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sábado, 13 de diciembre de 2025

Egaña | Frantz Fanon y la Descolonización

Este texto que Iñaki Egaña dedica a la corta pero trascendente trayectoria de Frantz Fanon nos ayudará a enteder a personajes tan nefastos como al sociata Eneko Andueza y su disonancia cognitiva así como al jeltzale Bingen Zupiria y su apuesta por dotar con completa impunidad a la Ertzaintza.

Aquí lo traemos a ustedes desde su página en Facebook:


Frantz Fanon y la descolonización

Iñaki Egaña

En el centenario del nacimiento de Frantz Fanon, los foros y recuerdos a su breve aportación ideológica y práctica a las luchas de liberación -murió de leucemia con 36 años- han inundado los foros del Sur Global, con escasa relevancia en Occidente, heredera de la metrópoli supremacista que diseñó un planeta a su medida expoliadora. Europa era civilización y el resto salvajismo o barbarie. Fanon fue una de las referencias de nuevo cuño no exclusivamente marxista, como Che Guevara, Patrice Lumumba, Ho Chi Min, Amílcar Cabral o Nelson Mandela que renovaron el pensamiento revolucionario, introduciendo nuevos conceptos, en particular el de la descolonización y una trayectoria hasta nuestros días que ha derivado en un neologismo: decolonización. Un término que tiene que ver no solamente con la ruptura a la subordinación de la metrópoli, sino también con la superación del legado eurocentrista, soportado por mecanismos culturales, sociales, de género, artísticos, universitarios… Una desvinculación de las jerarquías impuestas históricamente por las elites occidentales que afectan tanto al Sur como a las sociedades secundarias del Norte Global.

Fanon, nacido Martinica (aún hoy integrada República francesa), de origen afrocaribeño, combatió al nazismo en la Segunda Guerra mundial resultando herido, con posterioridad fue candidato comunista a las legislativas francesas y concluyó sus estudios de psiquiatría en Lyon. Sus primeros trabajos ya estuvieron relacionados con los trastornos mentales, lingüísticos, físicos y sexuales causados por la violencia colonial. Para Fanon, la colonización, sustentada en el racismo, transportaba al colonizado a su despersonalización y a convertirse en un ser "infantilizado, oprimido, rechazado, deshumanizado, aculturado, alienado". Trabajó desde 1953 en un hospital mental argelino, pero con la guerra de liberación fue expulsado y residió en Túnez, donde formó parte de los órganos directivos del FLN. Renunció a su nacionalidad francesa y cambió su nombre por el de Ibrahim Omar Fanon. Murió unos meses antes de la independencia de Argelia.

En la década de 1960, la influencia de Fanon en Euskal Herria fue colosal en la izquierda revolucionaria independentista, apenas perceptible en su homónima revolucionaria vasca que consideraba la lucha de clases una cuestión estatal y en otros casos universal, siguiendo la tendencia que descolonización era una cuestión únicamente en liza en los entonces llamados pueblos del “Tercer Mundo”. La paradoja de esa influencia estaba en el hecho de que en la biblioteca de Fanon, donada por sus herederos y en la actualidad en Argel, contenía 1.400 libros de los que únicamente dos tenían referencia vasca y ambos con relación a la psiquiatría. El primero de Julián Ajuriaguerra, hermano del presidente del PNV durante el franquismo, y el segundo la tesis doctoral de Luis Martín-Santos, también psiquiatra y militante del PSOE en clandestinidad. Aunque la influencia de Fanon en Euskal Herria fue notoria en la renovación del corpus ideológico revolucionario, en especial de ETA, su conocimiento aparente de nuestro país era escaso.

Contaba en cierta ocasión Peixoto que a los militantes que ingresaban en ETA les entregaban dos libros para su formación. Uno era “Vasconia”, de Federico Krutwig y el otro “Los condenados de la tierra” de Fanon, que apareció en Paris en 1961 (en su versión en castellano en México en 1963 y tras levantarse su prohibición en el Estado español por la editorial Txalaparta) y prologado por Jean Paul Sartre quien a su vez haría la introducción de “El Proceso de Burgos” de Gisèle Halimi, ya en 1970. El contacto, a través del exilio, con gentes que habían participado en el gran debate que dividió a la metrópoli, y que destapó el corcho para las esencias más reaccionarias y chauvinistas francesas con motivo de la descolonización de Argelia, fue un suceso clave como referencia para aquellos militantes de la organización armada. Al igual que Mao Zedong que había calificado a los peones del imperialismo como "tigres de papel", Fanon declaraba que la utopía estaba al alcance de la mano.

La primera aportación teórica importante de Fanon, en el caso vasco, se refería al carácter de Europa y a la suposición de ser cuna civilizatoria y el centro magnético sobre el que giraba el globo terrestre. Alejándose de algunas de las líneas maestras del marxismo, afirmaba que la liberación nacional sin transición era posible. Esta, obviamente no era la situación socio-económica de Hego Euskal Herria, con una oligarquía vasca alrededor de Neguri como motor del "milagro" franquista. Pero la simple renovación de la teoría insurreccional sirvió como referencia innovadora.

La segunda aportación, ya presente en Lin Piao, Mao o el Che tenía su foco en la violencia como método revolucionario indispensable para la emancipación. Las fórmulas de resistencia pacífica se mostraban como ineficaces y en la mayoría de las ocasiones asumidas por los Estados coloniales. Fanon decía al respecto: "La descolonización es siempre un fenómeno violento". Y esa contribución fue notoria en numerosas publicaciones de ETA, entre ellas “Carta a los intelectuales” (“Euskadi no necesita una Revolución-Política o una Revolución-Económica sino una Revolución Integral. Una revolución que afecte al arte, a la cultura, a la filosofía e incluso a la escala de valores de la sociedad”) o “La insurrección en Euskadi”. Una tercera se ocupaba de las actitud de los colonizados, los llamados “Tío Tom” en EEUU (la crítica en el caso vasco a la inoperancia jeltzale). Y una cuarta referida veladamente a la concepción leninista del partido como vanguardia de la revolución, sin renegar de la organización: "la noción de partido es una noción importada de la metrópoli". Apostaba por un frente. En 2017, siguiendo una estela ya no tan paradójica, Mireille Mendès, Fanon de soltera e hija de Frantz Fanon, se convirtió en una artesana de la paz más en el proceso vasco, asistiendo al acto final de desarme de ETA en Baiona.

 

 

 

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sábado, 1 de noviembre de 2025

Egaña | Pensamiento en Blanco y Negro

Les invitamos a leer esta reflexión acerca del espacio tiempo en el que nos movemos, cortesía de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Pensamiento en blanco y negro

Iñaki Egaña

No se trata de retroceder unas décadas y escrutar la sociedad y sus élites en la ausencia de los colores, aquellos que ya había anunciado la tecnología cinematográfica para el tecnicolor. Más bien, del pensamiento dicotómico, el pensamiento polarizado, cuando se contemplan dos alternativas que son totalmente opuestas y excluyentes entre sí. El todo o el nada, al que parecemos abocados en Occidente, que crea expectativas negativas en parte de la población, susceptible de arrimar el hombro en los cambios, como si no fuera posible derrumbar a los gigantes. Nihilismo de nuevo cuño, disfrutar de la vida y evitar el choque.

Hay un rumrum de base, con un hartazgo que se percibe en esa dicotomía de nuestros días. Parece que no hay otro tema de discusión que Trump y sus desvaríos, que Ayuso y su última ocurrencia, el nivel de fascismo de Netanyahu o las obscenidades de Milei. Desafíos a los que hay que enfrentar, sin duda. Y, por otro lado, menosprecio al trabajo a largo plazo, a la construcción de las hormigas, al reforzamiento de comunidades como si estos compromisos se tratasen de temas menores, y que lo único importante es hacer valer estrategias diseñadas hace siglos por y para occidentales. En un medio ya incontrolable en el que la mentira ha sustituido a la verdad, incluso a la que llamábamos “verdad revolucionaria”. Una fase humana que Ramón Sola, hace bien poco, definía como “kaka aroa”, continuidad de la edad de piedra, la media o moderna. No hay planes a largo plazo por la supervivencia de nuestra especie, no hay luces largas en la mayoría de los proyectos occidentales. Mi impresión, cada vez más asentada, refiere a que surfeamos de improvisación en improvisación. Cuando miro a nuestras instituciones autonómicas, forales, estatales y europeas, no me queda ya duda alguna.

Pertenecemos a una sociedad cada vez más polarizada, aunque el sustrato viene de lejos. Nuestra civilización creyó aquello de la supremacía occidental, con sus reglas y moralidad, algo que, cuantitativamente, fue minoritario, aunque cualitativamente se impuso al conjunto del planeta. Con expolios y genocidios monárquicos. El colonialismo. Paradójicamente y cuando nos aferrábamos a nuestro recorrido pasado, resultaba que aquellos “otros” estaban más avanzados en algunos territorios, en astronomía, en medicina, en organización social, mientras que nuestros antepasados acababan de abandonar el interior de las cavernas.

La colonización europea del mundo nos ha dejado un legado erróneo de pueblos, culturas y civilizaciones. El mapa mundial actual está cincelado con los trazos coloniales, postcoloniales o monárquicos, con fronteras impuestas, dividendo pueblos y uniendo vecinos que no lo eran. Experiencias como las de casa que nos acoplaron vascongados con castellanos o bretones en dos estados de lenguas ajenas. Territorios conquistados por reyes y emperadores ambiciosos, obsesos por ampliar su poder. Arrastrando a sus súbitos que crearon (creamos) un ambiente de arrogancia para imponer modelos supremos, como democracia y derechos humanos que concluyeron siendo la base moral de la humanidad.

Aquello, sin embargo, tenía truco. El legado estaba lleno de mentiras. Era un pensamiento en blanco y negro, polarizado por la supuesta supremacía occidental. Democracia, sí. Pero cuando no afectaba a las elites económicas y de poder occidentales. Decenas de intervenciones postcoloniales, en Latinoamérica, en África, en Asia. Derechos humanos también. Pero para los de casa únicamente. Y con reparos. Sistema electoral con listas abiertas. También, aunque en función del resultado con la bala en la recamara para una nueva intervención militar o económica. Y un largo etcétera. Desaparecieron los colores del planeta e impusieron (impusimos) unas reglas chantajistas. No sólo en lo económico, político, religioso, cultural y social, sino en todo aquello susceptible de tener ADN humano.

Hoy, los maestros en improvisación utilizan el viejo adagio rescatado por Bush, Blair y Aznar: “O estás conmigo o estás contra mí”. Sin matices. Y si estás contra mí, iremos a por ti. Aquello que ayer ocurrió en Argelia o Vietnam (con la ocupación de Francia y EEUU) se repite estos meses en Palestina, Siria, Yemen… está siendo usado bajo el argumento y la naturalidad de la superioridad moral de Occidente. Tel Aviv, Washington, París, Londres… avalan algo que si sucediera en otros territorios bajo sus alianzas sería denunciado como ataque frontal a la democracia y a los derechos humanos.

