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viernes, 21 de febrero de 2020

Sobre el Himalaya

Directo desde las páginas de El Diario y para ser archivado bajo la etiqueta Kurlansky traemos a ustedes este artículo acerca de un hito muy poco conocido en el cual participaron, y como no, vascos.

Lean por favor:


Asociación Sancho de Beurko

En memoria de la Dra. Emilia (Sarriugarte) Doyaga (Brooklyn, Nueva York, 1925-2020).

Con el ataque a Pearl Harbor en Hawái, y la invasión de Filipinas, el Imperio japonés inició una imparable carrera militar expansionista a lo largo y ancho del Pacifico contra posesiones estadounidenses, británicas y holandesas como respuesta al apoyo logístico que desde 1941 le brindaba Estados Unidos (EEUU) a la República de China en su guerra con el país nipón (la Segunda Guerra Chino-japonesa se inició el 7 de julio de 1937), y al embargo de petróleo por parte de holandeses y británicos. En diciembre de 1941, Japón atacó territorios coloniales británicos en Hong Kong, Malasia, Singapur y Birmania (hoy en día Myanmar). Se abría así un nuevo frente militar en la guerra global, en el que China, con el apoyo estadounidense y soviético, se convertía en una pieza clave para frenar las ambiciones imperialistas japonesas en el sudeste asiático y que fue bautizado como el Teatro de Operaciones China-Birmania-India. Fue el gran teatro militar olvidado de la Segunda Guerra Mundial (SGM). Se estima que unos cuatro millones de soldados chinos y japoneses perecieron como resultado del conflicto bélico, a los que se habría que añadir entre 10 y 25 millones de civiles chinos fallecidos. La Segunda Guerra Chino-japonesa supuso la mayor tragedia humana en número de fallecidos en toda la Guerra del Pacifico.

La invasión de Malasia se produjo el 8 de diciembre y fue ocupada en su totalidad para febrero de 1942. Desde ahí, Japón lanzó otro ataque a la isla de Singapur, al sur de la Península Malaya. El 15 de febrero las tropas británicas de Singapur se rindieron. A finales de diciembre Japón invadió Birmania con 100.000 soldados y cerca de 700 aeronaves. Los británicos capitularon en abril de 1942. La invasión de Birmania suponía para Japón la obtención de un suministro militar vital para los Aliados y particularmente para Estados Unidos como fue el caucho natural. El 90% de toda la producción de caucho natural crecían en un radio de 15 grados de Singapur. La respuesta del gobierno de EEUU no tardó y conformó un consorcio de empresas de fabricación de caucho con el objetivo de sustituir el caucho natural por uno sintético. Las hoy en día empresas multinacionales Firestone y posteriormente Goodyear fabricarían en la primavera de 1942 el primer caucho sintético de la historia.

Aún más, Birmania era un objetivo estratégico para Japón en su victoria final contra la resistencia China. Japón necesitaba cortar de raíz los suministros a China y que se realizaban principalmente a través de la llamada Carretera de Birmania construida en 1938 con una longitud de 1.154 kilómetros y que comunicaba Rangún, al sur de Birmania, y Kunming, en la provincia china de Yunnan. Birmania era el principal país a través del cual se abastecía a China en su objetivo de derrotar a Japón desde la invasión de 1937. La toma de Rangún en marzo de 1942 supuso el control de la Carretera de Birmania y el fin de los suministros aliados por tierra a China. (Japón tenía a China aislada por mar desde el 37). La única solución aliada en aquel momento fue la de abastecer a los nacionalistas chinos y a las unidades del Ejército del Aire estadounidenses por aire desde, inicialmente, Dinjan en la provincia de Assam, India, a la ciudad de Kunming —a través del extremo este de la cordillera del Himalaya, bautizada por los pilotos como “hump” (joroba; con altitudes superiores a los 4000 metros)-. La ruta área de 800 kilómetros, también conocida como el sendero de aluminio, fue inaugurada el 8 de abril de 1942.

Entre los hijos de vascos inmigrantes que volaron sobre el sendero de aluminio, se encuentran casualmente cuatro jóvenes del Condado de Humboldt, en el Estado de Nevada: Santiago Arriola Onandia y Joseph Malaxechevarria Plaza —ambos nacidos en 1919 en la pequeña localidad rural de Paradise Valley-, John Montero Bidegaray, nacido en 1922 en el rancho familiar de Leonard Creek, y Domingo Arangüena Bengoa, nacido en 1917 en Winnemucca. Santiago Arriola fue reclutado el 17 de octubre de 1941 antes de que EEUU entrase en la guerra. Se incorporó a las Fuerzas Aéreas y recibió formación de operador de radio en la base aérea de Scott (Illinois). Ascendido a Staff Sergeant, partió hacia la India bajo órdenes selladas desde Sioux Falls (Dakota del Sur) en un extraordinario periplo que le llevó primero a Greensboro (Carolina del Norte), luego a Miami Beach (Florida), donde cogió un vuelo que haría la ruta Puerto Rico, Belim, Isla Ascensión, Gold Coast of Africa (actual Ghana), Jartum y Adén. Su avión tuvo problemas con los motores y se vio obligado a aterrizar en Madagascar, para luego seguir ruta hacia Karachi, Barrackpore y, finalmente, el aeródromo de Kurmitola (Bengala), donde fue asignado a la División China-India del Mando de Transporte. Voló en los aviones C-109 “Liberator Express” modificados como transportes de combustible en lo que se dio en llamar las “Gas runs” (rutas de suministro de combustible) desde India a China. A finales de 1944 su unidad fue destinada al aeródromo indio de Shamshernagar, donde permaneció hasta que fue bombardeado por los japoneses en junio de 1945. Cuando terminó su periodo de servicio había atravesado el Himalaya más de 100 veces. Al acabar la guerra fue trasladado en avión hasta Karachi, donde cogió un barco que le llevaría a Nueva York. Desmovilizado en Fort Douglas (Utah), llegó a su casa de Paradise Valley justo para la Navidad de 1945. Falleció en 1994.

Joseph Malaxechevarria (en los EEUU era Joseph Echevarría) se alistó el mismo día del ataque a Pearl Harbor. Entró en las Fuerzas Aéreas y consiguió plaza en la escuela de formación técnica de la base aérea de Chanute (Illinois), de donde salió graduado como mecánico. Fue enviado a África del Norte a finales de 1942 y luego a Sicilia, alcanzando la graduación de Staff Sergeant. Posteriormente fue enviado a India y a China, donde tuvo ocasión de volar sobre el extremo oriental de la cordillera del Himalaya. Recibió la Estrella de Bronce por haber consumado con éxito 150 horas de vuelo operacional en aviones de transporte en los meses de enero y febrero de 1945 sobre las peligrosas y difíciles rutas aéreas entre India y China, “mientras volaba tanto de día como de noche a elevadas altitudes sobre infranqueables montañas lo que requirió coraje y habilidad para largos períodos operativos”. En la primavera de 1945 regresó a EEUU y fue destinado a la base de aviones de caza de Indian Springs (Nevada), dónde se licenció. Falleció en 2010 a los 91 años.

Se estima que unas 650.000 toneladas (el 81% de todos los suministros y personas que entraron en China) fueron aerotransportadas entre India y China a lo largo de la guerra. Por volumen transportado fue el puente aéreo estratégico más grande y extendido en la historia de la aviación hasta 1949. El coste humano y de aeroplanos fue considerable debido a las adversas condiciones climáticas, la extraordinaria altitud, fallos mecánicos, la falta de experiencia de los pilotos y a los ocasionales ataques de los cazas japoneses. Los pilotos no contaban con un radar ni con una torre de control y las radios no eran adecuadas. Casi 1.700 tripulantes y pasajeros y cerca de unos 600 aviones que hicieron la ruta India-China fueron dados por muertos o por desaparecidos. Entre estos últimos se encuentra John Montero.

Fue reclutado el 28 de octubre de 1942 e ingresó en las Fuerzas Aéreas. Se graduó como artillero, incorporándose al 45º Escuadrón del 40º Grupo de Bombardeo, formando parte de la tripulación de la super fortaleza B-29 “Stockett’s Rocket”, que pilotaba el capitán Marvin M. Stockett. Los B-29 empezaron a llegar a la base de Kuangchan (China) el 24 de abril de 1944, pero la primera salida de combate no se produciría hasta el día 5 de junio de 1944 desde aeródromos en India. El objetivo era bombardear talleres ferroviarios en Bangkok (Tailandia), perdiéndose hasta cinco aviones por problemas técnicos. La siguiente misión fue el 15 de junio 1944 y tenía como objetivo Japón, en lo que sería la primera vez desde la incursión de “Doolittle” de 1942. Tres B-29 se perdieron, incluido el avión en el que volaba el Sargento Montero, que cubría la posición de artillero en el lado izquierdo. Tras despegar sin novedad de su base de Chakulia (India) el “Stockett’s Rocket” desapareció sin que se haya podido averiguar cuál fue su destino, notificándose oficialmente su pérdida. Todo apunta a que se estrellaron al no poder rebasar la cordillera del Himalaya. La noticia de su desaparición llegó hasta su localidad natal de Leonard Creek apenas un mes después, celebrándose una misa por su memoria en la Iglesia Católica de Saint Paul de Winnemucca el 9 de julio de 1944. A la familia se le informó de que se trataba de un vuelo de rutina desde Chakulia (India) a Hsing-Ching (China) y que el último contacto por radio se produjo cuando volaban sobre Jorhat (India). Ni el avión ni, obviamente, los cuerpos fueron nunca encontrados. Está memorializado en el cementerio americano de Manila.

