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jueves, 22 de enero de 2026

Agur eta Ohore María

La localidad de Adamuz se ha colocado en el mapa dada la tragedia ferroviaria ocurrida en horas pasadas.

Desde Naiz nos hacen saber que entre las víctimas mortales se encuentra quien, en su momento, visibilizó a personas represaliadas allá en 1936.

Aquí la información:


La fotógrafa María Clauss, entrevistada por Zazpika, entre las personas fallecidas en Adamuz

La fotoperiodista María Clauss, entrevistada por Zazpika en 2024, y su pareja, el periodista Óscar Toro, son dos de las víctimas mortales del accidente ferroviario registrado ayer en Adamuz. Con su trabajo, Clauss puso rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36.

María Clauss, fotoperiodista que puso rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36, figura entre las personas que han fallecido en el accidente ferroviario de Adamuz, en el que también ha perdido la vida su pareja, el periodista Óscar Toro. Clauss fue entrevistada en Zazpika en 2024.

La muerte del matrimonio, que regresaba de Madrid en este último tren que tenía parada final en Huelva, ha sido confirmada oficialmente este lunes y ha dejado un importante vacío en el sector de la comunicación onubense.

Precisamente, la hija de ambos fue una de los familiares que anoche se acercó hasta la estación de Huelva para tratar de recabar alguna información sobre el paradero de sus padres.

Óscar Toro era doctor ‘cum laude’ en Comunicación por la Universidad de Huelva y un referente en el estudio de la comunicación para el cambio social.

Director de la Fundación Xul e impulsor de la editorial Voces del Sur, Toro dedicó más de dos décadas a la defensa de los derechos humanos y la sensibilización ciudadana; también desarrolló una importante labor docente en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

Una mirada comprometida

Y María Clauss, licenciada por la Universidad Complutense, era una de las miradas más lúcidas y comprometidas de la fotografía contemporánea. Su talento fue reconocido recientemente con el prestigioso Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña 2023.

Más allá de su labor en medios como ‘El País Semanal’ o el ‘Diario Huelva Información’, era un pilar cultural en la provincia: directora creativa de WofestHuelva, vicepresidenta del Ateneo de Huelva y fundadora de la Asociación INvisible.

Clauss fue entrevistada en 2024 para la revista Zazpika por Xole Aramendi, que firmó un artículo en el que se recordaba el trabajo de una fotógrafa que ponía rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36 en Huelva, realizando una labor de reconstrucción de la memoria histórica.

Ese trabajo, condensado en la muestra ‘Donde no habite el olvido’, se había podido ver por esas fechas en el centro cultural Okendo de Donostia. Y en el mismo, recorría a través de sus imágenes los espacios de represión en la provincia de Huelva, recuperando los objetos aparecidos en las fosas y haciendo visibles a las personas represaliadas a través de sus hijos e hijas.


Aquí recuperamos la entrevista:


María Clauss pone rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36

Huelva. Mujeres y hombres que siendo niños sufrieron en carne propia la devastación provocada por la sublevación de los fascistas. La fotografía como vía para la reconstrucción de la memoria histórica. María Clauss da su lugar, a través de sus hijos e hijas, a miles de personas invisibilizadas.

Xole Aramendi

Antonio Villanueva Pozuelo. 86 años. Estuvo varios meses viviendo en la prisión de Huelva junto a su madre, Andrea Pozuelo, después de que su padre fuera fusilado. A ella la encarcelaron por el delito de estraperlo. Él sueña con vivir lo suficiente para sacar a su padre de la fosa común del cementerio y se conforma con que le den un solo hueso de su progenitor para poder enterrarlo dignamente.

Dominga Aparicio Márquez. 84 años. En la Iglesia de la Zarza, convertida en cárcel, tuvieron encerrado a su padre Domingo Aparicio la noche antes de su fusilamiento el 22 de agosto de 1936. Lo mataron frente a la puerta, sin juicio previo. Obligaron a la gente que iba de paso a detenerse y presenciar el fusilamiento. No se dejó que le vendaran los ojos, ni volteó el rostro. «Los hombres se matan cara a cara», dijo Domingo Aparicio.

Juan García Rivera. 87 años. Perdió a su abuelo, a su padre y a su hermano entre el 15 y 19 de agosto de 1936. Su padre fue fusilado en un campo a las afueras de Villalba del Alcor, y se cree que está enterrado en una fosa común en la Palma del Condado, cerca de la estación de ferrocarril.

Juana Ramayo Pachecho. 93 años. Su hermana Catalina era adolescente cuando la fusilaron el mismo día en que las tropas sublevadas entraron en Nerva, el 26 de agosto de 1936. La detuvieron porque supuestamente había ido a ver una manifestación. Juana, a sus 93 años, sigue teniendo miedo. Nunca ha dejado a sus hijos ir a una manifestación.

Francisca González Madeiro. 87 años. En el plazo de diez días, en agosto de 1936, perdió a su padre y a su madre. Se los llevaron de su casa sin dar explicaciones y nunca más volvieron. Ella tenía dos años y se quedó sola junto a su hermana. Continúa viviendo en la casa familiar.

Los hermanos Juan y Manuel Rodríguez Castilla. En el cementerio de Hinojos, junto a la actual capilla del Cristo del Perdón, se encuentra la fosa donde está enterrado su padre. A su madre le pidieron firmar un documento que reportaba a su marido como desaparecido o muerto en la guerra, pero ella no lo hizo y por ello no pudo recibir una pensión de orfandad para sus hijos.

Todos ellos son protagonistas de la muestra “Donde no habite el olvido”, de María Clauss. El centro cultural Okendo, en el barrio donostiarra de Gros, acoge hasta el 15 de junio parte del proyecto de la fotógrafa onubense. Nueve imágenes en color y una en blanco y negro. Son diez fotografías las que componen la serie galardonada -«fue dolorosísimo elegir», reconoce- en el 26º Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, promovido por Médicos del Mundo. Junto a la ganadora, fueron seleccionados como finalistas Nazik Armenakyan, Santi Palacios y Federico Ríos, más la mención especial para Sáshenka Gutiérrez, cuyos trabajos fotográficos también se pueden ver en la capital guipuzcoana. Médicos Mundi valoró 733 candidaturas procedentes de 94 países.

Clauss es la primera mujer en obtener este prestigioso galardón de fotografía. «El día que recibí el premio, y aunque es echarme tierra sobre mi propio tejado, dije que me honra y hasta me da vergüenza ser yo la primera mujer. Creo que hay fotógrafas infinitamente mejores que yo. Las fotógrafas de provincias no estamos en el top 10 de las fotógrafas documentalistas españolas, pero este premio nos permite estar e incluso ganar, además. Ha sido un regalazo. Así se lo dije a un compañero fotógrafo que en el momento en que decidí volver a mi tierra me dijo: ‘no te vayas a Huelva, quédate en Madrid’», cuenta con una sonrisa de satisfacción.

Gracias al premio de Médicos del Mundo, el proyecto continúa realizando su camino. «El premio ha sido un regalo. Y venir a San Sebastián también. Las fotografías se han visto hasta en Nueva York, me parece impresionante», señala.

Proyecto de envergadura

Las imágenes -realizadas en 2021 y 2022- son una pequeña parte del ambicioso proyecto llevado a cabo por María Clauss. “Donde no habite el olvido”, respaldado por el Comisionado de la Memoria Democrática de la Diputación de Huelva, fue ganando dimensión poco a poco.

La autora recorre a través de sus fotografías los espacios de represión en la provincia de Huelva, recuperando los objetos aparecidos en las fosas y haciendo visibles a las personas represaliadas a través de sus hijos e hijas. Propone un viaje a un pasado no tan lejano, a la vez que invisibilizado. Lo que genera sufrimiento en cientos de familias cuyo daño está latente, sin ser reparado aún. La fotografía como instrumento para poner el foco a los invisibles, como herramienta para recuperar la memoria y que no exista el olvido.

En el germen del proyecto radica el interés de Clauss por mirar atrás en el tiempo. «Yo no vengo de familia de represaliados, he tenido la suerte de que no me haya tocado. Me encanta trabajar temas del pasado. Empecé a sentir la necesidad de abordar el tema de la memoria histórica. En este caso tenía la posibilidad de trabajarlo también en el presente», recuerda.

La fotoperiodista cree firmemente en que, cuando una se embarca en un proyecto así, es para aprender. «Yo era una gran desconocedora del tema. Me di cuenta de ello cuando empecé a informarme», se sincera. Para Clauss ha sido clave la colaboración de los investigadores locales en su proyecto. La lista es larga: Francisco Espinosa Maestre, Concha Morón Hernández, Guillermo Molina, Manuel Reyes Santana, Omar Romero de la Osa y Rafael Moreno, entre otros muchos. «Contacté con ellos para que me dieran información y, sobre todo, para que fueran mis aliados, porque yo no tenía capacidad de hacer la investigación por mi cuenta. Solo tenía nueve meses -el plazo fijado por la Diputación- para llevar a cabo el proyecto. En un trabajo anterior, ‘Mi abuelo el espía’, me di cuenta de que se trabaja de una manera muy cómoda con los investigadores; te permite tener esos pivotes que hacen que aumente tu conocimiento, es muy interesante», indica.

En primera persona

El primer paso fue ir a ver las catas arqueológicas que estaban en marcha. Fue testigo de la exhumación que estaba en curso en Nerva. Se calcula que en el pueblo minero podrían encontrarse los restos de hasta 800 personas. El arqueólogo Andrés Fernández ha sido su gran aliado en el camino realizado. En Huelva existen más de 120 fosas, reflejo del impacto que tuvo el alzamiento en el territorio.

De pronto lo vio claro. «Decidí cuál era mi meta final: los hijos e hijas de represaliados. ‘Son pocos, se van a morir ya y necesito que sean ellos quienes cuenten a viva voz su experiencia vital. No hay marcha atrás, es ahora o nunca’, pensé. Ese fue mi reto. Fue muy complicado. Algunos no querían participar, otros, muy generosos, me decían que sí. Había otros que habían fallecido o se encontraban mal de salud. Fueron apareciendo nietos, sobrinos... pero preferí no incluirlos, al final me desvirtuaba lo que para mí era el proyecto. Yo soy muy emocional y necesitaba ese vínculo directo», aclara.