Hoy, a pesar, hemos comenzado a tener algunas dudas sobre estas falsas dicotomías. La decadencia actual de Occidente, el ascenso de otras que la soberbia occidental aparentemente no las vio venir, ha vuelto a machacar nuestras conciencias. BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, Alianza de Estados del Sahel, OPEP… en paralelo a las clásicas que marcó el inicio de la Guerra Fría y que con la caída del bloque soviético supuso el éxito de un mundo unipolar dirigido por Washington, con la sumisión, entre otros, de nuestra Unión Europea, sinónimo de sometimiento. En esta nueva “cruzada” (seguro que en algún momento volverán a emplear el vocablo), entre ese mundo que se desploma y ese nuevo que surge multipolar, los defensores del viejo modelo, monstruos hoy, han abierto peligrosamente las puertas al fascismo. Ya estamos en una fase previa, la autocracia, y en la degradación absoluta del concepto de democracia. Y ya sabemos cómo solucionar Occidente los conflictos. Con guerras.

Son impresiones pesimistas, sin duda. Debemos aceptar que estamos en un mundo en transición, que debe concluir con un planeta multicolor: culturas, religiones, historias propias, lenguas, caminos diversos hacia la prosperidad. Un proceso civilizatorio novedoso y una gobernanza global entre iguales. Unas bases, sé que me cuesta señalarlo desde mi moral occidental, que no son exclusivamente ideológicas. Las herencias históricas de romanos, españoles, británicos, franceses… son la que heredaron las elites de EEUU. Y así nos va.

 

 

 

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sábado, 19 de julio de 2025

Egaña | Identificando el Campo de Batalla

Desde su perfil de Facebook traemos a ustedes este texto que pensamos, ayudará en el análisis de la coyuntura que nos ha tocado vivir en los albores del Siglo XXI:


Identificando el campo de batalla

Iñaki Egaña

La guerra es la continuidad de la política por otros medios. Un clásico que nos lleva a una conclusión también común: todo es política. Ya Platón, Aristóteles, Locke, incluso Maquiavelo, definieron la política, o su filosofía, desde un punto de vista que hoy marcaríamos con el apellido “occidental”, quizás por nuestra petulancia, con mayúscula. Y en estos tiempos de acontecimientos, asimismo con mayúscula, en los que el (des)orden mundial forjado tras la finalización de la Segunda Guerra mundial ha saltado por los aires, las incertidumbres y la apertura de un insólito tempo político, abren nuevas lecturas de inteligencia estratégica.

Sucede, sin embargo, que los actores que dieron cuerpo al orden mundial, mantienen su naturaleza surgida en tiempos de la colonización occidental del planeta, abandonando organismos como la OMS (Organización Mundial de la Salud), CDHNU (Derechos Humanos), Acuerdo de París de 2016 (control de emisiones) y amenazando con hacerlo del FMI, Banco Mundial y la OMC. Ese Occidente, sin señalarlo explícitamente, ya han destruido las convecciones de Ginebra y las múltiples disposiciones del Derecho Internacional Humanitario en diversos escenarios (el genocidio de Gaza el más visual), con el liderazgo de EEUU-Israel y la Unión Europea, en particular Berlín, Londres y París. Un proyecto para mantener un mundo unipolar, a través de los viejos argumentos de la colonización -despojo económico, conquista militar, extracción de recursos y categorización humana- y hacer buena la lectura que hizo Fukuyama, a la conclusión de la Guerra Fría, del fin de la historia. Dejar todo como estaba, con Occidente gestionando el planeta a su antojo. La victoria final del (neo)liberalismo.

Esta visión excluyente, que descalifica al conjunto de la humanidad, ha tenido un componente que en estos últimos años ha destacado notablemente. La naturaleza engreída de Occidente ha llevado a infravalorar no sólo los valores del resto del planeta, sino que, en esa línea arrogante, ha convertido su modelo de “democracia” en argumento para justificar sus ofensivas militares y económicas, minimizando también la posibilidad de que afuera de ese marco, pudieran surgir y desarrollarse otras comunidades exitosas, o al menos estables. Esta infravaloración -continuando con los análisis de inteligencia de las últimas décadas- ha sido especialmente notoria en la llamada “Guerra de los 12 días de Irán”, donde Occidente supuso lo habitual. Que un bombardeo masivo de diversos enclaves estratégicos de Teherán y otras ciudades, más la eliminación de sus responsables, llevaría al colapso de la república islámica, el levantamiento de su pueblo y la vuelta de Reza Pahlavi para instaurar la “democracia”. A pesar de los daños evidentes, el apoyo popular al régimen y la réplica iraní sobre Israel, con la destrucción de sus bases estratégicas, sorprendió aparentemente al consorcio militar que decretó una férrea censura y exigió una tregua inmediata. El colapso cambiaba de trinchera. Similar situación se había repetido en Ucrania desde el golpe de Estado de 2014 y la apertura de una guerra aún abierta. Cuando en 2022 Kiev y Moscú llegaron a un acuerdo en Estambul para frenar el conflicto, la OTAN decidió torpedearlo. Ejecutó al negociador ucraniano y abrió sus bases a una guerra clásica: vencedores y vencidos. El reciente enfrentamiento entre Pakistán e India, saldado en unos pocos días tras la supremacía de los aviones J-10C chinos utilizados por Karachi frente a los Rafale franceses de Delhi, parte, asimismo, de una misma lectura. Occidente tiene los mimbres tecnológicos y militares para dominar el planeta. El resto de la humanidad sigue en las cavernas y su civilización es irrelevante.

Semejantes interpretaciones políticas parten precisamente de esa leyenda común y extendida de un planeta en el que económica, científica e intelectualmente, la única civilización capaz de sobrevivir con códigos propios es la occidental. Esa infravaloración irrumpe de una visión parcial del campo de batalla. Una percepción de que la supremacía se consigue exclusivamente en los terrenos bélicos y mercantiles, históricamente occidentalista. Como si las cohesiones comunitarias, las diversificaciones, el desarrollo económico autónomo y la solidaridad política entre diferentes tuvieran cabida en un mundo dominado por Wall Street, la City londinense o el departamento de Defensa de EEUU. Por ello, los No Alineados en su época, los BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái y otros han sido secundarios, hasta convertirse hoy en enemigos abiertos.

Esa misma lectura, en nuestro diminuto espacio territorial (somos el 0.038% de la población mundial), la hemos vivido bien de cerca. Es evidente que los aspectos económicos y militares son la base de la victoria, pero no todos. Tras la guerra de 1936 nos dieron por muertos políticamente y cuando una nueva generación levantó el país, las detenciones de finales de 1960 llegaron a que los estrategas del régimen calificaran aquella primavera vasca como un gripe pasajera. Así lo han hecho durante décadas, tras “descabezar” una y otra vez a unos y otros. Hoy, los análisis han cambiado de signo. En 2005, cuando ETA y el Gobierno español se sentaron a negociar en Suiza y Noruega, en una de las reuniones, los delegados de cada parte se echaron los trastos a la cabeza, acusándose de numerosas acciones. Hasta que el hispano cortó los reproches mutuos con una idea que, más o menos resumida, venía a decir: “No os enteráis de que el Estado, cuando vea peligrar su posición o naturaleza, ejecutará todas las herramientas a su alcance. Todas”.

Una idea universal que se puede trasladar a la situación planetaria actual. La idea de un mundo bi-tri polar, multipolar, es contraria a la esencia de Occidente, al igual que la diplomacia sobre una base negociadora. Por eso es importante identificar los campos de batalla, rehuir las debilidades e incidir en las fortalezas y la cohesión. No todo se dirime en Waterloo o Verdún.

 

 

 

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domingo, 19 de noviembre de 2023

Egaña | Colapso Ético y Frivolidad

Nuestro amigo Iñaki Egaña como las ve las canta.

Ejemplo de ello es este magnífico texto que nos ha compartido en su cuenta de Facebook:


Colapso ético y frivolidad

Iñaki Egaña

Estamos asistiendo, en medio de la globalización, a un genocidio con imágenes diarias, mientras que, en la otra parte del mundo, la frivolización de la existencia, carga las redes de figurines prestos a mostrar sus extravagancias para lograr visibilización en este planeta que hace ya tiempo se colma con una especie invasora, la humana. El minuto de gloria se ha convertido en una carrera hacia la nada y, aparentemente, se ha trasformado en la razón de la vida.

La muerte infantil, el freno al brote de una nueva generación en Palestina, no cotiza en las bolsas, repletas de beneficios gracias a los bancos y a las industrias armamentísticas. Para convertirse en un flash informativo, como aquel infante sirio llamado Alan que, a los tres años apareció ahogado en una playa griega. Es necesario que un fotógrafo de una agencia internacional recoja la instantánea, quizás la cámara de un teléfono móvil para luego colgarlo en Instagram. El resto, el olvido eterno, la conversión en una cifra a lo mejor recogida por Save the Children o Unicef.

Simultáneamente, los medios occidentales seguirán con su teatro de vanidades, exponiendo el peinado de Ronaldo o de Shakira, el desfile de la pasarela de la moda primavera 2024, la solemnidad del cumpleaños de una tipa de sangre azul conocida como Leonor. Incluso en Tel Aviv, Moscú o Kiev, las futilidades inundan las redes, con una naturalidad absorbente. No se suspenden las ligas de futbol o de baloncesto en los países en guerra, siempre y cuando el escenario sea más importante que el del campo de batalla. El glamour y los acuerdos con las firmas anunciantes. En cambio, se anulan cuando el agredido apenas tiene para comprar unas zapatillas para brincar. La tendencia marcada por los algoritmos de las redes, superan a la ética que, dicen, debería guiar nuestros pasos.

La ciudadana alemana que ha fallecido entre miles del “otro lado” -pronto serán decenas de miles-, ha acaparado informativos y ya sabemos en qué colegio estudió y cuáles fueron sus primeras inquietudes. Tuvo la suerte de tener la tez blanquecina y el honor de nacer en un territorio que, un siglo antes, había espoliado a los de semblante negro para vivir hoy como soñaban el paraíso los parias de la tierra. Como respondían los micmac a los arrantzales de Terranova: “apaizak baino hobeto”.
Primo Levi nos avisó si podríamos hablar del término “humanidad” después de Auschwitz. Y ese fue precisamente, con toda la humildad del mundo ante otro genocidio como aquel de la Soah, nuestro problema. El embarazo de los blancos occidentales. Blancos contra blancos atiborran Hollywood y saturan bibliotecas. El resto de genocidios no tiene importancia. Guadalcanal, Waterloo, Cruzadas, Pavía, Trafalgar… son los iconos de nuestra civilización occidental. ¿Y el resto?