Domingo Arangüena fue reclutado el 10 de marzo de 1942. Destinado a las Fuerzas Aéreas, se formó como mecánico e ingeniero de vuelo del bombardero medio B-25 “Mitchell” en la base de Mather en Sacramento (California). Después inició un largo periplo que le llevó a África del Norte, Egipto, Irán, Indochina, Birmania e India, estableciendo su base de operaciones en Jorhat. Recién acabada la guerra tomó parte en vuelos de búsqueda sobre la cordillera del Himalaya, India y Birmania, donde se habían perdido centenares de aviones, incluido el B-29 “Stockett’s Rocket” de John Montero. Tras regresar a Winnemucca tuvo ocasión de hablar con el padre de éste, Ramón, que le preguntó si conocía bien aquel país y si sería posible ir a buscar a su hijo. Este le contestó que hubo aviones buscando y que él participó en muchas de aquellas misiones tras el fin de la guerra. Unos 1.200 tripulantes fueron felizmente rescatados o regresaron a la base por su propia cuenta durante la contienda. Arangüena falleció en 2004 con 86 años.

Sin el sacrificio y la voluntad férrea del comando aéreo y su personal, no hubiera ido posible distribuir los recursos necesarios para la defensa de China lo que eventualmente hubiese conllevado su derrota militar. El éxito de la heroica operación sobre la cordillera del Himalaya hizo que Japón mantuviese más de un millón de soldados y numerosos recursos en el frente de China, sin poder disponer de ellos en el del Pacifico, lo que facilitó en gran medida el éxito final de los Aliados (1).

(1)Launis, Roger D., Scott, Beth F., Rainey, James C., y Hunt, Andrew W. (eds. 2000). The Hump Airlift Operation. The Logistics of War: A Historical perspective. Air Force Logistics Management Agency (U.S. Air Force). pp. 110–113






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viernes, 20 de diciembre de 2019

Los Circunnavegantes

Dedicamos esto a los españoles y mucho españoles que tanto se han esforzado por negar la identidad histórica del pueblo vasco.

Mira que venir a ser reconocidos como protagonistas de uno de los grandes hitos de la historia europea.

De eso nos habla, aportando nuevos datos, este artículo publicado en el portal de EiTB:


En 'El Armario del Tiempo' del escritor Álvaro Arbina en 'Boulevard Magazine' de Radio Euskadi, hablamos de historia y leyendas sobre las gestas y hazaña de los marinos vasco.

Álvaro Arbina descubre en 'Boulevard Magazine' como era ese gran marino vasco llamado Juan Sebastián Elcano y relata la historia de la nao Victoria, capitaneada por el marino de Getaria y que dio la vuelta al mundo entre los años 1519 y 1522.

Pasar a la historia como el protagonista de aquella hazaña no estaba destinado al vasco Juan Sebastián, sino al portugués Fernando de Magallanes, que quería abrir una ruta comercial directa hasta las Molucas. También llamadas Islas de las Especias, la mercancía más preciada de la cocina europea. Pero el rey de Portugal prefería seguir costeando África como habían hecho hasta ahora, así que don Fernando renegó de sus raíces y le vendió el proyecto al emperador Carlos, que le dio su imperial bendición.

Magallanes fletó en los muelles del Guadalquivir cinco naves tripuladas por 234 hombres, de los que solo volverían 18, sin incluir a Magallanes. Lo mataron en el paradisíaco archipiélago de Filipinas, a manos del caudillo Lapulapu.

Recientemente varios investigadores han descubierto la declaración olvidada de un grumete que desertó del viaje y que aporta nuevos datos sobre el viaje de Magallanes y Elcano. El redescubrimiento en el Archivo Nacional Torre do Tombo, en Lisboa, de la declaración del grumete de la nao Victoria ofrece nuevos y sorprendentes detalles sobre la gesta.

El joven Martín de Ayamonte, que fue apresado e interrogado por los portugueses cuando se escondía en la isla de Timor tras desertar de la nave, desvela en su declaración detalles desconocidos que refuerzan, por ejemplo, lo que ya se sospechaba sobre la fortaleza de carácter de Elcano. Según su confesión, cuando la tripulación de la Victoria deseaba volver a España bordeando los territorios portugueses del Pacífico, Elcano se negó alegando que podían ser apresados por la nación rival y que los monzones no les serían propicios. Impuso su criterio con determinación y se jugó un motín. Frente a la opinión general, se alejó de las costas porque entendió perfectamente el ciclo de los monzones, lo que permitió que diese la vuelta al mundo.

El relato del grumete desvela detalles espeluznantes sobre la batalla donde murió Fernando de Magallanes. Al parecer, los indígenas colocaron unas terribles trampas con estacas camufladas en la selva. Muchos españoles quedaron ensartados en los hoyos.

Cuando alcanzaron la Patagonia debía hacer frío terrible y las provisiones empezaban a escasear. Así que estalló el motín. Cuatro capitanes se rebelaron contra Magallanes, que se había visto obligado a racionar la comida pero se negaba a aceptar su fracaso dando media vuelta y regresando a España. Entre los amotinados se encontraba Juan Sebastián Elcano. Algo valioso debió ver Magallanes en él porque ejecutó rápidamente a todos los capitanes salvo a Elcano, a quien eso sí, degrado a marinero.

La nao San Antonio desertó: llegaría meses después a Sevilla, con barco y sin honra. La Santiago se estrelló contra las rocas al sur de Argentina. Y aún quedaba lo peor: internarse por el laberinto de agua y tierra que forma el hoy conocido como estrecho de Magallanes. Durante tres meses no avistaron un solo punto de tierra firme. El agua provisionada se pudrió. Las galletas se convirtieron en polvo con gusanos. El menú del día consistía en serrín y cuero y las ratas se pagaban a precio de festín: medio ducado. El escorbuto inflaba las mandíbulas de los marinos antes de matarlos. Cada día había que tirar por la borda un nuevo cadáver. Y entonces fue cuando llegaron a Japón y después a Filipinas.

Hablamos de Elcano como el primer hombre en dar la vuelta al mundo. Y el primer vasco. Pero con él también lo lograron otros seis. De los dieciocho que lograron la hazaña.

La presencia de los vascos en la vuelta al mundo no fue casualidad. Entre los expedicionarios de aquella hazaña en el mar hubo 22 vizcaínos, 9 guipuzcoanos y 3 navarros. Además tres de las cinco naos (Victoria, San Antonio y Trinidad) provenían de Bizkaia. Si bien es cierto que solo llegaron 18 hombres a Sanlúcar de Barrameda, los que consiguieron dar la vuelta al mundo en realidad fueron 31, que son los que alcanzaron Cabo Verde, donde por latitudes se contabilizaba la circunnavegación mundial. Varios hombres de la tripulación bajaron a tierra para comprar esclavos negros que les ayuden a realizar el durísimo trabajo y abastecerse de comida y bebida. Pero los doce marineros fueron capturados y retenidos por el gobernador de la colonia, ya que los barcos españoles tenían prohibida la entrada en territorio portugués.

Elcano prosiguió su viaje y una vez en tierra, regresó a Sanlúcar, y desde allí escribió una carta al rey Carlos V para que intercediera por sus hombres presos en Cabo Verde. El emperador negoció con el rey de Portugal y obtuvo la libertad de los marineros, entre los que se encontraba un vasco, Pedro de Tolosa.

Además de Elcano, han quedado grabados para siempre en los anales de la historia los nombres de Pedro de Tolosa, Juan de Acurio, Juan de Arratia, Pedro de Chindurza y Juan de Zubileta.






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martes, 5 de noviembre de 2019

Proxenetas y Feminismo Burgués

En El Plural se ha dado a conocer este texto en el cual se deja bien claro el daño causado por las feministas burguesas al defender la normalización de la prostitución, actividad que junto con la pornografía rechazamos en este blog por considerarlas consustanciales a la explotación y la visión utilitaristas propias del capitalismo.

Lean por favor:


Teresa C. Ulloa Ziáurriz

Es que es inexplicable cómo alguien que se dice feminista, puede ser tan necia y seguirse desprestigiando a los ojos de las jóvenes y las feministas, como es el caso de Marta Lamas, quien es la feroz defensora de la prostitución como “trabajo sexual” y de los vientres de alquiler.

