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sábado, 7 de febrero de 2026

Olano | Santoña

Desde el portal de Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes este texto acerca de un hito muy particular en el pasado reciente de la lucha del pueblo vasco por su autodeterminación.

Adelante con la lectura: 


Santoña

Santoña es una lección imborrable para los nacionalistas vascos de toda época

Markel Olano | Parlamentario de EAJ/PNV

En el libro Ajuriagerra, el Hermano Mayor, Eugenio Ibarzabal recoge una frase de Orwell que resume a la perfección lo que ocurrió en Santoña en 1937: “Hay que apoyar lo malo frente a lo peor”.

El denominado Pacto de Santoña es un episodio oscuro y ambiguo que ha sido utilizado sistemáticamente para deslegitimar al Partido Nacionalista Vasco. Sin ir más lejos, el propio Javier de Andrés, presidente del PP vasco, exigió recientemente al lehendakari Pradales que pidiera perdón por “la deserción y el abandono a la República española en Santoña en 1937”.

La tesis de determinados autores de extrema izquierda es que EAJ-PNV cometió un acto de traición a la República española al pactar una salida particular a espaldas del Gobierno republicano, provocando la caída del frente del norte.

Por otro lado, la tesis de autores de la derecha viene a decir más o menos lo mismo. Así, Carlos M. de Olazábal, parlamentario del Partido Popular, afirma: “El Pacto de Santoña fue una traición en toda regla al Gobierno de la República”. No obstante, llama poderosamente la atención que la tradición política más ligada al alzamiento fascista contra el Gobierno republicano acuse a EAJ-PNV de traición precisamente a dicho Gobierno. 

Cuando los extremos se ponen de acuerdo en mantener la misma tesis es porque, en el fondo, comparten un mismo marco: que en la Guerra Civil estaba en juego la victoria, en España, del fascismo anticomunista o del comunismo antifascista. Cualquier posicionamiento que se ubicara fuera de ese marco (geográfico e ideológico), más allá de resultar extremadamente incómodo, merecía la calificación de traidor sin ambages. 

Para la derecha fascista española resultaba muy incómodo un Partido Nacionalista Vasco democrático y ligado al catolicismo; y a la izquierda revolucionaria española le resultaba muy incómodo un nacionalismo vasco antifascista y humanista. Para ambos resultaba inadmisible un EAJ-PNV de obediencia vasca y solamente vasca. Por eso, sus herederos políticos simplifican de un modo idéntico un episodio extraordinariamente complejo, con el objeto de ensuciar el comportamiento de las y los nacionalistas vascos en un momento crucial de la historia de nuestro pueblo. 

Pero la realidad no es tan sencilla ni lineal. Sin echar balones fuera ni atribuir a otros la responsabilidad de las decisiones extraordinariamente difíciles que los principales dirigentes de EAJ-PNV asumieron en aquellos tiempos, es importante subrayar una serie de factores fundamentales que nos ayudan a establecer adecuadamente el contexto. 

En primer lugar, la Guerra Civil en Euskadi constató una tremenda desigualdad de medios militares entre los dos bandos, a consecuencia del sistemático incumplimiento del Acuerdo de No Intervención en España −de agosto de 1936− por parte de Alemania e Italia (también de la Unión Soviética en mucho menor grado), y por el embargo que de facto sufrió la República por parte, por ejemplo, de EEUU o del Reino Unido. Este desequilibrio dificultó extraordinariamente la defensa al Ejército vasco y facilitó que la aviación fascista bombardeara sistemáticamente distintas villas y ciudades de Euskadi, masacrando a la población civil ante la terrible impotencia y frustración de los principales responsables políticos vascos. En los momentos más críticos de la ofensiva franquista, el Gobierno Vasco imploró el suministro de armas y aviones al Gobierno de la República y la falta de respuesta adecuada aceleró la caída de Bilbao.  

En segundo lugar, el choque radical entre las agendas de las distintas sensibilidades dentro del bando republicano generó una tensión evidente. Mientras los gudaris nacionalistas mantenían la seguridad de los conventos, los ataques de las milicias anarquistas o comunistas a iglesias y religiosos proliferaron en España a partir de 1931. Mientras los responsables nacionalistas se comprometían con los derechos humanos −incluso de los presos afines al alzamiento−, los ataques de milicianos radicales a distintas cárceles de Bilbao provocaron el asesinato de 224 personas. 

Otra discrepancia de primer nivel giraba en torno a la aplicación o no de la política de “tierra quemada” a la retirada de las tropas de Eusko Gudarostea de suelo vasco. Mientras los máximos responsables nacionalistas se negaron a dinamitar las principales instalaciones industriales vascas, autoridades republicanas de primer nivel dieron órdenes expresas en sentido contrario. 

Es muy esclarecedora la motivación que el Comité Central del Partido Comunista de España ofreció el 15 de noviembre de 1937 para justificar la expulsión del secretario general del Partido Comunista de Euskadi y consejero de Obras Públicas del Gobierno Vasco, Juan Astigarribia: “(...) ha seguido una catastrófica actuación como miembro del Gobierno consistente en supeditar los intereses de las masas y de la revolución a la estabilidad del Gobierno”. Está claro, por lo tanto, que en la mente de muchos milicianos vascos no se priorizaba la defensa de Euskadi y de su población civil, sino la estrategia revolucionaria. Por ello, para el final de la Guerra Civil en Euskadi, la desconfianza entre las distintas sensibilidades políticas dentro del Ejército vasco se había agigantado. 

Tras la caída de Bilbao, la guerra en Euskadi había acabado. Es un momento crítico en el que una parte importante de la Eusko Gudarostea nacionalista mostraba claras intenciones de rendirse para no continuar la lucha en tierra no vasca. Esta cuestión era de gran importancia porque podía poner en peligro la capacidad del Ejército vasco de proteger a la población civil vasca desplazada a Santander y Asturias (unas 50.000 personas). La situación era desesperada.

En ese momento, aprovechando la relación que tenían con el Vaticano, los máximos responsables políticos de EAJ-PNV comenzaron a negociar una rendición con el Gobierno italiano. 

El objetivo fundamental era, en primer lugar, lograr la evacuación de la población civil vasca y, en segundo lugar, preservar la vida de la mayor parte de los cuadros y soldados de Eusko Gudarostea (unos 20.000) que se fueron concentrando en torno a Santoña. 

El Pacto se firmó, pero no se pudo cumplir principalmente por el retraso en la llegada de los barcos, la presencia del lehendakari Aguirre en Santander o el retraso en la llegada de los gudaris a Santoña. 

Era una situación endiablada en la que, como dice el parlamentario Jon Andoni Atutxa, el momento óptimo para los italianos no era el mismo que para los vascos: “Ningún trato con los nacionalistas tendría valor estratégico (para los italianos) cuando todo el frente santanderino se hubiera derrumbado”. 

Sin embargo, para las autoridades del EBB, “con varias decenas de miles de refugiados en Santander y Asturias, rendirse antes implicaba condenarlos a unas más que seguras represalias (por parte de los milicianos republicanos) y en el ánimo de las autoridades nacionalistas estaba la salvaguarda de las vidas de la población civil y de los jóvenes que tomaban parte en la lucha” (Crónica de la Guerra Civil de 1936-1937 en la Euzkadi peninsular). 

Tal y como refleja Eugenio Ibarzabal, Ajuriagerra estaba convencido de que la única salida de unas tropas extenuadas y desmoralizadas era la entrega a las italianas como mal menor. 

Su preocupación era, ante todo, “encajar las piezas de la evacuación de los civiles con la rendición de los militares, justificada como victoria militar de los italianos”. Esto fue Santoña. 

Por lo tanto, en ese momento crítico de la historia del Pueblo Vasco, Juan Ajuriagerra fue leal a su Pueblo, leal a los más vulnerables y leal a la juventud vasca que dio su vida para defender su patria. Ajuriagerra, al final de la guerra, fue consecuente con los motivos que llevaron a EAJ-PNV a participar en la contienda. Él mismo los sugiere ya desde la cárcel: “Solo por razones propias los vascos fuimos a la guerra; no fuimos a ella por ninguna razón de lealtad a ningún gobierno por legítimo que fuera”. 

El 23 de agosto de 1937, Juan Ajuriagerra se despidió en Sara de Joxe Migel Barandiaran (al que dijo: “A mí me toca morir primero”) y embarcó en el aeropuerto de Biarritz para aterrizar en la playa de Laredo. Ese día los miembros del EBB echaron a suertes determinar los burukides que habían de quedarse corriendo la suerte de los gudaris y los que habían de salir al extranjero para proseguir la guerra contra el franquismo. Fueron los únicos líderes políticos del bando republicano que lo hicieron. Su heroísmo les aportó credibilidad y autoridad moral para liderar la lucha antifranquista en las cárceles y en las primeras décadas de la dictadura. 

Santoña es una lección imborrable para los nacionalistas vascos de toda época. En los momentos de polarización extrema surgen situaciones en las que se ponen a prueba elementos nucleares de nuestra tradición política. Ayer como hoy, cuando la polarización hace que la visión autoritaria predomine en los dos extremos, es momento de apostar por los valores democráticos y humanistas. Cuando el enfrentamiento se agudiza en marcos que superan los límites de nuestro país, es momento de preservar los pilares fundamentales de nuestro pueblo para que no se ponga en riesgo su pervivencia futura.





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sábado, 15 de noviembre de 2025

Egaña | Radiografía del Franquismo

Hoy que se sabe que millonarios españoles participaron en los denominados "safaris humanos" durante los cuales asesinaron a habitantes de Sarajevo, niños incluidos, por diversión, la podredumbre del franquismo y de la transición debe de ser analizada desde una nueva perspectiva. Por ejemplo ¿cuántos de esos millonarios españoles pagaron por participar en las sesiones de tortura practicadas a más de seis mil vascas y vascos? ¿Cuantos en las ejecuciones sumarias del BVE o los GAL?

