructura de la propia catástrofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. También en eso el virus se muestra paradójico: nos sitúa en un plano de relativa igualdad. De algún modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de género humano y la noción de bien común. Tal vez los hilos éticos más valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.






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domingo, 29 de marzo de 2020

Coronavirus y «Agenda Vasca»

Y bien, seguimos con la cobertura de lo que acontece en Euskal Herria dentro del marco generado por la pandemia del SARS CoV-2 con esta editorial de Gara dedicada al anuncio por parte de Pedro Sánchez que suspende las actividades laborales no esenciales en un intento por detener la curva de contagio.

Lean:


La decisión del Gobierno español de paralizar por fin la actividad laboral no esencial, frenando así la curva de contagio del coronavirus y aliviando el colapso de los servicios sanitarios, es la decisión correcta. Eso sí, debía haberse tomado antes. En el caso de algunos responsables institucionales vascos, es una decisión que no debía de haberse entorpecido neciamente. Por sensata y por inevitable.

En el corto plazo, cerrar lo que se deba parar ahora va a ayudar a salvar vidas. Por eso lo han demandado esta misma semana cientos de profesionales de la sanidad pública vasca, porque era una medida eficiente. No hay por qué pedirles que sean héroes o heroínas, es mejor escucharles y atender sus demandas, justificadas y razonables. En el medio plazo, este decrecimiento parcial y temporal va a facilitar recuperar el pulso económico antes que si no se frenase la pandemia. No solo es sostenible, sino que es inteligente. Es económico.

Lo que no es inteligente es la obcecación del Gobierno de Iñigo Urkullu y de Confebask en evitar estas medidas. No es lógica en términos tácticos, porque era evidente que se iba a tener que asumir, y era mejor tomar la iniciativa y no quedar como un retrógrado impotente. Además, gran parte del tejido industrial vasco ya lo había decidido e implementado.

Las empresas y la sociedad vasca, por delante

Hay que recordar que los hosteleros de Gasteiz cerraron sus locales antes de que lo decretase ningún gobierno, siguiendo el sentido común, escuchando las recomendaciones de la OMS o el ejemplo de China, atendiendo a lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos sobre lo que luego Lakua denominaría el «clúster Txagorritxu». Hoy llevamos a portada una foto de la factoría de CAF en Beasain, del 17 de marzo, hace hoy doce días, en la que las naves aparecen cerradas a cal y canto. El otro buque insignia vasco en el sector de la movilidad, Irizar, hacía otro tanto el mismo día. Mientras Lakua y algunos empresarios decían que no se podía hacer, que no era viable, en muchas empresas ya se estaba haciendo.

En todo Euskal Herria, en estas y en otros ciento de empresas y negocios, cada cual buscaba su fórmula para limitar su actividad y reducir así las opciones de contagio. Dependiendo de la situación financiera, del modelo organizativo y empresarial, de los equilibrios de poder o de la representación de los trabajadores, cada una llegaba a acuerdos mejores o peores, pero con ese objetivo común. En otras empresas, como Mercedes-Benz en Gasteiz, eran los trabajadores los que lograban paralizar una producción que ponía en riesgo sus vidas. El tiempo confirmaría que la plantilla estaba en lo cierto: 14 contagios y 300 trabajadores en cuarentena. Ni una empresa ni un gobierno pueden desentenderse de esto.

Los consorcios patronales vascos hablan ante todo en nombre de la red clientelar de esta administración, no en nombre del tejido empresarial del país. Son de parte, y en gran medida, de partido. A lo largo de los tiempos, los cargos y los apellidos se permutan. Representan intereses, pero no los de la economía vasca, sino los de un entramado parasitario y rentista. Ese circuito es negativo para el tejido productivo vasco. No responde ni a sus necesidades ni a sus valores.