El feminismo liberal es una forma individualista de teoría feminista centrada en la capacidad de las mujeres para mantener su igualdad a través de sus propias acciones y decisiones. Las feministas liberales argumentan que la sociedad tiene la falsa creencia de que las mujeres son, por naturaleza, menos capaces que los hombres intelectual y físicamente, por lo tanto, tiende a discriminar a las mujeres en la academia, el foro y el mercado. Las feministas liberales creen que «la subordinación femenina se basa en un conjunto de restricciones de costumbres y legales que les oprimen y bloquean su entrada y el éxito en el llamado espacio público«. Su lucha es, pues, lograr la igualdad entre los sexos a través de la reforma política y legal. Antes eran conocidas como feministas de la igualdad.

Luego, entonces, el feminismo liberal, antepone las decisiones individuales por encima del concepto de bien común, sin importar si las decisiones individuales perpetúan estereotipos que son dañinos para las propias mujeres y para la comunidad.

Y es que es inexplicable que una académica como Lamas, no alcance a darse cuenta del triste papel que ha venido jugando al defender la prostitución como “trabajo sexual” y al patriarcado en todos los temas que preocupan a las mujeres jóvenes, como el hostigamiento sexual, el acoso y los actos libidinosos o abusos sexuales. Es una verdadera representante del patriarcado que confunde a muchas mujeres con sus discursos contrarios a las mujeres. Y lo peor es que hay autoridades que a estas alturas creen que Lamas es feminista, por ejemplo la Gobernadora de la Ciudad de México.

Y aunque catalogue Lamas a las abolicionistas como moralistas, dejando ver su terrible ignorancia y la de sus seguidoras sobre los enfoque socio-jurídicos con los que se abordado la prostitución, el prohibicionismo, el reglamentarismo y el abolicionismo.  No se puede negar que la prostitución es una actividad precarizada para las mujeres y jóvenes en pobreza, pobreza extrema, falta de oportunidades y eventos previos de violencia sexual.

Se ignora o se quiere ignorar toda la violencia que está intrínseca en la prostitución y el número tan grande de mujeres que han perdido la vida, han sido violadas, quemadas, cortadas, golpeadas mientras eran prostituidas.

El fenómeno de la prostitución tratado con ligereza en aras de una supuesta postura progresista, enmascara el contenido siniestro de la trata y la explotación sexual, que son actos criminales y que están tipificados como delito en la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para Proteger y Asistir a las Víctimas de estos Delitos (de julio del 2012).

El llamado “consentimiento –o política de elección personal”, se basa en una visión liberal occidental de los derechos humanos que eleva la voluntad y las elecciones individuales por encima de todos los otros derechos humanos y de toda noción de bien común (BARRY, 1995).

Cualquier acto legislativo debe regirse por los siguientes principios:

    a) Los países no pueden reglamentar la prostitución o someter a las mujeres a registros o a otros controles.
    b)   El “consentimiento” no puede ser utilizado como instrumento de defensa de los acusados o como excluyente del delito.
    c)   La prostitución no puede ser reconocida como un trabajo.
    d)   No se puede hacer distinción entre prostitución “libre” y “forzada”.
    e)   La trata con fines de prostitución y “la explotación de la prostitución ajena” no pueden estar disociadas porque es un negocio ilícito que se rige por la Ley de la Oferta y la Demanda.

La trata, la prostitución y la explotación sexual de mujeres y niñas en el mundo y en México, determinan y condicionan el orden social basado en la desigualdad y la violencia, constituyendo una seria amenaza para el desarrollo de la paz, la igualdad de género y la democracia.

Pero, además, la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres, ratificada por nuestro país en 1981, establece entre otras cosas:

 Preámbulo.

…”El espíritu de la Convención tiene su origen en los objetivos de las Naciones Unidas: reafirmar los derechos humanos fundamentales, la dignidad y el valor de la persona humana y la igualdad de derechos de hombres y mujeres. La Convención define el significado de la igualdad e indica cómo lograrla. En este sentido, la Convención establece no sólo una declaración internacional de derechos para la mujer, sino también un programa de acción para que los Estados Parte garanticen el goce de esos derechos…”

Por lo que cualquier acción que se intentara en el Congreso de la Ciudad de México para reglamentar la prostitución estaría atentando contra principios fundamentales del derecho internacional de los derechos humanos y contra los derechos de las mujeres y las niñas, en tanto el 85% de las personas en situación de prostitución son del sexo femenino.

Aún más, los tres poderes de la Unión y los tres niveles de gobierno están obligados a lo que establece el Artículo 6 de la Convención, que a la letra dice:

Artículo 6.

Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer.

La tendencia mundial en relación con la prostitución, está encaminada a legislar e implementar políticas de prevención y salida de la prostitución, con una amplia gama de apoyos a las víctimas, despenalizando la prostitución, sancionando al cliente y penalizando la publicidad de contacto sexual. Así se constata en Suecia (1999), Noruega, Islandia, Irlanda del Norte, Filipinas, Corea, Canadá, Francia, Israel, Guatemala y El Salvador. En abril de 2016 la Asamblea Nacional Francesa adoptó una ley contra el sistema prostitucional, a favor del acompañamiento y apoyo integral a las víctimas y la prohibición de la compra de cualquier acto sexual.

En las experiencias de otros países el reconocimiento de la prostitución como trabajo y su despenalización resulta contrario a la exigibilidad de derechos, porque:

~ Es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.

~ Promueve la trata para la explotación sexual.

~ No supone un control de la industria del sexo, la expande.

~ Aumenta la prostitución de calle.

~ Promueve la prostitución infantil.

~ No protege a las mujeres que están en situación de prostitución.

~ Aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar sexo de paga en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.

~ No promueve una mejora de la salud de las mujeres.

~ No aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.

~ Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.






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miércoles, 23 de octubre de 2019

Vascos en el Teatro del Pacífico

El Diario trae a nosotros este reportaje acerca de los descendientes de vascos que lucharon y murieron durante la Segunda Guerra Mundial lejos de Europa, en el Teatro de Guerra del Pacífico:


Asociación Sancho de Beurko

En contraste con las conmemoraciones públicas del Día “D” de Normandía, la isla Mariana de Saipán atrae poca o nula atención institucional o mediática, a pesar de su importancia estratégica en el teatro de operaciones del Océano Pacifico y dado el significado que tuvo en el devenir de la propia guerra. El día 5 de junio de 1944, previo al Día “D” europeo, 71.000 marines y soldados estadounidenses, —casi la mitad de la fuerza americana en Normandía—, salieron de Pearl Harbor, Hawái, rumbo a las Marianas. A pesar del intenso bombardeo aéreo seguido por el de 15 acorazados durante dos días previo a la propia invasión, la resistencia en tierra fue feroz. Más de 3.400 soldados americanos y cerca de 29.000 soldados japoneses murieron. Entre estos últimos se estima que unos 3.000 se lanzaron en diversas cargas suicidas o banzai durante quince horas contra las tropas americanas el 7 de julio. A estas cifras hay que sumarle los 22.000 isleños civiles, Chamorros, que fallecieron a causa de la invasión, víctimas en gran medida de una campaña de suicidios forzosos incitada por los militares nipones que no tenía parangón hasta ese momento en la campaña del Pacífico, que ya conocía horrores de todo tipo a cargo de las fanáticas tropas japonesas. Con casi 10.000 heridos, EEUU había sufrido las mayores pérdidas hasta el momento en el frente del Pacifico. El Día “D” europeo provocó unas 4.400 bajas entre las tropas aliadas, de las cuales unos 2.500 eran estadounidenses. La conquista de Saipán por parte de las fuerzas americanas, entre el 15 de junio y el 9 de julio de 1944, se convirtió en una victoria no solamente militar sino también moral a pesar del alto coste humano.

Entre los líderes militares japoneses que fallecieron en la batalla u optaron por suicidarse se encuentra el general de la armada japonesa y una de las máxima autoridades en Saipán Chūichi Nagumo quién se suicidó el 6 de julio. Nagumo había supervisado el ataque a Pearl Harbor. Su cuerpo fue encontrado por los marines en una cueva. El emblemático y todopoderoso Primer Ministro, Ministro de Guerra y Jefe del Estado Mayor del Ejército Imperial Japonés Hideki Tōjō fue forzado a dimitir el 18 de julio. Tōjō había ordenado el ataque a Pearl Harbor. La victoria final contra las tropas imperiales japonesas parecía posible. Las principales islas de Japón se encontraban a unos 2.100 kilómetros de distancia y las nuevas bases aéreas de Saipán, junto a las de Guam y Tinian (conquistadas a mediados de agosto) permitían a las super fortalezas Boeing “B-29”, con un radio de acción de 5.230 km., atacar las principales ciudades de Japón, incluyendo su capital, como parte de una campaña brutal de bombardeos incendiarios de napalm similares a la de Dresde (Alemania) de febrero de 1945. El ataque aéreo más destructivo de la historia de la humanidad se produciría sobre Tokio el 9 de marzo. Fueron arrasados 40.000 km2 y perecieron más de 90.000 civiles.