Se decantó por los testimonios orales en primera persona. El eslabón de la historia entre progenitores y descendientes. Realizó entrevistas a 16 personas, todas ellas hijos e hijas. Solamente en uno de los casos es la hermana quien habla. «Saben poquísimo, algo que te sorprende. Saben más los nietos y sobrinos que sus propios hijos. Muchos tienen sus recuerdos de lo que sucedió, otros eran bebés... lo poquito que se cuenta en la familia». El proyecto de Clauss ha servido para que los descendientes de los represaliados por el franquismo consigan tener documentación histórica. «De las personas que he incluido en la serie premiada, solamente uno, Antonio [Villanueva Pozuelo], tiene algo de documentación. Existe, pero no la tenían, no sabían dónde tenían que ir a pedirla. Hay que tener en cuenta que ninguno de los antepasados de las personas entrevistadas tuvo juicio sumarísimo. Cuando empiezo a buscar documentación, los investigadores me ayudan a que esas familias tengan documentos. Me parece el mayor regalo que les hicieron. Conocí a una señora a la que le daba miedo ir al cementerio de Río Tinto, nunca le hice fotos, y el investigador le dio pruebas escritas de todo lo que le había ocurrido a su padre. Fue super bonito. Se me ponen los pelos de punta -se emociona-. Me parece bestial, valoro tanto la labor de los investigadores, que de esa manera tan generosa lo daban todo...», continúa.

Las personas y sus testimonios guiaron a Clauss a los escenarios de la represión. «Las fotografías que hice al principio no me transmitían lo que yo necesitaba. Me di cuenta de que tenía que hacerlas en los lugares de represión», cuenta.

Testigos mudos de la atrocidad

El callejón del cementerio de Higuera de la Sierra. Allí fusilaron a 16 mujeres, todas ellas del municipio de Zufre, el 4 de noviembre de 1937. La tapia del cementerio de Huelva. Más de 1.000 personas fueron fusiladas tras el golpe militar en la capital. Son los dos espacios incluidos en la exposición que visita Donostia, y a los que se añaden el cementerio de La Soledad, la antigua prisión provincial de Huelva, Nerva, Río Tinto, Higuera de La Sierra, San Juan del Puerto... en el proyecto general. Testigos mudos de la atrocidad.

«Los lugares tienen memoria de lo que sucedió. A mí me imponen. La tapia del cementerio o la cárcel de Huelva, o el callejón al que llevaron a las mujeres de Zufre y donde las mataron... todos esos lugares para mí también eran importantes. Yo había decidido que mi línea documental eran esos sitios de represión. Fotografié a cada uno de los entrevistados en su lugar de represión. Antonio (Villanueva Pozuelo) estuvo en la cárcel de Huelva con su madre. En el caso de Dominga (Aparicio Márquez), a su padre lo tuvieron en la iglesia de la Zarzala la noche antes de fusilarlo, estuvimos en el descampado donde está enterrado su padre. Francisca (González Madeiro) es la única a la que he fotografiado en su casa, porque a su padre y a su madre los cogieron presos allí. En el caso de Juana (Ramayo Pachecho) no se podía mover de su casa y neutralicé el espacio dejando un fondo negro», explica.

En dos casos, Clauss se sirve de proyecciones. Uno es el del poeta Miguel Hernández. «‘¿Cómo hago para que los muertos estén presentes en los lugares de represión?’, me pregunté. Me planteé llevarme a la cárcel de Huelva -me dieron permiso para entrar- un grupo electrógeno para hacer proyecciones. Era la manera de hacerlos presente y de recuperarlos», cuenta. Pasado y presente unidos.

El visitante también puede ver la proyección de una foto de Balbina Sánchez en la Prisión Provincial de Huelva (2021). Era maestra de primaria de Villanueva de los Castillejos. Fue la única mujer de los 21 maestros fusilados en la provincia. Catalina Gómez, antigua alumna suya, todavía conserva fotografías y cartas que le envió a la cárcel.

La fotoperiodista recalca su obsesión por tener todo el proceso documentado. «No se trataba de limitarme a hacer una fotografía de Miguel Hernández, por ejemplo. Previamente contacté con el investigador que más sabe sobre él. Quería tener el máximo de documentación, que todo estuviese documentado. No sé para qué, pero lo necesitaba -sonríe-. La cantidad de archivos que guardo es bestial», dice.

Asimismo, ha recopilado infinidad de pequeños retratos de los álbumes fotográficos familiares. «‘Estoy fotografiando los espacios, ¿y si le doy una vuelta más?’, pensé. Busqué las fotografías de los represaliados. Recuerdo ir a la cata de Río Tinto y ver llegar a tantas personas con su pequeña foto del familiar fallecido en la mano... Yo aprovechaba para recogerlas con mi cámara. Hice más de cien, quería tener muchas fotografías de las personas represaliadas. La gente venía a mí con una carta, con una foto... una señora me dio una carta de su tío. Quiere que la tenga, pero yo se la quiero devolver», explica.

Elevarlos de la tierra

Los habitantes de la provincia de Huelva han tenido conocimiento del camino recorrido por Clauss gracias a la exposición realizada allí. La fotógrafa tiene previsto exponerlo en Mieres -cuenca minera de Asturias-, en la que será su primera salida de la provincia. En la exposición que muestra el proyecto en su totalidad, junto a las imágenes, tienen una presencia especial los objetos hallados en las excavaciones arqueológicas. «Creé una especie de fosa. Trajimos tierra de la cata y la pusimos en la sala. Dentro, unas peanas negras con unos metacrilatos, donde puse los objetos más interesantes que había fotografiado. Cuando alguien se muere, te agarras a algo físico como si fuera lo más, pero en muchos casos no tenían ese objeto de vínculo. Los objetos hallados en las fosas representaban mucho más que un mechero o una moneda, eran esos objetos preciosos que te vinculan con tu ser querido. Aquellos objetos que estaban bajo tierra los convertimos en joyas gracias a unas peanas. Me pareció una manera de elevarlos de la tierra en la que han estado. Arriba, en el techo, coloqué fotografías antiguas para que llevaran el peso de todo lo sucedido», señala.

La muestra se completa con un audiovisual -en versión reducida en Donostia- que pone voz al sufrimiento de los represaliados en la Guerra del 36. «El audiovisual dura una hora. Hice lo que pude, nunca he hecho nada parecido, soy fotógrafa. Cuando empecé a recabar los testimonios, volvía a mi casa y, al ver las notas, me preguntaba: ‘¿me lo voy a quedar solo para mí?’. Decidí compartirlos con el público. ‘¿Te importaría que te grabe?’, les preguntaba. Tú no sabes la cantidad de veces que he ido a verlos... -sonríe-. Ya estaba a punto de hacerse la exposición cuando me llamaban mostrando su interés por participar en el proyecto, y los incluí en el vídeo. Estoy contenta, la verdad. Ha sido una experiencia super interesante. Ahora me provoca continuar por ese camino del audiovisual en mis futuros proyectos».

Reto y reflexión

«Fotografiar el presente es muy duro, los trabajos fotográficos de todos mis compañeros son espectaculares» -comenta refiriéndose a los compañeros presentes en la muestra-, pero dirigir la mirada al pasado me provoca un reto, a la vez que me genera reflexión. Sí, creo que a través de la fotografía se pueden sacar emociones y traértelas al presente, porque al final para mí la fotografía es emoción; si no consigo engancharte a ti mis fotografías, no tienen sentido».

Las familias de los entrevistados han sido partícipes en el proyecto. «El día que recogí el premio, se vino Antonio con toda su familia, ya que vive en Madrid. En todas las fotos que he hecho, exceptuando alguna muy puntual, la familia ha estado presente. No te digo que lo vayas a engañar, pero a un anciano lo puedes enredar a tu conveniencia. Hay que ser muy honesto y tiene que haber alguien velando por ellos. Sus hijos han estado presentes en todos nuestros encuentros porque así lo he querido», explica.

Muchos de los entrevistados no han podido cumplir el deseo de enterrar a sus allegados. «Algunos han fallecido y lo que más deseaban todos ellos era recuperar a sus familiares, a su padre o a su madre. Por ejemplo, Valeriana Martín Barrero, de 91 años -no está en la exposición pero sí en el proyecto- es la única que ha recuperado los huesos de su padre. Para ella fue el día más feliz de su vida, cuando pudo enterrarlo. El resto de la familia ya no estaba, pero sintió estar viviendo el día más importante de su vida. La gran mayoría nada, muchos no saben ni dónde están los restos de sus allegados».

Ha puesto su granito de arena en la reconstrucción de la memoria histórica. «Muy chiquitito», dice con humildad.

Al preguntarle cómo le ha afectado este proyecto personal y profesionalmente, reconoce que este trabajo es «un antes y un después». «Yo antes llegaba a un sitio, hacía fotos y me iba. En proyectos centrados en temas como la prostitución o la inmigración, por ejemplo. Sabía el nombre del entrevistado -a veces ni eso-, pero no lo conocía. Tenía una charla amigable, me quedaba con una impresión de la persona y ella de mí. Se quedaba ahí la relación. Con este proyecto no, me he quedado. Sí ha cambiado mi forma de trabajar. Y ahora ya no quiero empezar un proyecto en el que no me pueda quedar. Necesito dar un paso más. No es que me cueste despegarme de los proyectos. No soy fría, pero sí tengo esa capacidad. Ahora siento miedo ante lo nuevo. Acabo de comenzar un nuevo proyecto centrado en mujeres migrantes en los asentamientos, y he estado un año en la casilla de salida, sin poder avanzar. Quiero conocer bien a las protagonistas porque forman parte del proyecto... Ahora me exijo más a mí misma y el proyecto en sí también me lo pide», confiesa a 7K.

Tras Sevilla, Huelva es la segunda provincia andaluza más castigada en la Guerra del 36. Trabajadores, campesinos, mineros, pescadores. Y, sobre todo, personas afiliadas a partidos de izquierda fueron objeto de represión. «En la zona rural fue donde más represión hubo», subraya Clauss. Un segundo puesto que también ostenta -tras Granada- en número de víctimas (ascienden a más de 10.000). El 18 de julio de 1936 Huelva y la mayor parte de la provincia se mantuvieron fieles a la República. El 29 de julio las tropas sublevadas entraron para controlar el puerto y evitar que la escuadra, fiel a la República, pudiera dominar el Atlántico y asegurar tanto la desembocadura del Guadalquivir como la comunicación con la Portugal de Salazar, favorable a los golpistas desde el primer momento. “La Guerra Civil en Huelva”, de Francisco Espinosa Maestre, es un título de referencia para quienes desean conocer la realidad que vivió Huelva tras el golpe franquista y la posterior represión. El libro sacó a la luz el pasado oculto aportando numerosos detalles de lugares y nombres de víctimas.

Amenaza seria

El historiador ha solido destacar que esta provincia fue la única que planteó una amenaza seria a Gonzalo Queipo de Llano y sus hombres a menos de veinticuatro horas del inicio de la sublevación, un movimiento iniciado en la zona minera. Todo esto acabó a las puertas de Sevilla, en La Pañoleta, «tras la traición de la Guardia Civil, cuyo responsable, Haro Lumbreras, fue nombrado poco después gobernador militar». Fue responsable directo de la terrible represión ejercida sobre la provincia. Queipo de Llano declaró a mediados de 1937 el estado de guerra en la mitad de la provincia. La represión no acabó hasta 1938, cuando se dio por finalizada la operación con la eliminación de más de 600 huidos documentados hasta la fecha.