Evidentemente, el liderazgo social no se ha dado solo en las empresas y comercios. Para cuando Pedro Sánchez decretó el confinamiento, miles de familias vascas ya estaban encerradas en sus casas voluntariamente, adaptando su organización familiar y laboral a la demanda de solidaridad y entendiendo que separar a niños y niñas de las personas mayores era vital para la supervivencia de estas últimas. En todos los territorios vascos las familias, las empresas y la sociedad civil han reaccionado antes. La sociedad vasca es madura, critica, formada, solidaria, y en muchos ámbitos va por delante de sus estructuras tradicionales. Los decretos facilitan las decisiones que ya ha tomado la mayoría de esta sociedad, pero van por detrás. Como van por detrás los gobernantes, eso sí, algunos más que otros.

En este contexto, Urkullu está superado y su partido no carbura. Está retransmitiendo su nula influencia, no asumen ninguna responsabilidad, están desbordados y enfadados. Claro que hay que apuntar la cadena de errores que ha cometido el PNV, pero sin obcecarse en el reproche. Toca mirar hacia adelante y por elevación. No es tiempo de pequeñeces. Es tiempo de pensamiento estratégico, interlocución y liderazgo compartido. Tras está crisis va a haber que reconstruir y reinventar el país. La sociedad vasca se está preparando para esa labor.






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La Pantomina del PNV

Desde La Haine traemos a ustedes este comentario editorial que se centra en el actuar del PNV durante la crisis generada por la pandemia del SARS Cov-2, actuar que ya ha sido objeto de otros señalamientos.

Lean ustedes:


Andoni Baserrigorri   

Entender la forma de actuar del PNV, al menos desde la llamada “transición” hasta nuestros días parece haber sido complicado para más de uno. El partido de Sabin Etxea goza de una especie de aureola de “partido de izquierda” dentro de la Comunidad Autónoma Vasca, que gobiernan desde 1977 (exceptuando los 4 años de Patxi López) e incluso fuera de Euskal Herria ha tocado leer, al menos en redes sociales, valoraciones de un supuesto antifascismo y que representa una supuesta burguesía “progresista” vasca que no es tal

Cierto es que hegemoniza la televisión vasca de una manera desvergonzada. Así hace un par de semanas en unas declaraciones, a la periodista del ente público se le olvidó el “pequeño detalle” de cambiar el logotipo del micrófono y haciendo la entrevista como ETB usó un micrófono con el logotipo del PNV

Cierto es que su red de clientelismo llega a unos límites desmesurados. La inmensa cantidad de “estómagos agradecidos” que hay en toda la geografía vasca forman parte de una tela de araña social que asegura el poder del “partido” hasta un nivel que tan solo les basta con un toque de dedos para que esa máquina se ponga a funcionar

De hecho se suele decir que tal es su control que en ciertos pueblos, no ser del PNV supone un autentico estigma social. O que las reuniones de vecinos de los pisos de protección oficial más parecen una reunión de una célula del partido. O de sus juventudes, EGI

Cierto es que su máquina de propaganda es de tal magnitud que se dan por ciertas realidades que no lo son. “El oasis vasco” haciendo referencia a una supuesta falta de corrupción del PNV cuando existen decenas de sentencias condenatorias de diferentes corrupciones de sus “fontaneros”. O el partido de la buena gestión cuando ahora mismo se vislumbran autenticas chapuzas de gestión. A una de ellas me referiré mas adelante.

Sus buenas relaciones con el poder central español por encima de ciertas “grescas de postureo” hace que sea muy bien tratado por la prensa española. Al fin y al cabo hablamos de un partido regionalista que en absoluto va a poner en peligro la unidad de España y ese trato de favor viene dado para “evitar que se eche al monte”. Como partido representante de la oligarquía y burguesía vasca si tiene que elegir entre sus intereses de país o sus intereses de clase, no lo duda. Sus intereses de clase pasan por una alianza estratégica con la oligarquía española.

Solo de esta mentalidad se entiende que el penúltimo presidente del EBB fuese de la noche a la mañana presidente de la Unidad de Nuevas Energías de Repsol. El de Josu Jon Imaz es el caso más llamativo, pero son cientos los peneuveros con importantes vínculos con empresas de la oligarquía española.

Por no hablar de cómo con la escusa del turismo trajeron la Vuelta Ciclista a Euskadi o la “roja” a Bilbao. Luego se dan golpes de pecho tomando un chiquito en el batzoki de turno.