En su camino hacia Japón, Iwo Jima se convirtió en otro objetivo estratégico para Estados Unidos. Era necesario conquistar la isla volcánica como punto de abastecimiento y de reparación de los “B-29” en su largo viaje de ida y vuelta entre las principales islas de Japón y las Marianas, y lo que es aun más importante: asegurar la protección de los cazas de escolta. La cruenta batalla por Iwo Jima tuvo lugar entre el 19 de febrero y 26 de marzo de 1945. Se convirtió en la más agresiva, en su conjunto, de toda la historia del Cuerpo de Marines. Más de 6.800 americanos y aproximadamente 20.000 soldados japoneses perecieron en la lucha. Otros 20.000 soldados americanos cayeron heridos, siendo diezmadas la práctica totalidad de las unidades de vanguardia. En ruta hacia la invasión de Japón solo quedaba un obstáculo. Okinawa, —la isla más grande de las Ryukyus y más al sur de las principales de Japón—, era el último bastión de resistencia japonés antes de la eventual invasión del país, y que se encontraba tan solo a 2.100 km. de distancia de Tokio. La invasión de Okinawa se inició el 1 de abril y tras casi tres meses de lucha encarnizada y decenas de miles de soldados y civiles muertos los Aliados obtuvieron una victoria decisiva. Se estima que entre 30.000 y 100.000 civiles de los 300.000 habitantes de Okinawa fallecieron como resultado directo de la invasión, produciéndose de nuevo, pero en una escala mucho mayor, las escenas atroces vividas en Saipán.

Sí en Normandía estimamos que aproximadamente una cincuentena de hombres de origen vasco y navarro participó en el Día “D” bajo el mando de británicos y estadounidenses, a fecha de hoy hemos identificado otros 157 soldados, alistados en los Marines, Fuerza Aérea, Ejército de Tierra y Armada estadounidense, que participaron en el Frente del Pacífico. Teniendo en cuenta que la investigación del “Fighting Basques Project”  sigue en marcha, el número final podría ser mucho más elevado. De éstos, al menos unos 60 estuvieron involucrados en las campañas de las Marianas, Iwo Jima y Okinawa.

Entre la flota que apoyó la invasión de Saipán con tripulantes de origen vasco o navarro destacan el crucero pesado USS Indianapolis, dónde sirvieron el radiotelegrafista de primera Ernest Richard Bordagaray y el administrativo de segunda Alfred Arnaud Lapuyade, participando a su vez en la invasión de Tinian; los destructores USS Bell, con el teniente Raphael Antone Goñi a bordo, y que también participó en Guam y Okinawa, y el USS Izard con el teniente Ricardo “Richard” Ydoyaga (Guam, Tinian, Iwo Jima); y los acorazados USS New Jersey (músico de segunda John Louis Facque), que a su vez luchó en Guam, Tinian y Okinawa, el USS Idaho (el artillero de primera Ralph Hirigoyen) (Guam, Iwo Jima y Okinawa), y el USS Tennessee (el artillero de segunda Joseph Thomas Goyeneche), que también estuvo presente en toda la campaña de la Marianas y en las invasiones de Iwo Jima y Okinawa.

De la veintena de Marines que lucharon en el Frente del Pacífico y más concretamente en Saipán destaca el soldado de origen navarro Lawrence “Larry” Michael Erburu, de la 4ª División de Marines quién fue herido de muerte en el transcurso de la batalla. Erburu está enterrado en el Cementerio Nacional Conmemorativo del Pacífico en Honolulu, Hawái. Como hemos comentado anteriormente, tras la ocupación de Guam, los “B-29” ya podían realizar sus misiones sobre los cielos de Japón con un mayor grado de operatividad. Entre ellos, se encontraba el primer teniente Julius Andrew Beterbide, quién estaba en el 30º Escuadrón del Grupo 19º. Con cinco medallas aéreas, el artillero Beterbide, nacido en Lovelock, Nevada en 1917 de padre navarro y madre labortana, sirvió a su vez en el Norte de África e Italia. También voló en los “B-29” el teniente José Luis Beitia (Shoshone, Idaho, 1923), de padres vizcaínos, que ya sabía lo que era amerizar sin escolta de regreso de una misión a su base de Saipán, adonde no pudo llegar, aunque pudo sobrevivir. Menos suerte tuvo el artillero de Nevada Johnny Montero (hijo de navarro y bajonavarra), que se estrelló con su B-29 en el Himalaya (conocido por los aviadores norteamericanos como “The Hump” o “Joroba”) cuando volaba desde su base en China.

En los preparativos a las invasiones de Iwo Jima y Okinawa, identificamos al encargado administrativo John Elordi a bordo del acorazado USS Wisconsin, al cocinero de segunda clase Emile J. Iratçabal en el destructor USS Taussig y al especialista de armamento de aviación de segunda clase Donald Dale Jauregui en el portaaviones USS Hancock. En Okinawa se les unió el acorazado USS Mississippi, dónde se encontraba el marinero de primera clase Edward Valentine Barrenechea, y los portaaviones de escolta USS Shipple Bay y USS Makassar Strait, dónde navegaban, respectivamente, el teniente de aviación Raymond Jay Garteiz y el marinero Peter Paul Parisena. También voló desde un portaaviones (el USS Yorktown) en la zona de Okinawa y frente a las costas japonesas Genty “Santi” Louis Harriet, piloto del caza embarcado F-6 “Hellcat”.

En el combate por Iwo Jima, el soldado de la 5ª División del Cuerpo de Marines Albert Philip “Al” Pagoaga resultó gravemente herido, perdiendo una pierna. Pagoaga, de padres guipuzcoanos, nació en 1925 en Boise, Idaho. Solo 32 de los 200 hombres de la compañía de Pagoaga, la Easy Company del 27º Regimiento de Marines, salieron con vida de la isla. Llevando marines hacia las playas de Iwo Jima y Okinawa estuvo Ramón Isidoro Oyarbide (de padres vizcaínos), un universitario de Battle Mountain (Nevada) que sirvió en el lanchón de desembarco de infantería USS LCI (L) 632. En Okinawa fallecieron en combate el soldado del 17º Regimiento de Infantería Dominique Laxague (de padres bajo navarros) y el marine de la 1ª División Lawrence Amoriza (de padres vizcaínos), mientras que el cabo Felix François “Red” Ordoquihandy (de origen suletino—valle de Baretous), también de la 1ª División de Marines, murió en un accidente fortuito tras sobrevivir a dos de las más cruentas guerras del Pacífico, Peleliu y Okinawa. Rudolph Iglesias, de padres vizcaínos, obtuvo la preciada Estrella de Plata en Okinawa como jefe de pelotón de la 1ª de Marines en Okinawa.

En Filipinas, donde había una gran colonia vasca, ganó otra Estrella de Plata un ovejero procedente de Bedarona (Bizkaia) llamado Julián Aramburu Goicoechea, de la 33ª División de Infantería, mientras que Higinio Uriarte Zamacona, miembro de una de las familias vascas de la isla de Negros, se convirtió en un destacado líder de la resistencia local. La batalla de Manila (3 de febrero—3 de marzo de 1945), supuso la total devastación intramuros de la esplendorosa ciudad colonial, siendo masacrada la comunidad española. Las misas celebradas en las comunidades vascas del Oeste de los EEUU en memoria de sus parientes asesinados en Manila por los ocupantes japoneses son la única pista de muchas historias aun por investigar, como la del carro de combate “Fighting Basques” que vio allí el propio Higinio Uriarte.

La guerra concluía en Europa el 8 de mayo de 1945 con la rendición de Alemania. Tras un mes de ocupación de la isla de Okinawa, los Aliados solicitaron a Japón su rendición incondicional el 26 de julio. El 6 y 9 de agosto Estados Unidos detonó dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Japón se rindió a los Aliados el 15 de agosto de 1945. Los bombarderos “B-29” desde dónde se lanzaron las bombas atómicas habían despegado de la isla de Tinian. El 2 de septiembre se firmaron los términos de la rendición a bordo del USS Missouri en la Bahía de Tokio, finalizando “oficialmente” la Segunda Guerra Mundial. Barrenechea (de padre guipuzcoano y madre navarra) e Hirigoyen (de origen bajo navarro), a bordo del USS Mississippi e Idaho, respectivamente, fueron testigos históricos de la capitulación. Hirigoyen continuó su carrera militar y participó en la Guerra de Corea.