En Huelva no hubo guerra civil, sino un plan de exterminio perfectamente organizado desde la cúpula militar golpista. Las cifras son elocuentes. En una provincia que en 1936 tenía poco más de 370.000 habitantes, la represión letal alcanzó -por lo que se ha podido documentar hasta la fecha- a más de 6.000 personas. Sin olvidar el afán por ocultar los crímenes, lo que ha complicado mucho la identificación de víctimas enterradas.

Los fallecidos en la zona no son consecuencia del combate, sino de la represión ejercida por las fuerzas fascistas. Huelva fue un territorio que, a pesar de caer en manos de los sublevados desde el comienzo de la guerra, conoció una represión inusitada. «No hubo combate. Normalmente entraban a un pueblo, en algunos casos había algún escarceo y en otras se alzaba la bandera blanca directamente. Incluso en Nerva. En los pueblos lo tuvieron muy fácil para entrar, no había nadie que los defendiera. Fue todo tan rápido que no les dio tiempo a pensar. No fue el caso de Valencia ni Madrid, en Huelva fue un paseo militar. La gran mayoría de los muertos son represaliados», incide Clauss.

Donde sí hubo cierta resistencia fue en la sierra, debido a la tradición sindicalista de los mineros. «Se lo pusieron más difícil a los sublevados», dice. «A los mineros de la columna que defendían la democracia y que tomaron presos en la Pañoleta les hicieron un juicio y los fusilaron para que la gente supiera lo que les podía pasar si levantaban la cabeza contra el nuevo Estado. Mataron a todos menos a uno, menor de edad. Casi todos procedían de la Cuenca Minera, la zona más sindicalista, y algunos de San Juan del Puerto. El resto, los que quedaron vivos, volvieron a casa corriendo», señala.

Rencillas personales

«Uno piensa que solo es ideología, pero entraban en juego las rencillas personales. Así me lo han transmitido. La alumna de Balbina me contó que un tío suyo fue de los que se montaron en camiones para hacer las matanzas. Su familia lo dejó de lado, nunca le volvieron a hablar. Jamás en la vida. Les pareció de un nivel de maldad bestial. Todos, de alguna u otra manera, estaban vinculados al dolor. Uno nunca sabe qué puede ocurrir hasta que sucede. Yo estoy hablando del pasado, pero mira ahora en Bucha (Ucrania) lo que está pasando. Y no es ni noticia, por desgracia. Ya hemos pasado a Gaza», reflexiona.

En todas las contiendas es la población civil la más damnificada. Y sobre todo las mujeres. Clauss asiente. «En muchos casos las madres fueron las grandes perjudicadas. Algunas perdieron la vida, otras se quedaron sin pareja, y se encontraron con que su sustento había desaparecido y que quedaban señaladas de por vida. Tenían que sacar adelante a su familia en ciudades y pueblos donde no había muchos recursos. Eso es muy complicado. Muchas se dedicaron al estraperlo, porque no tenían formación. En España las mujeres en aquella época no tenían nivel para poder trabajar. La madre de Dominga sí, fue la excepción, entró a servir en casa de unos señores ingleses. El resto se dedicó al estraperlo, con el consiguiente riesgo de que las metieran en la cárcel. Precisamente por eso estaba en prisión Antonio con su madre».

Triple represión ejercida contra las mujeres 

Sobre la mujer existió una triple represión. Una, igual que en los hombres, por su actividad política o sindical durante la República; otra por su relación familiar con hombres significados políticamente que habían sido ejecutados o habían huido; y una tercera por el simple hecho de ser mujeres. «Los hombres huyeron y nadie pensó que la soledad expusiese a las mujeres a hechos tan graves», manifiesta Espinosa Maestre.

Clauss ha creado unos lazos estrechos con las personas a las que ha dado luz a través de su proyecto. Al preguntarle por lo más duro, no duda. «Verlos llorar como niños. Creo que hemos llorado ellos y yo en todas las entrevistas. Muchos de los entrevistados se emocionaban mucho al hablar de sus madres. Guardan un gran dolor. Tú los ves como ancianos, pero yo los veo como niños. Son huérfanos con historias terribles», recalca. ¿Y lo más gratificante? «Que hayan visto que se les da su lugar». Es lo que logran iniciativas como “Donde no habite el olvido”.

 

 

 

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domingo, 25 de mayo de 2025

La Cádiz Vasca

Desde el portal de Diario de Cádiz traemos este artículo que retrata la complejidad de la diáspora vasca. 

El mismo, nos detalla las andanzas de vascos que salieron de su tierra natal para asentarse en Andalucía.

Lean acerca de sus aportes a las calles, plazas y edificios gaditanos:


Huellas de los vascos en Cádiz: un recorrido por la ciudad

Gaditano y descendiente de vizcaínos, el autor plantea un recorrido por la impronta de este pueblo en la capital gaditana desde Alfonso X El Sabio hasta nuestros días 

Antonio Anasagasti Valderrama 

Si quisiéramos hacer un recorrido por el pasado de Cádiz y su relación con el País Vasco, yo recomendaría empezar por la Plaza San Juan de Dios y dirigirnos hacia la calle Pelota. El nombre de esta vía se debe a que antiguamente en ese lugar existían murallas que eran aprovechadas para practicar el juego de la pelota y sus muros se utilizaban a modo de frontón. Hoy en día ese deporte ha desaparecido en Cádiz. Los últimos frontones que se usaban en la ciudad fueron los edificados en el colegio San Felipe Neri de Puerta Tierra hasta la remodelación de su patio original.

No obstante, el rótulo de esa arteria de la ciudad no fue el mismo. De 1640 a 1855 sí fue así, pero en ese último año cambió su denominación por la de Alfonso X el Sabio hasta que, en 1980, con el primer ayuntamiento democrático tras la transición, recobró su nombre original. Sin embargo, ese monarca fue muy importante para la ciudad ya que la reconquistó en 1262 para integrarla en el reino de Castilla y, además, concedió a la villa seo (catedral) y alfoz (organización castellana con funciones fiscales, judiciales y militares), por su situación estratégica. Ahora bien, ese rey expulsó a los musulmanes que vivían en ella y quiso repoblar la ciudad con trescientos colonos cristianos. Atendieron a ese llamamiento pobladores mayoritariamente de origen cántabro, pero también vascos (un diez por ciento del total). Así arribaron colonos de Bermeo, Valmaseda, Ondárroa, Guetaria, Gorraiz y Orrio. Asimismo, llegó uno de Bayona. 

Si torcemos por el arco del Pópulo nos adentraremos en el barrio medieval del Pópulo y seguiremos hasta la iglesia de la Santa Cruz o Catedral Vieja. En ella se encuentra próximos al altar, en la parte superior derecha, el escudo Vizcaya y, en la izquierda, los antiguos blasones de Guipúzcoa. Ambos emblemas formaban parte de la desaparecida capilla de los Vizcaínos que fue construida en 1583 bajo la advocación de la Virgen de las Angustias. En ese oratorio se agrupaban los vascos en cofradía, de la misma manera que proliferaban en la población distintos adoratorios o capillas donde se reunían diversas comunidades, como, por ejemplo, la de los genoveses que permanece aún en la Catedral Vieja o la de los franceses en la iglesia de San Francisco. La comunidad vasca prosperó en Cádiz al amparo del mar. Así, el antecedente de las escuelas náuticas fue el Colegio de Pilotos Vizcaínos, sito en Cádiz, en la que era necesario ser de origen vascongado para ser miembro. La fecha exacta de la instauración de este colegio gremial no se sabe con exactitud, pero fue anterior al 1500, pues la primera referencia documental que lo aludía es una cédula de los Reyes Católicos de 18 de marzo de ese año. La Escuela de Náutica de Cádiz como institución educativa nacería más tarde en 1804, dentro de la Academia de Matemáticas y Comercio del consulado de Cádiz.

Además, hay constancia de que en 1693 el italiano Gaetano Pietro Patalano realizó trabajos en Cádiz para la capilla de los Vizcaínos de la Catedral Vieja, pero su iconografía ha sido dispersada, en concreto:

– Cuatro esculturas figuran en la actual catedral. Las de san Fermín y san Martín de Aguirre, en la Capilla de la Asunción, y las de san Francisco Javier y san Ignacio de Loyola, en la Capilla del Corazón de Jesús.

–El altorrelieve la Coronación de la Virgen en la propia a Catedral Vieja, junto al altar de la Virgen Santísima de la Trinidad (perteneciente a la cofradía del Medinaceli). 

Seguidamente nos acercaremos al arco de los Blanco y veremos la zona en donde estuvo el antiguo castillo de la villa y en donde se instaló la Academia de la Real Compañía de Guardiamarinas, que es un antecedente de la actual Escuela Naval Militar. Su fundación data de 1717 por orden previa del cardenal Giulio Alberoni, máximo responsable del gobierno de la Corona, regentada por Felipe V. Este religioso conmina al almirante Andrés de Pez, gobernador del Consejo de Indias, natural de Cádiz, pero de descendencia vizcaína, a poner en marcha el proyecto. A finales de 1716 se envían delegados a las distintas provincias marítimas para elegir a los cadetes. El núcleo inicial de los guardiamarinas fue esencialmente guipuzcoano, en concreto 28 llegaron de esa zona, además de 4 gallegos, 3 navarros, 3 italianos, 3 vizcaínos, un catalán, un castellano y un francés cuyo padre servía el rey de España (en total 44 cadetes). Y el motivo de ese éxito fue la gran movilización obtenida por el capitán general de Guipúzcoa, el príncipe Campoflorido, que incluso reclutó a su propio hijo Stefano Reggio Gravina Branciforte, para la causa. Esa escuela permaneció en la ciudad más de 50 años hasta que el 15 de septiembre de1769 se traslada a San Fernando.

Nos encaminaremos hacia el arco de Garaycoechea junto al mercado de abastos de Cádiz. Su nombre se debe al propietario que efectuó la demolición en 1765 y nueva construcción de una casa en ese paraje. En concreto hablamos de Pedro Garaycoechea Ursúa, que la adquiere de su padre en 1675. Su progenitor, Pedro Garaycoechea, era natural de Lesaka, Navarra, ostentó el cargo de almirante de la Flota de la ruta Manila a Acapulco y se casó con Feliciana de la Pasión y Ursúa, natural de valle del Baztán, Navarra. Al efectuar la obra le obligaron a respetar la servidumbre de paso y por tanto tuvo que efectuar una abertura en la planta baja y comunicarla mediante un arco. El edificio ha permanecido casi intacto hasta hoy.