¿Recuerdan los europeos a la isla de Gorée, en las cercanías de Dakar, la actual capital de Senegal? Millones de esclavos partieron de esta isla hacia América ¿El genocidio de Washington en Filipinas, el magnicidio de José Rizal inducido por Madrid en la isla? Al comienzo del siglo XX, Alemania fue el verdugo de los pueblos herero y namaqua, en la actual Namibia. Más del 60% de la población de ambas comunidades namibias murió a consecuencia de la violencia alemana. ¿A quién importa que la familia de Guillermo, el káiser alemán de entonces, se emparentara con la borbónica España? ¿A Leonor? No, por favor, el foco en el vestido de la infanta. Los esclavos de Gorée, los bandidos de Luzón, los prietos de Namibia, son anécdotas, escoria en la evolución. Primo Levi se equivocó. La humanidad se desconectó mucho antes que Auschwitz.

Filósofos, psicólogos, sociólogos, politólogos, tertulianos, concentran el interés de nuestra sociedad planetaria en términos eurocéntricos, con otros medios, ecos y receptores renovados, pero, en realidad, los mismos que justificaron la obediencia a una ley divina, la civilización del “salvaje”, el progreso y la eliminación del diferente. Hace bien poco, a cuenta de las críticas al proyecto del Culaniry Center en la zona de Manteo, en Donostia, un texto en el DV machacaba a Félix Soto, uno de los opositores al proyecto privado en suelo público, con una frase sintomática: “Si fuera por él, los bueyes seguirían andando por las calles de Donostia, y tendríamos antorchas en lugar de tendido eléctrico”. Crear estereotipos para descalificar al diferente, tal y como hicieron los vándalos europeos para validar el progreso de una civilización superior.

Desde el Holocausto, Hiroshima y Nagasaki, Europa creó un relato de la ética, superando el histórico de los griegos o los más recientes de Kant y Spinoza. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la mujer, de la infancia, como si todos los habitantes del planeta fuéramos titulares de los mismos. El último embate sobre Gaza informa que fue palabrería, o en todo caso, aplicable únicamente a un reducido grupo, con permiso de Primo Levi, de la humanidad. Aquel “principio de responsabilidad” que recorrió nuestros centros de deliberación durante las décadas anteriores era, también, papel mojado.

Hoy, revueltos con la física cuántica que pone patas arriba la teoría de Einstein, y acogotados por los resultados aún incipientes de la Inteligencia Artificial, hemos inventado un nuevo término al que llamamos “Modernidad reflexiva” que plantea un vínculo con los tiempos históricos. Nuevamente un debate estéril, llamado a calmar algunas conciencias que prefieren lavar la hegemonía capitalista presente con expresiones como “perdón” o “disculpa”.

La ética antigua y moderna ha colapsado porque jamás tuvo recorrido planetario. Seguimos asistiendo a los tres principios que moldearon nuestra sociedad europea: expolio económico, racismo y vanidad. Una vanidad política y social presente en Instagram o Tick-tock a nivel inferior, pero también en las justificaciones de Netanyahu o Biden. El concepto de la ética ha colapsado antes de colocarse en la parrilla de salida.

 

 

 

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sábado, 21 de octubre de 2023

Egaña | Me Duele Gaza

Les presentamos el texto que Iñaki Egaña dedica a la actual situación de los gazatíes, una vez más siendo aniquilados a sangre fría por el ente sionista.

Adelante con la lectura:


Me duele Gaza

Iñaki Egaña

Me duele la vida. La vida de otros sin nombre, que yacen bajo los escombros de un campo de concentración amurallado, apiñados como si se trataran de animales que sintieron el pánico antes de ser consumados en el matadero. Me duele sobremanera cuando se trata de niños, pero también de adolescentes, de adultos que temieron por la de los suyos, incapaces de darles ese refugio adosado al ADN humano desde que la paternidad y la maternidad se hizo consciente.

Y es un dolor que, lo percibo, tiene algo o mucho de impostura, porque lo hago desde el teclado, lejos del olor a tierra quemada, del vaho que exhalan las balas antes de alcanzar su blanco. Un objetivo que, a pesar de ser humano, se convierte en acontecimiento, que un día la historia mencionará con tanta frialdad como la de un témpano polar a la deriva. El detalle será significado como una irregularidad, como una hazaña para los desalmados, sin alcanzar a descifrar que, a su paso, arrolló biografías inconclusas de centenares de miles sin-nombre.

Me repugna, en la misma medida, el alineamiento con los verdugos de toda esa elite que continúa reivindicando -con expresiones tan ajadas como democracia, sostenibilidad o gallardía republicana-, una (re)colonización en nombre del progreso. Cuando la realidad esconde el eterno desprecio del otro, la superioridad europea, supuestamente moral, que se apropió del planeta para extraer y colmar sus metrópolis. En nombre de una religión, de un monarca, un jefe político, una raza superior, con el fin también de clasificar a la humanidad, entre civilizados y salvajes, entre ilustrados y bárbaros entre blancos y el resto. A pesar de que la biología nos enseñó que las razas no existen, apenas diversidad en los ecotipos, el racismo está a la vanguardia de la actividad política.

Me repugna Macron, apoyando a Tel Aviv, continuador de la grandeur francesa, genocida, entre otros escenarios, en Argelia (más de cinco millones de muertos en un cuarto de siglo), laboratorio de la tortura moderna. La de Rishi Sunak y los Windsor, herederos del imperio británico, la mayor dominación genocida de la historia que todavía honra a sus verdugos, como Wellington o su reina Victoria. La de los Habsburgo españoles, ensalzados en las escuelas, por una supuesta evangelización que aniquiló a decenas de millones de humanos de los pueblos originarios (aparentemente ciudadanos sin catalogar) en América. La del belga Alexander de Croo, fiduciario de aquel sátrapa llamado Leopoldo que provocó más muertos en África que los nazis en la Shoá. La de Erdogan que sigue negando el genocidio armenio mientras bombardea al pueblo kurdo.

Me conmueven relatos como el de Anne Frank, pero me llenan de desasosiego, en mayor medida, aquellos que nunca se pudieron escribir, que no supieron de los signos del abecedario y que fueron inutilizados porque eran los “niños perdidos” del país de “nunca jamás”. Me molestan aquellos que, desde un sofá mullido, recuerdan el holocausto para justificar un “derecho a la defensa” que no es sino una agresión racista y neocolonial. Que emulan a la tragedia de Auschwitz, horror de horrores, sin reivindicar por molestos a otros gaseados: prostitutas, prisioneros, homosexuales y miembros del pueblo gitano. Hasta en la muerte también hay categorías.

Me disgustan aquellos que desde sus delegaciones mediáticas como forjadores de opinión adoptan una postura supuestamente equidistante, pero que, finalmente dividen los conflictos como si nos encontráramos en la antigua Persia, los seguidores de Ormuz (el espíritu bueno) y Arihman (el malo). Criminalizando, en este caso, a los seguidores de Hamas, electos en Gaza por cierto con mayoría absoluta (luego se deshicieron de sus opositores), tal y como la tuvo Aznar cuando, junto a Blair y Bush, invadió Irak, más de un millón de muertos según el ORB. Con la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Tel Aviv promocionó a Hamas para deshacerse de Al Fatah de Jassir Arafat. Pero como el ISIS, impulsado también por Tel Aviv, Londres y Washington para reventar Siria, los diseños estratégicos se volvieron autónomos.

Desde mi pedestal occidental, Hamas no tiene mi simpatía. Sobre todo, desde que apoyó el ataque contra los kurdos en el cantón de Afrin, en Rojava, en el norte de Siria, ese proyecto que intenta construir la utopía, lejos de estándares religiosos, machistas y de beneficio económico, sin aliados. Pero, ¿cómo tipificar en el bando de Arihman (el espíritu malo) a miles de adolescentes y jóvenes de Gaza que no han tenido otro escenario que el de la muerte a su alrededor, que no conocen los perfumes, sino el olor a pólvora y a cadáver, que han crecido enterrando a sus familiares? No me atrevo a ser juez, siquiera de opinión.

Me duele la vida en Gaza, en Cisjordania, como me duelen los cinco millones de muertos en las minas a cielo abierto Kakuzi Biega, en el Congo, violaciones en masa, esclavitud infantil, niños soldado. También, los 108 millones de desplazados en el planeta, según ACNUR, por esa vulneración constante de unos derechos humanos, validados por Naciones Unidas, que no son sino papel mojado. Me duele esa guerra que ya va para los diez años, que comenzó Kiev en Donbas y ahondó Moscú. Esa reciente invasión de Azerbaiyán y la consiguiente capitulación de Nagorno-Karabaj. Me duele Haití ingobernado, la persecución de la mujer en Afganistán, los tres millones de niños que mueren anualmente por desnutrición.

Pero hoy, más que nunca, me duele Gaza. Me desazona esa biografía coloreada cuando la víctima pertenece al ficticio bando de Ormuz, con el sufrimiento añadido de sus familias en portada, sensación transversal en cualquier comunidad, y, en cambio, se convierte apenas en una cifra cuando el muerto es catalogado como baja y más tarde engrosará una estadística. Me duele Gaza porque me duele este mundo injusto. Y porque como escribió Joseba Sarrionandia, “el mundo debe formar parte de nosotros, si queremos formar parte del mundo”.

 

 

 

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sábado, 27 de agosto de 2022

Egaña | Praxis

Iñaki Egaña, desde Facebook, nos regala este texto en el que reivindica la forma de lucha del pueblo vasco, misma que durante décadas fue severamente cuestionada y duramente criticada por muchos que hoy ya ni siquiera aparecen en el tablero de la lucha por la liberación de la clase obrera.

Adelante con la lectura:


Praxis

Iñaki Egaña

Dicen que el papel lo soporta todo, al igual que la teoría, que aguanta lo que le echen. Es asimismo notorio ese supuesto enfrentamiento entre la ideología y el pensamiento científico. Y aparente porque cualquiera de nosotros, por muy científicos que seamos, tenemos nuestra peculiar interpretación ideológica de la realidad y, en consecuencia, su aproximación a ella parte también de principios ideológicos.

En esta línea de relativizar, también es idea avanzada la de que teoría y praxis se complementan. No tengo respuestas concretas, pero si dudas a que sea siempre así. Las teorías que circulan entre nosotros, ideologías o parte de ellas, a fin de cuentas, tienen unos soportes conceptuales exclusivos. Incluso son consideradas, por algunos sectores, como verdades absolutas, inamovibles como si se trataran de revelaciones religiosas. Sin embargo, su puesta en la calle tras su notificación en texto es un rotundo fracaso. En general por la falta de mimbres.

