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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Makazaga | Los Hermanos Chèrid

Con esta publicación en Gara, misma que traemos a ustedes desde la página de Facebook titulada Storia politica di ETA e dei Paesi Baschi, el investigador Xabier Makazaga amplía la información con la que se cuenta acerca de el terrorismo de estado implementado por los "socialistas" franceses y españoles en contra del independentismo vasco, en específico, de Jean Pierre Chérid.

Dicho texto, se lo dedicamos a los disonantes cognitivos Eneko Andueza y Alberto Alonso quienes, siendo vascos, no tienen ningún tipo de conflicto ético militando en un partido que no vacilaría en volver a utilizar dicho métodos en contra del pueblo vasco, basta con poner atención a sus propias declaraciones en contra de EH Bildu.

Así que, ya cumplido el requisito de la dedicatoria, les invitamos a leer el texto:


Los hermanos Chèrid

Xabier Makazaga | Investigador de Terrorismo de Estado

Jean Pierre Chérid fue un protagonista esencial de la guerra sucia. Actuó a sueldo de los servicios de inteligencia españoles desde el franquismo hasta que murió en Biarritz, en 1984, al explotarle un auto-bomba que estaba manipulando para atentar contra siete refugiados políticos vascos. Un atentado que iban a reivindicar usando la sigla de los GAL. Otra de las numerosas siglas que emplearon para camuflar la guerra sucia: ATE, GANE, AAA, BVE... Y, finalmente, GAL.

Su hermano mayor, André-Noël, también participó en la guerra sucia, hasta que fue detenido en Argelia en enero de 1976. Ambos eran antiguos miembros de la organización terrorista OAS, fundada en 1961 en Madrid para combatir a muerte la independencia de Argelia. También lo era Marcel Cardona, el mercenario muerto, el 5 de junio de 1975, al explotarle la bomba-lapa que estaba colocando, en Biarritz, en el auto de Josu Urrutikoetxea.

La OAS causó en pocos años miles de víctimas mortales, y atentó varias veces contra el presidente francés Charles de Gaulle quien, tras servirse de la guerra sucia para acabar con ellos, les concedió la primera amnistía, en diciembre de 1964. Una medida de gracia que fue ampliando con rapidez, hasta el punto de que tras el mayo del 68 francés muchos de sus antiguos enemigos mortales de la OAS pasaron a ser sus aliados, y a colaborar con los servicios secretos franceses.
No pocos de ellos trabajaron asimismo para los servicios españoles, y está demostrado que André-Noël Chérid lo hizo para ambos. Encima, simultáneamente. Cometió al mismo tiempo atentados contra refugiados vascos a sueldo de los servicios secretos españoles, y contra intereses argelinos a sueldo de los franceses.

Así lo confesó André-Noël Chérid cuando fue detenido en Argelia el 4 de enero de 1976, tras haber atentado contra el diario oficial del FLN, "El Moudjahid". Al ser juzgado, volvió a confesar no solo su participación en ese atentado, sino también en bastantes otros cometidos, tanto contra refugiados vascos, como contra librerías y negocios ligados a dichos refugiados.

Otro tanto confesó un mercenario estadounidense, Jay Simon Salby. Dicho mercenario participó, en 1961, en la fracasada invasión de Bahía Cochinos, en Cuba, y las autoridades de los EEUU se interesaron mucho por él cuando fue detenido en Argelia. Nótense los numerosos cables con referencias a él filtrados por WikiLeaks.

Según las declaraciones de Salby a la Policía argelina, para cometer los atentados contra los exiliados vascos se sirvieron como cobertura de la empresa Telma, dirigida por un antiguo oficial del Ejército francés, Jean Rogue, y ubicada en la capital navarra, Iruñea. Dicha empresa era la base desde la que operaban Salby y otros mercenarios a los que identificó con toda claridad. Entre ellos, Jean-Pierre Chérid y su hermano André-Noël. A pesar de ello, Jean-Pierre Chérid pudo seguir cometiendo atentados de guerra sucia bajo las órdenes de los servicios de inteligencia españoles que continuaron sirviéndose de los fondos reservados a tal fin.

En el caso de Salby, la Policía francesa dispuso de pruebas materiales flagrantes sobre su participación en al menos dos atentados en Iparralde en pleno franquismo, el 27 de agosto y el 16 de noviembre de 1975. El segundo de ellos, contra el carismático dirigente de ETA Txomin Iturbe, dos de cuyos hijos resultaron heridos a causa de la bomba-lapa que colocaron bajo su coche.

Por lo que respecta al atentado del 27 de agosto de 1975, ametrallaron desde un vehículo una furgoneta en la que refugiados vascos volvían de una manifestación contra las penas de muerte que acabaría ejecutando el dictador Franco un mes después. Dos de los refugiados resultaron gravemente heridos e internados en el hospital de Baiona.
Una vez localizado cerca de la muga el vehículo utilizado en el atentado, la Policía francesa pudo saber que había sido alquilado en Barcelona por un supuesto ciudadano paraguayo llamado Gregorio Villagrán Anderson. Precisamente, la falsa identidad que utilizaba Jay Simon Salby, y quedó al descubierto al ser detenido en Argelia.

Por su parte, la Policía británica pudo probar que, poco antes de ametrallar a los refugiados vascos, Salby había atentado contra la Embajada argelina en Londres. El 18 de agosto de 1975, colocó en la embajada un potente explosivo que no detonó debido a un fallo. La huella dactilar de Salby que encontraron en el mismo no dejaba lugar a dudas sobre el autor.

Ese mismo día se cometieron otros dos atentados contra las embajadas argelinas en Bonn y Roma. Atentados en los que se empleó explosivo C4, de uso exclusivamente militar estadounidense, y tras los que estaban los servicios secretos franceses.

Semanas después, el Ministerio de Exteriores argelino dirigió una enérgica nota a París en el que denunciaba «la responsabilidad de los servicios franceses» y llamó «solemnemente la atención del Gobierno francés sobre las graves consecuencias que podrían derivarse de las turbias acciones de los servicios especiales franceses tratando de desestabilizar el Gobierno argelino». Cincuenta años después, la injerencia francesa vuelve a repetirse y la protesta argelina también.
Por lo tanto, André-Noël Chérid y Jay Simon Salby actuaron, al mismo tiempo, a sueldo de los servicios secretos españoles franquistas y de los franceses republicanos; en ambos casos, realizando acciones de guerra sucia. Y bien significativamente, ni la Justicia francesa, ni la española, tomaron nunca medida alguna contra todos aquellos mercenarios que actuaban bajo la cobertura de la empresa Telma, ubicada en Iruñea, a pesar de las flagrantes pruebas de que disponían. Ni quisieron ni quieren saber absolutamente nada al respecto.

He ahí un flagrante caso de terrorismo de Estado franco-español. Otro más.

 

 

 

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sábado, 22 de noviembre de 2025

Egaña | El Día Después

Han pasado cincuenta años desde que se anunciaba por televisión que, si bien el sanguinario dictador Francisco Franco estaba muerto, su régimen construido sobre la represión y la corrupción de cinco décadas gozaba (y goza) de excelente salud.

De eso y más nos habla este texto de Iñaki Egaña compartido en su cuenta de Facebook:


El día después

Iñaki Egaña

El pasado jueves, hace cincuenta años, un aturdido Carlos Arias Navarro, con un cara de sapo más expandida de lo habitual, interrumpía la emisión de televisión para lanzar un mensaje convertido en icónico: “Españoles. Franco ha muerto”. Bien. Noticia que esperábamos desde hacía semanas tras una agonía retrasmitida diariamente a través del parte médico habitual. Con la misma expresión continuó: “Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias”. Ni el brazo incorrupto de la que llamaron santa Teresa, ni el manto empedrado de una estatua señalada como Virgen del Pilar que habían acompañado al dictador en los cuarenta días de estertores, pudieron evitar su muerte. La España de la pandereta y sacristía que recitaba Antonio Machado en su máxima expresión. Eran las 7 de la mañana, cuando Arias había aparecido en la pantalla. Aún somnolientos, despertamos de inmediato. Vecinos, teléfono y flases de recuerdos. ¡Se ha terminado la pesadilla, volveremos a ser nosotros! Y la prensa, expectante, modificó rápidamente sus portadas, enlutándolas con el mensaje: “Franco ha muerto”.

Intuimos, la juventud va anudada a la ingenuidad política, un cambio inmediato. Además, creímos leer entre líneas. Cuando en noviembre de 1975 Franco encamó, ya irreversiblemente, el lenguaje meteorológico se convirtió en sorprendente: “chubascos frecuentes cuanto más al norte”. La víspera de la muerte del dictador, el parte textual oficial decía: “en España continuaron registrándose, en casi la totalidad de la mitad norte, numerosas precipitaciones en forma de chubascos, nieve o tormenta. La cantidad caída más importante fue en San Sebastián, 23 litros”. El día que murió Franco, por el contrario, el parte pareció distinto: “En España remitieron casi totalmente las precipitaciones”. Los chubascos habían desaparecido. ¿Y la dictadura?

Automáticamente asumió la jefatura el príncipe Juan Carlos de Borbón, quien sería elevado al rango de rey, después de haber estado ejerciendo interinamente desde el 30 de octubre. Diez días después de la muerte del dictador, el Instituto español de Meteorología apuntaba que seguían los chubascos en el Cantábrico y en la cabecera del Ebro, con lluvias en Bilbao, Donostia, Gasteiz e Iruñea. Y anunciaba que, tras el paso del frente, los vientos racheados del Oeste girarían hacia el Norte. Malas noticias. La tendencia continuaba. En los últimos días de la agonía de El Caudillo, Txomin Iturbe sufrió un atentado del que sobrevivió. Y unos días después de muerto ya el dictador, Eusebio Iriarte. Para aliviar el duelo, los seguidores del finado destrozaron la ikastola donostiarra Herri Ametsa.

