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viernes, 1 de julio de 2022

Egaña | El Pacto de Marrakech

Traemos a ustedes la reflexión de Iñaki Egaña acerca de la masacre de migrantes perpetrada en Melilla en días recientes. Para ello, Iñaki nos recuerda la impunidad de la que gozaron los autores intelectuales y materiales de una masacre de migrantes anterior, la ocurrida en la playa de Tarajal.

Como acostumbra, es implacable con sus planteamientos.

Adelante con la lectura:


El Pacto de Marrakech

Iñaki Egaña

Las decenas de muertos intentando salvar la valla de Melilla que separa a dos reinos, el de España y el de Marruecos, han desvelado, una vez más, la actitud xenófoba e inhumana de quienes dirigen los designios en esta ocasión de la política migratoria de la Unión Europea. Sin las imágenes de la tragedia, las mentiras y justificaciones de Madrid y Rabat habrían pasado por medias verdades. Con la muerte al frente de las lentes de celulares y cámaras, sin embargo, las declaraciones, en especial las del presidente español Pedro Sánchez, han sido un hito más en la apología inacabada de esa violencia que defienden los poderes económicos para mantener su estatus.

No hay más hipocresía que la del freno a la migración. Somos una más de las especies que se expandieron por el planeta, cuando únicamente ríos y montañas hacían de muga a la propagación. Nada nuevo durante milenios: hambrunas, guerras, cambios ambientales, saturación de hábitats, transformaciones sociales. Si no llega a ser por una sostenida y considerable evolución en ciertos ecosistemas africanos hace un puñado de millones de años, aún compartiríamos las copas de los árboles con chimpancés, bonobos y gorilas. Obviamente sin la nominación humana. Seríamos algo así como “chimpabobos”. Nos quitaríamos las garrapatas en grupo, comeríamos bayas y hormigas, nos masturbaríamos frente a los baobabs y aprenderíamos diversos gritos comunales para anunciar el peligro. ¿Internet? ¿Viajar a las estrellas? ¿Shakespeare o Bach? Alucinaciones con peyotes y monguis.

Durante siglos, las elites conformaron escenarios cerrados para someter a sus súbditos. Con posterioridad, cuando nacieron los estados, los más poderosos aspiraron a tener más terrenos y más siervos que sus vecinos. Incluso poblaron sus pertenencias con presos, desplazados, migrantes y llegaron a conformar el estadio actual. Banderas, himnos, patrias, sentimientos de cohesión y… fronteras. Continuó mientras el despojo, especialmente en la época colonial. Migraciones de todo tipo inflaron y desinflaron espacios. Ahora no son sino letras del pasado, agua que inunda océanos. Hoy estamos al borde del precipicio.

Así, las migraciones han tomado un camino ya irreversible. No podemos hacer comparaciones con épocas pasadas, ni siquiera con aquellas que llevaron a nuestros antepasados a sobrellevar el mayorazgo, evitar el servicio militar o buscar alimento. Dicen que Chile fue poblado en un alto porcentaje por aquellos vascos que marchaban de su hacienda. Hoy, no existen tierras vírgenes, ni indígenas a los que robar y despojar de sus dominios. El planeta está globalizado por una elite económica que saquea a espuertas.

Empresas norteamericanas expolian los bosques centroamericanos para sus centros de comida basura. Rothschild se hace con parte de nuestras viñas en la Rioja, Monsanto compra tierras en medio mundo, siempre en la periferia, y Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Credit Suisse y otros adquieren reservas de agua en Brasil, Ecuador o Perú. Empresas belgas, norteamericanas y alemanas se hacen con el coltán en Congo para fabricar los smartphones, mientras que, en Malí, más de 2.000 civiles han muerto en los últimos meses en atentados yihadistas incitados por Occidente.

Y, en ese saqueo, han mantenido reglas medievales. Más de cinco millones de ucranianos se han exiliado tras la invasión del Ejército ruso. Esparcidos por Europa, han sido bienvenidos y apoyados en su éxodo. Son blancos, arios. Millones de desplazados por otras invasiones, en cambio, son sistemáticamente rechazados. Sirios, yemeníes, libios, malienses… son el reverso. Expulsados como si se tratara de demonios. Denigrados y hace unos días en la valla de Melilla ajusticiados. Con esa justicia que pregonó Pedro Sánchez.
La irreversibilidad de las migraciones está avalada por la caducidad que va marcando nuestro planeta. Gases de efecto invernadero, cambio climático, abuso de los combustibles fósiles, falta de materias primas, crisis energéticas, escasez de agua… y acaparamiento de elementos básicos para la vida en comunidad. No hay perspectivas de transformación real y hoy estamos más cerca de las escenas de la película “Don't look up” (No mires arriba) de Adam McKay de 2021 que de los párrafos de aquella Utopía que soñó Thomas More en 1516.
Naciones Unidas, ese organismo que colabora a la sociedad del espectáculo, ha abordado recientemente el éxodo mundial (cerca de 300 millones desplazados de sus orígenes) con el llamado Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. Se firmó en Marrakech en los estertores de 2018 y como el tema catalán estaba entonces en el candelero, el periódico español de mayor tirada (no deportivo) destacaba “El primer pacto migratorio mundial se abre paso frente al nacionalismo”. Un titular engañoso, propio de esos charlatanes que en vez de periodistas se han convertido en portavoces de timadores profesionales.

El Pacto de Marrakech fue una declaración de hipocresía supina. Sus 23 puntos, que supuestamente garantizan el derecho a la vida de los migrantes, al acceso a los servicios básicos, a la no expulsión colectiva, son continuamente vulnerados. Papel mojado. Es más, la firma por estados de raigambre xenófoba y racista como España y Marruecos, sirve como aval para cubrir sus espaldas. Para matar en medio de la legalidad en Tarajal o en Melilla.

Como el Protocolo de Kyoto, la Declaración Universal de Derechos Humanos o el Convenio Europeo para la Prevención de la Tortura, el llamado Pacto de Marrakech ha servido únicamente para lavar la imagen de sus firmantes. En la realidad, las políticas migratorias son inexistentes y los marcos para la superación de la pobreza simples destellos de humo. No hay voluntad, ni caminos conjuntos dirigidos a gestionar futuros como especie. En ese terrible escenario, las tragedias se sucederán y los nuevos Pedro Sánchez continuarán ejerciendo de verdugos encubiertos en la piel de oveja de cartas, protocolos y tratados incumplidos.

 

 

 

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sábado, 23 de octubre de 2021

Egaña | Sankara

No podemos olvidar ni por un momento que la lucha por la liberación de Euskal Herria es una lucha de emancipación, de descolonización. Eso es algo que Madrid y París se han encargado que quede fuera del relato, desdibujando el panorama hasta reducirlo a un tema policial, aislado, sin conexión con otros procesos históricos experimentados por la humanidad.

En ese sentido, les compartimos este texto de Iñaki Egaña dado a conocer en su perfil de Facebook:


Sankara

Iñaki Egaña

Hace unos días se ha cumplido el aniversario de la muerte de Thomas Sankara, en un crimen cometido en 1987 por sicarios que, precisamente, se han sentado en el banquillo en Uagadugú desde el 11 de octubre, para responder por el magnicidio. Sankara, dirigente de Burkina Faso, “la patria de los hombres íntegros" en idioma nativo mossi, es un gran desconocido entre nosotros, como lo son la mayoría de revolucionarios sin etiqueta europea. En eso, seguimos siendo eurocéntricos.

África ha sido el patio trasero de intereses económicos en los que los africanos poco o nada han participado. Dentro de unas semanas, ya que he comenzado con aniversarios, se cumplirán 137 años de aquel mapa vergonzoso en el que, desde Berlín, las metrópolis europeas trazaron la marca de los estados africanos que, al día de hoy, siguen siendo validadas. La ocupación colonial provocó decenas de genocidios. El imperialismo penetró en el continente después de que sus costas fueran esquilmadas desde tiempo atrás para proveer de mano de obra a otro hemisferio vandalizado por Europa, Abya Yala o América.

El despojo y la tutela sigue siendo la seña identitaria de una relación desequilibrada. No sólo en la extracción de metales raros como el coltán, estratégicos para el desarrollo tecnológico y económico, sino también para mantener la estructura colonial. Mientras las miradas se focalizaban en la retirada de tropas occidentales de Afganistán o Irak, París mantiene las suyas activas en un escenario desconocido para la mayoría, Malí. Matando civiles en una guerra no declarada. ¿Y qué decir de la pandemia? Cuando en Hego Euskal Herria nos acercamos al 90% de vacunación y a un relativo control de la pandemia, en África, como recordó recientemente Hage Geingob, presidente de Namibia, el Apartheid continua con las vacunas. Los niveles de vacunación son ínfimos, mientras a la clase política blanca se le llena la boca con palabras supuestamente solidarias.

Aquellas descolonizaciones que conocimos cuando despuntábamos al mundo, en medio de una sombría dictadura, y que nos hicieron ser como somos políticamente, superando el JEL y las conspiraciones de taberna, tuvieron unos protagonistas que merecen, aunque sea someramente, nuestra admiración y reconocimiento. No fue únicamente Nelson Mandela, sino que otros como Amílcar Cabral, Ransome-Kuti , Patrice Lumumba, Mabel Dove-Danquah, o Samora Machel grabaron su huella. Alguno fue más tarde, es cierto, en la década de 1980, hombres de un país al que Francia había puesto en un segundo el nombre de Alto Volta, como Thomas Sankara. Lo aclamaron como el “Che africano”. A pesar del salto, el argentino y cubano murió en 1967, ¿por qué no llamar a Ernesto Guevara, el “Sankara americano”?

