Un blog desde la diáspora y para la diáspora

sábado, 30 de mayo de 2020

Egaña | Condenas Añadidas

Ayer se llevó a cabo una actividad solidaria para con los presos políticos vascos denominada Izan Bidea y convocada por la plataforma ciudadana Sare.

Para abundar en el tema de la situación que viven los presos políticos vascos y tomando como referencia la situación actual que vive la sociedad dada la contingencia creada por la pandemia del SARS CoV-2, traemos a ustedes este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña dado a conocer en su página de Facebook:


Iñaki Egaña

Con la edad nos vamos convirtiendo en una bolsa de recuerdos. La vida se nos agolpa en unos cuantos flashes. Uno de estos incisos que me revuelven tiene ya demasiados años. Y, sin embargo, el suceso me sugiere la crueldad de la que es capaz un sistema, un estado, un gobierno, sin apenas pestañear. Y de lo que son capaces sus legionarios, por un puñado de monedas que son, a fin de cuentas, las que asientan su ideología.

El acontecimiento sucedió en Bilbo. Había fallecido el enésimo preso vasco. En Herrera de la Mancha, una prisión de alta seguridad construida ex profeso para presos políticos. Se llamaba Joseba Asensio, y su muerte le sobrevino unos días después de la inauguración del Mundial de Fútbol de México. Quisieron los duendes del destino que el deceso de Joseba coincidiera con la de José Luis Borges.

Y como si una de esas extrañas historias del estrafalario escritor argentino se tratara, Asensio se nos fue, en plena modernidad, de tuberculosis. Una enfermedad que se detecta con una ligera prueba que incluye un pinchazo cutáneo y se trata con antibióticos, habituales en cualquier farmacia de cualquier esquina. La médica de la cárcel, Nuria Castro, fue procesada por negligencia. El fiscal le pidió seis años, pero fue absuelta porque su criterio de defensa tenía un amargo sostén. Contaba con un fonendoscopio como único artilugio de trabajo. Y la tuberculosis no se oye.

La fatídica muerte de Asensio, un joven de 27 años al que apenas quedaban unos meses para concluir su condena de seis años, y que debía de estar en la calle si le hubieran aplicado el régimen general penitenciario (tres cuartas partes cumplidas) tuvo su continuidad. Nunca sabremos cuál es el techo de los malvados. Ni siquiera la Shoah lo determinó.

Y es en este instante donde la alusión se repite en la transición de recuerdos que conforma nuestra vida: el ataúd de Asensio con sus restos aún recientes, a hombros de su familia y amigos, asaltado por una caterva de policías que agredieron el duelo. En Bilbo. La perversión no sabe de paréntesis. Más de 30 heridos y una imagen para la eternidad. Era el Año Internacional de la Paz aquel de 1986, pero para el ministerio del Interior español, el descanso no llega siquiera con la muerte.

La prisión como modelo represivo anexo continuó su trazado legendario. Murieron otros presos vascos, algunos excarcelados antes de expirar su último aliento, para evitar esa estadística que señala a los fallecidos bajo custodia. Que apunta a responsabilidades, aunque sean morales porque ya sabemos de sobra que las políticas y judiciales, con ese entorno neofranquista que pulula entre los togados y encorbatados, no llegarán.

El ictus de Julen Atxurra en la mazmorra de Puerto, nos indica lo poco que han cambiado las tendencias penitenciarias en las últimas décadas. A pesar de lo sucedido con Joseba Asensio, siete años más tarde y en la misma prisión de Herrera de la Mancha, otro preso vasco, Laurentz de la Llama, iniciaba una huelga de hambre para que ¡le atendiera un médico! Había enviado numerosas peticiones al juez de vigilancia penitenciaria que ni siquiera había tenido la delicadeza de responderle.

El pasado año de 2019, tres presos políticos vascos fallecieron con enfermedades desarrolladas con celeridad en prisión, detectadas tardíamente, sin tratamiento adecuado. Fueron excarcelados cuando se encontraban en fase terminal: Oier Gómez, Juan Mari Maiezkurrena y José Ángel Otxoa de Eribe. Recordarán a Kepa del Hoyo, en 2017 mal diagnosticado que murió de un infarto, a la semana del reconocimiento.

Al día de hoy, en el tercer mes desde el estado de alarma de la pandemia del coronavirus, hay 65 presos vascos con enfermedades que necesitan de seguimiento médico externo, entre ellos 17 con patologías graves. La respuesta, sin embargo, de París y Madrid al aligeramiento carcelario por la situación sanitaria ha sido sintomática: el tema no va con los internos vascos.

La situación del colectivo de presos vascos es demoledora. La juventud, sinónimo de salud y frescura, no es una de las señas de identidad de los presos vascos. Un 90% tiene más de 40 años y un 17% más de 60. Cuatro presos vascos llevan entre rejas más de 30 años y 50 más de 20. En Europa el estándar de estancia máxima en internamiento es el de 15 años de presidio. Si aplicáramos esa regla al colectivo de presos políticos vascos resultaría que dos terceras partes (65,2%) habrían superado ya el límite europeo.
En medio de la pandemia y en esa reclusión temporal a la que nos han sometido manu militari, y con esto no quiero sugerir que el aislamiento no fuera necesario, las cárceles fueron cerradas a cal y canto. Con reparos. Un ertzaina introdujo, inconscientemente, el virus en la prisión de Zaballa. Síntoma de las prioridades. En otras cárceles del estado, contagios, suicidios y silencio sepulcral. Control de la información para evitar las protestas.

Cuando he leído por aquí y por allá sobre la dureza del confinamiento para quienes estamos en el exterior, me ha sorprendido la levedad de nuestras personalidades. Con internet, biblioteca al antojo, teléfonos móviles a tarifa plana, frigoríficos rellenados al gusto (dentro de las posibilidades de cada clase) y otro tipo de comodidades, muchas de las quejas no han dejado de sonarme como lo que son, frivolidades.

Más aún al descorchar los informes de tanto experto que surge bajo las macetas de nuestros balcones: el 46% de la población va a sufrir trastornos psicológicos intensos por el hecho de haber permanecido unas semanas en confinamiento. ¿Es esa la fortaleza de nuestra sociedad? De ser cierto, el género humano tiene los días contados.

Porque a esa ingente colectividad contrariada habría que recordarle que miles de millones sufren en el mundo de unas condiciones inhumanas, por usar un término distópico, Y que, en la cercanía, dos centenares y medio de nuestras y nuestros compatriotas, sufren esas inhumanas circunstancias desde hace décadas. En prisión, para más señas.






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jueves, 28 de mayo de 2020

El Martirio de George Floyd

Una vez más un acto de brutalidad policial en contra de un afrodescendiente en Estados Unidos.

Una vez más una muerte innecesaria.

Una vez más una comunidad pisoteada históricamente se ve forzada a presenciar como es asesinado a sangre fría uno de los suyos tan solo por el color de su piel.

Una vez más el racismo que ocultan los medios de comunicación y la industria del entretenimiento queda de manifiesto en un país dirigido por un supremacista blanco desde la Oficina Oval.

Aquí lo detalles por medio de Público:


Miles de personas protestaron la noche de este martes por la muerte de George Floyd, los manifestantes marcharon al grito de "¡no puedo respirar!", el mismo que pronunció Floyd mientras uno de los agentes le tuvo inmovilizado durante minutos con la rodilla sobre su cuello.

Cuatro policías de Minneapolis involucrados en el arresto de un hombre afroamericano que murió bajo custodia policial fueron despedidos el martes después de que el video de un espectador mostrara al hombre suplicando que no podía respirar cuando un oficial blanco se arrodilló encima de su cuello.

El vídeo compartido en las redes sociales muestra cómo un policía, ante la indiferencia de su compañero, aprieta con su rodilla el cuello del detenido en plena calle durante aproximadamente siete minutos. George Floyd, esposado y desarmado, reclama varias veces que no puede respirar, hasta quedar inconsciente.

El portavoz de la polícia de Minneapolis en una rueda de prensa este martes, explicó que los agentes llegaron al 3.700 de la Avenida Chicago South para detener a Floyd, sospechoso de fraude, que estaba en el interior de un coche y parecía drogado, según la versión policial. Cuando se le ordenó que saliera, se resistió físicamente al arresto.

Varios transeúnte presenciaron los hechos ocurridos el lunes con Floyd, lo que facilitó que vídeos se difundiesen rápidamente en las redes sociales. La Policía lo había detenido bajo sospecha de haber intentado usar un billete falso de 20 dólares en un supermercado.

Finalmente, uno de los dos policías lo paralizó en el suelo y lo esposó. "Los oficiales pudieron esposar al sospechoso y se dieron cuenta de que el sospechoso estaba sufriendo un problema médico", dijo el portavoz de la policía.

