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martes, 23 de abril de 2024

El Efecto EH Bildu

Desde Público traemos a ustedes este recuento de los resultados electorales del pasado 21 de abril, especialmente en lo que respecta a las naciones sin estado.

Adelante con la lectura:


Las izquierdas soberanistas de Catalunya, Euskadi y Galicia se erigen en freno al ascenso conservador en el Estado

Bildu y BNG se consolidan como segunda fuerza en sus respectivos territorios con ERC gobernando la Generalitat a la espera del 12M, frente a una izquierda alternativa que ha perdido 25 escaños en los parlamentos de las nacionalidades históricas

Juan Oliver

Las elecciones vascas que han elevado a EH Bildu a su máximo histórico en unas autonómicas han consolidado la tendencia que sitúa a las izquierdas soberanistas de Catalunya, Galicia y Euskadi como el principal obstáculo al ascenso del poder conservador en el Estado. A la espera de lo que suceda en las elecciones catalanas del próximo 12 de mayo, EH Bildu, ERC y BNG se afianzan así como segundas fuerzas políticas en sus respectivos países.

Lo hacen además a las puertas de los comicios europeos del 9 de junio, a los que concurrirán en coalición mientras la izquierda alternativa, nacida a raíz del levantamiento social vinculado al 15M de hace 13 años, atraviesa una particular tormenta perfecta que amenaza su supervivencia, dividida entre sucesivas marcas y liderazgos inestables cada vez más cuestionados.

EH Bildu, que no ha parado de crecer electoralmente desde 2016, obtuvo el pasado domingo más de 340.000 votos -un 32,5%- y 27 escaños en un Parlamento de 75. Hace dos meses, en las autonómicas gallegas, el BNG, que también sigue en ascenso desde 2012, se llevó 467.000 sufragios -el 31,5%- y un tercio de las 75 diputadas del hemiciclo gallego. En Catalunya, que acudirá a las urnas el próximo 12 de mayo, ERC gobierna la Generalitat tras obtener un 21% en 2021 con más de 603.000 apoyos y 33 asientos en una Cámara de 135.

Son más de 1,4 millones de sufragios, por los menos de 290.000 que suman Sumar, En Comú-Podem y Podemos en las tres comunidades en esos mismos procesos electorales. Frente a los 85 diputados autonómicos con que cuentan hoy las fuerzas nacionalistas de izquierda de los tres territorios, la izquierda alternativa estatal sólo tiene nueve: ocho, de momento, en Catalunya; uno en Euskadi, y ninguno en Galicia. Hace ocho años, las fuerzas vinculadas a Podemos y a Sumar sumaban 36 actas autonómicas.

Trasvase de votos

"Es evidente que hay trasvase de votos y que el nacionalismo de izquierdas bebe mucho de ese mismo espacio electoral" que nutría a Podemos y a Sumar. "Pero lo hace compartiendo una estrategia distinta", asegura el politólogo Silvio Falcón, gallego afincado en Catalunya y autor junto a Andreu Pujol de A la sobirania per l'esquerra: un anàlisi de l'auge d'ERC, EH Bildu i BNG (Angle Editorial, 2022).

"En lo que coinciden ERC, BNG y Bildu es en que no pretenden conquistar los cielos de manera inmediata. Su apuesta es más estratégica con una propuesta clásica: organización, base territorial y liderazgos a largo plazo", añade Falcón, que incide en la relevancia de esa fórmula destinada a ampliar sus bases que las tres formaciones están explotando con éxito.

En Galicia, el BNG de Ana Pontón ha logrado entrar en los caladeros del galleguismo moderado que antes optaba por PP o PSOE. "En las autonómicas del 18F cerca de 70.000 votos del Bloque provenían de electores que lo apoyaban por primera vez", recuerda Falcón. Pontón, al mando del partido desde hace 12 años, se ha consolidado como la referencia de la oposición al PP, con 16 escaños más que un PSOE que ha ido descomponiéndose frente a ese empuje del nacionalismo.

En Euskadi, EH Bildu ha conseguido por primera vez igualar en escaños con el Partido Nacionalista Vasco tras ir creciendo sucesivamente en las autonómicas fe 2012, 2016 y 2020. Lo ha hecho con distintos candidatos bajo el liderazgo de Arnaldo Otegi en la izquierda abertzale, acercándose en esta ocasión a menos de 30.000 votos y 2,7 puntos porcentuales del nacionalismo conservador del PNV, y con PP y PSOE sumando menos de una cuarta parte de los sufragios válidos.

Disputa ERC-Junts

En Catalunya, Pere Aragonés se convirtió hace tres años el primer presidente de ERC desde Tarradellas, y aunque las encuestas ponen en duda que pueda mantener el Gobierno, sí auguran que seguirá disputándose con Junts la condición de segunda fuerza en el país y que podría disponer de capacidad para orientarlo hacia Illa o Puigdemont. "Esquerra es la formación nacionalista del Estado con más fronteras electorales", apunta Falcón: PSOE Junts, CUP, En Comú-Podem... "Eso la convierte en una fuerza central y fundamental", concluye.

Mientras tanto, salvo en el caso de Galicia, donde Alfonso Rueda logró el pasado febrero más del 47% de los votos, la derecha y la ultraderecha siguen atragantándose con las nacionalidades históricas. El PP es la octava fuerza en Catalunya y la cuarta en Euskadi. Por su parte, Vox sigue siendo formación extraparlamentaria en Galicia, donde nunca ha logrado entrar y donde su presencia institucional se deduce a una concejala en un pueblo de 1.700 habitantes. Los de Abascal sólo tienen un escaño en Euskadi y no ha pasado nunca del 8% del voto en Catalunya.

BNG, EH Bildu y ERC concurrirán conjuntamente a las elecciones europeas del 9J, para limitar el efecto de castigo que tiene el sistema de circunscripción única que se utiliza en esos comicios. Lo hicieron así en 2009 y en 2019 con Oriol Junqueras como cabeza de lista, repartiéndose el escaño por tiempos de manera proporcional a lo votos que obtenía la alianza en cada comunidad.

En 2009 se acercaron a los 400.000 votos, y en 2019 superaron los 1,2 millones. Ahora, por primera vez desde que España entrara en la Unión Europea, encaran esos comicios tras haber celebrado elecciones autonómicas en sus respectivos territorios apenas unos meses antes.




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martes, 30 de mayo de 2023

Alternativa Real

Se llevaron a cabo las elecciones municipales en el estado español y allá, en las provincias insurrectas del norte, los partidos políticos estatales se contentaron con trasvasar votos del Unidas Podemos a Vox y al PP.

Por su parte, la coalición de izquierda EH Bildu se consolidó, siendo la más votada en todo Hegoalde, relegando al PNV a un incómodo segundo lugar.

Este es el editorial que Gara le dedica a la jornada:



Las encuestas habían identificado la pujanza de EH Bildu, pero se han quedado muy cortas en las dimensiones de este movimiento electoral. La coalición ha cosechado unos resultados espectaculares en los cuatro territorios de Hego Euskal Herria. De hecho, este es su mejor registro histórico. Ha vencido en muchos municipios, por ejemplo en Gasteiz, de la mano de Rocio Vitero. Con Maddalen Iriarte ha ganado en Gipuzkoa mejorando los resultados de 2011, cuando gobernó.

EH Bildu ha consolidado así su posición como alternativa al PNV, que obtiene unos resultados pobres, que le pueden permitir mantener importantes cotas de poder, pero que no pueden ocultar el desgaste que sufre. La gente está enfadada con su gestión y, muy probablemente, con la arrogancia de sus dirigentes.

María Chivite y el PSN aguantan el tirón y puede postularse a un segundo mandato. Sin embargo, no puede abstraerse de los resultados de EH  Bildu, especialmente en la capital, ni del rearme de la derecha en el Estado. Ferraz tendrá que valorar bien qué hace en Iruñea, donde permitir que gobierne la derecha ya solo favorece a la derecha, no solo en la capital sino en el Estado. Iruñea se ha ganado que su alcalde sea Joseba Asiron. El PSE también aguanta el tirón. Ni su alianza con el PNV ni la debacle del PSOE en el Estado le pasan una gran factura.

El unionismo democrático que surgió del 15M y confluyó con IU sigue sin un proyecto claro para este país. Sobrevive ensimismado en las trifulcas de la izquierda metropolitana. Debería recomponerse de cara a diciembre, y mirar más allá. No obstante, en algunos municipios vascos puede ser relevante.

UPN logra una victoria pírrica en la capital y poco más. Su aislamiento militante y la división de la derecha le empujan a un ostracismo que fía todo a la falta de coraje del PSN y a un cambio de ciclo en Madrid.

Para la derecha española estos comicios eran un ensayo de cara a las estatales de invierno. Y en el Estado les ha funcionado. Para ello, han manoseado a la sociedad vasca, pero los resultados de PP y Vox en tierras vascas siguen siendo marginales. Hay que mantener el pacto nacional para que siga siendo así.

Fin de un ciclo con un balance discutible

El EBB, en concreto Andoni Ortuzar e Iñigo Urkullu, deben reflexionar. Y dar explicaciones. Anoche prometieron hacerlo, pero su credibilidad está en horas bajas. Todas las decisiones que han tomado en relación a las candidaturas –por ejemplo, echar a Gorka Urtaran para poner a Beatriz Artolazabal– han dado unos muy malos resultados. La estrategia de seguir la rueda de Covite y poner tareas éticas a EH Bildu ha sido un estrepitoso error. Sus bases, la sociedad vasca, no premia ese estilo burdo y soberbio.

El sorpaso de EH Bildu es de tales dimensiones, que PNV y PSE pueden tener la tentación de enrocarse en su pacto general. La aritmética da para aprovechar la brecha entre votos y gobiernos, pero no va a ser fácil justificar algunas maniobras ni aguantar en algunos cargos con alternativas más legítimas y solventes. No es ético, y puede no ser inteligente.

Bases para un legado compartido

La institucionalización del país demanda una repensada. Los signos de agotamiento y decadencia son indiscutibles. El contexto estatal y continental no pinta bien. Los retos civilizatorios y de país exigen perspectiva, estrategias y liderazgos compartidos. Urgen soberanía y progreso.

Los resultados de ayer ofrecen un marco propicio para un ejercicio honesto. Pasada la euforia de la victoria y el escozor de la derrota, con serenidad, los partidos deben estar a la altura de la ciudadanía vasca y dar paso a una fase histórica bajo el principio rector de «todos los derechos para todas las personas».