No me propongo hacer aquí una lista de citas célebres de Sankara, ni tampoco glosar su figura. Para eso están otros medios, como la recopilación de sus escritos y biografías. Incluso hay una taberna en Baiona cuyo nombre recuerda al revolucionario. Sankara, como escribió Bruno Jaffré, sintetizando su breve aportación política “promovió un desarrollo económico centrado en su país, lucho drásticamente contra la corrupción, defendió la educación universal y la liberación femenina”. Hace más de 200 años, Charles Fourier subrayó que “la mutación en una época histórica se puede medir mirando el progreso de las mujeres hacia la libertad”. Burkina Faso de Sankara pudo ser pautada con esa norma. Cuando Sankara llegó a la presidencia sentenció: “Nuestra sociedad ha relegado a las mujeres al rango de animales de carga”.

El modelo cubano de revolución inspiró los primeros pasos de Sankara. Wikipedia, nada sospechosa de radicalismo, se atreve a juzgar su proyecto con una frase redonda: “lanzó el programa de cambio social y económico más ambicioso jamás intentado en el continente africano”. Realizó una obra de moralización de la administración reduciendo al mínimo los costes de gestión y sus propiedades fueron “unos libros, una motocicleta y una pequeña casa de la que tenía que seguir pagando el crédito”. Implementó una ambiciosa campaña de vacunación contra la polio y la meningitis que alcanzó a dos millones y medio de personas en una semana y por la que recibió la felicitación de la OMS. Aumentó las escuelas, ambulatorios, viviendas populares rodeadas de árboles, miles de campos de deporte y salas de cine en las aldeas, transporte público...

En 1987, pocos meses antes de su muerte, representantes del Gobierno burkinés se interesaron por la situación de los deportados vascos en la isla de Cabo Verde. Mantuvieron reuniones con delegados de la izquierda abertzale y se comprometieron a acoger a refugiados vascos en Burkina Faso. Desde Zutabe (número 46), la revista interna de ETA, se elogió la revolución y apareció una entrevista con Sankara. El asesinato del presidente en octubre de 1987, por un golpe de Estado promovido por EEUU y Francia y ejecutado por Blaise Campaoré, que se alzó al poder, echó al traste el proyecto. Campaoré se alargó en la cúpula del Gobierno hasta finales de 2014, cuando una revuelta popular le echó del país, refugiándose en Costa de Marfil.

En estos días, el juicio contra los autores del golpe de estado que depuso y acabó con la vida de Sankara ha dejado fuera a los instigadores. Incluso Campaoré protegido por Francia, no estará presente en las sesiones. La mano larga de París sigue presente en este 2021 donde la razón de Estado cubre la política exterior de hace décadas. Sankara fue depuesto en plena cohabitación Chirac-Mitterrand. El segundo, presidente de la República, Chirac primer ministro. Socialista y gaullista, de derechas. Ambos hidalgos de la patria gala.

A Sankara no lo mataron los GAL. Pero las maniobras para su desaparición provinieron de las mismas cloacas, las aventadas por François Mitterrand. Unos días antes de la muerte de Sankara, Euskal Herria conoció la mayor razia policial desde la guerra civil. Cerca de 200 detenidos, la mayoría en suelo administrativamente francés.

 

 

 

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viernes, 16 de julio de 2021

Egaña | Hambre

Opina Iñaki Gil de San Vicente, muy acertadamente, que como clase proletaria debemos de prepararnos para lo que se avecina, que debemos de organizarnos.

En ese mismo sentido su homónimo de apellido Egaña nos ha compartido este texto en su Facebook:


Hambre

Iñaki Egaña

Todas las noches, cientos de voluntarios repartidos por los rincones de Euskal Herria ofrecen alimentos cocinados a personas sin techo, migrantes o simplemente perdedores en la paranoica escalada del éxito social. Recorriendo nuestras calles, perfilando el paso por las alamedas, parece como si el comentario anterior fuera apenas un diminuto daño colateral a una situación de acomodo generalizado. La opulencia se manifiesta en ese PIB que nos sitúa, número arriba, número abajo, en los 35.000 euros anuales, por persona.

¿Hambre? Una sombra relacionada con las consecuencias de un pasado bélico o, como relató magistralmente el periodista Martín Caparros, una tendencia ubicada en tierras lejanas donde se ha pegado a la tierra, una muesca en el desigual reparto de la riqueza. Supuestamente, Euskal Herria está al margen de la necesidad. Y, siendo cierto en alguna medida, los bancos de alimentos y las ristras de voluntarios se han multiplicado desde el inicio de la pandemia. Contraste con esa hilera de personas con sobrepeso, también niños, con una dieta cada vez desequilibrada. Nuestra sociedad también forma parte de ese Primer Mundo donde las disparidades son cada vez mayores.

La alimentación es también cultura y en esta vertiginosa carrera globalizadora, se ha convertido en un negocio en poder de unos cuantos monopolios. La agricultura nos moldeó social, cultural y políticamente, nos diferenció en clases, nos hizo sedentarios y provocó la marginación de género, el patriarcado. Pero gracias a la agricultura, nuestra especie se multiplicó y se expandió, y el milagro de la vida pudo ser degustado por una ingente cantidad de humanos. La soberanía agrícola permitió a cientos de millones de chinos, por ejemplo, romper la tendencia que les tenía preparada el destino colonial, la muerte por inanición.

Sin embargo, y a pesar de las decenas de revoluciones que ha conocido la humanidad, hoy en día cerca de mil millones de personas tienen “inseguridad alimentaria”, que es como la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) define técnicamente al hambre. ACNUR, la organización de Naciones Unidas para los Refugiados, señala que el 45% de los niños menores de 5 años que fallecen antes de haber sobrepasado esa edad, lo hacen por los efectos del hambre. En el África subsahariana, uno de cada tres niños padece de retraso en el crecimiento.

Un observador externo podría llegar a la conclusión de que esta hambruna extendida se debe al techo alimentario al que ha llegado nuestro planeta. Quizás algún día lo haga, seguro si la tendencia no varía, pero no es el momento. Hay más alimentos que jamás. Sucede, por el contrario, que la alimentación, como otras tantas áreas del desarrollo, se ha transformado en un macro negocio. La privatización del agua, de la tierra y de las semillas son el escaparate de esta actividad, pero no el único. La uniformidad genética y la “quimicalización” de la industria, no sólo en el suelo con los abonos, sino en los alimentos con colorantes y saborizantes, son parte de ese entramado.

Y llegados a este punto, la pandemia ha acelerado el monopolio y ha provocado que el asalto se agilice aún más. La cultura se desliza hacia la “occidentalización”, hacia la uniformidad “hollywoodiana” y en la misma medida, la alimentación, sigue por la senda mercantil. Cinco multinacionales controlan tres cuartas partes del comercio mundial. Y para el futuro más cercano, su objetivo es hacerse con todo el mercado, judicializando a su competencia, echándola del planeta si hace falta. Para multiplicar sus beneficios.

Ya antes del inicio de la pandemia, Silvia Ribeiro, directora del Grupo ETC (Erosión, Tecnología y Concentración, dedicada a la defensa de la diversidad cultural y biológica), nos presentaba un futuro sombrío: “Se está gestando un ataque en varios frentes por parte de las mayores trasnacionales de los agronegocios –junto con las de informática y otras– para apropiarse de la decisión global sobre políticas agrícolas y alimentarias”.

Su reflexión era de febrero de 2020. Ahora hemos sabido que para setiembre de este año 2021, el Foro de Davos está preparando una Cumbre de Sistemas Agroalimentarios, vocablo que esconde una estrategia de las elites empresariales para concentra más poder aún. Y multiplicar la liberalización haciendo una apuesta gigantesca contra las regulaciones, control público y, sobre todo, las campañas por la soberanía agroalimentaria que recorren nuestro planeta desde opciones populares. Goliat enfrenta a David.

Ahí precisamente está la clave de un escenario que es particular y global, el de la soberanía agroalimentaria. Un proyecto independentista actual, en Euskal Herria o en otra parte del mundo, pasa precisamente por mantener su independencia política y alimentaria. En febrero de 2007, en Sélingué (Mali), en el Foro de Nyéléni, la Soberanía Alimentaria fue descrita como “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente apropiados, accesibles, producidos de forma sustentable y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”.

En 2013, la recién creada plataforma Alianza Social por la Soberanía Alimentaria de Euskal Herria, daba extensión a un notable trabajo con un final clarificador: “A fin de cuentas, el objetivo de este sistema no es alimentar a la humanidad sino enriquecer a unas pocas empresas y personas, porque todo es percibido como una mercancía: nuestra salud, el ambiente, los alimentos… las personas".

Somos un pequeño pueblo con un territorio definido, donde las carencias y los contrastes son similares a los de la vieja y vanidosa Europa. Opulencia y marginalidad. Y tenemos un pasivo enorme. Nuestra dependencia alimentaria. Ofrecer alimentos cada noche a los más necesitados, defender nuestro sector primario, combatir a nivel global por el reparto equitativo de la riqueza y rechazar los monopolios alimentarios, forman parte también de la vía vasca hacia la soberanía política.

 

 

 

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sábado, 10 de febrero de 2018

Egaña | Campo de Maniobras

Hablando de víctimas, disoluciones y pedimentos de perdón, aquí un interesante aporte por parte de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Iñaki Egaña

El anuncio y ejecución de maniobras militares en las Bardenas no nos coge de sorpresa. Es una actividad recurrente de las fuerzas de la OTAN, maniobras para escenificar el enfrentamiento a un hipotético enemigo que, en este caso, desconozco. Los sabremos algún día, aunque el ramillete de posibilidades no es muy extenso: rusos, separatistas chechenos, norcoreanos, salafistas radicales, venezolanos, catalanes soberanistas o migrantes superando la masa crítica.