 

En el video grabado y difundido en redes sociales, se ve como Floyd llorando reclama que le duele el cuello: "Todo me duele... agua o algo, por favor. Por favor, por favor. No puedo respirar, agente, no puedo respirar". Minutos después, el detenido parecía inconsciente.

En el momento en el que no se observa al detendio respirar uno de los testigo le grita al policía: "¡Hombre, ni siquiera se está moviendo!, ¡Apártate de su cuello!", pero el oficial no se inmuta. Algunos transeúntes le acusan de que lo está disfrutando.

La jefa de policía de Minneapolis, Medaria Arradondo, informó este martes que el FBI liderará la investigación debido a la posible violación de los derechos civiles. "Cuando uno escucha que alguien clama por socorro, se supone que hay que socorrer", sostuvo el alcalde Frey. "Este agente falló en el sentido humano más básico. Lo que ocurrió anoche fue, simplemente, horrible", agregó.

Jacob Frey, alcalde de Minneapolis, tuiteó sobre los despidos y dijo: "Es la decisión correcta". "Ser negro en Estados Unidos no debería ser una sentencia de muerte", dijo este martes Jacob Frey.

 

Manifestación por George Floyd

Miles de personas protestaron la noche de este martes en Mineápolis (Minesota, EE.UU.) por la muerte de George Floyd ocurrida 24 horas antes.

La protesta empezó en el lugar de la muerte de Floyd y terminó frente a una comisaría cercana, donde la Policía antidisturbios lanzó gases y pelotas de goma a los manifestantes tras algunos desperfectos, según el periódico local The Star Tribune.

Los manifestantes marcharon al grito de "¡no puedo respirar!", el mismo que pronunció Floyd mientras uno de los agentes le tuvo inmovilizado durante minutos con la rodilla sobre su cuello.

La congresista demócrata Ilhan Omar, que representa a la ciudad de Mineápolis, dijo que "lo que está ocurriendo esta noche en la ciudad es vergonzoso", al instar a la Policía a "actuar con moderación" y dar "espacio para sanar" a la comunidad. "Disparar pelotas de goma y gases lacrimógenos a manifestantes desarmados cuando hay niños presentes no debería ser tolerado. Nunca", afirmó.

Por su parte, el concejal de Mineápolis Jeremiah Ellison calificó la actuación policial de "repugnante". "Hasta ahora, no he podido evitar que la Policía dispare de manera indiscriminada contra la multitud", declaró Ellison, quien explicó que estaba ayudando a los manifestantes: "Hace unos instantes, sostuve una toalla en la cabeza de una adolescente mientras le brotaba sangre".








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lunes, 25 de mayo de 2020

Cayetanos y Escuálidos

Cubainformación vuelve a la carga en defensa de Cuba y su revolución con este texto y video con los que una vez más pone de manifiesto la estulticia con la que los medios de comunicación manejan la temática de la ayuda internacionalista que la Isla presta a muchos países en el marco global de la pandemia del SARS CoV-2.

Lean ustedes:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

El gobierno de China ha anunciado que sus vacunas contra el coronavirus serán un bien público mundial y que aportará dos mil millones de dólares a países afectados, especialmente del Sur. Duro contraste con el de EEUU, que intentó comprar, a un laboratorio alemán, los derechos exclusivos de su vacuna, y que ha retirado su aportación a la Organización Mundial de la Salud. Pero ¿por qué no vemos un debate sobre esto, que afecta al futuro de la humanidad, en los platós de televisión?

Para enfrentar la pandemia, Cuba ha enviado 2.300 cooperantes a 24 países. Pero el diario español “El Mundo” nos dice que sus brigadas médicas son “propaganda y negocio”. Y ¿qué es para este diario la verdadera “solidaridad”? Las donaciones del archimillonario Amancio Ortega, dueño de la empresa Zara.

En las protestas contra el confinamiento en Madrid, en el barrio rico de Salamanca, se oyen gritos de “comunista” y “bolivariano” contra el gobierno español. Es “la revuelta del 1%”, de los millonarios, decía –con toda razón- “El País”. Curioso porque, hace unos años, este diario consideraba a Altamira, barrio acaudalado de Caracas, como la “zona cero” de las “protestas pro-democracia” en Venezuela. También es curioso que este y otros medios, que tanto han hablado del “desembarco” de familias ricas de Venezuela en el barrio madrileño de Salamanca, ahora no se les ocurra relacionar ambos fenómenos.

Durante cuatro años, La Habana puso todo –personal de mediación, infraestructura- para que el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC alcanzaran un acuerdo de paz. También lo hizo para el diálogo con la guerrilla del ELN. Por eso es inaudito que EEUU haya incluido a Cuba en su lista de países que no cooperan contra el terrorismo. La razón: se niega a violar los acuerdos firmados y entregar a la delegación negociadora del ELN, tal como le exige el gobierno de Bogotá. Algo inaudito también, cuando la embajada cubana en Washington acaba de sufrir un ataque terrorista que la Casa Blanca no ha condenado. Pero ¿han leído algún editorial de prensa que denuncie semejante desvergüenza?

EEUU sufre una crisis sanitaria sin precedentes, camino de las 100 mil muertes por Covid-19. En abril, en Nueva York, se suicidaban la jefa de urgencias de un hospital y un paramédico, impotentes ante la situación. Hemos leído acerca del fallecimiento de personas que, sin seguro, no recibieron atención médica. El contraste con Cuba es aplastante. Allí, su sistema público de salud, coordinado con otros factores, como miles de estudiantes de Medicina y voluntariado joven, ha logrado reducir al mínimo el número de casos. ¿Otra tertulia para la CNN?

Durante la pandemia, más de 50 mil venezolanas y venezolanos han regresado a su patria desde países a los que habían emigrado, como Colombia. Pero este éxodo de regreso ya no genera especiales de la prensa internacional, ni atrae a celebrities “humanitarias”. ¿Por qué será?

En Santiago de Chile, era detenido, en la cobertura de una protesta, el corresponsal de la agencia cubana Prensa Latina. En Washington, un médico era despedido por criticar, en un periódico, la falta de equipos de protección en su hospital. En Miami, una pareja era expulsada de un centro médico por grabar con su móvil un mensaje de crítica a la atención sanitaria recibida. Pero donde -nos dicen- detienen periodistas, hay represalias laborales y no dejan grabar en los hospitales solo es… en Cuba.

Recientemente, morían en Turquía, en huelga de hambre, dos integrantes del grupo musical Yorum. Es la “cultura del martirio en la extrema izquierda turca”, explicaba el diario español “El Mundo”. ¿Se acuerdan de la muerte, hace diez años, de un preso en Cuba? El sistema mediático global se lanzó, como una jauría, contra el gobierno cubano. ¿Por qué no hablaron, entonces, de la “cultura del martirio en la contrarrevolución cubana”?

Y es que son cínicos… hasta con la muerte.

Edición: Esther Jávega. Presentación: Lázaro Oramas.

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Julen Atxurra Sufre Derrame Cerebral

En días recientes se ha dado a conocer una iniciativa de activación ciudadana por parte de Sare en favor del colectivo de represaliados políticos vascos. Comentábamos la situación de Jakes Esnal en el estado francés y la de Patxi Ruiz en el estado español.

Pues bien, recién se recibe información acerca de la grave situación en la que se encuentra Julen Axurra. Cuando lean lo que nos reporta Naiz entenderán la gravedad de la política penitenciaria vengativa que Madrid y París han implementado en contra de los presos vascos y su negativa a modificarla a pesar del proceso de paz iniciado desde hace nueve años, mismo que ha sido acompañado desde el principio por parte de la organización antifascista ETA que de hecho ya ha culminado los componentes de desarme y de desmovilización dentro de su proceso de DDR.

No obviemos tampoco que ni siquiera la emergencia sanitaria generada por el contagio global del SARS CoV-2 modificó un ápice la postura por parte de los estados español y francés con respecto a los presos políticos vascos.

Dicho lo anterior, aquí la información:


Julen Atxurra Egurrola, preso de Lekeitio de 61 años de edad y encarcelado en la otra punta de la Península, sufrió el pasado día 13 un derrame cerebral que le ha dejado secuelas. Etxerat ha difundido hoy la noticia, apuntando que está en la enfermería de Puerto-I tras recibir la atención hospitalaria y su familia ha podido verle este fin de semana.

