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domingo, 15 de febrero de 2026

Voluntad Política

Les compartimos la editorial que Naiz ha dedicado al tema del reconocimiento oficial por parte de los gobiernos de Madrid, Gasteiz e Iruñea de los casos de tortura, método de terrorismo de estado utilizado sistemáticamente por el régimen español en contra del pueblo vasco:


Si torturar fue una decisión política, reconocer y revertir la impunidad exige una voluntad a la par 

En el origen, hubo una decisión política para que los cuerpos policiales torturaran durante décadas y de forma sistemática a las personas detenidas en Euskal Herria. No hay otra explicación veraz. No fue, quizás, en una reunión con orden del día, o de manera explícita y documentada, pero sí una decisión consensuada por todos los estamentos implicados. Lo explican los informes criminológicos, y así lo denunció de nuevo ayer la Red de Personas Torturadas de Euskal Herria.

Esa agenda torturadora se implementó en los cuarteles, se premió en el escalafón policial, se justificó en el debate público, se amparó en los juzgados y se tapó en los medios de comunicación. Esa decisión compartida caducó parcialmente en 2014, con el último caso documentado de torturas a ciudadanos vascos en el contexto del conflicto político. Sin embargo, no ha habido una decisión equivalente en sentido contrario: contra la impunidad, en favor de los derechos humanos y el reconocimiento de las víctimas.

No revertir lo sucedido tiene consecuencias. En primer lugar, para las personas torturadas, que exigen reconocimiento y un trato justo. En segundo lugar, para la sociedad vasca y su cultura democrática, que sigue lastrada por una memoria parcial que avala la irresponsabilidad. Por supuesto, la impunidad beneficia a todos los responsables de la tortura.

Hasta cierto punto, institucionalmente se ha asumido lo que todo el pueblo sabía: que se ha torturado a un número ingente de personas, que se ha hecho de manera salvaje y con total impunidad. Pero esa asunción es parcial y rebaja la gravedad de lo sucedido.

No haber aceptado la justicia transicional como marco general para la resolución se puede volver contra la parte más impune de un conflicto. Con dos agravantes: la violencia ilegítima ejercida por los Estados es siempre más grave; y la tortura no prescribe. Los lobbies españoles de la venganza, que responden a la misma disciplina contrainsurgente que hizo de la tortura estrategia, podrían revisar su impulso cruel.

Números que reflejan personas y vivencias

En su primer año de existencia, la Red de Personas Torturadas ha implicado a más de mil personas. Es una quinta parte de los casos certificados por vía forense o criminológica. Es impresionante y, a la vez, debe crecer hasta dar una imagen lo más real posible del fenómeno de la tortura en Euskal Herria.

El tiempo es un factor importante, porque muchas de las víctimas son mayores, o han muerto. Retrasar medidas y reconocimiento afecta a sus derechos. Asimismo, el apartado de la violencia sexista, que se ejerció especialmente contra las mujeres, es crucial para conocer la dimensión de la tortura.

Hasta el momento, se han reconocido oficialmente 71 casos en Nafarroa y 260 en la CAV; un total de 331 en el conjunto de Euskal Herria, en torno al 6% de los certificados. No avanza como debería, es evidente.

Lo que demandan es positivo y de justicia

La Red de Personas Torturadas exige al Gobierno de Lakua que reforme la norma para el registro de las víctimas del Estado, que amplíe el periodo y promueva que se garantice «un mecanismo integral de reconocimiento y reparación». Al Ejecutivo de Iruñea le pide que vaya más allá del franquismo y la transición.

Insisten en que «es tiempo de reconocimiento». «Si queremos construir en Euskal Herria un futuro basado en la verdad, la justicia, la reparación, las garantías de no repetición y una memoria completa, es el momento de esclarecer por qué nos torturaron, quién autorizó esta práctica y cómo se permitió», sentenciaron ayer en la asamblea de Eibar.

Mientras llega el reconocimiento oficial, este colectivo se ha ganado el respeto social por su altura de miras y su voluntad de construir un país mejor.

 

 

 

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jueves, 22 de enero de 2026

Agur eta Ohore María

La localidad de Adamuz se ha colocado en el mapa dada la tragedia ferroviaria ocurrida en horas pasadas.

Desde Naiz nos hacen saber que entre las víctimas mortales se encuentra quien, en su momento, visibilizó a personas represaliadas allá en 1936.

Aquí la información:


La fotógrafa María Clauss, entrevistada por Zazpika, entre las personas fallecidas en Adamuz

La fotoperiodista María Clauss, entrevistada por Zazpika en 2024, y su pareja, el periodista Óscar Toro, son dos de las víctimas mortales del accidente ferroviario registrado ayer en Adamuz. Con su trabajo, Clauss puso rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36.

María Clauss, fotoperiodista que puso rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36, figura entre las personas que han fallecido en el accidente ferroviario de Adamuz, en el que también ha perdido la vida su pareja, el periodista Óscar Toro. Clauss fue entrevistada en Zazpika en 2024.

La muerte del matrimonio, que regresaba de Madrid en este último tren que tenía parada final en Huelva, ha sido confirmada oficialmente este lunes y ha dejado un importante vacío en el sector de la comunicación onubense.

Precisamente, la hija de ambos fue una de los familiares que anoche se acercó hasta la estación de Huelva para tratar de recabar alguna información sobre el paradero de sus padres.

Óscar Toro era doctor ‘cum laude’ en Comunicación por la Universidad de Huelva y un referente en el estudio de la comunicación para el cambio social.

Director de la Fundación Xul e impulsor de la editorial Voces del Sur, Toro dedicó más de dos décadas a la defensa de los derechos humanos y la sensibilización ciudadana; también desarrolló una importante labor docente en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

Una mirada comprometida

Y María Clauss, licenciada por la Universidad Complutense, era una de las miradas más lúcidas y comprometidas de la fotografía contemporánea. Su talento fue reconocido recientemente con el prestigioso Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña 2023.

Más allá de su labor en medios como ‘El País Semanal’ o el ‘Diario Huelva Información’, era un pilar cultural en la provincia: directora creativa de WofestHuelva, vicepresidenta del Ateneo de Huelva y fundadora de la Asociación INvisible.

Clauss fue entrevistada en 2024 para la revista Zazpika por Xole Aramendi, que firmó un artículo en el que se recordaba el trabajo de una fotógrafa que ponía rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36 en Huelva, realizando una labor de reconstrucción de la memoria histórica.

Ese trabajo, condensado en la muestra ‘Donde no habite el olvido’, se había podido ver por esas fechas en el centro cultural Okendo de Donostia. Y en el mismo, recorría a través de sus imágenes los espacios de represión en la provincia de Huelva, recuperando los objetos aparecidos en las fosas y haciendo visibles a las personas represaliadas a través de sus hijos e hijas.


Aquí recuperamos la entrevista:


María Clauss pone rostro y voz a los represaliados en la Guerra del 36

Huelva. Mujeres y hombres que siendo niños sufrieron en carne propia la devastación provocada por la sublevación de los fascistas. La fotografía como vía para la reconstrucción de la memoria histórica. María Clauss da su lugar, a través de sus hijos e hijas, a miles de personas invisibilizadas.

Xole Aramendi

Antonio Villanueva Pozuelo. 86 años. Estuvo varios meses viviendo en la prisión de Huelva junto a su madre, Andrea Pozuelo, después de que su padre fuera fusilado. A ella la encarcelaron por el delito de estraperlo. Él sueña con vivir lo suficiente para sacar a su padre de la fosa común del cementerio y se conforma con que le den un solo hueso de su progenitor para poder enterrarlo dignamente.

Dominga Aparicio Márquez. 84 años. En la Iglesia de la Zarza, convertida en cárcel, tuvieron encerrado a su padre Domingo Aparicio la noche antes de su fusilamiento el 22 de agosto de 1936. Lo mataron frente a la puerta, sin juicio previo. Obligaron a la gente que iba de paso a detenerse y presenciar el fusilamiento. No se dejó que le vendaran los ojos, ni volteó el rostro. «Los hombres se matan cara a cara», dijo Domingo Aparicio.

Juan García Rivera. 87 años. Perdió a su abuelo, a su padre y a su hermano entre el 15 y 19 de agosto de 1936. Su padre fue fusilado en un campo a las afueras de Villalba del Alcor, y se cree que está enterrado en una fosa común en la Palma del Condado, cerca de la estación de ferrocarril.

Juana Ramayo Pachecho. 93 años. Su hermana Catalina era adolescente cuando la fusilaron el mismo día en que las tropas sublevadas entraron en Nerva, el 26 de agosto de 1936. La detuvieron porque supuestamente había ido a ver una manifestación. Juana, a sus 93 años, sigue teniendo miedo. Nunca ha dejado a sus hijos ir a una manifestación.

Francisca González Madeiro. 87 años. En el plazo de diez días, en agosto de 1936, perdió a su padre y a su madre. Se los llevaron de su casa sin dar explicaciones y nunca más volvieron. Ella tenía dos años y se quedó sola junto a su hermana. Continúa viviendo en la casa familiar.

Los hermanos Juan y Manuel Rodríguez Castilla. En el cementerio de Hinojos, junto a la actual capilla del Cristo del Perdón, se encuentra la fosa donde está enterrado su padre. A su madre le pidieron firmar un documento que reportaba a su marido como desaparecido o muerto en la guerra, pero ella no lo hizo y por ello no pudo recibir una pensión de orfandad para sus hijos.

Todos ellos son protagonistas de la muestra “Donde no habite el olvido”, de María Clauss. El centro cultural Okendo, en el barrio donostiarra de Gros, acoge hasta el 15 de junio parte del proyecto de la fotógrafa onubense. Nueve imágenes en color y una en blanco y negro. Son diez fotografías las que componen la serie galardonada -«fue dolorosísimo elegir», reconoce- en el 26º Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, promovido por Médicos del Mundo. Junto a la ganadora, fueron seleccionados como finalistas Nazik Armenakyan, Santi Palacios y Federico Ríos, más la mención especial para Sáshenka Gutiérrez, cuyos trabajos fotográficos también se pueden ver en la capital guipuzcoana. Médicos Mundi valoró 733 candidaturas procedentes de 94 países.