Los militares, como la monarquía, están exentos del control democrático por eso de que tienen bula para matar a destajo, siempre y cuando lo hagan dentro de las coordenadas que marcan los guionistas de nuestra existencia. La palabra guerra, a pesar de convenciones de Ginebra o similares, sirve para torturar, hacer desaparecer, chantajear, matar con total impunidad. Con el añadido de que al introducir el elemento de “anticipada” y convertirla en “guerra preventiva”, las posibilidades de agresiones “legítimas” son infinitas.

Con este bagaje argumental, las maniobras de los ejércitos español y francés en nuestro suelo vasco, ambos en la OTAN, se han convertido en imposición, a pesar del rechazo popular. Y por extensión, todos los desperfectos, agresiones, violaciones, víctimas… que su actividad provoca serán insertadas en el saco del manido “efectos colaterales”.

Actos colaterales que, hasta hoy, han provocado más víctimas mortales, por ejemplo, que la actividad de grupos armados vascos como los Comandos Autónomos, Polimilis, Iraultza o Iparretarrak. Y, sin embargo, los muertos ocasionados por los ejércitos español o francés en sus maniobras están bien muertos. No aparecen en lista alguna porque, al parecer, son estructurales, como las muertes en accidente de circulación, por catástrofes naturales o enfermedades retrovirales.

Los aviones que desde 1951 prueban sus cargas y piruetas en las Bardenas, han provocado miles de muertos en esta última década en Irak, Afganistán, Siria, Libia. Han utilizado uranio enriquecido y han jugado a ensayar ingenios. No es cuestión del presente, únicamente. En las décadas de 1960 y 1970 varios pilotos norteamericanos que experimentaban en las Bardenas, sufrieron graves accidentes antes o después de combatir en Vietnam.

El navarro-aragonés es el único campo de entrenamiento terrestre de la OTAN en Europa (tenemos otro en la cercanía, éste marítimo, en la franja landesa de Mimizan, donde más de un barco arrantzale ha sufrido un susto morrocotudo al ver sobrevolar sobre su cabeza un misil M51). Al día de hoy, el Ejército español se ha desplegado por el planeta en 19 operaciones militares, algunas de ellas en puntos calientes como Turquía, Malí, Irak o Afganistán.

Los muertos del Ejército español afuera de sus fronteras son añadidos a las listas de organizaciones de víctimas del terrorismo, una decisión que nunca he logrado comprender. Si la guerra es guerra, si los contendientes son los que son, y si los soldados se desplazan a diez mil kilómetros de distancia de sus bases para matar infieles, ¿no cabe asumir las bajas propias como las del enemigo, es decir como la de combatientes? Las asociaciones los han catalogado, a pesar del escenario, como muertos en atentados, no en acciones de guerra.

Por el contrario, las muertes ocasionadas por el Ejército español o francés en suelo vasco, jamás han sido contabilizadas en esas listas que manejamos tanto unos como otros en relación al contexto de las últimas décadas. A las maniobras militares en Urbasa, Arlaban, Carrascal, Andía, Irati, Biarritz, Bardenas, Etxalar, Baigorri… se han sumado en los últimos años los desfiles chulescos en fechas y lugares señalados, aniversarios de victorias franquistas, de conquistas imperiales. En terrenos considerados “enemigos”, lo que equivale a decir con ayuntamientos con mayoría independentista. Me queda, con perspectiva histórica, la sensación de que el conjunto territorial de Euskal Herria es un extenso campo de maniobras.

La lista es interminable, lo que me provoca un desasosiego inmenso. En otras ocasiones he descrito esa utilización torticera de las víctimas, de segunda, de tercera, de cuarta. Con respecto a las provocadas por los militares no hay siquiera categorización. Jamás existieron. Fueron, simplemente, efectos colaterales.

Ya en 1955, un pastor de Arguedas falleció como consecuencia del impacto de una bomba de un avión norteamericano en las Bardenas. En Portugalete, el niño Alfonso Larrañaga murió en un piso de la calle Gregorio Uzquiano por la explosión de una bomba olvidada por dos legionarios. En las cercanías de la Casa de la Misericordia de Iruñea explotó una bomba con la que jugaban cuatro niños que resultaron heridos de suma gravedad. Uno de ellos, José Esparza, murió días después. En Burguete falleció Eduardo Etxegaray, al explotar una bomba que encontró mientras pescaba. El padre de Francisco Tellechea murió en Etxarri Aranatz al deflagrar una granada.

En la calle María Díaz de Haro de Bilbao, cuatro niños resultaron heridos de gravedad con una granada que habían encontrado enterrada. Dos de ellos murieron en los días siguientes a consecuencias de las heridas: Manuel y José Luis Palacios. En las cercanías del cuartel de Araka un chatarrero apellidado Olave fue descuartizado por la explosión de una bomba cuando recogía chatarra y otro, Saturnino González, años más tarde. Aunque el accidente más trágico en este mismo lugar lo sufrieron tres chatarreros que fallecieron en el acto. En Barrón (Ribera Alta) la niña Amalia Martínez Loreda, resultó herida de gravedad al explotar la bomba que había encontrado en el campo.

En Iantzi, tres niños encontraron una bomba tras unas matas con la que jugaron con trágico resultado: Juan Eugui resultó muerto y los hermanos Anchondegui heridos de gravedad. Otros dos niños, Máximo y José Muro, murieron en San Adrián al explotarles una granada. En las faldas del San Marcial (Irun), Marcial Diéguez y su hijo perecieron al explotar una granada de mano. En Monteagudo murió el niño Rufino Morales y otros cuatro resultaron heridos de gravedad.

En Dicastillo, la niña Puy Gambra murió al estallarle una bomba de mano que había encontrado en el campo. En abril de 1972, los niños Iñaki Elósegui y Juan Echeverría, de Orereta, murieron en Jaizkibel al explotar una granada abandonada por el Ejército que tenía en el monte un campo de tiro. Entre otros ocho chavales heridos, José Manuel Durán quedó ciego. También al norte de la muga. Simon Hiraboure fallecía a causa de la deflagración de una mina en Hendaia.

Como conté en una colaboración anterior, en junio de 1976 cinco vecinos de Etxarri Aranatz falleceron a consecuencia de una explosión producida por una granada de mortero abandonada por el Ejército español en unas maniobras militares que habían efectuado días atrás en la sierra de Urbasa. Artificieros del Ejército cerraron Urbasa después de la explosión encontrando, al menos, otras cinco bombas sin estallar. A pesar de una denuncia pública del Ayuntamiento de Etxarri, la prensa calificó la explosión como "de origen desconocido".

¿Y las decenas de reclutas muertos en sus destinos? Algunos en nuestro territorio. Otros en la “dispersión” del servicio militar. Norberto García Fernández, de Bilbao, y José Jáuregui Armero, de Tolosa, murieron por una explosión cuando hacían el servicio militar en Aranda (Burgos). Hace ahora 60 años, en Deustu, de una caravana de 14 furgonetas militares, uno de los vehículos hizo una maniobra extraña, subiendo a la acera y matando a tres peatones. ¿Accidente de tráfico?

En 1981, la Policía anunciaba la muerte de un etarra en Madrid, tras un enfrentamiento. Jesús Urien Orbegozo, de Bilbo. Luego hubo desmentido y la versión oficial se transformó: deserción y suicidio. Recientemente, el Ayuntamiento de Bilbo lo ha incluido entre las victimas cuya autoría es dudosa, poniendo en solfa la versión oficial del suicidio.

¿Para cuándo la verdad también en este capítulo?






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jueves, 18 de enero de 2018

Eje Antirruso Madrid-Riga

Con respecto al artículo de Público que les presentamos a continuación queremos hacer dos prescisiones:

Primero, recordemos que si los Aliados retuvieron en el poder a Francisco Franco y su caterva de asesinos fue porque así convenía a su estrategia geopolítica en contra de la Unión Soviética. Las bombásticas declaraciones por parte de Ike Eisenhower con respecto a la expulsión del fascismo de suelo europeo quedaban así reducidas a miserables balandronadas. Han pasado casi tres décadas del colapso soviético, pero pareciera que Madrid permanece atrapada en un bucle tiempo espacio que la sitúa en su propia Guerra Fría.

Segundo, Europa celebró por todo lo alto la autodeterminación de Letonia, Lituania, Estonia y las otras ex-repúblicas soviéticas, lo cual - entendemos que fue dentro del contexto de la Guerra Fría - contrasta con la actitud de esa misma Europa con respecto a la declaración de independencia de Catalunya. Que Alemania, Inglaterra, Italia o el estado francés hayan guardado silencio cómplice ante la actitud tomada por el estado español se puede entender, pero que países como las tres repúblicas bálticas así como Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Macedonia, Bosnia, Croacia, Montenegro, Moldavia, etc. también lo hayan hecho, añade insulto a la injuria.

Planteado lo anterior, les compartimos esta joya de la patéticamente pírrica cruzada españistaní en contra de Rusia... país capitalista, por cierto.

Aquí la información:


El ejército que España envió al país, con la mayor capacidad de combate que ha desplegado nunca en el exterior, costó 63 millones de euros solo en 2017. El despliegue se produjo sin la autorización del Congreso, como ordena la ley.

Carlos del Castillo

Diez meses después de que el contingente con mayor capacidad de combate que España ha enviado nunca al exterior se desplegara frente a la frontera rusa, el Congreso será informado por primera vez sobre él. No será la primera noticia que los diputados tengan de su misión, pues el ex ministro de Exteriores José Manuel García Margallo deslizó en diciembre que estas tropas formaban parte del acuerdo al que España llegó con Letonia para que este país no reconociera la independencia de Catalunya.