Etxerat ha dado a conocer este lunes que el preso político lekeitarra Julen Atxurra Egurrola, de 61 años y encarcelado en la prisión de Puerto-I (Cádiz), ha sufrido un derrame cerebral. «Como consecuencia del mismo, se ha visto afectado en la zona izquierda de su cuerpo, en mayor medida la rodilla y el pie, así como los dedos de la mano, tal y como se desprende del informe médico y de la información que sus familiares han recibido por parte del servicio de Neurología del hospital en que fue atendido», indica.

El derrame le sobrevino el miércoles 13 de mayo y fue comunicado a los familiares. «Al revés por semejante noticia hay que añadir la impotencia ante la imposibilidad de contactar directamente con la persona querida, unido a la gran distancia a la que se encuentra. Una preocupación acrecentada por el desconocimiento de las circunstancias y la premura con la que se realizara el ingreso hospitalario, hecho de vital importancia en este tipo de ataques, ya que cuanto más tiempo dure la anomalía del flujo sanguíneo hacia el cerebro, mayor es el daño», destaca Etxerat.

El pasado jueves, 21 de mayo, ocho días después de sufrir el derrame, el preso vizcaino fue trasladado de nuevo desde el hospital a la cárcel, desde donde pudo llamar a su casa. Y este pasado sábado «dos familiares pudieron viajar hasta Puerto de Santa María y visitarle durante 40 minutos en un locutorio de la prisión de Puerto-I. Los familiares han relatado que Julen Atxurra se encuentra ingresado en la enfermería de la cárcel, con buen estado de ánimo y que, gracias a su fortaleza física y mental, empieza a recuperar sensaciones en las zonas más afectadas de su cuerpo».

En primer grado tras 24 años preso

Etxerat muestra en la nota «todo su cariño y apoyo» al preso y a sus familiares. Y hace hincapié en que «el ataque le ha sobrevenido al preso de Lekeitio en un momento muy complicado muros adentro, dado que se mantiene la situación de emergencia por la covid-19, toda vez que las comunicaciones ordinarias con el exterior se encuentran interrumpidas desde hace más de dos meses. Ahora, tras volver del hospital, deberá afrontar la cuarentena, en su situación».

«Constatamos, además, que los padres del preso político vasco son muy mayores y no es posible que puedan acudir a visitarle a una prisión situada a 1.020 kilómetros de su casa. Julen Atxurra Egurrola fue encarcelado en julio de 1996, es decir, va a cumplir en breve 24 años en prisión, todos ellos en 1º grado, es decir, el más duro y restrictivo y se encuentra encerrado en una prisión situada a 2.040 kilómetros de ida y vuelta a su entorno familiar», detalla Etxerat.

La nota añade que su caso «es el descarnado exponente de una realidad a la que hay que poner fin con urgencia, que nos habla de que, a día de hoy, tenemos 17 presos vascos que padecen enfermedades graves; hay dos presos políticos vascos mayores de 70 años, otros 12 que suman más de 65 años de edad y 24 más que superan los 60; el 80% de los encarcelados en el Estado español se encuentran en prisiones situadas entre 400 y más de 1.000 kilómetros de distancia de su entorno; 158 de las y los 200 presos en el Estado español están en 1º grado penitenciario». En consecuencia, incide en las demandas de liberación de los presos con enfermedades graves y mayores de 65 años, así como el acercamiento de todos y todas a Euskal Herria.






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Coronavirus y Veto a Gara

Esto que van a leer no tiene nada que ver con los cayetanos 23-f que parapetados en el madrileño barrio de Salamanca han estado enfilando el estruendo de sus cacerolas en dirección al gobierno de la dupla Pedro Sánchez-Pablo Iglesias... no... esto lo ha perpetrado el mismísimo PSOE.

Y es que cuando la intención es cerrar de una vez por todas un diario cuyo compromiso es mantener informada a la ciudadanía gala esquivando por completo el sesgo informativo exigido por La Zarzuela pues no se anda uno con sentimentalismos, al contrario, se aprovecha cualquier oportunidad que se presente para dar una vuelta más a la tuerca.

¿Que hay que recurrir a un virus que ha matado a miles de personas en el estado español para escalar la campaña de hostigamiento en contra del pueblo vasco? 

No ha problema, adelante, peores sinvergüenzadas se han hecho.

Así que aquí les dejamos con esto que nos denuncia Naiz:


La imagen publicada en redes sociales por un kiosquero no necesita mucha explicación: GARA es el único diario vasco de información general que llega hoy con su propia portada. En el resto el Ministerio de Sanidad español ha insertado una millonaria publicidad institucional sobre las fases de desescalada.

Son cuatro páginas, una «sábana» en el argot de la prensa, solapadas sobre la portada de cada medio. El Ministerio de Sanidad español ha copado los kioscos esta mañana insertando una potente –y muy costosa– campaña de publicidad institucional que informa sobre el contenido de las fases 1 y 2 de la desescalada. Pero en Euskal Herria ha habido una excepción: GARA, que ha sido excluido, dando pie a imágenes como esta:



Paradójicamente, la campaña institucional hace una apelación en plural a toda la ciudadanía. En la sobreportada lleva el mensaje «#Salimos más fuertes» y en la contraportada añade: «Gracias a la responsabilidad y al esfuerzo de todos, hemos llegado hasta aquí. Esta es nuestra fuerza. La fuerza con la que vamos a salir».

Ya en páginas interiores, se recoge lo que se puede hacer tanto en la fase 1 como en la fase 2 desde este lunes. Informaciones y detalles que GARA-NAIZ ya han ofrecido a sus lectores los últimos días dentro de su labor de servicio público, con o sin publicidad institucional de este tipo.

La campaña es obra del Ministerio de Sanidad del Gobierno español, titulado por Salvador Illa, que ejerce ahora como «mando único» dentro del estado de alarma por decisión del presidente, Pedro Sánchez.

En Catalunya se ha denunciado la exclusión de otro diario, ‘El Punt Avui’.

Económicamente, el veto priva a GARA de una inyección económica considerable en un momento en que sigue afrontando los pagos de la deuda de ‘Egin’ endosada ilegítimamente. Pero en las redes sociales han proliferado mensajes de apoyo.







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domingo, 24 de mayo de 2020

Egaña | Borbones en Euskal Herria

Nuestro amigo Iñaki Egaña ha publicado en Naiz la que debe ser la mejor radiografía del borbonismo.

Lean ustedes:


Las andanzas del emérito monarca español, sabidas desde su juventud, pero ingresadas bajo la alfombra por la mayoría de la clase política española, han puesto a la dinastía en la lista de la presencia informativa. Han sido tantas que, finalmente, sus escándalos han rebosado el umbral que podían sujetar los servicios de inteligencia y el vaso se ha desbordado.

Iñaki Egaña

Juan Carlos I pasará a la historia agrandando la ya de por sí extensa y excelsa vida política, social y sexual de su casa, la de los Borbones. A su hijo, Felipe, que tomó el nombre de un monarca cuyo primer reinado lo hizo bajo la estirpe de los Habsburg, le espera la honra de alcanzar o superar el nivel de su padre. Ya se ha puesto a ello y la verdad es que tiempo, tiene.

A pesar de lo que pueda parecer, la dinastía es anterior a las destilerías que ya en el siglo XIX se asentaron en el sur de lo que hoy es EEUU, en especial en Kentucky, precisamente en el condado de Bourbon. Aquel territorio fue colonizado por franceses y británicos, entre ellos el mítico Daniel Boone, que se lo arrebataron a cheroquis e iroqueses para darle el nombre de la hoy monarquía hispana, hasta poco antes también francesa. Luego, colonos escoceses e irlandeses harían grande el nombre del whisky de maíz. Es muy probable que dentro de unas décadas el del whisky sea la única referencia viva a la marca francesa.

Esta dinastía tomó el nombre del castillo francés de Bourbon, en la actual región de Auvergne (hoy con capital en Clermont-Ferrand), una rama secundaria entonces de los Capétiens (Capetos). Los Capétiens fueron el origen de la mayoría de dinastías europeas, por línea paterna. Entre ellos, el de Felipe VI, rey de España. También de los reyes de Castilla, Aragón, Portugal, Nápoles, Sicilia, Nafarroa, Polonia, Hungría… y ducados, condados y marquesados que fueron en algún momento de su historia independientes.

En el Estado francés, los Borbones llegaron al trono con Enrique IV, en el siglo XVI. Paradójicamente, Enrique IV era monarca navarro, destronado al sur de los Pirineos, quien, a la muerte sin descendencia del último de los Valois, otra dinastía que tal, heredaría el trono. Así que, caprichos del destino, la dinastía que acabó con los fueros tanto en Ipar como en Hego Euskal Herria, que mostró su efigie más absolutista y centralista para con las nacionalidades periféricas, tuvo su primer punto de apoyo, antes de París y Madrid, en la regencia del Reino de Nafarroa.