Mientras lo anteriormente expuesto se dimensiona, les compartimos este texto que nuestro amigo Iñaki Egaña dedica a esos años del reinado de la muerte del genocida Francisco Franco:


Radiografía del franquismo

Iñaki Egaña

Dentro de unos días se cumplirán 50 años de la muerte del dictador. Cuando falleció el tirano a finales de 1975, la población de Hego Euskal Herria pasaba ligeramente de los dos millones y medio de habitantes. En 1936, al golpe de Estado de Franco, la vecindad vasca al sur de la muga era de poco más de un millón y cuarto de vecinos, es decir, la mitad que a su muerte. Quienes se desarrollaron vitalmente en aquella época en blanco y negro tuvieron que padecer los rigores de una sociedad totalmente anquilosada en valores, represiva en su naturaleza, no sólo en lo político y cultural, sino también en todos los aspectos de la vida social, desde la sexualidad hasta la creatividad. La negación del otro, supuso la eliminación de cualquier seña identitaria distinta a la hispana creada sobre un cúmulo de fábulas históricas y religiosas y el régimen caudillista se conformó al estilo de los proyectos fascista y nazi, liderados por Mussolini y Hitler. En el aniversario, sus nostálgicos han recuperado la figura del que se autoproclamó generalísimo, mientras la entonces oposición ha diseñado un recuerdo de perfil bajo, como si no quisiera agitar el bicho, vistos los tiempos que corren.

Los números son demoledores y no hacen justicia porque esconden miles de tragedias individuales con sabor anónimo aunque al menos para los hoy ya adultos, nacidos en la década de 1970, pueden ofrecer una pequeña radiografía del sistema que validó la limpieza política, cultural y social. Genocidio en algún caso, como en Nafarroa Garaia, donde en retaguardia los votantes de las opciones de izquierda y soberanistas fueron ejecutados por miles. Y etnocidio, con la prohibición radical del uso del euskara y las expresiones atávicas vascas. Quema de libros de Balzac, Dostoievski, Baroja o Lauaxeta, censura rigurosa. Violencia planificada con una estructura soportada en el Estado y sus instituciones, en especial la militar cuyos mandos participaron incluso en buena parte de los consejos de administración de las empresas estratégicas y en la supuestamente judicial, también contaminada por hombres de armas que se asentaron primeramente en el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, transformado posteriormente en el Tribunal de Orden Público y disuelto finalmente en la Audiencia Nacional.

Un escenario general diseñado por hombres y para hombres, con la mujer relegada a la cocina y a la crianza de la familia, sin posibilidad de autonomía ni siquiera para obtener una cuenta bancaria. Violadas en el hogar, en comisaría, en los campos de la Ribera. Con las disidencias de género abocadas al silencio o a la prisión de Langraitz. Con los perdedores de la contienda arrojados al diagnostico médico de los Mengele de turno y objeto de estudio pre-genético, sobre la base de una supremacía histórica que se remontaba a los llamados reyes católicos. Con un sector vasco cipayo, desde empresarios como Patricio Etxeberria hasta deportistas como Paulino Uzcudun, que adulaban al dictador y que Tellagorri, desde su exilio en Buenos Aires, llamó “Francolatría”. Neguri se convirtió en el alma vasca franquista, Y los Ybarra, Lequerica, Oriol, Careaga, Urquijo, Unzueta, Oreja en señas de identidad de la economía fascista. Magma para nuevo llegados, como el Opus Dei.

Esos números nos cuentan que de aquel millón y cuarto de habitantes de Hego Euskal Herria, 152.000 huyeron al exilio, una cifra extraordinaria que llevó al lehendakari Agirre a señalar que “el éxodo del pueblo vasco, alcanza caracteres difícilmente igualables en otras ocasiones de la historia”. Muchos retornaron al inicio de la Segunda Guerra Mundial, pero el resto concluyó sus días en México, Venezuela, la URSS o Argentina. De aquellos, 38.000 niños, algunos que perdieron la vida enfrentando al nazismo en la Unión Soviética, otros en acogida, otros en adopción, en Bélgica en particular. Campos de exterminio para exiliados (Mauthausen, Buchenwald, Dachau…), campos de concentración para los que no lograron cruzar el Bidasoa o los Pirineos (Murgia, Urduña, Irun…), batallones de esclavos a trabajos forzados, mano de obra gratuita. Las cárceles repletas (Ondarreta, Larrinaga, Ezkaba…), decenas de miles de detenidos durante la guerra, 14.000 con posterioridad. Torturados hasta la muerte (Txomin Letamendi, Pablo Velasco…). Aún, generaciones nacidas después de 1945 colmaban las prisiones, dispersados por España, más de 800 presos políticos vascos al 20 de noviembre de 1975. Ejecuciones extrajudiciales, 6.000 “ajusticiados”, más de la mitad en Nafarroa.

Sueldos de miseria, chabolismo en Rekalde, polución en Erandio, racionamiento. Miles de incautaciones de bienes de presos y exiliados. Y tuberculosis, terror familiar por excelencia. No causó tantas muertes como la peste medieval, pero casi. Y un territorio vasco desdibujado, convertido en refugio de verdugos nazis al fin de la guerra mundial: Léon Degrelle, Paul van Aerschodt… La red Odessa de Otto Skorzeny y sus pisos francos en Donostia y Bilbo. Los mercenarios de la OAS amparados por la Policía franquista y años más tarde peones del BVE o los GAL. Servicio militar en una guerra colonial en el Sahara, en Ifni, con sus “bajas” incluidas. Otros, años antes, enviados a “fortalecer” el Ejército de Hitler en su intento de conquista de la URSS, en la que llamarón División Azul. Algunos marcharon por convencimiento, otros por evitar prisión. Muertos por la patria, apuntarían en su epitafio.

Murió Franco hace 50 años. Su apuesta política fue no sólo personal sino fruto de la conjunción de los intereses de los sectores más reaccionarios de la sociedad hispana: oligarquía, banca, ejército e iglesia. Franco, propiamente dicho, no fue el creador del franquismo, sino que más bien su régimen fue la expresión de una España rancia y casi medieval. José María Areilza, primer alcalde de Bilbao tras la entrada de las tropas rebeldes, describió a Franco como “el moderador del franquismo”. Y de aquello, la Transición.

 

 

 

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lunes, 10 de noviembre de 2025

La Pasionaria y el Antifascismo

Continuamos con la cobertura que Público está haciendo del material fílmico de la Revolución Española centrándonos en lo que respecta a Euskal Herria con este recuento acerca de las acciones de Dolores Ibarruri Gómez, nacida en Bizkaia, conocida en la lucha de izquierda como La Pasionaria.

Adelante con la lectura:


Pasionaria, madre del antifascismo

Durante la Guerra de España, Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. La ‘Juana de Arco comunista’, tal y como es presentada en una película de la Corporación Hearst, pide en una visita a Francia apoyo militar para la República.

Noelia Adánez

De negro siempre. El negro evoca modestia, severidad, luto. Dolores, mujer, camarada y madre, carga consigo una estudiada iconografía. Se sabe imagen y sabe que las palabras que pronuncia cobran una fuerza mayor porque es de su persona de la que emanan. 

Está esperando. Dolores se impacienta y juega a deshacer un ramito de florecillas silvestres que, antes de tomar asiento, le habrá regalado un camarada. Dolores está muy cansada. 

“La lucha por el pueblo español es la lucha por la paz, es la lucha por la libertad, es la lucha por la democracia”. Todo es lucha en la vida de Dolores Ibárruri, Pasionaria.

Cuando durante la guerra de España Dolores Ibárruri viaja a Francia para pedir apoyo militar, para demandar un respaldo activo a la República española, el personaje Pasionaria tiene ya más de tres lustros de vida. En 1918, Dolores firma su primer artículo con ese seudónimo. Lo titula “La hipocresía religiosa” y se publica durante la Semana Santa en El Minero de Vizcaya. 

La hija de minero hubiera querido ser maestra y como no pudo, siguió leyendo por su cuenta. En la Casa del Pueblo de Muskiz leyó prensa obrera y con toda seguridad obras de referencia como el Manifiesto Comunista. Quién sabe si también se asomó con timidez y reverencia a algunas páginas de El Capital. 

La lucha de Dolores

Aquellas lecturas y aquellas experiencias, contribuyeron a decantar la lucha de Dolores hacia el comunismo como una vía distinta al anarquismo y al socialismo en el que ella, junto a quien era su marido desde 1916, había comenzado a militar.

Dolores y Julián Ruíz participaron en la fundación del PCE en 1921, pero Dolores se trasladó sola a Madrid diez años después para trabajar en la redacción de Mundo Obrero. Por el camino, se quedó el padre de sus hijos, de quien se separó, y provisionalmente, Rubén y Amaya. De los seis hijos que Dolores parió murieron cuatro. Alguna tuvo que ser enterrada en un féretro improvisado en un cajón de conservas. Cuatro criaturas muertas y un quinto, Rubén, que perdió la vida con 22 años, en 1942 en la batalla de Stalingrado, el mismo año en el que Dolores es nombrada secretaria general del PCE. Entonces, su pelo oscuro se emblanqueció.

Pasionaria recibió condolencias de multitud de personas, algunas anónimas y otras conocidas. En respuesta a la carta de uno de los principales dirigentes de la Komintern, la hija de mineros, la vizcaína recia acostumbrada a las mayores privaciones y los peores sufrimientos, la camarada que ha conocido la cárcel, la crudeza de la guerra y la desgracia del exilio, se quiebra:

“La muerte de Rubén es el golpe más doloroso que podía recibir. Y aunque hago esfuerzos por sobreponerme, el dolor es más fuerte que mi voluntad. ¡Mi hijo era mi ilusión y ya no le tengo! Parece como si con él se hubiera ido la fuerza que me hacía vivir”.

Pero Dolores continuó viviendo cuarenta y siete años más: otra vida entera. Murió en 1989, tres días después de la caída del Muro de Berlín. Su exilio había terminado en 1977 cuando volvimos a ver “a Dolores caminar por las calles de Madrid”, como cantó Ana Belén.

Su regreso se convirtió en uno más de los tantos capítulos que jalonaron el relato amable de la Transición como un proceso de reconciliación nacional, bajo el que se ocultaron el coste humano y político del exilio, de la represión y de la violencia desatada por el franquismo, un régimen inclemente de vocación totalitaria. Durante el exilio, Pasionaria asumió la crítica a Stalin, dimitió como secretaria de su partido para pasar a detentar un cargo honorífico como presidenta en 1960 y, aunque se alineó con la ortodoxia de Moscú, fue tajante en la condena a la invasión de Checoslovaquia en 1968.