De aquí nos marcharemos hacia la iglesia del Rosario, en donde encontramos un escudo de Navarra. Ya en 1785 el navarro Juan Bautista Ustáriz, conde de Reparaz, se reúne con varios paisanos suyos y solicitan al obispo una capilla en esa iglesia en honor a san Fermín para una asociación piadosa que habían constituido. Esa comunidad no se consolidó y como consecuencia de ello las obras del retablo del oratorio tardaron más de la cuenta y no concluyeron hasta 1797, gracias a la donación resolutiva del Marqués de Valde-Iñigo, sin la cual no hubiesen acabado. El retablo del adoratorio, de mármol, es obra de Torcuato Benjumeda y en el centro, dentro de una hornacina, preside una escultura de san Fermín. Esta talla se le atribuye al escultor Cosme Velázquez junto con las esculturas laterales de los santos navarros: san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier.

De allí nos trasladamos a la plaza San Agustín para visitar la iglesia San Agustín. Destaca la portada principal de mármol que data de 1647, con la imagen de su titular, San Agustín, dentro de una hornacina con perfil de concha o avenerada. Este templo fue financiado por el legado de Sancho de Urdanibia, que nació en Irún en 1585. Ejerció como marino y estuvo durante 35 años destinado en la Flota de Indias, siendo nombrado almirante de la Armada en1542 por Felipe IV. Su apellido procede de la madre. Este hombre y perteneció al grupo de marinos, cargadores a Indias (mayoristas que embarcaban materias primas y productos a gran escala) y mercaderes (en pequeña escala) vascos y residentes en Cádiz que impulsaron la cofradía de la Humildad y Paciencia junto con Diego de Aguirre, guipuzcoano de Lezo, el donostiarra Manuel de Irisarri, y el también donostiarra Antonio de Layust (dueño del galeón Trinidad), en 1642. Antiguamente a esta cofradía se le denominaba vulgarmente como la Cofradía de los Vizcaínos.

Debido a esa financiación del templo con fondos de vascos podemos apreciar junto al altar mayor a la izquierda, adosados en las pechinas de la bóveda que forma la cúpula, en concreto en cada una de las cuatro esquinas, los respectivos escudos de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, en agradecimiento a esos mecenas. El altar mayor fue realizado por Pedro Ángel Albisu, arquitecto de Zumárraga, Guipúzcoa, nacido en 1753. Este hombre llega a Cádiz en 1779, y fue nombrado el 16 de octubre de 1783 arquitecto mayor de la ciudad en sustitución de Torcuato Cayón. En Cádiz actúa también en el matadero municipal de 1803, la escuela de comercio del consulado gaditano y en el actual edificio de la UNED en la plaza San Antonio. 

Aunque no pasaremos por allí, hay que mencionar que el origen y antecedente del Hospital de Mujeres de Cádiz lo situamos en 1634, cuando dos de los albaceas del testamento de Diego de Aguirre (Manuel de Iriberri y Antonio de Layust) destinaron parte de la herencia a comprar varias casas en la calle de la Carnicería del Rey para atender a las mujeres enfermas.

Después nos acercaremos a la verja del muelle y miraremos hacia los astilleros cercanos para recordar a los tres hermanos Vea Murguía, Juan, Miguel y José, originarios de Álava, más concretamente de la localidad de Murguía. Esta familia consiguió levantar un astillero el 23 de junio de 1891 en el barrio de San Severiano. A decir verdad, este no fue el primer astillero en Cádiz capital, pues antes estuvo en marcha, en Puntales, otro del inglés Thomas Haynes, en 1840. El proyecto final de los hermanos Vea Murguía era bastante más ambicioso y no terminaron el dique seco y ni un varadero previsto por el ingeniero de Marina Cayo Puga. Debido a problemas técnicos y económicos se incorporó un nuevo accionista mayoritario, Ignacio Noriega, y pasó a llamarse Vea Murguía Hermanos, Noriega y Cía.

En 1917 estos astilleros fueron comprados por la naviera Echevarrieta y Larrinaga que funda los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, propiedad de Horacio Echevarrieta y Larrinaga. Este empresario nace en Bilbao en 1870 y fue un industrial que se introdujo en muchos sectores económicos, desde la posesión de minas hasta el mundo periodístico, como también en la aerolínea Iberia, o en los saltos del Duero que se convertirían en la empresa Iberdrola. 

Destacan entre sus construcciones el buque escuela Juan Sebastián de Elcano que sigue surcando los mares, y el submarino E-1. Este sumergible se realizó con la participación y asesoramiento de Wilhelm Canaris, que llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Wehrmatch alemana durante el nazismo. Este submarino fue el más moderno de su época y sirvió de modelo para el desarrollo de los posteriores y famosos submarinos nazis U-Boot de la segunda guerra mundial. En principio iba a ser destinado a la Armada española dentro de una serie de 6, tras un acuerdo verbal entre el industrial y el rey Alfonso XIII. La previsión era postergar la firma para cuando se comprobase que el prototipo funcionara perfectamente, pero dado que llegó en medio la República ese acuerdo no fue ratificado y el submarino construido fue a parar a la marina turca.

El 18 de agosto de 1947 el astillero sufre los efectos la explosión de Cádiz como consecuencia de la deflagración de minas y cargas submarinas de la Armada depositadas en un almacén de la fábrica de Torpedos, cercano al lugar. Consecuencia de lo cual, el Consejo de Ministros interviene los astilleros el 14 de enero de 1951 para garantizar los puestos de trabajo.

Finalmente, como fuera de la visita, habría que reseñar la Banca Aramburu que dio origen al Banco de Cádiz, que, aunque fue creado por un gaditano de nacimiento, José Antonio Aramburu y Fernández, su ancestro, Juan Antonio Aramburu Echezarreta, procedía de Zumárraga. Del paso de esa familia queda el magnífico edificio de la Plaza San Antonio número 1, de estilo ecléctico-historicista.

La visita terminaría aquí, recordando que ha habido y hay otros vínculos en la ciudad con los vascos, como son las peñas del Athletic de Bilbao. Hubo una en la calle Villalobos. Hoy pervive la peña Bilbaína Gaditana en la calle Compañía. De hecho, yo me aficioné al Cádiz después de un partido de copa de entre el Cádiz, que estaba en ese tiempo en Segunda, y el Athletic, celebrado el 3 de mayo de 1970, que acabó 1 a 1. Mi padre, aita, cerró el restaurante Achuri, de cocina vasca, que regentaba en la calle Plocia, y fundado por él en 1947, para verlo. El mítico Iribar fue el portero titular de ese encuentro. 

 

 

 

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domingo, 2 de marzo de 2025

El Rock en Euskal Herria

Desde la sección 7K Naiz traemos a ustedes este reportaje acerca de un libro que nos cuenta detalles acerca del desarrollo de la música en Euskal Herria, específicamente, del rock.

Desarrollo que se ocurrió en el contexto convulso de la lucha por la autodeterminación del pueblo vasco y que, lejos de ser auténticamente radical - con sus honrosas excepciones -, funcionó como agente de desmovilización de la juventud vasca, facilitando a Madrid la sucia estrategia consistente en volcar una gran cantidad de drogas en la Zona Especial Norte, sustituyendo la auténtica rebeldía por una supuesta rebeldía que en realidad significaba esclavitud y sometimiento.

Pero no adelantemos conclusiones, adelante con la lectura:


La biblia del Rock Radical Vasco

Javier «Jerry» Corral es el autor de «Fiesta y rebeldía. Historia oral del Rock Radical Vasco» (Liburuak, 2024), un extenso estudio sobre uno de los movimientos sociales y musicales más importantes de la historia reciente de Euskal Herria.

Sergio Iglesias

Junto a coetáneos como Pablo Cabeza, Roge Blasco o Pedro Elías Igartua, Javier “Jerry” Corral forma parte de ese grupo de referentes absolutos para los y las periodistas que, con admiración y emoción, intentamos seguir la estela que dejaron estos auténticos pioneros. “Influencers” de verdad, de los que con sus crónicas, reseñas o críticas, influían en toda una generación que, tras cuarenta años de dictadura, y con una democracia aún en pañales, y más que incierta, tenía ganas de reventar con todo y crear sus pequeños nuevos mundos, sus revoluciones… siempre enfrentados a todo tipo de autoridad y levantando la voz contra una sociedad tremendamente caótica, marcada por la desindustrialización y una crisis económica galopante. Ante este panorama, la juventud buscaba sus vías de escape en cualquier estímulo, bien fuera en la música o en las drogas que, alegremente, entraban -o las dejaban entrar, según quién cuente la película-, y que dejaron miles de jóvenes cadáveres a su paso.

Una generación perdida que, lejos de caer en el olvido, continuamente es reivindicada, e incluso idealizada, desde diferentes medios o colectivos como una de las épocas doradas, al menos en la música de Euskal Herria, donde se desarrolló la conocidísima etiqueta de Rock Radical Vasco. Una denominación que, cuarenta años después, todavía se recuerda con emoción por el poso que dejó en todo un país que, de una u otra forma, se siente identificado con todo aquello que cantaban -mensajes que, por desgracia, en muchos casos mantienen una vigencia absoluta hoy en día- bandas como Kortatu, RIP, Cicatriz, Barricada, La Polla Records, Tijuana In Blue, Hertzainak… Grupos de los que, por suerte, todavía quedan un puñado de supervivientes para contarnos cómo fueron las cosas. Con toda esta gente que lo vivió, con coetáneos que estaban en el lugar y en el tiempo, pero no dentro de la misma escena, con los que los precedieron y con los que los sucedieron es con los que Jerry Corral ha charlado para construir “Fiesta y rebeldía. Historia oral del Rock Radical Vasco”, un extenso relato de más de 800 páginas que, más allá de todo lo que se ha escrito sobre el movimiento, pretende aportar un nuevo enfoque sobre el Rock Radical Vasco, analizando su influencia cultural, pero sobre todo social, desde diferentes puntos de vista, qué supuso y qué queda de todo lo que se hizo en aquellos años tan convulsos.

Más de cinco años de trabajo, 69 entrevistas y 71 personas entrevistadas han sido necesarias para que tengamos entre manos la que ya ha sido bautizada como “la biblia del Rock Radical Vasco”.

Comenzamos pues preguntando al periodista bilbaino sobre el origen de la idea de hacer un nuevo libro sobre el Rock Radical Vasco, y nos aclara que, realmente, no fue una iniciativa propia: «Me lo encargan desde la editorial Liburuak. Al principio, tenía dudas sobre hacerlo o no; pero en ese periodo de duda, ya había empezado a hacer una lista con posibles personas a entrevistar y temas que tratar, y así me di cuenta de que, realmente, sí que existían esas ganas de llevar a cabo el proyecto».

Respecto al enfoque que querían dar al libro, reconoce que la idea es que fuera algo muy ambicioso: «Lo que me proponían era que fuera el libro definitivo sobre el RRV, pero yo siempre he creído que ese término es muy discutible, porque por suerte, todo es revisable y nada queda inamovible en el tiempo». Sin embargo, Corral sí tenía claro que quería hacer algo totalmente diferente a lo que ya se había hecho en torno a la temática del RRV: «No quería hacer un “refrito” de cosas que ya habían salido en otros medios y libros, sino que quería una visión muy amplia, coral y actualizada… una versión contemporánea de todo aquello».