El miércoles 24 de enero la ministra María Dolores de Cospedal comparecerá ante los diputados de la comisión de Defensa y ofrecerá los primeros detalles del pequeño ejército que España tiene en el país báltico. En la documentación preparatoria de la sesión enviada a los diputados se ha revelado ya un dato sobre él: las tropas desplegadas en la frontera rusa de Letonia tuvo un coste para las arcas públicas de 63,4 millones de euros solo en 2017.

El contingente se desplegó en marzo y se trata de un batallón mecanizado formado por seis carros de combate Leopardo —los más grandes y potentes de las Fuerzas Armadas, siendo la primera vez que se desplazan a una misión internacional—, catorce blindados Pizarro, doce transportes oruga acorazados, varios vehículos de combate de zapadores, una sección de armas de apoyo con morteros y misiles anticarro Spike y una unidad de drones. Todos ellos con sus respectivos combustibles adaptados al frío extremo y operados por 321 militares españoles preparados para el combate. "A diferencia de otras misiones, las tropas españolas no harán patrullas, sino que se limitarán a estar listas para intervenir", corrobora Defensa. Intervenir contra Rusia, puesto que Letonia teme una posible invasión después de que Vladimir Putin se anexionara Crimea e invadiera con tropas extraoficiales la zona oriental de Ucrania.

El envío de las tropas a Letonia se produjo sin la autorización del Congreso, a pesar de que la Ley de Defensa Nacional establece que "corresponde" a esta cámara aprobar "con carácter previo, la participación de las Fuerzas Armadas en misiones fuera del territorio nacional". Mariano Rajoy se limitó a dar el visto bueno vía Consejo de Ministros, ocultando en la publicación oficial del organismo el país de destino de las tropas y los detalles de su misión.

No es la primera vez que este Ejecutivo del PP manda tropas fuera de España sin la autorización del Congreso. Este mismo lunes se conoció que Cospedal ha doblado la presencia española en Mali (de 140 militares a 280) sin esperar a la aprobación de la cámara, que tiene previsto hacerlo a finales de enero. La excusa de la conservadora para saltarse la ley en esta ocasión es que España debe relevar a Bélgica en el mando de la misión el 31 de este mes. Esperando al debate parlamentario no se habría podido completar a tiempo el despliegue, que incluye 15 vehículos blindados Lince y tres RG-31. Los militares españoles que refuerzan la misión ocuparán muchos puestos clave que dejarán los belgas y su llegada no podía esperar.

En el caso del despliegue en Letonia, el Ejecutivo asegura que España solo está cumpliendo con sus compromisos como socio de la OTAN. La realidad es que se trata de un despliegue voluntario (en el que solo están participando la mitad de los miembros de la Alianza Atlántica) y que España tiene el segundo mayor contingente en suelo letón entre todos los participantes. Además, Rajoy ya ha anunciado que aspira a liderar las fuerzas internacionales en el país, por lo que tendría que aumentar el despliegue y ser la nación con mayor presencia.

Guardia contra Rusia por la unidad de España

El verdadero motivo para este despliegue lo explicó el exministro Margallo, presidente de la comisión mixta Congreso-Senado de Seguridad Nacional. Interrogado por el diputado de En Comú Podem Felix Alonso Cantorné, Margallo reveló que las tropas españolas se desplazaron suponían el intercambio de un trueque diplomático con Letonia. A cambio, el país báltico, que se había mostrado proclive a apoyar los resultados de un referéndum de autodeterminación en Catalunya, aceptaba hacer oídos sordos ante las aspiraciones de los soberanistas.

"Nosotros, cumpliendo con nuestro deber de socios leales y fiables, hemos colaborado con esfuerzo militar", reveló el ex jefe de la diplomacia española, afirmando que "en justa contrapartida a esos esfuerzos" el Gobierno expresó que "la defensa de la Constitución era prioritaria". "No entenderíamos ni entenderemos que un Gobierno que sea socio nuestro haga un ataque frontal a la integridad territorial", comunicó Margallo a sus homólogos bálticos.

El exministro había explicado que ambas delegaciones habían puesto encima de la mesa sus intereses antes de la reunión. "La prioridad del Gobierno español, al que yo representaba, era mantener la unidad de España y la vigencia de la Constitución. Las cuestiones que preocupaban a los países bálticos se enfocaban en Rusia", explicitó Margallo, siendo así el autor, quizá involuntario, de la primera entrada en acta parlamentaria del motivo real del despliegue.







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domingo, 31 de julio de 2016

El Endurecimiento del Fascismo Jacobino

El estado francés que durante su periodo jacobino descarriló por completo lo poco positivo de la revolución burguesa que tantos réditos progres le ha traido durante décadas, está empecinado en retomar sus viejas y napoleónicas glorias, no importa cuanta sangre del pueblo trabajador francés tenga que ser derramada.

Les presentamos este artículo de opinión publicado en Naiz:

Una vieja historia

Fue un acto obsceno. La descripción de «monstruoso» que hizo el presidente Hollande fue adecuada en sí misma, pero hizo resurgir el viejo problema. ¿Qué ocurre cuando 300 o 400 inocentes perecen a manos de un asesino? ¿O 500? ¿Eso lo convierte en algo en verdad monstruoso? ¿O muy monstruoso?

Robert Fisk | Periodista
Pero la reacción política a este crimen de lesa humanidad en Niza fue mundana hasta el punto de la locura. Hollande –o general Hollande, como la prensa francesa lo motejó cuando envió a sus legionarios a combatir a los islamistas en Malí– anunció que Francia reforzará sus acciones en Siria e Irak.

Claro, entiendo el mensaje. Si Mohamed Lahouaiej Bouhlel de Túnez tuviera algo que ver con el ISIS o Al Nusra (y cuando dirigió su mensaje, Hollande no lo sabía), entonces lanzar más misiles franceses hacia las arenas quemantes de Mesopotamia, en el desierto en torno a Raqqa, con la esperanza de golpear al ISIS, no tendría otro efecto que reforzar el viejo factor de sentirse bien al atacar al terrorismo mundial sólo porque sí.

Túnez, por supuesto, está a más de 1500 kilómetros de Siria, ya no digamos de Irak, pero un montón de árabes asesinos es muy semejante a otro a ojos de nuestros ministerios del Exteriores, y si Bouhlel resulta tener raíces en el ISIS, por mucho que sea sólo por declaración propia, entonces, mientras más grandes las bombas, mejor.

Todo el que ose señalar esto –y los líderes europeos siempre están amenazando al Estado Islámico, así como el Estado Islámico siempre está amenazando a Occidente– es de inmediato expulsado de la sociedad por ser amigo de los terroristas. De hecho, existe todo un léxico de insultos hacia cualquiera que mencione que existen razones para estos asesinatos en masa y que necesitamos conocerlas, por disparatadas que sean. En estos tiempos, la correspondencia de odio entre el Estado Islámico y Occidente es casi idéntica a El rey Lear: haré tales cosas, no sé cuáles, pero serán el terror de la tierra.

Por supuesto, temo que en las próximas horas nos veremos inundados de dolorosas repeticiones de atrocidades pasadas: parientes que no tenían idea de que su hijo/hermano/sobrino/ tío podría ser un violento asesino, vecinos que atestiguarán que el atacante fue siempre un hombre tranquilo (probablemente muy reservado, como dicen), musulmanes que volverán a insistir en el pacifismo de su religión. Además, tendremos políticos que prometerán aplastar el terrorismo y policías que elogiarán a sus hermanos en armas por su valor (aun cuando el ataque en Niza no fue precisamente un triunfo para las fuerzas de seguridad francesas).

Y olvidaremos la tensa historia colonial de Francia en Argelia y Túnez, el 135 aniversario de su protectorado en Túnez este año y el 60 aniversario de la independencia tunecina, así como la creciente y temible presencia islámica en la política de ese país desde la revolución de 2011. No es conveniente sostener esta dolorosa historia como una especie de excusa o causa de raíz de los asesinatos en masa en Niza, pero en algún momento los occidentales tendremos que aprender que si intervenimos militarmente en Malí o Irak o Libia o Siria, o interferimos en Turquía o Egipto, en el Golfo o en el Magreb, entonces no estaremos seguros en casa.

Ahora es una vieja historia. En el pasado podíamos embarcarnos en aventuras en Corea o Vietnam sin preocuparnos de que los norcoreanos volarían el metro de Londres o que los vietcong atacarían Nueva York con aviones comerciales. Ya no. Las aventuras en el extranjero tienen un costo terrible. Afirmar que no es así, o declarar pomposamente que los bombazos en Londres o París nada tienen que ver con los bombardeos en Irak, es una deshonestidad.

En algún punto de la historia –aunque no sabemos en qué momento del futuro, cuando hayamos derruido los fundamentos de nuestras propias libertadas con nuevas leyes– probablemente tendremos que repensar nuestra relación con Medio Oriente y con la historia. Sí, también con la religión.

Tampoco sirve de mucho rumiar sobre la naturaleza imitativa del crimen islamista, como un reportero de la BBC que este viernes trazaba paralelos con los palestinos que han dado muerte a israelíes echándoles vehículos encima. Sin embargo, el último video de teléfono que vi y que tenía algún grado de paralelismo con Niza fue una horrorosa secuencia captada durante la revolución egipcia de 2011, cuando un camión del ejército egipcio fue lanzado a velocidad y dando violentos giros hacia una multitud de manifestantes pacíficos.

¿Por qué no recordamos eso después de Niza? ¿Porque los asesinos nunca fueron atrapados? ¿Porque nadie recuerda las noticias de ayer? ¿Porque las víctimas eran árabes involucrados en una disputa en un país lejano, entre gente de la que en realidad no sabemos nada?