Enrique IV fue el primer soberano que permitió la libertad de culto, después de perder una guerra de religión que puso patas arriba los dominios franceses. Fue aquel de la famosa frase, “París bien vale una misa”. Las guerras feudales quedaron aparcadas y comenzaron, a través de la religión, las de exterminio: tres millones de muertos en siete conflictos concatenados.

No sé si por esa razón, la del punto de apoyo navarro, o por otra, que la dinastía también tuvo, entre lingüistas románticos, sus discípulos vascos. Hace ya cerca de tres siglos, con la dinastía borbónica asentada a ambos lados de la muga, ilustres como Iharce Bidassonet o Dominique Lahetizan, encontraban una explicación etimológica de raíz euskaldun a casi todo. Contaban, entre otras cosas, que Eva venía de “Ez-ba” (no-si), pues era natural que Adán diese a su mujer un nombre que transmitiese su ambigüedad. También que el origen de la casa Borbón era vasco: “buru-on”. No acertaron, pero dieron su toque de extravagancia a la dinastía.

Con relación a Ipar Euskal Herria y a Francia, la rama borbónica continuaría la descendencia de Enrique IV con tres Luises, XIII (1610-1643), XIV (1643-1715) y XVI (1774-1793), entre periodos imperiales, de restauraciones y republicanos. Fue el último, Luis XVI precisamente, el despojado de su corona y privilegios por una Revolución francesa que, democráticamente, a través de su Asamblea Nacional, le convirtió en ciudadano de a pie, Luis Capeto, y luego votó su ejecución: 362 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones. Guillotinado un 21 de enero, el verdugo presentó su cabeza rebanada a la multitud en la Plaza de la Concorde, gritando “¡Viva la República!”.

La rama surista, es decir la española, tuvo un comienzo realmente espantoso, apocalíptico. Las últimas generaciones de los Habsburg (Austria), esa dinastía con la que España había forjado su imperio a costa de un genocidio étnico y religioso en medio planeta, se habían cruzado entre sí, para evitar repartir sus posesiones. Y ya sabemos que la genética es implacable y la evolución sabia, creando monstruos estériles.

El último eslabón fue la boda entre tío y sobrina que dio como herencia un único hijo vivo, pero no sano. La consanguineidad abortó la descendencia y la casa de Habsburg desapareció, provocando una guerra de sucesión. Hoy se asegura que el último Habsburg, Carlos II, padecía el Síndrome de Klinefelter, una mutación cromosómica, que le provocaba, entre otros males, hipogonadismo (sus testículos no eran funcionales) e infertilidad. Pero en la época, para encubrir sus deficiencias genéticas, se le llamó “El hechizado” y se atribuyó su enfermedad a maldiciones de brujas.

La guerra dinástica española provocó más de un millón de muertos. La paz se firmó en Utrecht y todos los territorios españoles de Europa fueron adjudicados a los Habsburg austriacos y España a la citada rama lateral de los Borbones franceses, al nieto del rey Luis XIV. En 1740, con motivo de la muerte de otro Habsburg, esta vez en Austria y ante la falta de descendencia masculina, otras casas feudales volvieron a exigir el trono que evitaban fuese a parar a manos de una mujer. Otra guerra de Sucesión que, en este caso, volvió a dejar medio millón de cadáveres sobre los campos de Centroeuropa.

El primer Borbón que llegó a Madrid fue el duque de Anjou, quien adoptó el nombre de Felipe V y reinó entre los años 1700 y 1724. Le sucedieron Luis I (1724), de nuevo Felipe V (1724-1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788), Carlos IV (1788-1808), Fernando VII (1808; 1814-1833), Isabel II (1833-1868), Alfonso XII (1875-1885), Alfonso XIII (1902-1931), Juan Carlos I (1975-2014) y Felipe VI. Como es sabido, la sucesión prohibía el acceso de la mujer al trono, por lo que desde 2014, tras la abdicación de Juan Carlos, le sucedió su tercer hijo: Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia.

Como en otros escenarios y con semejante botín de por medio, los aspirantes y pretendientes al trono, también de sangre Borbón, han tenido su espacio reivindicativo, en especial y dramáticamente durante las guerras carlistas. En ambas los pretendientes se llamaron Carlos, de ahí el apelativo a las guerras dinásticas. El primero habría sido, de triunfar su candidatura, Carlos V y el segundo, Carlos VII. Difirieron en el segundo apellido, Borbón-Parma y Austria-Este, respectivamente.

En la Transición, a la muerte de Franco, destacó, frente a la figura de la línea oficial de Juan Carlos, la del pretendiente Carlos Hugo Borbón-Parma, que dio un giro radical al carlismo, convirtiéndolo en autogestionario e incluso creando un grupo armado para enfrentar al nuevo estado monárquico, los GAC (Grupos de Acción Carlista). Tras su disolución, algunos de sus militantes ingresaron en el PCE y otros, incluso en ETA. El Estado se tomó su venganza con la matanza en Jurramendi, en 1976.

Carlos Hugo era el segundo hijo de Javier Borbón-Parma. La hija mayor de Javier, María Francisca, al ser mujer y como era norma, no contaba en la sucesión, al igual que en la línea oficial. Javier Borbón-Parma fue una veleta política. Participó en los preparativos políticos del golpe de Estado contra la República española en 1936 y, durante la Segunda Guerra Mundial, se sumó a la Resistencia aliada contra el nazismo. Detenido, fue condenado a muerte e internado en el campo de exterminio de Dachau, del que fue superviviente. Años más tarde, se reconcilió con el franquismo.

Hoy, los “carlistas” Sixto Borbón-Parma Borbón-Busset y Carlos Javier Borbón-Parma y Orange-Nassau reclaman el trono de Felipe VI. Porque, en 1936, el pretendiente carlista, Alfonso Carlos Borbón Austria-Este murió sin dejar descendencia masculina. Así que vuelven las interpretaciones. En Francia, los nostálgicos de la monarquía conservan su pretendiente preparado para un improbable salto medieval, Luis Alfonso Borbón Martínez-Bordiú. Aunque en esta ocasión, por razones de interpretación histórica, compiten con un aspirante de la casa Orleáns, Juan de Orleans y Wurttemberg.

Y para Nafarroa fue notoria, como sucesor de la dinastía Labrit, aunque no pertenecía a la línea Borbón, la exigencia de Pierre de la Motte-Messemé, que se declaró sucesor de los reyes navarros del siglo XVI. Presentó reclamaciones, apareció en la prensa y realizó una gira por sus supuestos dominios. Falleció en 2009 y a su hijo Robert-Pierre parece que le va al pairo eso de la realeza, más aún cuando no hay de por medio ornamentos ni estipendios económicos.

Por cercanía histórica, uno de los Borbones más efímeros, Alfonso XII, a punto estuvo de tener una existencia aún más breve. Hubiera cambiado el futuro de Euskal Herria, probablemente, y modificado el escenario político. Alfonso fue fruto de un escarceo de su madre Isabel II con un militar. Los cronistas de la corte lo cubrieron justificando que su consorte, su primo-hermano Francisco de Asís Borbón, era homosexual. En la historia los amantes extramatrimoniales de los Borbones son tratados como “favoritos”. Alfonso fue entronado al caer la Primera República española. Acababa de cumplir 17 años. Unas semanas más tarde, a principios de febrero de 1875, acudió a animar a sus tropas que marchaban triunfantes hacia Lizarra.

Cerca del Carrascal, sin embargo, los carlistas, fingiéndose en retirada, levantaron sus campamentos, para lanzarse, poco después, contra el grueso del Ejército español acantonado en Lacar. Sorprendidos los liberales, emprendieron la huida desordenadamente hacia Lorca, donde fueron emboscados por varias partidas carlistas. Un millar de soldados alfonsinos fueron muertos, varios miles apresados, mientras que el rey español estuvo a punto de caer prisionero. Faltó la coordinación entre las partidas carlistas para que la derrota alfonsina hubiera sido total.

Alfonso murió diez años más tarde de tuberculosis y le sucedió interinamente su viuda, María Cristina, que estaba embarazada. Unos meses más tarde nacería su hijo, también Alfonso, aunque con el añadido de León Fernando María Santiago Isidro Pascual Antón Borbón que, al cumplir los 16, en 1902, sería el nuevo monarca conocido como Alfonso XIII. Un monarca corrupto, títere de los militares y, como su dinastía, libertino. Dejó al menos media docena de hijos fuera de su matrimonio con la escocesa Victoria Eugenie of Battemberg.