En 1974, un año antes de la muerte de Franco, había en prisión 245 presos políticos vascos. El 20 de noviembre del año siguiente, es decir el día que falleció el dictador, los presos vascos habían ascendido a 731, de los que 104 eran mujeres. La mayoría de esos presos eran de organizaciones de izquierda (ORT, PTE, MCE, PORE, LCR, PCE, PCI), juveniles (IASE), armadas (ETA, FRAP) o abertzales (LAB, LAIA), dos del PNV y uno de PSOE. Eran, en general, detenidos del sexto estado de excepción del franquismo en Hego Euskal Herria que había entrado en vigor el 26 de abril de 1975, ante los juicios a Txiki, Otaegi, Garmendia… y durante el cual se produjeron unas 4.000 detenciones. Muchos de ellos continuarían en prisión y las cárceles no desaguarían hasta 1977, en el preludio del decreto de amnistía que octubre de ese año, que indultó también a cientos de miles de funcionarios, policías y adictos franquistas.

Un año más tarde, el régimen fascista ejecutó un referéndum por su reforma y, apoyado en su resultado, comenzó su mudanza. Quince días después de la cita con las urnas, e invocando el artículo 304 de la ley de enjuiciamiento criminal vigente desde 1882, después de la Segunda karlistada, el Gobierno español creaba la Audiencia Nacional. Los resultados en el referéndum más flojos para apoyar la reforma se produjeron en Hego Euskal Herria, lo que llevó al Ejecutivo hispano a que una semana más tarde de que fuera creado el tribunal especial, el Consejo de Ministros del 21 de enero de 1977, fuera dedicado monográficamente al tema vasco. Con el añadido que en este consejo, el infante Felipe de Borbón y Grecia (hoy Felipe VI) fue nombrado heredero de la Corona española. Sintomático.

El año previo, primero de la que llamaron Transición, fue brutal: cinco obreros muertos en Gasteiz; decenas de bombas contra librerías, atentados contra refugiados, torturas, cargas contra las concentraciones de Olentzero... Con Jurramendi convertido en la laboratorio para fichar a mercenarios bregados en otros estados fascistas y que ingresarían en el BVE o en los GAL. Y ya en 1977, las concentraciones por esa amnistía, que no llegaba reprimidas a fuego: muertos en Iruñea, en Orereta. La expresión del “gatillo fácil” dirán más tarde al referirse a la actuación policial.

El grueso policial con sus mandos fue recuperado para la “democracia” y ratificado por el PSOE que llegó a la Moncloa en 1982, al igual que los jueces, funcionarios y el Estado profundo. Con escarnio, Franco había sido nombrado hijo adoptivo o predilecto de numerosas poblaciones vascas, entre ellas la de Gernika, símbolo de las libertades y de la resistencia vasca (marzo de 1946, hijo adoptivo y medalla de oro y brillantes). En octubre de 1942, la Diputación de Araba lo nombraba “padre de la provincia”. En 1947, la Diputación navarra lo nombró “hijo adoptivo”. En agosto de 1963 el nieto de Franco fue nombrado general honorario en la tamborrada infantil de Donostia. El día después se hizo tan largo que el Gobierno de la CAV y el PNV comenzaron a investigar los crímenes franquistas a partir de 2015. Hasta entonces, la voluntad popular, siempre dos pasos por delante de la institucional. Cosas de la llamada Transición cuyo comienzo está claro, no así su conclusión. Para mí es evidente: cuando deroguen la vigente y franquista Ley de Secretos Oficiales. 

 

 

 

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sábado, 15 de noviembre de 2025

Egaña | Radiografía del Franquismo

Hoy que se sabe que millonarios españoles participaron en los denominados "safaris humanos" durante los cuales asesinaron a habitantes de Sarajevo, niños incluidos, por diversión, la podredumbre del franquismo y de la transición debe de ser analizada desde una nueva perspectiva. Por ejemplo ¿cuántos de esos millonarios españoles pagaron por participar en las sesiones de tortura practicadas a más de seis mil vascas y vascos? ¿Cuantos en las ejecuciones sumarias del BVE o los GAL?

Mientras lo anteriormente expuesto se dimensiona, les compartimos este texto que nuestro amigo Iñaki Egaña dedica a esos años del reinado de la muerte del genocida Francisco Franco:


Radiografía del franquismo

Iñaki Egaña

Dentro de unos días se cumplirán 50 años de la muerte del dictador. Cuando falleció el tirano a finales de 1975, la población de Hego Euskal Herria pasaba ligeramente de los dos millones y medio de habitantes. En 1936, al golpe de Estado de Franco, la vecindad vasca al sur de la muga era de poco más de un millón y cuarto de vecinos, es decir, la mitad que a su muerte. Quienes se desarrollaron vitalmente en aquella época en blanco y negro tuvieron que padecer los rigores de una sociedad totalmente anquilosada en valores, represiva en su naturaleza, no sólo en lo político y cultural, sino también en todos los aspectos de la vida social, desde la sexualidad hasta la creatividad. La negación del otro, supuso la eliminación de cualquier seña identitaria distinta a la hispana creada sobre un cúmulo de fábulas históricas y religiosas y el régimen caudillista se conformó al estilo de los proyectos fascista y nazi, liderados por Mussolini y Hitler. En el aniversario, sus nostálgicos han recuperado la figura del que se autoproclamó generalísimo, mientras la entonces oposición ha diseñado un recuerdo de perfil bajo, como si no quisiera agitar el bicho, vistos los tiempos que corren.

Los números son demoledores y no hacen justicia porque esconden miles de tragedias individuales con sabor anónimo aunque al menos para los hoy ya adultos, nacidos en la década de 1970, pueden ofrecer una pequeña radiografía del sistema que validó la limpieza política, cultural y social. Genocidio en algún caso, como en Nafarroa Garaia, donde en retaguardia los votantes de las opciones de izquierda y soberanistas fueron ejecutados por miles. Y etnocidio, con la prohibición radical del uso del euskara y las expresiones atávicas vascas. Quema de libros de Balzac, Dostoievski, Baroja o Lauaxeta, censura rigurosa. Violencia planificada con una estructura soportada en el Estado y sus instituciones, en especial la militar cuyos mandos participaron incluso en buena parte de los consejos de administración de las empresas estratégicas y en la supuestamente judicial, también contaminada por hombres de armas que se asentaron primeramente en el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, transformado posteriormente en el Tribunal de Orden Público y disuelto finalmente en la Audiencia Nacional.

Un escenario general diseñado por hombres y para hombres, con la mujer relegada a la cocina y a la crianza de la familia, sin posibilidad de autonomía ni siquiera para obtener una cuenta bancaria. Violadas en el hogar, en comisaría, en los campos de la Ribera. Con las disidencias de género abocadas al silencio o a la prisión de Langraitz. Con los perdedores de la contienda arrojados al diagnostico médico de los Mengele de turno y objeto de estudio pre-genético, sobre la base de una supremacía histórica que se remontaba a los llamados reyes católicos. Con un sector vasco cipayo, desde empresarios como Patricio Etxeberria hasta deportistas como Paulino Uzcudun, que adulaban al dictador y que Tellagorri, desde su exilio en Buenos Aires, llamó “Francolatría”. Neguri se convirtió en el alma vasca franquista, Y los Ybarra, Lequerica, Oriol, Careaga, Urquijo, Unzueta, Oreja en señas de identidad de la economía fascista. Magma para nuevo llegados, como el Opus Dei.

Esos números nos cuentan que de aquel millón y cuarto de habitantes de Hego Euskal Herria, 152.000 huyeron al exilio, una cifra extraordinaria que llevó al lehendakari Agirre a señalar que “el éxodo del pueblo vasco, alcanza caracteres difícilmente igualables en otras ocasiones de la historia”. Muchos retornaron al inicio de la Segunda Guerra Mundial, pero el resto concluyó sus días en México, Venezuela, la URSS o Argentina. De aquellos, 38.000 niños, algunos que perdieron la vida enfrentando al nazismo en la Unión Soviética, otros en acogida, otros en adopción, en Bélgica en particular. Campos de exterminio para exiliados (Mauthausen, Buchenwald, Dachau…), campos de concentración para los que no lograron cruzar el Bidasoa o los Pirineos (Murgia, Urduña, Irun…), batallones de esclavos a trabajos forzados, mano de obra gratuita. Las cárceles repletas (Ondarreta, Larrinaga, Ezkaba…), decenas de miles de detenidos durante la guerra, 14.000 con posterioridad. Torturados hasta la muerte (Txomin Letamendi, Pablo Velasco…). Aún, generaciones nacidas después de 1945 colmaban las prisiones, dispersados por España, más de 800 presos políticos vascos al 20 de noviembre de 1975. Ejecuciones extrajudiciales, 6.000 “ajusticiados”, más de la mitad en Nafarroa.

Sueldos de miseria, chabolismo en Rekalde, polución en Erandio, racionamiento. Miles de incautaciones de bienes de presos y exiliados. Y tuberculosis, terror familiar por excelencia. No causó tantas muertes como la peste medieval, pero casi. Y un territorio vasco desdibujado, convertido en refugio de verdugos nazis al fin de la guerra mundial: Léon Degrelle, Paul van Aerschodt… La red Odessa de Otto Skorzeny y sus pisos francos en Donostia y Bilbo. Los mercenarios de la OAS amparados por la Policía franquista y años más tarde peones del BVE o los GAL. Servicio militar en una guerra colonial en el Sahara, en Ifni, con sus “bajas” incluidas. Otros, años antes, enviados a “fortalecer” el Ejército de Hitler en su intento de conquista de la URSS, en la que llamarón División Azul. Algunos marcharon por convencimiento, otros por evitar prisión. Muertos por la patria, apuntarían en su epitafio.

Murió Franco hace 50 años. Su apuesta política fue no sólo personal sino fruto de la conjunción de los intereses de los sectores más reaccionarios de la sociedad hispana: oligarquía, banca, ejército e iglesia. Franco, propiamente dicho, no fue el creador del franquismo, sino que más bien su régimen fue la expresión de una España rancia y casi medieval. José María Areilza, primer alcalde de Bilbao tras la entrada de las tropas rebeldes, describió a Franco como “el moderador del franquismo”. Y de aquello, la Transición.

 

 

 

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martes, 11 de noviembre de 2025

Insausti y la Memoria

Durante décadas, la Ertzaintza fue utilizada por Madrid como un arma más en su arsenal represivo desplegado en contra del pueblo vasco. Así, pasó de ser un cuerpo policíaco de cercanía a convertirse en un apéndice de la Guardia Civil, pero con nombre en euskera y en llamativo uniforme negro y rojo en lugar del soso verde que siempre ha caracterizado a esa institución.