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lunes, 18 de julio de 2016

Crear Estrategias contra la Ablación

Cualquier iniciativa que se ponga en marcha para prevenir y combatir la ablación, una de las prácticas más brutales creadas por el patriarcado en contra de las mujeres, es bienvenida. 

Dicho lo anterior, les presentamos este reportaje publicado en Deia:

Euskadi actúa preventivamente contra la mutilación genital femenina

La eficacia de las medidas contra la ablación se pone a prueba con los viajes de las menores a sus países de origen

Beatriz Sotillo
Informar, educar y concienciar son acciones más efectivas que amenazar y castigar. Gracias a la formación y a la información hay niñas de origen africano que viven en Euskadi, y también muchas que están en sus países, que no sufrirán la mutilación genital femenina, una práctica tradicional en muchos países y etnias de África que se ha hecho presente en nuestra sociedad con la llegada de inmigrantes procedentes de esas zonas. Algunas de esas niñas podrán viajar a sus países de origen libres del riesgo de “ser cortadas”, porque sus padres y madres ahora ya saben que esa acción daña a sus hijas y tiene consecuencias. Además, algunos padres se habrán comprometido por escrito a no permitir que las niñas sean mutiladas.

La labor preventiva contra la mutilación genital femenina (MGF) que desde hace años desarrollan instituciones y organizaciones de Euskadi es un trabajo constante y a lo largo del tiempo, pero se pone a prueba durante los meses de verano, cuando las niñas en edad escolar tienen vacaciones y muchas viajan con sus familias a los países de origen, donde se mantiene la práctica de la ablación.

Según las estimaciones de los departamentos del Gobierno vasco que han trabajado en el protocolo contra la MGF y de la ONG Médicos del Mundo, en Euskadi residen unas mil niñas menores de 14 años procedentes de países en los que la ablación genital es una tradición aún vigente. Evidentemente no todas esas niñas, que estadísticamente están consideradas en riesgo de sufrir MGF, viajarán a sus países o se verán sometidas a la presión familiar y de la comunidad, pero el riesgo existe. Iratze Pérez, voluntaria del Grupo MGF de Médicos del Mundo de Euskadi, recuerda que “ahora es cuando las niñas y niños tienen vacaciones y también los padres que están trabajando. Durante el verano aumenta el movimiento entre países y muchos inmigrantes aprovechan para viajar a su país. El hecho de que muchas niñas se vayan de vacaciones durante estos meses hace que aumente el riesgo, aunque solo sea por la presión familiar y social que siente la niña y por su mera presencia en un país donde se practica la MGF. Viajar no implica que necesariamente sean mutiladas, pero el riesgo aumenta exponencialmente”.

Tras asumir la realidad de que en Euskadi residen mujeres que han sido mutiladas, el objetivo de instituciones y asociaciones es evitar que sus hijas pasen por lo mismo que ellas, hacer que las que ya están ablacionadas conozcan las consecuencias para su salud y que sepan que ni lo impone la religión, ni es un requisito para pertenecer a la comunidad. Aunque se presenta arropada o justificada por la tradición y la costumbre, y por algunos mitos sobre la fertilidad, la fidelidad o el rol social, la mutilación genital femenina es un acto de violencia contra las mujeres.

El trabajo de información y concienciación dentro del colectivo de personas de origen africano ha demostrado ser la mejor manera de evitar la mutilación y los matrimonios forzosos.

Cuatro hermanas

Hace un año la sociedad vasca se vio conmocionada por la noticia de que cuatro hermanas originarias de Malí y residentes en Araba habían sido sometidas a la mutilación genital durante un viaje de vacaciones a su país. Este caso, que no es el único detectado por la Fiscalía de Menores en Euskadi, se había producido unos años antes y está en manos de la Justicia. Como ellas, otras menores procedentes de Nigeria, Somalia, Malí, Mauritania, Guinea, Senegal u otros países con mayor o menor prevalencia de la MGF y residentes en el País Vasco, corren el riesgo de ser mutiladas -como por lo general lo han sido sus madres- si sus progenitores no son conscientes de las consecuencias físicas y psicológicas de la ablación o de sus repercusiones legales.

Desde el pasado mes de febrero Euskadi cuenta con un protocolo preventivo de la MGF que se irá extendiendo y ampliando poco a poco y que se fundamenta sobre los servicios de Osakidetza. Esta guía de actuación está dirigida al sector sanitario pero prevé actuaciones coordinadas con los ámbitos educativos y sociales, así como una formación específica de los profesionales sanitarios. Entre las actuaciones contempladas figura la posibilidad de suscribir un “compromiso preventivo” dirigido a los padres de las niñas en riesgo de sufrir mutilación. Se trata de un documento que los tutores de las menores deben firmar antes de viajar con ellas a sus países de origen y en el que se comprometen a que no se les practique la MGF.

Goizane Mota, técnico de inmigración del Ayuntamiento de Bilbao, lleva ya varios años trabajando en la realidad de la mutilación genital y realizando labores preventivas en el colectivo africano afincado en la capital vizcaina. La labor principal es de información y de formación, pero tras lograr que las mujeres conozcan los daños derivados de la mutilación, también se les proporcionan herramientas para que puedan oponerse a que se les realice a sus hijas, hermanas o sobrinas. “El compromiso preventivo, -explica Goizane Mota- es una herramienta para ellas, no es un instrumento penal para perseguir a esas familias; nosotros lo usamos como una herramienta para que ellas puedan enseñar el documento a la familia y así sepan que ‘si pasa esto con mi hija voy a ir a la cárcel, no voy a enviar remesas, no voy a poder volver, ni tener recursos económicos...”

Itziar Urtasun, concejala de Igualdad, Cooperación, Convivencia y Fiestas de Bilbao, señala que “desde el Ayuntamiento siempre hemos trabajado sobre la desigualdad de la mujer, y si una mujer, solo por serlo, sufre desigualdades estructurales, en el caso de las inmigrantes el riesgo de discriminación y desigualdad es mayor. Así, sacamos una guía sobre Mujer, salud y violencia, que se edita en 8 idiomas, y para muchas mujeres ha supuesto una apertura a la salud sexual y reproductiva. Luego, en 2012, a raíz de dos casos de mujeres ablacionadas detectados en el Hospital de Basurto se empieza a hablar del tema y vemos que Bilbao es una de las ciudades que tiene más casos de mujeres que han sido mutiladas, son mujeres inmigrantes de Guinea, Nigeria... y la preocupación empieza a crecer”.

La labor de formación y de “conversión” en agentes contra la MGF de las mujeres inmigrantes que asisten a los cursos que imparte el Ayuntamiento de Bilbao ha dado un gran paso con la incorporación de hombres de la comunidad africana que reside en la capital vizcaina. “Sabemos que desde su punto de vista, esto de la mutilación es un tema de mujeres, pero también sabemos que en sus culturas la opinión de los hombres cuenta. Los hombres no suelen estar en la práctica, porque la ablación la practican generalmente otras mujeres, y ellos creen que eso facilita los partos... Hemos hecho una experiencia piloto con un grupo de 8 hombres de Guinea Bissau, Guinea Conakry, Malí y Nigeria y cuando les hemos explicado en qué consiste la mutilación y cuáles son las verdaderas consecuencias se han quedado asombrados. Les hemos hecho ver que ellos pueden ser responsables de las consecuencias que pueda tener esa ablación porque ellos son padres de las chicas que son mutiladas. También son sus hijas. Hasta ahora no eran conscientes de eso”, indica Itziar Urtasun.

Informar a los hombres

“Un 65% de los hombres que han participado en este primer grupo eran padres de niñas -añade Goizane Mota-. Todos conocían la práctica y la consideraban algo natural”. Sobre la reacción de las personas que asisten a las charlas informativas sobre la MGF, Mota indica que “las mujeres se sorprenden mucho al saber que podían haber perdido la vida, o haber contraído una gran cantidad de enfermedades y es que hasta que no se lo cuentas ellas no son conscientes de que con una misma cuchilla igual cortan a 15 niñas”. Una vez informadas, estas mujeres africanas que han sufrido la MGF en su propio cuerpo, se convierten en “activistas” contra la ablación y convencen a otras mujeres para que no sometan a sus hijas a la práctica.

Goizane Mota destaca que muchas de estas mujeres que actúan como “agentes” contra la MGF han enviado a sus pueblos y a sus comunidades la guía sobre Mujer y salud y el compromiso preventivo. “Muchas nos dicen -apunta la técnica municipal- que han discutido con sus madres y que poco a poco están cambiando las cosas, por eso decimos que desde aquí estamos generando una experiencia de codesarrollo, pues en la que medida en que estamos interviniendo aquí hay repercusiones en otros países”.

En ese sentido, Iratze Perez, de Médicos del Mundo de Euskadi, opina que “hay muchos países en los que se practica la MGF y en ellos hay asociaciones que trabajan contra la práctica, por lo que reforzar y conocer el trabajo de esas asociaciones es lo más básico y lo mejor que se puede hacer para erradicarla. El hecho de que mujeres de esos países lleguen aquí y se trabaje con ellas, está bien, pero la existencia de millones de niñas en los países donde se practica la mutilación nos hace pensar que es importante trabajar allí para evitar que esas niñas pasen por eso. Una vez que están aquí es importantísimo que existan redes de apoyo y prevención, que exista una legislación, pero la base de todo siempre tiene que ser la información porque si una familia hace algo mal por desconocimiento resulta muy duro aplicarle la ley”.





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martes, 17 de mayo de 2016

Dominación Geopolítica Contemporánea

Les recomendamos mucho leer este texto dado a conocer por Investig'Action, sobre todo si estás tratando de entender lo que está sucediendo en Siria.