Alfonso XIII abandonó Madrid en 1931, para refugiarse en París, mientras se proclamaba la Segunda República en el Estado español con la avanzadilla de Eibar. Tuvo siete hijos legítimos, varios de ellos hemofílicos. El sexto, en orden cronológico, (Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso, conocido por Juan), por renuncia de los anteriores o aplicación de la ley agnaticia (las mujeres se sitúan por detrás de los varones en la herencia), fue el elegido. El padre de Juan Carlos. Aunque no ejerció, por acuerdo con Franco. El primer hijo de Alfonso XIII, que por lógica sucesoria debería haber heredado el trono, fue repudiado por casarse con una plebeya cubana. Juan se casó con su prima Mercedes Borbón Orleans y tuvieron cuatro hijos, el segundo de ellos, Juan Carlos.

Alfonso XIII murió en Roma y su nieto Juan Carlos, que vivió en la capital italiana y en Portugal hasta los diez años, sería el elegido para sucederle, tras la muerte de Franco, en 1975. Dos años más tarde, Juan, el hijo de Alfonso y padre de Juan Carlos, que había pactado con Franco la sucesión, renunciaba a sus derechos.

Juan Carlos fue a Madrid por vez primera en 1948 y se ubicó en una finca de los banqueros Urquijo. Sus estudios, por decisión compartida entre la Casa Real y Franco, los llevaría a cabo en Donostia, utilizando el viejo Palacio de Miramar, sobre la bahía de la Concha, que el régimen había incautado a la República. Era el mismo escenario que utilizó su abuelo Alfonso XIII para veranear hasta que marchó al exilio en 1931.

Desde 1950 hasta junio de 1954, Juan Carlos, junto a su hermano Alfonso, vivió en el palacio donostiarra, aleccionado por los jesuitas, que se encargaron de la educación de ambos. Sus examinadores señalaron que Alfonso era el hermano listo y Juan Carlos, el tonto. De hecho, Alfonso continuó los estudios y Juan Carlos fue enviado a una academia militar.

Dos años más tarde, en 1956, ambos se encontraban en Estoril (Portugal). Y llegó la tragedia, cuando Juan Carlos mató a su hermano. A día de hoy, la única versión oficial es la franquista, la de que a Alfonso se le disparó la pistola cuando la estaba limpiando. Con los años, el rumor de que el autor de su muerte fue Juan Carlos se convirtió en confirmación, edulcorada con el colchón de “accidente”. Únicamente el hoy emérito conoce la verdad. La intencionalidad o no.

El apartado sexual de los Borbones es quizás, por el morbo, uno de los aspectos más extendidos de sus reinados. Aunque los aparatos del Estado siempre han intentado ocultar el libertinaje innato a la dinastía, por eso de que han sido estandarte de estados confesionales (los papas hicieron de padrinos en los bautizos respectivos), lo cierto es que la sombra que han dejado ha sido y es sumamente alargada.

La excusa más extendida por parte de la historiografía oficial (o habría que decir hagiografía) de las aventuras extramaritales es la de las bodas de conveniencia, entre primos, muchos de ellos carnales, acordados desde que los herederos aún eran niños. Y que, para satisfacer los deseos carnales, naturales a pesar o por su sangre azul, debían experimentar fuera de la Corte. O sea, que no era libertinaje, sino necesidad. El poeta Gustavo Adolfo Bécquer editó un libro, con ilustraciones de su hermano Valeriano, titulado “Los Borbones en pelota”, que fue una sensación. Los dibujos de sexo explícito de los reyes y reinas los hicieron más humanos.

El conocido como Fernando VII, de infausto recuerdo para el pueblo vasco, y también para el español, que ejerció en la primera parte del siglo XIX y que a su muerte se desencadenó la Primera Guerra carlista, desposó en cuatro ocasiones, en dos de ellas con sobrinas y, en otra, con una prima. Sus biógrafos lo definen como un sádico y acomplejado por sus deficientes dotes sexuales, que convirtió a la Corte en un gigantesco prostíbulo. Llegó a escribir al Papa para que intercediese con su primera esposa que, al parecer, le negaba yacer maritalmente.

En el plano estrictamente político, los Borbones fueron también guerreros. Lideraron las campañas contra los independentistas de sus colonias. Ejecutaron sin piedad a cuantos se alzaron contra la metrópoli, entre tantos, a Xabier Mina. Ejecutaron, también, a los revoltosos de la Zamacolada vizcaina en tiempos de Carlos IV, actuaron contra los manifestantes que cantaban el “Gernikako Arbola” en tiempos de la Gamazada. Subieron impuestos, estancaron productos en su beneficio, impusieron el servicio militar obligatorio, abolieron los fueros centenarios y centralizaron su estado, confiriéndole un carácter absolutista y reaccionario. Son, en el siglo XXI, el residuo medieval de una Europa supuestamente modernizada.






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Cavernarios y el Coronavirus

Les compartimos este texto con el que se arroja luz sobre la actual situación en el estado español derivadas del estado de emergencia declarada por la pandemia del SARS CoV-2 y sus ramificaciones en Euskal Herria.

Ha sido publicado en Naiz, aquí lo tienen:


Jonathan Martínez | Investigador en comunicación

No sé quién adjudicó el apelativo de «caverna mediática» a ese conglomerado de canales fachunos y tertulias de brandy en copa de balón, purito Farias y butaca de orejas. Como en la alegoría de Platón, los hombres de las cavernas pasan los días encerrados en una gruta sin comprender ni media de lo que ocurre ahí fuera. El espíritu cavernario se forjó en tiempos de Aznar, cuando el ejecutivo del PP repartía licencias TDT entre sus amiguetes. Aquel compadreo dio lugar al llamado TDT Party y a todo un star system de agitadores ultras. Fue la era gloriosa de Intereconomía y “El gato al agua”, un conciliábulo de falangistas con gomina, puritanos de alzacuellos y requetés hasta el culo de cazalla. De aquellos polvos, estos voxes.

Da igual si prestas atención o no, si sintonizas sus canales o si te retiras a vivir a una cabaña en el Anboto. Porque los bramidos de la caverna se escuchan siempre de fondo, como una barahúnda de vecinos plastas que se quedan de cháchara hasta la madrugada. Existe la tentación de pensar que son marginales o anecdóticos. Que sus opiniones pertenecen al extrarradio del ecosistema periodístico. El problema es que la caspa reaccionaria se ha infiltrado en las grandes cadenas de televisión, en los exabruptos del debate político, en la cola de la panadería y en los memes que deposita tu cuñado en el grupo de WhatsApp de la familia.

La última estampida cavernaria se ha dejado oír con contundencia. Rebobinemos. El Gobierno de Sánchez busca apoyos parlamentarios para prorrogar el estado de alarma. Se celebran reuniones. PSOE, UP y EH Bildu firman un documento que los compromete a «derogar de manera íntegra la Reforma Laboral del año 2012 impulsada por el Partido Popular». Al pie del acuerdo, las firmas de Adriana Lastra, Pablo Echenique y Mertxe Aizpurua. Todo en orden. Pero tras unas horas de confusión, llega el apocalipsis. El gallinero derechista se encrespa, Calviño manda echar el freno y el PSOE trata de matizar lo inmatizable. Iglesias y Otegi coinciden en su sentencia: lo firmado compromete.

Todo esto sucede en plena primavera facha de procesiones rojigualdas y repique de cazuelas. No puedo quitarme de la cabeza las algaradas pijas del barrio madrileño de Salamanca. El tipo que exige por megafonía la dimisión de Sánchez desde un descapotable con chófer. Fascismo cuqui de club de campo y mayordomo. Esnobs de pícnic dominical en Cuelgamuros que apestan a Chanel y a Moët & Chandon. Existe una bonita conexión entre los barrios de Salamanca y Neguri que muestra de qué pasta está hecho el discurso de la patronal española. El getxotarra Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, ha anunciado que abandona el diálogo con La Moncloa después de su acuerdo con EH Bildu. Que la reforma laboral de Rajoy no se toca, vamos.

La caverna es un monstruo de siete cabezas que a veces se presenta con rostro de empresario y otras veces tiene la jeta de un viejo gurú pepero. Dice Aznar que Sánchez «ha pactado con los herederos de ETA el marco de relaciones laborales en España». «Los herederos de ETA», repite Cristina Cifuentes, que ha pasado de mangar cremas en el Eroski a sentar cátedra en el programa de Ana Rosa. La propia Quintana, que hace unos meses despreciaba la incidencia de la covid-19, hoy reprocha a Sánchez que pierda el tiempo con los derechos laborales porque la salud es lo primero. En una entrevista con Rafael Simancas, la presentadora pregunta para qué necesitan los votos de EH Bildu. Para garantizar la salud de la gente, responde Simancas. «Bildu tiene a sus espaldas muchas muertes de españoles», dice Quintana. Chupito.