Para salvar el escaño de la incertidumbre permanente y no caer en las redes del escepticismo sistemático, el juego habitual, al menos el que marco en mis reflexiones, es el mismo que se hizo famoso en un anuncio televisivo de un producto de limpieza hace ya varias décadas: la prueba del algodón. El algodón, anunciaba, no engaña. La condición que se tiene que cumplir para que algo sea cierto. Porque la teoría, y por qué no también la ideología, efectivamente son capaces de definir cambios y sediciones. Pero las revoluciones se dan con la praxis. Sin ella, todo es humo.

No quiero con ello desmantelar la retaguardia teórica que necesita toda subversión. Simplemente resaltar que, en tiempos de crisis o lo que es similar de transición, que es uno de esos momentos en los que estamos inmersos, las teorías y recetas se prodigan como setas. Análisis, contranálisis, estudios, diagnósticos y toda una retahíla de sustantivos para refugiarse en la certeza de las necesidades. Con toda probabilidad, la mayoría de estos trabajos tendrá una parte sólida. De cualquier zurrón se puede rescatar un juicio atinado.

Desde la izquierda europea y en Euskal Herria sabemos mucho de esto, durante tiempo recibimos las recetas universales e imprescindibles para encarrilar nuestro proceso de liberación. Por lo general, la mayoría de las tendencias criticaban nuestra praxis. Hoy, apenas quedan restos de aquellos supuestos transatlánticos revolucionarios, mientras nosotros continuamos navegando hacia nuestros objetivos. Entre mareas vivas y tormentas que dañaron el casco de nuestro barco. Pero en auzolan hemos sido capaces de reconstruir las grietas una y otra vez. Es uno de los grandes valores que atesora el pueblo vasco.

En otras partes del planeta sucedió algo parecido. Los consejos, las normas estándares revolucionarias sobrevolaron sobre experiencias locales y nacionales. Cuando las luces brillaban en las insurrecciones latinoamericanas, llegaron los teóricos blancos para señalar el camino correcto. Mientras hombres y mujeres anónimos combatían en las selvas húmedas de Matagalpa o en la desembocadura del Mekong, las sombras teóricas ubicadas en Madrid, París o Londres remarcaban la presunta necesidad de aplicar conceptos auténticamente revolucionarios.

Entre nosotros, los ritmos, las etapas, los enfrentamientos, se marcaban desde la calle, en la práctica. No hubo toneladas de material reflexivo para saber que la proyectada central nuclear de Lemoiz era un monstruo dentro de nuestro territorio, que la ocupación militar coartaba nuestras ansias de libertad, que nuestra comunidad la formaban quienes vendían su fuerza de trabajo en Euskal Herria. Es más, me atrevería a dejarlo escrito que la teorización de la anisada revolución vasca fue escasa, que algunos trabajos incluso fueron marcianadas pegadas al contexto universal. Y que incluso algunos de los mitos-base de la ideología de la izquierda abertzale no fueron siquiera originales, sino un corta-pega de otras experiencias coetáneas.

Y, sin embargo, con un bagaje teórico relativamente pobre del proceso de liberación, para lo que nos pedían los “profesionales” levantiscos, logramos sobrevivir. Mientras, nos hemos hecho mayores, y hemos perdido la inocencia. Y hemos trajinado por caminos inéditos, gracias a la audacia que reclamaba Danton para sus contempéranos revolucionarios. Pero también es cierto que la práctica, siempre con más peso que la teoría, nos enfiló por los caminos que ahora transitamos. No fueron precisamente cuatro textos.

Hoy -recupero la reflexión de la crisis y la transición- la práctica parece condenada a ser refugio de nostálgicos. Como si la política se debiera alejar de la calle para asentarse en sedes, redes sociales y cubículos donde se fragua la teoría adecuada para configurar la manera maestra de actuación. Las reglas revolucionarias.

Me dirán que los tiempos han cambiado, es cierto. Que el contexto marca otras necesidades. Cierto. Que hay que recuperar las formas. Siento, sin embargo, que hay cualidades sino eternas si al menos duraderas. Sin pisar la calle no hay cambio. Sé también que el perfil del militante se ha alterado, con los tiempos. Pero sin compromisos personales las 24 horas del día no hay cambio posible. ¿Comunista el fin de semana, consumista de lunes a viernes? ¿Revolucionario en ciertos aspectos de la vida, capitalista acérrimo en otros?

No quiero dar la impresión de avalar a mi generación por encima de otras. Tampoco ofrecer un sello pesimista. No lo soy. Porque en estos tiempos de crisis, son miles los hombres y mujeres que patean la calle en decenas de proyectos alternativos, que creen en el kilómetro cero, que hacen grande al euskara, que dan fuerza diariamente al movimiento feminista, que defienden nuestro territorio ante las agresiones, que sudan en el tajo por mantener condiciones dignas. Ellas y ellos son nuestros mejores mimbres. A pesar de su anonimato, esa es la auténtica dirección política del proceso de liberación. Como lo ha sido durante las últimas décadas. 




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sábado, 18 de junio de 2022

El Otro Turismo

Les compartimos este muy interesante reseña acerca del libro escrito por un viajero que ha visitado lugares muy particulares, lugares que nos gustaría visita a más de uno de quienes editamos este blog.

Adelante, disfruten:


Viajes por los lugares donde intentaron cambiar el mundo

La editorial Txalaparta publica ‘Revolución, resistencia y memoria. Patrimonio de la Humanidad’, un libro de Xabier Peñalver que transcurre en escenarios donde se produjeron procesos transformadores y luchas o donde vivieron y murieron personas que los hicieron posible.

Miren Saenz

Xabier Peñalver, arqueólogo donostiarra que dirige excavaciones en yacimientos prehistóricos de Euskal Herria, no ha abandonado las cuevas ni ha cambiado de registro. Su producción de libros sobre Arqueología supera la veintena, sin contar los compartidos y los artículos publicados a lo largo de su trayectoria profesional. Pero esta vez nos descubre otra faceta de su vida, la del incansable viajero que le ha permitido desde hace 50 años conocer los escenarios donde se forjaron acontecimientos o procesos transformadores del siglo XX.

Esa afición ha derivado en ‘Revolución, resistencia y memoria. Patrimonio de la Humanidad’ (Txalaparta), un completo y documentado trabajo que ahora ve la luz con conocimiento de causa. La idea se le ocurrió porque echaba en falta una publicación que aglutinara gran parte de lo que no se publicitaba y era difícil encontrar cuando no existía internet.

Muchos de estos sitios no tienen cabida en el catálogo de la Unesco que designa qué es Patrimonio de la Humanidad. «Salvo algunas excepciones, que las hay, la mayoría de los grandes y hermosos monumentos que se recogen en esa guía tienen que ver con los poderosos. Las pirámides de Egipto con los faraones, las grandes catedrales con la Iglesia, los grandes palacios como Versalles con los reyes… Lógicamente son obras realizadas con muchos medios, a veces explotando terriblemente a quien las ha construido, y es lo que queda. Cuando vas a viajar a un país consultas la guía de la Unesco porque son cosas dignas de ver, aunque han sido elaboradas o mandadas hacer por los poderosos. Pero hay otra parte, la de la gente que ha luchado, que resiste, que pelea y tienen pocos monumentos, aunque sí quedan restos para la memoria que suelen ser olvidados, no solo por Patrimonio de la Humanidad, sino en las guías de viaje. O no existen o quedan relegados a un par de líneas, aunque hay excepciones», asegura.

Peñalver los rescata en este viaje por el mundo combatiente e incluso «resistente», recopilando esos escenarios relacionados con lugares y momentos históricos como «los campos de concentración en los que no se podía combatir demasiado y había que resistir, o el exterminio de las poblaciones de América, Asia y África, las grandes matanzas de indios en Estados Unidos en estos países que ahora son tan democráticos pero que, sin embargo, exterminaron a millones de personas», admite.

Aquel chaval que viajaba haciendo autostop y dormía donde podía, a veces en la calle, descubrió desde pequeño esa inquietud por conocer el planeta. No se ponía límites, salvo los que imponía la economía, ni siquiera siendo menor de edad. Su primer viaje al extranjero fue a los 18. «Con un pasaporte de los del franquismo –en cuyas primeras líneas ponía eso de ‘se prohíbe ir a la Unión Soviética, Hungría, Bulgaria, China, Corea del Norte…’–, unas latas en la mochila y dos duros en el bolsillo, viajé a Venecia cuando no había autopistas pasando por toda la Costa Azul. Veinte días sin dormir en ninguna cama». Después vendrían Lisboa, Marruecos... y continúa hasta ampliarse a 80 países en los que, además de conocerlos, se ha dedicado a capturar con su cámara fotográfica los sitios donde se han producido esos hitos con derecho a figurar en la memoria.

Como cualquier viajero, Peñalver acumula cientos de experiencias, pero no las cuenta en este libro porque huye del personalismo hasta el punto de que asegura que «podría ser un libro anónimo». En 411 páginas aborda 350 emplazamientos de los que incluye fichas con detalles, biografías, historias, datos básicos y de interés y hasta mapas en los que se señalan esos países que aparecen en esta obra, además de una importante aportación fotográfica que alcanza las 1.000 imágenes en un cuidado trabajo maquetado por Jabi Ubierna.

Ordenado por continentes –África, América, Asia, Europa, Oceanía y Antártida– y por orden alfabético de países, incluye a Euskal Herria y a Catalunya y posee un índice aleccionador y rico en contenido donde lo mismo figura el monumento a La Pasionaria en Glasgow, el busto de Lenin en la Antártida o la casa, cárcel y tumba de Mandela junto a los dedicados a esos héroes anónimos que se revelaron ante la opresión. El libro ha ido un poco hacia atrás para abarcar la Revolución francesa y fenómenos interesantes como el proceso de descolonización de África y América y con él a Simón Bolivar o aquel «colonialismo brutal de las potencias europeas», menciona.

No es una guía exclusivamente para gente comprometida y lectores curiosos, sino en general para «todo el mundo, porque toca temas que habitualmente no se tocan y que la mayoría conocemos o hemos oído hablar de ellos, como el heroísmo del pueblo vietnamita contra el colonialismo estadounidense; Martin Luther King y Malcom X en la lucha de la liberación de los negros... Lógicamente lo va a ver con mejores ojos quien tenga un concepto por lo menos progresista de la historia de la humanidad».

El autor cree que queda claro «quiénes son los malos de la película y no porque haya sido reflejado de una manera deliberada; quiénes son protagonistas de los exterminios de indios, de la colonizaciones en África y América, las masacres con napalm en Vietnam». Y recupera personajes como Frantz Fanon, «un gran luchador e ideólogo del que no he encontrado ninguna estatua, aunque sí su tumba en un pequeño pueblo entre Túnez y Argelia». O Norman Bethune, pionero de las transfusiones de sangre en ambulancia, «que cruzó el mundo con su profesionalidad y solidaridad». Este médico canadiense dejó su sello en tres continentes: América –su casa natal de Gravenhurst está musealizada–; Europa, en la Guerra del 36 en el Estado español; y Asia, venerado en China hasta el punto de que Mao Tse Tung le dedicó un poema y está enterrado allí en el pabellón de las personalidades.