Con solo nueve días de diferencia, tanto el Desembarco de Normandía como la Batalla de Saipán supusieron un antes y un después en la Segunda Guerra Mundial. Setenta y cinco años después Saipán y el Frente del Pacífico se han visto relegados a un muy segundo plano sin ningún protagonismo político ni repercusión mediática que pueda rivalizar con su homóloga francesa. Saipán ha pasado a la historia como la batalla decisiva de la ofensiva del Pacifico, pero el paso del tiempo no ha sido para nada amable ni para con esta batalla ni para los hombres que la protagonizaron. Se ha visto injustamente eclipsada por los eventos conmemorativos del aniversario de Normandía atendiendo a políticas públicas de memoria que sirven más a los intereses del presente que al recuerdo del pasado. Sin líderes mundiales, sin los medios globales de comunicación Saipán sigue irremediablemente desvaneciéndose en el olvido, quizás en un esfuerzo por parte de las potencias occidentales, y más concretamente de EEUU, por alejarse de un frente militar que los lleva obligatoriamente a confrontar las consecuencias del uso de las armas nucleares por primera vez en la historia de la humanidad.






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lunes, 14 de octubre de 2019

Entrevista a William A. Douglass

Desde Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes esta entrevista a uno de los aliados más conocidos de Euskal Herria en los EUA:


Empresario dueño de casinos, antropólogo, escritor, premio ‘Lagun Onari’ del Gobierno Vasco, doctor Honoris Causa de la UPV/EHU, miembro de Euskaltzaindia y “rico”. William Douglass, el fundador del Centro de Estudios Vascos de Nevada, regresa a Euskal Herria, la tierra que llegó a conocer mejor que su país

Mikel Mujika y Ruben Plaza

Empezó a trabajar a los ocho años repartiendo periódicos. Llegó a limpiar botas, capturaba serpientes en el desierto y las vendía junto a un socio, en plena adolescencia, y renunció al negocio familiar de los casinos, en el que desembarcó de nuevo a los 40 años, momento en el que ganó su primer millón y medio de dólares. Entre tanto, se hizo académico y se dedicó en cuerpo y alma al estudio de la diáspora vasca. Llegó a Euskal Herria con 21 años para hacer labores de campo mientras cursaba sus estudios universitarios de Antropología y terminó ganando dos nuevas familias en Etxalar (Navarra) y Aulesti (Bizkaia). En su país, EEUU, sus colegas antropólogos le conocen como Mr. Basque. El hombre que se sumergió en la cultura y las raíces de lo vasco.

¿Por qué? ¿Por qué dedica su vida profesional a los vascos un norteamericano de raíces escocesas?

-Fue un poco por casualidad. Vine a la Complutense de Madrid con 19 años a estudiar literatura castellana a través de un programa New York University. Y decidí que no quería ser profesor de castellano, pero me estaba entrando interés por la Antropología, así que había un curso de geografía humana de la Península Ibérica en la Complutense; asistí como oyente y me fascinó. Empecé a leer a Julio Caro Baroja, sus Pueblos de España y luego los libros que él había escrito sobre los vascos y me interesaron.

¿Y ya? ¿Fue un flechazo?

-Cuando empecé mis estudios graduados de Antropología Social en la Universidad de Chicago, mi mentor era Julian Pitt Rivers, que era muy amigo de Caro Baroja. Julian estuvo encantado de mi interés en lo vasco, precisamente porque él tenía la intención de hacer un trabajo de campo en alguna aldea vasca durante la Segunda Guerra Mundial y le fue imposible, porque el Gobierno franquista no lo aprobó como proyecto. Siempre le quedó en el corazón ese interés por los vascos, así que en mí vio su proyecto. Vine y me pasé un par de años, tanto en Etxalar primero, como en Aulesti después. Estudiando sobre todo las causas y consecuencias del exilio de los vascos en el medio rural.

Nació usted norteamericano, se hizo vasco de adopción y ha viajado por todo el mundo. ¿Quién es ahora, a los 79? ¿Tiene identidad?

-Buena pregunta. Yo me considero americano, claro, pero un americano que está más enterado de lo vasco. Hasta hace unos pocos años al menos. Ya no lo sigo tanto como antes. Pero durante medio siglo yo estaba mucho más enterado de los asuntos de este país que del mío. He pisado casi todo esto, y sin embargo hay varios Estados en los que no he estado en mi propio país, que es muy grande. He estado muy involucrado con el Centro de Estudios Vascos que fundamos en Reno diez años antes de caer la dictadura franquista. Teníamos el único centro en el mundo de estudios vascos, así que era una especie de refugio para la cultura vasca.

Probablemente ese fuera el éxito del centro, que fue el refugio en un periodo determinado de dictadura y sometimiento de la cultura.

-Claro, pero también en el Estado de Nevada el sistema universitario tenía mucho interés un fundar un programa de Estudios Vascos y no por el franquismo.

Me sorprende. ¿Por qué ese interés de la Universidad de Nevada?

-Porque el pastor vasco había sido uno de los arquitectos de la economía y la sociedad del Oeste americano. Y ellos, en Nevada, a comienzos de los años 60 crearon un centro de estudios, Desert Research Institute, el instituto de estudios desérticos o de tierras áridas. Y decidieron fundar un programa de estudios vascos para estudiar la inmigración vasca, más que cosas del País Vasco. Y yo, claro, tenía mucho más conocimiento y experiencia con esa sociedad que los propios inmigrantes vascos que vivían en EEUU.

¿Era como el consejero delegado de EEUU en el País Vasco?

-Casi. Rápidamente entré de lleno en todo el mundo de la inmigración vasca. Primero tanto de América del Sur como del Oeste americano, y luego de Australia. Quitando esta nueva diáspora que va a Shanghai o Berlín, he pisado todas las antiguas diásporas vascas por el planeta. Hasta Filipinas.

¿Se podría decir que la diáspora vasca ha tenido más influencia en el Oeste de EEUU de la que le correspondería por el peso y tamaño de su país de origen? ¿A qué se debe?

-Sí, pero solo últimamente, por algunas figuras políticas como Paul Laxalt en Nevada, Pete Cenarrusa en Idaho, John Garamendi en California… A través de las actividades de aquellos individuos los vascos han cobrado protagonismo. Pero antiguamente los vascos estaban muy mal vistos.

¿A qué época se refiere?

-Durante el siglo XIX y comienzos del XX los vascos eran itinerantes, tramperos, nómadas que andaban por el terreno público con rebaños, metiéndose, según los rancheros, en terrenos suyos. Pero no eran terrenos suyos. Los vascos teóricamente tenían tanto derecho como el ranchero angloestablecido, pero el ranchero consideraba al terreno público pegado a su terreno privado como suyo. Y ahí surgían fricciones.

¿Cuándo cambia esa visión y cómo?

-Pues después de la Segunda Guerra Mundial se puede decir.

¿Debido al franquismo?

-No. El franquismo tenía muy poco impacto en EEUU. Tenía algo, porque hubo una especie de debate internacional sobre el tema con la Segunda Guerra Mundial y el fascismo, etcétera. Y el bombardeo de Gernika, claro, tuvo su impacto pero no duradero se puede decir en el otro mundo.

¿Y por qué entonces?

-Después de la Segunda Guerra Mundial había una escasez de pastores vascos en el Oeste americano, porque en los años 20 habíamos limitado mucho. Pusimos muchas limitaciones sobre la inmigración de todas partes, pero sobre todo sureuropeos y centroeuropeos, y llegó un momento en que, los que dejaban entrar legalmente, no me acuerdo exactamente, pero eran como unos 130 al año. Muy pocos. Y por ello se cortó la entrada legal de pastores vascos. Pasaron 20 años sin tener una renovación de mano de obra en la industria ovejera, así que para fines de los años 40 la industria ovejera anduvo bastante mal.

Y nos necesitaban...

-Claro. Y crearon un programa de reclutamiento formal de pastores aquí que podían entrar para tres años con contrato y luego tenían que salir, pero podían volver otra vez. Ahí hubo un cambio. Y cuando ya los itinerantes dejaron de andar con sus rebaños durante muchos años, se creó alrededor de ello cierto romanticismo. Los periodistas de la época empezaron a escribir artículos muy romantizados sobre estos pastores, solos en el monte, con la naturaleza, el amanecer… En fin, fue un poco de todo. Y en los años 60, cuando la revolución cultural de los jóvenes, el pastor vasco no era capitalista, no estaba involucrado en la guerra del Vietnam y para los jóvenes tampoco estaba mal visto.

¿Y eso les ayudó?

-Cambió absolutamente su imagen y ahora el pueblo vasco está muy apreciado en EEUU. Claro, son pocos.

¿Qué significa para usted que le conozcan por ‘Mr. Basque’?

-Esa era la idea de Miel Elustondo, él lo puso como título de mi biografía: Mr. Basque.

Sí, pero en la propia biografía dice que en la Asociación Americana de Antropología le conocían como ‘Mr. Basque’. ¿Es así?

-Yo le expliqué que entre los antropólogos cada uno está identificado con su pueblo, su sujeto de estudio. Y yo, pues me tomaban todos mis colegas europeístas, antropólogos sociales, como el señor vasco, mister Basque. Como yo tomaba al señor Oriol Pi-Sunyer i Cuberta, como el señor catalán.

¿Tenía un componente de broma?