Por sorprendente que parezca, el enredo de la reforma laboral ha indignado a algunos dirigentes vascos cuyas declaraciones resultan a menudo indistinguibles de las voces de la caverna. Esta última semana, Urkullu ha convocado elecciones al Parlamento de Gasteiz y el PNV ha recuperado el estribillo derechón del «todoesETA» a una velocidad de plusmarca mundial. El pretexto es que han aparecido en sus batzokis (con gran escándalo y condenas) las mismas pintadas que han aparecido en la herriko de Ronda (con gran silencio y sin condenas). Toda la caverna entretenida con unas manchas de pintura mientras la Audiencia Nacional embarga herrikos y las cárceles españolas viven episodios propios de Guantánamo.

En cualquier caso, el disgusto de los dirigentes jeltzales está siendo antológico. Dice Andoni Ortuzar que la confianza en Sánchez está en números rojos. Josu Erkoreka incluso se ha permitido hablar en nombre del Gobierno vasco para poner en duda a un PSE que forma parte de ese mismo Gobierno vasco. El Gobierno de Schrödinger. La lehendakari navarra, en cambio, ha defendido el acuerdo para la derogación de la reforma laboral. Ante las preguntas de los medios por el pacto con EH Bildu, María Chivite ha señalado que «si las medidas son buenas, lo son independientemente de con quién se firmen».

Llega la campaña electoral a Gipuzkoa, Araba y Bizkaia y por algún misterioso motivo desaparecen del debate público todos los puntos negros de la última legislatura. La trama corrupta del Caso De Miguel. El desastre de Zaldibar. La ocultación de datos de la covid-19. La alineación obscena de Urkullu con Confebask y su rechazo a paralizar las actividades no esenciales en plena escalada de contagios. Uno tiene la sospecha de que los portavoces de Lakua y Sabin Etxea van a pasarse los próximos meses hablando de violencia callejera y de ETA para no tener que hablar de lo que más los incomoda. Salud. Crisis económica. Derechos del trabajo.

Visto el cierre de filas alrededor de la doctrina laboral de Rajoy, toca salir a la calle para plantar cara a esos recortes que ya se están fraguando en los despachos. Nos llamarán irresponsables y violentos. Sentiremos el murmullo de fondo de la caverna. La vasca y la española. Será como escuchar de noche el camión de la basura. Como una monserga intempestiva de vecinos plastas que se quedan dando la lata hasta la madrugada.






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sábado, 23 de mayo de 2020

Vuelta a las Condenas

Hay ciclos de violencia perpetuados desde el régimen españistaní que simplemente parece que estarán ahí por siempre. El revanchismo está enquistado.

Les invitamos a leer esta reflexión publicada en Naiz:


Andoni Olariaga | Filósofo

Vivimos tiempos pasados. Nuestro pueblo no deja de sorprender. Es curioso que cuando la historia ha pisado el acelerador, Euskal Herria vuelva ahora a escenarios y debates pasados y pesados. Escenarios y debates, que, tarde y temprano, había que volver a abordar, porque la historia siempre se repite, antes como tragedia, ahora como una gran farsa. Mientras el preso político Patxi Ruiz se debate entre la vida y la muerte, surgen pintadas contra sedes, domicilios e incluso Herriko Tabernas embargadas. En Madrid el ruido mediático de las condenas parecía no tener tanta fuerza, porque mientras lo anterior sucedía Bildu alcanzaba un acuerdo histórico (que después sería «matizado») con el PSOE y Podemos para derogar la reforma laboral.

Pero no podemos obviar que hemos vuelto a debates y posiciones que parecían ya superados: nuevas olas de condenas, titulares maliciosos («Bildu rehusa condenar los ataques callejeros», etc.), debates de Twitter estériles y endogámicos... han irrumpido en el debate político. Y volvemos a donde lo habíamos dejado, simplemente porque nunca lo habíamos superado. En una semana bastante convulsa nos encontramos con un escenario terrible: tenemos a un preso en huelga de hambre en estado grave reclamando sus derechos; un trabajador muerto en accidente laboral; pintadas contra sedes, domicilios y bares; cierre de locales autogestionados; multas policiales desproporcionadas; manifestaciones de la ultraderecha campando a sus anchas mientras otras pacíficas son reprimidas; etc. ¿Hay que condenar todas, algunas sí, otras no, en base a qué criterio?  Pongamos, que sí, y que, de hecho, algunos partidos políticos, no sólo han rechazado todas, sino que, además, han llamado a revocar o poner medidas para que no vuelvan a ocurrir los hechos anteriormente citados. Y pongamos, que aún así, no ha sido suficiente: no basta con rechazar y proponer medidas, lo que hay que hacer es condenar. ¿De donde viene esa obsesión por la condena?

El problema es, que las palabras no son sólo palabras (un plato no es un plato, como decía el gran filosofo M. Rajoy), son acciones que involucran el uso de una lengua natural, y están sujetas a reglas y principios que tienen consecuencias en la realidad. Esto es, hay palabras que son actos del habla. Por ejemplo, los matrimonios convencionales se sellan con un acto de habla que tiene tres elementos: el acto mismo («yo os declaro marido y mujer», y toda la parafernalia anterior y posterior); la intención del habla (hacer efectiva la palabra); y las consecuencias materiales y simbólicas que causan la unión de las anteriores, el hecho jurídico de ser matrimonio o pareja de hecho.

La condena es un acto del habla que contiene esos tres elementos: el acto de condenar (con toda su parafernalia de titulares, escenificaciones parlamentarias, etc.); las intenciónes de este acto, y las consecuencias materiales y simbólicas que causan el hacerlo o no. Vayamos por partes. La violencia se ha condenado, se condena y se condenará en todos los lugares. Pero en el estado español, el mismo acto del habla tiene intenciones y consecuencias particulares que en otros países no se dan, por lo tanto, la condena aquí tiene otro significado, otras intenciones y otras consecuencias (vaya que sí). ¿Qué es lo que busca, realmente, el acto performativo de «condenar»? ¿Acaso busca erradicar todas las violencias? ¿O trata más bien de crear un sistema simbólico jurídico, que naturalice algunas, eleve a violencias y terrorismos a otras (en este caso, protestas callejereas), y al final, justifique un estado de las cosas y una deslegitimación de ciertos proyectos políticos?

La intención primigenia fue y sigue siendo la de distinguir entre demócratas y violentos. Esa distinción simbólica venía arropada por un sistema jurídico, que ya en el siglo XXI, elevó a hecho jurídico lo anterior: aquel partido que no condenaba cierta violencia (solo cierta) sería ilegalizado. Y así fue. Pasaron los años y surgió Bildu como coalición de partidos políticos: en sus estatutos se rechaza la violencia como instrumento para la consecución de objetivos políticos. Desde entonces, ha venido rechazando todas las acciones de índole violento o intimidatorio. Todos los derechos para todas las personas, sin hacer excepciones. ¿Acaso ha sido suficiente? No, evidentemente. ¿Cuál es el problema? El acto del habla de la condena busca, sin reparos, legitimar un sistema simbólico y jurídico que manda a la cárcel a jóvenes por una pelea de bar bajo delito de terrorismo, y condecora a torturadores o rescata con dinero público a bancos que luego no lo devuelven. Un acto del habla que como dice Jule Goikoetxea entiende como normalidad democrática a la violencia reglada y como violencia a la protesta no reglada. Es así de simple.

¿Acaso es un instrumento positivo para la convivencia? Lo que parece conseguir es lo contrario, dividir y criminalizar, aparte de anular el pensamiento crítico. Un acto del habla que crea asimetrías entre violencias estructurales y protestas callejeras busca crear y expandir el imaginario de los demócratas y los violentos que tanto dolor ha traído, no busca solucionar aquellas cosas que condena, sino lavarse las manos escudándose en al acto performativo. Porque para eso sí que sirve, y vaya de que manera: para salir al portal del consistorio, condenar solemnemente todas las violencias, para después, ya con la conciencia tranquila, seguir sin cambiar las condiciones simbólicas y materiales que hacen posibles aquellas.

Tenemos una clase política que hemos malacostumbrado a ese proceder: condenar violencias y no hacer nada o poco para hacerlas desaparecer. Y lo que necesitamos es una clase política que ofrezca soluciones políticas. La cuestión es cómo actuamos como sociedad a los retos presentes y futuros que tenemos. Y para ello, debemos salir de estos aires de inquisición y empezar a afrontar la realidad con soluciones políticas, con un eje como principio y como objetivo político y social claro: todos los derechos para todas las personas.