Que les aproveche:


Saïd Bouamama

Iraq, Libia, Sudán, Somalia, etc., la lista de naciones que han saltado en pedazos tras una intervención militar estadounidense y/o europea no deja de aumentar. Parece que al colonialismo directo de una «primera edad» del capitalismo y al neocolonialismo de una «segunda edad» les sucede ahora la «tercera edad» de la balcanización. Paralelamente se puede constatar una mutación de las formas del racismo. Después de la Segunda Guerra Mundial el racismo culturalista sucedió al racismo biológico y desde hace varias décadas el primero tiende a presentarse a partir de lo religioso bajo la forma dominante por ahora de la islamofobia. En nuestra opinión, estamos en presencia de tres historicidades estrechamente vinculadas: la del sistema económico, la de las formas políticas de la dominación y la de las ideologías de legitimación.

Vuelta a Cristóbal Colón

La visión dominante del eurocentrismo explica la emergencia y posterior extensión del capitalismo a partir de factores internos de las sociedades europeas. De ahí se desprende la famosa tesis de que algunas sociedades (algunas culturas, algunas religiones, etc.) están dotadas de una historicidad y otras carecen de ella. Cuando Nicolas Sarkozy afirma en 2007 que «el drama de África es que el hombre africano no ha entrado lo suficiente en la historia» no hace sino retomar un tema reiterativo de las ideologías de justificación de la esclavitud y la colonización:

«La «deshistorización» desempeña un papel decisivo en la estrategia de colonización. Legitima la presencia de colonizadores y certifica la inferioridad de los colonizados. La tradición de las historias orales y posteriormente las «ciencias coloniales» impusieron un postulado sobre el que se construyó la historiografía colonial: Europa es «histórica» mientras que «la ahistoricidad» caracteriza a las sociedades coloniales definidas como tradicionales e inmóviles. […] Movida por sus valores intelectuales y espirituales, Europa desempeña a través de la misión colonial una misión histórica haciendo entrar en la Historia a unos pueblos que estaban privados de ella o que se habían quedado paralizados en un estadio de la evolución histórica superado por los europeos (estado de naturaleza, Edad Media, etc)».

Tanto la antigüedad de esta lectura esencialista y eurocentrista de la historia del mundo como su recurrencia (más allá de las modificaciones de formas y de presentación) ponen de relieve su función política y social: la negación de las interacciones. Desde que Cristóbal Colón ordenó desembarcar a sus soldados la historia mundial se ha convertido en una historia única, global, relacionada, globalizada. La pobreza de unos ya no se puede explicar sin preguntarse por las relaciones de causalidad con la riqueza de los demás. El desarrollo económico de unos es indisociable del subdesarrollo de otros. El progreso de los derechos sociales aquí solo es posible por medio de la negación de los derechos allí.

La invisibilización de las interacciones requiere una movilización de la instancia ideológica para formalizar unos esquemas explicativos jerarquizadores. Estos esquemas constituyen el «racismo» tanto en sus constantes como en sus mutaciones. Hay invariabilidad porque todos los rostros del racismo, desde el biologismo a la islamofobia, tienen una comunidad de resultado: la jerarquización de la humanidad. También hay mutación porque cada rostro del racismo corresponde a un estado del sistema económico de depredación y a un estado de relación de fuerzas políticas. Al capitalismo monopolista corresponderá la esclavitud y la colonización como forma de dominación política, y el biologismo como forma del racismo. Al capitalismo monopolista globalizado y senil corresponderá la balcanización y el caos como forma de dominación, y la islamofobia (en espera de otras versiones para otras religiones del Sur en función de los países que hay que balcanizar) como forma de racismo.

Hace ya mucho tiempo que en su análisis de la aparición del neocolonialismo como sucesor del colonialismo directo Mehdi Ben Barka puso en evidencia las relaciones entre la evolución de la estructura económica del capitalismo y las formas de dominación. Al analizar las «independencias concedidas», las relaciona con las mutaciones de la estructura económica de los países dominantes:

«Esta orientación [neocolonial] no es una simple opción en el dominio de la política exterior. Es la expresión de un cambio profundo en las estructuras del capitalismo occidental. Desde el momento en que después de la Segunda Guerra Mundial y gracias a la ayuda [del Plan] Marshall y a una interpenetración cada vez mayor con la economía estadounidense Europa occidental se aleja de la estructura del siglo XIX para adaptarse al capitalismo estadounidense, era normal que Europa occidental adoptara también las relaciones de Estados Unidos con el mundo. En una palabra, que tuviera también su «América Latina».

Para el líder revolucionario marroquí lo que suscita el paso del colonialismo al neocolonialismo es, efectivamente, la monopolización del capitalismo. Del mismo modo, la precocidad de la monopolización en Estados Unidos es una de las causalidades de la precocidad del neocolonialismo como forma de dominación en América Latina.

Frantz Fanon, por su parte, puso en evidencia las relaciones entre la forma de la dominación y las evoluciones de las formas del racismo. La resistencia que suscita una forma de dominación (el colonialismo, por ejemplo) obligan a esta a mutar. Sin embargo, esta mutación requiere el mantenimiento de la jerarquización de la humanidad y, en consecuencia, llama a una nueva edad de la ideología racista. «Este racismo», precisa Fanon, «que se quiere racional, individual, determinado, genotípico y fenotípico se transforma en racismo cultural». Por lo que se refiere a los factores que llevan a la mutación del racismo, Frantz Fanon menciona la resistencia de los colonizados, la experiencia del racismo, es decir, «la institución de un régimen colonial en plena tierra de Europa» y «la evolución de las técnicas», es decir, las transformaciones de la estructura del capitalismo, como revelaba Ben Barka.

Por consiguiente, sin entrar en un debate complejo de una periodización del capitalismo datada con precisión es posible relacionar los tres órdenes de hechos que son las mutaciones de la estructura económica, unas formas de la dominación política y unas transformaciones de la ideología racista. Las tres «edades» del capitalismo piden tres «edades» de la dominación que suscitan tres «edades» del racismo. 

La infancia del capitalismo

Lo propio del capitalismo como modo del producción económica es que debido a su ley del beneficio requiere una extensión permanente. Está de inmediato en globalización, aunque esta conozca sus umbrales de desarrollo. Es decir, se trata del engaño del discurso actual sobre la globalización, que la presenta como un fenómeno completamente nuevo vinculado a los cambios tecnológicos. Como pone de relieve Samir Amin, el nacimiento del capitalismo y su globalización corren parejos:

«El sistema mundial no es la forma relativamente reciente del capitalismo, que se remonta solo al último tercio del siglo XIX en el que se constituyen «el imperialismo» (en el sentido que Lenin dio a este término) y el reparto colonial del mundo asociado a él. Por el contrario, nosotros afirmamos que esta dimensión mundial encuentra de inmediato su expresión, desde el origen, y sigue siendo una constante del sistema a través de las etapas sucesivas de su desarrollo. Admitiendo que los elementos esenciales del capitalismo se cristalizan en Europa a partir del Renacimiento (la fecha de 1492, inicio de la conquista de América, sería la fecha de nacimiento simultáneo del capitalismo y del sistema mundial), ambos fenómenos son inseparables».

En otras palabras, tanto el saqueo y la destrucción de las civilizaciones amerindias como la esclavitud fueron las condiciones para que el modo de producción capitalista pudiese ser dominante en las sociedades europeas. No hubo nacimiento del capitalismo y después extensión, sino un saqueo y una violencia total que reunía las condiciones materiales y financieras para que se instalara el capitalismo. Destaquemos además con Eric Williams que la destrucción de las civilizaciones amerindias va acompañada de su esclavización. Así, la esclavitud no es consecuencia del racismo, sino que este último es el resultado de la esclavitud de los indios. «En el Caribe», destaca este autor, «el término esclavitud se ha aplicado demasiado exclusivamente a los negros. […] El primer ejemplo de comercio de esclavos y de mano de obra esclavista en el Nuevo Mundo no concierne al negro sino al indio. Los indios sucumbieron rápidamente bajo el exceso de trabajo y como la comida era insuficiente, murieron de enfermedades importadas por el blanco».

Después la colonización no es sino el proceso de generalización de las relaciones capitalistas al resto del mundo. Es la forma de dominación política que finalmente se ha encontrado para la exportación y la imposición de estas relaciones sociales al resto del mundo. Para ello, por supuesto era necesario destruir las relaciones sociales indígenas y las formas de organización social y cultural que habían engendrado. El economista argelino Youcef Djebari demostró la magnitud de la resistencia de las formas anteriores de organización social y la indispensable violencia para destruirlas: «En todos sus intentos de anexión y de dominación en Argelia el capital francés se enfrentó a una formación social y económica hostil a su penetración. Desplegó todo un arsenal de métodos para aplastar y someter a las poblaciones autóctonas». Por ello la violencia total es consustancial a la colonización.

El racismo biológico aparece para legitimar esta violencia y esta destrucción. Fanon pone de relieve que el racismo «entra en un conjunto caracterizado: el de la explotación descarada de un grupo de hombres por otro. […] Por ello la opresión militar y económica precede casi siempre al racismo, lo hace posible y lo legitima. Hay que abandonar la costumbre de considerar que el racismo es una disposición del espíritu, una tara psicológica».