En realidad, Peñalver rescata hechos y lugares por los que las guías al uso pasan de puntillas. Cuando estuvo en Bolivia siguiendo la ruta de los últimos días de vida del Che Guevara, las que consultó o no lo mencionaban o lo despachaban en seis líneas. En una de las ocasiones, por cierto, tocaba aniversario y pudo cambiar impresiones con su hermano Juan Martín Guevara. «A lo mejor no lo consideran importante y por eso no lo incluyen. En una guía de Londres seguro que está la tumba de Marx pero igual en una alemana te cuesta encontrar dónde estaba la casa de Engels».

La portada de este libro muestra el Monumento el obrero y la koljosiana, que se encuentra en Moscú. Construido para la Exposición Universal de París en 1937 –la misma que albergó el ‘Guernica’ de Picasso, «el cuadro que pasó desapercibido e ignoró la prensa»– se instaló junto a la torre Eiffel en la zona de Trocadero y coincidió con el pabellón de Alemania, ya revestido de simbología nazi. Un preámbulo de esa Segunda Guerra Mundial que estaba a punto de estallar y un ejemplo de los cientos de detalles que recoge esta publicación.

En pleno debate sobre el turismo masificado, Peñalver reconoce que es destructivo pero se muestra muy respetuoso con las decisiones de cada uno. ¿Otro turismo es posible? Seguro que sí y por estos sitios.

 

 

 

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viernes, 28 de enero de 2022

Gil de San Vicente | Breve Historia del Internacionalismo (VI de X)

Iñaki Gil de San Vicente retoma su serie de artículos titulada Breve Historia del Internacionalismo con esta entrega publicada en el portal de Rebelión:



Nota: Tras una parada de varios meses, retomamos la serie sobre la historia del internacionalismo. Las cuatro entregas siguientes tratarán sobre la IV Internacional; la Tricontinental; el Zapatismo, Seattle, FSM, MCB…; y el internacionalismo en el presente.

Para 1920 ya eran obvios algunos de los problemas que se debatirán permanentemente en la lucha de clases mundial, sobre todo en la medida en que el capitalismo vaya agudizando sus contradicciones con nuevas formas y contenidos. Eran debates cada vez más importantes porque la burguesía mundial estaba aprendiendo en aquellos años de sus errores y debilidades desde 1916, por citar el año en el que se empezó a notar el malestar creciente del proletariado europeo por la brutalidad de la guerra imperialista, en la que sólo era carne de cañón en la industria de la matanza humana.

De una forma u otra, los debates, además de darse en el interior de los Estados, también y sobre todo fueron –serán– internacionales porque el imperialismo ya era mundial, y se hicieron urgentes tras las derrotas de la oleada revolucionaria que siguió a 1917 planteando cuestiones cruciales como las diferencias en la lucha de clases en países como Rusia, Hungría, Alemania, Italia, Finlandia…; el campesinado mundial; los consejos obreros y el sindicalismo; el papel de los partidos y de la militancia; la mujer trabajadora; la lucha cultural, teórica y filosófica; el socialismo a construir y cómo hacerlo; el parlamentarismo y el Estado burgués; la dictadura-democracia burguesa y la democracia-dictadura socialista; el arte de la insurrección y el pacifismo; la opresión nacional…, y faltaba muy poco para que en 1922-23 irrumpiera el monstruo fascista.

Lo mismo pero a menor escala había sucedido durante la creación de las Internacionales anteriores, pero lo que sucedía desde inicios de la década de 1920 añadía una extrema importancia a los debates: tras la masacre de la Comuna de París de 1871, desde 1917 existía por vez primera un poder obrero defendido por el pueblo en armas, y además había habido un vigorosa oleada de luchas que superaba los marcos estatales y eurocéntricos porque también eran antiimperialistas y a favor de la liberación de las naciones oprimidas, como se veía en la extensión de la III Internacional por todo el mundo.

Por ejemplo, una cuestión discutida en el seno del partido bolchevique desde 1920 como era la democracia consejista y soviética, se debatía a la vez en Holanda, Alemania…, pero también en la India en donde crecía la fuerza comunista gracias a las profundas relaciones entre las comunas campesinas y el consejismo y el sovietismo, y a los pocos años la discusión se extendería a los ayllus andinos. Topamos así con temas candentes en el internacionalismo y el antiimperialismo actuales como son el peso de la historia de las luchas de liberación nacional de clase en las luchas presentes de los pueblos, en sus formas organizativas y en la relación de estas con la teoría del partido y de las «vanguardias», en su impacto sobre cómo definen y practican su antiimperialismo, etc.

Fue en Holanda y Alemania en donde surgieron con más fuerza y con más organización posturas diferentes en la mayoría de las cuestiones a debate que hemos visto arriba, y que también se daban en la URSS y en la III Internacional por esos años. La razón no era otra que el mayor desarrollo de la industria capitalista con un poderoso proletariado y un campesinado ya debilitado en comparación con el de la URSS, el mayor desarrollo de una poderosa burguesía, sobre todo si tenemos en cuanta la larga historia del capitalismo holandés, etc. Incluso Italia iba por detrás de Holanda y Alemania en este sentido, lo que se notaba en los debates.

Esto hizo que los primeros choques teóricos y políticos con la corriente mayoritaria de la III Internacional girasen alrededor del parlamentarismo y del sindicalismo precisamente en Holanda, en donde su burguesía desarrolló efectivos sistemas de integración social desde la victoria de la guerra de liberación nacional burguesa en 1648. En 1894 se fundó el partido socialdemócrata holandés que sufrió diversas escisiones hasta crearse el Partido Comunista en 1918 teniendo a Pannekoek (1873-1960) y Gorter (1864-1927) como miembros destacados cuya influencia era también muy fuerte en la izquierda comunista alemana, en la que destacó por su denuncia de la burocracia Otto Rüle (1864-1943) y especialmente, aunque poco después, Paul Mattik (1904-1981). Desde 1914 se opusieron a la IGM, al igual que los bolcheviques, el ala izquierda de la socialdemocracia alemana y otros sectores europeos, y las buenas relaciones con los bolcheviques se mantuvieron hasta 1919.

Una de las señas de identidad de esta corriente desde muy pronto fue su visión fríamente economicista y maniquea de las complejas fuerzas que actúan en las reivindicaciones nacionales de los pueblos oprimidos, como se aprecia en el texto de Pannekoek de 1912 Lucha de clases y nación, que puede ser considerado junto con los de Rosa Luxemburg, el dogma canónico de esta corriente con respecto a la opresión nacional. Aunque con matices y diferencias menores, los grupos posteriores que se reivindican de ella mantienen la misma tesis. Pensamos que esta es una de las razones por las que el Comunismo de los consejos apenas logra implantarse en las luchas de liberación nacional de clase, a no ser que se haya revisado y suavizado esa parte de su concepción estratégica.

Mientras tanto, la burocratización de la socialdemocracia hace que en 1915 surja en Alemania un partido que exige el derecho de revocabilidad de la dirección por las bases militantes, etc. Un año después, en 1916 se funda la Liga Espartaco con militantes de la talla de Rosa Luxemburg, etc., con varios objetivos, aunque el principal es aglutinar a las corrientes críticas dentro de la II Internacional para desplazar a su dirección reformista y reorientarla hacia la izquierda, pero manteniendo su unidad. Así es cómo se logra en 1917 la alianza de los espartakistas con otros sectores, alianza que respeta la autonomía de cada corriente; pero con una política contra la guerra menos radical y clara que la de Gorter y Lenin de convertir guerra imperialista en guerra revolucionaria.

Estos esfuerzos necesarios eran insuficientes porque para finales de 1918 el Estado había aprendido de la victoria bolchevique de un año antes y no cometería los errores de los mencheviques, sobre todo el de la necesidad de disponer de tropas contrarrevolucionarias experimentadas. Además, la burguesía contaba con el apoyo incondicional de la socialdemocracia y de sus sindicatos que no sólo van a participar activamente en la represión sangrienta sino a la vez van a relegitimar al parlamento republicano como «avance democrático» al haber caído la monarquía imperial. El giro de ciento ochenta grados de la socialdemocracia fue decisivo para sostener al capital porque llenó el vacío dejado por los partidos burgueses totalmente desacreditados por su apoyo a la monarquía imperial. Estos y otros factores explican que la huelga general de noviembre de 1918 fuera muy espontánea porque la izquierda revolucionaria estaba muy poco organizada, y a partir de aquí vienen las sucesivas derrotas de las insurrecciones obreras de enero de 1919, de abril de 1920 y de marzo de 1921.

El Comunismo de los consejos se va formando en lo básico como corriente internacional durante estas derrotas. Tras el criminal aplastamiento de la revolución de enero de 1919 con el asesinato de centenares de militantes, también de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, el espartakismo entra en crisis y se divide: un sector de la dirección que sigue a la Internacional Comunista, y otro sector que, aun siguiendo dentro de la IC, reflexiona sobre por qué el grueso de los consejos obreros han obedecido al reformismo desmovilizador y represor, pero también sobre la responsabilidad del culto al parlamentarismo y al burocratismo dirigista en esas derrotas. Las diferencias se agudizan con la derrota de la mal organizada insurrección en respuesta al intento del golpe de Kapp de marzo de 1920, y la escisión del partido se produce a comienzos de abril de ese año con la creación del Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD) desgajado de la Liga Espartaco, que conserva la mayoría de la militancia y pasa a llamarse KPD, Partido Comunista de Alemania. Para explicar sus tesis, el KAPD difunde dos pequeños comunicados que junto a otros textos provocarán un debate aún vivo.

En esos meses Pannekoek publica un texto sobre la revolución mundial, y en Italia surge también la crítica al parlamentarismo de Amadeo Bordiga (1889-1970) que en otras cuestiones estaba de acuerdo con Lenin, de manera que se generaliza el debate sobre las diferencias entre la lucha de clases en «oriente», Rusia, etc., y «occidente». Lenin participa en la discusión con La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, que refleja la postura mayoritaria de la Internacional Comunista. Gorter, a petición de la KAPD, responde con la Carta abierta al camarada Lenin en la que sintetiza el desarrollo que hasta ese momento había alcanzado la teoría del Comunismo consejista, pero con una limitación: que se trata de una argumentación a negativo, no de una exposición sistemática.

De cualquier modo, la Carta abierta… al igual que La enfermedad infantil… son otros tantos hitos que confirman pese a sus diferencias la capacidad de creación teórica del marxismo, creatividad que nos remite a la lucha de clases material. En efecto, si estos debates se generalizan desde ese 1920, será la derrota de la insurrección de marzo de 1921, dirigida conjuntamente por el KAPD y los espartakistas, la que fuerce el salto cualitativo en la teoría consejista expresado en el texto de Gorter de ese mismo año Las lecciones de las ‘Jornadas de Marzo’. Sin embargo, este salto que más adelante será enriquecido por otras aportaciones como las de Paul Mattik, se produce en un momento de reflujo de la lucha de clases después de las tres derrotas sucesivas y de la recomposición del poder del capital.