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lunes, 5 de diciembre de 2022

Otegi | Construir Otro Horizonte

Les recomendamos leer y releer este texto que Arnaldo Otegi a dado a conocer en las páginas de Público:


Construir otro horizonte

Arnaldo Otegi | Coordinador General de EH Bildu

Hace apenas unas semanas se aprobaron los últimos presupuestos generales de una legislatura, sin duda, excepcional, tanto por las mayorías que la han sostenido como por haber estado condicionada por hechos tan determinantes como una pandemia, que ha cuestionado las políticas de privatización de las estructuras sanitarias y los recortes de carácter social, además de una guerra que continua siendo una amenaza en términos vitales, sociales y económicos para las clases populares tanto de Euskal Herria como del conjunto de los pueblos y naciones del Estado.

El gobierno de coalición PSOE-Podemos fue y sigue siendo posible gracias a un acompañamiento crítico del independentismo de izquierdas catalán y vasco sin precedentes en el postfranquismo. Este acompañamiento ha sido y es, sin duda, fruto de  una decisión política orientada por un lado, a la neutralización de cualquier avance neofascista y, por otro, en la hipótesis de que se podría abrir un horizonte de cambio en cuestiones estructurales que el Régimen del 78 ha tratado en vano de hacer irreversibles en estas últimas largas décadas.

El Estado venía de dos legislaturas de Rajoy, condicionadas tanto por una revolución popular democrática y pacífica en Catalunya respondida a golpe de represión institucional (155), judicial y policial; como, por la cristalización institucional del movimiento 15-M (Podemos). Estábamos en un momento de encrucijada y polarización sociopolítica que ponía en evidencia el desgaste del llamado Régimen del 78. En ese momento, la izquierda independentista vasca adoptó una decisión trascendente e inédita en nuestra ya dilatada trayectoria política. Decidimos dar una oportunidad a la constitución de un Gobierno de coalición, sin antecedentes desde la Segunda República, evitando así una "gran coalición" (PSOE-PP) alimentada como alternativa por poderes económicos, mediáticos y fácticos del Estado, que contaban además con Vox como un nuevo instrumento de agitación político-institucional para tratar de reinstaurar una nueva coyuntura histórica de marcado carácter reaccionario.

Éramos conscientes de la importancia de nuestra decisión y de los distintos perfiles que podía tener la misma. Pero estábamos convencidos que abrirle la oportunidad a la conformación de ese Gobierno de coalición, más allá de los acuerdos que se han ido alcanzando, podría favorecer y generar condiciones para que los sectores de "izquierda" en el Estado abordasen en profundidad un debate sereno sobre los necesarios cambios tanto en el modelo territorial como en la recuperación de derechos sociales y económicos recortados por las políticas neoliberales del PP. Era una decisión táctica con, eso sí, la mirada puesta en un horizonte de profundización estratégica como movimiento independentista, socialista y feminista.

Tras la investidura, la legislatura se enfrentó a una pandemia que trastocó la agenda política, priorizando en buena lógica las medidas para afrontar sus enormes consecuencias sanitarias y socioeconómicas. EH Bildu, con independencia de las críticas en torno a muchas decisiones adoptadas por el Gobierno de Sánchez, ha sido determinante en el impulso de medidas destinadas a configurar un "escudo social" y abordar la respuesta sanitaria a la covid-19. Posteriormente, la guerra en Ucrania, unida a la espiral inflacionista y a la crisis energética, nos ha introducido en un escenario donde la prioridad por responder a las demandas de las clases populares vascas y del conjunto del Estado -castigadas por la pérdida de poder adquisitivo, el incremento de precios, piratería de las empresas energéticas, encarecimiento de las hipotecas- ha marcado también nuestra posición ante las iniciativas del Gobierno PSOE-Podemos.

En estos tres años, el independentismo vasco de izquierdas ha mantenido con respecto a su política en el Estado una posición que ha combinado responsabilidad, compromiso con las clases populares vascas y de solidaridad con las del conjunto del Estado Español, con apoyos determinantes a cambios legislativos y medidas socioeconómicas junto al logro de algunos avances significativos para Euskal Herria en clave de inversiones o autogobierno.

Para EH Bildu esta dinámica política tiene que abordar, a futuro , un nuevo horizonte que afronte los necesarios cambios estructurales que en clave política y social son imperativos en el Estado. Además de blindar una agenda social que garantice los derechos de las grandes mayorías sociales, es indispensable e inaplazable que el debate sobre el modelo territorial se abra camino en la agenda política. El modelo constitucional-estatutario vigente, heredero de la filosofía de aquel "café para todos" fruto de una LOAPA impuesta desde el auto-golpe de Estado del 23-F, está hoy en día más cuestionada que nunca por las mayorías institucionales y populares tanto en Euskal Herria como en Catalunya, así como en sectores amplios de la propia izquierda española. Las demandas nacionales de esas mayorías políticas han recibido, hasta ahora, un rechazo institucional (Plan Ibarretxe) y la represión institucional (155), jurídica y policial contra el ‘proces’ catalán. Estas respuestas antidemocráticas hicieron converger al PSOE y al PP en la supuesta defensa "del orden constitucional".

Para nosotros, y lo decimos con la máxima humildad, las izquierdas plurinacionales del Estado y todos los sectores progresistas debemos afrontar con serenidad y honestidad un debate en profundidad sobre el modelo territorial. Hay que levantar, definitivamente, las hipotecas políticas de la transición, evitando que la Constitución Española siga siendo el muro para negar y no respetar la voluntad democrática de vascos, catalanes o gallegos.

En esta misma Tribuna decía Juan Carlos Monedero, hablando de los retos de la izquierda en el Estado, que "la izquierda tiene que abordar un modelo federal con niveles de confederalidad o federalismo asimétrico". Nos parecen muy positivas esas referencias, pero es indispensable una declinación política concreta en torno a la plurinacionalidad y el derecho a decidir que permita, precisamente, transitar hacia el modelo que él mismo nos propone.

Para EH Bildu es necesario empezar a diseñar este debate con la debida prudencia y con el mayor acuerdo posible, así como con la necesaria determinación y honestidad intelectual, sobre los cambios que podrían garantizar la democratización del Estado, el blindaje de los derechos de las grandes mayorías populares y el reconocimiento y respeto tanto de la plurinacionalidad como del derecho a decidir de naciones como la vasca.

Sin prisas pero sin pausas, con prudencia, serenidad, humildad, altura de miras y honestidad política e intelectual, hay que hacer los esfuerzos necesarios para tratar de acordar y construir una agenda política para un cambio histórico para naciones como la vasca y para el conjunto de pueblos y sectores populares del Estado.

En esa tarea histórica está y estará el indepedentismo de izquierdas vasco.

 

 

 

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viernes, 8 de abril de 2022

Egaña | ¿Dónde Está la Izquierda?

Hace un par de horas leíamos en un perfil de Facebook que cada vez se daban más las condiciones para que Marie Le Pen le arrebate la presidencia a un arrinconado Emmanuel Macron. O sea, la extrema derecha disputando el poder a la derecha. Y no es solo en el estado francés, el cáncer de la derecha carcome a toda Europa al punto que incluso un bufón de la OTAN con aliados de ultra-derecha se atreve a incluir a Gernika en sus panfletarios mensajes a la comunidad internacional.

Ahora, traemos a ustedes desde esa misma red social una pregunta que se hace Iñaki Egaña, misma con la que nos invita a la reflexión.

Lean:


¿Dónde está la izquierda?

Iñaki Egaña

La apertura de la campaña electoral francesa a la presidencia ha abierto un periodo de reflexión sobre el papel de la izquierda europea que, como en cualquier otra cuestión de índole cercano, nos afecta coyuntural y estratégicamente. En el primer caso por esa eterna duda del qué hacer en una segunda vuelta presidencial con dos candidatos de derechas, uno más que otro. ¿Guatemala o Guatepeor? En lo estratégico, por nuestra política de alianzas.

En las últimas décadas se había achacado a la izquierda abertzale el haber perdido punch internacional en el apoyo a su génesis emancipadora. Siendo el proyecto político el de una moneda con dos caras, como explicó un antiguo dirigente revolucionario, las relaciones naturales estuvieron dirigidas históricamente en una dirección, la anticolonialista. Por eso, las causas como la argelina, vietnamita, cubana o más recientes como la sandinista, kurda o salvadoreña parecieron hermanadas con la vasca.

La Transición nos retornó al viejo continente. Las innovaciones en el corpus subversivo de Krutwig y Txillardegi, entre otros, nos llevaron a valorar cultura y lengua (con el paradigma de la Conseu) y abordar también una alianza armada con irlandeses, bretones y corsos. Por un breve tiempo, asimismo, con catalanes y gallegos. Siempre desde la izquierda, desdeñando por tanto otras propuestas atractivas quizás para las derechas, aquellas de las que supimos cuando bajo el Acuerdo Lizarra-Garazi el PNV abrió los libros de sus relaciones internacionales. Nada recuperable.

En los últimos años, las alianzas se reubicaron en terrenos de resolución de conflictos, con la esperanza de cerrar etapa en el proceso de liberación. Sudáfrica, de nuevo Irlanda y el despliegue de la diplomacia en Europa y Latinoamérica, con acuerdos de calado para avalar una decisión de cierre sin vencedores ni vencidos, fueron los hitos más reseñables. Las alianzas en el Parlamento europeo, asimismo, marcaron la realidad, también en las Cortes españolas. Soledad en muchos tramos, no sólo por razones de singularidad nacional, sino también por cuestiones sociales.

La campaña francesa, retomando el inicio del artículo, nos ofrece una versión actualizada de la izquierda europea, aquella que una vez pareció aliada de la causa vasca, si no en sus posiciones estratégicas, si al menos en cuestiones parciales como los procesos judiciales y ejecuciones de militantes vascos, el derecho de asilo, el apoyo a la autodeterminación, etc. Hoy, sin embargo, las posturas están más alejadas que nunca. Jean-Luc Melenchon, la referencia de la izquierda para las presidenciales francesas, con una aureola rebelde, fue uno de los talibanes que recurrieron la ley Molac que avalaba la pluralidad lingüística de Francia, dando valor, entre otras lenguas, al euskara. La sombra del imperio también en los nichos radicales.