Pero de vasca, la Ertzaintza, nada. Más bien, al contrario, se fue convirtiendo a lo largo de los años en trinchera del españolismo más virulento. Vamos, que con ETA ya fuera del escenario los ertzainas no han cambiado ni un milímetro su actitud mamporrera hacia quienes se manifiestan en calles y plazas, vaya, ni siquiera para quienes participan en eventos deportivos, como los casos de Iñigo Cabacas y Amaya Zabarte. Por no mencionar su accionar en sincronía con los falangistas, de lo que fuimos testigos precisamente en el Día de la Hispanidad en Gasteiz, con el aval de Bingen Zupiria.

Por eso no extraña a nadie su postura con respecto a la placa en memoria de una de sus víctimas, Rosa Zarra. Lo que sí es de admirar es la negativa por parte de Jon Isausti para plegarse a su cínica exigencia.

Aquí lo que nos informa Naiz al respecto:


El alcalde Insausti reafirma la memoria de Rosa Zarra y pide a Esan «facilitar la convivencia»

El nuevo alcalde de Donostia, Jon Insausti, ha rechazado la exigencia del sindicato policial Esan de que se retire la placa por Rosa Zarra, víctima de la Ertzaintza. Y le reclama que «facilite la convivencia».

El nuevo alcalde de Donostia, Jon Insausti, ha afirmado este martes que el Ayuntamiento no va a renunciar a la memoria ni a la placa colocada en la ciudad en recuerdo a Rosa Zarra, la donostiarra que murió en 1995, ocho días después de recibir el impacto de una pelota de goma lanzada por la Ertzaintza. Aunque con 30 años de retraso, ha sido reconocida oficialmente por el Gobierno de Lakua en marzo pasado y recordada ahora con una placa por el Ayuntamiento de su ciudad.

Insausti, quien ha ofrecido la rueda de prensa habitual tras la Junta de Gobierno Local, se ha referido a preguntas de los periodistas a la petición realizada por el sindicato Esan de la Ertzaintza que exigió la revocación del reconocimiento de Zarra como víctima de acción policial y la retirada de la placa colocada en la ciudad.

El alcalde ha asegurado que el Ayuntamiento «no va a renunciar a la memoria de Rosa Zarra, no va a renunciar a esa placa, y va a seguir con la justicia, la verdad y la reparación».

Ha recordado que fue la Comisión de Valoración de víctimas de violencia estatal la que reconoció como víctima a Rosa Zarra y ha señalado que el Ayuntamiento de Donostia lo que ha hecho es respetar la decisión y, sobre todo, «trabajar junto a la familia».

El 22 de junio de 1995, Zarra se encontraba en las proximidades del estadio de Anoeta cuando, en el transcurso de una movilización, fue alcanzada en el vientre por una pelota de goma lanzada por la Ertzaintza durante una carga

Insausti ha aclarado que en el caso de Rosa Zarra, el Ayuntamiento ha seguido la misma metodología que con el resto de placas de la ciudad, donde se han colocado ya 36: 29 en memoria de víctimas de ETA, 3 de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, dos de acción policial, una del Batallón Vasco Español y otra del DRIL.

En este caso, ha dicho, Rosa Zarra fue víctima de la actividad policial y ha afirmado que así lo seguirá repitiendo el consistorio donostiarra.

Ha opinado que el comunicado hecho público por Esan «no facilita la convivencia en la ciudad», donde tanto el acto de colocación de la placa como la celebración unitaria ayer del Día de la Memoria dejó en evidencia el compromiso del Ayuntamiento y de la ciudad para caminar todos en el mismo sendero, «mirando a la memoria y a un futuro en paz».




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lunes, 27 de octubre de 2025

Egaña | Iparretarrak, 25 Años de su Última Acción Armada

Desde su perfil de Facebook traemos a ustedes este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña en el que nos regala una semblanza de Iparretarrak:

Iparretarrak, 25 años de su última acción armada

Iñaki Egaña

El 26 de octubre de este año se han cumplido 25 años de la última acción de Iparretarrak (IK) y su posterior desaparición como organización armada. Después silencio. No hubo una declaración formal que pusiera fin a su trayectoria, aunque en 2015 se reunieron y entregaron un dossier sobre su recorrido político-militar al Grupo Internacional de Contacto surgido para favorecer un proceso de resolución en Euskal Herria.

Iparraterrak ejecutó su última acción armada en Aiziritzi, en el eskualde de Amikuze (Nafarroa Beherea), contra la cooperativa Lur Berri, un 26 de octubre de 2000. La bomba estaba compuesta por cloratita y una bombona de gas, que fue desactivada por la Gendarmería tras aviso a una emisora de radio. La cooperativa había sido denunciada por vender maíz transgénico procedente de Canadá. Con una política expansionista, Lur Berri se propagó al Estado francés y en 2000 su director era Jean-Jacques Lasserre, alcalde de Bidaxune y consejero regional de Aquitania, entre otros cargos. Al año siguiente, Lasserre sería presidente del Consejo General de Pirineos Atlánticos, representando a la UDF (Union pour la démocratie française), el partido creado por Giscard d'Estaing que con el tiempo radicalizó su posición derechista.
Iparretarrak había roto su tregua ofertada con motivo del Acuerdo de Lizarra-Garazi, el 16 de abril de 2000, con un explosivo en la antigua sede de la Gendarmería en Lekunberri y otro en Arrangoitze contra el centro Pierre et Vacances. El 30 de julio del mismo año, volvieron a atentar, esta vez al tratar de incendiar el coche de un policía en Biarritz. Y en octubre contra la agencia inmobiliaria Orpi, en Kanbo, y el citado Lur Berri. En sus 27 años de accionar armado reivindicaron un total de 238 acciones, todas ellas inmersas en lo que calificaron de “propaganda armada”, sin intención de causar víctimas, bajo un lema habitual: “Herriak bizi behar du”. Aun así, Gabi Mouesca, militante histórico de IK, señaló en una entrevista que sentían la muerte de dos gendarmes involucrados en operativos propios. Sin especificar los nombres, es de suponer que se trataran de Yves Giummara, en el tiroteo en el camping Lou Puntao de la localidad landesa de Léon, en el que desapreció Popo Larre y el segundo en accidente tras la detención de la militante Maddi Hegi. El coche policial quedó atascado en un paso a nivel y un tren arrolló al mismo, falleciendo Maddi y el policía Roger Latasa.
La judicatura francesa acusó y condenó a militantes de Iparretarrak por la muerte de dos CRS en Baigorri, pero la organización siempre negó la autoría, que atribuyó a grupos parapoliciales españoles para alentar la escalada de tensión, en 1982. El tema fue recurrente durante años, e IK negó rotundamente la autoría, señalando que el juicio fue una farsa y un montaje destinado a criminalizar a los refugiados de Hego Euskal Herria y a la militancia organizada de Ipar Euskal Herria. Con motivo de aquel atentado mortal hubo una razia policial contra ambos sectores. El atentado, que fue reivindicado por el BVE, fue el predecesor de los GAL, un año después, y de las deportaciones masivas de refugiados a América y África.
Por su parte, IK conoció la muerte de seis de sus militantes. Txomin Olhagarai (Itsasu) y Ramuntxo Arruiz (Baigorri) fallecieron en marzo de 1980 al estallarles el explosivo que pretendían colocar bajo el coche del subprefecto de Baiona. Didier Lafitte (Donibane Lohizune) murió de un disparo policial en 1984, cuando viajaba en su vehículo con Gabi Mouesca. Maddi Hegi (Heleta) en Biarritz en 1987 y Christophe Istèque a consecuencia de la explosión de la bomba que transportaba en su propio automóvil, mientras que su acompañante Patrick Lembeye quedaba gravemente herido. Popo Larre (Heleta), desaparecido en 1983, fue dado por muerto oficialmente por la justicia francesa en 2008. Totte Etxebeste, detenido tras un tiroteo con la Policía francesa en Bokale en 1988, quedó parapléjico de por vida.
Según sus antiguos militantes, Iparretarrak tuvo en su recorrido entre 50 a 60 militantes activos, además de una extensa red de colaboradores. De ellos, 47 sufrieron prisión, alguno como Xan Koxkarat, hasta en tres ocasiones diferentes. Gabi Mouesca y Filipe Bidart fueron los que más años de cárcel cumplieron, casi 17 y 19 años respectivamente. El resto, por debajo de los seis años. La muerte de seis de sus voluntarios elevó al 10-12% de muertos de su militancia total. Una cifra extraordinaria. Con una sencilla extrapolación -nada científica por otro lado pero útil para ofrecer una idea del compromiso- hubiera sido como si ETA hubiera tenido entre sus filas más de mil muertos.
Iparretarrak surgió en 1972, bajo el significado de “los de ETA del norte”, aunque con el tiempo algunos de sus cronistas lo mezclaron con “los del norte”. Antiguos mugalaris y colaboradores con ETA dieron cuerpo a esta organización armada con una acción simbólica en Banka. Durante años, convivieron con otras organizaciones armadas como Hordago (15 acciones armadas), Euskal Zuzentasuna (11 acciones) o Indar 7 (cinco acciones). IK y EZ realizaron dos acciones conjuntas en las cercanías de Burdeos. La mayoría de militantes de EZ se integró en ETA. Irrintzi, que colocó su primer explosivo en 2006, ejecutó 20 acciones, Su naturaleza fue desconocida por las fuerzas policiales que durante años dieron palos de ciego, hasta que, en diciembre de 2009, fue detenido en las cercanías de París un joven que, en compañía de su primo y un amigo, habían cometido los atentados, siempre en época estival cuando se hospedaban en la costa lapurtana en sus vacaciones. Iparretarrak tuvo su propio órgano de comunicación, Ildo, que vio su primer número en octubre de 1974 y el último, el número 13, en octubre de 2000.
Entre diciembre de 1973 y noviembre de 1976, Iparretarrak permaneció en silencio hasta que incendió el vehículo de un industrial en Maule. En los años siguientes, IK ejecutaría 13 sabotajes hasta que en junio de 1979 utilizó explosivos, por primera vez, para atacar la subprefectura de Baiona. El 28 de diciembre de 1979, IK intentó destruir, también con explosivos, un cuartel de la CRS en construcción en Angelu. Entre octubre de 1981 y marzo de 1983, IK volvió a permanecer en impasse. Durante 1983 y 1984, IK ejecutó numerosos atentados contra empresas y organismos relacionados con el turismo y asimismo contra propiedades o cuarteles de las fuerzas policiales francesas. Entre marzo de 1983 y diciembre de 1986, IK realizó una actividad sostenida de sabotajes que se saldó con la ejecución de 34 acciones. Entre ellas algunas espectaculares, con explosivos o ametrallando cuarteles. El 3 de marzo de 1986 IK ejecutó cinco acciones reivindicadas contra la impunidad de los GAL.
La actividad de IK volvió a dejarse notar a finales de 1986, cuando un comando liberó de la cárcel de Pau a sus militantes Maddi Hegi y Gabi Mouesca. El operativo se llevó a cabo con el secuestro del director del centro penitenciario por miembros de IK, que acudieron a la cárcel disfrazados de gendarmes. Probablemente la acción más espectacular en época contemporánea de una fuga carcelaria en relación con Euskal Herria. El comando exterior la preparó concienzudamente durante un año.
La Policía francesa dedicó una unidad especial al seguimiento de IK, dirigida por Charles Saenz y ubicada en Pau, que combinó investigaciones exhaustivas con presiones sobre lo que consideraba su medio natural. En 1988, el director del semanario Abil fue juzgado por apología del terrorismo después de publicar un comunicado de IK, la policía allanó Irulegi Irratia y poco después un centenar de policías entraba en el convento de los Benedictinos de Belloc. En 1991, IK realizaría la mayor ofensiva armada de toda su historia, efectuando 44 atentados con explosivos, no sólo en Ipar Euskal Herria, sino también fuera de sus límites como en Pau y en diversas localidades de las Landas.
A partir de 1993, Iparretarrak y ETA comenzaron una serie de contactos destinados a limar las diferencias e incluso a crear una única organización. Las relaciones se habían complicado con las detenciones de militantes de ETA en Ipar Euskal Herria en las redadas policiales que la Policía francesa llevó a cabo en el intento de detención de los que consideraba dirigentes de IK. La oferta de ETA durante el Acuerdo Lizarra-Garazi y el diseño de IK en la tregua chocaron frontalmente, lo que originó un desencuentro que rompió, durante unos años, los puentes trazados. Fue un debate agrio tras la propuesta inicial de ETA, que respondió en su órgano Zutabe al análisis de IK en el Ildo que alejaba las opciones de unión. ETA reconocía los encuentros previos y fue sorprendente que meses antes hubieran estado tan cerca de crear una sola organización. En el fondo de la cuestión subyacían dos proyectos diferentes: la creación de un único escenario político para Euskal Herria (propuesta que ETA también había trasladado al PNV y EA) y la de un Departamento vasco para Ipar Euskal Herria como paso previo a la reivindicación de un Estatuto de Autonomía. Un único ritmo para los siete herrialdes, o varios diferentes como planteaba IK. La autocritica de Batasuna y el cambio estratégico de rumbo propició la reunificación política definitiva en 2009 con EHBai.
Con respecto al silencio de IK desde 2000, hubo alguna excepción posterior, la del asalto a una tumba en las cercanías de Burdeos, en la creencia de que en ella se encontraban los restos de Popo Larre. De la tumba recuperaron un resto óseo que fue trasladado a un laboratorio, para su cotejo de ADN. Del primer análisis, no pudo ser recatado traza de ADN, pero años más tarde, con mejoras técnicas, el resultado fue negativo. El 24 de setiembre de 2015, varios ex militantes de Iparretarrak se reunieron con el GIC (Brian Currin, Raymond Kendall y Alberto Spektorowski), que había pautado el escenario creado para la declaración de Aiete y el final definitivo de la lucha armada de ETA, para mostrarles, en un documento, la actividad de IK en 27 años. Informaron, asimismo, a los tres mediadores de su recorrido político militar, constando que los delegados del GIC apenas conocían de su existencia. Con este acto simbólico, y a pesar de que la organización ya había sido desmantelada, aún sin anunciarlo públicamente, los antiguos militantes de IK dieron por concluida oficialmente su etapa activa.
El 26 de abril de 2025, la asociación Lagundu inauguró un mural en Baigorri en homenaje a los seis miembros de su organización fallecidos durante su recorrido armado. En el acto, uno de los oradores tomó la palabra para señalar que: "Zer gertatu zen aipatu behar da, gure historiaren parte baita. Iragana oroitaraztea ezinbestekoa da, iraganak oraina esplikatzen baitu".