Otra cosa muy curiosa es la actitud mostrada por el autor a lo largo del texto, manteniéndose totalmente al margen y vertiendo muy pocas opiniones en el libro, y dejando que sean los protagonistas de la historia los que hablen. «Eso fue intencionado. Me mantengo como un canal para que la gente exprese sus opiniones, y creo que tenía que ser generoso también en la forma de tratar los temas, de una manera sencilla y fácil de entender. Sí que introduzco los capítulos, y puntualizo alguna cosilla, pero no creo que fuera el sitio para dejar mis opiniones», afirma.

Una historia oral

Ante un reto de tal magnitud, como era afrontar una historia que se ha contado ya tantas veces, el periodista decidió dar la palabra no solo a los que lo vivieron directamente, tal como nos explica él mismo. «La idea era hacer una historia oral, lo interesante era que lo contaran, por un lado, los que lo vivieron desde dentro, pero también los que eran coetáneos, aunque no estaban en ese círculo, porque hacían otro tipo de géneros o estilos musicales… No hay que olvidar que, aunque el RRV fue el movimiento más importante, en aquella época había en Euskal Herria otras escenas… y es que lo contrario habría sido algo muy negativo para la música y para la cultura vasca. Lo interesante es que, en todas partes y en todo momento, haya siempre diferentes realidades».

Una realidad y una escena ante la que Corral se mostraba algo distante en aquella época, al menos en sus gustos personales, aunque su melomanía le permitió entender perfectamente todo lo que pasaba. «A mí me gustaban cosas muy diferentes, pero soy muy melómano y siempre me ha gustado conocer la música que se hace en mi país, de hecho empecé con un programa que se llamaba ‘Dios salve a los maravillosos grupos locales’, que hablaba sobre artistas vascos. Siempre he seguido la escena, y todavía, después de 45 años, lo sigo haciendo. Y, como aficionado a la música, para mí aquello que se llamó RRV era solo una escena más dentro de la música que había en Euskal Herria, no la única… eso sí, indiscutiblemente la más potente en aquel momento».

Por este motivo, Jerry Corral también quería hablar sobre los artistas y bandas que precedieron a quienes protagonizaron el boom del RRV, auténticos pioneros, ya que no hay nada más “radical” y “vasco” que lo que hicieron gente como los y las integrantes de Ez Dok Amairu o bandas como Errobi, activas incluso durante la dictadura, y que con esa actitud sin duda influyeron a todos los que llegaron en los 80. «Quería hacer ver que no era un fenómeno único que nace de la noche a la mañana, sino que, dentro del continuum de la música vasca, hay unos antecedentes y una continuidad de todo aquello. Así que, aparte de entrevistar a gente que lo vivió por coincidencia en el tiempo, me interesaba que hubiera gente como Ruper Ordorika, que es como el puente entre la generación anterior y la del RRV, Anje Dualde de Errobi, Fran Lasuen… quería ver qué opinaban todos ellos sobre el fenómeno, y si lo padecieron o lo disfrutaron». Además, también tenía especial interés por cómo evolucionó aquel movimiento que marcó una época: «El Rock Radical Vasco fue preponderante durante los 80 pero, a partir de los 90, a nivel mundial ya llegan otros sonidos como el indie o el rock alternativo, y se crean escenas como la de Buenavista en Donostia, o el Getxo Sound, con influencias que ya son diferentes, aparte de otras cosas que van surgiendo en los 2000 como Anari o Petti. Son artistas que han mamado el RRV muy de niños, que no lo han vivido, pero lo han visto, porque muchas de las canciones de aquellas bandas se han convertido casi en folklore. Hoy en día, en las fiestas de cualquier pueblo, junto a los éxitos internacionales o las canciones del momento, suenan en las verbenas canciones de Kortatu, Barricada, La Polla Records…».

En ese sentido, el autor de “Fiesta y rebeldía. Historia oral del Rock Radical Vasco” también ha querido conocer la opinión de las bandas actuales y la influencia que en ellos tuvo el RRV. «Me interesaba la opinión de las bandas más jóvenes, y ahí están los miembros de Vulk o de Chill Mafia, que ha podido representar el último gran fenómeno popular y con un espíritu en cierta forma cercano a aquello, aunque con otros sonidos, Tatxers con una clara influencia de Hertzainak o Zarama, o Verde Prato, que desde otro punto de vista también tiene esas influencias y que precisamente, en aquel momento, estaba revisando varios temas de aquellos años». Una conexión que demuestra el valor de la música como conector de las diferentes épocas, tal y como el propio periodista explica de una manera muy gráfica. «Lo que se demuestra es que siempre hay una especie de cordón umbilical que comunica las diferentes épocas y que, de alguna manera, va influenciando a los distintos músicos y escenas que van llegando a medida que va transcurriendo el tiempo».

Una etiqueta polémica

Sobre la etiqueta de “Rock Radical Vasco”, Corral cree que fue «un acierto pleno» y nos cuenta cómo surgió la denominación. «Marino Goñi y José María Blasco ven que en la margen izquierda del río Nervión surgen Eskorbuto, Altos Hornos de Bizkaia o Zarama; en pueblos como Agurain, La Polla Records; en Gasteiz, Cicatriz, Potato o Hertzainak; en Iruñea, Barricada; en Gipuzkoa, bandas como RIP o Kortatu; en Bilbo, MCD… Y se dan cuenta de que surgen muchos grupos y con capacidad de atraer a grandes masas. Piensan que eso debería tener una denominación común en una época en la que, a nivel estatal, estaba “la movida”, y a nivel internacional, el nuevo rock americano con bandas como Dream Syndicate o Green On Red… y ven que lo que estaba saliendo aquí también podía tener una denominación». En este punto, Corral nos descubre una curiosa anécdota personal relacionada con el tema, y que tiene como protagonistas a los mismísimos Eskorbuto. «El primer recuerdo que tengo de que alguien hablara de aquello fue cuando Pedro Elias Igartua y yo entrevistamos a Eskorbuto. Quedamos con ellos en Kabiezes un domingo, y Josu ya nos habló de que lo que ellos hacían era “rock radical”… venían de escuchar a los grandes grupos de los 70 y eran muy seguidores de bandas como The Who, pero querían ir un paso más allá y hacer cosas más extremas. Y es que ese cabreo y esa rabia de Cicatriz, RIP o Eskorbuto era algo visceral y, seguramente, de lo más auténtico que ha habido, incluso en la escena internacional; yo no sé si Marino Goñi también había hablado con Josu antes de sacar la etiqueta, pero lo de poner el apellido de “vasco” al rock radical fue un acierto. Porque ahí ya sí que se englobaba a mucha gente que, en cierta medida, sobre todo a nivel de energía y letras, tienen las mismas connotaciones; de hecho, luego ha habido grupos en Extremadura o Andalucía que decían que hacían Rock Radical Vasco, así que mira cómo trascendió la etiqueta…», afirma.

Una etiqueta de la que la mayoría de los grupos de la época renegaron por el miedo a ser identificados con algo muy concreto. «A los grupos, por supuesto, no les gustó, porque nunca les gusta que los encasillen o que los engloben en algo. Pero sí que había un perfil común, sobre todo en las letras, porque la musa muchas veces era el cabreo, esa rabia… no hay que olvidar que veníamos de donde veníamos: Franco, como quien dice, acababa de morir, y a mucha gente la transición democrática no le convencía, había una crisis económica brutal, había mucha droga…», explica.

En el libro se mencionan dos momentos clave en la creación de la escena del RRV, como son la manifestación contra el polígono de tiro de Las Bardenas pero, sobre todo, el concierto de los Clash en Donostia, que el autor pudo vivir en primera persona, tal y como relata: «En aquella época, Donostia reúne en pocos meses a Iggy Pop, Los Ramones, Eric Burdon, King Crimson… algo impresionante. Pero los Clash, en aquel momento, tienen una repercusión muy importante, no solo musical, ya que muchos grupos vascos se sentían muy identificados con las canciones de los ingleses. Y entre aquellos más de 7.000 asistentes al bolo nos encontramos con todos los músicos o futuros músicos que luego montarían diferentes bandas: allí estaban, por supuesto, los hermanos Muguruza, pero recuerdo que fue el día que me presentaron a Xabier Montoia, que me contó que iba a montar una banda que se iba a llamar Hertzainak». Aquel concierto fue el detonante que impulsó a muchos a montar sus proyectos porque, además, The Clash tuvieron detalles y guiños muy importantes con el público vasco. «Era un grupo muy político. Por mi parte, también recuerdo que Pedro Elías y yo hicimos una entrevista a Joe Strummer en los camerinos, creo que para “Muskaria”. En aquellos años éramos tan pocos los periodistas especializados en música, que nos trataban de maravilla y entrábamos allí “como Pedro por su casa”… También estuvimos con Los Ramones, o con Iggy Pop, que no quiso hacer la entrevista porque decía que tenía mal la voz, pero luego nos encontramos con él por los bares de Donostia un par de horas después (risas). Por cierto, impagable la anécdota que Loles de Vulpess cuenta en el libro, pero no voy a decir más, hay que leerlo (risas)».

Lo más curioso es que, en aquella época, la banda londinense ya venía con “Sandinista” un disco que nada tiene del punk salvaje de sus inicios y que, junto a los Sex Pistols, tanto influyó en las bandas más notables del RRV, pero es que, tal y como recuerda Corral, los grupos más influyentes también tenían un carácter muy abierto en aquella época: «Cuando The Clash vienen a Donostia, el disco que todo el mundo conocía era “London Calling”, que tampoco era punk. Pero es que, si te fijas, eso es algo que pasó con todos los grupos ingleses del punk del 77: Los Clash tienen dos discos punk, Damned hicieron después cosas muy experimentales, Stranglers acaban haciendo baladas, Johnny Rotten o John Lydon monta PIL, que estaba bastante alejado de aquel punk de los inicios de los Pistols… En el libro pongo una cita del propio John Lydon en la que dice que la lección número uno del punk es estar abiertos a otros sonidos, algo que no entendieron quienes lo siguieron. Eso sirve también para el RRV, porque las bandas que llegan después de Eskorbuto, Cicatriz o RIP repiten lo que hicieron todos estos, pero con menos gracia, y con menos energía. Por este motivo, el movimiento fue decreciendo hasta desaparecer».

Evolución del movimiento

Jerry Corral también se muestra muy crítico ante las bandas que alguien englobó en la mal llamada “segunda ola del RRV” y que, según el autor, carecían de la autenticidad de los grandes grupos de la escena. «Eso es la historia de la música y del arte. El que no se equivoca inventando algo nuevo, para mí carece de interés; y es algo que ha pasado en todos los ámbitos. El valor artístico de un grupo que ahora intente hacer música de hace 40 ó 50 años, sin aportar nada nuevo, es nulo, por muy bien que lo hagan. Todas estas bandas del RRV ya tenían un bagaje de todo lo que habían escuchado anteriormente, y eso acaba saliendo, y consiguen transmitirlo de una manera extraordinaria y, sobre todo, creíble».