La desolación en el progresismo tiene que ver asimismo con el uso que ha hecho la izquierda de la arena política. González, Mitterrand, Craxi, Schröder, Carrillo, Hollande… y Blair degradaron el símbolo socialista y convirtieron sus partidos en máquinas de negocio. La corrupción afectó no solo a Roldan, Urralburu, sino a toda una estructura enfocada en favor de repetir las normas de la derecha. Las puertas correderas devaluaron el mensaje socialista. Solana dirigió la OTAN, Delors la Comisión Europea, Chavranski la OCDE, Camdessus y Strauss-Kahn el FMI, Solchaga el Comité Interino del FMI, Almunia fue el comisario europeo de Asuntos Económicos. Si a ello añadimos las actividades bélicas de Blair, junto a iconos de la derecha como Bush y Aznar, o las de guerra sucia del equipo de Felipe González, nos encontramos con un panorama desolador.

Es evidente que, con estos currículos, el enemigo estaba en el seno de las fuerzas que se llamaban de izquierdas. Si a ello añadimos los movimientos para aparcar a líderes como Corbin, Varoufakis… o en América, con todos los reparos que quieran, a Lula, Sanders, Correa, Morales… y la intervención de bancos para derrocar a gobiernos elegidos en las urnas, con el paradigma de Syriza en Grecia, completamos el escenario. Además, con un sindicalismo europeo, en su mayoría, centrado en la gestión y en su autocomplacencia “¿cómo movilizar políticamente a los votantes de izquierdas con semejante historial?”, se preguntaba recientemente Serge Halimi.

La verdad es que el abatimiento en la izquierda alcanza a una Europa marcada por otras circunstancias que alientan al desánimo. Las movilizaciones de los chalecos amarillos, las primaveras árabes, el 15M español, las asambleas de la Plaza Sintagma, las grandes movilizaciones contra el cambio climático, contra la guerra, el movimiento Occupy… ¿han servido para tumbar el sistema? ¿O por el contrario, han dividido y hecho caer en el fatalismo a las izquierdas transformadoras? Es notorio que un número cada más más numeroso de militantes de izquierdas se refugia en actividades en los márgenes del sistema. Donde la visión se hace parcial. Frédéric Lordon lo explicaba: “una isla anticapitalista no elimina el capitalismo”.

¿Es esa una solución pasajera mientras se rearma la izquierda”? No lo creo. Porque quien se está rearmando es el capitalismo, a través de sus franquicias ultraderechistas, xenófobas e imperiales. Con el consenso de las elites económicas y el laisser faire de una buena parte de la izquierda que, como históricamente, teme despertar al monstruo. Pero el monstruo lleva años bien despierto.

En Euskal Herria, sin caer en autismos o autocomplacencias, tenemos unos mimbres aún sólidos. Un sindicalismo alejado de las tendencias europeas sumisas, un corpus notable, agotado pero firme después de una prolongada guerra de baja intensidad y una juventud que ya ha tomado el relevo generacional. Con unos objetivos bien definidos ya que los retos que se nos presentan son extraordinarios. El abismo se acerca y las prisas acogotan. Los aliados y la organización son necesarios. Para construir un mundo mejor.

 

 

 

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martes, 23 de noviembre de 2021

Entrevista a Pedro Vallín

Por la variedad de tópicos que aborda y el ángulo desde el cual habla de ellos -algunos de los cuales son temas recurrentes en este blog-, recomendamos ampliamente esta entrevista publicada en Naiz:


«España tiene mucho miedo de mirarse a la cara»

Pedro Vallín | Periodista, autor de “C3PO en la corte del rey Felipe” | Pedro Vallín considera en su nuevo libro “C3PO en la corte del rey Felipe” que el español es «un Estado esclerotizado» y profundiza sobre las acciones de un «deep state» que «pone en riesgo la democracia». Y opina que desde 2015 hasta el año pasado «hubo un secuestro de la voluntad popular».

Daniel Galvalizi

No ahorra en adjetivos ni metáforas literarias y mitológicas el periodista y escritor Pedro Vallín en su nuevo libro, una antología de sus artículos más destacados publicados en el periódico ‘La Vanguardia’ que Ed. Arpa ha editado y publicado con el nombre de “C3PO en la corte del rey Felipe”, en un repaso sobre la actualidad política de los últimos seis años.

Nacido en un pueblo de Asturies, en el libro se puede percibir la década como periodista de cultura que lleva Vallín en su mochila. Una era que acabó cuando dio el salto a la sección política en el periódico catalán, especializándose en el día a día de Unidas Podemos y el gobierno de coalición.

Con prólogo de Enric Juliana, Vallín hace una crítica mordaz al llamado Estado profundo español y repasa en entrevista con GARA la delegación en ese «deep state» de la resolución de los problemas políticos por parte de Rajoy. Cuestiona además la obsesión moral por el perdón en la política española.

¿Por qué sentía la necesidad de escribir este libro?

En realidad surge de una conversación con el editor, que creía que mi papel como cronista político tenía que tener un reflejo en forma de libro. Yo no estaba muy animado a hacer un resumen de estos años y surgió la posibilidad de hacer como una antología, este género de mezclar mitologías culturales con política, y acepté. Un poco ingenuamente, pensando que era un libro que ya estaba hecho.

No medí bien fue la exigencia que iba a tener, porque decidimos quitarles la fecha a los artículos para que puedan ser leídos desde hoy y acabó implicando una reescritura bastante profunda. Habia que construir un discurso más temático y creamos una estructura «ad hoc» para intentar dar forma a lo principal que ha ocurrido en los últimos seis años. Creo haber conseguido proponer un relato alternativo al consenso establecido sobre todo ante dos hechos notables. Por un lado, ha habido un secuestro de la voluntad popular que ha durado cuatro años y lo hemos asumido como lo más normal del mundo, porque que en 2015 este gobierno no se conforme hasta 2019 es un hecho grave en el que tienen responsabilidad poderes económicos y mediáticos. Al lado de eso se desnuda una característica de nuestro país: la extraordinaria fortaleza del Estado profundo, entendido como una inercia administrativa burocrática y política que opera en su propia defensa y al margen de la democracia porque la preexiste.

Me gustaría que profundice sobre ese secuestro a la voluntad popular y cómo actuó el «deep state»…

Bueno, los medios en el sistema de poder madrileño fueron un contribuidor esencial a que no se materializara el resultado de las elecciones. Sánchez lo ha contado en su entrevista a Jordi Evole. En 2015 ya sale claramente una mayoría para gobernar, la resistencia es tal que hubo que repetir las elecciones [en 2016] porque el resultado fue impugnado por los poderes reales del país. Y las elecciones arrojaron casi el mismo resultado con matices y en esa segunda ocasión ya pasamos a mayores, fueron a matar a los actores, y se hace el asesinato político de Sánchez y se intenta el de Iglesias. Y en abril de 2019 sucede la misma mayoría y tampoco se pudo formar gobierno.

¿Con la acción del Estado profundo se puede explicar todo o no hay allí un problema de egos políticos perturbando?

Creo muy poquito en la capacidad de las personas individuales para subvertir la corriente principal. Es obvio que Sánchez e Iglesias se rebelaron como personalidades resistentes e indómitas a la voluntad expresada por el Estado profundo y los poderes reales, pero en general la competición y egos que siempre están presente y tiene importancia no mandan, mandan las corrientes profundas.

¿Qué es el Estado profundo?

En el fondo son comportamientos, las sinergias, la tendencia que tiene el aparato del Estado y la institucionalidad a autopreservarse. No es que se reúne gente en un sitio a fumar y pensar qué van a hacer. Son inercias de autopreservación, como un organismo inmune que reacciona por sí mismo. No hay un cerebro pensando detrás, son mecanismos automáticos que si no los tienes controlados ponen en riesgo la democracia. La razón de esto es porque el Gobierno del país en su momento le encarga a este Estado profundo que resuelva los problemas, tanto la emergencia del 15M como ‘el procés’.

Lo mas emblemático de esto es la Judicatura porque la voluntad soberana del país se expresa en el legislativo y en el ejecutivo que sale de él, en cambio la Justicia no se renueva cada vez que hay elecciones y allí se ve muy claramente la forma de actuar del Estado. Otro problema añadido es que la judicatura tiene mucho de dinastías.

¿Y la Casa Real? Me sorprende que no la nombre.

Estoy convencido de que tiene muy poco poder. Lo más claro que ha hecho es el discurso del 3 de octubre [de 2017], que condicionó hasta la actuación en aquel momento del PSOE. Pero no le veo tanto poder, el Estado profundo en España ha sobrevivido a reyes. El peso de la Corte, entendido como este sistema económico político y mediático que hay en Madrid, es mucho mas importante y determinante que la propia institución.

En el capítulo que se titula ‘Renuncia a Lucifer’, desarrolla con ironía y acidez el dogmatismo moral de la derecha españolista. ¿Cree que con los cambios políticos y demográficos eso puede variar?

No, lo veo presente incluso en el pacto de izquierdas. La semana pasada el PSOE le pidió al PP que pida perdón por la corrupción. ¡Que no sirve para nada pedir perdón! Eso forma parte de un mundo moral preilustrado. La revolución de la razón significa que el perdón no sirve. Esta concepción moral en el Estado español empapa todo. Hace unas semanas vimos lo de Arnaldo Otegi y el debate sobre que no pidió perdón, etc... Esta cuestión de confesión publica y moral no sirve para nada, en los Estados hijos de la ilustración lo que cuenta es lo que haces y no lo que dices. Se trata que no robes y no salgas impune. En terrorismo se trata de que no haya muertes, de que los proyectos políticos se diriman en la política, y lo de pedir o no perdón esto es una cosa que tiene que ver con universo moral religioso y puede formar parte del mundo de las relaciones personales, de la víctima concreta, pero no tiene que ver con la política, la política va de otra cosa. Actualmente no estamos en el momento de persecución de judíos y musulmanes pero esas corrientes históricas afloran en momentos de tensión. Es importante tener claro donde esto tiene sus raíces y que ha aflorado con fuerza por el estrés político de la ultima década.

¿Por qué asevera en el libro que el funcionamiento estatal se esclerotiza?