-Sí, medio broma, pero también capta un poco la realidad, porque si yo soy Mr. Basque, casi soy dueño del tema y otro no va a estudiar los vascos. Hay cierto territorialismo.

¿Cree que los vascos somos menos vascos en este mundo cada vez más tecnológico?

-Bueno, sois menos folclóricos, por decirlo así, pero eso no quiere decir que la nueva realidad vasca no es vasca. Incluso hay una Euskal Herria virtual que capta todas las diásporas y el país de origen.

El nacionalismo también le ha suscitado reflexiones a lo largo de su carrera. ¿Cómo ve al nacionalismo vasco hoy? ¿Se ha diluido? ¿Es necesario? ¿Lo será en el futuro?

-La contestación sería no sé. Que no me toca. Son los no nacidos aquí los que van a decir si tiene sentido o no.

A veces se ven mejor las cosas desde fuera.

-Yo soy, en el fondo, un nacionalista vasco, no siendo vasco, en el sentido de que yo creo que todo pueblo tiene derecho a decidir su porvenir. También creo que los kurdos tienen el mismo derecho y, en fin, es un desastre lo que está sucediendo hoy en día. También me tocó intervenir un poco en las negociaciones en Ginebra con ETA y estoy encantado de que por lo menos la violencia haya terminado, es un paso positivo para todos.

Usted es antropólogo, empresario, escritor..., muchas cosas. ¿Se considera más antropólogo que empresario, más casinero que escritor, un antropólogo metido a empresario, un empresario entre libros...? Y como empresario, ¿qué opina de Donald Trump?

-Bueno, no me va Trump, pero ese es otro tema. Creo que es un payaso y un hombre muy peligroso para el planeta, desde muchos puntos de vista. A ver, yo como empresario, mi familia siempre ha sido una familia casinera. Yo era el único hijo de mi padre, que era uno de los grandes pioneros del juego en Nevada, y no seguí su camino. Los tres hermanos se metieron con el padre y yo, como la oveja negra, me hice académico, pero a los 40 años me metieron en el negocio. Actualmente soy presidente de una empresa casinera y tenemos seis casinitos en la autopista que cruza Nevada; tengo parte de un rancho, que es otro negocio; estoy muy involucrado en la construcción de casas para mineros de oro en el pueblo de Tonopah (Nevada), así que tengo muchos negocios, muchas propiedades.

Y sin embargo dice que las propiedades se adueñan de uno.

-Se adueñan de uno. Eso es cierto. Pero, de hecho, me levanto todos los días y escribo tres o cuatro horas, porque estoy enfermo. Así que más que otra cosa, soy escritor. Hoy en día, me considero escritor, más que antropólogo y empresario.

¿Cómo cree que nos verán los antropólogos del futuro, cómo encasillarán esta etapa tan tecnológica y virtual del ser humano?

-Supongo que la disciplina, la Antropología, va a perdurar, pero con qué metodología y con qué enfoques, pues no lo sé. De aquí a 50 años no sé qué va a importar a la Antropología. Quizás el desastre del clima, que no sabemos dónde va aquello.

Es miembro de una organización ecologista que impulsó usted mismo. ¿Qué es el ecologismo para usted, que es cazador, pescador, empresario…? ¿Por qué es tan difícil encontrar el equilibrio entre ecologismo y desarrollo?

-El próximo libro mío va a ser un libro que trata sobre territorialidad y los derechos de los indígenas del mundo y el ecologismo, que tienen intereses en común y discrepan a la vez. Y voy a hacer un libro tratando el tema de las grandes ironías, los desafíos y a dónde va todo aquello porque es un tema muy complicado.

Ha visitado muchos países, casi todo el mundo. ¿Es optimista con lo que ha visto? ¿A dónde vamos?

-Yo soy muy optimista porque allá donde he ido me he encontrado gente buena, y nadie me ha insultado por ser americano o por ser rico o casinero, o por ser antropólogo. Todo el mundo siempre me ha recibido con cortesía y con curiosidad. Me hacen preguntas, intercambiamos nuestras historias, así que yo creo que el ser humano en sí es curioso y generoso.

¿Qué característica destacaría de los vascos de cuando usted era más vasco?

-Bueno, yo creo que los vascos han hecho mucho, pero como todos los demás, tienen sus defectos. Me cuesta mucho generalizar. Hay gente buena y mala en todas las culturas, pero el País Vasco, siendo tan pequeño, ha logrado muchas cosas. El ecologismo, la transformación de Bilbao, que es terrible. Y cuando se ven los grandes problemas urbanos en el mundo, ahí tienes el ejemplo de Bilbao. Bilbao nos puede enseñar como especie muchas cosas. Y luego, el ecologismo, aquí, en el País Vasco, es una de las lecciones que he aprendido en la vida. Cuando yo vine aquí en 1961 a hacer trabajo de campo, esto era un desastre ecológicamente hablando. Era completamente sucio, en ruinas, muy pobre. Los ríos horrorosos, el aire también. Las ciudades sucias. Y hoy el País Vasco se ha transformado completamente.

¿Cuándo se ha sentido más vasco?

-Cuando yo me siento más vasco es durante la noche. No sé euskera, pero a menudo sueño en castellano y de esto.






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viernes, 4 de octubre de 2019

VII Congreso de la Diáspora Oficial

Lo más inmovilista y etnicista de la diáspora vasca se ha reunido en Bilbo y como era de esperarse, el lehendakari 3/7 ha estado ahí para premiarles por su colaboracionismo con Madrid.

Deia nos lo cuenta a su manera:


El lehendakari apela a la experiencia de la diáspora para entender los nuevos flujos migratorios

J. Fernández

Su pasado es hoy presente para otros y futuro para todos. Allá donde estén. Por eso la experiencia propia y aprendida de las generaciones actuales de la diáspora vasca es clave para atender y entender los flujos migratorios forzosos que a diario se suceden en distintos puntos del planeta. Esa es una de las encomiendas que desde ya trabajan en el centenar largo de centros vascos repartidos por el mundo. Las aportaciones del llamado “octavo territorio” servirán para concretar las relaciones presenciales y virtuales con la casa madre. También aspiran a convertirse en un compendio fidedigno de valores -solidaridad, constancia, humildad, esfuerzo, coraje- que pueda ser reproducido por otros gobiernos pasivos ante la realidad de la frontera sur: jóvenes que abandonan su hogar porque sienten que las perspectivas que allí tienen son insuficientes.

Porque Euskadi quiere devolver lo que recibió, sin pedirlo, hace más de un siglo. Quiere ser tierra de acogida, de oportunidades y esperanza como lo fueron otros lugares para esos miles y miles de vascos que también se vieron obligados a abandonar su hogar para irse a Australia, Filipinas, Estados Unidos, Venezuela, Argentina, México... “Todo lo que hagamos ahora será fructífero para el mañana”, dijo en 1956 el lehendakari José Antonio Aguirre en el primer Congreso Mundial Vasco.

Ayer, seis décadas después, esas palabras fueron recuperadas y actualizadas por el lehendakari, Iñigo Urkullu, durante la apertura del séptimo Congreso Mundial de Colectividades Vascas. A esta cita, que concluirá mañana, acuden 120 representantes de euskal etxeak de 21 países que propondrán al término del mismo un documento de conclusiones que será recogido en el Plan Cuatrienal 2020-2023 a desarrollar por el Gobierno vasco. Este encuentro ha servido también para presentar públicamente, en casa y a estas delegaciones, los primeros pasos del Archivo de la Diáspora Vasca y pedir su colaboración para “enriquecer la historia del pueblo vasco” donando fondos originales -incluidos objetos- o para hacer una copia digital de fotografías y documentos, como cartas, revistas,.... El más antiguo, ilustraba Gorka Álvarez, director para la Comunidad Vasca en el Exterior, data de 1857: un salvoconducto a un ciudadano de Gipuzkoa para salir del virreinato de Cuba -entonces colonia española- que puede ser contemplado en la sede del Archivo de Euskadi, en Bilbao.

Precisamente allí tuvo lugar el pasado sábado una anécdota histórica compartida ayer con DEIA por su protagonista, Pedro Javier Arriaga Aguirre. Veterinario venezolano con antepasados en Gernika -Mateo Arriaga, su abuelo- y en Erandio -Juana Gerrikaetxebarria, su abuela- descubrió en este edificio en la exposición El exilio vasco tras la guerra civil una foto en la que aparece su tío José asomado en la ventana del tren que toda su familia tomó en Baiona en 1939 para embarcarse en el paquebote Cuba.

Una sorpresa familiar

“Di tal grito de alegría que las pocas personas que estaban en la sala se acercaron preocupadas para saber si me había ocurrido algo”, relata todavía emocionado este fotógrafo y periodista por afición, socio del Centro Vasco de Caracas donde lleva las riendas del boletín Jazoera. “Es que es mi tío”, insiste mientras toquetea la instantánea. “Mi padre, Antón, era más tímido y estaría dentro con la familia. Pero es que mi tío era un salido como decimos allí”. En cuanto recuperó la calma, sacó una foto con su smartphone y la envió a su familia al otro lado del charco. Es el octavo hermano, así que los comentarios de felicidad y entusiasmo desbordaron los grupos de mensajería instantánea.