Radio España Independiente

En la Unión Soviética Dolores se encargó de poner en marcha Radio España Independiente, Estación Pirenaica y, como parte de este proyecto, escribió los diálogos de una sección titulada “Ventana a ventana” en la que dos vecinas comentaban la realidad política española sin censura. La Pirenaica fue la voz de la resistencia antifranquista, que los comunistas lograron mantener con vida hasta 1977. Secciones como aquella en la que dos comadres conversaban, antecedieron importantes iniciativas de signo marcadamente feminista, como la que dirigía Pilar Aragón (Josefina López Sanmartín) -la Elena Francis del antifranquismo- quien locutaba la “Página de la mujer”.

La voz de “la Pili”, que oficiaba de amiga en su respuesta a las cartas que recibía, a diferencia de Elena Francis, que siempre respondía desde la posición tutelar propia de una “madre”, imprimió en los españoles que escuchaban La Pirenaica, una huella tan profunda como la que había dejado el “¡No pasarán!” que Dolores Ibárruri pronunció por Unión Radio el 19 de julio de 1936. La “madre” del antifranquismo en España estaba en las antípodas de la “madre” Francis; era caudal político, palabra que emplazaba al combate, igualitarismo democrático, libertad y resistencia.

Durante la Guerra de España Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. Ya se había significado como diputada, pero tras el golpe, el Partido Comunista llevará a cabo un esfuerzo consciente y constante para convertirla en un símbolo que el tiempo elevará a la categoría de mito.

Dolores se comprometió activamente con los milicianos y soldados republicanos, de quienes intentó estar tan cerca como le permitieron las circunstancias. Su fortaleza moral y su proximidad comenzaron a dotarla de un aura casi taumatúrgica. En el Partido recibían cartas de gentes que le solicitaban su intercesión para la resolución de toda clase de problemas. Sus viajes y sus esfuerzos para conseguir el apoyo internacional a la causa republicana, hicieron que su figura alcanzara una proyección aún mayor.

Sus llamamientos a la unidad de todos los republicanos, su defensa de la democracia frente a los golpistas y al fascismo, eran también una interpelación a la comunidad internacional para evitar lo que terminó ocurriendo: España se convirtió en el ensayo general de la Segunda Guerra Mundial. En su célebre discurso de septiembre de 1936, pronunciado en el Velódromo de invierno de París, Dolores dice:

“Y sin ninguna vacilación, unidos en el mismo sentimiento y con la misma decisión de cerrar el paso al fascismo y defender la República y la democracia, comunistas, socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y nacionalistas vascos, nos lanzamos a la lucha dispuestos a toda clase de sacrificios, porque no ignorábamos lo que el fascismo representa y de lo que es capaz la reacción española. (...) Consciente de lo que nuestra lucha significa, el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas.

Al lado de los rebeldes, apoyándolos en su agresión contra la República y contra el pueblo, participan fuerzas fascistas extranjeras, cuyos aviones bombardean las abiertas ciudades españolas.”.

Dolores se desgañita: “Y no olvidéis, y que nadie olvide, que si hoy nos toca a nosotros resistir a la agresión fascista, la lucha no termina en España. Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra.”

El discurso del Velódromo de invierno es trágicamente premonitorio de lo que ocurrió entre 1939 y 1945. La inacción de Francia y del Reino Unido, la insuficiencia de la ayuda soviética y la intervención de Alemania e Italia en favor del bando sublevado, marcan el curso de los acontecimientos. Cuando las fuerzas republicanas pierdan la guerra de España, el destino de Europa habrá quedado al albur del fascismo.

Ochenta años después de concluída la Segunda Guerra Mundial, la ofensiva ultra, la antidemocracia y la reacción vuelven a amenazar la convivencia y los frágiles consensos que en las últimas décadas han dejado espacio a los discursos de izquierdas. Ahora, como entonces, la justicia social es menos una realidad que una conjetura; ahora, como entonces, las mujeres estamos destinadas a jugar un papel determinante en la contención de la reacción ultra. No pasarán. 

 

 

 

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lunes, 3 de noviembre de 2025

Éxodo de los 'Niños de la Guerra'

En el portal de Público se están dando a conocer reportajes acerca de la Revolución Española (mal llamada Guerra Civil) y en la edición de hoy se ha mencionado a las infancias de la Generación Gernika.

Aquí la información:


El éxodo de los 'niños de la guerra' ante el horror y el hambre

Ana Martínez Rus, historiadora y profesora de la Universidad Complutense, es la autora del tercer capítulo de la serie en el que narra el exilio de los menores tras el golpe de estado militar.

Ana Martínez Rus

Los civiles y, en particular, los niños fueron las principales víctimas de la Guerra Civil Española. Desde el principio fue prioritario para los gobiernos de la República alejarlos de la primera línea de fuego para evitar las secuelas físicas y psicológicas. 

Aparte de las colonias en el Levante español se organizaron evacuaciones fuera de España en las que participaron varios países y organizaciones internacionales de ayuda humanitaria bajo el lema: Salvad a los niños de España. Fueron los primeros exiliados del conflicto armado. En Europa, Francia fue el país que más niños españoles acogió con cerca de 20.000 menores, mientras que a Bélgica llegaron en torno a 5.000 niños y a Inglaterra alrededor de 4.000; cerca de 3.000 a la Unión Soviética; y Suiza acogió unos 800 niños. Fuera de Europa, México recibió 455 menores, los llamados Niños de Morelia.

Las imágenes de las 288 cintas que la Corporación Hearst grabó durante la Guerra Civil para los noticiarios de los cines de Estados Unidos son de gran calidad y tras su digitalización en la Universidad de California, cuentan con una extraordinaria nitidez. Estas grabaciones son inéditas en España ya que solo las vieron los ciudadanos que acudían a los cines propiedad de Hearst, representan un documento excepcional y una fuente de primera magnitud sobre el sufrimiento del pueblo español y las consecuencias de la contienda en la población.

Exilio y separación de las familias

La infancia sufrió las consecuencias de los bombardeos que provocaron la evacuación a lugares menos expuestos y más salubres, aunque conllevó la separación de las familias, cambios en la educación y una vida cotidiana marcada por la escasez, el miedo y el sufrimiento. El primer destino fue la costa mediterránea, pero meses después los bombardeos eran constantes y el territorio español ya no era seguro para garantizar la vida de esos pequeños, optando por la salida al extranjero. 

Madrid tiene el triste récord de ser la primera ciudad europea donde la población civil fue bombardeada sistemáticamente. Tras el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Madrid la conquista de la capital se convirtió en un objetivo prioritario para el bando sublevado. La ciudad fue asediada desde el norte por las tropas del general Mola y por el sudoeste por las del general Franco. Los intentos del ejército rebelde por tomar la capital fueron frenados por la defensa llevada a cabo por los madrileños, quienes, apoyados por los voluntarios de las Brigadas Internacionales, acuñaron lemas como el famoso Madrid será la tumba del fascismo o ¡No pasarán!, que tenía su origen en la batalla de Verdún de la Gran Guerra.  

Contra todo pronóstico, Madrid rechazó el avance de los rebeldes hasta prácticamente el final de la contienda, convirtiéndose así en un símbolo de resistencia internacional. Pero pagó un alto precio ya que cuando el ataque frontal a la capital se detuvo en Ciudad Universitaria gracias a la resistencia republicana, el ejército rebelde realizó bombardeos masivos y precisos cuyos objetivos no eran militares, sino civiles. Estos ataques fueron efectuados por los aliados de la Alemania nazi y la Italia fascista. Durante el mes de noviembre de 1936, Madrid se convirtió en la primera capital del mundo en la que las fuerzas aéreas fascistas italianas y nazis alemanas experimentaron la estrategia del terror aéreo sobre la población civil. 

En el documental se ve una colonia infantil en Madrid en septiembre de 1936 visitada por el diputado comunista francés y vicepresidente de la Asamblea francesa, Jacques Duclos, según la descripción, pero también podría ser perfectamente el pedagogo Lorenzo Luzuriaga ya que se parecen bastante. También se identifica perfectamente a Victoria Kent, responsable de la creación de guarderías y refugios para niños al inicio de la contienda. En junio de 1937 fue nombrada secretaria de la embajada de España en París del gobierno de la República para el cuidado de las evacuaciones de refugiados, especialmente los niños, a medida que caían los frentes republicanos. Entre sus tareas estaba la de buscarles asilo en Francia.

Lejárraga acompaña a los niños evacuados

Otra diputada republicana, María Lejárraga, fue destinada a Bruselas para ocuparse de los niños evacuados. En las imágenes se observan bebés y niños de corta edad en cunas bajo la atenta mirada de enfermeras, así como de otros niños de más edad bañándose en una piscina entre risas y levantando el puño. Esas primeras colonias abiertas en la capital, instaladas en colegios y otros edificios públicos, perseguían recoger a los huérfanos hambrientos y desorientados que recorrían sus calles. Constancia de la Mora y Concha Prieto también trabajaron en orfanatos y refugios seguros en Madrid para los niños huérfanos desde la Junta de Protección de Menores antes de trasladarse con ellos a Alicante. En Valencia también se organizaron numerosas colonias para niños como las que dirigieron Ángel Llorca y Justa Freire.  

El Ministerio de Instrucción Pública creó el Comité de Refugiados con la misión de evacuar a la población civil de los frentes de guerra hacia otras zonas. La Junta de Menores, establecida el 17 de octubre de 1936, inició una campaña de evacuación de la población infantil hacia ciudades menos castigadas y aún bajo control republicano. El objetivo era trasladar al mayor número posible de niños para alejarlos de la guerra y de la escasez de alimentos, que tantas víctimas habían causado en los primeros meses. Se establecieron en colonias escolares o bien en familias de acogida a través de las corporaciones municipales de destino. La otra opción fue la evacuación al extranjero, tras el agravamiento de la situación militar y el peligro que corrían los niños.

Posteriormente otras ciudades de la zona republicana como Bilbao sufrieron intensos bombardeos con los mismos fines de atemorizar a la población civil para conseguir la rendición. Así vemos en las imágenes a mujeres, ancianos y niños correr despavoridos hacia los diferentes refugios de la ciudad vasca o de las afueras. Muchas mujeres mientras están en el refugio dan el biberón a los niños o hacen labores como tejer lana. También se distingue a la ciudadanía rebuscando entre los escombros tras los bombardeos para ver si podían reaprovechar algunos enseres, así como hombres y mujeres cavando trincheras, y llevando cestas de escombros. 