Los que vivimos en Euskal Herria y tenemos conciencia de clase y nacional, les conocemos de sobra. Personalmente a lo largo de mi vida me ha tocado conocer a militantes y simpatizantes del PNV y todos ellos tienen el mismo perfil. Reaccionarios, muy de derechas y absolutamente acríticos con el partido. Si osas criticar al PNV sencillamente eres un españolazo o un antivasco. Así es su gente.

Reconozco que la “mascarilla” que se ponen y que les sirve para realizar estas prácticas y sin ningún problema reivindicar la independencia una vez al años en el Alderdi Eguna les está dando resultados.

Llevan un tiempo que ante la gravedad de lo que está ocurriendo no les está quedando otra que quitase la mascarilla.

En realidad hace años ya lo hicieron con el tema de la central nuclear de Lemoiz finalmente no realizada gracias a la lucha del pueblo trabajador vasco. En aquellos años entre la salud de las vascas y los beneficios de la oligarquía no lo dudaron. Los beneficios de Iberduero ( hoy día Iberdrola ) eran lo primero. Así dieron la espalda a las demandas populares y respaldaron el proyecto de construir una central nuclear a pocos kilómetros de Bilbao, Gasteiz o Donostia.

No hace ni dos meses de la tragedia del vertedero de Zaldibar. Dos trabajadores aún siguen desparecidos entre toneladas de basura altamente contaminante que además destapo la corrupción peneuvera. La sangre de esos dos trabajadores no cotiza en bolsa, está claro.

Y estos días, con el tema del Coronavirus más de lo mismo. O la salud de nuestra gente, de la clase obrera o los beneficios de la oligarquía. No han dudado ni un instante. La reacción histérica de Urkullu y del PNV ante el anuncio del gobierno estatal de parar durante 15 días los trabajos no esenciales da fe de ello.

Este y no otro es el PNV. El de toda la vida. No hay dos almas en el partido de Sabin Etxea. Quien quiera ver otra cosa o ha sido engañado o lo que es peor, se auto engaña. El perfil reaccionario de derechas, neoliberal y regionalista se ve nítidamente. Sin mascaras.






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Boron | La Pandemia y la Era Neoliberal

Estamos en cuarentena y que mejor que utilizar el tiempo "de sobra" que nos ha gestionado el SARS CoV-2 con textos que nos ayuden a comprender un poco más la situación.

Desde su blog, les traemos este análisis del maestro Atilio A. Boron:


Atilio A. Boron

El coronavirus ha desatado un torrente de reflexiones y análisis que tienen como común denominador la intención de dibujar los (difusos) contornos del tipo de sociedad y economía que resurgirán una vez que el flagelo haya sido controlado. Sobran las razones para incursionar en esa clase de especulaciones, ojalá que bien informadas y controladas, porque si de algo estamos completamente seguros es que la primera víctima fatal que se cobró la pandemia fue la versión neoliberal del capitalismo.  Y digo la “versión” porque tengo serias dudas acerca de que el virus en cuestión haya obrado el milagro de acabar no sólo con el neoliberalismo sino también como la estructura que lo sustenta: el capitalismo como modo de producción y como sistema internacional. Pero la era neoliberal es un cadáver aún insepulto pero imposible de resucitar. ¿Qué ocurrirá con el capitalismo? Bien, de eso trata esta columna.