 

 

 

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miércoles, 18 de junio de 2025

'Impunes' de Iñaki Egaña

Desde Naiz traemos a ustedes la reseña de Ramón Sola al libro 'Impunes' con el que nuestro amigo Iñaki Egaña establece cuán letal fue la actividad del Batallón Vasco Español como parte de la estrategia de terrorismo de estado implementada por Madrid en contra del pueblo vasco.

Adelante con la lectura:


Egaña arroja luz sobre el BVE, más letal y más impune que los GAL

Aunque estas tres siglas estén hoy más difuminadas que las de los GAL, el Batallón Vasco-Español mató a 40 ciudadanos vascos en un momento histórico crucial: el momento en que se jugaba la partida entre ruptura y reforma tras la muerte de Franco, hasta 1983. Lo describe Iñaki Egaña en ‘Impunes’.

Ramón Sola

’Impunes’ es un libro de pequeño formato que disecciona en 190 páginas la historia trágica y el significado político del Batallón Vasco Español. Todo un «paraguas» criminal que englobaba a otras organizaciones y cuya dimensión ha quedado algo solapada por los GAL, trama más significada políticamente y más reciente, pese a que la primera resultó más sangrienta. Egaña subraya algo que puede sonar sorprendente, sobre todo para las generaciones más jóvenes: cometió más de 600 acciones y provocó 40 muertes, 13 más que los GAL.

Editado por Txalaparta y con prólogo de Josu Urrutikoetxea, el trabajo llega justo 50 años más de la puesta en marcha de esta expresión de terrorismo de Estado. Se prolongaría ocho años, atentando a los dos lados de la muga (e incluso en Venezuela) y no solo contra refugiados, sino incluso de modo indiscriminado (el bar Aldana de Alonsotegi como ejemplo, con sus cuatro víctimas mortales). En sus atentados que sí fueron discriminados no solo atacó a la izquierda abertzale, sino también a sindicatos de obediencia estatal o ikastolas.

Empezó en un contexto muy marcado: los últimos estertores del dictador Franco y la «gran esperanza» de lograr una ruptura. «Hasta la década de los 70 el régimen recurría a todos los tipos de represión porque todo era legal, se hacía con naturalidad. Pero tras el Proceso de Burgos tenían que mantener algo más las formas y comenzaron las fórmulas parapoliciales, como los Guerrilleros de Cristo Rey, siempre con total impunidad», ha apuntado Egaña en la presentación en Donostia.

«Aunque por ejemplo fueran ultraderechistas, había un Estado detrás», ha subrayado Iñaki Egaña, citando como raíz al Seced, luego Cesid y ahora CNI. Un ejemplo claro es el del atentado en Venezuela contra Espe Arana y Jokin Alfonso, puesto que se usó la red de la Embajada española.

En caso de tener que fijar un «señor X» para el Batallón Vasco-Español, Egaña señalaría sobre todo a Manuel Fraga en el origen, «aunque los presidentes del Gobierno y el rey también lo sabrían».

Violaciones, desapariciones...

En su trayectoria el historiador donostiarra ha destacado la importancia del ataque de Montejurra en 1976, porque allí surgió un «magma» de ultraderechistas, mercenarios, fascistas… que luego tuvo mucho desarrollo. Para completar el contexto internacional, eran los tiempos de la Red Gladio, dependiente de la OTAN, y la Operación Cóndor impuesta por Estados Unidos en Latinoamérica, que ponían en práctica nuevos métodos de tortura, desaparición, ejecuciones…

Las violaciones, por ejemplo, habían sido una práctica en la guerra de Argelia, que se importó luego a Euskal Herria en los casos de María José Bravo y Ana Tere Barrueta, a las que además mataron posteriormente. Qué decir de las desapariciones forzadas, aún sin esclarecer en los casos de Eduardo Moreno Bergaretxe ‘Pertur’ (1976), José Miguel Etxeberria Alvarez ‘Naparra’ (1980) y Tomás Hernández (1979).

En los atentados perpetrados en Ipar Euskal Herria aparece un «modus operandi» similar, que se plasma por ejemplo en los atentados contra Josu Urrutikoetxea y José Miguel Beñaran ‘Argala’ (que no sobrevivió). Los realizados en los herrialdes al sur del Bidasoa, por contra, tienen una tipología más variada, y también un carácter más arbitrario. Aunque hay un denominador común entre todos: la impunidad, salvo alguna excepción como la condena a ‘Piti’ y Zabala (‘Triángulo de la Muerte’) o la impuesta a Jesús Hellín por matar a Yolanda González.

Egaña no necesita presentación, entre otras cosas por ser colaborador de GARA-NAIZ hace muchos años. Pero no está de más recordar que ha publicado ya más de 50 libros; no solo históricos, sino también de ensayo o novelas. El libro se presentará en Baiona el próximo miércoles, esta vez con la participación del prologuista, Josu Urrutikoetxea.

 

 

 

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sábado, 1 de marzo de 2025

Egaña | BVE, el Terrorismo de Estado Olvidado

Hagamos un ejercicio de memoria de la mano de nuestro amigo Iñaki Egaña, uno en el que tengamos presente esa otra herramienta del terrorismo de estado al que recurrió Madrid en contra del pueblo vasco; el paramilitarismo.