La evacuación a Francia en barcos

La intensificación de los bombardeos impulsó la salida de los niños a Francia en diferentes barcos. En la grabación podemos observar la triste despedida de los padres en el muelle antes de embarcar, donde muchos progenitores lloran y se secan las lágrimas mientras agitan los pañuelos. Era lógica la angustia que se refleja en los rostros tras separarse de sus pequeños ante la incertidumbre de cuándo volverían a verlos. Muchos niños mayores llevan de la mano o en brazos a sus hermanos más pequeños. Las niñas tienen lazos o diademas en la cabeza y los niños pequeñas chapelas. Además, portan hatillos, pequeñas maletas y mantas. También van muy abrigados por el tiempo y porque era otra manera de llevar el mayor número de prendas para el viaje y la estancia. Igualmente se puede apreciar la marcha de personas ancianas y de bebés con sus madres. En la travesía les acompañan maestros, enfermeras y sacerdotes. Una vez que llegaron a Biarritz en el desembarco se aprecia cómo llevan una tarjeta identificativa colgada al cuello, y son recibidos en una amplia sala donde se les reparte un plato de comida antes de pasar a vacunarlos. A pesar del desarraigo muchos sonríen y posan para la cámara que los filma, aunque también se observan miradas perdidas y serias, incluso se ven a niños con heridas en la cabeza. El buque Habana fue el primero en zarpar que llevó niños a Francia y al Reino Unido. Algunos de los que llegaron a Francia fueron posteriormente trasladados a la Unión Soviética.

En enero de 1937 el Gobierno Vasco hizo un llamamiento para que las familias inscribieran a sus hijos de entre 5 y 12 años para que fueran evacuados lejos del conflicto.  La evacuación de la población más vulnerable se inició en marzo de 1937 con destino a Francia, siendo los puertos más utilizados los de Ondarroa y Bermeo (Bizkaia). 

En la primavera de 1937, después de los bombardeos de las ciudades de Durango y Gernika, las autoridades vascas aceleraron las gestiones con Reino Unido, Francia, Bélgica, México y la Unión Soviética para poner a salvo al mayor número de niños, acordando la acogida de los niños como refugiados en sus respectivos países.

Las evacuaciones más masivas de niños vascos se realizaron desde el puerto de Santurtzi (Bizkaia), desde donde partieron un total de 17 expediciones en las que fueron trasladados gran parte de los casi 38.000 niños evacuados durante la guerra. La primera expedición con destino a Francia partió del puerto de Santurce el 6 de mayo de 1937 y los refugiados viajaron a bordo de dos de los barcos más utilizados para este tipo de traslados, el vapor Habana y el yate Goizeko Izarra, propiedad de Ramón de la Sota, empresario vinculado al PNV. Asimismo, salieron más de mil niños asturianos, cántabros y vascos desde el puerto de El Musel en Gijón en septiembre de 1937 con destino a la Unión Soviética. 

La mayoría de estos niños volvieron tras la contienda, siempre que fueran reclamados por sus padres. Algunos no regresaron porque nadie los reclamó ya que los progenitores habían muerto o estaban en la cárcel.  Tampoco volvieron los que se marcharon a la Unión Soviética, que además tuvieron que padecer las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Muchos fueron repatriados en 1956 y 1957 junto con los veteranos de la División Azul.

 

 

 

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sábado, 28 de junio de 2025

Egaña | El Complejo de Manuel

El tema de los pinganillos de Isabel Díaz Ayuso sigue dando de que hablar y en esta ocasión, Iñaki Egaña se encarga de enmendarle la plana a uno de los apologistas del dislate de Isabel, nadie más y nadie menos que el criminal de guerra y socio menor del Trío de las Azores, José María Aznar.

Lean lo que Iñaki nos ha compartido en su perfil de Facebook:

El complejo de Manuel

Iñaki Egaña

Hace unas semanas hemos conmemorado el 20 aniversario de la muerte de nuestro querido Jon Idigoras. Recuerdo que, en los años siempre beligerantes de los medios españoles, cuando Jon estaba en activo, esos propagandistas de la inexistente nación española escribían su nombre haciendo uso de su partida de nacimiento, Juan Cruz Idígoras. Jon había nacido en los prolegómenos de la sublevación franquista y, como convirtieron en costumbre hasta hace unas décadas, los nombres en euskara estaban rigurosamente prohibidos. No sólo para los recién nacidos, sino también para los que habían surgido en época de tolerancia y tuvieron que modificar posteriormente su nombre, incluso para las lápidas de los muertos con grafía euskaldun, cuyas inscripciones fueron modificadas cuando no destrozadas. Y por lo visto, la gran campaña de la dictadura trascendió los tiempos: “Sea patriota, no sea bárbaro. Viva España y nuestro idioma cervantino”.

Garbiñe se convirtió por decreto en Purificación, Lorea en María Flor, Itziar en Estrella, Jasone en Concepción, Maitena por Amada o Gaizka en Malo. A un colega hernaniarra sus padres le ponían Aitor de nombre, pero en el juzgado les señalaron que estaba prohibido, por lo que, sin traducción, se lo transformaron en Miguel. La familia Iriondo, sabiniana a más no poder, puso a uno de sus hijos de nombre Jel, en alusión al lema del PNV. Se lo truncaron por Jelasio. A mi hermana pequeña Elixabete le negaron también el nombre y lo mutaron a María Elizabeth, una incongruencia por eso de que su primer vocablo era hispano y el segundo inglés. A otra de mis hermanas, un juez benévolo permitió inscribirla como Yolanda, a pesar de las reticencias de otro severo que apuntaba a su procedencia rusa. Tuvo suerte, porque aún en 1970, el nombre de Iván estaba proscrito por ser, precisamente, de origen ruso.

La transformación no afectó únicamente a los nombres euskaldunes. El Régimen impidió aquellos que no aparecían en el santoral de la Iglesia católica y lo hizo con carácter retroactivo. Los y las nacidas antes de mayo de 1938, con sugerentes nombres como Libertad, Natura, Pasión (por Pasionaria), Democracia… fueron transformados. A Lenin Tristancho le corrigieron por José Antonio, para joder más bien, en recuerdo del fundador de Falange. Rosa Luxemburgo, hija del comunista vasco Jesús Larrañaga, fusilado por los franquistas en Madrid en 1942, se exilió cuando niña en la URSS. Retornada ya a Gasteiz, fue obligada a borrar su segundo nombre, Luxemburgo, no por la antipatía judicial al pequeño estado centroeuropeo sino por su referencia a la espartaquista polaco-alemana.

Hace unos días, la periodista y presidente de la comunidad de Madriz, Isabel Díaz (conocida por su segundo apellido, Ayuso) afirmó: “Lo cateto es llamarse Juan y pedir que te llamen Jon en el País Vasco”. Para la RAE, los catetos son los dos lados que junto a la hipotenusa forman el triángulo rectángulo”. También acepta el término peyorativo (sic) de “dicho de una persona pueblerina o palurda”. Por el contexto, esta segunda acepción es la que utilizó Ayuso. La verdad es que no se le pueden pedir peras al olmo, especialmente a una defensora acérrima de los privilegios de la elites económicas, y que tiene que cargar con la cruz de haber nacido en el día internacional de la erradicación de la pobreza. Pero sí, al menos, a sus asesores, a no ser que hayan sido fichados en uno de aquellos institutos que definió la película “School for Scoundrels” (Escuela para idiotas, tontos o pringados, según las versiones traducidas).

En Euskal Herria, los nombres Jo(h)anes, Juan, Jon o Jean han sido utilizados indistintamente, sin por ello tener una relevancia pueblerina. Desde el siglo XII, el nombre de Joanes era habitual en Lapurdi y el resto del país. Suhigaratxipi fue uno de los corsarios más famoso del continente, Leizarraga hizo la traducción al euskara del Nuevo Testamento, Oxalde uno de nuestros bertsolaris de renombre y entre los llevados a la hoguera por la Inquisición en Zugarramurdi, hubo hasta seis Joanes. Jon Bilbao fue probablemente el mayor compilador de documentación vasca, Etxaide nos enamoró con “Alos Dorrea” y Mirande, que nació en París, escribió en suletino. El pintor Txiki, Jon Zabalo, en su exilio londinense, modificó su nombre por razones administrativas por el de John. Elissamburu nos maravilló con su poesía, Borotra (Le Basque bondissant) con su tenis y Haritschelhar fue presidente de Euskaltzaindia. Los tres de nombre Jean. Y el azote de indígenas en el actual México, fray Zumarraga, era Juan. Como Ajuriagerra, presidente del PNV o nuestro Txiki Paredes, extremeño de Zarautz, fusilado por Franco ahora hace 50 años. Jon Idigoras era el hijo de Juanita Gerrikabeitia. El mendigoizale Oyarzabal es Juanito y el fotógrafo Egaña (nuevamente la familia) es Juantxo. Sin complejos, integramos nuestra mochila.

Más recientemente, una de las patas del triángulo de las Azores, el ex presidente hispano Joseph Miryam (romanizado del hebrero) Aznar ha subido el tono. En esta ocasión afeándole a Imanol Pradales su concurso en euskara en la conferencia de presidentes autonómicos, incluso recalcándole el origen castellano de su apellido. No se atrevió, en cambio, con su nombre Imanol, por temor a salir trasquilado. ¡Ay Aznar jauna, eres un acomplejado de manual!

Otro Imanol, hace tiempo que fundó el diario jeltzale Euzkadi y colaboró en la revista Hermes, de la misma línea, donde firmaba con el seudónimo “Gudalgai”. En 1914 presentó una obra teatral “furibundamente antiespañola” a decir de Indalecio Prieto. Se llamaba “El jardín del mayorazgo” y fue estrenada en un teatro de Bilbao. No la busquen, la han hecho desaparecer de todos los fondos españoles. Resultó que, más tarde, Imanol se transformó en Manuel y se convirtió en biógrafo del dictador Franco. Medró a su sombra y cobijó a sus hijos y nietos. Uno de ellos fue el citado José María Aznar, medalla de Oro de Madriz, hoy parte del elitista circulo de “Manolos” (judíos conversos) de la capital.

 

 

 

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sábado, 21 de junio de 2025

Egaña | Enfocando a los Criminales

Iñaki Egaña nos aclara el panorama con respecto a la banda criminal conocida como Organización del Tratado del Atlántico Norte, por sus siglas, OTAN.