Clauss es la primera mujer en obtener este prestigioso galardón de fotografía. «El día que recibí el premio, y aunque es echarme tierra sobre mi propio tejado, dije que me honra y hasta me da vergüenza ser yo la primera mujer. Creo que hay fotógrafas infinitamente mejores que yo. Las fotógrafas de provincias no estamos en el top 10 de las fotógrafas documentalistas españolas, pero este premio nos permite estar e incluso ganar, además. Ha sido un regalazo. Así se lo dije a un compañero fotógrafo que en el momento en que decidí volver a mi tierra me dijo: ‘no te vayas a Huelva, quédate en Madrid’», cuenta con una sonrisa de satisfacción.

Gracias al premio de Médicos del Mundo, el proyecto continúa realizando su camino. «El premio ha sido un regalo. Y venir a San Sebastián también. Las fotografías se han visto hasta en Nueva York, me parece impresionante», señala.

Proyecto de envergadura

Las imágenes -realizadas en 2021 y 2022- son una pequeña parte del ambicioso proyecto llevado a cabo por María Clauss. “Donde no habite el olvido”, respaldado por el Comisionado de la Memoria Democrática de la Diputación de Huelva, fue ganando dimensión poco a poco.

La autora recorre a través de sus fotografías los espacios de represión en la provincia de Huelva, recuperando los objetos aparecidos en las fosas y haciendo visibles a las personas represaliadas a través de sus hijos e hijas. Propone un viaje a un pasado no tan lejano, a la vez que invisibilizado. Lo que genera sufrimiento en cientos de familias cuyo daño está latente, sin ser reparado aún. La fotografía como instrumento para poner el foco a los invisibles, como herramienta para recuperar la memoria y que no exista el olvido.

En el germen del proyecto radica el interés de Clauss por mirar atrás en el tiempo. «Yo no vengo de familia de represaliados, he tenido la suerte de que no me haya tocado. Me encanta trabajar temas del pasado. Empecé a sentir la necesidad de abordar el tema de la memoria histórica. En este caso tenía la posibilidad de trabajarlo también en el presente», recuerda.

La fotoperiodista cree firmemente en que, cuando una se embarca en un proyecto así, es para aprender. «Yo era una gran desconocedora del tema. Me di cuenta de ello cuando empecé a informarme», se sincera. Para Clauss ha sido clave la colaboración de los investigadores locales en su proyecto. La lista es larga: Francisco Espinosa Maestre, Concha Morón Hernández, Guillermo Molina, Manuel Reyes Santana, Omar Romero de la Osa y Rafael Moreno, entre otros muchos. «Contacté con ellos para que me dieran información y, sobre todo, para que fueran mis aliados, porque yo no tenía capacidad de hacer la investigación por mi cuenta. Solo tenía nueve meses -el plazo fijado por la Diputación- para llevar a cabo el proyecto. En un trabajo anterior, ‘Mi abuelo el espía’, me di cuenta de que se trabaja de una manera muy cómoda con los investigadores; te permite tener esos pivotes que hacen que aumente tu conocimiento, es muy interesante», indica.

En primera persona

El primer paso fue ir a ver las catas arqueológicas que estaban en marcha. Fue testigo de la exhumación que estaba en curso en Nerva. Se calcula que en el pueblo minero podrían encontrarse los restos de hasta 800 personas. El arqueólogo Andrés Fernández ha sido su gran aliado en el camino realizado. En Huelva existen más de 120 fosas, reflejo del impacto que tuvo el alzamiento en el territorio.

De pronto lo vio claro. «Decidí cuál era mi meta final: los hijos e hijas de represaliados. ‘Son pocos, se van a morir ya y necesito que sean ellos quienes cuenten a viva voz su experiencia vital. No hay marcha atrás, es ahora o nunca’, pensé. Ese fue mi reto. Fue muy complicado. Algunos no querían participar, otros, muy generosos, me decían que sí. Había otros que habían fallecido o se encontraban mal de salud. Fueron apareciendo nietos, sobrinos... pero preferí no incluirlos, al final me desvirtuaba lo que para mí era el proyecto. Yo soy muy emocional y necesitaba ese vínculo directo», aclara.

Se decantó por los testimonios orales en primera persona. El eslabón de la historia entre progenitores y descendientes. Realizó entrevistas a 16 personas, todas ellas hijos e hijas. Solamente en uno de los casos es la hermana quien habla. «Saben poquísimo, algo que te sorprende. Saben más los nietos y sobrinos que sus propios hijos. Muchos tienen sus recuerdos de lo que sucedió, otros eran bebés... lo poquito que se cuenta en la familia». El proyecto de Clauss ha servido para que los descendientes de los represaliados por el franquismo consigan tener documentación histórica. «De las personas que he incluido en la serie premiada, solamente uno, Antonio [Villanueva Pozuelo], tiene algo de documentación. Existe, pero no la tenían, no sabían dónde tenían que ir a pedirla. Hay que tener en cuenta que ninguno de los antepasados de las personas entrevistadas tuvo juicio sumarísimo. Cuando empiezo a buscar documentación, los investigadores me ayudan a que esas familias tengan documentos. Me parece el mayor regalo que les hicieron. Conocí a una señora a la que le daba miedo ir al cementerio de Río Tinto, nunca le hice fotos, y el investigador le dio pruebas escritas de todo lo que le había ocurrido a su padre. Fue super bonito. Se me ponen los pelos de punta -se emociona-. Me parece bestial, valoro tanto la labor de los investigadores, que de esa manera tan generosa lo daban todo...», continúa.

Las personas y sus testimonios guiaron a Clauss a los escenarios de la represión. «Las fotografías que hice al principio no me transmitían lo que yo necesitaba. Me di cuenta de que tenía que hacerlas en los lugares de represión», cuenta.

Testigos mudos de la atrocidad

El callejón del cementerio de Higuera de la Sierra. Allí fusilaron a 16 mujeres, todas ellas del municipio de Zufre, el 4 de noviembre de 1937. La tapia del cementerio de Huelva. Más de 1.000 personas fueron fusiladas tras el golpe militar en la capital. Son los dos espacios incluidos en la exposición que visita Donostia, y a los que se añaden el cementerio de La Soledad, la antigua prisión provincial de Huelva, Nerva, Río Tinto, Higuera de La Sierra, San Juan del Puerto... en el proyecto general. Testigos mudos de la atrocidad.

«Los lugares tienen memoria de lo que sucedió. A mí me imponen. La tapia del cementerio o la cárcel de Huelva, o el callejón al que llevaron a las mujeres de Zufre y donde las mataron... todos esos lugares para mí también eran importantes. Yo había decidido que mi línea documental eran esos sitios de represión. Fotografié a cada uno de los entrevistados en su lugar de represión. Antonio (Villanueva Pozuelo) estuvo en la cárcel de Huelva con su madre. En el caso de Dominga (Aparicio Márquez), a su padre lo tuvieron en la iglesia de la Zarzala la noche antes de fusilarlo, estuvimos en el descampado donde está enterrado su padre. Francisca (González Madeiro) es la única a la que he fotografiado en su casa, porque a su padre y a su madre los cogieron presos allí. En el caso de Juana (Ramayo Pachecho) no se podía mover de su casa y neutralicé el espacio dejando un fondo negro», explica.

En dos casos, Clauss se sirve de proyecciones. Uno es el del poeta Miguel Hernández. «‘¿Cómo hago para que los muertos estén presentes en los lugares de represión?’, me pregunté. Me planteé llevarme a la cárcel de Huelva -me dieron permiso para entrar- un grupo electrógeno para hacer proyecciones. Era la manera de hacerlos presente y de recuperarlos», cuenta. Pasado y presente unidos.

El visitante también puede ver la proyección de una foto de Balbina Sánchez en la Prisión Provincial de Huelva (2021). Era maestra de primaria de Villanueva de los Castillejos. Fue la única mujer de los 21 maestros fusilados en la provincia. Catalina Gómez, antigua alumna suya, todavía conserva fotografías y cartas que le envió a la cárcel.

La fotoperiodista recalca su obsesión por tener todo el proceso documentado. «No se trataba de limitarme a hacer una fotografía de Miguel Hernández, por ejemplo. Previamente contacté con el investigador que más sabe sobre él. Quería tener el máximo de documentación, que todo estuviese documentado. No sé para qué, pero lo necesitaba -sonríe-. La cantidad de archivos que guardo es bestial», dice.

Asimismo, ha recopilado infinidad de pequeños retratos de los álbumes fotográficos familiares. «‘Estoy fotografiando los espacios, ¿y si le doy una vuelta más?’, pensé. Busqué las fotografías de los represaliados. Recuerdo ir a la cata de Río Tinto y ver llegar a tantas personas con su pequeña foto del familiar fallecido en la mano... Yo aprovechaba para recogerlas con mi cámara. Hice más de cien, quería tener muchas fotografías de las personas represaliadas. La gente venía a mí con una carta, con una foto... una señora me dio una carta de su tío. Quiere que la tenga, pero yo se la quiero devolver», explica.

Elevarlos de la tierra

Los habitantes de la provincia de Huelva han tenido conocimiento del camino recorrido por Clauss gracias a la exposición realizada allí. La fotógrafa tiene previsto exponerlo en Mieres -cuenca minera de Asturias-, en la que será su primera salida de la provincia. En la exposición que muestra el proyecto en su totalidad, junto a las imágenes, tienen una presencia especial los objetos hallados en las excavaciones arqueológicas. «Creé una especie de fosa. Trajimos tierra de la cata y la pusimos en la sala. Dentro, unas peanas negras con unos metacrilatos, donde puse los objetos más interesantes que había fotografiado. Cuando alguien se muere, te agarras a algo físico como si fuera lo más, pero en muchos casos no tenían ese objeto de vínculo. Los objetos hallados en las fosas representaban mucho más que un mechero o una moneda, eran esos objetos preciosos que te vinculan con tu ser querido. Aquellos objetos que estaban bajo tierra los convertimos en joyas gracias a unas peanas. Me pareció una manera de elevarlos de la tierra en la que han estado. Arriba, en el techo, coloqué fotografías antiguas para que llevaran el peso de todo lo sucedido», señala.