Lean ustedes esta reseña del Batallón Vasco Español:


BVE, el terrorismo de Estado olvidado

Iñaki Egaña

Este año se cumple medio siglo del inicio de una de las marcas que conformaron la llamada “guerra sucia”, tanto indiscriminada como dirigida contra la disidencia vasca, también contra la española. El Batallón Vasco Español (BVE) tuvo varias franquicias, entre ellas la Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista, en similitud con su homónima argentina), ATE (Antiterrorismo ETA), ANE (Acción Nacional Española) y GAE (Grupos Armados Españoles). Como los GAL, tuvieron tres patas, la verde (Guardia Civil), la azul (policías, en particular los que reivindicaban en nombre de los GAE) y la marrón, militares relacionados en su mayoría con el SECED, los servicios secretos de entonces. Hubo particularidades y grupos autónomos, ligados a Fuerza Nueva, Falange o los autodenominados “Guerrilleros de Cristo Rey”. Pero todos ellos obedecían a una única estrategia, especialmente, los que actuaron contra refugiados vascos.
El BVE y las franquicias citadas causaron 40 víctimas mortales en Euskal Herria o contra ciudadanos vascos (también en París y Caracas) y reivindicaron unos 600 atentados en ese escenario. Actuaron asimismo en España, ocasionando también víctimas mortales como la de los cinco abogados del PCE y CCOO, en Madrid en 1977. En 1982, la actividad de estos grupos fue decayendo, siendo sustituidos un año más tarde por los GAL, ya dedicados exclusivamente a atacar a la comunidad de refugiados vascos en Ipar Euskal Herria. Entre 1983 y 1987, los GAL mataron a 27 personas. Compartieron mercenarios con el BVE, que habían sido acogidos por España después de huir de Portugal, Italia, Francia o Argentina, y sus acciones no llegaron al medio centenar, lejos de las 600 del BVE y sus marcas paralelas. Y, sin embargo, cuando citamos a la guerra sucia, parece que únicamente la referencia fueron los GAL.

Así, las señas de identidad académicas sobre los protagonistas que insuflaron de fondos, dieron cobertura política y apadrinaron al BVE han quedado intactas. Apenas algunas críticas a la actividad de sus valedores policiales, como Manuel Ballesteros, Roberto Conesa, Antonio González Pacheco, Billy el Niño, puentes con los mercenarios… Pero los siete ministros del Interior que hicieron posible o arroparon la guerra sucia, hoy son respetados por la historia: Manuel Fraga Adolfo Suarez, Rodolfo Martín Villa, Landelino Lavilla, Antonio Ibáñez Freire, Juan José Rosón y José Barrionuevo, que compaginó el fin del BVE y su transformación en los GAL. Fraga murió siendo presidente honorifico del PP; Martín Villa fue presidente de Endesa y Sogecable; Suárez se ha convertido en aeropuerto madrileño; Lavilla fue miembro del Consejo de Estado e incluso Izquierda Unida le propuso para el Constitucional; Ibáñez Freire falleció con la Medalla de Oro de Bilbao en su chaqueta, una de las 500 franquistas que aún no han sido revocada por la alcaldía; A Juan José Rosón todavía le hace honores la televisión pública española, de la que fue presidente, y de Barrionuevo qué decir que no apareciera en aquella pancarta de sus camaradas a la puerta de la prisión de Guadalajara: “Todos somos Barrionuevo”.

La razón de este olvido está en la construcción de una narrativa que se ha convertido en oficial, gracias a la complicidad de medios, grupos políticos que magnificaron la Transición y, sobre todo, jueces. De aquellos 600 atentados, casi todas las diligencias se cerraron, algunas por la Ley de Amnistía de octubre de 1977, pero las posteriores, por falta de interés o lo que es lo mismo, por complicidad. Implicados en esas 40 muertes, la mayoría a partir de 1977, únicamente Zabala e Iturbide (Triángulo de la Muerte) cumplían prisión en España, años después.

Esa narrativa fue construida con diques de contención marcados por las estructuras del Estado. Hoy se puede extraer en ChatGPT que el primer ingenio bajo un vehículo en Europa para hacerlo estallar a su contacto o movimiento, fue inaugurado por ETA en una acción en Pasaia en 1983, cuando en realidad lo fue en Biarritz ocho años antes, en junio de 1975 en el coche de Mikel Mugiro que iba a trasladar a Josu Urrutikoetxea y su familia al médico. El artefacto explotó cuando los mercenarios lo estaban preparando. Cuando el abogado Txema Montero aportó pruebas de la participación de policías del cuartel de Barakaldo en el atentado contra el bar Aldana de Alonsotegi (1980), que causó cuatro víctimas mortales, el juez las desestimó. La policía puso a investigarlo a José Amedo Fouce (condenado a 108 de prisión por su actividad en los GAL) del que Wikipedia dice que entonces trabajaba “en labores de espionaje relacionadas con el entorno de la organización terrorista ETA”. Cuando en 2015, Aitor Esteban, que será presidente del PNV a finales del próximo marzo, preguntó al Gobierno español por el atentado de Alonsotegi, la respuesta fue concisa: “Una vez consultados los archivos policiales, no existe informe que aporte datos relativos al esclarecimiento de los hechos”. En octubre de 2004, la jueza Ángela Murillo, se negó a reabrir el caso de José Miguel Etxeberria, Naparra, alegando que que no había indicios de que José Miguel fuera secuestrado y “mucho menos de que haya sido asesinado”.
Sobre el atentado contra la guardería Iturriaga de Bilbao (1980), con tres víctimas mortales, no hubo investigaciones judiciales. Sorprendentemente, COVITE y la AVT lo atribuyen a ETA, a pesar de que el resto de asociaciones, Gobierno central y de la CAV lo imputan al “BVE o satélites”. En 2001, la familia de Alfonso Etxeberria, solicitó a la dirección de Víctimas del Terrorismo, el reconocimiento de Espe Arana y Jokin Alfonso como víctimas. Un comando del BVE, con la complicidad de la embajada en la que estaba destinado Billy el Niño, mató a la pareja en Caracas en 1980. Interior negó la condición de víctimas: ““El asesinato de referencia es un incidente más que rodea a ETA y a su militancia, cuya autoría y motivación no ha podido ser aclarada”. Suma y sigue.

 

 

 

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lunes, 3 de febrero de 2025

Conociendo a los Desconocidos

Desde la sección 7K de Naiz traemos a ustedes este reportaje acerca de una exposición muy particular, una que arroja luz sobre una de las comunidades vascas con una de las historias más complejas, el pueblo roma.

Aquí la información:


Visita al universo del pueblo vasco-gitano, el gran desconocido

Exposición «Pindro Dantzariz» | Llevan casi seis siglos en Euskal Herria y, sin embargo, existe un gran desconocimiento sobre la historia, cultura y costumbres del pueblo gitano. Pocas comunidades han sido y se han sentido tan marginadas. Evitar los estereotipos y las actitudes racistas pasa por un reseteo a fondo. Los gitanos vascos reivindican visibilidad y reconocimiento. Una exposición en la Casa de Cultura de Aiete es un paso más hacia esos objetivos.

Miren Saenz

Rafa Giménez cuenta en bonito caló que, de niño, cuando su padre le mandaba a por algún recado, acababa con el latiguillo “y que no te reconozcan por gitano”. Ocurría en todas las casas, ellos mismos practicaban el antigitanismo aunque fuera por protección. «Cuando yo era pequeño, ser calé era lo más grande del mundo, pero en la escuela, con 8 años, descubres que ser gitano es una mierda, y no solo por parte de tus compañeros, sino que hasta el profesor participa de ese rollo, y entras en conflicto identitario. Entonces, unos se hacen invisibles y otros optan por la otredad, que no te reconozcan por gitano».

Giménez es el presidente de AGIFUGI, Asociación Gitana por el Futuro de Gipuzkoa, con sede en el barrio donostiarra de Intxaurrondo, una entidad de curioso nombre que se puso en marcha en 2002. A AGIFUGI lo que la diferencia de otras asociaciones gitanas, según su presidente, «es que es puramente gitana, tanto la junta directiva como los socios. Somos trabajadores de lo social e integradores sociales. Hemos tenido antropólogo, psicóloga, un equipo potente para visibilizar nuestra historia y cultura dando una imagen positiva, todo desde un frente antifascista y antirracista. Trabajamos el ámbito de lo social, pero también el asociativo, que es importante para reivindicar los derechos humanos. Somos muy activistas».

Y para ir consiguiendo esos propósitos han colaborado en “Pindro Dantzariz. El pueblo gitano en Gipuzkoa”, que parece una exposición pequeña pero es grande por la temática, el material que maneja y todo lo que conlleva. La muestra retrata al pueblo gitano, no solo en Gipuzkoa, sino en Euskal Herria, en un largo recorrido que comienza en 1435 y llega hasta nuestros días. Vale la pena prestar atención y es fácil si la persona visitante se toma el tiempo de observar los detalles y leer los textos que acompañan el material visual.

Organizada por la Dirección de Derechos Humanos y Cultura Democrática de la Diputación de Gipuzkoa como parte del II Plan Foral de la Diversidad, todo empezó en 2020, cuando este departamento inició un proceso participativo convocando a diversos colectivos y asociaciones, entre las que se encontraba AGIFUGI. «Durante un año estuvimos recogiendo propuestas e hicimos un plan para abordarlo los siguientes tres años. Preguntando a las asociaciones gitanas qué veían que se podía hacer, nos respondieron que, después de 600 años, no se les conocía», señala a 7K Ion Gambra, director de este departamento. Les transmitieron que se conoce mucho más a los migrantes que están llegando ahora que a los que llegaron hace casi seis siglos. «Querían que hiciéramos acciones que dieran a conocer su historia, su cultura y su identidad. Es la primera vez que se hace algo así en Gipuzkoa y en Euskal Herria. A nosotros esta iniciativa nos ha permitido acercarnos y conocernos más. Además, este año se cumplen 600 años de la llegada de los primeros gitanos a la península ibérica, mientras que a Euskal Herria la fecha de llegada se cumple dentro de siete años. Seguramente, de esta surgirán otras iniciativas».

Conseguir el material que dotara de contenido a la muestra ha resultado muy complicado. Contactaron con el fotógrafo Juantxo Egaña -con una larga experiencia al frente de otras exposiciones, que nos guía también en esta mientras recomienda que lo mejor es que se vea de izquierda a derecha, respetando los tiempos cronológicos- y con el historiador David Martín, experto en el tema y autor del libro “El pueblo gitano en Euskal Herria” (Txalaparta, 2017), al que dedicó su tesis doctoral. Martín ha confeccionado gran parte de los textos que recogen la historia de los romaníes vascos y algunos se pueden leer en la muestra. Ambos ejercen de comisarios.