Aquí el texto que nos ha compartido en Facebook:


Enfocando a los criminales

Iñaki Egaña

El 13 de marzo de 1986, la Bolsa de Bilbao registró su mayor subida histórica en una sola jornada. Un aumento de 12,71 puntos. Para un observador en el tiempo, la euforia de la crecida exagerada correspondería al afianzamiento del poder político, económico y militar de nuestro país, tras un acontecimiento democrático. La víspera, Hego Euskal Herria había llamado a las urnas a sus vecinos, tal y como en el Estado español, para preguntar si deseábamos entrar en la OTAN: 434.553 hombres y mujeres de Nafarroa Garaia, Araba, Gipuzkoa y Bizkaia habían dicho “Sí, quiero”. Como si se tratara de un contrato matrimonial. Si el mismo observador se quedara en esa primera línea, su interpretación sería errónea. Porque en las siguientes estrías encontraría que 828.721 vascos habíamos dicho “No quiero” y 706.311 se habían abstenido. Es decir, que únicamente uno de cada cinco integrantes del censo vasco peninsular se sumaba a los antojos bélicos de quienes detentaban las riendas en lo político, económico y militar.

El equilibrio entre potencias fue el argumento de los favorables a la integración. La OTAN había surgido en 1949 y para hacer frente a su propósito expansivo, el bloque soviético instituyó el Pacto de Varsovia en 1955. Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS, el Pacto de Varsovia firmó su defunción y la OTAN, en contra de la lógica de bloques, continuó su despliegue territorial hasta nuestro días. La OTAN ya operaba en Euskal Herria, a pesar del trámite del referéndum de 1986, particularmente con la base de Gorramendi (Elizondo) desde 1959, el campo de tiro de entrenamiento de las Bardenas -en especial para los bombarderos que descargarían napalm y el agente naranja en Vietnam- y la Stay-Behind (conocida como Red Gladio) que, al margen de sus objetivos globales, participó en operaciones encubiertas de guerra sucia y espionaje contra la disidencia vasca. El año del “No quiero” a la OTAN fue el mismo de la incorporación del Estado español a la Unión Europea. En esa ocasión no hubo referéndum.

Aquel músculo antimilitarista vasco fue la clave del “No quiero”. Abarrotaron con su actividad, las calles, las urnas, e implosionaron el movimiento popular. Fue asimismo el germen de la insumisión y deserción al servicio militar en el Ejército, que llevó a prisión a cerca de mil jóvenes vascos, esta vez también de Ipar Euskal Herria, cuyos ciudadanos no habían tenido la oportunidad de expresar su opinión sobre la OTAN. El Estado francés, aunque con matices, había sido uno de sus fundadores.

En el mundo anglosajón se emplea la expresión “soft and hard power”, que correspondería al poder “blando” y al “duro”, que por cierto no tienen por qué ser antagónicos. Los gobiernos salidos de las urnas serían los que componen el “poder blando”. En la teoría, son capaces de conformar consensos y habilitan la diplomacia. El “poder duro”, en cambio, funciona a otra escala. Imposición, coerción y autoridad. Sin reglas, o mejor con las suyas, que modelan las relaciones internacionales. En muchas ocasiones, aquellos que ostentan el poder blando son simples correveidiles de los halcones (Walt Street, La City, el departamento de defensa de EEUU…), tanto en lo económico como en lo militar. Trump, Mertz, Macron, Netanyahu, Starmer… son señores de la guerra elegidos en las urnas. Voceros del poder duro, trasladado al público.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha declarado recientemente: "Es hora de adoptar una mentalidad de guerra". En 2025, la Alianza, como en décadas, está marcando la agenda mundial. Finalizó el pasado año su actividad con entrenamientos militares a gran escala, con la novedad de que los ejercicios Steadfast Noon, de prácticas nucleares, los realizaron cerca de la frontera rusa. En 2022 boicotearon el acuerdo de paz en Estambul acordado por Moscú y Kiev para concluir con el conflicto de Ucrania, después del Euromaidán de 2014. Este año, Israel ha bombardeado Siria, Líbano, Irán y Yemen, junto al genocidio de Palestina. EEUU bombardeó masivamente Siria hace unos meses, antes del cambio de régimen, y luego Yemen. El ataque sionista contra Irán desde hace unos días y los ataques contra bases nucleares estratégicas de Rusia este mismo mes de junio, se han producido en medio de negociaciones simultáneas. No hay lugar a la diplomacia. La OTAN quiere mantener su posición de privilegio mundial, participando en todas estas acometidas, con inteligencia propia, sus satélites y sus ejércitos. Apuestan por un modelo planetario a su medida.

Si la OTAN concibió su identidad como un espacio territorial anticomunista, la caída del bloque soviético difuminó su naturaleza. Hoy, es obvio que los enemigos que marca, no están tan relacionados con la ideología sino con la hegemonía territorial y económica. Valores que están presentes en la historia de la humanidad desde tiempos pasados, sin que la evolución haya mejorado la tendencia de las elites. La construcción del enemigo, las acciones preventivas -términos modernos- son similares a las expansionistas del colonialismo o las campañas de ocupación de territorios. Saqueo de recursos y supremacía racial.

Por ello, aquel músculo popular que mostramos en la década de 1980, en particular alrededor del referéndum, no debería ser únicamente un poso histórico, sino también una experiencia que señale objetivos. Es evidente que en estos cuarenta años han sucedido infinidad de cambios, incluso estructurales. Que otras luchas entonces secundarias se han transformado en prioritarias. Igualdad de género, cambio climático, migración masiva, defensa de las minorías… Exigir la paz hoy, como entonces es, sorprendentemente, un acto revolucionario. Coreábamos, junto a Anje Duhalde, aquello de “Bakezalek gara. Bakea nahi dugu”. Su eco nos persigue. Y hoy, entrando en el segundo cuarto del siglo XXI, nuestros antagonistas continúan siendo los halcones de la OTAN y sus compinches bursátiles. El “No quiero” sigue de actualidad.

 

 

 

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sábado, 24 de mayo de 2025

Egaña | Mayo de Flores sin Flores

Les invitamos a leer y a reflexionar sobre este texto que Iñaki Egaña ha compartido en su cuenta de Facebook:


Querido José Luis:

Supe que tenías 13 años cuando fuiste evacuado en el Habana hacia la URSS. Los bombardeos sobre Bizkaia eran intensos, la apatía internacional ante la agresión nazi extendida. Los lloros de tu madre eran por partida doble. Tu padre combatía en el frente, bajo la lluvia a la espera de la derrota, mientras tú marchabas a un exilio agrietado por la incertidumbre. Tus hogares fueron Kiev y Moscú. Supongo que seguiste por la radio -ya chapurreabas el ruso con cierta soltura- la invasión de aquellos casi cuatro millones de soldados del Ejército alemán. Removiste los despachos hasta que te aceptaron en la escuela de pilotos de Borisoglebsk. Llegaste a sargento de dos divisiones de caza e incluso abatiste a cinco aviones enemigos. En tu Eibar natal se sintieron orgullosos de ello, aunque con retraso, nada menos que medio siglo de espera. Porque como ya sabes, el nazismo triunfó en la Península. No lograste derribar un sexto avión nazi, como los que habían bombardeado Gernika, porque un maldito 2 de mayo, una ráfaga arruinó tu vida. Joder, José Luis. Que sólo tenías 19 años. Entonces supe quién eras: José Luis Larrañaga Muniategi.

Aquel mayo de 1943 fue imposible olvidar. Como tantos otros. Ya cantaba un paisano tuyo, muchos años después, una canción que… iba a escribir “triste”, pero prefiero rectificar. Una canción llena de rabia: “mayo de flores sin flores, mayo cornudo y castrado. Para qué coño sin vida queremos un mes de mayo”. Y es cierto, José Luis. Con esa visión periférica que tenéis aquellos que nos precedisteis, ya habrás observado que ganasteis la guerra al nazismo pero décadas más tarde, estamos en 2025, su ideología se expande como la niebla que acogota en el Serantes de la melodía del mayo castrado, como la escarcha del monte Urko que acuna a tu Eibar soñada.

Esta primavera ha sido extraña, mayo irreconocible, aunque podía usar otros sinónimos para adornar la frase. Los tilos aún no han florecido con sus hojas olorosas, en las cimas los abedules se muestran desganados y aunque en la costa el verde nos abruma, apenas han acudido los vencejos, precursores de las golondrinas que remolonean desde África antes de cruzar el estrecho hacia Europa. Ni rastro aún de las bandadas de grullas que se dirigirán a las estepas del norte aunque he de confesarte que los txantxangorris ya nos marcan su territorio en parques y bosques con su canto. Al parecer, las mariposas de esta época aún siguen invernando, perezosas más que nunca. Yo al menos no he visto ni siquiera aquella de color azufre, que suele ser la primera en despertar.

Entre estas anomalías, una de ellas absurda. Se han celebrado, con la pompa y suntuosidad que se esperaba, el 80 aniversario del fin de aquella guerra que no viste concluir. Tus colegas entraron en Berlín a los tres años exactos de tu muerte, dando por concluida la contienda más mortífera de la historia de la humanidad. En esta ocasión, una parte de los vencedores, aquella que dice representar “los valores de Occidente”, organizó su propia fiesta, excluyendo a los que enfrentasteis al nazismo con un coste que jamás podremos agradecer siquiera una micra. Porque en estas décadas, la narrativa ha desfigurado los hechos tal y como fueron. Os han desplazado al basurero de la historia y os han convertido de héroes a parias. Aquel cine que veías en el teatro Buenos Aires o en Coliseo Albia, durante los primeros meses de la guerra en Bilbao, se ha transformado en un negocio. Crearon una macro empresa, Hollywood, que cambió las letras y los rostros de la historia, para que sintiéramos otras bombas ajenas a las vuestras. Tu Ejército Rojo ha sido borrado del futuro y en su lugar nos han instalado apuestos galanes que desembarcaron en Normandía, cuando todo el pescado estaba vendido. Aquel ejército de Hitler que les enfrentó en las costas atlánticas estaba compuesto de ancianos y niños porque su grueso, esos casi cuatro millones de soldados alemanes a los que os enfrentasteis y derrotasteis en los campos rusos, yacían en sembrados embarrados, en Leningrado, en Stalingrado, en Kursk.

En este 80 aniversario del Día de la Victoria, los medios occidentales nos atiborraron con imágenes de las celebraciones en París, Londres, Bruselas… y obviaron, cuando no ridiculizaron, las de Moscú. Apenas nos han contado que en la URSS perdieron la vida más de 30 millones de personas (23 millones civiles) y que China sufrió la muerte de 17 millones de sus ciudadanos (14 millones civiles). Y esos 170.000 civiles de Francia, Gran Bretaña y EEUU que murieron en la contienda, han tenido la visibilidad que necesitaban. Los nuevos Hollywood se las han dado y quitado a la vuestra.