En ese sentido, nos permitimos nombrar a los hermanos Muguruza como el ejemplo perfecto de cómo evolucionar en lo musical, ante lo que el periodista bilbaino se muestra totalmente de acuerdo. «Absolutamente. Para mí, lo más radical del RRV es cuando los hermanos Muguruza acaban con Kortatu, cuando estaban en lo más alto, para apostar por algo más complejo, acorde con la evolución de sus épocas, demostrando que no tenía ningún sentido seguir haciendo lo mismo. Los géneros, una vez que pasa el tiempo, hay que aplicarlos, no copiarlos».

Hablando de aquellos años 80, era inevitable hablar sobre la droga, y por eso preguntamos al autor si mereció la pena el alto peaje que se pagó con esa cantidad de cadáveres jóvenes que dejaron a su paso estos años tan terribles, algo que lamenta profundamente, intentando explicar cuál fue la clave de aquella catástrofe. «Fue muy triste, y el gran problema es que no había ninguna información. Yo pienso que la gente tenía un concepto equivocado de la droga, porque la veía como algo lúdico, cuando en realidad es una medicina que se toma cuando se está mal. Muchos creyeron que todo aquello iba a potenciar esos estados de felicidad impulsando su faceta creativa, y creo que eso es un error, porque el talento, o lo tienes o no lo tienes. Normalmente quienes hacen uso de las drogas suelen ser gente sometida a una gran presión: artistas que se enfrentan a un público, políticos, ejecutivos… y luego está el factor de la edad. Yo siempre digo que, cuando eres joven, te tomas drogas ilegales por diversión y, cuando te haces mayor, te tomas drogas legales por obligación (risas)».

Cuando le preguntamos su opinión sobre si, como se ha dicho en tantas ocasiones, la entrada de la heroína fue algo provocado por intereses políticos, Corral se muestra tajante pero prudente. «A mí no me gusta opinar sobre ello y, si me preguntas, diría que, aunque no fue algo orquestado, sí que se dejó hacer, porque hay a quien le venía muy bien. Pero como te digo, esa es solo mi opinión, y puedo estar equivocado».

Conectando el RRV con el presente de la música en Euskal Herria, a lo largo del libro se menciona varias veces a Chill Mafia, el colectivo iruindarra que podía representar aquel espíritu en este siglo XXI, lo que aprovechamos para testar la opinión del autor ante los nuevos fenómenos de la música en nuestro país. «Chill Mafia tienen algo similar a Kortatu: una carrera corta pero intensa y con mucho impacto en la música de su generación. La historia siempre se repite, y lo que me parece más decepcionante es que haya gente de nuestra generación que ahora se dedique a criticar las nuevas tendencias musicales, parece que se olvidan de lo importante que es seguir evolucionando».

Sin embargo, Corral destaca cuál ha sido para él el mayor hito de la música en los últimos tiempos: «La gran revolución musical del siglo XXI ha sido la irrupción de artistas femeninas que, en la parte más comercial son las que llenan estadios: Beyoncé, Taylor Swift, Dua Lipa… pero en el underground también hay muchos ejemplos, y en Euskal Herria tenemos a Sara Zozaya, Eneritz Furyak, Izaro, Verde Prato y bandas mixtas donde, muchas veces, son las líderes, como Zea Mays, sin ir más lejos. Esto es algo que choca con el RRV, porque Aurora Beltrán cuenta que, en aquellos años, ver a una mujer con una guitarra era casi algo extravagante… por suerte, los tiempos han cambiado y la sociedad es muy diferente en todos los ámbitos».

Cuando planteamos el dilema de con qué época se quedaría si tuviera que elegir, si con aquella del RRV o con la actual, el periodista muestra sus dudas de manera razonada: «Es que el concepto de rock que tiene mucha gente es muy esquemático, y yo soy más ecléctico. Y pensar que el rock es solamente ritmo, energía y guitarrazos es un error; y eso es lo que ha quedado como un estereotipo, sobre todo para la gente de fuera de la música. No se puede estar haciendo toda la vida lo mismo, tiene que haber de todo, también una cierta deconstrucción para que esto tenga sentido. Y en aquella época, aparte de los grupos punteros, estaban M-AK, luego llegaron Cancer Moon, Los Bichos, dentro del pop Los Santos… lo que pasa es que ahora hay mucho más y, aparte de que, como te decía, hay más mujeres, también hay varias generaciones trabajando a la vez, y hay gente de todas las edades a las que les interesa la música, algo que en aquellos años no sucedía».

Para terminar, le preguntamos si ha descubierto algo que le ha sorprendido en este proceso de creación de “Fiesta y rebeldía” y, aunque como hemos ido contando, lo vivió en primera persona, sí ha habido cosas que le llamaron la atención. «Me ha podido sorprender que, con el paso del tiempo, casi todo el mundo lo ve con mejores ojos que en su momento: en primer lugar, los que estaban en contra de la etiqueta, ahora ven que los benefició, y los que no estaban dentro de aquello, también lo entienden. Todos se han dado cuenta de la trascendencia social que tuvo este movimiento, porque en su momento tenían 22 años y no lo podían ver como lo ven ahora», concluye.




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jueves, 27 de febrero de 2025

Otros Dieciséis Apellidos Vascos

Derivado de una película muy taquillera mucha gente alrededor del mundo vino a enterarse del tópico ese de los ocho apellidos vascos.

Pues bien, vía TikTok nos hemos venido a enterar de que en Sevilla habita un personaje muy especial, uno que no tiene ocho sino dieciséis apellidos vascos.

Lo ha leído usted bien, dieciséis.

Sevillano, repetimos, o sea, integrante de la diáspora vasca como Javier Aguirre.

Aquí la información vía Noticias de Álava:


La emotiva historia de un sevillano con 16 apellidos vascos que se ha hecho viral en redes

María ha acumulado miles de reproducciones en TikTok al compartir su experiencia tras sacarse el C1 de euskera, su pasión por el idioma y el orgullo por sus raíces vascas

Aitor Ruiz 

Las redes sociales son el escenario perfecto en el que descubrir historias que enganchan y cautivan a los usuarios. Esta vez, el protagonista es un sevillano con un increíble legado vasco, cuya hija ha contado su historia a través de TikTok.

Se trata de María (@mariaeche29), usuaria de la plataforma, que ha publicado un vídeo en el que enseña muy orgullosa los 16 apellidos vascos que tiene su padre. Este peculiar dato se ha vuelto viral en esta red social, donde muchos internautas han aplaudido la riqueza cultural que tiene la familia. 

16 apellidos vascos: más allá de la ficción

El vídeo de María ha llamado la atención de los usuarios por su contenido. Existe un cierto paralelismo con la película 'Ocho apellidos vascos', famosa por parodiar las diferencias culturales entre Euskadi y Andalucía. Pero esta historia real supera a la ficción. El padre de María, nacido en Sevilla pero de origen euskaldun, concretamente de Urdaibai (Bizkaia), presume de sus raíces vascas.

La lista de apellidos que se puede ver en el vídeo incluye apellidos vascos, tales como Etxebarrieta, Malax-Etxebarria, Bidasolo y Urrutxua, entre otros. Algo que ha despertado la curiosidad de la comunidad de TikTok, en donde se puede notar la herencia cultural y el fuerte vínculo que mantiene con nuestra tierrra pese haber nacido en Andalucía. 

Un reto lingüístico que merece aplausos

Además de su genealogía, otra característica que ha enamorado a los usuarios de TikTok es el gran trabajo y esfuerzo de María por intentar aprender euskera. De hecho, el ser andaluza no ha impedido que la joven se haya hecho con el título EGA-C1 en euskera, algo muy meritorio por su parte. En el vídeo, hace referencia en tono de broma a la "batalla" que libra con su padre para demostrar quién de los dos es más vasco, y cómo ella se ve ganadora después de alcanzar este nivel.

En cuanto a la comunidad de TikTok, muchos han aplaudido el éxito de la joven, pues aprender euskera no es tarea fácil para quienes no viven en un entorno en el que se habla. Dado que mucho han visto este gesto como un acto de amor por la cultura vasca, hay quienes han valorado la importancia de preservar las lenguas y tradiciones familiares. 

El poder de las redes sociales para conectar culturas

A raíz de este vídeo, podemos observar cómo la riqueza y diversidad cultural están presentes en las redes sociales. e hecho, la historia y la influencia del euskera demuestra cómo es posible que otras personas se hayan fijado en su origen y han decidido interesarse en su naturaleza.

En lo que a este fenómeno viral respecta, es el ejemplo de cómo vascos y andaluces se han fusionado, sin importar su distintivo cultural, a la vez que aprecian las tradiciones y el patrimonio o legado histórico de cada uno.

En un mundo cada vez más globalizado, historias como la de María y su padre nos recuerdan la importancia de mantener vivas las raíces, sin importar dónde estemos. 

 

 

 

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lunes, 3 de febrero de 2025

Miguel de Iturbide y Zuría

Este texto histórico de la autoría de Joseba Asiron, mismo que ha sido publicado en Noticias de Navarra, arroja luz sobre un personaje vinculado a uno de los consumadores de la independencia de la Nueva España, posteriormente llamado México, del cual el golfo deriva su nombre.

Agustín de Iturbide Aramburu, quien era vasco por los cuatro costados, no es una figura bien ponderada en la actualidad en México, aunque los cargos de los que le acusan tanto historiadores como revisionistas no dan para que haya sido defenestrado y suenan más a mala prensa.

Tampoco debemos de olvidar que un paisano suyo, Xabier Mina Larrea, también desafió a la monarquía española y que su incursión en la Nueva España sirvió para mantener viva la llama de la insurrección en los momentos más aciagos para los insurgentes.

Ahora bien, más allá de los personajes, es interesante ver la cantidad de movimientos independentistas en contra de la corona espñola que existían en el siglo XVII.