Quemar las pertenencias

El primer obstáculo al que se enfrentaron los organizadores fue la dificultad de conseguir fotografías con el añadido de que, en las familias gitanas, una vez que fallece uno de sus miembros, acostumbran a quemar sus enseres personales y también sus fotos. A esta tradición, que algunas familias practican y otras no, se puede añadir la condición de pueblo nómada y perseguido con las dificultades que la itinerancia suele entrañar a la hora de conservarlo todo. Así que Juantxo Egaña llamó a 40 fotógrafos para preguntarles si tenían fotos de gitanos y la primera respuesta fue «un no, porque no se acordaban». Después de rebuscar en sus archivos, 22 de ellos respondieron afirmativamente. La colaboración de Rafa Giménez también les abrió puertas.

La muestra incluye 83 fotografías, seis pinturas del artista Félix Arteta, hermano de Aurelio, «que seguramente retrató a los gitanos porque el tema es habitual en la pintura vasca entre los años 30 y 50 del pasado siglo», menciona Egaña y a los que pinta conversando con los caseros o en actitud festiva, por ejemplo, cantando. No obstante, Félix Arteta no tuvo la pasión de otros pintores vascos por los gitanos. Lo dice Mikel Lertxundi Galiana, historiador de arte e investigador, quien recuerda que un joven Ignacio Zuloaga se hizo amigo de muchos de ellos en sus estancias sevillanas y hasta estudió el idioma caló; también Manuel Losada les pintó con el máximo respeto frente a los que plasmaron aspectos negativos o humorísticos.

Destacan dos grabados de Gustave Doré bajo el título “Provincias vascas”, uno se enmarca en Zumarraga y el otro alude a los gitanos vascos. Asimismo se reflejan sus oficios tradicionales como el de Carmen, de Legaria, restaurando asientos de sillas, ayudada de una estaquilla de madera. Un pasado y, en algunos casos, presente laboral vinculado a la venta ambulante en los que pasaron por situaciones discriminatorias. «Si eras hombre gitano, no podías entrar al pueblo porque el alguacil te llevaba preso. Entonces, se quedaban en el río fabricando canastas y eran las mujeres las que intercambiaban en los pueblos las cestas de mimbre por comida o dinero», interviene Giménez. Completan la muestra revistas, carteles, libros, publicaciones de otros lugares del mundo relacionados con el tema... «Muchos de estos materiales han sido proporcionados por museos, archivos y particulares de toda Euskal Herria, con un enfoque destacado en los objetos y fotografías de Gipuzkoa», señala Egaña.

Para Rafa Giménez, «esta exposición es una visibilización del pueblo gitano, voy a decir normal, buscando un acercamiento, formando parte de la sociedad, que es como debería de ser. Generalmente, por parte de las instituciones más, el acercamiento suele ser desde lo exótico, lo folclórico, una visión estereotipada que nos pone en un sitio fuera de las fronteras de la naturalidad y la convivencia normal».

Hay que cambiar tendencias, sobran prejuicios, ideas preconcebidas y desconocimiento, así que las partes afectadas recomiendan para solucionarlo «conocernos y acercarnos los unos a los otros con experiencias como esta, desde la normalidad de tratar al otro como yo quiero que me traten a mí. En la asociación hablamos de cultura gitana, pero también de aculturación. Hasta 1978 no éramos una figura legal; por ser gitanos teníamos unas consecuencias. Somos un pueblo resiliente, hemos tenido que adaptarnos para sobrevivir en las distintas épocas. En Euskal Herria, doble imposición, las leyes forales y las estatales. Y las dos prohibían ser gitano». Giménez calcula que en toda Euskal Herria viven entre 15.000 y 20.000 gitanos vascos, 2.500 de ellos en Gipuzkoa.

Problemas hasta con el nombre

Incluso la denominación de gitano para sus homólogos de otras partes del mundo es un término despectivo. Con ese nombre se les identifica como vagos, maleantes y peligrosos, «gente que lleva navaja y las mujeres son unas frescas. El término gitano no existe fuera de aquí, es un exónimo y es peyorativo. Gitano quiere decir egipciano. Nosotros lo hemos aceptado, pero hay una Pragmática de Carlos III intentando que desapareciera».

Cuenta David Martín que los primeros registros que mencionan al pueblo gitano en nuestras tierras datan del siglo XV. «El 27 de abril de 1435, la Corte de la reina Blanca de Navarra, en el castillo de Olite, concedió una donación a Tomás, conde de Egipto Menor, quien, acompañado de un grupo de personas, pidió refugio en el reino antes de continuar su peregrinaje a Santiago de Compostela. Este recibo, escrito en romance navarro, es el segundo documento que menciona al Pueblo Gitano en la península ibérica, tras uno anterior en la Corona de Aragón, diez años antes. En Gipuzkoa, el texto más antiguo que alude a una persona gitana es de 1510». Giménez agradece la protección de Blanca de Navarra «porque es el principio del pueblo caló»,afirma. Una reproducción de ese documento está en la muestra, el original se conserva en el Archivo General de Nafarroa.

Realmente lo han pasado siempre mal. Durante la Guerra del 36 muchas familias se refugiaron en el Estado francés huyendo del conflicto, en la Segunda Guerra Mundial la Alemania de Hitler los exterminó sin compasión, ellos lo denominan Samudaripen, «la gran matanza», y entre 1939 y 1946 otros fueron internados en Gurs, un campo de Bearn, cerca de Ipar Euskal Herria. Algunos de los que se fueron en 1936 se quedaron en Baiona, otros regresaron a Nafarroa o se afincaron por la zona de Donostialdea. Ya en los 90, también sufrieron en la Guerra de los Balcanes, respecto a la cual, Rafa Giménez dice que «las partes del conflicto luchaban entre ellos y con la OTAN en medio en plan malo, pero todos tenían en común el antigitanismo».

El título de la exposición, “Pindro Dantzariz”, está sacado de una poema de Jon Mirande, escrito en erromintxela, la lengua que utilizaban los gitanos vascos, y significa “pies danzantes”, esos pies que les llevaron a recorrer distintos lugares convirtiéndoles en nómadas y como tales vivieron también en distintas provincias de Euskal Herria.

Las primeras imágenes son de finales del siglo XIX y principios del XX y se extienden por distintos lugares del territorio, desde el “Jito Alai” -que no “ijito”-, el frontón de los gitanos que todavía se mantiene en Iruñea detrás del Labrit, a las fotografías en Bilbo de Eulalia Abaitua, considerada la primera fotógrafa vasca. El recorrido por la historia de los gitanos vascos comienza por las imágenes más tristes, en Kanpezu, Larraga, Baiona. Y prosigue con los curiosos retratos de dos gitanos de Irun compartiendo pared en Aiete con agotes de Arizkun -otro grupo social que sufrió discriminación- gracias a las fotografías «antropológicas» realizadas en 1918 por Victoriano Juaristi, un médico donostiarra.

Los gitanos y el euskara

Interesantes son también las vitrinas, una de ellas dedicada íntegramente al personaje de Carmen. Surgida de la novela corta de Prosper Mérimée, la protagonista es una gitana euskaldun de Etxalar que hace gala de sus orígenes y de la que se enamora don José Lizarrabengoa, un exmilitar de Elizondo. Esta novela inspiró la ópera compuesta por Georges Bizet -este año se conmemoran 150 años de su estreno- que sigue siendo una de las más representadas del repertorio, como constata Iñigo Alberdi Amasorrain, el que fuera director de Euskadiko Orkestra, en una colaboración escrita para la muestra: «Carmen, su protagonista, gitana y cigarrera, encarna muchas cosas, la fascinación de lo desconocido, la libertad de una mujer fuerte, la riqueza de una cultura diferente y próxima a la vez».

Vistas las cifras, parece difícil no sucumbir a su embrujo. Llevada el cine en 60 ocasiones, hasta 80 contando otras adaptaciones fílmicas, ha habido versiones de todo tipo, desde Chaplin a Cecil B. de Mille en pleno cine mudo, hasta Saura rodaron su Carmen, mientras Rita Hayworth y Glenn Ford interpretaron a los personajes principales en la película “Los amores de Carmen”, de Charles Vidor, estrenada en 1948.

Y, aunque en muchos de esos filmes asignan un origen andaluz a esta gitana, ella lo deja bien claro en el libro de Mérimée. «Nuestra lengua es tan hermosa que, cuando la oímos en tierra extraña, nos hace estremecer», se puede leer en francés tras el cristal.

Esa lengua que apasiona a Carmen tiene más sitio en la muestra, donde hay gitanos euskaldunes de distintas generaciones, como lo demuestra el hernaniarra Antxon Etxeberria, euskaldun y aficionado a los bertsos, que posó a los 92 años junto a su mujer María Dolores en un reportaje de la década de los 90 -imagen que ilustra la portada de esta edición de 7K- o esas generaciones más jóvenes que portan el testigo de la Korrika después de abonar su kilómetro. La relación del euskara con los gitanos viene de atrás, lo documenta David Martín, mientras el periodista Karlos Zurutuza dedica otro texto al erromintxela, la lengua de los gitanos vascos de la que ya no quedan hablantes, pero sí testimonio por las quinientas palabras que la filóloga vizcaina Josune Muñoz logró rescatar hasta mediados de los 90.

En otra de las vitrinas reposan, junto a tres pequeñas fotos originales, la cartilla de racionamiento de María Etxeberria y asoma la famosa pintora Mari Paz Jiménez, que se casó con el nieto del poeta y bertsolari Bilintx, y a la que precisamente la sala Kubo dedicará una exposición que arrancará el próximo jueves y permanecerá en el Kursaal donostiarra hasta el 25 de mayo.

Imágenes distorsionadas

Otro de los aspectos que no elude la muestra y resulta polémico para los afectados es el de las caracterizaciones. Algunas de nuestras fiestas incomodan a los gitanos por la imagen que se da de ellos y por la falta de respeto a un pasado de persecución, marginación y hasta genocidio. Dos ejemplos: Caldereros donostiarras y Maskarada de Zuberoa. Lo equiparan al Black Face (cara negra, en inglés), un fenómeno de tradición racista por el cual personas blancas se caracterizan como negras o hasta sucias. Sienten que se les ridiculiza. «En Ipar Euskal Herria, las mascaradas de carnaval incluyen personajes como los buhameak y kauterak, inspirados en el pueblo gitano. Los buhameak visten con trajes coloridos y pompones, mientras que los kauterak, representando a gitanos del este de Europa, llevan ropajes oscuros y pieles, evocando los caldereros de Donostia. También están los kaskarot de Ziburu y Donibane Lohitzune, que combinan atuendos vascos y de pescadores. La imagen del gitano en estas festividades es una mezcla de alegría, color y libertad, pero también de pobreza y marginalidad, reflejando estereotipos contradictorios y prejuicios en la sociedad vasca», aclara David Martín.