Y ¿sabes por qué, José Luis? Porque aquellos de Normandía se aliaron poco después con otras víctimas del Holocausto para echar de su tierra a los palestinos y crear un estado religioso. Un genocidio moderno, complaciente, como ya habían ejecutado antes de esa Segunda Guerra Mundial en Argelia, en Namibia, en India, en Sudáfrica, en Indonesia… Genocidios como el actual, no sólo humano, sino culturales, étnicos, lingüísticos. Una gran hipocresía recorre Europa y su ex colonia dominante, EEUU. Describen a las víctimas por el color de su piel, por la ficha de su nacimiento, por su posición económica. Y, José Luis, bien lo sabrás a pesar de tu extremada juventud, que llamarse Imad Saleh Maher Farwaneh, Mohamed Nishat Mohamed Al Mashoun, Noor Al-Din Sobhi Misgah Saqr, Remi Wasim Rabi Bakir, Helana Masad Awad Al Araishi o José Luis Larrañaga para ellos, para los halcones de acero que reescriben la historia, es apellidarse Nadie. Únicamente resuenan los nombres de Ana Frank, el soldado Ryan o Agustín Muñoz Grandes mientras los vuestros son sepultados en cal viva. ¡Qué indecencia, José Luis! Aquí estamos, sin embargo, aquellos que no enterraron, las hijas y los nietos de los que sobrevivieron dando puntadas con hilo, esperando el regreso de las grullas y golondrinas que, como todos los precedentes, nos socorrerán para que el próximo mayo sea más florido que este.

 

 

 

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sábado, 5 de abril de 2025

Egaña | Tiempos Excepcionales

Con el virtuosismo al que nos tiene acostumbrados, Iñaki Egaña nos esboza la situación actual en la que se encuentra metida la humanidad en general, colocando la infaltable pieza vasca en ese auténtico rompecabezas.

Adelante con la lectura:


Tiempos Excepcionales

Iñaki Egaña

Somos espectadores de una época brutal, en la que todos los códigos que han abrazado a la humanidad desde tiempos remotos y cercanos se están derrumbado a gran velocidad. Asistimos a los mismos, en la mayoría de los casos, con pasividad, sin ser conscientes de que el mundo que crearon nuestros antepasados se encuentra en proceso de demolición y que ese nuevo escenario planetario que se abre, lleno de incógnitas decíamos hace bien poco, va enseñando sus pautas turbulentas, permitiendo, en medio de la incertidumbre, describir qué tipo de sociedad, política, cultural, relacional, económica y humana está llegando. Esta pasividad se ve hinchada por una sensación generalizada de que esa transformación radical es externa a nuestra condición, que nuestras bases son sólidas y que el revolcón únicamente afectará a los escenarios más vulnerables, descartando que nadie está a salvo del cambio y que éste afectara a espacios ajenos al marco vasco. Pero la vulnerabilidad, con distintos niveles, nos atrapa al conjunto de la humanidad. Como espectadores, también somos actores porque ya somos distintos a cómo lo éramos hace décadas y porque somos participes de políticas globalizadoras impuestas por las instituciones o estados a los que pertenecemos: Occidente, Unión Europea, España, Francia, CAV, CFN o EHE (Euskal Hirigune Elkartea). Con el añadido de que la masa crítica de Euskal Herria es irrelevante en el tablero mundial.
Esa inconsciencia nos hace infravalorar la excepcionalidad de los sucesos que han sobrevenido recientemente y están ocurriendo en tiempo real. Punto de partida y a modo de ejemplo, el fin definitivo de los equilibrios tras la Segunda Guerra mundial que moldearon un mundo bipolar hasta la caída del Muro de Berlín. Junto a esa constancia, la desaparición del socialismo real (URSS), la transformación del socialismo popular en socialismo de mercado (China), la permuta del capitalismo industrial en financiero y más adelante en tecno feudalismo, el desmantelamiento del estado de bienestar, la muerte lenta del neoliberalismo… Francis Fukuyama vaticinó el fin de la historia y justamente sucede lo contrario. La crisis subprime de 2008 y la de la Covid en 2020 avanzaron los cambios políticos. La tecnología (internet, redes, genética, robótica, Inteligencia Artificial) nos transformaron a los humanos, particularmente en las relaciones y naturaleza propia.

En este magma, se han producido recientemente otros acontecimientos de gran magnitud. El golpe de Estado en la mayor economía mundial (asalto al Capitolio) y en la segunda economía americana (Bolsonaro). En Rumanía la Unión Europea anula unas elecciones porque el candidato triunfador no entraba en sus planes. En Palestina, los sionistas israelíes desarrollan una guerra étnica y de exterminio, tomando a los civiles como principal objetivo. EEUU bombardea a los hutíes en Yemen y alienta la guerra en Siria, Irak y Líbano. Erdogan encarcela a su principal opositor antes de las elecciones. En la República del Congo, el exterminio se traslada a la mayoría de la población para extraer el coltán de nuestras baterías… The New York Times revelaba recientemente que en el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, las decisiones técnicas y estratégicas de la guerra se tomaban desde un centro de la OTAN en Wiesbaden (Alemania), dirigido por militares norteamericanos. ¿Se imaginan que la Rusia de Putin lo hubiera atacado con misiles? Hemos estado más cerca de la Tercera guerra mundial que en la llamada crisis de los misiles de octubre de 1962, donde las casualidades impidieron una guerra nuclear. Y, sin embargo, aquella de hace más de medio siglo ha inundado bibliotecas y hemerotecas y a la actual apenas le hemos dado relevancia. La resignación ha llegado a niveles preocupantes. El “no va conmigo” es general, al menos en Occidente.
El ascenso autoritario y su extensión económica ha generado la máxima de que no importa reducir emisiones de combustibles fósiles, de dióxido de carbono, sino seguir la razón del capitalismo, ganar en la competencia a cualquier precio, incluida la salud y la viabilidad del planeta. Los niños muertos en los conflictos han pasado a ser números, los beneficios los mide un algoritmo. Las lógicas de las ideologías del siglo XX han saltado por los aires. El mundo tiene recursos infinitos, y quien contradice este argumento es el comunista que dibujó Hitler. Concluyó con Trump y su equipo, la globalización económica. Educación, salud, cooperación, libertad de expresión, derechos humanos, estados de derecho, van circulando hacia el estudio del pasado. Occidente también contra Occidente, sustituyendo al clásico Norte contra Sur. Capitalismo y colonialismo salvaje.
El calentamiento global, principal reto de la humanidad en el siglo XXI, ha sido descartado de las nuevas agendas totalitarias. A pesar de que los macrodatos asustan. El año pasado rompió techos desde que hay registros en temperaturas, tanto en tierra firme como en los océanos. El ascenso del nivel del mar asustó, los glaciares, Groenlandia y la Antártida se derriten. Los gases de efecto invernadero alcanzan cotas impensables hace años. Las enfermedades crónicas y muertes por contaminación se disparan. No sólo se baten récords, sino que registran proporciones insólitas.
¿Y Euskal Herria? Somos Occidente, queramos o no, y aunque con una disidencia destacable, parte de un formato político. Democracias liberales en periodo, al parecer, de extinción. Paradójicamente, quién lo diría hace unas décadas, en la defensa, al menos, de sus valores originales. Ventanas abiertas en periodo de incertidumbres. ¿Es así? Las políticas tradicionales no tienen sentido. Ante semejantes retos, alianzas, estrategias definidas y, por encima de todo, ese axioma que nos hizo ser como somos. Solidaridad con los marginados por el sistema y espíritu de transformación. ¿Lo lograremos? El camino emprendido pondrá a cada uno, a cada pueblo, en su lugar frente a la historia.

 

 

 

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domingo, 23 de febrero de 2025

Egaña | Birobidzhán

Gracias a nuestro amigo Iñaki Egaña nos venimos a enterar que antes de que se creara el ente artificial y genocida conocido como Israel, ya existía un ente político-administrativo judío. Develado ese misterio, procede a hacer lo propio con uno que pudo ser y que no fue, pero que involucraba a vascos... y a México.

Acompáñenos en este, para nosotros, descubrimiento:


Birobidzhán

Iñaki Egaña

Hay un estado donde el yiddish es idioma oficial y en sus calles y comercios, numerosas inscripciones se encuentran en caracteres hebraicos. No se trata de un barrio judío, como existen en varias partes del planeta, como sucedía en Euskal Herria antes de la expulsión de sus comunidades por los llamados Reyes Católicos. Tampoco tiene que ver con el estado moderno de Israel, o con esas tierras que sus colonos van arrebatando a Palestina. Se trata de Birobidzhán, la capital del Óblast Autónomo Judío de Rusia, la única colectividad rusa definida como autónoma, una de las 89 entidades, incluidas sus repúblicas, que conforman hoy en día la Federación de Rusia. Hace frontera con China y quienes hayan viajado en el Transiberiano, reconocerán a Birobidzhán por ser la penúltima estación antes de alcanzar Vladivostok. Es el único ejemplo contemporáneo de un territorio administrativamente judío, a excepción de Israel.
La región autónoma fue diseñada en 1928 por la URSS para acoger a la diáspora judía dispersada por el planeta, la Palestina de Siberia. En 1945, Albert Einstein creó el Fondo Einstein para el desarrollo económico de la primera región judía creada en el mundo (Israel surgió en 1948), con el fin de asentar a 30.000 huérfanos judíos víctimas de los nazis. Cada familia judía alemana, lituana, polaca y rumana recibió 350 dólares negociados entre el gobierno soviético y el PCE de EEUU. Pero con el nacimiento de Israel el proyecto decayó, la diáspora marchó masivamente a Palestina y hoy ese territorio que apenas es en extensión un poco mayor que Bélgica, acoge a cerca de 80.000 personas. Aun así, Birobidzhán, tiene universidad, con el nombre de un escritor hebreo, y varias escuelas estatales que enseñan yiddish, bailes y tradiciones judías.