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Egaña | Estado de Excepción

Iñaki Egaña hace un análisis del panorama social y político actual generado por las medidas draconianas diseñadas para darle sustento a la contingencia implementada por los estados en respuesta al alto contagio del SARS CoV-2.

Aquí lo tienen:


Iñaki Egaña

El “estado de alarma” dictado el 13 de marzo por Madrid y el de “emergencia sanitaria”, aprobado diez días después por París, han ajustado un “estado de excepción” descomunal, inusual para españoles y franceses, no tanto para los vascos que ya sufrimos nueve diferentes en la época en que llevar un kaiku de chaqueta o tocar el txistu era sinónimo de separatismo.

Me dirán que no había demasiadas posibilidades para enfrentar el reto mundial, que la situación lo requería, que la toma de decisiones radicales era necesaria para evitar la explosión incontrolada de la pandemia. Cierto. La excepcionalidad se ataca con normas excepcionales. Pero estas pautas deberían tener un sustento mayoritariamente sanitario. Y el principio y el final de las mismas, sin embargo, ha sido policial. Lo sanitario ha sido crucial para evitar el descalabro, pero siempre ha estado al amparo de lo policial.

La imagen, más que cien palabras, abrumó en las ruedas de prensa, con militares, galones y medallas opinando sobre una guerra que tanto Macron como Sánchez anunciaron iban a ganar. Con drones de última generación, con el despliegue del Ejército y la Guardia Civil, con el himno de España a mil revoluciones, sin ningún interés en empatizar sino para demostrar que el territorio está bajo ocupación, el cuadro era, efectivamente, el de una guerra, aunque fuera de baja intensidad. ¿Por qué ese interés en trasladar el centro mediático del terreno sanitario al bélico?

Porque en lo sanitario, el virus había triunfado. Y para azuzar el miedo, sin duda. La pandemia ha generado un miedo exacerbado a la enfermedad, a la muerte. Sobre todo, en esos escenarios donde la religión dejó de ser la clave para ahogar el desasosiego filosófico, donde el camino hacia la nada significa renunciar a lo que ha sido objetivo vital, la propiedad, el dinero y la superioridad social. Una sociedad enlatada en el miedo es manipulable hasta el extremo.

Y esta cuestión nos ha trasladado a un escenario terrible. La ley, la norma, no la hace el pueblo, el cuerpo legislativo en última instancia, sino la Policía. Convertidos en esta situación excepcional en los dueños y señores de calles, viviendas e instituciones, su poder se ha trasformado en el eje del control social. Como ejemplo la circular interpretativa de la Ertzaintza del pase a la fase 0,5 de la Comunidad Autónoma Vasca antes que su plasmación en el BOE.

Hemos habitado en un toque de queda controlado por militares y policías, por cierto, algunos de sus mandos aprovechando su condición para pasarse por el forro las normas que llevaban en su carpeta para aplicar al resto. En las últimas semanas alargado por el cambio de hora, sin serenos que certificaren el cierre de la noche, aunque con agentes circulando en sus vehículos para confirmar la oscuridad. Como si una bomba de neutrones hubiera dejado de lado la vida.

La Policía, autonómica o no, que es la que ha estado imponiendo su ley e impartiendo “justicia”, se ha beneficiado de esas puertas abiertas hacia la dictadura del Ibex que fue la Ley Mordaza. Más de un millón de denuncias en dos meses en el Estado español. Han desalojado centros de gestión okupa, se han vengado de quienes han denunciado su arrogancia, como aquellos que grabaron la detención violenta de una madre y su hijo en la calle San Francisco de Bilbo. Han actuado, no hay que olvidarlo, como habían sido adiestrados.

La conquista policial ha logrado resurgir una plataforma adormilada que, en algunas fases, como la franquista, fue estratégica para la supervivencia del régimen, la del “chivateo”. Todos esos sectores que observan en el vecino sus carencias, que convierten una anécdota en eje de la lucha contra la pandemia. Un diario hegemónico en ventas en Gipuzkoa, denunciaba recientemente cómo un anciano orinaba en los jardines de Ondarreta, dentro de su horario permitido. Un anciano que, probablemente, habría aguantado lo indecible con los problemas de próstata que origina la edad. La noticia, en cambio, no citaba una resolución del alcalde jeltzale donostiarra, la de cerrar todos los urinarios públicos de la ciudad.

La excepcionalidad ha llegado también a las cárceles. O por mejorar la expresión, ha mantenido y aumentado su ya sistémica frecuencia. La gestión penitenciaria de la pandemia, al contrario que en otros lugares, ha sido la habitual: el entorno carcelario es objetivo de venganzas y complejos políticos. En el Estado francés, las incursiones de la fiscalía para frenar la excarcelación de Jacques Esnal, o la marginación de los presos vascos en la aligeración carcelaria, por razones políticas y no sanitarias, confirma la línea visible.

El estado de excepción ha servido para avanzar en la geolocalización y hacerla ya irreversible. Con la excusa de la pandemia, del cumplimiento de horarios y desplazamientos, con el seguimiento del hilo de la infección, nos llegó desde Oriente la perversión por la que han estado suspirando las elites de Occidente. Un control que llevaba entre nosotros un par de décadas, de forma ilegal o alegal si quieren. Ahora con soporte legal. No hay marcha atrás. Nos han afincado definitivamente en la sociedad orwelliana.

Nos han cartografiado por satélite y nos han asignado un alias, en función de la temperatura corporal, los movimientos de las tarjetas de crédito, nuestras vistas a internet o nuestra orientación sexual. Hemos perdido el alma para convertirnos en una turgencia de algoritmo. La eternidad se ha ubicado definitivamente en la nube.

Las empresas conocidas como Big Tech (Amazon, Apple, Google, Facebook y Microsoft), con el añadido de Saudi Aramco, Alibaba y Tencet, se han ido conformando como el oligopolio tecnológico del control social. Este estado de excepción es un paso más en esa escalada para convertirnos en añadidos de una inteligencia artificial que nos deshumanizará bajo la excusa de la seguridad. Y, como es habitual en las crisis, estos avances en el control social serán afianzados con tanques si hace falta.






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Izan Bidea

La negativa por parte de París a liberar a Jakes Esnal a pesar de su edad y del peligro que representa para él y otros la pandemia del SARS CoV-2 así como la huelga de hambre y sed que mantiene Patxi Ruiz precisamente por el maltrato sufrido a manos de funcionarios penitenciarios españoles por el solo delito de ponerse a la cabeza del movimiento iniciado por los presos para exigir mayores medidas preventivas y evitar el contagio dentro de la cárcel ponen de manifiesto la estrategia inhumana implementada por los estados español y francés en contra del colectivo de presos políticos vascos.

Es por ello -entre otras muchas circunstancias- que Sare convoca a la movilización con una nueva campaña denominada Izan Bidea.

Aquí los detalles que nos proporciona Ahötsa:


Sare Herritarra pone en marcha una nueva dinámica movilizadora para tratar de activar los consensos sociales que en los últimos años se han ido fraguando en la sociedad vasca en pro del respeto de los derechos de los y las presas políticas vascas. Esta dinámica se basa en un reto: recorrer 3.127.326 km, que es el número de habitantes que tiene Euskal Herria.

La dinámica Izan Bidea que pone en marcha Sare Herritarra es una propuesta "activadora" que gracias al trabajo de estos últimos años ahora se puede iniciar.

Sare recuerda que han pasado 30 años desde que se puso en marcha la política de alejamiento y que pese a que se han cumplido ocho años desde que ETA abandonó la lucha armada, y casi tres años desde su disolución, esta continúa vigente. A pesar de ello, Sare celebra que exista en la sociedad vasca "un firme consenso", tanto en el ámbito político (con una amplia mayoría de los partidos que ha empezado a hablar de la necesidad de cambiar la política penitenciaria), como en el ámbito institucional (con la aprobación de diversas mociones  en las Juntas Generales o en los parlamentos de Iruñea y Gasteiz). Además, en  el ámbito sindical la práctica totalidad de los sindicatos vascos piden e incluso se movilizan por un nuevo tiempo en las cárceles.

Por último, Sare considera que también en el ámbito social se ha reflejado ese consenso mediante diversas iniciativas como la dinámica Orain Presoak, con movilizaciones que han sido "más plurales que nunca". Sare califica como "muy productivos en lo referente a consensos y a la pluralidad" estos últimos años, y cree que se han asentado en la sociedad  la necesidad de poner fin a política penitenciaria de excepción y aplicar la política penitenciaria común.