Lean ustedes:


Miguel de Iturbide y Zuría: De héroe de los tercios de Flandes a traidor “independentista”

En 1648, la monarquía española enfrentó una gran crisis, con revueltas y una dura represión que alcanzó a muchos, incluidos navarros hoy olvidados

Joseba Asiron

Los Iturbide de Gartzain

Hoy en día el caserón conocido como Iturbidea de Gartzain (Baztan) tiene la fisonomía de uno más de los caseríos vascos de la zona, y no permite adivinar su origen medieval. Y es que el paso de los siglos ha desfigurado lo que en inicio debió ser una torre defensiva, casa solar de los Iturbide y lugar de nacimiento, en 1607, de Miguel de Iturbide y Zuría Mayor, hijo de Sancho de Iturbide y Rafaela de Zuría. Los Iturbide formaban parte de la más antigua nobleza del reino, y como tal su escudo, tres fajas verdes sobre fondo plateado, figura en el Libro de Armería del Reino de Navarra, donde se recogían los escudos de los más importantes clanes nobiliarios del reino. Es seguro que en su infancia Miguel escucharía mil veces las viejas historias de la familia, las mismas que, años más tarde, sirvieron para que fuera nombrado caballero de la Orden de Santiago. Historias seguramente fantásticas y difíciles de comprobar, como aquellas que aseguraban que sus antepasados habían servido a los reyes de Navarra en las batallas de Valdejunquera (920), Calatañazor (1002) y Navas de Tolosa (1212). Mejor documentada está la colaboración de los Iturbide en las empresas de la monarquía española, y así, Juan de Iturbide, tatarabuelo de Miguel, fue banderizo beaumontés que colaboró en la conquista de Navarra, participó en el asedio de Amaiur y murió preso de los franceses en Dax. Le sucedió su hijo Sancho, bisabuelo de Miguel, y a este su hijo, llamado también Sancho. Cinco hermanos de este último, tíos-abuelos de Miguel, murieron sirviendo a Felipe II: dos luchando contra los turcos en la batalla de Lepanto, uno en Francia, en el tercio del guipuzcoano Alonso de Idiáquez, otro en Flandes y otro en Nápoles. Su tío, el maestre de campo Pedro de Vicuña, murió de dos arcabuzazos en Vervins (Francia), y hasta su propio padre perdió un brazo tras despeñarse con su caballo en acto de servicio.

Soldado heroico en los tercios

Con estos antecedentes a nadie extrañará que Miguel eligiera la carrera de las armas. Sabemos que se enroló en el ejército de Flandes en 1625, con 18 años, y sirvió en el tercio de Alonso Ladrón de Guevara. Sus superiores lo describen entonces como “principal, particular y valiente soldado”, habiéndose distinguido en el asedio de la ciudad de Brujas. En 1931 un teniente coronel del ejército español, Eufrasio Munárriz, escribió una novela histórica sobre Miguel de Iturbide donde se pone mucho acento en sus hazañas militares, aunque ignora casi por completo su faceta política y su relación con Pamplona. Sabemos, eso sí, que en 1631 tuvo que regresar de Flandes por la muerte de su padre, y que posteriormente se integró en la compañía de Alonso de Cosgaya para combatir a los franceses en Hondarribia. Informado el virrey de que Miguel hablaba euskara y francés, lo envió a espiar los movimientos de tropas y las fortificaciones de San Juan de Luz, Bayona, Dax y otros lugares, trabajo que le ocupó varios años. Regresó en 1635 y marchó a Madrid para informar, siendo alabado por el mismísimo conde-duque de Olivares e ingresando en la Orden de Santiago. En 1636 forma parte del contingente que invade Francia, tomando Ziburu, Sara y Ainhoa al frente de 500 baztaneses. En septiembre de 1638 colabora en el desbaratamiento del asedio francés de Hondarribia, y acto seguido marcha a Cataluña, donde será herido de un mosquetazo. Regresa entonces a Navarra para recuperarse, poniendo final a su carrera militar, con el rango de capitán de “caballos corazas”, es decir de la caballería pesada o “acorazada”. Es muy posible que en este tiempo estableciera su residencia en Pamplona, casándose con Clara de Argaiz, con la que tuvo al menos una hija, llamada Magdalena de Iturbide.

Regidor y diputado en Pamplona

En 1643 y cuando Miguel cuenta 36 años es nombrado regidor (concejal) por el burgo de San Cernin. Durante un año desempeñará funciones de índole representativa, militar y logística en el ayuntamiento, desde desfilar por las calles encabezando la milicia o participar en la marcha “en cuerpo de ciudad”, hasta apadrinar al hijo del virrey, pasando por custodiar las armas depositadas en la armería o supervisar el suministro de pan, vino y aceite de Pamplona. Por ello su firma aparece con asiduidad en el Libro de Actas del Ayuntamiento de Pamplona. La carrera política de Miguel culminará cuando en 1644 sea nombrado diputado por Pamplona en las Cortes del Reino, convirtiéndose en el político navarro más carismático e influyente del momento. Es en este tiempo cuando, declarando como testigo en un litigio, afirmaba que “la lengua matriz de este Reyno (...) desde Tafalla hasta los Pirineos (...) es la bascónica o bascongada (...) que es la que hoy se practica en toda gente ordinaria...”

Mientras tanto, la situación política se ha complicado muchísimo. En 1640 Cataluña y Portugal se habían alzado en armas para conseguir su independencia, y la corona quiso convertir Navarra en centro de reclutamiento para el frente catalán, contraviniendo lo que dictaba el Fuero. El virrey español, conde de Oropesa, presiona a unas Cortes que, lideradas por Iturbide, se resisten a los reclutamientos forzosos y amparan y protegen a los navarros que desertan. En febrero de 1645 el conde de Oropesa manda a galeras a ocho desertores navarros, y las protestas alcanzan cotas de escándalo en Pamplona. Iturbide, abiertamente enfrentado al conde de Oropesa, viaja a Zaragoza, donde se encontraba el rey, y consigue algo inaudito y sin precedentes, la destitución y traslado del virrey.

Un asesinato de estado

Pero Miguel de Iturbide se estaba acercando demasiado al abismo. En 1646 Felipe IV se desplaza a Pamplona, acompañado del príncipe heredero Baltasar Carlos, para jurar los fueros de Navarra e intentar calmar la revuelta situación política, pero en la práctica nada se consigue. A las rebeliones secesionistas de Portugal y Cataluña se añaden conspiraciones en Aragón y Andalucía, y surge entonces la sospecha de que Iturbide es en realidad el cabecilla de un intento por recuperar la independencia de Navarra. Y el hecho de que en las conversaciones que se llevaban a cabo con Francia el estado vecino comenzara a introducir la “cuestión navarra” aumentó aún más los recelos. En el invierno de 1646 Iturbide recibe la orden de marchar a Madrid, únicamente con la intención de alejarle de Pamplona, núcleo de una eventual conspiración. Permanece allí en situación de libertad vigilada y, todavía un año después, el 19 de julio de 1647, en la correspondencia mantenida con Navarra se aseguraba que no le habían comunicado la razón de su destierro, aunque no constaban cargos contra él. Por fin, de manera fulminante, Miguel de Iturbide es detenido e inmediatamente asesinado el 15 de agosto de 1648. En una carta que se ha podido conservar, escrita por el militar Carlos Padilla a su hermano, se dice: “A un caballero llamado Don Miguel de Iturbide y a otro letrado, ambos navarros, prendieron esta noche. Ya son muertos, dicen que de repente. El pretexto fue conjuración en Navarra, eran de allí entrambos”. Esta es la única pista que existe sobre el destino final de Miguel de Iturbide. Cómo murió, dónde fue enterrado y quién era el otro navarro asesinado con él, constituye un misterio. Lo único seguro es que el baztanés pasaba así a engrosar una larga lista de navarros que, a través de los siglos, intentaron preservar la personalidad y el autogobierno de Navarra, siendo víctimas de la monarquía hispánica. 174 años después de la muerte de Miguel de Iturbide un familiar suyo, descendiente del mismo tronco baztanés y llamado Agustín de Iturbide y Aramburu, se convertirá en líder de la independencia mejicana e incluso llegará a ser nombrado emperador de Méjico pero, como suele decirse, esa es otra historia... 




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miércoles, 8 de enero de 2025

Zetak y el Telón

Desde las páginas de Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes este reportaje acerca del fenómeno musical vasco del momento, Zetak.

Adelante con la lectura:


Así se explica el éxito de Zetak fuera de Euskal Herria: acabando con el "telón de las txapelas"

Un experto musical analiza el "muro invisible" que limita la proyección de los artistas euskaldunes fuera de nuestro territorio

Eder García

Zetak está viviendo uno de sus momentos más destacados en la música.

El grupo liderado por Pello Reparaz vivió sus dos conciertos más especiales el pasado fin de semana en Iruña con el espectáculo Mitoaroa, y el éxito fue tan arrollador que el show ofrecido también llegará a Donostia los próximos días 5, 6 y 7 de septiembre.

La banda de música electrónica ha roto cualquier tipo de techo existente en lo que se refiere a la venta de entradas en Donostia, ya que ha colgado el cartel de sold out en sus dos primeras fechas, y todo apunta a que ocurrirá lo mismo en su tercer concierto. En total unas 40.000 personas vibrarán con la música de la formación navarra en Illumbe.

Aunque en los últimos meses varios grupos de música euskaldun están ofreciendo o anunciando conciertos masivos, como ETS, Gatibu o Esne Beltza, el caso de Zetak es diferente, ya que no se trata de un concierto de despedida.

El fenómeno Zetak

Zetak, que acumula casi 300.000 oyentes mensuales en Spotify, no ha parado de crecer desde su creación en 2019.

La combinación de música electrónica con elementos de la tradición vasca, como en su último álbum, Aaztiyen (2023), que fusiona mitología y música tradicional con sintetizadores, han llevado al grupo navarro a lo más alto de la escena musical vasca.

Tras un verano lleno de conciertos masivos, consiguieron congregar a 24.000 personas en Iruña en pasado fin de semana y han arrasado en ventas de cara a su concierto en Donostia.

Pocos grupos euskaldunes han conseguido convertirse en un fenómeno de masas en Euskal Herria con tan pocos años de trayectoria.

El comunicador gallego Noel Turbulencia ha analizado este fenómeno en un hilo en la red social X. "A pesar de este éxito, es posible que no hayas oído hablar de ellos si no estás conectado a la escena cultural vasca. ¿Por qué? Porque muchos artistas vascos se encuentran con un muro invisible que limita la proyección de su arte fuera de su territorio", lamenta.

Asimismo, explica que en la música gallega se vive una situación parecida: "En Galicia pasa un poco lo mismo y algunos utilizamos el concepto de 'Telón de Grelos' para describirlo, como aquel telón de bambú o de hierro que bloqueaba la información hacia dentro o hacia fuera de China y Rusia. Aquí a lo mejor podríamos hablar de un 'Telón de Txapelas'".

Como factor determinante, Noel Turbulencia señala la barrera lingüística: "Aunque el euskera está lleno de belleza y fuerza expresiva, es una lengua minoritaria fuera de Euskal Herria, lo que a veces limita su alcance a públicos más amplios. Y complicada para iniciarse en ella de cero".

Asimismo, el "enfoque local" también es un aspecto a tener en cuenta, ya que los artistas vascos "suelen nutrirse de su entorno y dirigirse a él", algo que "fortalece su identidad y beneficia su crecimiento regional, pero también puede reforzar el 'telón' que los separa del resto".

Euskal Herria, al igual que Galicia, Catalunya o Andalucía, tiene una identidad cultural muy marcada, y esto puede hacer que su música se perciba como "de nicho".