La idea del asentamiento en las estepas siberianas, con temperaturas extremas en invierno, puede parecer en la actualidad una digresión anómala. Pero no fue la primera de su estilo, ni visto el desarrollo de los acontecimientos universales, tampoco será la última. En la cercanía, sin llegar a materializarse, los vascos exiliados durante la guerra española y la mundial, conocieron el proyecto de un inquieto Lezo Urreztieta. Un personaje difícilmente alcanzable en una sociedad que se acerca a lo políticamente correcto y que Josu Martínez retrató en “Jainkoak ez dit barkatzaen”. Militó en Jagi, esa formación que tenía cierto ADN jeltzale pero era profundamente independentista. Y como paradigma de su personalidad contrabandista, fue quien solucionó la primera papeleta al PNV cuando en 1936 diseñó el Ejercito vasco y se encontró que sus soldados estaban malamente armados. Urreztieta consiguió una importante partida de armas para aquel Ejército de voluntarios en un país, hoy Chequia, que entonces aún recogía los escombros de la desintegración del imperio austrohúngaro. Treinta años más tarde, Urreztieta volvió a recorrer el mismo camino para conseguir armas para ese grupo de jóvenes que soñaba con la liberación de Euskal Herria y que uno se sus fundadores, Txillardegi, había dado un nombre que entonaba eufónicamente, ETA.
Lezo Urreztieta, que vivía exiliado, fue deportado a México por la Gendarmería que detectó, in extremis, un plan del nuevo Avinareta para matar al dictador Franco. Al otro lado del Atlántico, Urreztieta descubrió una isla en el Pacífico, llamada Guadalupe, que forma parte del territorio de México a pesar de que se encuentra a más de 200 kilómetros de su costa. E ideó la idea de que era el lugar perfecto para acoger a esas decenas de miles de exiliados vascos que aún deambulaban por el mundo, en Chile, México, Argentina, Venezuela, Francia… Reunió dinero para comprarla, describió un mapa de la misma, que estaba deshabitada y le puso nombre a la primera ciudad que iba a edificar: Gernika. Removió Roma con Santiago, intento convencer a los lideres del exilio e incluso se llegó a reunir con el entonces presidente mexicano, Lázaro Cárdenas. Pero el proyecto decayó. La utopía de una arcadia euskaldún e independiente no estaba madura ni siquiera para la literatura.

El hecho en positivo de Guadalupe, contrasta con otros desplazamientos masivos a los que, a pesar del rechazo vasco, sus habitantes se vieron obligados a afrontar. Quizás aquella deportación masiva de ciudadanos de Ipar Euskal Herria hacia Las Landas, tras la Revolución Francesa, sea el ejemplo más conocido. Miles y miles de hombres, mujeres y niños de las comunas vascas, recorrieron una larga marcha en la que más de la mitad fallecieron. Fue un castigo por que quisieron mantener sus tradiciones y su lengua, en una época convulsa en la que los revolucionarios pusieron las bases para el reconocimiento de los derechos de los ciudadanos. Pero como ha ocurrido tantas veces en la historia, la categoría de ciudadano fue definida en función de intereses, más aun cuando los disidentes no aceptan la centralidad parisina. Ya tras la conquista de Nafarroa el cardenal Cisneros fue nombrado gobernador del Reino y aplicó una política de tierra quemada. Cisneros albergó un proyecto similar al practicado con los moriscos, es decir, su expulsión en masa. Esta deportación masiva a Andalucía no pudo llevarse a cabo, según José Moret, cronista oficial del Reino, por falta de medios económicos.
En la actualidad, los proyectos de deportación planetaria parecen renovados. Suecia negocia con la Unión Europea el envío de presos a cárceles continentales. La italiana Meloni envía migrantes a Albania, mientras que Inglaterra aún espera abrir de par en par las puertas para lanzarlos a Ruanda y Washington hacia Cuba (Guantánamo). Así que en esta oferta de Trump de enviar los palestinos supervivientes del nuevo holocausto a Egipto, quizás se podría encontrar una nueva solución. Que esos ávidos colonos expoliadores israelíes tomen el camino de Birobidzhán. Se encontrarán como en casa y podrán trabajar tierras vírgenes. Porque las de Palestina ya estaban ocupadas.

 

 

 

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sábado, 15 de febrero de 2025

Novela Gráfica de la Generación Gernika

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes más información acerca de la novela gráfica dedicada a los niños y las niñas de la Generación Gernika.

Aquí la tienen:


Memorias del exilio: los niños vascos del 37

Un viaje a nuestro pasado reciente a través de los recuerdos de “los niños de la guerra”. Esta novela gráfica busca tender un puente entre generaciones y honrar la memoria de los niños y niñas vascos que vivieron el éxodo infantil de 1937. Es un homenaje a sus vivencias y una herramienta para reflexionar sobre realidades similares que ocurren hoy en día

Begoña Garrido

El exilio es una herida que atraviesa la historia reciente de Euskadi. En 1937, miles de niños vascos fueron evacuados para escapar de los horrores de la Guerra Civil. Cuando la guerra se recrudeció en el frente norte, tras los bombardeos de Otxandio (julio, 1936) y Durango (marzo, 1937); el bombardeo de Gernika (abril, 1937) fue el detonante para conseguir apoyo internacional, algo que el Gobierno Vasco llevaba meses buscando para poner a los niños a salvo a través de las denominadas Expediciones infantiles. Francia e Inglaterra brindaron apoyo logístico para evacuar a los pequeños desde el puerto de Santurtzi. Para poder garantizar la seguridad de los refugiados era fundamental coordinarse con países vecinos que pudieran ofrecer rutas seguras y apoyo adicional en puertos de destino. Los refugiados se dirigieron a Francia, Reino Unido, Bélgica, la antigua URSS y México, principalmente; llegando a alcanzar la cifra de 32.000 niños evacuados entre abril y junio de 1937.

El proyecto surgió de mi tesis doctoral financiada por la Universidad de Reading sobre las mujeres de clase trabajadora vizcaínas en el primer franquismo. Sin embargo, cuando comencé a realizar entrevistas en 2019, el exilio emergió con fuerza y me di cuenta del impacto emocional y de la importancia histórica de este episodio. Así, de aquellas entrevistas, surgieron dos proyectos: una tesis y este cómic. Dada la cantidad de familias afectadas por el exilio, pensé que era necesario un proyecto de divulgación propio que llegara al máximo número de familias posible. Por esto, busqué una persona que pudiera realizar la parte gráfica y contacté con el ilustrador Oskar Gorroño, quien entendió la importancia de plasmar estas historias de vida con todo el respeto y el rigor histórico posible.

La novela gráfica muestra las historias de vida de los protagonistas desde los ojos de un niño, tal y como ellos lo narraban con más de noventa años, y como quisieron ser recordados. En ese momento de conversación volvían a su infancia y volvían a sentirse vulnerables. Por eso, también, varias personas declinaron participar, ya que para quienes no habían hablado anteriormente del exilio, esta etapa se había convertido en una experiencia traumática y traerla al presente les expuso a recuerdos dolorosos.

A diferencia de un libro académico, el cómic puede atraer a personas mayores, jóvenes o lectores casuales. Es un formato divulgativo más inclusivo. Facilita la comprensión al lector de un episodio histórico gracias a la combinación de imágenes y texto.

 Además, las imágenes tienen un efecto duradero en nuestra memoria y ver el sufrimiento, la alegría o la lucha de los personajes dibujados genera un impacto emocional que ayuda a generar empatía en el lector. Por estas razones, fue el formato escogido para plasmar parte de las entrevistas. Fue una decisión consciente para evitar dar más protagonismo a los vencedores de la guerra. Sabemos que quienes ganan los conflictos son quienes escriben la historia, y muchas voces habían quedado en silencio durante demasiado tiempo. El objetivo era dar espacio a esas voces.

El cómic relata las vivencias de Lucía, Antonio y Martina, personajes que representan diferentes perspectivas del exilio. Lucía y Antonio, de 12 y 11 años respectivamente, formaron parte de las expediciones infantiles. Barcos como el Habana llevaron a estos niños a la Unión Soviética e Inglaterra, donde fueron acogidos por familias, e instituciones; en el caso de la URSS el gobierno organizó casas-escuela. Martina, sin embargo, ya tenía 17 años, y huyó a Francia acompañada por su madre, dos hermanas mayores y un hermano menor, donde fueron acogidos por una familia. Debido a su edad y a la de sus hermanas no pudieron acogerse a un programa gubernamental infantil; sin embargo, las mujeres de cualquier edad podían ser evacuadas y, en este caso, lo hicieron a través de Asturias.

El hilo narrativo son las emociones por las que los protagonistas van pasando lejos de su hogar, y aunque cada vivencia es diferente, el relato del exilio es una historia universal y las voces de los personajes se cohesionan a través de las emociones proyectándose en la narración como una única experiencia paradigmática de exilio. Reflejo de esto es la estructura narrativa del libro, donde cada capítulo tiene por nombre la emoción que predomina en cada etapa de este viaje: Miedo, Incertidumbre, Esperanza, Ilusión y Desarraigo.
Las emociones son el núcleo

El cómic comienza mostrando el sonido de las sirenas, niños y jóvenes corriendo hacia un refugio y la toma de decisión por parte de los padres acerca del exilio. Los siguientes capítulos muestran la incertidumbre de la llegada al país de acogida, y la esperanza, que corresponde al momento de adaptación. Cuando llevan semanas o meses, las caras se vuelven familiares, el espacio ya no resulta tan hostil, y comienzan a construir un nuevo “hogar”, a pesar de tener presente la separación de sus figuras de apego.

El último capítulo muestra la repatriación como un momento agridulce. Aunque lo vivieron con ilusión por reunirse con sus familias, muchos niños se enfrentaron a numerosas dificultades para readaptarse a su lugar de origen, marcado por la devastación y la represión franquista; además de separarse de sus familias de acogida con las que habían estrechado lazos. Algunos, como Lucía (que había pasado 19 años en la URSS), regresaron en 1956 sintiéndose “extranjeros” en su propia tierra. Su educación era más soviética que franquista, ya que no habían conocido el franquismo hasta que volvieron ya como adultos. Esto provocó que “los rusos” estuvieran controlados e incluso perseguidos por la Policía y que muchos de ellos no pudieran adaptarse y volvieran a la URSS.

Los testimonios recopilados proceden de personas que, en 1937, eran niños o adolescentes, así que “los niños” y sus madres se convirtieron en protagonistas involuntarios del exilio. Además, quería reivindicar el papel fundamental de las mujeres en esta experiencia. Por un lado, las madres se enfrentaron a decisiones extremadamente difíciles: separarse de sus hijos para salvarlos, o exiliarse junto a ellos (cuando era posible) llevando consigo una carga emocional enorme.