Simpatizo mucho con la obra y la persona de Slavoj Zizek pero esto no me alcanza para otorgarle la razón cuando sentencia que la pandemia le propinó “un golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista” luego de lo cual, siguiendo la metáfora cinematográfica, éste debería caer muerto a los cinco segundos. No ha ocurrido y no ocurrirá porque, como lo recordara Lenin en más de una ocasión, “el capitalismo no caerá si no existen las fuerzas sociales y políticas que lo hagan caer.” El capitalismo sobrevivió a la mal llamada “gripe española”, que ahora sabemos vio la luz en Kansas, en marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, y que luego las tropas estadounidenses que marcharon a combatir en la Primera Guerra Mundial diseminaron el virus de forma incontrolada. Los muy imprecisos cálculos de su letalidad oscilan entre 20, 50 y 100 millones de personas, por lo cual no es necesario ser un obsesivo de las estadísticas para desconfiar del rigor de esas estimaciones difundidas ampliamente por muchas organizaciones, entre ellas la National Geographical Magazine . El capitalismo sobrevivió también al tremendo derrumbe global  producido por la Gran Depresión, demostrando una inusual resiliencia –ya advertida por los clásicos del marxismo- para procesar las crisis e inclusive y salir fortalecido de ellas. Pensar que en ausencia de aquellas fuerzas sociales y políticas señaladas por el revolucionario ruso (que de momento no se perciben ni en Estados Unidos ni en los países europeos) ahora se producirá el tan anhelado deceso de un sistema inmoral, injusto y predatorio, enemigo mortal de la humanidad y la naturaleza, es más una expresión de deseos que producto de un análisis concreto. Zizek confía en que a consecuencia de esta crisis para salvarse la humanidad tendrá la posibilidad de recurrir a “alguna forma de comunismo reinventado”. Es posible y deseable, sin dudas. Pero, como casi todo en la vida social, dependerá del resultado de la lucha de clases; más concretamente de si, volviendo a Lenin, “los de abajo no quieren  y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes”, cosa que hasta el momento no sabemos. Pero la bifurcación de la salida de esta coyuntura presenta otro posible desenlace, que Zizek identifica muy claramente: “la barbarie”.  O sea, la reafirmación de la dominación del capital recurriendo a las formas más brutales de explotación económica, coerción político-estatal y manipulación de conciencias y corazones a través de su hasta ahora intacta dictadura mediática. “Barbarie”, István Mészarós solía decir  con una dosis de amarga ironía, “si tenemos suerte”.

Pero, ¿por qué no pensar en alguna salida intermedia, ni la tan temida “barbarie” (de la cual hace tiempo se nos vienen administrando crecientes dosis en los capitalismos realmente existentes”) ni la igualmente tan anhelada opción de un “comunismo reinventado”? ¿Por qué no pensar que una transición hacia el postcapitalismo será inevitablemente “desigual y combinada”, con avances profundos en algunos terrenos: la desfinanciarización de la economía, la desmercantilización de la sanidad y la seguridad social, por ejemplo y otros más vacilantes, tropezando con mayores resistencias de la burguesía, en áreas tales como el riguroso control del casino financiero mundial, la estatización de la industria farmacéutica (para que los medicamentos dejen de ser una mercancía producida en función de su rentabilidad), las industrias estratégicas y los medios de comunicación, amén de  la recuperación pública de los llamados “recursos naturales” (bienes comunes, en realidad)? ¿Por qué no pensar en “esos muchos socialismos” de los que premonitoriamente hablaba el gran marxista inglés Raymond Williams a mediados de los años ochenta del siglo pasado?