Los esfuerzos de la sociedad vasca por preservar su cultura también es algo a tener en cuenta: "Son comunidades con un circuito de salas, conciertos y festivales que consiguen que estas propuestas vivan de su música enmarcadas únicamente en su zona. Un circuito cerrado que se retroalimenta y que demuestra la solidez de estas propuestas".

En relación al término 'telón de txapelas' el comunicador gallego destaca que los esfuerzos por romperlo no los ha inventado Zetak: "Berri Txarrak es el ejemplo más icónico. El trío de rock alternativo demostró, en 2019 con su gira despedida, todo lo que había significado para el rock alternativo de este país".

Tercer disco

En sus seis años de trayectoria, Zetak ha lanzado tres discos al mercado. Actualmente están inmersos en la gira de su tercer disco, Aaztiyen, un álbum creado en la localidad navarra de Arbizu, de donde es el propio Reparaz, y que busca reflexionar sobre la identidad vasca desde los caminos de la electrónica, como es habitual en Zetak.

En este trabajo, el grupo mezcla instrumentos tradicionales vascos, con formas contemporáneas.

Trayectoria de Reparaz

Pello Reparaz adquirió una gran fama en el grupo Vendetta. Preguntado por el fin del grupo recientemente en una entrevista en Gaztea, el navarro explicó por qué llegó a su final la actividad del popular grupo.

El vocalista de la extinta formación aseguró que es una pregunta que le hacen muchos periodistas, y achacó la disolución del grupo a motivos artísticos: "Algunos querían ir por un sitio y otros por otro, y cada uno tiene que hacer lo que le pida el instinto".

En esa misma dirección, Reparaz señaló que la música que él hace ahora con Zetak no tiene nada que ver con Vendetta.

"Era el momento de coger caminos artísticos diferentes", sentenció el artista, que aseguró que su relación con el resto de integrantes de Vendetta es muy buena.


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sábado, 7 de diciembre de 2024

Entrevista a Salvador Cardús

A pocos días de haberse celebrado el Día Internacional del Euskera les compartimos esta entrevista publicada por Naiz ya que contiene elementos que consideramos pueden ser de su interés:


«El mecanismo más importante de adhesión a una nación es la lengua»

Salvador Cardús (Terrassa, 12 de junio de 1954) estuvo a mediados de noviembre en Bilbo durante las jornadas organizadas por Telesforo Monzon eLab para abordar la cuestión nacional en un contexto de cambios demográficos.

Iker Bizkarguenaga

Salvador Cardús atendió a GARA en un receso de las jornadas organizadas por TMeLab sobre «adhesión nacional en un contexto de cambio demográfico», donde expuso su punto de vista sobre un asunto que puede ser controvertido pero cuyo abordaje es inexcusable y el modo en que se haga condicionará el futuro de naciones sin Estado, como Euskal Herria y Catalunya, y de las gentes que las conforman.

Su intervención ha abordado el cambio demográfico y la identidad nacional en las naciones sin Estado. ¿Cómo afecta el uno a la otra?

Hay cambios de carácter general que afectan a la cuestión de pertenencia nacional. No es solo el tema de la inmigración, lo podríamos situar también sobre la cuestión de los jóvenes y la identificación nacional, en cómo las redes sociales nos desterritorializan y permiten un tipo de relaciones que se mantienen al margen del espacio y del territorio, de la tradición y de la lengua... Hay desafíos que son de carácter general, de carácter económico, pero en el caso de la inmigración se trata de un desafío especialmente grande.

Por una parte, por la dimensión; en el País Vasco aún no estáis en las proporciones que estamos en Catalunya, donde cuatro de cada diez personas han nacido fuera y probablemente más del 50% de la población vive al margen de la catalanidad o la nación catalana. Algunos ni se han enterado de que existe algo parecido. En los últimos años hemos crecido en un millón y medio de personas en Catalunya, y eso solo son datos fijos, porque para llegar a ese millón y medio ha habido mucho más movimiento. Eso tiene unas dimensiones que provocan desafíos enormes, tanto desde el punto de vista de calidad de vida, de bienestar, porque estas personas suelen estar en condiciones de desigualdad grave, y también de carácter cultural, lingüístico, de concepciones de la vida o de la religión, que suponen un reto.

Tanto Catalunya como Euskal Herria han recibido flujos migratorios muy importantes anteriormente; ¿qué hace diferente el contexto actual?

Hay una cuestión fundamental que es la dimensión jurídica. Cuando llegaban españoles al País Vasco o a Catalunya no tenían el problema de la extranjeridad, que es importante desde el punto de vista formal. Eso no quiere decir que fueran unos movimientos pacíficos; en Catalunya hubo casos de persecuciones policiales y expulsiones de migrantes, que ponían en Montjuïc en una especie de campos de concentración y los llevaban en barco otra vez a Andalucía. Eso existió. En los años de posguerra había control político, ideológico, de gente que había huido de su territorio no solo por razones económicas, también políticas, y que los cogían y los llevaban otra vez de vuelta.

La situación no es que fuera tranquila, pero es verdad que desde el punto de vista jurídico facilitaba las cosas. Ahora nos encontramos en una situación en la que una parte importante de esa inmigración es inmigración sin papeles, o con dificultad para conseguirlos, y el Estado trata muy mal estos procesos, que son larguísimos, y eso crea una burbuja de personas que tienen que buscarse la vida como sea, en el espacio de la economía sumergida, no de la delincuencia, que es algo mucho más minoritario, pero sí de la economía sumergida, y eso provoca problemas.

Esta es una cuestión, la otra es la mayor diversidad. Yo siempre lo había relativizado un poco, porque en Catalunya cuando llegaba población andaluza en los años 50, 60, la diferencia cultural era enorme. Era un choque cultural importante, en todo. No sé si menor a la que hay ahora. Es muy difícil comparar, porque también ahora la mentalidad es mucho más abierta que la que había en la población de recepción en los años 50 o 60. Pero es cierto que hay diferencias de carácter ideológico, religioso, que son mucho más evidentes, y que nos plantean hasta qué punto estas diferencias están creando guetos que mantienen a una parte importante de esa población al margen de cualquier relación con la sociedad de acogida.

El cambio demográfico va acompañado de cambios sociológicos y económicos: precariedad, problemas de conciliación, falta de estabilidad, otras formas de ocio... ¿Forman un todo en conjunto?

Sí. De momento confluyen en la dimensión más negativa. Siempre habíamos pensado que las redes sociales nos abrían ventanas al mundo, como había hecho tradicionalmente la televisión, pero ahora, las redes sociales no digo que no puedan servir para abrir ventanas, pero tal y como se utilizan mayoritariamente, las cierran. Por ejemplo, jóvenes que llegan de otros lugares pueden tener sus propios influencers sin tener ninguna relación con la sociedad de acogida. Por otro lado, las crisis generales que hemos sufrido; la económica de finales de la primera década de este siglo, la del covid, las guerras que han venido después han sido circunstancias que han dificultado o han parado muy buena parte de aquello que llamábamos el ascensor social. La inmigración era un camino de ascenso social, ahora no está tan claro. No sabemos si hay un ascensor social o quedan recluidos en unas zonas muy estancadas.

Cuando hablamos de identidad nacional, ¿hablamos también de la lengua? Si bien la situación de ambas lenguas es muy distinta, hay una preocupación compartida por el descenso en el uso tanto del euskara como del catalán.

Entre todos los mecanismos de adhesión a la nación, de vínculo con la nación, sin lugar a dudas la lengua es la más importante. Si alguien viene a Catalunya o al País Vasco y aprende catalán o aprende euskara la incorporación es casi automática. Y no tiene por qué renunciar a su propia lengua. La lengua es un elemento, en nuestros países particularmente, fundamental para la adscripción. Lo que ocurre es que estamos en una situación de debilidad política, cultural, y no solo no estamos transmitiendo el aprendizaje de la lengua, el conocimiento, tampoco somos capaces de que el uso crezca con el conocimiento.

En las encuestas puede haber en Catalunya un 90% que dice que entiende catalán, que yo no me lo creo, porque en una encuesta la gente intenta quedar bien, y estamos en un 30% de uso habitual de catalán, o de gente que dice que lo usa, porque creo que también es menor. Pero desde mi punto de vista, lo más preocupante es el de los catalanoparlantes que se pasan al español. Y entre la juventud esa es una cosa generalizada. En los patios de los institutos, entre los jóvenes, incluso en un grupo de catalanoparlantes, el paso al español es muy frecuente, y lo es porque los influencers, la música, todo lo que son los instrumentos que el Estado favorece en su difusión, son en español. Entonces, el español pasa a ser la lengua, no solo dominante, sino la lengua franca, la lengua de uso habitual. Y eso supone un cambio cultural importante, que se ha producido quizá en los últimos diez años, y que es grave.

Hablamos de naciones sin Estado. La falta de herramientas políticas y jurídicas, para hacer frente a esos cambios es clave en el debate, ¿no?

Claro. En el espacio nacional español, lo que habría podido ser posible, que sería una expresión de la plurinacionalidad, un reconocimiento de la diversidad, no existe. No es una relación equilibrada, es un tipo de relación que ejemplifica la condición colonial en la que vivimos y que muestra lo que es la potencia de un Estado que muestra quién manda aquí. Por si a alguien se le había olvidado con todo el tema de la Transición, en los últimos años hemos visto lo que es cuando el Estado se siente amenazado. La nación española, que es asimiladora, le molesta enormemente la diferencia, es muy difícil de combatir. En esas circunstancias, no se trata de que los inmigrantes se integren más o menos, es que entran en una estructura de dominación, y cómo les vas a pedir que ellos den la cara si ya nos cuesta a nosotros darla.

El Estado es capaz de obligar por ley, por ejemplo a aprender su idioma, una nación sin Estado no puede hacerlo.

Ni puede por ley ni lo consigue de una manera sutil. En la charla he contado la anécdota reciente de un chico mallorquín que llama a un hotel donde había reservado una habitación para preguntar si tenían parking, y habla en catalán. Y el recepcionista, cuando le habla, le responde «English?». El chico le dice que catalán, y el recepcionista le espeta: «En la recepción estamos dos argentinos, y en Argentina no nos enseñaron catalán», y le cuelga. Eso no te lo imaginas en Francia. Si quien estuviera en la recepción fuera un argentino en Francia, no se atrevería a colgar a alguien porque le está hablando en francés. No es posible, porque el Estado legitima el uso de la lengua.

No es una cuestión de coacción explícita, es una cuestión de coacción implícita, eso que llamamos nacionalismo banal, nacionalismo implícito, de asumir, de saber quién manda aquí, qué lengua es la que manda. El problema es que el Estado es muy duro, y el Estado español tiene una concepción de lo que es la nación española en la que no cabe la plurinacionalidad. Creo que ahora tenemos más conciencia de ello, pero más conciencia no quiere decir mayor capacidad de resistencia, a veces más conciencia significa más temor. Estamos en un mal momento, en un momento reactivo, creo que recuperaremos el temple, pero no va a ser fácil ni inmediato.




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