La muestra se completa con un audiovisual -en versión reducida en Donostia- que pone voz al sufrimiento de los represaliados en la Guerra del 36. «El audiovisual dura una hora. Hice lo que pude, nunca he hecho nada parecido, soy fotógrafa. Cuando empecé a recabar los testimonios, volvía a mi casa y, al ver las notas, me preguntaba: ‘¿me lo voy a quedar solo para mí?’. Decidí compartirlos con el público. ‘¿Te importaría que te grabe?’, les preguntaba. Tú no sabes la cantidad de veces que he ido a verlos... -sonríe-. Ya estaba a punto de hacerse la exposición cuando me llamaban mostrando su interés por participar en el proyecto, y los incluí en el vídeo. Estoy contenta, la verdad. Ha sido una experiencia super interesante. Ahora me provoca continuar por ese camino del audiovisual en mis futuros proyectos».

Reto y reflexión

«Fotografiar el presente es muy duro, los trabajos fotográficos de todos mis compañeros son espectaculares» -comenta refiriéndose a los compañeros presentes en la muestra-, pero dirigir la mirada al pasado me provoca un reto, a la vez que me genera reflexión. Sí, creo que a través de la fotografía se pueden sacar emociones y traértelas al presente, porque al final para mí la fotografía es emoción; si no consigo engancharte a ti mis fotografías, no tienen sentido».

Las familias de los entrevistados han sido partícipes en el proyecto. «El día que recogí el premio, se vino Antonio con toda su familia, ya que vive en Madrid. En todas las fotos que he hecho, exceptuando alguna muy puntual, la familia ha estado presente. No te digo que lo vayas a engañar, pero a un anciano lo puedes enredar a tu conveniencia. Hay que ser muy honesto y tiene que haber alguien velando por ellos. Sus hijos han estado presentes en todos nuestros encuentros porque así lo he querido», explica.

Muchos de los entrevistados no han podido cumplir el deseo de enterrar a sus allegados. «Algunos han fallecido y lo que más deseaban todos ellos era recuperar a sus familiares, a su padre o a su madre. Por ejemplo, Valeriana Martín Barrero, de 91 años -no está en la exposición pero sí en el proyecto- es la única que ha recuperado los huesos de su padre. Para ella fue el día más feliz de su vida, cuando pudo enterrarlo. El resto de la familia ya no estaba, pero sintió estar viviendo el día más importante de su vida. La gran mayoría nada, muchos no saben ni dónde están los restos de sus allegados».

Ha puesto su granito de arena en la reconstrucción de la memoria histórica. «Muy chiquitito», dice con humildad.

Al preguntarle cómo le ha afectado este proyecto personal y profesionalmente, reconoce que este trabajo es «un antes y un después». «Yo antes llegaba a un sitio, hacía fotos y me iba. En proyectos centrados en temas como la prostitución o la inmigración, por ejemplo. Sabía el nombre del entrevistado -a veces ni eso-, pero no lo conocía. Tenía una charla amigable, me quedaba con una impresión de la persona y ella de mí. Se quedaba ahí la relación. Con este proyecto no, me he quedado. Sí ha cambiado mi forma de trabajar. Y ahora ya no quiero empezar un proyecto en el que no me pueda quedar. Necesito dar un paso más. No es que me cueste despegarme de los proyectos. No soy fría, pero sí tengo esa capacidad. Ahora siento miedo ante lo nuevo. Acabo de comenzar un nuevo proyecto centrado en mujeres migrantes en los asentamientos, y he estado un año en la casilla de salida, sin poder avanzar. Quiero conocer bien a las protagonistas porque forman parte del proyecto... Ahora me exijo más a mí misma y el proyecto en sí también me lo pide», confiesa a 7K.

Tras Sevilla, Huelva es la segunda provincia andaluza más castigada en la Guerra del 36. Trabajadores, campesinos, mineros, pescadores. Y, sobre todo, personas afiliadas a partidos de izquierda fueron objeto de represión. «En la zona rural fue donde más represión hubo», subraya Clauss. Un segundo puesto que también ostenta -tras Granada- en número de víctimas (ascienden a más de 10.000). El 18 de julio de 1936 Huelva y la mayor parte de la provincia se mantuvieron fieles a la República. El 29 de julio las tropas sublevadas entraron para controlar el puerto y evitar que la escuadra, fiel a la República, pudiera dominar el Atlántico y asegurar tanto la desembocadura del Guadalquivir como la comunicación con la Portugal de Salazar, favorable a los golpistas desde el primer momento. “La Guerra Civil en Huelva”, de Francisco Espinosa Maestre, es un título de referencia para quienes desean conocer la realidad que vivió Huelva tras el golpe franquista y la posterior represión. El libro sacó a la luz el pasado oculto aportando numerosos detalles de lugares y nombres de víctimas.

Amenaza seria

El historiador ha solido destacar que esta provincia fue la única que planteó una amenaza seria a Gonzalo Queipo de Llano y sus hombres a menos de veinticuatro horas del inicio de la sublevación, un movimiento iniciado en la zona minera. Todo esto acabó a las puertas de Sevilla, en La Pañoleta, «tras la traición de la Guardia Civil, cuyo responsable, Haro Lumbreras, fue nombrado poco después gobernador militar». Fue responsable directo de la terrible represión ejercida sobre la provincia. Queipo de Llano declaró a mediados de 1937 el estado de guerra en la mitad de la provincia. La represión no acabó hasta 1938, cuando se dio por finalizada la operación con la eliminación de más de 600 huidos documentados hasta la fecha.

En Huelva no hubo guerra civil, sino un plan de exterminio perfectamente organizado desde la cúpula militar golpista. Las cifras son elocuentes. En una provincia que en 1936 tenía poco más de 370.000 habitantes, la represión letal alcanzó -por lo que se ha podido documentar hasta la fecha- a más de 6.000 personas. Sin olvidar el afán por ocultar los crímenes, lo que ha complicado mucho la identificación de víctimas enterradas.

Los fallecidos en la zona no son consecuencia del combate, sino de la represión ejercida por las fuerzas fascistas. Huelva fue un territorio que, a pesar de caer en manos de los sublevados desde el comienzo de la guerra, conoció una represión inusitada. «No hubo combate. Normalmente entraban a un pueblo, en algunos casos había algún escarceo y en otras se alzaba la bandera blanca directamente. Incluso en Nerva. En los pueblos lo tuvieron muy fácil para entrar, no había nadie que los defendiera. Fue todo tan rápido que no les dio tiempo a pensar. No fue el caso de Valencia ni Madrid, en Huelva fue un paseo militar. La gran mayoría de los muertos son represaliados», incide Clauss.

Donde sí hubo cierta resistencia fue en la sierra, debido a la tradición sindicalista de los mineros. «Se lo pusieron más difícil a los sublevados», dice. «A los mineros de la columna que defendían la democracia y que tomaron presos en la Pañoleta les hicieron un juicio y los fusilaron para que la gente supiera lo que les podía pasar si levantaban la cabeza contra el nuevo Estado. Mataron a todos menos a uno, menor de edad. Casi todos procedían de la Cuenca Minera, la zona más sindicalista, y algunos de San Juan del Puerto. El resto, los que quedaron vivos, volvieron a casa corriendo», señala.

Rencillas personales

«Uno piensa que solo es ideología, pero entraban en juego las rencillas personales. Así me lo han transmitido. La alumna de Balbina me contó que un tío suyo fue de los que se montaron en camiones para hacer las matanzas. Su familia lo dejó de lado, nunca le volvieron a hablar. Jamás en la vida. Les pareció de un nivel de maldad bestial. Todos, de alguna u otra manera, estaban vinculados al dolor. Uno nunca sabe qué puede ocurrir hasta que sucede. Yo estoy hablando del pasado, pero mira ahora en Bucha (Ucrania) lo que está pasando. Y no es ni noticia, por desgracia. Ya hemos pasado a Gaza», reflexiona.

En todas las contiendas es la población civil la más damnificada. Y sobre todo las mujeres. Clauss asiente. «En muchos casos las madres fueron las grandes perjudicadas. Algunas perdieron la vida, otras se quedaron sin pareja, y se encontraron con que su sustento había desaparecido y que quedaban señaladas de por vida. Tenían que sacar adelante a su familia en ciudades y pueblos donde no había muchos recursos. Eso es muy complicado. Muchas se dedicaron al estraperlo, porque no tenían formación. En España las mujeres en aquella época no tenían nivel para poder trabajar. La madre de Dominga sí, fue la excepción, entró a servir en casa de unos señores ingleses. El resto se dedicó al estraperlo, con el consiguiente riesgo de que las metieran en la cárcel. Precisamente por eso estaba en prisión Antonio con su madre».

Triple represión ejercida contra las mujeres 

Sobre la mujer existió una triple represión. Una, igual que en los hombres, por su actividad política o sindical durante la República; otra por su relación familiar con hombres significados políticamente que habían sido ejecutados o habían huido; y una tercera por el simple hecho de ser mujeres. «Los hombres huyeron y nadie pensó que la soledad expusiese a las mujeres a hechos tan graves», manifiesta Espinosa Maestre.

Clauss ha creado unos lazos estrechos con las personas a las que ha dado luz a través de su proyecto. Al preguntarle por lo más duro, no duda. «Verlos llorar como niños. Creo que hemos llorado ellos y yo en todas las entrevistas. Muchos de los entrevistados se emocionaban mucho al hablar de sus madres. Guardan un gran dolor. Tú los ves como ancianos, pero yo los veo como niños. Son huérfanos con historias terribles», recalca. ¿Y lo más gratificante? «Que hayan visto que se les da su lugar». Es lo que logran iniciativas como “Donde no habite el olvido”.