“Uno de mis hermanos, Antonio, que es más chismoso y mejor fisonomista que yo, seguro que es capaz de identificar al resto de personas que aparecen en el tren y en la estación”, apostillaba. Y es que, tal y como subrayó Pedro, el grupo de ciudadanos vascos -82 personas, según cuentan las crónicas- que salió en aquel tren hacia Le Havre y que luego subió al Cuba mantuvieron las relaciones como en casa cuando llegaron a destino. “Tengo fotos y documentos de todo aquel viaje, pero no tenía constancia de esta. Por eso mi alegría”, telegrafiaba al tiempo que pensaba en esas otras familias que podrán disfrutar de otro recuerdo más de sus antepasados. Porque la memoria es una de las llaves del progreso, reza uno de los lemas del Archivo de Euskadi. Y la comunidad, la cultura, la identidad... Porque allá donde desembarcaron las familias vascas y sus costumbres fueron acogidas con naturalidad, admiradas incluso por los nativos. Ahí está el frontón levantado en Boise en 1914, envidia para los autóctonos, recordaba ayer Lisa Corcóstegui, vascoamericana de Ontario y residente en Reno.

“Hoy damos continuidad a esta cadena que nos une y nos fortalece como pueblo en un mundo cada día más abierto y global”, resumía el lehendakari. Por todo ello, emplazó a los presentes a reflexionar sobre qué puede hacer Euskadi por las colectividades vascas “y que nos aportéis, desde vuestra experiencia y trayectoria, las sugerencias y propuestas”. En este sentido, Urkullu insistió en que Euskadi “debe prepararse como país para hacer frente a las nuevas migraciones, en integrarlas en la sociedad vasca porque Euskadi ha sido siempre un país que no ha dejado de salir al mundo. La experiencia y el encuentro internacional nos enriquece como País. Este Congreso Mundial es una oportunidad”, zanjó.

Protagonistas

Lisa Corcóstegui (Reno). Comenzó a elaborar el árbol genealógico de su familia junto a su cuñada y después de abrir el proyecto a la comunidad vascoamericana tiene una base de datos con 60.000 entradas. Fotos: Borja Guerrero

Yuichi Shuimanuki (Tokio). Se enamoró de la cultura vasca allá por 1979, cuando viajó a Algorta para cumplir su sueño de ser futbolista profesional. No lo consiguió, pero sí ha logrado ser otro vasco más.






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viernes, 16 de agosto de 2019

Aportes Gastronómicos Globalizados

En vista de que han causado tanto revuelo los documentales que Orson Welles dedicase a Euskal Herria y ante el retiro de la etiqueta Kurlansky-Arzalluz, inauguramos la sección Kurlansky-Welles con este reportaje dedicado a los aportes de la diáspora vasca a las gastronomías del mundo dado a conocer por El Correo:


Nuestra cocina viajó a casi todos los rincones del globo y su huella sigue presente en los platos de muchos países

Ana Vega Pérez de Arlucea

Si han estado ustedes de viaje este verano por México, Noruega, Estados Unidos, Chile o Filipinas quizás se hayan encontrado en la carta de algún restaurante con algo inesperadamente reconocible, algo que a primera vista no encaja con lejanas gastronomías pero sí con la nuestra. Y no me refiero a algún anecdótico bar de pintxos en Singapur, ni al restaurante que algún avezado paisano haya montado allá donde Cristo perdió la sandalia. Les hablo de condumios propios de tierras extrañas pero con resabios euskaldunes, sabores sembrados hace siglos por vascos viajeros y que se adoptaron (y adaptaron) con fervor allende los mares.

Marineros, soldados, exploradores, pastores, comerciantes y emigrantes de todo tipo y pelaje salieron de aquí en busca de ballenas, oro o una vida mejor, y lo hicieron con el paladar acostumbrado a ciertas recetas o alimentos que, fuera donde fuese donde recalaran, intentaron reproducir.

Muchos de estos platos con raíces vascas pueden parecer a nuestros ojos raros o terribles –¡bacalao a la vizcaína con tomate! ¡y con chiles!–, ¿pero quiénes somos nosotros para juzgar? ¿Acaso es peor una receta obligatoriamente aclimatada a las circunstancias de un país extranjero, pero viva, que una canónica que aquí ha pasado a mejor vida? ¿Por qué nuestra interpretación actual de un plato va a ser más correcta, si todas salieron de una misma raíz común? Imaginen ustedes los apuros de las etxekoandres para elaborar las recetas sin los ingredientes de siempre, ya fuera en la Pampa, Manila u Oregón.

El obrador de Manila

La fama de la cocina vasca moderna es tal que no resulta difícil toparse con un restaurante apadrinado por un chef autóctono en Lisboa, Tokio, Londres o Cancún. Bastante más intríngulis tenía la cuestión hace 150 años, cuando comenzaron a abrirse casas de comidas regentadas por cocineros o guisanderas que habían salido del País Vasco por necesidad. El negocio hostelero más remoto y con regusto vasco que he encontrado se llamó La Campana y fue una confitería-restaurant-salón de juegos que en 1875 estaba ubicada en la calle Escolta número 33 de Manila. En los bajos tenía un obrador de chocolate, un comedor y una tienda de dulces y refrescos, y en el piso superior un billar llamado 'Villa de Lequeitio'.

Por esa época comenzaron a abrir en Estados Unidos los ostatus, boardinghouses u hostales vascos ideados para alojar y alimentar a los trabajadores que se buscaban la vida a Nueva York, Nevada, Oregón o California. Su más vetusto heredero es el Noriega Hotel de Bakersfield (California), abierto en 1893 por Faustino Noriega y Fernando Etcheverry y que a día de hoy sigue sirviendo en la Noriega's Eskualdunen Etchea su clásico basque beans stew o cocido vasco de alubias que a nosotros, con su salsa de tomate picante de bote y a falta de sacramentos, nos suena a chino.

Una larga lista

Igual de asimilada a los gustos y despensas estadounidenses fue la cocina del Martin's Hotel Español, abierto por Juan y Angelita Abaurrea en San Francisco en 1917 y que alimentó a generaciones de vasco-americanos hasta 1966. En la Gran Manzana fueron famosos los restaurantes Jai Alai del busturiano Valentín Aguirre y La Bilbaína (1924-1970), de los cubano-vizcaínos hermanos Zalbidea, tanto como el ultramarinos Casa Moneo (1929-1985) regentado por la sestaorra Carmen Barañano. En Londres haría lo propio la Maison Basque, abierta en 1921 en la calle Dover número 11, mientras que en París reinaría el Chiquito (1927), en México D.F. el Txoko (1940) y en La Habana el Centro Vasco (1954). También hubo fondas, panaderías y comedores vascos en Cardiff, Portsmouth, Buenos Aires, Montevideo, Caracas, Chile…

Eso sin incluir los miles de restaurantes o barcos españoles que ofrecían en sus menús recetas típicas de aquí como los chipirones en su tinta o el bacalao a la vizcaína. Gracias a eso se han podido encontrar ustedes en Filipinas un bakalaw de viskayna con chorizo Bilbao, pimientos y garbanzos, o en Noruega un literal 'bacalao' a base de ídem, tomate, pimientos y patatas que surgió en el siglo XIX de la relación comercial entre los puertos vascos y las ciudades de Kristiansund y Ålesund.

El norueguísimo 'bacalao' fue descrito ya en 1893, antes de que por acá se codificara siquiera el pilpil. Échenle cuentas y agárrense, que dentro de poco les hablaré de las recetas vasco-latinoamericanas.






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domingo, 30 de diciembre de 2018

La Ordalía de los Lizarraga

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes este reportaje histórico que nos da unas pinceladas acerca del cuadro de terror pintado por el franquismo en la Nafarroa de 1936:


El odio trabajó mucho en poco tiempo, en tanto que la memoria de lo ocurrido ha avanzado muy poco en mucho tiempo

Balbino García de Albizu Jiménez

Dos meses después del golpe militar de 1936 eran sacados de la cárcel de Alsasua y asesinados Joaquín Lizarraga Martínez de Bujanda, de 51 años, y su hijo, Sabino Lizarraga Barandiarán, de 24. Por esas fechas, en San Sebastián, era igualmente víctima de los golpistas Iñaki, de 23 años, hijo de Joaquín y hermano de Sabino. Estos crímenes tenían como objetivo “crear una atmófera de terror”, “eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros”, según órdenes del general Emilio Mola, gobernador militar de Navarra.