Tiene que ver con el medio milenio que tiene el Estado. Su estructura es como un dinosaurio, se mueve muy despacio, hay que llevarlo al terreno que quiere llevarse. En buena medida la Transición española consistió en redirigir el Estado, controlarlo y hacerlo trabajar por la democracia porque era un estado franquista. La tendencia del Estado es a no transformarse pero las necesidades de la democracia son la continua puesta al día.

En este juego de resistencia-progreso, digamos que el Estado es lo permanente y lo resistente al cambio y la política es el vector de transformación, y esto crea una dialéctica que en su versión virtuosa el Estado contiene los excesos de la política y la política fuerza al Estado a progresar e impide el inmovilismo. Pero en estos diez años hay un momento en que la administración del Gobierno de Rajoy decide que no será la política sino el Estado profundo el que aborde los problemas políticos. Se nota en ‘el procés’, en el cambio del Estatuto del TC para que actúe contra el independentismo, en la Ley Mordaza se encomienda a las Fuerzas de Seguridad el control de la insatisfacción popular... En ese sentido es un Estado esclerotizado porque al sector más resistente al cambio le encomiendas el control de la transformación.

Estamos asistiendo ahora a cómo se expresa el Estado profundo del Poder Judicial, que le tiene declarada la guerra al Ejecutivo y al legislativo. Prácticamente ahora cualquier ley con la que alguien no está de acuerdo con su carácter político va al TC. Estas encomendando al Estado que resuelva lo que tiene que resolver la política.

Hay un capítulo en el que traza un paralelismo entre el Gran Gatsby y Pablo Iglesias. ¿Puede contar por qué?

Creo que el caso ilustra bien muchas cosas sobre la naturaleza de la sociedad en la que vivimos, más que revelar alguna verdad sobre Iglesias. El Gran Gatsby me interesa mucho porque allí el mito fundador es puesto a prueba: que EEUU es una sociedad de iguales y oportunidades con movilidad social. Creo que esos días en que Iglesias se compró una casa con piscina [en Galapagar], pese a lo que se dijo, el escándalo no tenía que ver con el precio ni la coherencia de vivir en un chalet, porque ademas la coherencia es un «work in progress». El problema real giraba en torno a la piscina. Es un signo social, representa prestigio en el imaginario. Y ¿cómo este chico procedente de Vallecas puede tener una piscina? No se trata de que tengan una hipoteca de 600.000 euros, no es problema de dinero sino de signo social. No se puede tolerar que Gatsby tenga un casoplón en Long Island, donde viven los ricos de verdad. En el fondo es un test sobre las democracias liberales.

¿Cree que el conflicto vasco y la guerra sucia son el mejor ejemplo de la sinergia entre el Estado profundo y las cloacas?

Creo que no del Estado profundo, creo que ahí son mas cloacas. Lo vimos con el caso GAL. Somos una democracia muy timorata respecto a nosotros mismos. La prueba es que por fin habrá una Ley de Secretos del estado y están fijando el umbral de desclasificación en 50 años cuando en las democracias modernas oscila en 30. Es un país que tiene mucho miedo de mirarse a sí mismo, mirarse a la cara. ¿Qué podemos esperar sobre dilucidar qué ocurrió exactamente en la lucha contra el terrorismo cuando no podemos llamar por su nombre a lo que pasó hace 80 años con una dictadura fascista? Somos incapaces de poner nombre y apellido a eso que ocurrió. Un país terriblemente timorato.




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viernes, 10 de septiembre de 2021

El '77 y la Diada

Mañana el pueblo catalán estará celebrando una Diada más. Calles y plazas de ciudades, pueblos y barrios se llenaran de personas portando esteladas, sus corazones imbuidos por un único deseo, la libertad.

Hoy, en la víspera, les dejamos con este texto alusivo publicado por Kaos en la Red:


Durante estos últimos días se ha vuelto a hablar del precedente del 11 de Septiembre de 1977.

Aquella “Diada” , se cifró de un millón (de segadors, se añadía citando otro evento del imaginario social y nacional catalán), aunque luego, estudios más fiables cifran en alrededor de 750.000 asistentes, más o menos…Celebrar. Conmemorar una derrota nacional, es algo inusual, sin duda extraordinario. No sé de nada parecido por más que en otros lugares no faltan motivos. Podrían haberse dado “Diadas” similares en Castilla en honor a los comuneros; en Galicia con los “Hermandiños”, o en Valencia con las “Germanias”, o en Andalucía con la despreciable expulsión de los “moriscos”, pero no ha sido así. Ha sido en Catalunya, el país del Estado en el que las izquierdas tienen mayor capacidad de iniciativa y en donde la sociedad civil mantiene un grado más alto de asociacionismo al amparo de las actividades más diversas, como la de “els castellaires” que carece de parangón al menos en nuestros lares.

Es evidente que ante semejante torrente humano reiterado, hay que hablar de cifras aproximadas. Lo cierto es que en aquel lejano día era imposible caminar incluso por las calles adyacentes, y cuando la cabeza llegó a su destino, todavía quedaba mucha manifestación que no había dado el primer paso. El ambiente era exaltado, los más viejos podían rememorar el 14 de abril de 1931 (cuando la alegría del pueblo ocupó las calles de la ciudad), o el legendario entierro de Durruti. Era el primer Once de Septiembre legal que se celebraba en Barcelona desde que la barbarie franquista ocupó Cataluña como antes había ido ocupando el resto del Estado.

Recordemos que el primer 11-S legal que se quiso celebrar en Barcelona fue el anterior. Efectivamente, en 1976, la Assemblea de Catalunya tenía previsto hacer la manifestación en Barcelona, y lo siguió pensando en hacerlo cuando el Gobierno Civil que seguía las órdenes que desde Madrid impartía el inevitable y siniestro Martín Villa, pero finalmente optaron por la negociación. Algunas de las propuestas gubernativas fueron “de coña”, por ejemplo, sugirieron un teatro, pero finalmente se optó por Sant Boi, un pueblo del Llobregat famoso sobre todo porque ubicar el “manicomio” (“Tenías que estar en Sant Boi”, se decía de alguien que se consideraba “majareta”, así iban las cosas), que aquel día se llenó de una riada humana que, en buena medida, prefiguraba lo que sería el año siguiente. Situado en discrepancia, uno no pudo por menos que sentirse identificado con la honesta advertencia del recientemente fallecido Jordi Carbonell: “Que la prudencia no nos haga traidores”. Después del viaje estatutario y de desmovilización social está claro que con la prudencia se pasaron al menos 20 pueblos.

Entonces nadie imaginaba hasta qué extremo llegaría la prudencia. Un año más tarde habían cambiado bastante las cosas, ya no estamos en vísperas de casi todo sino después de las elecciones de 15 de junio, las primeras elecciones democráticas desde febrero de 1977 aunque ahora la prudencia tenía un mandato: ganaba la derecha o la derecha. En Cataluña, aunque la mayoría votó por el PSC-PSUC. También gano la derecha, pero aquí hizo falta una maniobra: traer a Tarradellas, el President de la Generalitat en el exilio, lo que demostraba por sí hacía falta, que cuando a la derecha le servía un republicano, venía a decir lo mismo que Groucho Marx, “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”…Pero todavía había “marcha”, y el pueblo ocupó las calles. Nunca se habían visto tantas senyeres. Las había por todas partes, eran el elemento unificador, se combinaban con todas las demás. Pero no estaba sola, ni mucho menos. También estaban las rojas del movimiento obrero, más ikurriñas, cubanas, y las verdiblancas de los emigrantes andaluces. Hay que recordar que el Partido andalucista obtuvo dos diputados en el primer Parlament…

A las nuevas generaciones quizás les cuesta imaginar toda la masa que arrastraba el PSUC en aquel tiempo. Me acuerdo que el “tovarich” José Borrás decía que en aquel tiempo “el PSUC le pegaba una patada a una lata y salía una asamblea”. Estaban en todas partes, sobre todo entre la gente trabajadora de las empresas y los barrios, Los socialistas tuvieron que sacar pecho pero no había comparación posible. Al menos a mí su grito “!Visca, visca, visca, Catalunya socialista¡”, me suscitaba descreimiento. Parece obvio que no podían referirse a un régimen socialista, aunque por aquel entonces hasta Jordi Pujol y otros, se reclamaban de una socialdemocracia como la sueca, o sea la de Olf Palme, ya me dirán. Todavía el PTE arrastraba un torrente inusitado de personal. No en vano se decía que habían reunido medio millón de personas en un acto electoral –con ERC que se acababa de despertar pero que colocó a Heribert Barrera como diputado-, aunque quizás fuese la mitad. Otros grupos menores de la izquierda radical y del independentismo catalán (PSAN) hacían lo posible por hacerse oír, y creo que la LCR lo conseguía gracias a un potente megáfono y a la voz potente de pletórico Pau Pons que metía el dedo en la llaga de lo que se estaba fraguando.

En medio de una “riada” humana que no permitía andar más de unos metros a la hora, también se hicieron notar los colectivos más diversos, sindicatos, asociaciones de vecinos, entidades varias como la Coordinadora de Disminuidos que se encontraban en pleno apogeo, y que según me contaban, habían tratado de ponerse unos metros por delante de la cabecera ocupada por las patums, o sea los que la Asamblea de Cataluña había decidido, pero no le dejaron. Luego vino el declive, y la Coordinadora se desmoronó desde dentro. Allí estaba toda la gente que se movía, y otra gente que se empezaba a mover en el terreno reivindicativo. Todos ellos gritaban las consignas propias pero sobre todo las consignas de la Assemblea de Catalunya que aquel día se despedía: llibertat que algunos ya creían en la mano, la amnistía que se entendía en una única dirección, la gente que seguía presa o perseguida por luchar contra el régimen, y Estatut d´Autonomia, sin muchas más precisiones aunque en aquel tuvo lugar una campaña en los medios explicando que la experiencia del 6 de Octubre de 1934 no se podía repetir.

Fue una de las cosas que más claramente declaró Tarradellas contra el que un pequeño sector de la manifestación gritábamos: “!Fora Tarradellas, no volem titellas¡”. Detrás de todo esto venía prefijado por un acuerdo entre la Assemblea de Catalunya y Coordinación Democrática se comprometieron el 26 de mayo de 1976 “a apoyar para las restantes nacionalidades y regiones del Estado español el derecho al reconocimiento de su personalidad y de los correspondientes derechos políticos”. Dicho de otra manera: la generalización de las autonomías fue un acuerdo firmado por toda la oposición dos años y medio antes de promulgarse la Constitución. Un Estado de las Autonomías diseñado contra el derecho de autodeterminación. Eran cosas que algunos ya traíamos aprendidas con las lecturas de Andreu Nin, lecturas que en mi caso dieron lugar a un inicio de debate con Solé Turá en un acto en el que estaba no tuvo necesidad de intervenir porque un servicio de orden me retiró las palabras.