Ante la propuesta de un “comunismo reinventado” el filósofo sur-coreano de Byung-Chul Han salta al ruedo para refutar la tesis del esloveno y se arriesga a decir que «tras la pandemia, el capitalismo continuará con más pujanza.” Es una afirmación temeraria porque si algo se dibuja en el horizonte es el generalizado reclamo de toda la sociedad a favor de una mucho más activa intervención del estado para controlar los efectos desquiciantes de los mercados en la provisión de servicios básicos de salud, vivienda, seguridad social, transporte, etcétera y para poner fin al escándalo de la híperconcentración de la mitad de toda la riqueza del planeta en manos del 1 por ciento más rico de la población mundial. Ese mundo post-pandémico tendrá mucho más estado y mucho menos mercado, con poblaciones “concientizadas” y politizadas por el flagelo a que han sido sometidas y propensas a buscar soluciones solidarias, colectivas, inclusive “socialistas” en países como Estados Unidos, nos recuerda Judith Butler, repudiando el desenfreno individualista y privatista exaltado durante cuarenta años por el neoliberalismo y que nos llevó a la trágica situación que estamos viviendo. Y además un mundo en donde el sistema internacional ya ha adoptado, definitivamente, un formato diferente ante la presencia de una nueva tríada dominante, si bien el peso específico de cada uno de sus actores no es igual. Si Samir Amin tenía razón hacia finales del siglo pasado cuando hablaba de la  tríada formada por Estados Unidos, Europa y Japón hoy aquella la constituyen Estados Unidos, China y Rusia. Y a diferencia del orden tripolar precedente, en donde Europa y Japón eran junior partners (por no decir peones o lacayos, lo que suena un tanto despectivo pero es la caracterización que se merecen) de Washington, hoy éste tiene que vérselas con la formidable potencia económica china, sin duda la actual locomotora de la economía mundial relegando a Estados Unidos a un segundo lugar y que, además, ha tomado la delantera en la tecnología 5G y en Inteligencia Artificial. A lo anterior se suma la no menos amenazante presencia de una Rusia que  ha vuelto a los primeros planos de la política mundial: rica en petróleo, energía y agua; dueña de un inmenso territorio (casi dos veces más extenso que el estadounidense) y un poderoso complejo industrial que ha producido una tecnología militar de punta que en algunos rubros decisivos aventaja a la norteamericana, Rusia complementa con su fortaleza en el plano militar la que China ostenta en el terreno de la economía. Difícil que, como dice Han, el capitalismo adquiera renovada pujanza en este tan poco promisorio escenario internacional. Si aquél tuvo la gravitación y penetración global que supo tener fue porque, como decía Samuel P. Huntington, había un “sheriff solitario” que sostenía el orden capitalista mundial con su inapelable primacía económica, militar, política e ideológica. Hoy la primera está en manos de China y el enorme gasto militar de EEUU no puede con un pequeño país como Corea del Norte ni para ganar una guerra contra una de las naciones más pobres del planeta como Afganistán. La ascendencia política de Washington se mantiene prendida con alfileres apenas en su “patio interior”: Latinoamérica y el Caribe, pero en medio de grandes convulsiones. Y su prestigio internacional se ha visto muy debilitado: China pudo controlar la pandemia y Estados Unidos no; China, Rusia y Cuba ayudan a combatirla en Europa, y Cuba, ejemplo mundial de solidaridad, envía médicos y medicamentos a los cinco continentes mientras que lo único que se les ocurre a quienes transitan por la Casa Blanca es enviar 30.000 soldados para un ejercicio militar con la OTAN e intensificar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán, en lo que constituye un evidente crimen de guerra. Su antigua hegemonía ya es cosa del pasado. Lo que hoy se discute en los pasillos de las agencias del gobierno estadounidense no es si el país está en declinación o no, sino la pendiente y el ritmo del declive. Y la pandemia está acelerando este proceso por horas.

El surcoreano Han tiene razón, en cambio, cuando afirma que “ningún virus es capaz de hacer la revolución” pero cae en la redundancia cuando escribe que “no podemos dejar la revolución en manos del virus.” ¡Claro que no! Miremos el registro histórico: la Revolución Rusa estalló antes que la pandemia de la “gripe española”, y la victoria de los procesos revolucionarios en China, Vietnam y Cuba no fueron precedidos por ninguna pandemia. La revolución la hacen las clases subalternas cuando toman conciencia de la explotación y opresión a las que son sometidas; cuando vislumbran que lejos de ser una ilusión inalcanzable un mundo post-capitalista es posible y, finalmente, cuando logran darse una organización a escala nacional e internacional eficaz para luchar contra una “burguesía imperial” que antaño entrelazaba con fuerza los intereses de los capitalistas en los países desarrollados. Hoy, gracias a Donald Trump, esa férrea unidad en la cúspide del sistema imperialista se ha resquebrajado irreparablemente y la lucha allá arriba es de todos contra todos, mientras China y Rusia continúan pacientemente y sin altisonancias construyendo las alianzas que sostendrán un nuevo orden mundial.