 

 

 

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sábado, 17 de enero de 2026

Un Museo al Aire Libre

Si usted es un integrante de la diáspora vasca y está planeando su primer viaje al terruño de sus ancestros le recomendamos ampliamente la lectura de este reportaje publicado por Noticias de Navarra en el que se detallan las obras de arte que se pueden visitar caminando por las calles y plazas de las distintas ciudades y pueblos de Hego Euskal Herria.

Disfruten la lectura y tomen apuntes:


Arte urbano: el gran museo que habita en las calles de Euskal Herria

Desde Bilbao hasta Pamplona, pasando por Donostia y Vitoria-Gasteiz, un recorrido por esculturas y monumentos que cuentan historias, celebran tradiciones y transforman el espacio urbano en un museo al aire libre para locales y visitantes

Iria Lorenzo 

No siempre es necesario entrar en un museo para disfrutar del arte. A veces, basta con salir a la calle y dar un paseo. Las ciudades están llenas de esculturas y monumentos que forman parte del paisaje urbano y que, sin darnos cuenta, conviven con nosotros cada día. Muchas veces pasamos a su lado con prisa, sin detenernos a pensar en su significado, su autor o la historia que representan, simplemente porque estamos acostumbrados a verlas.

En ciudades como Donostia, Bilbao, Vitoria-Gasteiz y Pamplona, el arte urbano ocupa plazas, paseos, parques y riberas de ríos. Algunas esculturas se han convertido en auténticos símbolos de la ciudad, mientras que otras pasan más desapercibidas. Todas ellas cuentan algo: hablan de tradiciones, de acontecimientos históricos, de identidad cultural o de la relación entre el arte y el espacio público. 

Arte junto a la ría

Cuando pensamos en Bilbao, casi de forma automática nos viene a la cabeza el Museo Guggenheim. Sin embargo, no es necesario entrar en él para descubrir algunas de las obras de arte urbano más importantes de la ciudad. Basta con pasear por sus alrededores, junto a la ría.

Una de las primeras obras que llaman la atención es Puppy, la escultura creada por el artista estadounidense Jeff Koons. Se trata de un cachorro de raza West Highland White Terrier, de más de doce metros de altura, cubierto completamente de flores vivas. Situado frente al Museo Guggenheim, Puppy aparece como telón de fondo en innumerables fotografías de turistas y visitantes. La obra está construida sobre una estructura de acero inoxidable y las flores que la recubren cambian según la estación, lo que convierte la escultura en un elemento vivo y en constante transformación. Puppy se ha consolidado como uno de los principales símbolos del Bilbao contemporáneo.

Muy cerca de él se encuentra otra de las esculturas más fotografiadas de Bilbao: Maman (Mamá), de la artista Louise Bourgeois. Aunque los insectos no suelen generar simpatía, esta gigantesca araña de bronce, de casi nueve metros de altura, se ha convertido en una parada obligatoria. La araña es un motivo recurrente en la obra de Bourgeois y, en este caso, representa un homenaje a su madre, que era tejedora. La escultura simboliza la dualidad de la maternidad: protección y amenaza al mismo tiempo. Bajo su abdomen, Maman protege una bolsa de huevos, mientras se sostiene sobre largas patas que recuerdan a arcos góticos.

No todas las esculturas urbanas de Bilbao están ligadas al arte contemporáneo internacional. En el Paseo de Uribitarte, junto a la ría, se encuentra el grupo escultórico Las Sirgueras, obra de la artista Dora Salazar, inaugurado en 2021. La obra está compuesta por cuatro figuras de mujeres de bronce, de unos 2,5 metros de altura, que avanzan arrastrando unas cuerdas o sirgas. Estas esculturas rinden homenaje a las sirgueras, mujeres que en el siglo XIX remolcaban embarcaciones por la ría de Bilbao realizando un trabajo extremadamente duro, mal pagado y socialmente despreciado. Muchas de ellas pertenecían a las clases más humildes y asumieron este trabajo ante la ausencia de hombres, que combatían en las guerras carlistas. Las Sirgueras no solo recuerdan una parte olvidada de la historia de la ciudad, sino que también reivindican el papel de las mujeres trabajadoras y su lucha por la igualdad.

Otra de las obras más famosas de Bilbao es Variante ovoide de la desocupación de la esfera, de Jorge Oteiza. Se encuentra frente al Ayuntamiento y representa un análisis del vacío según el artista. La escultura mide nada más y nada menos que 8 metros de altura y 6 de diámetro, y pesa 6 toneladas. Se realizó en acero para emular a los barcos. 

El mar y la ciudad

Donostia es conocida por su belleza natural, sus playas y su relación constante con el mar. Sin embargo, además de su paisaje, la ciudad cuenta con un importante conjunto de esculturas urbanas integradas en el entorno. Pasear por la capital gipuzcoana es también recorrer algunas de las obras más significativas del arte vasco contemporáneo.

La escultura más icónica es, sin duda, el Peine del Viento, obra del escultor Eduardo Chillida. Situada al final de la playa de Ondarreta, a los pies del monte Igeldo, esta obra fue instalada en 1977 en colaboración con el arquitecto Luis Peña Ganchegui, encargado de diseñar el entorno. El conjunto está formado por tres enormes piezas de acero incrustadas en las rocas, acompañadas de terrazas de granito rosado. El mar y el viento interactúan constantemente con la escultura, especialmente en los días de fuerte oleaje, cuando las olas chocan contra las rocas y el aire sale disparado por unos orificios del suelo, produciendo un sonido muy característico y pulverizando agua sobre los visitantes. El Peine del Viento es un lugar de los símbolos más reconocibles de la ciudad y del arte vasco.

En el paseo de la Zurriola, mirando directamente al mar, se encuentra La Paloma de la Paz, una escultura monumental del artista vasco Néstor Basterretxea. La obra mide siete metros de altura, nueve de ancho y pesa alrededor de cuatro toneladas. Está realizada en hierro recubierto de poliéster blanco. El Ayuntamiento de Donostia encargó esta obra a finales de los años ochenta como símbolo del compromiso de la ciudad con la paz, la libertad y la convivencia. La escultura fue inaugurada el 21 de diciembre de 1988 frente al Golfo de Bizkaia, en la playa de la Zurriola.

Una de las intervenciones artísticas más singulares de la ciudad es Hondalea, de la artista donostiarra Cristina Iglesias, ubicada en la Casa del Faro de la isla de Santa Clara. A diferencia de otras esculturas urbanas más tradicionales, esta obra se encuentra en el interior del edificio y ocupa todo su espacio. 

La instalación está formada por un gran vaso de bronce que recrea de manera artística el fondo marino de la bahía. El agua entra y fluye en su interior siguiendo el ritmo natural de las mareas, creando una experiencia inmersiva para el visitante. El nombre Hondalea, que en euskera significa “abismo en el mar”, hace referencia a la profundidad y al carácter invisible del fondo marino. La obra ha sido concebida como un espacio de reflexión reivindicando la protección del mar y del entorno costero. Además, ha permitido recuperar y poner en valor un edificio que se encontraba en estado crítico, sin alterar el paisaje natural de la isla.

La ciudad cuenta con otras esculturas urbanas muy reconocibles, como Construcción Vacía, de Jorge Oteiza, situada en el Paseo Nuevo y concebida como una puerta abierta al mar, o la escultura del Sagrado Corazón de Jesús, que desde 1950 corona el monte Urgull y domina visualmente la ciudad desde lo alto.

Historia y arte en sus plazas

Vitoria-Gasteiz es una ciudad donde el arte urbano está profundamente ligado a la historia, a la identidad colectiva y a la vida cotidiana de sus habitantes. Sus esculturas no solo decoran plazas y parques, sino que narran episodios clave del pasado y representan símbolos muy queridos por la ciudadanía.

El Monumento a la Batalla, también conocido como Monumento a la Independencia, es el conjunto escultórico más emblemático de la ciudad. Se encuentra en la Plaza de la Virgen Blanca, el corazón de Vitoria-Gasteiz, y conmemora la victoria de las tropas aliadas frente al ejército francés el 21 de junio de 1813, un hecho decisivo en la Guerra de la Independencia contra Napoleón. 

 La iniciativa para levantar este monumento surgió en 1813, aunque el proyecto fue aprobado a comienzos del siglo XX y el concurso lo ganó el escultor Gabriel Borrás Abella. Las obras comenzaron en 1914 y el monumento fue inaugurado el 4 de agosto de 1917.

El conjunto escultórico, realizado en piedra y bronce, se organiza en tres niveles. En la parte superior se alza la figura alegórica de la Victoria, acompañada de símbolos que representan la derrota del ejército napoleónico. En el nivel central aparecen los aliados vencedores, destacando la figura del duque de Wellington, mientras que en la parte inferior se sitúa el general Miguel Ricardo de Álava, aclamado por el pueblo vitoriano.

 Otra de las esculturas más conocidas y queridas de Vitoria-Gasteiz es El Caminante, obra del escultor Juan José Eguizábal. La figura, de 3,5 metros de altura, se encuentra en pleno centro de la ciudad, en la plaza del Arca, en el cruce de las calles San Prudencio y Dato. La escultura fue creada en 1985 y representa a un hombre alto y delgado, de aire moderno, que avanza caminando con gesto reflexivo. Inicialmente se realizó en fibra de vidrio y poliéster, pero en 1989 se fundió en bronce para garantizar una mayor durabilidad. El Caminante simboliza a la persona que llega a la ciudad, se siente a gusto en ella y decide quedarse.

En la Plaza de los Fueros se encuentra el Homenaje a los Fueros, una obra del escultor Eduardo Chillida, realizada en acero y concebida a finales de los años setenta junto al arquitecto Luis Peña Ganchegui. La escultura rinde homenaje a los fueros vascos y a la identidad histórica de Álava. La obra está integrada en un espacio urbano de carácter laberíntico, parcialmente oculto, lo que obliga al visitante a descender y explorar para descubrirla. Esta disposición invita a una experiencia más reflexiva y simbólica, conectando al espectador con el pasado histórico al que hace referencia. Aunque durante años el acceso estuvo limitado, desde 2011 el público puede disfrutar plenamente de este espacio.