En unas fechas previas a aquel día, este servicio de orden organizado por el PSUC se empleaba a fondo para retirar las banderas republicanas.

Detrás de todo aquel movimiento desde abajo existía otro pacto muy diferente. Gracias a la influencia del PSUC, de aportaciones como las efectuadas por Manuel Sacristán que, en líneas generales, eran acopetadas por la izquierda radical, se había establecido un compromiso en el que la lucha por la libertad nacional de Cataluña se establecía como parte de una lucha general por los derechos democráticos y sociales, todo vistos como una misma cosa. No era de otra forma como se explicaba cuando alguien en tal o cual asamblea o reunión ponía en cuestión que “Cataluña tuviera que ser distinta al resto de España”. Era cuando se le respondía al trabajador en cuestión –y recuerdo un vecino que trabajaba en la SEAT y que era un poco duro de molleras, un estalinista bastante especial que militaba en la CNT con el que las relaciones podrían producir chispas-, se le argumentaba que Cataluña tenía su propia historia, que el franquismo había tratado de aniquilar la cultura y las instituciones catalanas, que el catalanismo democrático era antifranquista. Y solía añadir: “…lo mismo que defendemos los derechos de los trabajadores, también defendemos los derechos democráticos, etc, etc”. O sea que se podía hablar de dos caras de una misma moneda.

Como consecuencia del protagonismo del movimiento obrero en la lucha antifranquista los derechos nacionales eran vistos como una prolongación, y como consecuencia de la orientación política dominante en dicho movimiento –comunista oficial por razones históricas muy precisas-, lo mismo que el discurso de las conquista se fue “jivarizando” para quedar en el sistema de la “negociación” sin movilización, se adoptó el Estatut de Sau de 1979, que quedaba a mil años de las pre4tensiones del 6 de Octubre del 34 porque nadie quería ver a los militares en el balcón de la Plaça Sant Jaume. El tiempo que sigue vendrá marcado por el abandono de los dioses de la izquierda, y por el contrapunto del ascenso de los dioses del nacionalismo lingüístico y conservador. Un plato en el que también comerá a una izquierda hasta cuando presume de “transformadora”, se limita a las reglas del juego de la gestión de un sistema en el que todo está atado y bien atado.

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Sin embargo, en los últimos años el viento ha comenzado a soplar en otra dirección. Hemos asistido al impulso del vibrante 15M catalán donde, sobre todo en Barcelona, las exigencias nacionalistas fueron rechazadas porque podrían causar división en un movimiento que apunta contra el despotismo neoliberal…Ahora acabo de asistir a la confirmación clamorosa de una apuesta independentista contra el despotismo españolista –me pregunto: ¿cómo se puede hablar del hecho nacional sin mencionar la prepotencia españolista?- surgida desde la Cataluña profunda, y a la cual CIU no podía dar la espalda si no quería hacerse el “harakiri”. Sobre el papel, el encaje entre una parte y otra no resulta fácil, sin embargo, me parece evidente que por debajo de este independentismo subyace el mismo malestar ciudadano y social. Nuevamente se plantea la necesidad de caminar con las dos piernas.

P.D. Como supongo que alguien preguntará sobre mi “nacionalismo” que ahora incluye el apoyo decidido a la independencia, quiero responder que siempre he creído en aquello que decía Paul Lafargue: “Sois todos hermanos y todos tenéis un enemigo común: el capital privado, sea prusiano, británico o chino”. Sin internacionalismo, sin una dimensión social antiburguesa, el nacionalismo apesta. Pero hay muchos nacionalismos, y creo que en mayor o menor grado todos los somos. La vocación internacionalista no tiene porque estar reñida con la nacional lo mismo que el afecto por tu madre no te impide estimar a los demás, especialmente a los de abajo, a los que sufren miseria y opresión. En cuanto al asunto tan controvertido de las identidades, el internacionalista también se siente español en el extranjero (aunque como decía Sacristán sea la España que quede una vez los demás escojan su relación con ella), andaluz o mestizos como nos sentimos los de procedencia emigrante. Sí hay un referéndum, yo lo tengo claro: votaré independencia. Primero por afinidad con una mayoría que se moviliza por sus derechos…

Después, porque esta España endeudada, libre de pero a condición que no practiques la libertad y grande para los que la han comprando, no es la mía. La mía es la del pueblo que acepta entiende que ningún pueblo puede ser libre si oprime a otro.

 

 

 

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miércoles, 25 de agosto de 2021

Gil de San Vicente | Siete Respuestas (II de II)

Traemos a ustedes la segunda parte del texto con el que Iñaki Gil de San Vicente, desde su espacio habitual en el portal de Rebelión, da respuestas a ciertos cuestionamientos relativos a... pero no exclusivos de Vox.

Lean:



5-Con la entrada en el gobierno de UP la izquierda estatal se ha desmovilizado, y no parece que asome ningún proyecto que pueda volver, a corto plazo, a ilusionar a los votantes de izquierda, a no ser en las naciones donde las fuerzas soberanistas parecen crecer en apoyos. ¿Qué análisis haces de la situación de la izquierda en Catalunya, Euskadi y Galiza, y en el resto del estado?

La izquierda estatal se estaba desmovilizando mucho antes de enero de 2020. La oleada de luchas, las mareas, la «indignación», etc., que llevó al 15-M/2011 empezó a decrecer en movilizaciones en el año y medio que va de las elecciones europeas de 2014 a las generales españolas de 2015, y en la forma electoral de apoyo de esas izquierdas a UP el primer batacazo fue en las generales españolas de 2019. El reformismo y la burocratización ministerial de UP han acelerado el retroceso electoral que refleja el hundimiento de las esperanzas infundadas del 15-M. Las izquierdas revolucionarias que no se dejaron fascinar por aquellos cantos de sirena ni tampoco por los del «gobierno más progresista» de enero de 2020 están capeando el temporal con distinta suerte, comparado con el hundimiento de UP.

Para 2018-19 el capitalismo español era uno de los que más se debilitaba antes de la pandemia. La debacle del año largo de 2020 ha elevado las contradicciones a niveles inimaginables para el triunfalismo pueril y suicida de hace sólo tres lustros. Según el FMI existe una «crisis sin precedentes». No vamos a extendernos ahora en los análisis sobre el contexto que presentamos a debate en este verano en diversos artículos, solamente decir que las estimaciones más realistas sobre la recuperación post Covid-19 no se atreven apenas a pasar del 3%, y eso gracias a una salvaje explotación social, como acaba de exigir el círculo de jóvenes empresarios españoles, CEAJE: «Todo aquello que sea flexibilizar y abaratar el despido es algo positivo».

Las izquierdas estatales e independentistas se enfrentan por tanto a un panorama durísimo, favorable para el reforzamiento de las diversas expresiones del franquismo sobre todo una vez que el dinero público masivamente inyectado apenas reactive la industria estatal que no sea construcción, turismo, automotriz…, y esta última con dificultades. La soga de la deuda se irá cerrando más alrededor el cuello obrero y popular, que no el del bloque de clases dominante. Ciñéndonos al peligro de Vox y de otros franquismos, está claro que el «gobierno más progresista» no va a movilizar a las clases trabajadoras, ni va a lanzar una sostenida denuncia de la ideología franquista genérica. Por su parte, otros reformismos duros levantarán un poco sus críticas, pero tampoco potenciarán el antifascismo masivo, sino que lo limitarán a lloros parlamentarios.

El «gobierno más progresista» intenta amansar a la fiera y quitarle votos endureciendo las represiones: está tanteando si le conviene ilegalizar ahora mismo a Izquierda Castellana o esperar para más adelante, cuando necesite mostrar a bases franquistas con hechos represivos que la «democracia española» es anti comunera, como es anti catalana, anti andaluza, etc. La dosificación de las represiones de los derechos nacionales por parte de los «gobiernos democráticos» españoles es una constante desde que estos existen: dosifican esas represiones para, entre otras razones, enseñar al nacionalismo más derechista que ellos también son españoles y que tampoco tolerarán a los pueblos oprimidos veleidades independentistas. La experiencia al respecto de la tan aplaudida como desconocida II República, es demoledora.

El PSOE sabe que una parte sustantiva del españolismo se esfumará en la nada si el castellanismo sigue arraigando en el pueblo ya que su sola existencia abre perspectivas inaceptables para la dictadura del capital, para la monarquía y para la Constitución: ¿hubiera existido la actual España, si hubiese triunfado la Revolución Comunera? ¿Hubiera triunfado una revolución burguesa con efectos difíciles de imaginar ahora? ¿Qué modelo de Estado o de Estados peninsulares podría haber ahora? Sin caer en historia-ficción, otra de las razones de que el Estado es una «nación fallida» radica en la alianza internacional entre las fuerzas reaccionarias y una monarquía extranjera para aplastar aún más la libertad, aplastamiento que sí es seña identitaria del nacionalismo español.

Semejantes interrogantes pueden ayudar mucho al internacionalismo dentro del Estado ahora, cuando tienden a confluir al menos cuatro dinámicas: Una, el aumento de la conciencia soberanista en Galiza, Euskal Herria, y Països Catalans, el reforzamiento en las dos últimas de las organizaciones independentistas revolucionarias y los intentos de coordinación de grupos independentistas en Galiza. Dos, el agravamiento de la crisis capitalista a pesar de algunos repuntes transitorios y de la intensa propaganda sobre el definitivo final de la crisis. Tres, el arrollaror tsunami de la industria cultural imperialista una de cuyas prioridades es mercantilizar y destruir las culturas de los pueblos resistentes. Y cuatro la dureza del nacionalismo constitucional y republicano español, y la amenaza del ascenso del fascismo genérico.

