martes, 18 de octubre de 2016

Lo Que Saben las Abejas

Todavía resuenan los pasos de la multitud que marchó en Donostia en favor de los presos políticos gravemente enfermos. Una vez más la solidaridad del pueblo vasco para con sus represaliados quedó ampliamente demostrada.

Dicho lo anterior, les compartimos este texto que nos han hecho llegar por correo electrónico:

Las abejas y el péndulo

Camilo Errebide, "Gautxo"

A Arkaitz Bellon.
A los familiares de los presos políticos.
Hay  pueblos que contienen un mundo. Giran en torno a su propio eje y todo lo que son  y los anima permanece asido al eje de rotación, aún cuando sus miembros se  dispersen por lejanos países o alejadas cárceles. Bastaría poner a balancear el  péndulo que vieron mis ojos en el Panteón de París, en algunos de los montes  vascos donde mora la Mari, custodiada por Beigorri, el toro rojo, para  establecer la relación témporo-espacial de sus habitantes con la naturaleza.  Rotan sobre un eje y no se desprenden de él porque le pertenecen, como la  regularidad propia de una teoría sobre el Destino al Universo mismo.

Hace  una década, este pueblo daba 20 vueltas alrededor de la Tierra cada fin de  semana. Esa era la distancia que recorrían los familiares de los presos  políticos para visitar a sus seres queridos dispersados de manera siniestra por  cárceles que podían estar a más de 1.000 km. A veces no llegaban; a veces no  volvían, los riesgos del camino solían costarles la vida. Pero el pueblo-mundo  aún mantiene la regularidad del Péndulo, con la constancia que tiene la  naturaleza para reproducir la primavera a cada ciclo. El monte, el campo, es el  paisaje, al cual están estrechamente unidos, como las abejas y el baserri.

En algunos sitios de ese mundo aún mantienen una ancestral costumbre. Cuando muere el viejo dueño del caserío, el sucesor se dirige inmediatamente al monte para contarle a las abejas lo sucedido. Debe decirles que ha muerto el  señor y que de ahí en más él se hará cargo de ellas. Las abejas difundirán la  noticia. Bixente me contó que el vecino más próximo es quien debe llevar la Cruz  por el camino sagrado -desde el caserío hasta la iglesia-, cuando acompañan al  muerto hacia su destino final.

Con la regularidad del Péndulo y la  dulzura de las abejas, su suegro deja la puerta abierta de su casa cada vez que  sale -aunque sea por muchos días- porque algún amigo puede necesitar refugio y  sabe que allí encontrará calor, comida y una cama.






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