Además cuenta con esculturas muy populares como la estatua de Celedón, símbolo de las fiestas de La Blanca y situada en la Plaza de la Virgen Blanca, o el Monumento a Ken Follett, inaugurado en 2008 junto a la Catedral de Santa María, que recuerda la estrecha relación del escritor con la ciudad y su inspiración en el proceso de restauración del templo. 

Tradición, historia y símbolos al aire libre

Pamplona es una ciudad donde la escultura urbana está estrechamente ligada a su historia y a sus tradiciones. Sus calles y paseos albergan monumentos que recuerdan tanto episodios históricos fundamentales como costumbres populares que han dado fama internacional a la ciudad. 

El Monumento al Encierro es, sin duda, la escultura urbana más emblemática de Pamplona. Dedicada a una de sus tradiciones más conocidas, representa con gran realismo y dinamismo una escena del encierro de los Sanfermines a su paso por la calle Estafeta. La obra se ha convertido en un auténtico símbolo de la ciudad y en uno de los puntos más fotografiados por visitantes de todo el mundo. El conjunto escultórico, realizado en bronce patinado, está formado por diecinueve figuras: seis toros, tres cabestros y diez corredores, con un peso total superior a las diez toneladas. Fue concebido por el escultor bilbaino Rafael Huerta como un homenaje a Navarra, su tierra de adopción. 

Otra escultura muy representativa es el Monumento a Ernest Hemingway, situado junto a la plaza de toros. Pamplona rindió así homenaje al escritor estadounidense, cuya novela Fiesta contribuyó decisivamente a la proyección internacional de los Sanfermines. La escultura, obra del artista barcelonés Luis Sanguino, fue inaugurada el 6 de julio de 1968. Está realizada en granito y muestra al escritor apoyado en la barrera de la plaza, vestido con su característico jersey de cuello vuelto, observando una corrida de toros. La obra destaca por su estilo realista y por la cercanía con la que representa al autor, convirtiéndose en un punto de referencia tanto para aficionados a la literatura como para amantes de la fiesta. Existe otra estatua de Hemingway, realizada por el escultor navarro José Javier Doncel, en el Café Iruña que se llama precisamente El rincón de Hemingway, donde te puedes tomar un cocktel y sacarte una foto.

El Monumento a Carlos III el Noble, situado en la avenida que lleva su nombre, rinde homenaje al rey navarro que en 1423 otorgó a la ciudad el Privilegio de la Unión, con el que puso fin a los enfrentamientos entre los distintos burgos de Pamplona y dio origen a la ciudad unificada. La escultura, realizada en bronce por el artista madrileño Francisco López Hernández, representa al monarca en pie, entregando solemnemente el documento del Privilegio. Fue inaugurada en 2004, coincidiendo con el 581 aniversario de aquel acontecimiento histórico.

 Otras esculturas urbanas muy significativas es la Mari Blanca o Beneficencia, situada en los jardines de la Taconera, una elegante alegoría del siglo XVIII, o el imponente Monumento a los Fueros, en el Paseo de Sarasate, que simboliza la defensa de los derechos históricos del Reino de Navarra y es uno de los conjuntos monumentales más complejos y simbólicos de la ciudad. 

Arte mientras andas

Las esculturas urbanas de Bilbao, Donostia, Vitoria-Gasteiz y Pamplona demuestran que el arte no está reservado únicamente a los museos ni a los espacios cerrados. Está presente en plazas, paseos, jardines y calles por las que transitamos a diario, formando parte del paisaje urbano y de la vida cotidiana de quienes habitan estas ciudades.

Cada una de estas obras cumple una función que va más allá de lo estético: algunas recuerdan episodios históricos decisivos, otras rinden homenaje a tradiciones populares o a personajes clave, y muchas se han convertido en auténticos símbolos con los que la ciudadanía se identifica. Sin embargo, la rutina y la costumbre hacen que a menudo pasen desapercibidas, como si siempre hubieran estado ahí y no merecieran una segunda mirada.

 

 

 

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martes, 23 de diciembre de 2025

Pedido de Dimisión

Ese estilo fanfarrón que la derecha utiliza como método - ahí tenemos como claros ejemplos a Trump y a Milei - causaría risa y burla de no ser porque a menudo causa daño.

Y de eso se trata esta información que les compartimos, del daño que la fanfarronería de una representante de UPN y uno de PP han causado a una víctima de agresión sexual.

Lean ustedes lo que informa Naiz:


El equipo de gobierno de Iruñea pide la dimisión de Ibarrola y Adanero por «difundir bulos»

EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin, los grupos que forman el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Iruñea, pedirán la dimisión de Cristina Ibarrola y Carlos García Adanero, portavoces de UPN y PP, por «difundir bulos racistas» tras la violación registrada en octubre.

Martxelo Díaz

Los tres grupos que forman el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Iruñea (EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin) han pedido la dimisión de los portavoces de UPN, Cristina Ibarrola, y PP, Carlos García Adanero, a quienes han acusado de actuar «irresponsablemente» por «amplificar bulos racistas» tras la violación de una mujer en las inmediaciones de la Carpa Universitaria el 23 de octubre. Cuatro hombres fueron detenidos acusados de esa violación, pero tras realizarles pruebas de ADN fueron puestas en libertad por la titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Iruñea. Esta petición de dimisión se realizará a través de una moción que presentarán en el Pleno de enero.

En una inusual comparecencia en la que el alcalde, Joseba Asiron, ha estado acompañado de los portavoces de los tres grupos (Zaloa Basabe –que además es responsable del Área de Igualdad–, Mikel Armendariz y Txema Mauleón), han destacado que «ambos portavoces actuaron utilizando informaciones no contrastadas para armar discursos xenófobos y de odio con los que atacar al equipo de gobierno criminalizando, además, a una parte del colectivo de personas migradas».

Revictimización

Todos ellos han subrayado que los portavoces de UPN y PP no hicieron caso al deseo expreso de la víctima de que no transcendieran datos. Se trata de una premisa del movimiento feminista, la de priorizar los deseos de la víctimas, que Ibarrola y García Adanero no respetaron. «La prioridad absoluta del equipo de gobierno era respetar el deseo de la víctima, que no transcendiera ningún dato», ha subrayado Asiron.

En este sentido, Mauleón ha revelado que en una Junta de Portavoces trasladaron a los representantes de UPN y PP los deseos de la víctima, pero ambos hicieron caso omiso y acudieron a varias televisiones y radios para difundir el mensaje racista, que además difundieron en redes sociales. «Fue una reiteración constante», ha subrayado.

Asiron ha destacado que «la irresponsabilidad» de Ibarrola y García Adanero criminalizó a personas migrantes, revictimizó a la mujer que sufrió la violación, atacó al movimiento feminista y les llevó a pedir la dimisión del concejal responsable de Seguridad, Endika Alonso, y a acusar al equipo de gobierno de «ocultar información». El alcalde de Iruñea ha destacado que los representantes políticos deben actuar con «rigor y contraste» y ha lamentado que los de UPN y PP se basaran en «la mentira y la falsedad».

«Escalada de ruido, especulación y daño irreparable»

Asiron ha explicado que el equipo de gobierno ha guardado silencio hasta el momento por «responsabilidad institucional» y para «no contribuir a una escalada de ruido, especulación y daño irreparable».

«Las barbaridades que estos dos responsables políticos pronunciaron aquellos días son declaraciones sin rigor, sin verificación y alineadas con discursos xenófobos que buscan criminalizar a las personas migradas en un contexto especialmente grave, en el que los delitos y los discursos no dejan de crecer», ha añadido el alcalde de Iruñea.

Armendariz ha pedido que «nunca más se vuelva a condenar socialmente a nadie sin pruebas» y Mauleón ha subrayado que «los delitos no los cometen las nacionalidades sino las personas» y ha lamentado que «el racismo termina condenando a personas inocentes».

Ibarrola: «No se puede caer más bajo que Asiron»

«No se puede caer más bajo en política que Asiron», ha respondido Ibarrola a la petición de dimisión, en declaraciones a los medios en una comparecencia convocada previamente para otra cuestión.

La presidenta de UPN ha acusado a Asiron de «no asegurar la seguridad de miles de jóvenes en la Carpa», añadiendo que «no se preocupó por conocer el dispositivo policial y se salta el protocolo de agresiones sexuales».

García Adanero: «Es miserable»

«Asiron y su equipo no están en condiciones de pedir la dimisión de nadie siendo quienes son», ha señalado García Adanero.

«Resulta inaceptable que el equipo de gobierno haya manejado información relevante mientras se la ocultaba deliberadamente a la oposición. Utilizar información privilegiada en un caso de extrema sensibilidad y ocultarla al resto de grupos municipales es una práctica políticamente miserable», ha afirmado.

El PSN apoya la petición de dimisión

El PSN ha anunciado que en el Pleno de enero votará a favor de solicitar la dimisión de Ibarrola y García Adanero.

«En un caso tan grave, la prioridad absoluta debe ser proteger a la víctima y encontrar al agresor, todo los demás es ruido político que no ayuda ni a la justicia ni a la convivencia», ha señalado su portavoz, Marina Curiel, en una nota.

«La prioridad debe ser siempre la protección de la víctima, el rigor informativo y el respeto institucional, y no no la búsqueda del rédito político interesado», ha añadido Curiel.

 

 

 

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sábado, 15 de noviembre de 2025

El Feminismo y la Tortura

El feminismo burgués por fin comienza a ver en dirección de las represaliadas políticas vascas.

Solamente les tomó catorce años desde la Declaración de Aiete y siete años desde que culminase el Proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción de ETA en Kanbo.

Pero como dice el dicho, más vale tarde que nunca.

Esto es lo que nos reporta Naiz en el caso de la tortura sufrida por la víctima de terrorismo de estado Iratxe Sorzabal:


Colectivos feministas apoyan a Iratxe Sorzabal y denuncian la «tortura sexista»

Diversos colectivos feministas, sociales y sindicales han denunciado este jueves la tortura ejercida durante años en Euskal Herria y han expresado su apoyo a Iratxe Sorzabal, que ha solicitado reabrir su caso tras el reconocimiento judicial de que sus autoinculpaciones fueron obtenidas bajo tortura.