Recordemos que desde 1919 la Constitución de Weimar asegura el poder a la burguesía gracias a la estrecha alianza con el reformismo socialdemócrata y su burocracia sindical, y con la vigilancia atenta del Ejército y de las fuerzas proto nazis que, al muy poco tiempo, se reorganizarán alrededor de Hitler: la República de Weimar que aplica la táctica del palo contra la izquierda revolucionaria, y la zanahoria para el proletariado y el nazismo. Bajo estas presiones, la corriente consejista y la KAPD se van debilitando mientras que el KPD, los antiguos espartakistas, van ganando terreno sobre todo con la ocupación francesa del Ruhr, con el paro masivo, el caos económico y la inflación desbocada en 1923, etc., de modo que el KPD y sectores socialdemócratas ayudaron a organizar la insurrección de octubre de 1923 que llegó a crear comunas en Hamburgo, Sajonia, Turingia… siendo nuevamente derrotada por la retirada de los sectores socialdemócratas.

Sin caer en la historia ficción sobre cómo sería ahora el capitalismo si hubiera triunfado la oleada de 1919-1923, sí debemos estudiar las razones de aquella derrota que sí fue muy analizada junto a otras insurrecciones por la Internacional Comunista que las plasmó incluso en una mejora sistemática del arte de insurrección proletaria, siendo la teoría del partido una de aquellas enseñanzas. Mientras tanto, al concluir la IIGM ideas básicas del consejismo, del luxemburguismo espartakista no integrado en el KPD, así como sectores que dejaron la IV Internacional, etc., fueron confluyendo en diversos colectivos enfrentados tanto al reformismo como al dogmatismo. Por razones de espacio vamos a ver sólo los grupos Socialismo o Barbarie, Internacional Situacionista y Corriente Comunista Internacional, asumiendo que la realidad es mucho más amplia.

La IV Internacional sufrió debates y escisiones casi desde su primer día de existencia. En 1948 una de esas rupturas se produjo a raíz del debate sobre qué era la URSS: estado obrero degenerado o por el contrario, un capitalismo de Estado. No era un problema baladí ya que ese mismo momento se iniciaba la mal llamada «guerra fría» que condicionó mucho la lucha de clases en general y en Europa especialmente porque según qué línea se llevase con respecto a la URSS se incidía de una forma u otra en el resto de problemas: por ejemplo, el sindicalismo, las alianzas internas y externas, la misma concepción teórico-filosófica sobre el marxismo, etc. Socialismo o Barbarie se fundó en ese 1948 para ayudar a la autoorganización proletaria desde la visión crítica de que no podía construirse el socialismo según el modelo del capitalismo de Estado de la URSS.

Como hemos dicho, otra de las «herencias» que se recuperan con fuerza en los ’60 fue la lucha contra la burocracia política. Las versiones más extremas sostenían que el «leninismo» imponía «desde el exterior» la conciencia política al proletariado, por lo que había que evitar ese sustitucionismo e impulsar la autonomía trabajadora, única garante del surgimiento de la verdadera conciencia obrera porque surge desde su propia experiencia, desde su interior. El colectivo Socialismo o Barbarie también tuvo rupturas por este motivo, hasta que terminó disolviéndose en 1965 precisamente cuando surgían fuerzas sociales que abrirían la situación prerrevolucionaria denominada May’68.

Pero una valoración ecuánime de las aportaciones de este colectivo debe admitir su mérito al rescatar la tesis presente en el marxismo desde la mitad del siglo XIX de que debemos destruir el capitalismo porque su supervivencia nos conduce a la barbarie. Rosa Luxemburg ya había dicho lo mismo en 1915, pero lo tomó de un texto de Kautsky que a su vez venía de Engels, y que no era sino una adecuación a la referencia directa a esa disyuntiva que él y Marx había hecho en el Manifiesto Comunista en 1848 al decir que la burguesía es como el brujo que no puede dominar los monstruos que ha desatado con sus conjuros. Sería largo sintetizar el recorrido de los debates sobre el contenido de este lema, pero sí debemos recordar que los bolcheviques lo adecuaron al contexto de 1919 al presentarlo como Comunismo o Caos. Resulta imposible imaginar varios futuribles de la existencia humana a partir de la actual crisis sin tener en cuenta la profunda reflexión marxista que va desde la posibilidad de la destrucción mutua hasta la urgencia de avanzar al comunismo para evitar el caos.

En los ’50 la «herencia» izquierdista también se plasmó en la confluencia de corrientes militantes que luchaban por abrir una especie de «guerra estético-política» contra la civilización del capital que no sólo contra el capitalismo reducido a su burdo formato economicista. Tras la devastación de la IIGM, simultáneo al ascenso del antiimperialismo con la consiguiente denuncia de la barbarie occidental, y en respuesta a la verdadera guerra cultural antisocialista dirigida por los EEUU, estos grupos crearon en 1957 la Internacional Situacionista en cuyo interior aleteaban nociones consejistas, luxemburguistas, antiburocráticas, de poder popular, también de Socialismo o Barbarie, etc.

Uno de los problemas que tuvo la izquierda tradicional para comprender a tiempo el enorme potencial liberador de la Internacional Situacionista fue que la primera estaba atada a una visión mecánica y tradicional del «arte», entre otras cosas, mientras que el Situacionismo manejaba una rica panoplia conceptual que le exigía intervenir abiertamente en la lucha por la socialización material y moral, productiva y reproductiva. Esta lucha era –es– la única forma de acabar con la dictadura de la mercancía, del valor de cambio, que es el peor enemigo del «arte», es decir, de la vida política y socialmente liberada mediante la lucha en «situaciones» –de aquí el término «Situacionismo» — concretas creadas para vencer en ellas al capital.

Desde el inicio, la Internacional asumió la peligrosa ambigüedad del término «situacionismo», manipulable por el capital y muy fácilmente por el reformismo si no existe una conciencia política y teórica, insistiendo por tanto en que debía ser la praxis militante la que precisara su contenido revolucionario o reaccionario. Aquí vemos la directa asunción de las tesis autocríticas del consejismo de entre 1917-1923: el consejo, el soviet, la asamblea, la cooperativa, la organización, etc., no son automáticamente revolucionarias, no están libres por sí mismas del cáncer reformista, sino que todo depende de la relación de fuerzas existente en su seno. Los soviets de 1905 ya habían mostrado esta ambigüedad, lo mismo que la caída en el reformismo político-sindical de muchas organizaciones desde la segunda mitad del siglo XIX, también.

Para la Internacional, una «situación» revolucionaria es, por ejemplo, un consejo obrero, un edificio liberado y recuperado, la ocupación del parlamento, una cooperativa integral, etc., que impulsen el proceso revolucionario contra la dictadura del valor de cambio, de la mercancía, del espectáculo que invierte la realidad presentando la sumisión como felicidad y la libertad como infelicidad. O sea, se trata de volver, de «desviar» contra el capital los instrumentos y armas que él ha expropiado al trabajo o ha creado para encadenarlo. Y hacerlo utilizando el potencial explosivo inserto en las densas contradicciones de la ciudad como universo de extracción de plusvalía, lo que a su vez exige una praxis psicopolítica arraigada en el infierno urbano: la «psicogeografía» que por malvivir en el cemento pútrido tiene que desarrollar una sensibilidad ética antagónica con la ética y moral burguesa.

Solamente así puede el proletariado inocularse contra el veneno de la «sociedad del espectáculo» que es el colmo del fetichismo de la mercancía. El situacionismo y Guy Debord (1931-1994) sobre todo, llegaron a estas conclusiones a partir del estudio de muchas aportaciones, y de entre ellas también de Hegel, Marx, Rosa Luxemburg, Clara Zetkin, Trotsky, Mattik, Lukács… lo que le orienta a intervenir decididamente en el prometedor movimiento consejista y de recuperación de empresas y locales del Mayo’68 nucleado alrededor del «Consejo de Ocupaciones», combatido directamente por el capital e indirectamente por el estalinismo, y silenciado por la prensa.

La Internacional Situacionista se articuló en casi una decena de países, publicando un boletín central, pero respetando e impulsando el funcionamiento específico en cada país o región según sus particularidades y singularidades. Aunque su enmarque conceptual era el de la Europa burguesa, sus aportaciones teóricas fueron penetrando en izquierdas de otros continentes, pero su nula o muy escasa atención a la liberación nacional limitó mucho su penetración en el antiimperialismo. Otra de sus grandes debilidades, la decisiva sin duda, fue su escaso arraigo en el movimiento obrero organizado como necesaria puerta de entrada en el proletariado internacional. Debilidad proveniente del origen mayoritariamente intelectual de sus direcciones, pero también provocada y ampliada por el obstruccionismo deliberado realizado por las burocracias político-sindicales y culturales del reformismo, y por la burguesía. Su reducida base obrera no pudo dotarle de fuerza raizal para aguantar la contraofensiva autoritaria, represiva y neoliberal desencadenada en la segunda mitad de los años ’70, disolviéndose.

Si las izquierdas de origen mayoritariamente universitario y de casta intelectual pequeño-mediana burguesa que pertenecían a la corriente consejista, no pudieron resistir la contraofensiva capitalista, no sucedió lo mismo con algunas de las pequeñas izquierdas obreras consejistas insertas en su clase, aunque fueran reducidas. En 1952 se disolvió la organización francesa de Izquierda comunista que pertenecía a esta corriente, pero por vericuetos complejos una semilla de aquella lucha germinó en 1964 en Venezuela desde donde fue contactando poco a poco con otros grupos obreros consejistas. Con dificultades por la precariedad de medios, se consiguió fundar en 1975 la Corriente Comunista Internacional asentada en varios países que publica documentos en al menos veinte lenguas.

Al margen de otras consideraciones sobre su línea política, sus diferencias con respecto a otras versiones del consejismo, su postura sobre las luchas de liberación nacional, etc., sí hay que decir que la CCI se esfuerza con rigor en remarcar al menos siete cuestiones imprescindibles siempre:

1.- tener una visión mundial de las contradicciones entre el capital y el trabajo.

2.- necesidad de una Internacional Comunista.

3.- analizar cualquier problema por minúsculo que sea en su conexión con la lógica del capital.

4.- utilizar datos verificados de las luchas obreras rechazando la propaganda burguesa.

5.- difundir la cantidad y calidad de las luchas obreras concretas.

6.- necesidad de extraer lecciones de las derrotas y victorias.

7.- rescatar y actualizar la historia de la lucha de clases.