Como efecto de ello y de otras dinámicas menores, crecen las contradicciones que impulsan los conflictos nacionales. Usando conceptos marxistas siempre necesarios, se agudiza la contradicción expansivo/constrictiva inherente al concepto simple de capital, es decir y visto desde el lado de la nación trabajadora oprimida, los pueblos pueden ir tomando conciencia de que necesitan perentoriamente de un Estado obrero propio que les proteja del imperialismo, en nuestro caso el sub imperialismo español subsumido en el occidental bajo hegemonía yanqui. Pero esta concienciación no es automática sino que exige determinadas condiciones, entre ellas la existencia de un independentismo socialista organizado.

La contradicción también hace que, desde la perspectiva pequeño burguesa y de clases medias de estas naciones, tienda a aumentar lo que desde hace unos años se denomina soberanismo en sustitución del autonomismo pactista fracasado entonces, como la versión autóctona del engrudo formado por socialdemócratas, eurocomunistas, ex trotskistas y ex maoístas, pikettyanos y zizekistas, desencantados del 15-M/2011, posmodernos progres, y ex independentistas.

No debe sorprendernos que la contradicción expansivo/constrictiva inherente al concepto simple de capital genere dos concepciones de nación tan opuestas: la proletaria y la pequeño-burguesa, ya que también aquí bulle la unidad y lucha de contrarios. Por su parte, la misma contradicción también explica por qué la burguesía de la nación oprimida opta sin tapujos por el bando del Estado opresor. El viejo soberanismo fue popularizado por el sector menos reaccionario del PNV alrededor de 2003, en otro contexto muy diferente al actual. La gloria de aquel soberanismo duró justo el tiempo que tardó el Estado en mostrar su poder político, económico y militar. Demostrado quien manda, el PNV purgó a esa facción dirigente y volvió a la mansedumbre.

A los pocos años la «nueva estrategia» de la izquierda abertzale empezó a llamarse soberanista dejando el independentismo para algunos actos públicos. Desde otoño de 2017 el nuevo soberanismo relegó rápidamente al independentismo de sectores de la mediana y pequeña burguesía catalana y de franjas populares. En Galiza y Euskal Herria, y en menor medida en Catalunya, Unidad Podemos cayó en picado por el trabase de decenas de miles de sus votantes al nuevo soberanismo, mucho más atrayente para su nacionalismo español porque acepta incondicionalmente el nivel 1, el parlamentarista, y no combate ni la monarquía católico-militar y ni la dictadura del capital. Para estos tránsfugas de UP, ese soberanismo les resulta cómodo y refuerza su progresía y de ahí sus votos, por ahora.

6-En la esfera internacional tampoco hay motivos para la esperanza, aunque en América Latina se han producido importantes movilizaciones populares, vemos como potencias emergentes como Turquía siguen manteniendo políticas imperialistas, hostigando a pueblos como el kurdo o el armenio, a la vez que recrudecen la represión interior. ¿Hay algún horizonte esperanzador que se haya abierto en estos años para las próximas generaciones?

En la India la lucha campesina avanza con fuerza, acercándose a la lucha obrera en ciudades y pueblos: no hace mucho que alrededor de 100 millones de personas han hecho la huelga más grande del mundo. En Sudáfrica, las movilizaciones contra la corrupción política y empresarial sólo pueden ser contenidas con represiones cada vez más duras. En Túnez, Líbano, Egipto… el malestar social es creciente y hasta en la cruel dictadura marroquí hay resistencias de fondo. Hace muy poco, una masiva huelga ha paralizado los ferrocarriles de Alemania. En Suiza han surgido movilizaciones en varias ciudades a finales de mayo de este año. Una trasnacional tan poderosa y tan esclavista como Amazon ha tenido que lidiar hace pocos meses con huelgas en varios países… Y en Turquía, para centrarnos en la pregunta, a comienzos de 2020 los metalúrgicos sostuvieron una tenaz huelga que tuvo amplia repercusión en las izquierdas revolucionarias internacionales.

Las resistencias obreras son sistemáticamente ocultadas por la prensa burguesa, de modo que terminamos creyendo que la lucha de clases se extinguió hace tiempo. También se nos oculta la brutalidad del ataque burgués: los despidos masivos durante la pandemia, por ejemplo. Se estima que para octubre de 2020 habían sido condenados al «desempleo oculto» más de 30 millones de trabajadores en los 25 Estados de la OCDE, y los datos ya disponibles sobre las estrategias del capital anuncian más y más despidos. Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento del capitalismo, sabrá que los despidos masivos indican que existe una masiva lucha de clases por debajo de toda propaganda porque, aunque no se vea, existe una dialéctica entre crisis socioeconómica y política, despidos y cierres empresariales, y lucha de clases.

Siempre existe un «horizonte esperanzador» porque si no la sociedad humana ya se habría extinguido, o no hubiera surgido. Por lo general, la frase «horizonte de esperanza» es utilizada por algunos cristianos para decir que su dios está detrás de lo perceptible por métodos normales, horizonte sólo traspasable por la fe. Para la dialéctica atea se trata de que la unidad y lucha de contrarios, el aumento cuantitativo y el salto cualitativo, y la negación de la negación generan realidades nuevas que pueden ser guiadas hacia las soluciones de los problemas, hacia la apertura de futuros mejores si actuamos en su devenir interno.

Bajo la opresión turca, las clases y naciones explotadas, armenios, kurdos y otros pueblos, malviven en un presente feroz: en 2018 el cambio dólar/lira era de 1/4,55, pero a finales de julio de 2021 era de 1/8,70. En 2020, el 10% de la población, la gran burguesía, se apropiaba del 32,5% de la riqueza mientras que el 10% más empobrecido tenía que malvivir con el mísero 2,2%; y si ampliamos la muestra ocurría que el 20%, la burguesía, se quedaba con el 47,5%, la clase obrera y campesina o sea el 60% recibía el 46,5%, y el proletariado más empobrecido, el 20%, sólo 6%.

El «horizonte de esperanza» se ampliará en Turquía en la medida en que la lucha de clases y de liberación nacional avance en la senda abierta por los 130.000 trabajadores del metal que en enero de 2020 decidieron endurecer sus movilizaciones convocando una gran huelga, abortada por la pandemia. Ahora, como en todo el capitalismo, la suavización transitoria de la pandemia debiera permitir el reinicio de la esperanza, sabiendo que la represión será tanto o más dura como la de 2016 cuando se despidió a 6000 académicos, se enjuició a otros 785 y se cerraron al menos16 medios de comunicación; o las 36.000 personas sometidas a investigación en 2019 de las que fueron encarceladas casi 4000, lo que no impidió que en 2020 volvieran las protestas estudiantiles en la mitad de la pandemia, crisis que aprovechó Erdogan en marzo de 2021 para crear una doctrina fascista de los derechos humanos.

La involución neofascista del régimen turco, que tiene el segundo mayor ejército de la OTAN después del yanqui, responde en primer lugar a que la gran burguesía siente que el proletariado y los pueblos oprimidos no se dan por vencidos, y que el empeoramiento dramático de las condiciones de malvivencia puede acercar el «horizonte de esperanza» si el pueblo mejora su autoorganización. La deriva neofascista de Erdogan, como la de Bolsonaro, Trump, Abascal, etc., responde a la inquietud de una facción del gran capital internacional por la marcha de la lucha de clases, por el hecho de que el capitalismo al que representan es más débil que el capitalismo occidental más globalizado, y que éste a su vez está retrocediendo rápidamente ante Eurasia.

Goethe fue una de las personas que mejor demostró el núcleo práctico indestructible del «horizonte de esperanza»: «En el principio era la Acción». Hasta llegar a la Acción, Goethe fue descartando la Palabra, el Sentido, la Fuerza…, desechó las tres y se volcó en la Acción. Era en 1790, en plena revolución francesa, cuando Goethe elevó la Acción al principio de todo en su obra Fausto. La acción revolucionaria era la esperanza que se había hecho presente. Beethoven se dejó llevar por ella y en 1803 dedicó a Napoleón su Tercera Sinfonía llamada Heroica, pero bien pronto también a él le defraudó esa revolución que paría un Imperio, y le retiró la dedicatoria. ¿Se había cerrado para siempre el «horizonte de esperanza? No, porque la Acción fue vivificada por las contradicciones del nuevo capitalismo, de modo que en 1845 Marx escribió la onceaba tesis sobre Feuerbach: « Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.»

Dicho de otro modo: la esperanza es la acción de transformar el mundo. Por tanto nunca se cierra su horizonte. Las lecciones de la derrotas y de las victorias nos permiten ver que ahora mismo se están abriendo horizontes de lucha y por ello de esperanza. Podemos enumerar una larga lista de movilizaciones que se están produciendo, como hemos hecho muy rápidamente al comienzo de este último punto; también podemos realizar análisis detallados de las crisis que azotan al capitalismo, como hemos hecho en los anteriores textos; podemos estudiar las contradicciones entre las facciones burguesas mundiales, etc., como también lo hemos hecho, pero lo que sustenta el «horizonte de esperanza» es la concepción materialista y dialéctica de la historia, en la que la ética de la rebelión y la solidaridad, la crítica socioeconómica y política, el método de pensamiento científico-crítico y, como síntesis, la Acción, forman una unidad.
7-Algo de lo que está falto estos tiempos, tanto los cuadros sindicales como los activistas sociales, es de una formación política, algo que, hace solo unas décadas, se nos antojaba imprescindible. ¿Qué lecturas recomendarías para una formación crítica de los que militamos en el antifascismo?

Los textos que se ofrecen reflejan diversas corrientes sobre el fascismo, así que hay que estudiarlos y debatirlos colectiva y críticamente. El listado sigue el año de edición.

Clara. Zetkin: Fascismo. Agosto 1923, https://www.marxists.org/espanol/zetkin/1923/agosto/fascismo.htm

Trotsky: Bonapartismo, fascismo y guerra. Agosto 1940, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940/agosto/20.htm

Ángelo Tasca: El nacimiento del fascismo. Ariel. Barcelona 1969

Gunnar Leistikow: «Una voz en el desierto y su mensaje». Marxismo, psicoanálisis y sexpol. Gránica Editor. Buenos Aires 1972, Tomo I Documentos.

Daniel Guerin: El fascismo y el gran capital. Fundamentos. Madrid 1973

Norbert Lechner: «Represión sexual y manipulación social». Sexualidad y autoritarismo. El Cid Editor. Chile, 1976.

Manuel Pastor: Ensayo sobre la dictadura. Tucar Ediciones. Madrid 1977

Hugues Portelli: Gramsci y la cuestión religiosa. Laia, Barcelona, 1977,

Michele Mattelart: «El golpe de Estado en femenino o cuando las mujeres de la burguesía salen a la calle». Frentes culturales y movilización de masas. Anagrama. Barcelona 1977.