Ibai Azparren

Euskal Herriko Bilgune Feminista, junto a una decena de agentes feministas, sociales y sindicales, ha comparecido este viernes en la librería Katakrak, en Iruñea, para denunciar la «tortura sexista» ejercida durante años en Euskal Herria y mostrar así su apoyo a Iratxe Sorzabal, después de que la  presa vasca haya solicitado reabrir su caso de torturas tras el reconocimiento judicial obtenido este año.

La comparecencia se produce tras la decisión de Sorzabal de interponer una denuncia para que se investigue a los agentes responsables de las torturas que sufrió en 2001 en dependencias policiales españolas. Una sentencia de la Audiencia Nacional española, dictada mayo, declaró nulas sus autoinculpaciones al considerar acreditado que fueron obtenidas bajo tortura y absolvió a Sorzabal. Según recuerdan los colectivos convocantes, era la primera vez que un tribunal español reconocía de forma tan explícita torturas en un caso relacionado con militancia política.

A juicio de las organizaciones feministas, resulta «inadmisible» que, reconocido judicialmente el uso de métodos de tortura, no se haya abierto ninguna investigación penal para depurar responsabilidades. De esta manera, han citado a Naciones Unidas para recordar que los delitos de tortura no prescriben porque «los efectos de la tortura son permanentes y, por tanto, el delito que los motivó también lo es».

En la declaración, las portavoces han afirmado que la violencia machista «tiene un sinfín de caras» y situado la tortura ejercida por cuerpos policiales españoles y franceses «bajo el paraguas de la violencia machista». Así, han criticado la «negación y tergiversación» de ambos Estados respecto a estas denuncias y asegurado que la tortura se aplicó «sistemáticamente contra las mujeres acosadas por motivos políticos».

«Control político y patriarcal»

Las portavoces han denunciado que la tortura contra mujeres y militantes independentistas de izquierdas ha sido una «estrategia de control político y patriarcal» y que las mujeres presas políticas vascas sufren una «doble violencia»: por ser mujeres y por su militancia.

De este modo, han descrito las formas de tortura ejercidas durante periodos de incomunicación, como «amenazas de agresiones sexuales, interrogatorios desnudos, tocamientos, cuestionamiento de la orientación sexual, violaciones, torturas psicológicas, burlas y vejaciones o menosprecios sufridos como militantes políticas».

De acuerdo con estos colectivos, estas agresiones tienen como objetivo «reforzar la discriminación sexual, base del patriarcado, y afectan directamente a la integridad física y psicológica de las mujeres».

«La tortura es una manifestación más de la violencia machista contra las mujeres, apoyada durante años por los estados», han subrayado, algo que tiene que ver con «el sentido patriarcal de la justicia», manifestado en procesos, detenciones, condenas y en los propios juicios.

«Alejar a las mujeres de la participación política»

Para Bilgune Feminista y el resto de colectivos, la tortura se utiliza como herramienta para alejar a las mujeres de la participación sociopolítica. En el independentismo de izquierda, han proseguido, las mujeres han adquirido «un compromiso político», y esta participación ha sido sancionada «específica y especialmente en el caso de las mujeres militantes».

De esta manera, han recordado que las declaraciones realizadas bajo tortura han servido de prueba en numerosos juicios, lo que ha alargado los procesos en la mayoría de los casos. «Al fin y al cabo, esa también es otra forma de aplicar la tortura. Lejos de ser un fantasma del pasado, hoy en día las consecuencias de la tortura siguen siendo bastante evidentes en Euskal Herria, y por sus declaraciones bajo tortura siguen en prisión varios presas políticas vascas», han indicado.

Los colectivos han reclamado que las mujeres que han sufrido «torturas políticas sexuales» sean tenidas en cuenta en la lucha por la paz y la justicia, y han destacado la necesidad de avanzar hacia la verdad, la justicia y la reparación.

Además, han subrayado que es necesario que el movimiento feminista incorpore esta cuestión en la construcción de una memoria colectiva y en el futuro de Euskal Herria. «Las consecuencias que nos deja la tortura son muy variadas y tenemos que disponer de los medios y condiciones para combatirlas y posibilitar los procesos de recuperación. Politizando estos procesos y entendiéndolos como aportaciones políticas», han sentenciado.

Entre los colectivos firmantes figuran Euskal Herriko Bilgune Feminista, Euskal Herriko Gazte feministak, Indarkeria sexistaren aurkako emakumeon paltaforma (Iruñea), Emakumeon Mundu Martxa, Steilas, LAB, ESK, ELA, Torturatuen sareak y Egia Zor.




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sábado, 25 de octubre de 2025

Egaña | Jone

Una mirada a las mujeres de un pueblo en lucha cortesía de nuestro amigo Iñaki Egaña por conducto de este texto que ha compartido en Facebook:


Jone

Iñaki Egaña

Hace años comencé una colaboración mensual con una revista local en euskara. ¿De qué escribir, de quién? Ahora que tenemos el mundo patas arriba, no sería complicado elegir el tema, pensé. Quizás como una redención, escogí lo que me era más dificultoso. Reescribir más que escribir. Y como toda la vida la había dedicado a contar nuestro pasado, en particular el más cercano, comencé a relatar historias de mujeres que nos habían dejado, de mi ciudad Donostia, y que lo habían hecho sin apenas la mayoría percibirlo. Como parte de esa comunidad que concentramos historias y relatos, me sentía en deuda con todas aquellas a las que habíamos hurtado su partida del anonimato. Porque a estas alturas del curso vital, las constataciones retumban con fuerza. Las narrativas, como casi todo en la biblioteca de la vida, están descritas por hombres. Que conscientemente, la mayoría de las veces, inconscientemente las menos, han descrito un escenario virtual, alejado de la realidad. Elegí su emancipación, con humildad, ahuyentando la tentación de la pedantería y el paternalismo, muy habituales entre nuestra generación que está a punto de caducar. No sé si lo he logrado.

Estas semanas, coincidencia, he devorado uno de esos libros que necesitas pausarlo para asimilar su contenido, de los que te hacen estallar la cabeza. Tiene más de 700 páginas y su exhaustividad ha sido la causa de mi lectura sosegada. The Guardian, de su versión original en inglés, decía “El libro explora cómo la biología femenina moldeó la historia y la cultura humanas”. Efectivamente, Cat Bohannon, su autora, y en la versión en castellano que es la que he leído (“Eva: Descubre cómo el cuerpo femenino impulsó la evolución humana”), nos pone patas arriba lo que hasta ahora habíamos absorbido, al menos en mi caso. No es ficción y no me atrevo a catalogarlo como ensayo, sino más bien como ciencia. Jamás le darán un premio nobel, en estos tiempos de retroceso con los nostálgicos del supremacismo de género envalentonados.

Me sorprendió en las últimas páginas del libro de Bohannon la confidencia de la decisión de Jone Forcada Adarraga de concluir su ciclo biológico. Acorde con su forma de ser. Desde su vuelta del exilio en 1977, en compañía de su pareja Txillardegi y sus cuatro hijos, Jone fue una activa militante en numerosas causas, universales, nacionales y locales. Quienes comparecemos en Donostia desde antaño, damos fe de ello. Su biografía está repleta de referencias en ikastolas como andereño, en el nacimiento de la asociación Euskal Herrian Euzkaraz… pero también sabemos que, en esas iniciativas que apenas tienen un breve espacio noticiero, Jone también estaba ahí. Por esas intricadas asociaciones que hacemos, uní mi lectura con la ida de Jone.

Contaré una anécdota para que quienes no la conocieron sepan de su naturaleza. Hace unos quince años, preparaba un libro sobre el exilio vasco para Euskal Memoria y realicé unas cuantas entrevistas. Tenía a Txillardegi a mano, para que contase su periplo desde 1961, pero quise que fuera Jone quien me diera una visión diferente del mismo medio que había compartido. Le grabé unas cuantas sesiones y me impresionó su fortaleza, a la que apenas daba importancia, y ese trasiego por varios países y cerca de 20 viviendas que había compartido con su familia en esos 16 años de destierro obligado. Cuando supo que finalmente su entrevista y otras, así como investigaciones y relatos compondrían el trabajo (Iheslariak. Exilio vasco 1936-2015), me pidió que su entrevista no saliera a la luz, ni siquiera reducida. Su argumento: habían sido decenas de miles los expatriados y ella no quería sobresalir de entre ellos. Una más en un drama colectivo. Y la entrevista quedó guardada en el archivo de nuestra memoria, en los registros que algún día verán la luz en esa colección nacional de quienes nos han hecho ser como somos.

No sé si tengo permiso para contarlo, pero lo voy a hacer. Jone era consciente de que la lucha que también llevaba por la normalización de la eutanasia, como derecho a morir dignamente, exigía hacer pública su decisión a través suyo. Finalmente permitió a su familia que, una vez se fuera, diera a conocer su decisión de morir en aplicación del protocolo de eutanasia. Jone accedió también a despedirse, unos días antes, de Kristiane Etxaluz. Compartieron mesa. Habían sido compañeras de decenas de crónicas, inescrutables y otras conocidas. Jone, desde su exilio familiar. Kristiane en una pelea permanente desde su recodo de Domintxaine, con idas y venidas a Sao Tome, donde fue deportada su pareja, Alfonso, el autor de aquella descripción que plasmó en un libro con el título de “La guerra del 58”. Y días más tarde, en la mañana de su despedida, Jone acompañó su marcha con un “capricho” especial, muy donostiarra por cierto, chocolate con churros. ¡Cómo no vamos a sobrevivir, incluso un día quizás alcanzar la antesala de la utopía, con estos mimbres!