EUSKAL HERRIA, 27 de enero de 2022

 

 

 

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viernes, 26 de noviembre de 2021

Nuestro Mediterráneo

Con Europa convertida en una fortaleza en un malhadado intento por contener la migración que se está dando desde África, Asia y Europa Oriental, resulta que el Bidasoa -ese río que junto con los Pirineos une a la Euskal Herria continental con la Euskal Herria peninsular- se ha convertido en una mortífera valla acuática en donde ya han fallecido demasiados inmigrantes.

En ese sentido, les compartimos este texto que ha sido dado a conocer en el portal de Viento Sur:


El Bidasoa, un pequeño Mediterráneo en pleno Euskal Herria

Iosu del Moral

El Bidasoa, ese río que mientras para unos simplemente marca el límite entre Iparralde, norte de Euskal Herria del lado francés, y Hegoalde, sur de Euskal Herria del lado del Estado español, y para otros se trata de la histórica frontera que separa ambos estados, por desgracia parece que para algunas personas migrantes en los últimos tiempos se haya convertido en el trágico final de su viaje. En realidad, para muchos el Bidasoa es, simplemente, un río; un río que desde siempre ha sido punto de encuentro de los pueblos, caseríos y familias congregadas a ambas orillas de su rivera, a las que ha nutrido de una infinidad de recursos naturales de todo tipo.

Evidentemente, el problema no es el río per se, sino que el verdadero problema reside en quienes se han encargado de utilizar dicho afluente como barrera para reforzar esas líneas imaginarias denominadas fronteras políticas. Delimitaciones que para muchos seres humanos se convierten en aquello que les separa entre la más absoluta miseria y el pequeño rayo de esperanza al otro lado. Una miseria estructural que, además, es producida en sus países de origen por los mismos que más tarde les niegan la entrada en los países de destino. Un tránsito que muy poco tiene que ver con la afable ruta turística con la que algunos caracterizan el horrendo peregrinaje al que las personas migrantes se ven abocadas, únicamente empujadas por el más absoluto instinto de supervivencia, por el cual abandonan constreñidas tierra y seres queridos, tratando de alcanzar algún lugar con supuestas mejores oportunidades.

Travesías migratorias que, en su mayor parte, se producen de manera forzosa debido a las guerras, la pobreza extrema, el cambio climático o la persecución y represión política, religiosa, sexual o racial. A priori,causas que no se asemejan en demasía a los idílicos motivos superficiales a los que algunos aluden, con el único objetivo de estigmatizar al colectivo migrante. En este preciso momento, según organismos internacionales, más de 200 millones de personas se encuentran desplazadas y deambulando lejos de sus hogares y de sus lugares de origen. Un dato que triplica el número de desplazados que en su momento se diera durante la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, para Occidente sigue sin significar lo mismo cuando las bombas caen sobre Londres o París que cuando lo hacen sobre Kabul o Damasco.

Por supuesto, la guerra y el hambre son menos guerra y menos hambre cuando éstas se producen lejos de nuestro viejo y decadente continente europeo. Una Europa, supuesta cuna de un distorsionado concepto de democracia y de una maniquea moralidad, que se coloca cínicamente una venda para ni ver ni mostrar el horror humanitario que en este preciso instante se está dando a lo largo de su perímetro y del cual, además de una impasible espectadora, es una activa cómplice. Por ello, consciente de lo que sucede y consciente de lo que hace, la Unión Europea blinda sus fronteras, cercando sus dominios en una especie de inexpugnable fortaleza medieval que frena los sueños de aquellas personas para las que su meta se encuentre al otro lado de ese infranqueable muro.

De hecho, tal es el afán de reforzamiento fronterizo por parte de la UE que dicha ansia parece haberse trasladado también a los propios estados miembros. Estados que, desde posiciones unilaterales, deciden intensificar sus fronteras internas, en muchas ocasiones incumpliendo reiteradamente varios de los acuerdos alcanzados en torno a las normativas básicas reguladoras del Espacio Schengen. Una Unión carente de cualquier atisbo de solidaridad y, menos aún, de algún tipo de comportamiento ético, que mantiene una clara hoja de ruta por la cual endurece su política migratoria, a la vez que firma fraudulentos acuerdos económicos que condicionan el statu quo de toda una serie de países periféricos a los que utiliza como tapón frente a los distintos flujos migratorios.

Desde luego, no podían faltar en este entramado ni el Gobierno del Estado español, ni el Gobierno Vasco, como componentes activos del engranaje europeo. Los primeros, por tratarse de un estado frontera que además de colindar con los países norafricanos es entrada tradicional de las personas provenientes de los países latinoamericanos, dada su relación histórica, y los segundos por ser un territorio donde se encuentra una frontera entre dos estados miembros de la U.E. y por tener un fuerte arraigo a ambos lados de la misma. Es cierto que el acrecentamiento dado en el límite franco-español ha venido de manos del Gobierno francés, el cual en los últimos tiempos presionado por la ultraderecha trata de endurecer su política migratoria, pero no es menos cierto que ni el Gobierno español ni el vasco estén dando la respuesta humanitaria y social necesaria en la zona y en los municipios contiguos a la frontera del Bidasoa.

Mientras a nuestros dirigentes se les llena la boca de eslóganes plagados de mensajes fraternales, la realidad en el día a día del colectivo migrante es bien distinta. Por un lado, el supuesto gobierno más progresista de la historia del Estado toma el camino de la palabrería frente a los hechos concretos; así que mientras sostiene un falso discurso de solidaridad, sigue aplicando políticas restrictivas en sus fronteras, persiguiendo y hostigando a través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a aquellas personas que necesitan entrar en la península. Por otro lado, el Gobierno Vasco afirma tener una posición de acogida y habla de dotar de presupuesto a las ONG que atienden a estas personas una vez que llegan o que andan en tránsito. Medidas que bien saben que son totalmente insuficientes, ya que a la postre la gente sigue pernoctando en la calle y bajo puentes o cajeros. Tampoco existen infraestructuras como casas de acogida donde pueda darse un servicio de asistencia, incluso faltan cosas básicas como comida o ropa.

Y como no podía ser de otra forma, en situaciones de inestabilidad social y de crisis económica, la carroñera extrema derecha aparece envuelta de un populismo barato y de un discurso cargado de odio y xenofobia, buscando generar conflicto entre las clases populares autóctonas y el colectivo migrante recién llegado. Así que a través de un patriotismo barato y mezquino la ultraderecha aprovecha cualquier resquicio coyuntural para lograr permear algunas de sus tesis entre los más desesperados. De ese modo consigue que ambos actores terminen por verse envueltos en una superflua pelea del último contra el penúltimo, donde en definitiva se pierde la verdadera causa de lucha de la clase subalterna, ya sea nativa o extranjera.

Una extrema derecha que en tiempos de crisis económica, donde pueden llegar a darse ciertos cuestionamientos por parte de una sociedad asfixiada hacia el sistema capitalista, aparece como mercenaria en la misión de salvaguardar los derechos de las élites y del gran capital. Unas élites económicas y un capitalismo que son totalmente conocedores de la imperante necesidad de la llegada de extranjeros como mano de obra para que su incansable máquina de hacer dinero siga funcionando. Pero al mismo tiempo, también saben que una migración sin papeles es una migración asustada, en definitiva, es una migración sin derechos, es decir, mucho más sencilla de manipular, de someter y de explotar. De ahí que busque restringir y endurecer las políticas migratorias, conociendo que el flujo de personas es imparable, pero logrando una posición de dominación prácticamente total a la llegada de estas personas, ahora tildadas de ilegales.

Mierda de sociedad, aquella que tacha de ilegal a un ser humano, pues lo único que debiera ser calificado como ilegal en una sociedad con un mínimo de dignidad debiera ser el que un sistema no permita la libre circulación de cualquier persona por cualquier parte del mundo. El problema es que muchas de esas fronteras políticas, líneas ficticias e imaginarias, acaban siendo muy palpables y reales, y terminan anclándose en las mentes de la gente en forma de prejuicios de todo tipo. De ahí que, hoy en día, sea más necesario que nunca superar la concepción clásica de la composición territorial en forma de estados y países para dar paso a nuevos modelos territoriales en los que las confederaciones solidarias de los pueblos libres e iguales derriben definitivamente la lacra de las vallas, los controles y las concertinas. 




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lunes, 11 de octubre de 2021

¿Etnia o Pueblo?

Se acerca el 12 de octubre y con dicha fecha estamos a la espera de todo tipo de artículos haciendo apología de la colonización europea. En ese sentido, les presentamos este interesante ensayo publicado en el portal de TeleSur:


No me llames etnia

Itzamná Ollantay

Antropólogos euronorteamericanos, incluso hermanas y hermanos antropólogos originarios de Abya Yala, continúan utilizando el despectivo término etnia para referirse a los pueblos originarios o indígenas.

¿Qué significa el término etnia, y cuál es su contenido racista?

Etnia proviene del término griego ethnos que significa grupo humano extranjero, gentil, cuyos miembros carecen del derecho de ciudadanía. Por tanto, no son sujetos políticos, capaces de gobernarse, ni de gobernar. La Biblia incluso utiliza este término para referirse a los extranjeros que no son parte del pueblo elegido, pero comparten territorio con éste, como era el caso de los samaritanos

Con la llegada de la modernidad y de la ilustración, pensadores noreuropeos, dividirán la humanidad entre: civilizados, bárbaros y primitivos. Los civilizados serán ellos (que tienen cultura), los bárbaros serán los pueblos que habitan alrededor de ellos (bretón, catalán, flamenco,…) y los primitivos (sin cultura) seremos todos los grupos humanos que habitamos fuera de Europa y en la parte Sur del planeta. A los primitivos nos llamaron salvajes, etnia, tribu…

¿Alguna vez leíste o escuchaste que algún antropólogo se haya referido a los vascos o flamencos como etnia o tribu? No. A ellos se refieren como pueblos. Los términos etnia y tribu están reservados únicamente para los primitivos que necesitan ser civilizados, mas no así para los pueblos de Europa. Aunque, según la Real Academia Española (RAE), flamencos, quechuas, vascos, himbas, mursis, mayas, todos somos etnias.

Si ya la modernidad naciente (invasión europea) había negado la condición de sujetos de derechos (personas) a los originarios de Abya Yala con la finalidad de apropiarse/saquear sus bienes a cambio de civilizarlos, la antropología hará lo suyo, en especial la antropología cultural que surgió en los EEUU (con Franz Boas, principios del siglo XX), y su posterior especialización como etnología.

Desde finales del siglo XIX, antropólogos y etnólogos norteamericanos fueron enviados al Sur con la finalidad de investigar y registrar los bienes/riquezas milenarias de los pueblos para saquearlos. Pero, para evitar justificar o explicar dicho saqueo, tomaron el camino racista de llamar a todos los pueblos originarios del sur como etnias: objetos del pasado, piezas de museo, o a lo mucho, reproductores de cultura. Mas nunca como pueblos, sujetos políticos.