Ellos prefieren las bodas, uno de los grandes acontecimientos en la sociedad romaní, donde creen que se manifiesta más potentemente su identidad, perfectamente retratadas en la subida al barrio donostiarra de Sagües o en Miramon, uno de los sitios típicos de la capital guipuzcoana para el álbum nupcial. «Es un tema muy privado y una de las estrategias para sobrevivir, tener más hijos y casarte con lo que conoces», opina Giménez.

Tampoco se pasa de largo en otros conflictos. Recuerda David Martín que «en los años 80, la heroína y el conflicto político, inmerso en los “años de plomo”, causó estragos en la sociedad vasca, afectando también gravemente al pueblo gitano. La falta de respuesta política llevó el problema de la droga a los barrios periféricos, mientras ETA atentó contra personas consideradas traficantes de estupefacientes, incluidas algunas gitanas. En Hernani, la tensión aumentó cuando se intentó expulsar a familias gitanas, generando un conflicto político y mediático. Al mismo tiempo, la violencia generada por la guerra sucia del Estado en su pugna contra ETA dejó víctimas colaterales como el asesinato de Jokin Altimasberes, gitano de Hernani, a manos del BVE (Batallón Vasco Español)».

Hay quienes ya entonces reivindicaron su origen gitano, aunque solo fuera por parte de un abuelo paterno. Parecía broma, pero resultó cierto. El cantante y compositor Rafa Berrio -fallecido hace cinco años y estos días de actualidad por el anuncio del lanzamiento de un doble álbum póstumo de canciones inéditas- aparece en su época con UHF y su hermano, el periodista Iñaki Berrio, sale entrevistando al grupo punk arrasatearra RIP. Junto a ellos, Sonakay, actual grupo de fusión que lleva una década intercalando la música gitana y euskaldun.

Comenzamos este paseo con imágenes de niños vestidos con harapos en playas y campamentos de Gipuzkoa, algunas hermosas, otras tristes, y terminamos en la onda positiva con, digamos, el pasado reciente de estos gitanos vascos jugando a pelota a mano en el frontón Uranzu de Irun, de una universitaria celebrando su condición con la familia en una facultad de la UPV-EHU, otros trabajando en la radio, en hostelería... y a gitanas de distintas edades disfrutando de un concierto en Illunbe en 2024.

Lo dice Palmira Dual, miembro de la asociación Kera, en una colaboración que se puede leer al final del recorrido: «La juventud gitana queremos representar al pueblo gitano allá donde vayamos, para eso los estudios son la clave. Los estudios no son solo una forma de lograr una carrera profesional, sino también una herramienta para ganar poder en el ámbito social, económico y político. A través de la educación podemos liderar grandes lugares, siempre llevando por bandera a nuestra comunidad. Hablando como mujer gitana, el empoderamiento es la clave, avanzar hacia una sociedad más equitativa y diversa, sin perder nunca nuestra gitanidad, nuestro orgullo por ser gitanas, con nuestro coraje, con nuestra resiliencia y determinación. Muchas mujeres gitanas estamos desafiando los estereotipos, mostrando que la tradición y el progreso no están reñidos».

Juantxo Egaña y Rafa Giménez no se conocían de antes. Cuando se intercambiaron sus números de teléfono, Egaña añadió al nombre del presidente (gitano) y con toda la naturalidad se lo comentó a Giménez, que a continuación registró en su móvil: Juantxo Egaña (payo). «Me pasa siempre, particularmente llevo 30 años haciendo frente a estas cosas. Para mí es normal, aunque no haya que normalizarlo».

Egaña, que percibió la brecha al instante, admite que para él ese momento ha supuesto «un antes y un después. Te das cuenta de lo que has hecho, que no funcionan bien las estructuras mentales, esa distancia y ese agujero». Ambos, junto a Ion Gambra, viajaron a Calahorra para visitar a “Tío Felipe”, pariente de Rafa de Baigorri, que pasó gran parte de su vida en Irun y que ha contribuido a este evento con su sabiduría y sus fotografías. Para los tres, fue algo más que un viaje. Tiempo después, Egaña retrató a unas cuantas mujeres de la asociación tras una merienda en la sede de AGIFUGI. Ese panel en blanco y negro da la bienvenida a cualquiera que se interesa por el pueblo vasco-gitano.




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domingo, 26 de enero de 2025

Egaña | La Estrategia de las Violaciones

Cada vez que el estado español o un medio de comunicación afín habla acerca de las actividades armadas de ETA siempre reducen las estadísticas de la violencia a los muertos y heridos causados por ETA así como la de las bajas en el campo abertzale, sin mencionar la autoría de estas.

Nunca se habla de otras estadísticas, como por ejemplo, la de la cifra de los torturados.

Mucho menos se va a hablar de la violación como un arma más en el arsenal represivo en contra del derecho del pueblo vasco a su autodeterminación.

Por lo anterior es que se hacen tan necesarias voces como la de Iñaki Egaña, quien ha compartido el siguiente reporte en su perfil de Facebook:


La estrategia de las violaciones

Iñaki Egaña
Este enero se han cumplido 45 años de la violación y muerte de Ana Tere Berroeta en Loiu y en junio el mismo aniversario recordará a Mari José Bravo en Donostia. Ana Tere tenía 19 años y Mari José 16. Javi Rueda, el compañero de Bravo, fue apaleado cuando intentaba defender a la adolescente, y dejado por muerto. Revivió pero a consecuencia de las heridas falleció años más tarde. Las muertes de ambas mujeres fueron reivindicadas por el BVE, la marca estatal que en 1983 fue sustituida por la de los GAL.

En ese periodo se produjeron más violaciones en las que, en algunas de ellas, los denunciados fueron agentes policiales. Las violadas sobrevivieron. También hubo varios casos de denuncias de violaciones en comisarías, en situación de custodia policial. Tras las denuncias, sus nombres se difundieron en los medios de comunicación. Pero las denuncias no tuvieron recorrido judicial. Una de ellas fue declarada incluso en un juicio en 1988 que tuvo lugar tras una detención . En el litigio, en el que la acusada fue imputada por ser militante de ETA, la fiscal Carmen Tagle, ejerció de juez y testigo a la vez, afirmando, por toda prueba, que el aspecto de Begoña no era el de una mujer violada. Hubo también situaciones que sugirieron haber sido preparadas en un despacho de expertos en contrainsurgencia. También en 1988, durante un largo secuestro por ETA de un empresario madrileño, los medios y la Policía cargaron las tintas sobre un miembro del comando que retenía al industrial. Y con la intención aparente de que el clandestino abandonara su escondite, dando pistas de donde se hallaba retenido el secuestrado, el hijo del militante sufrió un intento de violación, en su localidad natal, a 500 kilómetros de Madrid.

Estos casos ya fueron amparados explícitamente por el informe del Gobierno Vasco de 2008 "Víctimas de vulneraciones de derechos humanos derivados de la violencia de motivación política", bajo el epígrafe de violaciones sexuales de mujeres "con reivindicación política". En dicho informe, asimismo, se recogieron casos de detenidas en dependencias policiales que denunciaron haber sido violadas o agredidas sexualmente en el transcurso de su arresto. Y algunas de esas denuncias no estaban alejadas en el tiempo tanto como las de Ana Tere o Mari José, sino que pertenecían al siglo XXI. También impunidad, esta vez judicial, porque otra institución, como en este caso el Gobierno de Gasteiz ya las había señalado.

Las fuentes de todas esta crónicas son varias. Las diligencias judiciales, a las que no tenemos acceso, y cuando lo haya, la ley de protección de datos que obliga a que la petición deba ser realizada por la víctima. Muchas no quieren revivir el terror y otras, bilógicamente, no están entre nosotros. También los archivos históricos en los que están alojados los informes diarios de Guardia Civil, Policía y gobernadores. Pero en ellos nos encontramos con tres problemas. El primero, que en caso de resolución, únicamente aparecería el nombre de la víctima y el resto de nombres estaría tapado con tachones para encubrir generalmente a los victimarios. El segundo, los 50 años que deben haber transcurrido, por ley, entre el hecho y la petición de información. Y el tercero y más doloroso, que las cuestiones relacionadas con violaciones de derechos humanos (torturas, abusos sexuales, ejecuciones extrajudiciales…) no aparecen en los informes que los propios policías confeccionan. Lo digo con experiencia, revisando legajos anteriores a 1974. Y en supuesto caso de posibilidad de acceso a información relevante que desvele alguno de estos acontecimientos, la franquista y a pesar en vigor, el muro de la Ley de Secretos Oficiales.

En la investigación popular, al margen de la hemerotecas, fue el exhaustivo trabajo del abogado Miguel Castells -todavía en activo a sus 93 años- que recogió las transgresiones de derechos humanos del Estado español en Euskal Herria, incluidas las violaciones, que le llevaron a una conclusión compartida por gran parte de nuestra sociedad: la actividad paramilitar estaba diseñada desde el Estado. Fue condenado por este trabajo por los tribunales españoles y el de Estrasburgo le dio la razón en 1991, lanzando una nueva andanada contra la estrategia negacionista de los Gobiernos españoles.

Más recientemente, Argituz presentó un nuevo informe “Mujeres violadas con reivindicación política por grupos parapoliciales”, que refiere el periodo que fue de 1977 a 1980 y recoge casos particulares, en los que destacan que antes de ser violadas, algunas víctimas sufrieron un interrogatorio sobre miembros de ETA. Sin embargo, las instituciones y los estudios académicos han pasado de puntillas sobre este tema, al margen de los trabajos y esfuerzos citados. Si la lectura debe se integral, aún tenemos un debe enorme.