Somos un conjunto de sistemas, unidos en galaxias esparcidas en miles de millones de ese universo al que nos dicen pertenecemos. En este vértigo sideral, la grandeza de las nuestras se aferra a un pedazo de tierra invisible desde la lejanía, unos compromisos que circulan de generación en generación y en articular una comunidad que nos ha seducido. Yo, al menos, no puedo pedir más. Pero tenemos una narrativa repleta de hombres y no hemos hecho justicia, me incluyo, a quienes, como escribía Bohannon, moldearon nuestra historia y nuestra cultura. Ellas. Jone, también Kristiane que nos emocionó en el Anaitasuna, y aquellas que nos han abandonado también recientemente, silenciosas en sus espacios. Antonia Manotas, Arantza Arruti, Mila Idiakez, Grazi Etxebehere, Izaskun Ugarte… Otras militantes como Maddi, Bakartxo o Belén o madres de todo un pueblo, Maritxu Pagola, Blanca Antepara, Joxepa Arregi. Miles. ¡Subversivas, por qué no!. Y a todas ellas, con el permiso de su círculo familiar, en especial a Jone, el añadido de una dedicatoria que reproduzco de la canción de Miren Amuriza y Maddalen Arzallus, “Maite zaitut, ama”.

 

 

 

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jueves, 15 de mayo de 2025

Entrevista a Mizgîn Ronak

Con la declaratoria del cierre de ciclo del PKK como escenario, les presentamos esta entrevista a la represaliada política kurda Mizgîn Ronak, misma que ha sido publicada en el portal de la EHU.

Adelante con la lectura:



Invitada por la UPV/EHU, la escritora kurda Mizgîn Ronak visita por primera vez nuestras tierras. A los 18 años fue condenada a cadena perpetua por su implicación en la causa kurda y tras 30 años encarcelada fue liberada en 2021. Seis de sus siete libros, así como innumerables artículos los publicó desde prisión. El viernes 16 de mayo, en Bizkaia Aretoa, tendremos el privilegio de escuchar sus experiencias, su compromiso con la lengua y la literatura kurdas, la lucha diaria de las mujeres por sus derechos...

¿Cuándo empezaste a escribir y en qué situación?

Nací en un hogar kurdo muy familiar. Mi padre es profesor de literatura y mi madre viene de una familia kurda dengbêj (intérpretes de un género musical tradicional kurdo). Libros, bolígrafos, canciones y papeles fueron mis compañeros de infancia. Escribí mi primer poema a los 9 ó 10 años. Y lo hice en una lengua prohibida que no se enseñaba en la escuela. Teníamos que esconder los libros e impresos kurdos literalmente bajo tierra. Después fui condenada a cadena perpetua, así que seis de mis libros e innumerables artículos se publicaron mientras estaba en la cárcel. Mis libros y mis lectores y lectoras estaban en un mundo luminoso, mientras yo vivía un infierno. Ni siquiera podía saludar a la Mizgîn Ronak de los libros y los lectores, éramos, tal vez, extrañas la una para la otra.

¿Cuándo y de qué manera tuviste conocimiento de la existencia del País Vasco y su lengua?

La primera vez que oí hablar del País Vasco fue por las acciones de ETA. Entre los kurdos solíamos decir que luchaban por su lengua y por el resto de sus derechos. Mientras estuve presa en la cárcel, pude investigar y conocer, gracias a la lectura de libros, que la lengua vasca tiene sus propias características históricas. El pueblo vasco consiguió hacer realidad sus sueños y salvar su lengua de una muerte segura. Por eso sentimos el País Vasco como un hermoso y lejano país que también es nuestro. Un país que hizo que volvieran a brillar las estrellas en el cielo.

¿Cuál es la situación y el desarrollo de la literatura en la lengua kurda en las últimas décadas?

La lengua kurda se encuentra sometida a un mecanismo de asimilación y vive una realidad vergonzosa: sin escuelas que la enseñen, sin estudiantes, sin futuro... Y por si todo eso no fuera suficiente, sufre también un proceso de autoasimilación, ya que casi nadie habla en kurdo y en cuanto las niñas y niños empiezan la escuela se olvidan de su lengua. También la televisión y los medios digitales colaboran con la asimilación. Hablar kurdo se ha convertido en algo marginal. Si no se toman pronto las medidas necesarias, la situación del kurdo solo puede empeorar.

Hemos sabido que el pueblo kurdo ha dado grandes pasos en las últimas décadas para mejorar la situación de la mujer, ¿qué impacto ha tenido en el ámbito cultural y literario?

Desgraciadamente, como el mecanismo de asimilación afecta a todo y a todos los campos, los logros literarios y culturales no son equivalentes a los logros en otros campos. Además, casi todos los kurdólogos son hombres.

Sin embargo, contamos con un cierto número de mujeres escritoras en kurdo y creo entre todas conseguiremos progresar. Además, la proporción de mujeres activistas en el ámbito lingüístico está aumentando.

 

 

 

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domingo, 16 de febrero de 2025

Gil de San Vicente | La Tortura como Ética

Desde el portal de Resumen Latinoamericano traemos a ustedes este magnífico texto de Iñaki Gil de San Vicente en el que el autor vincula la práctica de la tortura con el concepto de posesión dentro de las coordenadas del capitalismo.

Adelante con la lectura:


La tortura como ética de la propiedad

Iñaki Gil de San Vicente

Sí, porque hay una violencia reaccionaria –que sufrimos, muchas veces sin darnos cuenta, en toda la trama de nuestra vida– y una violencia revolucionaria que constituye un motor esencial de la liberación. Pero la tortura es siempre reaccionaria. Tortura no. Nosotros no, Nunca, nunca jamás.

Alfonso Sastre. «Palabras sobre la tortura». Testimonios de lucha y resistencia. Eva Forest. Yeserías 75-77. Hordago. Donostia 1979. Pp. 24-25.

La tortura es uno de los pilares de la ética de la propiedad en cualquiera de sus formas. Uno de los mejores ejemplos de lo que es la tortura moral, psicológica, afectiva emocional…, la encontramos en el mandato de Yahvé a Abraham para que sacrificara a Isaac, su bien amado hijo único. Viendo su obediencia absoluta, Yahvé le eximió de ese crimen odioso. El mejor ejemplo de tortura material y moral extrema lo tenemos en la crucifixión de Jesús que desesperado llegó a gritar: «¡Padre, ¿por qué me has abandonando?!». Pese a la irrealidad de estas creencias fantasiosas, lo cierto es que muestran una práctica innegable en aquellos tiempos: las pieles de centenares de prisioneros despellejados vivos por los asirios. Ya entonces, la tortura era el método común para obtener información vital con la que mantener el poder y acumular propiedad.

Todo esto viene a cuento porque se ha presentado Euskal Herriko Torturatuen Sarea para, entre otros objetivos, avanzar en la «batalla por el relato» o mejor decir, erradicar la mentira y la propaganda mediante la verdad y la ética emancipadora, batalla cada vez más importante en la medida en que el imperialismo franco-español perfecciona día a día su propaganda y su manipulación con métodos que nos recuerdan a la guerra cognitiva. Lo que se llama equívocamente «relato», expresión peligrosamente ambigua por el neutralismo que palpita en su interior, debe ser el esclarecimiento de la verdad histórica sobre la práctica sistemática de la tortura por el capital. La verdad siempre es revolucionaria y todo comunista vasco y por ello mismo independentista, ha de actuar en esta batalla sobre todo quienes cargamos sobre nuestro cuerpo y nuestra mente la atrocidad legalizada.

Pienso yo que una cualidad de Euskal Herriko Torturatuen Sarea debe ser la de acercar y relacionar a todas las personas que hemos sufrido ese infierno para pensar colectivamente hasta dar con el secreto último del terror, secreto que se materializa en las mil formas que adquiere desde la simple amenaza e insulto hasta la desaparición forzada que extiende de por vida, la tortura emocional y aparentemente invisible al entorno de la víctima. Muy en síntesis, hay tres grandes interpretaciones de la tortura con sus variantes y mezclas: Una, la democraticista burguesa de los DDHH abstractos y vacuos que a lo máximo que llega es a admitir que la tortura es un «error» cometido por una minoría sometida a enormes presiones que terminan justificando su «error». Grande Marlaska, ministro de represión, y Baltasar Garzón, saben mucho de esto, entre otras centenas de personas. Dentro de esta interpretación tenemos al colectivo Gogora, arma del poder, obstinado en eximir de toda responsabilidad a criminales nazi-fascistas y a otras jaurías.

Dos, la reformista que dice que la tortura no es un «error» sino una «ilegalidad» que debe ser castigada por la «democracia» para que no vuelva a repetirse. El reformismo no quiere destruir la sociedad capitalista y su ética de la propiedad, no lucha a diario contra el núcleo esencial de la tortura que no es otro que la reducción de las clases y naciones oprimidas a simple fuerza de trabajo explotable a placer, a mercancía que debe ser exprimida hasta su último aliento de vida aplicando varias formas de tortura cuando sea necesario, entre ellas la «tortura blanca», cotidiana y normalizada. A lo máximo que llega este reformismo es a pedir una «mejora de la ley» para aplicarla a los torturadores pero siempre dentro de una estrategia de «alianzas colaborativas» con el capital.

Y tres, la que aquí se intenta exponer sucintamente, sostiene que, en sí, la tortura es la expresión más dura de la omnipresente y pluridimensional relación social de opresión y dominación indispensable para que el capital intensifique la explotación de la fuerza de trabajo. Pero por ello mismo, la tortura se diversifica en intensidades, niveles y especializaciones, sobre todo las aplicadas sobre y contra las mujeres y las naciones oprimidas; en síntesis: contra las mujeres de las naciones oprimidas. El racismo y el odio actúan en su máxima inhumanidad en estos casos, mostrando sus relaciones con el sadismo y las frustraciones e impotencias sexuales de torturadores. Desde los tiempos antiguos se ha violado vaginal y analmente, por ejemplo, pero bajo la dictadura del capital adquieren otro sentido porque lo que está en juego es la nueva tortura para garantizar la productividad del trabajo en todos los sentidos para reforzar la disciplina laboral y socio-política. Se viola legalmente a la mujer en el domicilio como expresión menor de la violación en comisaria a la revolucionaria que lucha por la independencia de clase de su pueblo; se viola analmente al luchador como muestra de la virilidad invencible del machismo imperialista que ha «feminizado» a la nación ocupada que debe ser pasiva y sumisa, que debe aceptar que sólo la democracia patriarco-burguesa del Estado dominante puede atender sus reivindicaciones, si no son comunistas.