Por consiguiente, el racismo como ideología de jerarquización de la humanidad que justifica la violencia y la explotación no es una característica de la humanidad, sino una producción situada histórica y geográficamente: la Europa de la emergencia del capitalismo. El biologismo como primer rostro histórico del racismo conoce su edad de oro en el siglo XIX al mismo tiempo que la explosión industrial por una parte y la fiebre colonial por otra. El médico y antropólogo francés Paul Broca clasificó los cráneos humanos con fines comparativos y concluyó que «respecto a la capacidad craneal, el negro de África ocupa una situación aproximadamente media entre el europeo y el australiano». Por consiguiente, existe algo inferior al negro, el aborigen, pero un superior indiscutible, el europeo. Y como todas las dominaciones requieren unos procesos de legitimación, si no similares cuando menos convergentes, extiende su método a la diferencia de sexos para concluir que «la pequeñez relativa del cerebro de la mujer depende a la vez de su inferioridad física y de su inferioridad intelectual».

Monopolios, neocolonialismo y culturalismo

El siglo XX es el de la monopolización del capitalismo. Este proceso se desarrolla a ritmos diferentes para cada una de las potencias. Los grandes grupos industriales dirigen cada vez más la economía y el capital financiero se vuelve preponderante. La relación física y subjetiva entre el propietario y la propiedad desaparece a beneficio de la relación entre el cupón de la acción bursátil y el accionista. El gran colono propietario de tierras cede el primer puesto al accionista de minas. Esta nueva estructura del capitalismo requiere una nueva forma de dominación política, el neocolonialismo, que Kwame Nkrumah define de la siguiente manera: «La esencia del neocolonialismo es que el Estado sometido a él es teóricamente independiente, posee todas las insignias de la soberanía en el plano internacional. Pero en realidad su economía y, en consecuencia, su política están manipulados desde el exterior».

Por supuesto, la toma de conciencia nacionalista y el desarrollo de las luchas de liberación nacional aceleran la transición de una forma de dominación política a otra. Pero como el objetivo es mantener la dominación, sigue siendo necesario justificar una jerarquización de la humanidad. La nueva dominación política requiere una nueva edad del racismo. El racismo culturalista emergerá progresivamente como respuesta a esta necesidad haciéndose dominante en las décadas que van de 1960 a 1980. En adelante ya no se trata de jerarquizar biológicamente, sino culturalmente. El experto y el consultor sustituyen al colono y al militar. Ya no se estudia «la desigualdad de los cráneos» sino los «frenos culturales al desarrollo». Como ya no se puede legitimar sobre la base biológica, la jerarquización del ser humano se desplaza en dirección a lo cultural atribuyendo a las «culturas» las mismas características que antes supuestamente especificaban las razas biológicas» (fijeza, homogeneidad, etc.).

En el plano internacional el nuevo rostro del racismo permite justificar el mantenimiento de una pobreza y de una miseria populares a pesar de las independencias y de las esperanzas de emancipación que trajeron. Como se eluden las nuevas formas de dependencia (funcionamiento del mercado mundial, papel de la ayuda internacional, el franco CFA, etc.), solo quedan como causas explicativas unos rasgos culturales que supuestamente caracterizan a los pueblos de las antiguas colonias: el etnismo, el tribalismo, el clanismo, el gusto por la pompa, unos gastos suntuosos, etc. Se despliega así toda una corriente teórica denominada «afro-pesimista». Stéphan Smith considera que «África no funciona porque sigue estando “bloqueada” por unos obstáculos socioculturales que ella sacraliza como sus gris-gris [amuletos] identitarios» o incluso que «la mecanógrafa, ahora provista de un ordenador, ya no tiene la frente manchada de la cinta de la máquina de escribir a fuerza de hacer la siesta sobre esta». En eco, Bernard Lugan le responde que la caridad, la compasión y la tolerancia y los derechos humanos son ajenos a las «relaciones africanas ancestrales».

En el plano nacional el racismo culturalista desempeña la misma función, pero respecto a las poblaciones surgidas de la inmigración. Explicar culturalmente unos hechos que señalan las desigualdades sistémicas de las que son víctimas permite deslegitimar las reivindicaciones y las revueltas que suscitan esas desigualdades. El fracaso escolar, la delincuencia, la tasa de paro, las discriminaciones, las revueltas de los barrios populares, etc., ya no se explicarían por medio de unos factores sociales y económicos, sino por medio de unas causalidades culturales o identitarias.

Capitalismo senil, balcanización e islamofobia

Desde la llamada «globalización» el capitalismo se enfrenta a nuevas dificultades estructurales. El aumento constante de la competencia entre las diferentes potencias industriales hace imposible la menor estabilización. Las crisis se suceden unas a otras sin interrupción. El sociólogo Immanuel Wallerstein considera que:

«Desde hace treinta años hemos entrado en la fase terminal del capitalismo. Lo que diferencia fundamentalmente esta fase de la sucesión ininterrumpida de ciclos coyunturales anteriores es que el capitalismo ya no logra “hacer sistema”, en el sentido en el que lo entiende el físico y químico Ilya Prigogine (1917-2003): cuando un sistema, biológico, químico o social, se desvía demasiado y con demasiada frecuencia de su situación de estabilidad ya no logra recuperar el equilibro y se asiste entonces a una bifurcación. La situación se vuelve entonces caótica, incontrolable para las fuerzas que la dominaban hasta entonces».

No se trata simplemente de una crisis de sobreproducción. Al contrario que esta, la recesión no prepara ninguna recuperación. Las crisis se suceden y se encadenan sin recuperación alguna, las burbujas financieras se acumulan y explotan cada vez más regularmente. Las fluctuaciones son cada vez más caóticas y, por lo tanto, imprevisibles. La consecuencia de ello es una búsqueda del máximo beneficio por cualquier medio. En esta competencia exacerbada en situación de inestabilidad permanente el control de las fuentes de materias primas es un desafío todavía más importante que en el pasado. Ya no se trata solo de tener acceso para uno mismo a las materias primas sino de impedir que accedan a ellas los competidores (y en particular las economías emergentes: China, India, Brasil, etc.).

Amenazado en su hegemonía Estados Unidos responde por medio de la militarización y las demás potencias le siguen para preservar también el interés de sus empresas. «Desde 2001», señala el economista Philip S. Golub, «Estados Unidos ha emprendido una fase de militarización y de expansión imperial que ha trastocado profundamente la gramática de la política mundial». De Asia Central al Golfo Pérsico, de Afganistán a Siria pasando por Iraq, de Somalia a Mali las guerras siguen el camino de los lugares estratégicos de petróleo, del gas, de los minerales estratégicos. Ya no se trata de disuadir a los competidores y/o adversarios sino de llevar a cabo «guerras preventivas».

A la mutación de la base material del capitalismo corresponde una mutación de las formas de la dominación política. El principal objetivo ya no es instalar unos gobiernos títere que ya no pueden resistir de forma duradera a la cólera popular, sino balcanizar por medio de la guerra para hacer que esos países sea ingobernables. De Afganistán a Somalia, de Iraq a Sudán el resultado de las guerras es por todas partes el mismo: la destrucción de la propia base de las naciones, el desmoronamiento de todas las infraestructuras que permiten la gobernabilidad, la instalación de caos. A partir de ahora se trata de balcanizar las naciones.

Semejante dominación necesita una nueva legitimación formulada en la teoría del choque de civilizaciones. Esta teoría tiene vocación de suscitar unos comportamientos de pánico y de miedo con el objetivo de suscitar una demanda de protección y una aprobación de las guerras. Desde el discurso del terrorismo que requiere unas guerras preventivas hasta la teoría de la gran sustitución pasando por las campañas sobre la islamización de los países occidentales y sobre los refugiados vectores de terrorismo, el resultado esperado es siempre el mismo: miedo, pánico, demanda de seguridad, legitimación de las guerras, construcción del musulmán como nuevo enemigo histórico. La islamofobia es, efectivamente, una tercera edad del racismo que corresponde a las mutaciones de un capitalismo senil, es decir, que ya no puede aportar nada positivo a la humanidad, ya que solo puede aportar guerra, miseria, y la lucha de todos contra todos. No existe un choque de civilizaciones sino una crisis de civilización imperialista que exige una verdadera ruptura. Lo que tratan de evitar por todos los medios no es el fin del mundo sino el fin de su mundo.






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sábado, 5 de diciembre de 2015

Egaña | Liberticidios a la Francesa


El asunto nos preocupa y nos ocupa por una simple razón, tres herrialdes vascas están aún bajo jurisdicción gala y si a eso le agregamos nuestra solidaridad internacionalista con Corsica y Breizh pues ya tendrán una idea del panorama que nosotros vislumbráramos desde el 13N, baste recordar las exageradas condenas dictadas a seis militantes de ETA hace solo un par de días.

Pues bien, a ese respecto, les compartimos este texto publicado por nuestro amigo Iñaki Egaña en su cuenta de la red social del supuesto francóifilo Mark Zuckerberg:


Liberticidios a la francesa

Iñaki Egaña

Perdonen la licencia. La Real Academia de la Lengua (española) no acepta como vocablo el título de este artículo. Sí, en cambio, la palabra liberticida: "el que mata o destruye la libertad". Tampoco la francesa, que traslada al adjetivo liberticide, una expresión literaria: "El que destruye la libertad". Los italianos, siempre más pragmáticos, la tienen en su diccionario: "Violaciones, la supresión de toda libertad". No invento algo nuevo, transmito solamente.

Hace unas semanas, nos visitó el francés Laurent Bonelli, profesor de Ciencias Políticas: "Hay que alertar del peligro liberticida de las leyes de excepción". Nada menos que 15 leyes sobre antiterrorismo desde 1986. La crónica "seguritaria" viene de lejos. El liberticidio se sostiene desde la V República, bajo el manto del mantra revolucionario: liberté, égalité, fraternité.

Creo, sin embargo, que el liberticidio francés no es cosa de 2015, ni siquiera de 1986, aunque echar la vista atrás siempre corre el riesgo de perder la perspectiva del presente. Francia tiene un potente aparato perfectamente engrasado, como ya denunció Vincent Nouzielle, destinado a ejecutar por todo el mundo a disidentes, que hace que la realidad sea más real, valga la redundancia, que la ficción.

