viernes, 21 de octubre de 2016

Adiós a Fernando Larruquert

Para quienes hemos tenido la oportunidad de ver el filme documental Ama Lur, la noticia del deceso de Fernando Larruquert nos ha caido como balde de agua fría.

Aquí les compartimos este reportaje en su honor publicado en Noticias de Gipuzkoa:


El conocido cineasta, fotógrafo y montador, codirector de ‘Ama Lur’ (1968) junto a Nestor Basterretxea, falleció ayer en Irun a los 82 años tras dejar un importante legado a la cultura vasca

Juan G. Andrés

Con la desaparición de Fernando Larruquert, fallecido ayer en Irun a la edad de 82 años, Euskal Herria pierde a uno de sus retratistas más inspirados y talentosos. El realizador, fotógrafo y montador fue uno de los precursores del cine vasco moderno gracias a obras tan emblemáticas como la película Ama Lur (1968), dirigida junto a su inseparable Nestor Basterretxea. Sin embargo, en las últimas tres décadas se dedicó íntegra y profesionalmente al oficio de fotógrafo en Irun, su localidad natal, donde ha regentado el conocido establecimiento Lamia en compañía de sus hijos y su mujer.

Música y cine

Nacido en 1934, Larruquert comenzó a hacer fotos a los trece o catorce años. Ya entonces retrataba a sus primas y hermanas con una cámara de tipo prismático Kodak propiedad de su tío. “A los 16 ó 17 años, nuestro atta, que era cazador, vendió la escopeta y las cartucheras y tras pedirle unas sosas compramos una cámara de nueve y medio Pathe Baby para hacer cine”, recordaba Larruquert en una entrevista concedida a este diario en 2008. Mientras seguía haciendo prácticas de luz y montaje con nuevas cámaras, el joven Fernando también destacó en el mundo de la música. En 1959 fundó la Coral Irunesa de Cámara, que bajo su batuta logró importantes premios internacionales: el mismísimo Charles de Gaulle, presidente de la República Francesa, otorgó a Larruquert la Medalla de Oro al Mérito Cultural Francés en 1962.

En esa década, la llama del cine había prendido definitivamente en él y en colegas como Jorge Oteiza y Nestor Basterretxea, con quienes alumbró Operación H (1963), un proyecto centrado en el mundo del diseño industrial. Junto a Basterretxea fundó la productora Frontera Films Irun SA, con la que rodaron los cortos: Pelotari (1964) y Alquézar. Retablo de pasión (1965).

La obra maestra del tándem, Ama Lur (1968), se filmó durante dos años y tuvo que superar importantes trabas con la censura franquista. No en vano, era el primer largometraje firmado por vascos sobre temática vasca desde el inicio de la dictadura, que se esforzó en que el filme no se convirtiera en un instrumento del separatismo. Para otorgar la licencia de exhibición, el entonces ministro de Información, Manuel Fraga, exigió retirar el plano final del árbol de Gernika nevado y, entre otras cosas, la censura obligó a incluir tres veces la palabra “España” en la banda sonora y a subrayar la “belleza de Euskadi como una región española más”.

Anécdotas al margen, Ama Lur estuvo motivada por la búsqueda de un nuevo lenguaje cinematográfico, “una forma de expresión distinta”. “Nos interesaba, particularmente a mí, nuestra pequeña cultura y la forma de narrar las cosas, la forma de contar del bertsolari, de las kopla zaharrak, porque ese era el mundo en el que me había movido desde pequeño”, decía sobre este rico y expresivo retrato del País Vasco que se estrenó en el Zinemaldia y marcó el punto de partida en la modernidad del cine vasco: sin esta obra, difícilmente podrían entenderse los trabajos que llegaron a partir de los años 80.

Los últimos pasos de Larruquert en el cine fueron títulos como Euskal Herri-Musika (1978) o Agur Everest- Namasté, Chamo Longmu (1981), que relataba dos expediciones a la mítica montaña. El irundarra compaginó estos trabajos con su labor de montador para cineastas vascos como Rafael Treku, Mirentxu Loyarte, Montxo Armendáriz y Koldo Izagirre, entre otros.

Lamia

“¿Por qué no construimos un barco nuevo? Quiero ser fotógrafo de pueblo”. Esta frase pronunciada por Larruquert a principios de los años 90 marca su alejamiento del cine para abrazar exclusivamente su faceta de fotógrafo: junto a sus hijos Fernando y Aitor, abrió un establecimiento de nombre mitológico, Lamia, en el número 15 de la calle Beraketa de Irun, el lugar donde en las últimas tres décadas y media la familia Larruquert ha trabajado -y seguirá trabajando- “con ilusiones”.

Su cercanía a los principales iconos de la sociedad y la cultura vasca le permitió inmortalizar a personalidades y amigos como Jorge Oteiza, José Miguel Barandiaran, Julio y Pío Caro Baroja, Lolita Salis, Mikel Laboa y Francisco Escudero, por citar solo algunos. En 2008, con motivo del 25º aniversario de Lamia, varias de esas instantáneas se reunieron en las salas Boulevard Kutxa, que albergaron la hermosa exposición La piel estremecida. En ella se mostraban 132 fotografías realizadas por Larruquert y sus hijos, que nunca se atribuyeron la autoría de ninguna de las imágenes, firmadas bajo el nombre colectivo de Lamia. “Es un trabajo en equipo, nos lo consultamos todo”, dicen.

Aparte de los retratos de celebridades, el principal sustento de Lamia, establecimiento muy conocido en Irun y en toda la comarca del Bidasoa, han sido la fotografía de bodas, comuniones y demás celebraciones familiares. Para los tres fotógrafos siempre ha sido un “reto” realizar este tipo de trabajos en los que siempre han usado los mejores medios técnicos sin renunciar al enfoque artístico.

“Hacer justicia”

El alcalde de Irun, José Antonio Santano, transmitió sus “condolencias y solidaridad” a la familia de Larruquert, “una persona muy conocida en la ciudad y referente en el mundo de la fotografía y el cine”, mientras que el Gobierno Vasco se sumó al “dolor” de los allegados de un “pionero”. “Es un día triste para el cine vasco”, lamentó Joxean Fernández, director de la Filmoteca Vasca. Los responsables de la institución recibieron ayer la noticia con estupor, pues solo un día antes habían hablado con el fotógrafo acerca de un libro que preparan sobre él . Esa publicación que el homenajeado “desgraciadamente no podrá ver” será un compendio de largas entrevistas realizadas por Carlos Roldán y Juanmi Gutiérrez. El responsable de la Filmoteca confió en que el libro sirva para “hacer justicia” a “una figura muy importante para la historia de nuestro cine”.





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