En Euskal Herria aún hay tres personas desaparecidas por los diversos cuerpos represivos. La desaparición forzosa es un salto cualitativo en la tortura porque la extiende en el espacio y en el tiempo durante varias generaciones. Mientras no se encuentren sus cuerpos los allegados, las personas que conoció y hasta la cultura y la memoria de varias generaciones posteriores sufrirán la forma más sibilina e inhumana de tortura psicológica destinada a desarraigar toda memoria y conciencia mediante el pánico inconsciente introyectado con el silencio y la mentira del poder. Los espartanos conocían perfectamente el abismo insondable generado por esta tortura cualitativa cuando hicieron desaparecer en la silenciosa oscuridad a unos dos mil esclavos ilotas irreductibles hasta entonces que habían creído en sus promesas de «normalización democrática» dicho en términos actuales, según explica Tucídides hace más de dos mil quinientos años. Un estudio de finales del siglo XX mostraba cómo aún en pueblos de Gipuzkoa la memoria colectiva seguía amputada por los fantasmas de los desaparecidos en la invasión de 1936-1944. El que esto escribe se enteró muy tarde que un hermano de su aitona había sido «desaparecido» por los fascistas y su cuerpo arrojado al Cantábrico.

La ética capitalista empezó a formarse en el siglo XVII alrededor del principio de la productividad del trabajo: era bueno y justo lo que la impulsaba y era crimen, pecado o aberración lo que la frenaba u obstruía. La propiedad comunal heredera del comunismo primitivo, fue arrasada en sangre, terror y hambre para privatizarla en propiedad burguesa que acumulaba capital, armaba ejércitos y formaba maestros y predicadores, también creaba la prensa del poder, empezando por la Gazatte de France en 1631 bajo la supervisión de Richelieu. Todas las violencias y torturas eran bien venidas para impulsar la civilización de la plusvalía. La máxima rentabilidad en el menor tiempo posible sin reparar en los desastres ulteriores, era y es la base oculta de la ética burguesa una de cuyas expresiones es el pragmatismo; cualquier otra excusa es mentira deliberada para ocultar la dictadura de la ley del valor y del trabajo abstracto.

Las formas concretas de tortura y la tortura en general precapitalistas son adaptadas y enriquecidas en su efectividad para las necesidades burguesas: no desaparecen del todo, sino que las menos actuales son guardadas en los archivos de la pedagogía del miedo para ser recuperadas por el fascismo cuando sea necesario. Se trata de la dialéctica de la negación de la negación también vigente en el terrorismo de la propiedad. Sólo así entendemos lo que sucede en el genocidio sionazi contra Palestina, en los crímenes ucronazis de la OTAN contra las Repúblicas Populares del Donbass desde 2014 hasta muy recientemente, en las masacres del Congo y tantos otros países provocadas por el imperialismo… ¿Cuántas torturas lleva sufriendo el pueblo saharaui? ¿Acaso las sanciones y aranceles no son formas nuevas de tortura invisible que destrozan la vida de los pueblos rebeldes? ¿Acaso no es una nueva tortura contra el pueblo trabajador el precio impagable de la vivienda? Sólo el tránsito revolucionario de la propiedad burguesa a la socialista y comunista, acabará con la tortura.

 

 

 

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domingo, 26 de enero de 2025

Egaña | La Estrategia de las Violaciones

Cada vez que el estado español o un medio de comunicación afín habla acerca de las actividades armadas de ETA siempre reducen las estadísticas de la violencia a los muertos y heridos causados por ETA así como la de las bajas en el campo abertzale, sin mencionar la autoría de estas.

Nunca se habla de otras estadísticas, como por ejemplo, la de la cifra de los torturados.

Mucho menos se va a hablar de la violación como un arma más en el arsenal represivo en contra del derecho del pueblo vasco a su autodeterminación.

Por lo anterior es que se hacen tan necesarias voces como la de Iñaki Egaña, quien ha compartido el siguiente reporte en su perfil de Facebook:


La estrategia de las violaciones

Iñaki Egaña
Este enero se han cumplido 45 años de la violación y muerte de Ana Tere Berroeta en Loiu y en junio el mismo aniversario recordará a Mari José Bravo en Donostia. Ana Tere tenía 19 años y Mari José 16. Javi Rueda, el compañero de Bravo, fue apaleado cuando intentaba defender a la adolescente, y dejado por muerto. Revivió pero a consecuencia de las heridas falleció años más tarde. Las muertes de ambas mujeres fueron reivindicadas por el BVE, la marca estatal que en 1983 fue sustituida por la de los GAL.

En ese periodo se produjeron más violaciones en las que, en algunas de ellas, los denunciados fueron agentes policiales. Las violadas sobrevivieron. También hubo varios casos de denuncias de violaciones en comisarías, en situación de custodia policial. Tras las denuncias, sus nombres se difundieron en los medios de comunicación. Pero las denuncias no tuvieron recorrido judicial. Una de ellas fue declarada incluso en un juicio en 1988 que tuvo lugar tras una detención . En el litigio, en el que la acusada fue imputada por ser militante de ETA, la fiscal Carmen Tagle, ejerció de juez y testigo a la vez, afirmando, por toda prueba, que el aspecto de Begoña no era el de una mujer violada. Hubo también situaciones que sugirieron haber sido preparadas en un despacho de expertos en contrainsurgencia. También en 1988, durante un largo secuestro por ETA de un empresario madrileño, los medios y la Policía cargaron las tintas sobre un miembro del comando que retenía al industrial. Y con la intención aparente de que el clandestino abandonara su escondite, dando pistas de donde se hallaba retenido el secuestrado, el hijo del militante sufrió un intento de violación, en su localidad natal, a 500 kilómetros de Madrid.

Estos casos ya fueron amparados explícitamente por el informe del Gobierno Vasco de 2008 "Víctimas de vulneraciones de derechos humanos derivados de la violencia de motivación política", bajo el epígrafe de violaciones sexuales de mujeres "con reivindicación política". En dicho informe, asimismo, se recogieron casos de detenidas en dependencias policiales que denunciaron haber sido violadas o agredidas sexualmente en el transcurso de su arresto. Y algunas de esas denuncias no estaban alejadas en el tiempo tanto como las de Ana Tere o Mari José, sino que pertenecían al siglo XXI. También impunidad, esta vez judicial, porque otra institución, como en este caso el Gobierno de Gasteiz ya las había señalado.

Las fuentes de todas esta crónicas son varias. Las diligencias judiciales, a las que no tenemos acceso, y cuando lo haya, la ley de protección de datos que obliga a que la petición deba ser realizada por la víctima. Muchas no quieren revivir el terror y otras, bilógicamente, no están entre nosotros. También los archivos históricos en los que están alojados los informes diarios de Guardia Civil, Policía y gobernadores. Pero en ellos nos encontramos con tres problemas. El primero, que en caso de resolución, únicamente aparecería el nombre de la víctima y el resto de nombres estaría tapado con tachones para encubrir generalmente a los victimarios. El segundo, los 50 años que deben haber transcurrido, por ley, entre el hecho y la petición de información. Y el tercero y más doloroso, que las cuestiones relacionadas con violaciones de derechos humanos (torturas, abusos sexuales, ejecuciones extrajudiciales…) no aparecen en los informes que los propios policías confeccionan. Lo digo con experiencia, revisando legajos anteriores a 1974. Y en supuesto caso de posibilidad de acceso a información relevante que desvele alguno de estos acontecimientos, la franquista y a pesar en vigor, el muro de la Ley de Secretos Oficiales.

En la investigación popular, al margen de la hemerotecas, fue el exhaustivo trabajo del abogado Miguel Castells -todavía en activo a sus 93 años- que recogió las transgresiones de derechos humanos del Estado español en Euskal Herria, incluidas las violaciones, que le llevaron a una conclusión compartida por gran parte de nuestra sociedad: la actividad paramilitar estaba diseñada desde el Estado. Fue condenado por este trabajo por los tribunales españoles y el de Estrasburgo le dio la razón en 1991, lanzando una nueva andanada contra la estrategia negacionista de los Gobiernos españoles.

Más recientemente, Argituz presentó un nuevo informe “Mujeres violadas con reivindicación política por grupos parapoliciales”, que refiere el periodo que fue de 1977 a 1980 y recoge casos particulares, en los que destacan que antes de ser violadas, algunas víctimas sufrieron un interrogatorio sobre miembros de ETA. Sin embargo, las instituciones y los estudios académicos han pasado de puntillas sobre este tema, al margen de los trabajos y esfuerzos citados. Si la lectura debe se integral, aún tenemos un debe enorme.

Gracias a estas fuentes, hoy conocemos que hubo varios localidades que concentraron la mayoría de las agresiones sexuales: las cuatro capitales de Hego Euskal Herria y otros puntos menores como Bermeo, Orereta o Irun. Las violaciones tuvieron lugar en escenarios donde también se produjeron otro tipo de represiones tanto asumidas por el Estado (torturas, secuestros) como negadas (acciones paramilitares). El modus operandi de los victimarios fue muy similar a pesar de la distancia entre localidades. En todos los casos, los violadores exhibieron sus armas para coaccionar a las víctimas. Lo más llamativo del tema reside en que casi la totalidad de las manifestaciones por esas agresiones sexuales fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad españolas, provocando heridos.

Al hilo de los testimonios, Mai Etxamendi, compuso y cantó una canción junto a su padre Eñaut (el de la mítica pareja Etxamendi eta Larralde), titulada “Zure kontzertu batez (1980)”: “Errenteriritk bost gizon dira heldu/ Bostek ninduten hortxet inguratu/Kristianoz ninduten deshoratu/Joak labanez sarraskitu/Nintzalarik lurreratu/Bostek ninduten biolatu”. 




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