A comienzos de este año de 2015, Nouzielle escribía unas frases tremendas: "François Hollande tiene en su despacho del Elyseo una lista de personas cuya eliminación ya ha sido aprobada. El presidente aprueba regularmente operaciones en escenarios exteriores, en Malí, en Centroáfrica, en Oriente Medio. No se trata de eso, es otro concepto que sobrepasa la noción tradicional de la guerra".

Tras los ataques salafistas radicales de París, el presidente Hollande ha declarado el estado de excepción para Francia (incluidos sus territorios de ultramar, con el apoyo de 551 diputados frente a 7, hasta febrero de 2016). Se suspende la separación de poderes y la policía se hace con la gobernanza de la vida cotidiana. Cazeneuve, ministro del Interior, se convierte en el director del Estado.

Los primeros resultados ya nos han llegado: cientos de detenidos en las calles, más de 300 en arresto domiciliario, sin cometer delito alguno, sólo por ser "sospechosos". No sólo islamistas. Entre ellos también, varias decenas de ecologistas.

Los valores de la democracia francesa que dicen defender Hollande y Cazeneuve siempre han sido pantalla para azucarar una situación de facto en la que el Estado policial ha sido el dominador nato. Ahora, se alzan voces, intelectuales suman su firma a manifiestos contra el Estado policial. Pero el terrorismo del Estado francés, no ha conocido coyunturas.

En octubre de 1961, y por desmentir con una noticia que apuntaba a que los atentados del ISIS en París eran los que más víctimas habían causado desde la Segunda Guerra mundial, una manifestación que protestaban contra el toque de queda étnico (racista) impuesto únicamente a los magrebíes, fue disuelta a tiros. En París. Lo sucedido fue negado oficialmente por Francia hasta 2012, cuando el presidente francés hizo una declaración pública en nombre de la República reconociendo la "sangrienta represión en el curso de la que fueron muertos...". Fue la represión de Estado más violenta provocada jamás contra una manifestación en Europa. Hubo 11.000 detenidos. Jean-Luc Einaudi en La Bataille de Paris, identifican a 140 muertos (entre ellos 66 desaparecidos) y la Enciclopedia Larousse señala que, según las fuentes, la Policía de París pudo matar a 285 personas. Los responsables de la matanza, represión y ocultamiento fueron Maurice Papon, prefecto, Michel Debré, Primer Ministro, Roger Frey, ministro del Interior y el presidente de la República, el general Charles De Gaulle. Papon fue condenado en 1998 a diez años de cárcel, pero no por la matanza de París, sino por colaboracionista con los nazis durante la Segunda Guerra mundial.

Las "operaciones quirúrgicas" aplicadas ahora por Hollande, la "razón de Estado" a la que se refería Charles Pasqua, aquel ministro de infausto recuerdo, se han repetido con una cadencia rotunda y han sido avaladas por los últimos presidentes, desde Mitterrand a Chirac, desde Sarkozy a Hollande. Los cuerpos de élite se han tomado la justicia por su mano a lo largo del mundo, como si el estado de excepción fuese consustancial a la naturaleza de la V República.

La memoria se esfuma. En Libia, en Kosovo, en las Comores, en Beirut, en Guyana, en Nueva Zelanda, en Nueva Caledonia, en Congo, en Yibuti... Francia no ha entrado en guerra el 14 de noviembre pasado como no se cansa de repetir Hollande. Francia lleva en guerra varias décadas. Y no sólo con sus intervenciones directas (Libia, Malí, Siria, las más cercanas), sino en esa no declarada, la denunciada por Nouzille, la que avergüenza a la supuesta patria donde surgieron los derechos humanos. Y que, por eso, la esconden bajo la alfombra.

En la cercanía, al margen de esa estrecha colaboración en casos como el BVE, los GAL, las entregas con torturas aseguradas, aún está por reconocerse la muerte de Pierre Goldman, un viejo resistente que fue abatido por un mercenario que lo reivindicó en nombre del "Honor de la Policía". Jean Louis Maione, el mercenario, según reveló el diario Libération en 2006, trabajaba para los servicios secretos franceses y su muerte fue encargada por "españoles, ya que Goldman simpatizaba con la causa vasca".

Por eso de que Cataluña está ahora en el punto de mira de servicios secretos y agentes de todo tipo, también "urge" aclarar por El Elíseo a quién fueron a matar aquellos dos agentes de la DGSE (agencia de inteligencia exterior francesa) que fueron detenidos en Manresa y Barcelona por los Mossos d´Esquadra en 2002. Dos agentes que reproducían aquel ataque en Auckland contra un barco de Greenpeace, que informaba y protestaba por las pruebas nucleares francesas en Mururoa y que produjo la muerte del fotógrafo Fernando Pereira.

Detenidos en un control rutinario con fusiles de mira telescópica y nocturna, los dos agentes provocaron un terremoto diplomático en el que París jugó fuerte, continuar con la implicación en la lucha contra ETA a cambio de la libertad de los dos detenidos. Mariano Rajoy, entonces ministro del Interior, y Michèle Alliot-Marie, aquella concejal de Ziburu que terminó siendo ministra de Defensa cuando los hechos, saben mucho de aquello. Como el general Philippe Rondot, el capo de los servicios secretos franceses, que llegó a visitar al juez catalán encargado del caso.

Por supuesto que los dos agentes quedaron en libertad, y Francia siguió persiguiendo a la disidencia vasca. Nunca se ha sabido quién era el objetivo de los dos agentes. De lo poco que se ha filtrado, a través de Libération y de El País, al parecer el objetivo era un independentista... corso.

Las razones para tanto liberticidio no habrá que buscarlas en las declaraciones oficiales. Francia puede soportar, y de hecho lo hace, asesinos en serie bajo el paraguas de la "lucha contra el terrorismo". Su opinión pública está horrorizada con los atentados del 13 de noviembre. Que serán aireados una y otra vez para justificar sus guerras paralelas y ocultas.

En París fue muerta Dulce September, delegada en Europa del ANC, cuando Francia vendía armas a la Sudáfrica del Apartheid. En París, Sakine Candiz, fundadora del PKK kurdo, junto a dos compañeras, hace ahora dos años, fueron muertas a plena luz del día. Manuel Valls, entonces ministro del Interior, prometió que su policía aclararía de inmediato el magnicidio. Hasta hoy.

No es, como dicen los medios, una "lucha contra el terrorismo". Se trata de un todo multidisciplinar. El liberticidio francés defiende su estatus político, su posición geoestratégica en el mundo a través de sus aliados, sus intereses económicos, sobre todo. No hay estado de excepción desde hace tres semanas. La excepcionalidad viene desde lejos, muy lejos.





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domingo, 22 de noviembre de 2015

Mendia y su Hipócrita Antiyihadismo

Hay que dejarle a una vasquita colonizada, integrante de uno de los partidos que se han utilizado como mascareta para ocultar el rostro franquista del régimen español el querer pasar la factura de los platos rotos en París la noche del 13 de noviembre a los vascos.

No nos hagamos tontos, ese monstruo sanguinario denominado Estado Islámico es un engendro de la OTAN creado con el único fin de desestabilizar el medio oriente provocando mortíferos conflictos bélicos que perjudican a los habitantes de países como Irán, Irak, Siria, Líbano y Palestina para beneficio de las anacrónicas monarquías de la penísula norafricana.

Así pues, Madrid es tan responsable de los horrendos crímenes llevados a cabo por los yihadistas del Estado Islámico como también de los centenares de muertes que se están dando en las fronteras de Europa como consecuencia de la ola de refugiados y migrantes económicos que ha generado la tortuosa estrategia geopolítica del neoliberalismo globalizado.

Con esta editorial de Gara explicamos lo anterior:


Los atentados de París y la respuesta posterior han entrado en el Parlamento de Gasteiz, pero de la peor manera posible y con un prisma absolutamente partidista y ajeno a los intereses de Euskal Herria. Idoia Mendia (PSE) ha reprochado al PNV que se niegue a sumarse al llamado «pacto antiyihadista» de PP y PSOE y que no apoyara una declaración de condena, y los tres partidos han terminado cruzándose reproches al respecto.

El impacto en Euskal Herria de lo ocurrido en París es evidente. Parte del territorio vasco está en el Estado francés y el sur cercano a él, había vascos en el Bataclan… Pero el debate que debería estar produciéndose estos días en las principales instituciones vascas no es precisamente el rifirrafe entre Mendia y el PNV, sino por qué y hasta cuándo este país va a estar sometido y vinculado a las decisiones políticas, policiales e incluso militares de París y Madrid. Porque debido a su sumisión político-administrativa no le es ajeno, desgraciadamente, el hecho de que Hollande haya declarado la guerra, o que Rajoy –el mismo día del ataque en Bamako– amague con asumir las tareas militares del Estado francés en África, o la invocación a artículos muy peligrosos de la OTAN, en la que Euskal Herria está incluida pese a haber rechazado expresamente su ingreso.

En este sentido, el país está sometido al arbitrio de esas decisiones ajenas, con un impacto presente y futuro que puede ser enorme. La falta de soberanía atañe a todos los ámbitos, pero en este se muestra especialmente denunciable porque parece claro que la mayoría social vasca no hace suyas medidas como las citadas. La cuestión de la acogida de los refugiados –y es buen momento para recuperarla cuando varios de ellos acaban de llegar a Baigorri– es otro ejemplo de cómo la voluntad expresada en Euskal Herria por muchas instituciones choca con los topes e impedimentos estatales y comunitarios. Ese es el debate en el que la clase política vasca debería estar inmersa estos días. El de la soberanía, también en este caso.





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