"Si nos fijamos en la situación actual de Alarma, las medidas adoptadas a raíz del Covid-19 ha empeorado notablemente la situación en las cárceles, poniendo de manifiesto sus carencias. Y, en particular, en lo que respecta a los y las presas vascas, la doble pena que supone la legislación de excepción se ha convertido en triple en este estado de alarma; tanto porque durante el confinamiento, a pesar de cumplir los requisitos, a la mayoría de los y las presas vascas no se le han aplicado las medida de excarcelación y cumplimiento del confinamiento en sus hogares; como en el desconfinamiento, cuando la política de alejamiento les ha privado del derecho a restablecer sus visitas", indica Sare. En esta misma línea, recuerda los pronunciamientos desde Europa, la ONU y, esta misma semana, la declaración de un centenar de personalidades de nivel mundial. "Está claro que la petición de responsabilidad y humanidad hacia el Gobierno español, no es cosa de Sare, la mayoría política, sindical, social de Euskal Herria, así como las instituciones de Europa, la ONU y personalidades a nivel mundial, se unen a esta necesidad", recalca.

Por otro lado, también en lo que respecta a los estados consideran que hay algunos resultados positivos, como el cambio en la política penitenciaria en  el Estado francés, donde los presos dispersados por todo el Hexágono han sido acercados y agrupados en las cárceles más cercanas a Euskal Herria y en el caso de las presas ya está aprobado reagruparlas en una única cárcel. Además, han empezado a quitar la clasificación DSP en algunos casos y han dado permisos de trabajo. Aun así, la situación de dos presos con enfermedades graves o la de los presos con cadena perpetua sigue sin resolverse. "Por desgracia, la situación está paralizada, y queremos que esta dinámica, junto a la que se desarrolle en Iparralde, contribuya a llegar al final de ese camino y a recuperar esas relaciones", dicen desde Sare.

En el estado español, desde que Pedro Sánchez llegó al Gobierno por primera vez, se han oído manifestaciones a favor de cambiar esta política penitenciaria de excepción. Sare considera que ahora, en el Gobierno formado junto con Podemos, "se ha abierto una puerta para dejar al margen esa política de excepción y aplicar la legislación ordinaria, y poner así en marcha el proceso para traer a casa a presas y presos".  Pero subrayan que las declaraciones no son hechos. "Todavía nos queda un largo camino, pero vemos que estamos ante una oportunidad. Por lo tanto, está en nuestras manos aprovechar esas “voluntades” y posibilidades y convertirlas en hechos reales. Tomando como punto de partida el consenso logrado y las opciones surgidas con los gobiernos de Madrid y París, creemos que es el momento de activas los consensos construidos".

A todo lo anterior se suman las voces de diferentes víctimas, que Sare considera "muy importante en el camino hacia la convivencia".

"La dinámica Izan Bidea quiere contribuir y potenciar la puesta en marcha del proceso para traer a casa a presas y presos. Tiene que ser una dinámica que contribuya a esa convivencia y a esa paz tan necesarias para nuestra sociedad. Para posibilitar que todas y todos seamos parte de ese camino, cada cual a su manera y de manera conjunta, desarrollaremos esta dinámica de manera interactiva", han explicado.

Recorrer 3.127.326 km

Lo que pretende Sare es que quien así lo desee, contabilice los kilómetros que haga bajo la dinámica y bajo el lema Izan Bidea. Para ello, en los próximos días, pondrán en marcha una aplicación para el móvil, mediante la cual, toda aquella persona o asociación que quiera ser parte de esta reivindicación podrá inscribirse y aportar sus kilómetros que se irán sumando al de el resto de la población. Así, si lo que se organiza es una maratón de zumba o si se decide acudir a un concierto con la reivindicación puesta en la camiseta, los pasos que se den durante la actividad se contabilizarán y se transformarán en kilómetros. "El verdadero objetivo de esta dinámica es que todas aquellas personas que estemos a favor de avanzar en pro de la resolución, la convivencia y la paz, creemos una gran red de caminantes", indica Sare.


Aquí tienen el video de la campaña en el canal de YouTube de la red Sare:

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 [📺SPOT] #IzanBidea ↗️ #IbiltarienSarea 🚶‍♀️🚶


Y la imagen institucional:









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viernes, 22 de mayo de 2020

Illanes | El Cayetanismo

Se le preguntó a Fernando Grande Marlaska, represor tanto en Euskal Herria como en Catalunya, que si el derecho a la manifestación era legal estos días ante la inacción mostrada por los cuerpos policíacos frente a las demostraciones "de descontento" mostradas en los barrios burgueses de Madrid. Grande Marlaska, chulesco como acostumbra ser, guardó mutis.

Y es que esa España, la que envuelta en rojigualdas y haciendo sonar cacerolas protesta en contra del gobierno por un supuesto manejo inadecuado de la crisis por la pandemia del SARS CoV-2, gobierno del cual Grande Marlaska forma parte... es la que realmente manda. Grande Marlaska lo sabe, por eso hoy él es un héroe en lugar de estar en una celda por promover el uso de la tortura en contra del independentismo vasco, ellos, los borjamaris... los cayetanos, le han protegido.

Pues bien, para el disfrute de nuestros lectores, traemos a ustedes este delicioso texto con el que nos hemos encontrado en Facebook:


José Antonio Illanes

Básicamente hay tres tipos de cayetanos: los que de verdad lo son, los que aparentan serlo y los que cretinamente creen serlo. Muchas personas del pueblo chusco encajan en este último tipo al que Carlo Cipolla define como superestúpido: “Una persona que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ganancia para sí o incluso incurriendo en pérdidas”. O sea: alguien que defiende a navajazos los intereses de una clase que lleva siglos abusando de la suya. “¿Cómo hemos quedao’ en las elecciones, señorito?”.

El paradigma del segundo grupo de cayetanos -los que aparentan serlo sabiendo que nunca lo serán-, lo tenemos en aquel “noble” escudero que Lázaro de Tormes encontró en Toledo, el colmo de las apariencias: fingidos modales, jubón de fustán, capa frisada y espada de Cuéllar. Mucho postín, sí, pero sin linaje. Puro postureo. En esta España de la Revolución Cayetana a este grupo lo representan algunos elementos de las clases medias y medias altas: los borjamari. O sea.

El primer grupo de cayetanos, los patricios de apellidos compuestos, los herederos del oro que sus tatarabuelos trajeron de América, los legatarios de los predios ganados en guerras contra los moros y contra los rojos, los que riegan sangre azul o celestona, son una minoría a quien la ignorancia del vulgo español, siempre temeroso de los libros, alérgico a las luces, discípulo de pavores y complejos inculcados por un clero ancestralmente hambriento y analfabeto, sometido por la superstición y los palos a tiempo lo han elevado al grado de casta intocable.

A este grupo de cayetanos no lo veremos aporreando cacerolas en las calles. Vigilan desde lujosos tugurios, sentados en sofás tapizados con cretona inglesa, bebiendo Moët & Chandon y fumando puros Montecristo con banqueros, dueños de medios de comunicación y grandes empresarios –lacayos al cabo-, con las guedejas encaracoladas y percochadas de brillantina.

No, los que hacen el ridículo en la calle aporreando cacerolas mientras gritan libertad y piden cabezas jacobinas, son los cayetanos de segunda y tercera clase, franquistas irredentos, jaleados por los manijeros de sus amos, quienes por primera vez en ochenta años sienten amenazados sus intereses y prebendas.

Ante la inminente crisis, rehúyen contribuir por una vez en la historia al salvamento de la patria. Por si fuera poco, millones y millones de euros de vellón procedentes de Europa pasarán ante sus narices sin poderlos mangonear. Por primera vez en ochenta años los limpiabotas empiezan a levantar la cerviz, tienen salarios y pensiones casi dignas, reciben sanidad gratis, ERTES y ayudas en tiempos de pandemia, becas para sus hijos y muy pronto sustento mínimo vital. Y hasta ahí podíamos llegar.

¿Sobrevivirá la España cayetana, su España, sin limpiabotas? No. Se impone tumbar cuanto antes al ilegítimo Gobierno rojo –en España los Gobiernos rojos son siempre ilegítimos-, y la mejor ocasión para tumbarlo es aprovechar una pandemia. Los cayetanos de segunda y de tercera, pisaverdes y pelentrines venidos a más, palurdos con suerte de vivir en barrios ricos, mercaderes, tiburoncillos financieros y rentistas de fortuna, measalves con aroma a Paco Rabanne, sudaderas de Versace y bolsitos de Vuitton, blanqueados por los lacayos mediáticos de las élites, son la vanguardia, los mandados a provocar algaradas y a romper la paz social. ¡Viva la libertad! ¡Viva España! ¡Abajo el Gobierno ilegítimo! La vieja cantinela del viejo fascismo.






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