La antropología cultural, que luego se convirtió en un culturalismo nefasto para los pueblos, se expandió por todas partes, promovido por entidades académicas y financiera euronorteamericanas, con la misión de instalar en el imaginario colectivo global la idea de: los aborígenes son etnia, objetos de estudio (costales de huesos, sin historia, ni memoria).

Los bicentenarios estados naciones, como herramientas de dominación de la geopolítica moderna, jamás quisieron reconocer la cualidad de pueblos a los originarios.

Pero, llegó el convenio internacional n. 169º de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1989, donde por vez primera reconoce a las y los originarios como pueblos… desde entonces, los pueblos originarios, jurídicamente, comienzan a existir como sujetos políticos, y ya no como simples piezas de museo o reproductores culturales, aunque, hoy, como ayer, incluso antropólogos indígenas, nos siguen llamando etnia.

Este racismo estructural, incluso promovido por la industria de la academia hegemónica, es tan evidente que la academia no envía ni a antropólogos, ni a etnólogos, hacia los pueblos originarios de Europa. Para allá, si acaso, van sociólogos, a estudiar las estructuras sociales de dichos pueblos. Antropólogos y etnólogos vienen hacia Abya Yala para estudiar a las piezas de museo, las etnias.

No me llames etnia, que no soy ningún extranjero sin derechos. No me llames etnia, que no soy ninguna pieza de museo del pasado. Soy pueblo, soy sujeto de derechos sociopolíticos, con historia, como vos. Soy hijo de la Madre Tierra. Somos hermanos, porque venimos de la misma Madre y vamos hacia su vientre fecundo de retorno.

 

 

 

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jueves, 1 de julio de 2021

Gil de San Vicente | Señora Ministra

Eventos recientes han puesto a la siempre asediada Nicaragua en la mira de los grandes consorcios informativos y la operación pinza ha sido completada por varios integrantes de la casta política de estados que a lo largo de las últimas décadas han mostrado desdén por los procesos emancipadores de Nuestra América.

Con respecto a las declaraciones llevadas a cabo por la vasca domesticada Arancha González Laya, aquí les tenemos la documentada respuesta que Iñaki Gil de San Vicente le ha dado desde su trinchera habitual en el portal de Rebelión:


Señora ministra, ¿con qué derecho?

Iñaki Gil de San Vicente

Leyendo las más recientes declaraciones sobre Nicaragua brindadas en Roma, por la ministra de Asuntos Exteriores del gobierno español, es importante analizar y aclarar algunos términos y expresiones, utilizadas por ella para referirse al país centroamericano, expresiones que por su contenido también golpean en el interior de Europa.

Lo primero que me llama la atención es el lugar escogido para hacer esas declaraciones: Roma. Inmediatamente me ha venido a la memoria aquél triste espectáculo del Papa Wojtyla en 1983 abroncando a esa heroica Teología de la Liberación a la que tanto debe la libertad de Nicaragua. ¿Busca la ministra hacer creer a Nicaragua que ahora como en 1983 la Iglesia Católica está contra el sandinismo, precisamente cuando se acercan importantes elecciones muy inquietantes para los intereses de Occidente?

Tales declaraciones son, a todas luces, parte de un discurso colonial histórico que en Occidente no solo está presente en sectores de la derecha, sino en todos los estamentos políticos, económicos y culturales que siguen queriéndonos hacer creer que tales países (occidente) son el reflejo más fiel de la “Democracia”. Hasta han creado un catálogo de tipologías democráticas: plenas, perfectas, imperfectas, defectuosas, híbridas, las que, como en un rompecabezas hacen encajar las piezas, según se requiera. Me vienen a la mente las hilarantes clasificaciones de animales, utilizadas por Jorge Luis Borges, para completar sus universos ficticios, a saber, “los que acaban de romper el jarrón”, “los incluidos en esta clasificación”, “los que se agitan como locos”, entre otros.

Pero el occidentalismo también ataca y pretende descalificar a las fuerzas internacionalistas que, en el interior de Europa, ayudamos a la libertad y a la democracia concreta en Nuestramérica, en Nicaragua, en todas partes: la prepotencia de la ministra también nos golpea a los y las internacionalistas porque apoyamos a Nicaragua y lo seguiremos haciéndolo. Las izquierdas y otras fuerzas democráticas hemos de saber que el occidentalismo también es un instrumento de dominación en eso que llaman “Norte” para no utilizar la palabra imperialismo.

Las expresiones de la ministra, vienen a ser una especie de oda al rol supuestamente “emancipador, democratizador” de occidente. Esto tiene, al menos, dos falacias profundas que, dichas de la forma en que lo hizo, pretende deslizarlas como verdades, cuando en realidad están alejadas de esta condición.

Afirmamos esto debido a que una expresión tan manida como “comunidad internacional” utilizada por ella para cubrirse de acompañamiento en sus pretensiones de exigir a un gobierno legítimo como el nicaragüense, que no juzgue a quienes han delinquido, a quienes han caído al margen de la ley nicaragüense, ley que, dicho sea de paso, tiene sus fuentes en una reforma de 1995 y en una necesidad moral histórica del país centroamericano para cortar de raíz a los vergonzosos colaboracionistas internos. Las expresiones de la señora ministra caen en el vacío, puesto que intenta brindar sensación de que la mencionada “comunidad internacional” son todos los países del planeta, cuando en verdad es el gobierno de Estados Unidos y algunos gobiernos que le hacen seguidismo, muchos de ellos, incluso, coaccionados o arrastrados por los grupos de presión.

Hay varias “comunidades internacionales”: una es la que expresa los intereses del imperialismo occidental liderado por EEUU; otra, la de los Estados y pueblos que buscan otras vías de desarrollo no aceptadas por el imperialismo; una tercera, la de un sinfín de grupos, colectivos, organizaciones, etcétera, que son fuerzas internacionalistas que se expresan teórica y prácticamente defendiendo a los pueblos agredidos y empobrecidos… Somos miles las personas de culturas diferentes que nos identificamos orgullosamente con los Estados y pueblos pisoteados, y con los movimientos internacionalistas.

Así que no hay tal comunidad internacional única: desde Occidente hay enunciados hiperbólicos, que pretenden hacernos pasar las “partes por un todo”, con el objetivo de revestir su intromisión en Nicaragua de multilateralismo. Esta ha sido una estrategia muy utilizada en los últimos tiempos, ahí está Irak, Libia, Afganistán o Venezuela.

Otra expresión vacía, pero malintencionada es la que alude a “los ciudadanos nicaragüenses”. Utiliza la misma táctica retórica, habla de los “ciudadanos nicaragüenses” queriendo englobar con ello al pueblo de este país, cuando en verdad quienes han propagado estas falsedades es un pequeño grupo de personas que tienen acceso a los altavoces de la mediática internacional. Las cuales también son parte del coro occidental.

Medios que en la actualidad, según investigaciones, son adiestrados en las llamadas “nuevas guerras, nueva comunicación, nuevo periodismo” que conjugan perfectamente el espionaje, el periodismo y los estudios bélicos. La frase “ciudadanos nicaragüenses” pretende brindar sensación de totalidad, cuando en realidad es ínfima la representatividad de estos sujetos. Su maniobra aquí es la aplicación de lo que Michel Foucault llamó la verdad ilusoria, procurando crear el denominado “efecto de verdad”, un “efecto” que busca ocultar aquella crudeza brillantemente analizada por Bertolt Brecht sobre las cinco dificultades para decir la verdad.

Y quien habla de “ciudadanos nicaragüenses” habla de “ciudadanos españoles”, incluidos los dos reyes y esa masa ingente de corruptos: ¿qué tienen de común las decenas miles de personas catalanas, galegas, andaluzas, vascas, castellanas… empobrecidas, golpeadas por las represiones y el machismo, precarizadas, sometidas al racismo, con la “ciudadanía española”? Un tercio de la infancia del Estado español malvive en la pobreza: ¿a qué “ciudadanía” pertenece?

Hay otras expresiones, la cuales demuestran, la arrogancia de occidente. La ministra se refiere al Presidente de Nicaragua, como si de un gobernador de un territorio de ultramar se tratara. Nada más colonialista. Interroga afirmando: “la cuestión ahora es qué va hacer el presidente Ortega” y en otra parte dice: “esa es la pregunta y la respuesta está en Managua… la estamos esperando…”.

Tal expresión tiene el objetivo de desacreditar el estado de derecho del país centroamericano. ¿Acaso las investigaciones no están siendo llevadas a cabo por los instancias correspondientes, bajo los criterios y mecanismos jurídicos adecuados? ¿Por qué la ministra se refiere al Presidente sobre un asunto penal, delictivo, soslayando el aparato de justicia nicaragüense que es el órgano competente?¿Pueden estar esas expresiones relacionadas siquiera inconscientemente con la arraigada costumbre histórica de la élite española de sentirse por encima de toda justicia, a la que usa como mero instrumento para sus disputas internas y para sujetar mejor a la “ciudadanía española”?

Pienso que su intención puede ser la de politizar según los criterios dominantes los delitos de lavado de dinero, bienes, activos y traición a la patria (esta última castigada en Estados Unidos con pena de muerte) cometidos por estos sujetos y que están siendo investigados con todas las garantías que la ley nicaragüense les otorga y con ello la ministra lo que hace es seguir el guión establecido por la mediática internacional. De este modo, es atacada la totalidad de las instituciones nicaragüenses, presentadas como poco o nada democráticas.

La otra parte de esta frase es la más impertinente, como dice la carta que la Cancillería nicaragüense dirigió a la ministra, sobre la cual versó la pregunta en la conferencia en Roma y cuyas respuestas son las que estamos analizando. La ministra le dice al Presidente nicaragüense: “La estamos esperando”, refiriéndose a una respuesta demandada sin ningún derecho o sentido, al mandatario centroamericano.

Esta expresión encierra lo que, parafraseando a Kant, podemos llamar la carga del imperativo atávico, mediante el cual se interpela desde el lado del discurso eurocéntrico, que se sigue suponiendo se puede aplicar en cualquier contexto o territorio, despreciando con ello toda idea, modelo o paradigma de organización, llámese sandinista, tupakarista, bolivariano, chavista que occidente no puede encajar en sus clasificaciones y recurre, aunque no con el talento y el humorismo de Borges, a categorizaciones negativas, utilizadas de excusas infundadas para interferir en los asuntos internos de otro país. Bastaría una sola pregunta, como aquella que hizo Giulio Girardi, para echar por tierra tal pretensión: ¿con qué derecho?

Parafraseando a Hegel, podemos decir que la contradicción interna del imperativo atávico niega en su primer movimiento la razón del imperialismo occidental; y en su segundo, el de la negación de la negación, muestra que los pueblos que rompen con el imperialismo abren espacios de libertad inimaginables desde la civilización del capital.

EUSKAL HERRIA, 29 de junio de 2021 




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