Mientras que para muchos niños las primeras semanas del exilio fueron vividas casi como una aventura, sin ser conscientes del tiempo que pasarían sin ver a sus padres; las madres completamente conscientes de la situación, como mujeres adultas, vivieron el duelo de la separación de sus familias y el trauma que supuso el exilio de otra forma. El cómic muestra estas diferencias generacionales sobre las distintas formas de vivir el duelo. Además, el rol de las mujeres fue fundamental como guardianas de la memoria y de la cultura de origen.

Madres y maestras asumieron el rol de cuidadoras, transmitieron la cultura, el idioma, y las tradiciones vascas. Rompieron con los roles de género al convertirse en “cabezas de familia” y ser ellas las que tomaban las decisiones. La situación les empujó a ocupar los espacios públicos y estas experiencias afectaron a la forma en que las hijas vieron a sus madres, en muchas ocasiones, como figuras de autoridad y fortaleza.

El cómic también destaca el papel crucial de las andereños que brindan apoyo no solo logístico, sino que ayudaron a los niños a integrarse, siendo figuras de protección en ausencia de sus padres. En la narración, aparecen dos personajes simbólicos, una maestra catalana que acompaña a los niños a la U.R.S.S. y vive con ellos en la casa-escuela, y la andereño que les acompaña a Reino Unido, y organiza excursiones y festivales para conseguir financiación para el mantenimiento de los niños, además de cantarles en euskera y promover su fe católica.

El régimen franquista silenció las historias de los exiliados infantiles e impuso un discurso único. Considerados “rojos”, muchos sufrieron control y marginación al regresar, como el caso de los que fueron a la URSS. Además, debido al adoctrinamiento político en las escuelas, se perpetuó el silencio sobre la guerra y se impuso la ignorancia sobre el exilio infantil y sus implicaciones. Memorias del Exilio busca romper ese silencio, hablar colectivamente de episodios del pasado que nos han sido negados, recuperar las voces de mujeres y niños como protagonistas y preservar las vivencias de los exiliados, a través de este cómic cuyo relato trata de ser reparador para curar viejas heridas que aún permanecen abiertas.
Los autores

Begoña Garrido

    Doctora en estudios culturales por la Universidad de Reading, especializada en el primer franquismo. Actualmente trabaja en la investigación y divulgación de la memoria histórica.

Oskar Gorroño

    Licenciado en Bellas Artes, por la UPV/ EHU. Desde 2003 ha compaginado la ilustración de libros, manuales y revistas con la enseñanza de las artes plásticas en su academia.

 

 

 

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viernes, 14 de febrero de 2025

Vascos y la Disolución de la URSS

Esta pieza en la historia deportiva de Euskal Herria bien se merece la etiqueta Kurlansky.

La traemos a ustedes desde Noticias de Gipuzkoa, lean y entenderán:


Los últimos vascos que visitaron la Unión Soviética

El equipo de fútbol sala de la sociedad deportiva Goierri de Urretxu y Zumarraga arrancó con mucha fuerza. A los pocos años de crearse, visitaron Rusia. Estando ellos allí, se firmó la disolución de la Unión Soviética.

Asier Zaldua

El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belavezha, que proclamaba la disolución de la Unión Soviética y el establecimiento en su lugar de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Los últimos vascos en visitar la Unión Soviética no fueron los miembros de una delegación del Gobierno Vasco, un grupo de empresarios, el Baskonia, la Real o el Athletic; sino un equipo de fútbol sala: el Goierri de Urretxu y Zumarraga. Fueron a la Unión Soviética y salieron de allí unos días después de ser proclamada su disolución.

Pero, ¿qué hacía un equipo de fútbol sala de pueblo en la Unión Soviética de Gorbachov, Yeltsin y compañía? La sección de fútbol sala de la sociedad deportiva Goierri había sido fundada unos pocos años antes. En muy poco tiempo alcanzaron un gran nivel y les surgió la oportunidad de ir a la Unión Soviética. 

Aquel viaje fue toda una aventura, tal y como recuerdan el entrenador José Manuel García Etxaniz Pitxi y los delegados Juan Luis Ayuso y Carlos Adrados Potax. Fue este último el que unos pocos años antes había propuesto crear un equipo de fútbol sala. “Entrenaba a las cadetes del Urola de balonmano y vi que en Hernani, Donostia, Pasaia... el fútbol sala tenía mucha fuerza. Yo participaba en los torneos de fútbol sala de esta zona con mi cuadrilla y vi que muchos equipos federados de Donostia no eran mejores que nosotros. Propuse a los del Goierri crear un equipo de fútbol sala y organizamos un torneo en el frontón Zelai Arizti de Zumarraga para captar a los mejores jugadores”.

Pinturas Urretxu, primer patrocinador

El primer patrocinador fue Pinturas Urretxu. Debutaron en el frontón Uranzu de Irun contra el Pastelería Agirre y se impusieron por 0 a 6. En la temporada 1988-1989 subieron a la Liga Vasca y en la siguiente a División de Honor. En la 1991-1992 el fútbol sala se unificó y pasaron a Segunda División. 

Se mantuvieron en la élite durante cinco años, pero cuando entró dinero en el fútbol sala, fueron para abajo. Que les quiten lo bailado... y los vodkas bebidos en Rusia. “La Federación Española recibió una invitación para jugar en Rusia y nos informaron de ello. Necesitábamos un millón y medio de pesetas para viajar allí, pero como la Diputación nos debía 1,4 millones por jugar en División de Honor, decidimos ir. Le pedimos al Ayuntamiento de Urretxu que nos adelantara el dinero y accedió”. 

Vodka para desayunar

Les ofrecían vodka hasta para desayunar. “Había que brindar sí o sí, para no hacerles un feo. Hasta que Pitu (Jorge Andueza) se dio cuenta de que el que proponía los brindis, un mafioso local, brindaba con agua. En cuanto al traductor, era de la KGB. Lo supe de allí a unos años, cuando fui a San Petersburgo con la selección de Euskadi femenina. Nos pusieron el mismo traductor y me confesó que en la visita del Goierri le había enviado la KGB. Le hizo mucha ilusión volver a encontrarse conmigo, pues nos habíamos portado muy bien con él: antes de irnos, le dimos todos los dólares que nos habían sobrado”, cuenta García Etxaniz. 

El Goierri hizo un gran papel también en lo deportivo. “Participaron equipos de Australia, Georgia, Siberia, Ucrania... Nos clasificamos terceros. Nos tocó jugar la semifinal contra un equipo ruso y el árbitro pitó descaradamente a favor de ellos. En el partido para el tercer puesto, decidimos protestar. Antes de empezar el partido, Luis Miguel Arrizabalaga bailó el aurresku. Y cuando el árbitro pitó el inicio del partido, nos quedamos quietos. Los rivales metieron un gol y seguimos quietos. Cuando pasó un minuto, pasamos al ataque. Conseguimos ganar el partido”. Los rusos son duros, pero los urretxuarras no se quedan atrás... 




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sábado, 14 de diciembre de 2024

Las Infancias Vascas del '37

En días recientes se estrenó en la plataforma Netflix la película italiana 'Il Treno dei Bambini' en la cual se relata la iniciativa ocurrida en la Italia de la posguerra cuando el Partido Comunista organizó los llamados "trenes de la felicidad", o sea, viajes para los niños del sur de la península que eran llevados a pasar temporadas con familias en el norte, todo con la finalidad de aliviar las duras condiciones económicas que sufrieron miles de familias italianas tras la derrota de las potencias del Eje.

En dicho filme, sorpresivamente, los comunistas italianos son retratados de forma objetiva.

Dicha producción cinematográfica debiera servir de inspiración para que se lleve a la pantalla la saga de las infancias vascas que durante el levantamiento militar fascista fueron evacuadas como medida preventiva ante el brutal salvajismo con el que se conducían las tropas bajo el mando de Emilio Mola y Francisco Franco.

Ahora bien, dicha película no debe ni puede ser dirigida por un cosmopaleto como Koldo Serra, quien, contando con los recursos necesarios, perpetró en contra de la memoria del pueblo vasco su tratamiento del bombardeo de Gernika.

Volviendo al tema de las infancias vascas, esas a la que la escritora vasco-estadounidense Dorothy Legarreta bautizase como 'La Generación Gernika', nos complace traer a ustedes esto que nos informa Radiocable:


La dureza del exilio de los niños vascos en 1937 contada en dos comics

Utilizar dibujos y viñetas para contar el horror y recuperar la memoria de lo que vivieron las víctimas de la Guerra Civil se ha convertido casi en una tendencia y ahora se han publicado dos nuevas obras que relatan en particular el exilios de niños vascos en 1937. Bajo el título «Memorias del exilio», Begoña Garrido y Oskar Gorroño han recuperado las historias de menores obligados a abandonar España en 1937 y por su parte, «Habanako Umeak» de Aitor Urkiola «Brontze» cuenta la historia de 900 niños de Sestao que fueron evacuados en barco ese mismo año a la URSS, Inglaterra o Bélgica.

“Todas las familias del País Vasco tienen algún caso de niños exiliados en la guerra”, explica Begoña Garrido en un artículo de El País donde detalla el origen y el trabajo detrás de «Memorias del exilio. Los niños vascos del 37″. Se trata de un comic que ha publicado con el ilustrador Oskar Gorroño donde se recopilan y trasladan a imagen los testimonios en primer persona de varios niños de entonces.

Algunos historiadores cifran en 32.000 los menores de edad que fueron obligados a exiliarse solo en el País Vasco entre abril y junio de 1937. Sin embargo se trata de historias sobre las que hasta ahora apenas se había puesto el foco. Varios proyectos están ahora sin embargo intentando arrojar luz sobre estas y otras pequeñas historias vividas durante la Guerra Civil para que no se olviden. Y el comic o novela gráfica están jugando un papel destacado en esta tendencia de recuperación de la memoria histórica.

Así el dibujante Aitor Urkiola «Brontze» también ha publicado «Habanako Umeak» donde cuenta en viñetas la dura historia de más de 900 niños de Sestao que fueron evacuados en 1937 en el Vapor Habana a destinos como la Unión Soviética, Inglaterra o Bélgica. El comic ha sido impulsada por la Gogoan Sestao, una asociación para la recuperación de la memoria histórica, que documenta desde hace una década lo que se vivió durante la Guerra Civil en esta localidad vizcaína. Tele7 ha entrevistado a su autor.


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