Pero el asesinato de los Lizarraga, al menos el de Joaquín y Sabino, reunió, por exceso, todos los requisitos para ser considerado un crimen de odio. Y lo fue sin duda, porque ningún reproche podían hacerles a las víctimas los que, mediante un levantamiento armado, decían defender a Dios, a la religión y a la propiedad privada. Ya que Joaquín, y con él todo su grupo familiar, eran católicos practicantes, con un hijo sacerdote y una hija religiosa. Era también empresario, alto directivo, financiero y dirigía una empresa, la IPSA, entre otras, dedicada a la continuidad de la enseñanza religiosa durante la Segunda República. Sin embargo, había un pero que resultó decisivo: pese a no estar afiliado, compartía clara y públicamente el ideario nacionalista y eso no era de recibo para quienes en aquel momento y en aquel lugar decidían sobre la vida y la muerte.

Para mejor entender
Estas tres muertes fueron dadas a conocer por Marino Ayerra Redín, párroco de Alsasua en aquellas fechas luctuosas, que las incluyó en su libro No me avergoncé del Evangelio (Buenos Aires, 1958), libro testimonial y crítico con el levantamiento militar de 1936 y con la complicidad de la iglesia católica española.

Y hubiera quedado como un grito en la distancia si tras contactar con José María Jimeno Jurío, historiador y pionero de la Memoria Histórica en Navarra, no hubieran acometido una nueva edición del libro en 1978 en Bilbao. Una edición enriquecida con las notas de Jimeno, que había vivido una temporada en Alsasua y había actualizado su información al respecto.

Y desde esa fecha, no hubo nada novedoso al respecto. Hace diez años comencé a investigar lo ocurrido en Urbasa en 1936 y anoté todo lo referente a Joaquín y Sabino Lizarraga. A lo largo de los diez años siguientes he recopilado datos de esta familia, siguiendo la misma pauta que con el resto de víctimas: intentar describir lo ocurrido antes, durante y después de la represión aplicada. Porque el derecho a la verdad, a conocer lo ocurrido, no prescribe. El derecho a la verdad precede al derecho a la justicia y al derecho a la reparación, porque sin conocimiento de lo ocurrido -antes, durante y después- nada puede juzgarse ni repararse. Expondré pues el resultado de mi trabajo, en parte ya contenido en ¿Qué hicimos aquí con el 36?, libro por mí coordinado y publicado por la editorial Lamiñarra el año pasado.

Los Lizarraga ‘antes’ de 1936
Los Lizarraga no habían nacido en San Sebastián, ni el padre ni los hijos, por más que se repita en todas las menciones que se hacen de ellos. La familia Lizarraga procedía de Bearin (Navarra) y Joaquín había nacido en 1885 en Estella. Casó Joaquín con Erenia Barandiarán Barandiarán, en 1906. Tuvieron tres hijos y tres hijas, nacidos dos en Ilo-Ilo (Filipinas), uno en Ataun y los tres siguientes en Bilbao, donde residió la familia al completo durante muchos años. En la información municipal de la villa consta que la totalidad de los miembros de la familia, padres e hijos, saben Euzkera en 1920.

Concretamente sus dos hijos asesinados, Sabino e Iñaki, eran nacidos en Bilbao, en 1912 y 1913 respectivamente.

En 1917, con 22 años, fue Joaquín vicepresidente interino del Centro Industrial de Vizcaya y en 1919 ganó por oposición el puesto de director gerente del Depósito Franco del Puerto de Bilbao. En 1922, Joaquín pasó a presidir el consejo de administración de Fundiciones de Vera y a partir de ahí se vinculó a Fundiciones de Alsasua.

En 1933 era, además, apoderado de La Instrucción Pública, empresa propietaria de los centros de enseñanza de los Hermanos de La Salle en España. Por gestión de Joaquín se abrieron dos colegios en Bilbao.

En 1934 un hijo suyo, también de nombre Joaquín, de 24 años, fue ordenado presbítero en Madrid, tras concluir sus estudios religiosos, iniciados en 1925.

Los Lizarraga ‘durante’ 1936
Hasta el golpe militar de 1936, Joaquín Lizarraga estaba con frecuencia en Alsasua, donde ejercía como gerente de Fundiciones de Alsasua. Se desplazaba normalmente en tren desde San Sebastián donde estaba avecindado, aunque seguía manteniendo su residencia en Bilbao. Acostumbraba a ir acompañado de su hijo Sabino, agente comercial en la empresa que dirigía su padre, y a veces utilizaban el automóvil, que conducían indistintamente. En Alsasua se hospedaban en el hotel Mendia o en el parador del mismo nombre.

El alzamiento sorprendió al padre en San Sebastián y a su hijo, Sabino, en Andalucía. Este último decidió regresar a Alsasua y se incorporó a la empresa en que desarrollaba su actividad. A los pocos días fue encarcelado.

Joaquín Lizarraga viajó a Alsasua, en septiembre, tras la entrada en San Sebastián de los alzados, y se presentó como directivo de la mayor empresa local a Solchaga, comandante militar de la zona. Entiendo que no se trataba de José Solchaga Zala, brazo derecho de Mola y metido de lleno en operaciones militares, sino de su hermano Ramón, con graduación de teniente coronel.

Lo hablado entre Solchaga y Lizarraga fue reproducido por Ayerra en su libro y le debió ser relatado por el propio Lizarraga, detenido a continuación y recluido en la prisión local, donde ya estaba encarcelado su hijo Sabino, con el que Ayerra conversó tras oírle en confesión. Y probablemente se produjo en fechas anteriores a la muerte de su hijo Iñaki.

Sea como fuere, Joaquín y Sabino fueron sacados de la cárcel de Alsasua, quizá no el mismo día, pero sí entregados al mismo grupo, con base en Olazagutia, que llevaba a cabo estos asesinatos. Y la decisión fue tomada en Alsasua. Por la Junta Carlista local y/o por Ramón Solchaga, cuya aprobación, como comandante militar de la zona, era imprescindible. Por indicios diversos y por los testimonios recogidos por Jimeno Jurío, solo cabe concluir que padre e hijo fueron asesinados en Urbasa y sus cadáveres arrojados a la sima del Dos, actualmente conocida como de Otsoportillo.

Sobre Iñaki Lizarraga no he conseguido otro testimonio que el que reproduce Ayerra que, a su vez, lo recibió de una tercera persona a través de una carta. Ni creo que exista al respecto dato fiable alguno, porque los que se mencionan actualmente en Internet no lo son, ya que varios de ellos sitúan su muerte en Olazagutia, así como su nacimiento en San Sebastián, ambas informaciones erróneas.

Los Lizarraga ‘después’ de 1936
No quedó en Navarra documento alguno referente a estos asesinatos, ni la familia instó allí expediente de defunción fuera de plazo, como sí se hizo en otros casos de esa misma sima, pero debieron de hacerlo en San Sebastián o en Bilbao, aunque no he logrado encontrarlos.

Es imaginable el enorme dolor causado a la esposa, Erenia Barandiarán, que perdió marido y dos hijos en el espacio de treinta días. Y a los hijos supervivientes.

Por si esto fuera poco, el mismo ejército golpista que produjo los crímenes, movilizó a Joaquín Lizarraga Barandiaran (Ataun, 1909), hijo y hermano de los asesinados, como capellán castrense (por su condición de sacerdote) con el grado de alférez en 1937-1939. Acabada la guerra, continuó su vida sacerdotal en diferentes lugares y funciones. Y en 1980 concelebraba una misa junto a la sima ya citada donde reposaban los restos de los suyos y de otras víctimas, en el primer homenaje que tuvo lugar.

La VERDAD no es prioritaria Si han transcurrido más de ochenta años en que solo tres iniciativas individuales nos hayamos puesto a la tarea de desentrañar lo ocurrido, es porque la VERDAD, en este y en muchos de los casos de represalias individuales ocurridas en los años 1936-1939, no ha sido ni es una prioridad. Y eso, pese a ser un derecho imprescriptible, a ser imprescindible para aplicar justicia y reparación, a ser la base del cuerpo histórico y a que solo de su conocimiento puede derivarse una didáctica preventiva para evitar los sentimientos, delitos y crímenes de odio venideros.

Limitarse a sumar estas tres unidades a las estadísticas de represaliados e incluir sus nombres en los inventarios y placas, no alcanza ni el nivel de sucedáneo, aunque resulte muy económico. Ya alertaba sobre ello Jimeno Jurío en 1980, cuando veía que se daban prioridades al cálculo del número de muertos y eso, basándose a veces en rumores y otras, fríamente, como si las víctimas fuesen piezas de artillería sin vida, sin sentimientos, sin ideales y sin familias, sin una misión en la sociedad.

La investigación de los crímenes de odio de 1936 es laboriosa, porque se hace con mucho retraso;es cara, porque exige la dedicación de muchas horas en cada caso;es molesta, porque emergen antepasados poco deseados por algunos, y es decepcionante para los que buscan víctimas afines a sus ideas políticas actuales y no las encuentran. Pese a todo, el derecho a la verdad de cada uno de esos crímenes de odio es imprescriptible. Para los familiares y para la sociedad.

Pero, como decía Eduardo Galeano, para muchos importa más el funeral que el muerto.






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