Una última reflexión. Creo que hay que calibrar la extraordinaria gravedad de los efectos económicos de esta pandemia que hará de una vuelta al pasado una misión imposible. Los distintos gobiernos del mundo se han visto obligados a enfrentar un cruel dilema: la salud de la población o el vigor de la economía. Las recientes declaraciones de Donald Trump (y otros mandatarios como Angela Merkel y Boris Johnson) en el sentido de que él no va a adoptar una estrategia de contención del contagio mediante la puesta en cuarentena de grandes sectores de la población porque tal cosa paralizaría la economía pone de relieve la contradicción basal  del capitalismo. Porque, conviene recordarlo, si la población no va a trabajar se detiene el proceso de creación de valor y entonces no hay ni extracción ni realización de la plusvalía. El virus salta de las personas a la economía, y esto provoca el pavor de los gobiernos capitalistas que están renuentes a imponer o mantener la cuarentena porque el empresariado necesita que la gente salga a la calle y vaya a trabajar aún a sabiendas de que pone en riesgo su salud. Según Mike Davis en Estados Unidos  un 45 por ciento de la fuerza de trabajo “no tiene acceso a licencia paga por causa de una enfermedad y está prácticamente obligada a ir a su trabajo y transmitir la infección o quedarse con un plato vacío.”  La situación es insostenible por el lado del capital, que necesita explotar a su fuerza de trabajo y que le resulta intolerable se quede en su casa; y por el lado de los trabajadores, que si acuden a su trabajo o se infectan o hacen lo propio con otros, y si se quedan en casa no tienen dinero para subvenir sus más elementales necesidades. Esta crítica encrucijada explica la creciente beligerancia de Trump contra Cuba, Venezuela e Irán, y su insistencia en atribuir el origen de la pandemia a los chinos. Tiene que crear una cortina de humo para ocultar las nefastas consecuencias de largas décadas de desfinanciamiento del sistema público de salud y de complicidad con las estafas estructurales de la medicina privada y la industria farmacéutica de su país. O para achacar la causa de la recesión económica a quienes aconsejan a la gente quedarse en sus casas.  En todo caso, y más allá de si la salida a esta crisis será un “comunismo renovado” como quiere Zizek o un experimento híbrido pero claramente apuntando en la dirección del poscapitalismo, esta pandemia (como lo explican claramente Mike Davis, David Harvey, Iñaki Gil de San Vicente, Juanlu González, Vicenç Navarro, Alain Badiou, Fernando Buen Abad, Pablo Guadarrama, Rocco Carbone, Ernesto López, Wim Dierckxsens y Walter Formento en diversos artículos que circulan profusamente en la web)  ha movido las placas tectónicas del capitalismo global y ya nada podrá volver a ser como antes. Además nadie quiere, salvo el puñado de magnates que se enriquecieron con la salvaje rapiña perpetrada durante la era neoliberal, que el mundo vuelva a ser como antes. Tremendo desafío para quienes queremos construir un mundo post-capitalista porque, sin duda, la pandemia y sus devastadores efectos ofrecen una oportunidad única, inesperada, que sería imperdonable desaprovechar. Por lo tanto, la consigna de la hora para todas las fuerzas anticapitalistas del planeta es: concientizar, organizar y luchar; luchar hasta el fin, como quería Fidel cuando en un memorable encuentro con intelectuales sostenido en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en febrero del 2012, se despidió de nosotros diciendo: “si a ustedes les afirman: tengan la seguridad de que se acaba el planeta y se acaba esta especie pensante, ¿qué van a hacer, ponerse a llorar? Creo que hay que luchar, es lo que hemos hecho siempre.” ¡Manos a la obra!







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Agur eta Ohore 'Chato'

En el estado español ya se dice que el SARS CoV-2 se está llevando a la generación que combatió al franquismo tras la asonada militar en contra de la Segunda República y que, tristemente, esa generación muere en soledad.

Pues bien, como pare enfatizar en ello, El Diario nos informa que el Covid-19 se ha llevado al luchador antifascista José María 'Chato' Galante, integrante de La Columna, el colectivo que ha acompañado la querella argentina de la juez María Servini en contra de los crímenes del franquismo.

Que la tierra le sea leve, le llevaremos por siempre en nuestra memoria.

Aquí la información:


José María 'Chato' Galante, miembro de la asociación de ex-presos políticos La Comuna, Presxs del franquismo, ha fallecido la noche de este sábado

El activista y ex-preso del franquismo José María 'Chato' Galante (Madrid, 1948) ha fallecido la noche de este sábado afectado por el coronavirus, tal como han confirmado sus amigos y compañeros en su perfil de Twitter.