M. A. Macciocchi: «Las mujeres y el recorrido del fascismo», y también: «Gramsci y la cuestión del fascismo». Elementos para un análisis del fascismo (I) El Viejo Topo. Barcelona 1978.

J.-M. Vincent: «Sobre el ascenso y la victoria del nazismo». Elementos para un análisis del fascismo (I) El Viejo Topo. Barcelona 1978.

J.P. Faye: «Crítica del lenguaje y análisis de clase». Elementos para un análisis del fascismo (I) El Viejo Topo. Barcelona 1978.

J.M. Palmier: «Del expresionismo al nazismo. Las Artes y la contrarrevolución en Alemania 1914-1933» Elementos para un análisis del fascismo (I) El Viejo Topo. Barcelona 1978.

R. Dadoun: «En torno a Wilhelm Reich y la psicología de masas del fascismo». Elementos para un análisis del fascismo [2]. El Viejo Topo. Barcelona 1978.

Lutz Winckler: La función social del lenguaje fascista. Ariel. Barcelona 1979

Carlos M. Rama: La ideología fascista. Júcar.Madrid 1979

Franz Neumann: Behemoth. FCE. México 1983,

Robert Paris: Los orígenes del fascismo. SARPE. Madrid 1985

Paul Guichonnet: «El socialismo italiano». HGS. Destino. Barcelona, 1982, Tomo III,

Fernando Arcas Cubero: «El fascismo italiano». GHU. Madrid 1986, Tomo 24.

E. Mandel: El significado de la Segunda Guerra Mundial. Fontamara. Barcelona 1991

Javier Tusell: La dictadura de Franco. Altaya, Barcelona 1996

Alberto Arana: El problema español. Hiru Argitaletxe. Hondarribia 1997.

Daniel Muchnik: «Negocios son negocios» Diciembre 2000 https://revistaedm.com/edm/28/daniel-muchnik-negocios-son-negocios/

John Cornwell: El Papa de Hitler. Planeta, Barcelona, 2001

Aníbal Romero: Fascismo, democracia y teoría política. PANAPO. Caracas, 2004.

Perry Biddiscombe: Los últimos nazis. Inédita Editores. Barcelona 2005

Götz Aly: La utopía nazi. Crítica. Barcelona, 2005

Iván Oliver Rugeles: El fascismo está de retorno, 30-05-2006 https://rebelion.org/el-fascismo-esta-de-retorno/

José Mari Esparza: Cien razones por las que dejé de ser español. Txalaparta. Lizarra 2006

Carlos Taibo (dir.): Nacionalismo español. Catarata. Madrid 2007.

Zoltán Dujisin: Renace peligro fascista. 13-10-2007 https://rebelion.org/renace-peligro-fascista/

Chris Hedges; El auge del fascismo cristiano y su amenaza para la democracia estadounidense.12-02-2007 https://www.lahaine.org/mundo.php/el_auge_del_fascismo_cristiano_y_su_amen

Redacción: Sobre el mal uso del concepto “bonapartismo”. 09-12-2007 https://kaosenlared.net/sobre-el-mal-uso-del-concepto-bonapartismo/

Jorge Luís Acanda González: Traducir Gramsci. Ciencias Sociales. La Habana, 2007,

Rossana Rossanda: Los fascistas han llegado al poder sin problemas en Italia. 11-05-2008 https://kaosenlared.net/entrevista-a-rossana-rossanda-ex-militante-del-pci-y-fundadora-de-il-manifesto-los-fascistas-han-llegado-sin-problemas-al-poder-en-italia/

Alejandro Andreassi Cieri: Fascismo y antifascismo 1922-1945 URV. Tarragona 2009 https://www.aacademica.org/alejandro.andreassi.cieri/14.pdf

Richard Grunberger: Historia social del Tercer Reich. Ariel, Barcelona 2009

Frida Modak: Avanza el neofascismo en EE.UU. 08-09-2010 https://rebelion.org/avanza-el-neonazismo-en-ee-uu/

Ferrero y D. Escribano: Nunca ha habido una profunda conciencia antifascista en la sociedad alemana. 5 de enero de 2010 https://rebelion.org/nunca-ha-habido-una-profunda-conciencia-antifascista-en-la-sociedad-alemana/

David Karvala (coord.): No pasarán… La Tempestad, Barcelona 2010

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William I. Robinson: El capitalismo global y el fascismo del siglo XXI. 11-05-2011 https://rebelion.org/el-capitalismo-global-y-el-fascismo-del-siglo-xxi/

Jaime Pastor: Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda. Viento Sur. Barcelona 2012.

Emilio Salgado: La bancarrota de la Internacional Comunista y el ascenso del nazismo. 3-10-2013 https://www.pts.org.ar/La-bancarrota-de-la-Internacional-Comunista-y-el-ascenso-del-nazismo

D. Gluckstein: La otra historia de la Segunda Guerra Mundial. Ariel. Barcelona 2013.

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Luís Brito García: Fascismo http://luisbrittogarcia.blogspot.com/2013/05/fascismo.html

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Daniel Seixo: ¿Es Vox un partido fascista? 26-04-2019. https://nuevarevolucion.es/es-vox-un-partidoo-fascista/

Enzo Traverso: Posfascismo. Fascismo como concepto «transhistórico» 3-12-2019 https://vientosur.info/posfascismo-fascismo-como-concepto-transhistorico/

Gabriel Rockhill: Fascismo: ¡Ahora lo ves, ahora no lo ves! 5-12-2020 https://rebelion.org/fascismo-ahora-lo-ves-ahora-no-lo-ves/

Gabriel Rockhill: Liberalismo y fascismo: Socios criminales. 26-12-2020 https://www.lahaine.org/mundo.php/liberalismo-y-fascismo-socios-criminales

Redacción: ¿Por qué el gobierno español se abstuvo en la votación de la ONU que condenaba el nazismo? 23-12-2020 https://insurgente.org/por-que-el-gobierno-espanol-se-abstuvo-en-la-votacion-de-la-onu-que-glorificaba-el-nazismo//

Alberto García: Frei Korps, los arditi y los bolcheviques (a los cien años de la entrada en vigor de Tratado de Versalles) 11-11-2020 https://hojasdebate.es/politica/frei-korps-arditi-bolcheviques-cien-anos-entrada-vigor-tratado-versalles/

Nick Beams: El auge del parasitismo financiero y la aparición del fascismo. 27-01-2021 https://www.wsws.org/es/articles/2021/01/27/para-j27.html

Daniel Domínguez: ¿Qué es el falangismo en 2021? Y El falangismo en el seno de Vox. Marzo de 2021 https://rebelion.org/el-falangismo-en-el-seno-de-vox-ii/

Said Bouamama: Comprender el fascismo y la fascistización para hacerles frente. 20-04-2021 https://elsudamericano.wordpress.com/2021/04/20/comprender-el-fascsimo-y-la-fascistizacion-para-hacerles-frente-por-said-bouamama/

Amelia Martínez Lobo: De los neocón a los neonazis. 20-04-2021 https://www.rosalux.eu/es/article/1927.de-los-neoc%C3%B3n-a-los-neonazis.html

W. C. Molina: Bolsonaro y la extrema derecha europea. 30-07-2021 https://www.nuevatribuna.es/articulo/global/bolsonaro-extremaderecha-europa-brasil-atlasnetwork-beatrixvonstorch/20210729194002189870.html

Daniel Campione: Un tal Hitler comienza a emerger. 29-07-2021 https://www.lahaine.org/mundo.php/un-tal-hitler-comienza-a

Quinn Slobodian: Los hijos bastardos de Hayek. 17-07-2021 https://www.sinpermiso.info/textos/los-hijos-bastardos-de-hayek

Redacción: Nazismo ordinario. 1-08-2021 https://diario-octubre.com/2021/08/01/nazismo-ordinario-tradicional-congreso-de-veteranos-de-las-ss-celebrado-en-estonia-foto/

EUSKAL HERRIA, 15 de agosto de 2021 




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miércoles, 4 de noviembre de 2020

El SARS CoV-2 y la Barbarie

¿Qué es lo que está sucediendo en las calles del estado español y desafortunadamente también en las de Euskal Herria?

Este texto que la Izquierda Castellana ha colgado en su cuenta de Facebook puede ayudarnos a entender:


Son el Régimen y su Sistema los que practican la barbarie

IzCa

En los últimos días en varias ciudades del Estado español, también de Europa, se han desarrollado manifestaciones; de momento cuantitativamente pequeñas, pero con una clara voluntad de rechazo a las políticas que desde el Gobierno central y desde los autonómicos se han puesto en marcha. Según dicen esos mismos gobiernos, medidas para el control de la pandemia Covid-19.

La realidad es que esas medidas no están siendo útiles, en absoluto, para el control de la pandemia, pero sí que están siendo de una gran “eficacia” para aumentar el sufrimiento de las clases populares, así como el deterioro de su estado de salud general (la salud mental entre otras), el incremento de la violencia de género o las muertes por causas perfectamente evitables -como el cáncer- debido a las tremendas e injustificables restricciones en las consultas presenciales, etc.

No somos negacionistas, todo lo contrario. Ya en el mes de enero de 2020 reflexionábamos en nuestros editoriales sobre lo inevitable de la extensión de la pandemia y la importancia de empezar a tomar medidas aquí para que el impacto de esta fuera el menor de los posibles. Por aquel entonces, esas instituciones que ahora han enloquecido proponiendo medidas de control absolutamente draconianas, pero esencialmente teatrales, despreciaban la posibilidad de que la epidemia Covid-19 llegara al Estado español.

El Gobierno y el conjunto del Sistema actuaron con una mezcla de ignorancia, estupidez y soberbia que facilitaron el desastre de finales del pasado invierno e inicio de la primavera. En ese momento la gente, en general, siguió las recomendaciones institucionales, a pesar de que se informó muy pobremente sobre ellas. Sobre la pandemia Covid-19 podríamos decir que más que información hubo una tremenda manipulación que, por cierto, va a más.