Gracias a estas fuentes, hoy conocemos que hubo varios localidades que concentraron la mayoría de las agresiones sexuales: las cuatro capitales de Hego Euskal Herria y otros puntos menores como Bermeo, Orereta o Irun. Las violaciones tuvieron lugar en escenarios donde también se produjeron otro tipo de represiones tanto asumidas por el Estado (torturas, secuestros) como negadas (acciones paramilitares). El modus operandi de los victimarios fue muy similar a pesar de la distancia entre localidades. En todos los casos, los violadores exhibieron sus armas para coaccionar a las víctimas. Lo más llamativo del tema reside en que casi la totalidad de las manifestaciones por esas agresiones sexuales fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad españolas, provocando heridos.

Al hilo de los testimonios, Mai Etxamendi, compuso y cantó una canción junto a su padre Eñaut (el de la mítica pareja Etxamendi eta Larralde), titulada “Zure kontzertu batez (1980)”: “Errenteriritk bost gizon dira heldu/ Bostek ninduten hortxet inguratu/Kristianoz ninduten deshoratu/Joak labanez sarraskitu/Nintzalarik lurreratu/Bostek ninduten biolatu”. 




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sábado, 21 de diciembre de 2024

El Mensaje de Feli Ordeñana

Naiz enriquece una jornada dedicada a la memoria de José Miguel Beñaran 'Argala' con este artículo publicado por Egin en el que se recogen las palabras de su madre, Felicitas Ordeñana.

Lean ustedes:


La madre de 'Argala': «José Miguel sí podía haber sido un buen político»

En el tercer aniversario de la muerte de José Miguel Beñaran 'Argala', 'Egin' publicó una entrevista realizada a su madre, Feli Ordeñana. Recuperamos el documento íntegro con Artefaktua.

Feli Ordeñana: «Mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo»

En las primeras horas de la mañana del 21 de diciembre de 1978, en la localidad de Anglet, José Miguel Beñaran, 'Argala', se dirigía a su coche, un R-5 anaranjado. Momentos después de accionar la llave de contacto, al iniciar la marcha, hace explosión un potente artefacto que produce la muerte inmediata del militante de ETA. Como de «impresionante» fue calificada la escena que ofrecía el cuerpo mutilado de 'Argala' y el coche destrozado por las primeras personas que se acercaron al sitio. El atentado contra 'Argala' tuvo lugar justo al día siguiente de cumplirse el quinto aniversario de la muerte del entonces jefe del Gobierno español, Luis Carrero Blanco. Las organizaciones ultraderechistas OA y BVE reivindicaban horas más tarde la paternidad del atentado a 'Argala'.

Cuando llegamos a Arrigorriaga, Feli Ordeñana, madre de José Miguel Beñaran, ya tiene lista la porrusalda y nos recibe abiertamente y sin prisas. «Es que, sabes –nos comentaría–, a la una viene mi hija de trabajar y la comida tiene que estar preparada, porque a las dos empieza las clases de euskara en Basauri». En los primeros intercambios de impresiones, Feli ahondaría en la precipitación con que hoy la juventud consume la vida, «queréis estar en todos los sitios y no puede ser...», por lo que finalmente no da de sí lo suficiente, tendríamos que inventar un «nuevo día» que nos permitiera no consumir sino «vivir la vida» con desahogo y sin premura. Al hablar sobre el euskara, Feli aclararía resuelta que ella lo hablaba: «Parece que cuesta mucho aprenderlo, que es muy difícil, pero yo lo hablo, aunque es distinto al que se enseña ahora, la gramática es diferente, pero a mí, si me hablan despacio, me entiendo perfectamente con todo el mundo; con los guipuzcoanos también».

Nos sonreiríamos con complicidad al mirar los papeles que se habían quedado olvidados encima de la mesa, conscientes de que tendríamos que abandonar la fluidez y espontaneidad con que habíamos iniciado nuestra conversación, para entrar en el tema que nos ocupaba a iniciar la entrevista en torno al tercer aniversario del atentado que costó la vida de su hijo José Miguel. El rostro sonriente de 'Argala', en una fotografía tomada junto a Monzon, colocada en una parte de la habitación, nos acompañaría durante la conversación.

«Nos ha tocado sufrir mucho por la política»

«Hay días que me desespero cuando pienso en la muerte que tuvo José Miguel y otros como él. A veces piensas que no sabes si merece la pena que se den vidas tan jóvenes, que se entregue todo, cuando escuchas los comentarios que hacen algunos. No lo digo por todos, porque ya sé que hay gente concienciada y luchadora, pero no puedes evitar que te dé rabia cuando sientes ese desprecio. Claro que no voy a pedir que los quieran si no están de acuerdo con sus ideas, pero mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo».

Feli Ordeñana insistiría a lo largo de la conversación en que ella no se consideraba política y que nunca le había gustado: «Quizás sea porque en la familia, ya desde la guerra, nos ha tocado sufrir mucho. Siempre hemos estado envueltos por el miedo, las detenciones, la cárcel, vives angustiada porque te machacan, la derecha siempre vence». Al comentarle si estaba desesperanzada de la situación política que atravesamos, Feli manifestaría que «cada vez lo veo más difícil. La derecha puede mucho, ya lo vimos en la guerra, y ahora, poco a poco, van a lo mismo. Veo cada vez más difícil que esto se pueda arreglar, por mucho que hagan. No sé, cada vez está más cerrado, más duro. A mí me gustaría que vencieran los que han sido conscientes de la lucha del pueblo vasco, pero lo veo muy negro... Hace tres años parecía más fácil, pero la derecha se está afianzando cada vez más. Estoy desilusionada, ya te he dicho que yo no entiendo de política, pero hablo de lo que estoy viendo. Dicen que los militares no pueden dar ahora un golpe de Estado, pero lo cierto es que al rey lo mismo le da que manden los militares o Calvo Sotelo. Les tenemos por todos los sitios y están deseando barrer a Euskadi y todo lo que representa. Ahora quizás les convenga mantener esa imagen de democracia, si hay alguna, de cara al exterior, pero los golpes, aunque no sean de estado, a los de HB se los están dando por todos los lados, tanto los comunistas como los del PNV, EE o desde Madrid. Entre todos, cómo no los van a poder, como yo suelo decir, es que las van a comer por sopa. Y es que las cosas como son, los únicos que hoy siguen en la brecha son los de Herri Batasuna».

«José Miguel era muy avanzado en ideas»

Recordando el pensamiento político de su hijo, Feli señalaría que «José Miguel sí podía haber sido un buen político. Tenía muchas ideas, era muy avanzado en política y pienso que sus teorías hubiesen sido muy buenas para Euskadi. Ahora no lo sé, pero hace cinco años, cuando comenzó todo este proceso, creo que sí hubiesen servido. Hubiera sido muy bueno, porque tenía mucho interés, siempre estudiando, siempre con libros y pensando en los pobres, en el obrero. Todavía recuerdo cuando antes de marchar de casa, a los pocos meses de morir mi marido, él tuvo que hacerse cargo del negocio que teníamos, de venta de pisos. Él lo pasaba muy mal vendiendo las casas a las familias trabajadoras, sufría mucho y creo que, de no haber tenido que marchar, no habría seguido. Era muy humano, sentía mucha pena de las familias necesitadas, y no sé lo que pensarán algunos al leer esto, igual dicen, sí, muy humano y estaba en ETA, pero es verdad, era un chico muy sensible, con buenas ideas y de una gran humanidad».

Siguiendo con los recuerdos, Feli nos contaría cómo ella no sabía nada de la actividad política de su hijo. «Claro, como yo siempre le decía que no me gustaba la política, pues a mí no me contaba nada. Alguna vez le solía decir: mira que por mucho que queráis no se va a poder arreglar nada en España, conozco bien a los ricos, qué clase de gente es –bueno es que yo estuve sirviendo muchos años en sus casas, nos aclararía– y no hay nada que hacer. Él solía responderme, 'ay, ama, cómo eres, di Euskadi Sur...' Y tenía como mucha esperanza de poder cambiar esto. Era un chico muy resuelto, de carácter muy abierto y aunque a mí no me contaba nada, en la calle ya hablaba. Recuerdo un día que me encontré con un amigo de mi marido y me dijo: vaya hijo que tienes. Yo pensaba que era por los estudios y le contesté que sí, que era muy listo y le iba muy bien, pero resultó que no, que él me lo decía por otra cosa...»

«Voy a volver a casa montado en caballo...»

«Nueve años estuvo sin volver por casa, yo iba mucho a verle a Francia, bueno, a Euskadi Norte, y me solía decir: 'ama, el día que vuelva a casa voy a besar el suelo, voy a ir montado en caballo'. Yo ya le decía, sí, muy elegante eres tú, vas a venir en caballo por los montes de Navarra... Tenía mucha ilusión por venir, pero creo que nunca hubiera podido volver, aquí nunca le hubieran perdonado de lo que le acusaban. Él me decía que era una pesimista cuando se lo comentaba, pero no, no tenía tan fácil la vuelta, ni los que han quedado, tampoco».

«El día que se marchó –proseguiría Feli–, yo estaba recién operada y nunca supe por qué se marchaba. Es verdad que aunque no me contaba nada, yo ya intuía que algo se traía entre manos, pero jamás quise intervenir en su vida privada. A mí me hubiera gustado que hubiese terminado tranquilamente la carrera de Sociología, y ya lo intenté, mi ilusión era esa, pero los hijos nunca te hacen caso, y las cosas se quedaron a medias. Aquella mañana le vi con ojeras y pensaba que había dormido mal, luego ya no le vi más. A los pocos días de la muerte de Carrero nos llevaron a comisaría a mi hijo mayor y a mí, aunque nos hicieron los interrogatorios separados, los dos debimos decir lo mismo, no sabíamos nada, y recuerdo que al salir el policía me dijo: 'Es bastante inteligente usted...'».

Volvemos al presente y charlamos sobre los actos que se han preparado este año, en el tercer aniversario de su muerte en atentado en la localidad de Anglet. «Seguramente, este año nos harán como el pasado, pensarán que vamos a poner la placa y no nos dejarán entrar en la plaza, claro que para ellos es mucha deshonra tener su nombre allí. No sé qué les importa a ellos que nos reunamos en la plaza, pero cada año pasa lo mismo, impiden cualquier concentración popular».

Cuando nos marchamos, Feli comentaría que llevan diecisiete años viviendo en la misma casa, pero que siempre han estado en Arrigorriaga. «Ahora vivimos los tres, Maite y Pablo, mis hijos, y yo, nos hemos quedado poquitos y hay días en que la casa se te hace muy grande...»




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