Galante era miembro de la asociación de ex-presos políticos La Comuna, Presxs del franquismo, que luchaba contra los crímenes perpetrados durante la dictadura de Franco. Fue miembro de la Liga Comunista Revolucionaria durante su juventud. A los 20 años fue detenido, sometido a torturas y encarcelado durante cuatro años por participar en protestas estudiantiles.

En 2018, Galante se querelló contra 'Billy el Niño', por presunto delito de lesa Humanidad por las torturas que llevó a cabo. Ese mismo año, su testimonio, como el de tantas otras víctimas del franquismo, quedó retratado en el documental 'El silencio de los otros', de Almudena Carracedo y Robert Bahar.

"Todos sus compañeros/as estamos destrozados, pero seguiremos en esta lucha. Él era un imprescindible. Que su trabajo no haya sido en balde", han escrito este domingo sus allegados en sus redes sociales.

El secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, también ha lamentado su muerte en las redes sociales.

"El COVID-19 se ha llevado a Chato Galante, combatiente por la libertad, preso político de la dictadura, luchador por la justicia universal y contra los torturadores, uno de los imprescindibles de Brecht. Se me rompe el alma. Hasta siempre compañero", ha escrito.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, ha destacado que Galante no dejó "un solo día de poner el cuerpo en la lucha por la vida". "Así se lo contaremos a nuestros hijos", ha apostillado.

Por su lado, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha trasladado las condolencias de todo su partido, Izquierda Unida, a los allegados de Galante, al que ha definido como "luchador infatigable contra la impunidad de los responsables de la represión franquista".

Al margen del mundo de la política, el actor Juan Diego Botto también ha trasladado sus condolencias a través de Twitter. "Se ha ido un ser humano inmenso, un luchador incansable, un imprescindible en la lucha contra la impunidad", ha expresado Botto. "No te olvidaremos y seguiremos tu ejemplo para conseguir que este sea un mundo mejor para todos los seres vivos que lo habitamos", han afirmado desde Ecologistas en Acción, organización en la que militó Galante.






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Pandemia Elitista

Desde Naiz traemos a ustedes este texto que ayuda a contextualizar lo que se está viviendo como resultado de la pandemia del SARS CoV-2:


Iñaki Revuelta Lertxundi | Cantante

Atravesamos ya, según dicen las autoridades competentes, los momentos más duros de la crisis sanitaria del covid-19 en nuestro país. Donde alcanzaremos ese famoso pico y en el que en tal escenario se correría el riesgo de colapso en nuestros hospitales, dándose tristemente ya en algunas regiones muy castigadas como es en el caso de la Comunidad de Madrid.

Todo el mundo tiene su historia particular, el confinamiento es general pero cada persona reune una serie de particularidades que le distinguen del resto. La población de más de setenta años y sobre todo de más de ochenta es la que peor parte se está llevando, siendo trágica y sangrante la cifra de los fallecidos en residencias de ancianos, más de mil en menos de un mes por ejemplo en la región anteriormente citada.

Luego estamos la población de riesgo, con diferentes patologías y que vemos toda esta situación con gran respeto y preocupación. En mi caso soy asmático crónico al igual que mi madre, habiendo sido ingresados en numerosas ocasiones, llegando incluso a rozar la muerte mi progenitora en una de ellas. A pesar de ello yo al igual que miles y miles de compañeros, he acudido a mi puesto de trabajo diariamente, a una carnicería dentro de un supermecado más concretamente. Eso hasta este pasado miércoles que he entrado en cuarentena, tras haber estado junto a alguien posible caso y padecer sintomatología desde el domingo. Al igual que mis compañeros y que todo el mundo de la alimentación, no parecemos ser gente que está especialmente expuesta y no merecemos disponer de los test correspondientes. Eso únicamente parece destinado a la élite gobernante, clase política en general y demás sectores de la sociedad con un alto estatus y nivel de vida. Con el coronavirus al igual que en el resto de tristes etapas vividas, se refleja el clasismo y la distinción que se ejerce para con el pueblo. Sigamos aplaudiendo fuerte en nuestros balcones, eso sí que no nos lo pueden arrebatar, las ansias de igualdad y libertad.






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