Cuando la primera ola decayó, fundamentalmente por la evolución natural de la epidemia, asistimos a un auténtico subidón sobre la pretendida eficacia de las medidas tomadas y el buen hacer del Gobierno central que las había implementado, rechazando cualquier evaluación crítica y científica, tal como ya demandaban un significativo número de l@s más cualificad@s expert@s en Ciencias de la Salud del Estado español (Científicos españoles piden una auditoría externa sobre la gestión de la COVID-19 en España – 7/08/2020 y La élite de la ciencia española insiste  “Es urgente auditar la respuesta a la pandemia” – 22/09/2020). Como consecuencia de ese absurdo triunfalismo, pusieron en marcha un proceso de “desescalada hacia la nueva normalidad”, que resultó desastroso y sentó las bases para que en la segunda ola seamos de nuevo los peores de Europa en cuanto a datos de morbi/mortalidad.

Inicialmente la pandemia Covid-19 aparecía a los ojos de la gente como una enfermedad infecciosa que procedía de China, del lejano Oriente, y que se comportaba, siguiendo la terminología del historiador Frank Snowden, como una “epidemia democrática”. Es decir, que afectaba más o menos a todo el mundo por igual, al margen de su condición social o de género; solo quedó claro desde el principio la discriminación etaria del virus, que tenía mucha mayor letalidad entre la gente mayor que entre la joven o de mediana edad. Pero muy pronto, los indicios primero y las evidencias después, hicieron cambiar esa percepción. En Madrid empezó a quedar muy claro, una vez que se fueron obteniendo datos, incluso empíricamente, que los barrios y pueblos con una mayor población obrera sufrían tasas de infección mucho más elevadas, cuestión que tenía por tanto un reflejo geográfico: los barrios y pueblos del sur de Madrid estaban mucho más afectados. Esto repercutió también en los centros sanitarios: el Hospital Infanta Leonor, que da asistencia a Vallekas, ya de por sí infradotado, estuvo absolutamente colapsado en las semanas de mayor intensidad de la pandemia en su primera fase. Por supuesto, en ningún momento se planteó descongestionarlo recurriendo a los hospitales públicos de los barrios ricos o a los privados del conjunto de Madrid. La mortalidad también empezó a expresar un claro condicionante de clase.

Se puso de manifiesto en toda su crudeza la falsedad de un conjunto de tópicos que hacía años que poco tenían que ver con la realidad, como por ejemplo que el Sistema Sanitario Público español era el mejor de Europa. Este había sufrido tal rapiña con la complicidad o el consentimiento del conjunto del Régimen a través de los recortes y privatizaciones que era incapaz de asumir con solvencia el reto de afrontar una pandemia como la Covid-19.

Las instituciones y sus sustentos ideológicos principales, los partidos políticos, comprobaron que era imposible ocultar el desastre; entonces se les ocurrió instrumentalizar este en el sentido de desviar la atención de la gente del problema principal, como es el deterioro brutal del Sistema Sanitario, tirándose los trastos a la cabeza entre ellos (puro teatro): que si la culpa la tiene el PP, que si la culpa la tiene el PSOE, y además todo ello bastante personalizado en Ayuso y Sánchez/Illa. Todos lo han hecho horriblemente mal, pero el espectáculo añadido de priorizar las luchas partidistas en una situación como la actual no ha hecho más que aumentar el descrédito y la deslegitimación de la clase política institucional.

Ese descrédito, la ausencia de mejoría en la evolución de la pandemia y el gravísimo empeoramiento de las condiciones de vida, que todo el mundo intuye que irá a más, incluyendo por cierto al Gobierno, es el escenario en el que se dan las movilizaciones del pasado fin de semana. A todo ello hay que añadir el factor de la sinvergüencería, que aunque a algunos les pueda parecer anecdótico, es la gota que colma el vaso: nos referimos al “botellón de los ricos” organizado por el periódico El Español en el Casino de Madrid, en el que participó todo el espectro político institucional, también el relacionado con el “Gobierno de Progreso”.

No es de extrañar que tengamos de nuevo los peores resultados en morbi/mortalidad, teniendo en cuenta que los recursos dedicados a la gestión directa de la pandemia han sido aquí del 3,6% del PIB, cuando en Alemania han alcanzado el 14%, en Francia el 6,2% y en Italia el 5,1% (datos del informe FMI-Policies for Recovery, de octubre de 2020)

Un diagnóstico correcto sobre las movilizaciones del fin de semana pasa por hacerse las preguntas adecuadas

Andan de los nervios preguntándose quién está detrás de esas movilizaciones. No podrán obtener respuestas de calidad si no hacen las preguntas correctas. La pregunta correcta no es quien está detrás, en una línea de pensamiento que mantiene la tradición inquisitorial de las clases dominantes españolas, sino si la situación socioeconómica-sanitaria explica que sucedan hechos como los ocurridos, que por otra parte seguramente no han hecho más que empezar.

“Es la extrema derecha”, dicen desde Podemos, los que iban a asaltar los cielos. “Es la extrema izquierda la que provocó los incidentes”, dicen desde Vox. Ambos demuestran una similar incapacidad de análisis y el tremendo oportunismo que guía sus apreciaciones.

Lo más sensato que hemos visto hasta ahora es la explicación de la Policía publicada en un artículo de El País el lunes día 2 (La policía descarta conexiones entre los grupos que provocan disturbios contra las restricciones), que en síntesis plantea que en las manifestaciones han confluido sectores de la izquierda radical, con sectores de la extrema derecha, “agitadores profesionales” y algún lumpen, pero que en lo esencial a este movimiento no se le puede poner aún etiqueta ideológica/política. Desde algunos medios de comunicación, especialmente diligentes a la hora de criminalizar a la juventud, ya han empezado a hacer esa labor (Más Vale Tarde, La Sexta – Gamonal, La Vanguardia).

Nuestro conocimiento de las concentraciones del fin de semana en lo que se refiere a Castilla nos indica que ha habido una presencia fundamentalmente de gente sin una adscripción ideológica clara pero en general, perteneciente a la juventud popular; esto es muy claro en lo referente a Madrid, Burgos y Logroño. Obviamente había fascistas, algunos miembros de lo que habitualmente se denomina lumpen y también, por supuesto, policías sin uniforme. Este perfil heterogéneo es algo totalmente habitual en numerosas manifestaciones a lo largo de los años. Tal cosa ocurría en las manifestaciones del 20-N en los años 90 y siguientes (con los últimos años del Gobierno de Felipe González y los primeros del de Aznar); y a nadie, o a nadie que tuviera un poco de sentido común, se le ocurría que esas manifestaciones estaban hegemonizadas por el fascismo. Estas manifestaciones del pasado fin de semana nada o muy poco tienen que ver con las del 15-M. Quizás para alguna gente todo el conocimiento y experiencia de las movilizaciones en la calle se reduzca a las impulsadas por el 15-M, pero las cosas son mucho más complejas. Los propios orígenes y objetivos originales del movimiento 15M son más complejos de lo que nos contaron en su momento, y por cierto, aún casi nadie ha intentado investigarlos. A pesar de ello muchos colectivos y activistas estuvimos presentes en ese movimiento sin el menor reparo a esa falta de transparencia, e incluso en algunos casos estábamos convencid@s de que el movimiento 15-M estaba impulsado desde los aledaños del Sistema con la intención de neutralizar lo que era un movimiento popular en ascenso, muy potente y cohesionado ideológica y políticamente que se forjó a partir de diversos frentes: el movimiento antifascista; la confluencia de las movilizaciones de barrios y pueblos; el desarrollo del sindicalismo alternativo; y el impulso político que dio a todo ello la candidatura a las Elecciones Europeas de 2009 “Iniciativa Internacionalista – La Solidaridad entre los Pueblos”, inicialmente ilegalizada por el Gobierno y el Tribunal Supremo; pero ello en absoluto nos impidió participar en ese movimiento (el 15-M) para intentar reorientar su sentido estratégico, cuestión que por cierto se consiguió en buena medida.

En general, históricamente las epidemias siempre han generado una importante conflictividad social, y desde el siglo XIX con el avance de la teoría y de la práctica del movimiento obrero esa conflictividad se ha enmarcado de forma clara y bastante conscientemente en esos planteamientos. Al final de este texto reproducimos algunos párrafos del libro “Epidemias y sociedad: de la Peste Negra al presente” de Frank M. Snowden, líneas que hacen referencia a la epidemia de cólera que golpeó Nápoles en 1884, puesto que nos parecen de especial interés. El médico alemán Rudolf Virchow (1821-1902) ya desarrolló los condicionantes sociales de la salud: dieta; salario; condiciones de trabajo y condiciones de habitabilidad. En una manipulación, podríamos decir sin precedentes en las últimas décadas, el Gobierno central pretende olvidarse de estos elementos claves en el mantenimiento y recuperación de la salud, ya conocidos desde hace casi dos siglos. Cuando se establece esa falsa dicotomía entre recuperar la salud o recuperar la economía, simplemente se está falseando de forma burda la realidad: no puede haber salud con una economía en ruinas. No hay que olvidarse del ejemplo extremo de Haití.

En nuestro análisis sobre las movilizaciones de los últimos días no vamos a caer en el reduccionismo y simplificación de que los que estaban en las manifestaciones eran de uno u otro color. Nuestras consideraciones fundamentales van en la dirección de si hay unas circunstancias que expliquen la aparición de esas movilizaciones y, por tanto, si estas, aparte de los excesos que se hayan cometido, probablemente por algunos sectores infiltrados vinculados al aparato del Estado, son legítimas y coherentes con la evolución de la situación socioeconómica y sanitaria.

Sería completamente necio dejar ese espacio de lucha, que muy probablemente irá a más, a la extrema derecha. Eso sí es colaboracionismo pleno con el avance del fascismo. Al fascismo también hay que combatirlo en el terreno de las ideas, impidiendo que hegemonicen movimientos sociales que no responden más que a la precarización brutal y dramática de las condiciones de vida de la gente, y que contrastan por otra parte con el aumento obsceno del lujo y de las condiciones de vida de las clases dominantes, cada vez más adineradas y desacomplejadas en expresar su estatus, y que nada tiene que ver con la precariedad progresiva de sectores amplísimos de las familias trabajadoras. Esto es absolutamente insultante para ellas. ¿Se le puede pedir a una familia de 5 o 6 miembros que vive en un piso que no pasa de los 30m2 que tenga un comportamiento ejemplar después de tragarse a través de los medios el superlujo de la minoría que sustenta al Régimen del 78 y su sistema económico?

 

 

 

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